5 de Septiembre, Lunes

La nueva semana se presentaba interesante. Ya habíamos dejado atrás las presentaciones y explicaciones de las asignaturas en las que, afortunadamente, éramos menos. Excepto en encantamientos, y defensa contra las artes oscuras, que solía escoger todo el mundo, las demás perdían alumnos a un ratio alarmante en los dos últimos cursos, sobre todo las más difíciles como pociones o transformaciones.
El primer día que habíamos tenido defensa había sido muy interesante. El nuevo profesor parecía un poco loco, todo el tiempo diciéndonos que estuviéramos alerta y tuviéramos cuidado, pero le gustaba enseñarnos toda clase de hechizos y maldiciones que no podríamos conocer de otra manera. Nos explicó el tema de las maldiciones imperdonables y nos mostró como funcionaban sobre una araña. A mí me dio bastante asco, pero estoy segura de que Peter sólo podía pensar en "pobre araña" y Keith en que habría ese día para comer.
El sábado anterior conseguimos reunirnos todos, incluidas Ally y Yashira, en el campo de Quidditch para aprovechar el sol que todavía hacía. Nosotras nos tumbamos en la hierba con la cara hacia el cielo, como si fuéramos girasoles, piernas extendidas y camisas de manga corta, mientras los chicos decidían que esa postura no era adecuada para ellos y que sería mejor sentarse con las piernas cruzadas sobre la túnica.

- Es una pena que este año no vaya a haber quidditch - dijo Ally - me hubiera gustado volver a ver a Diggory en acción. Y me gustaban también los entrenamientos, aunque nunca terminaba jugando. - hizo una pequeña pausa - Creo que el año pasado fue el último año de jugar para mí. Me hubiera gustado que me hubieran avisado, lo hubiera disfrutado más.

- ¿Por qué lo vas a dejar? - le preguntó Yashira - Mucha gente en séptimo sigue en el equipo.

- Es demasiado estresante, demasiado tiempo. Ya me costó repartirme entre el estudio y el juego el año pasado con los Timo, no quiero imaginar que pasará cuando tenga que preparar los Éxtasis.

- Buf, no me lo recuerdes - suspiró Keith - me alegra que este año vaya a ser más relajado. O eso espero.

- Supongo que sí - le contesté - al fin y al cabo, tú tienes... no sé, cómo... ¿dos asignaturas? ¿crees que podrás con tanto? Si ves que necesitas ayuda en tremenda hazaña, pídela, no te cortes.

- Cállate, - me dijo - tengo cinco, y son suficientes. Yo no aspiro a tener una colección de asignaturas como la tuya. Deja que pasen tres meses y llorarás por haber escogido demasiadas.

- Sólo porque tú no puedas hacerlo no significa que los demás tampoco.

- ¿Cómo creéis que será esto del torneo de los tres magos? - preguntó Peter en voz alta, mientras Keith y yo seguíamos haciéndonos gestos estúpidos hasta que nos reímos.

- No lo sé - le contestó Stebbins, mientras todos le mirábamos. No era usual que contestase a una pregunta que no iba dirigida a él específicamente, y menos si venía de parte de Peter. - Sólo sé que se han tomado medidas especiales para que esta vez no muera nadie. No es usual, pero quién sabe. Las pruebas pueden llegar a ser muy peligrosas.

- ¿Cuántas pruebas son? - le pregunté.

- Casi siempre han sido tres, pero no sé si seguirán la costumbre éste año. También hay tres campeones, uno por colegio, pero no tengo ni idea de como les escogerán. Creo que está relacionado con un cáliz, pero eso es todo.

Seguimos hablando durante un buen rato sobre cosas relacionadas con las clases, hasta que el día empezó a decaer y comenzó a hacer frío. Nos pusimos nuestras túnicas y volvimos al colegio en silencio, viendo la puesta de sol. Nos despedimos en la puerta del gran comedor mientras cada uno se encaminaba hacia su mesa. Yo me senté entre Keith y Stebbins y comenté con este último lo raro que era que entre tantos Slytherins hubiera dos personas de casas distintas, una de ellas de Gryffindor, nada menos.

- En realidad - me dijo tras dar un sorbo a su zumo de calabaza - no debería ser tan extraño. Al fin y al cabo, todos somos magos y deberíamos permanecer unidos. No te creas que las cosas han sido siempre así, hace muchos años, antes de que apareciese quién-tu-ya-sabes, todas las casas estaban mucho más unidas, excepto quizás cuando se fundó. Slytherin vivió hace unos cuatrocientos años más o menos, y el hecho de que no se llevase muy bien con las otras casas por sus ideas no debneria dejar que eso nos afecte ahora.

- ¿Siempre seremos los odiados de Hogwarts, de la comunidad mágica en general? - le pregunté

- Probablemente sí. Ya sabes que la gente tiene muchos prejuicios, y eso no lo podemos evitar, pero ya ves, cada vez nos mezclamos más y eso es bueno.

- Pensé que tu eras más de los de, ya sabes, pureza de sangre y todo eso.

Me miró y se encogió de hombros.

- Un mago siempre es un mago.

Terminamos la cena en silencio y nos dirigimos a nuestras salas comunes. Subí a mi habitaciór para buscar uno de los libros de pociones para ir adelantando algo de materia para el día siguiente y me senté en uno de los sofás más alejados del bullicio cuando Stebbins volvió a acercarse a mí.

- Creí que tenías deberes - le dije, haciéndole un hueco para que se sentase. - Si no ya te hubiera molestado yo.

Le guiñé un ojo y sonreí.

- Quería darte algo.

Le miré sin comprender. No era ningún tipo de aniversario, ni nada parecido, ¿verdad? ¿O quizás me estaba olvidando de algo? A veces me despistaba, pero no creía que se me hubiera olvidado algo tan importante que requiriese regalo.

- ¿Sí? - pregunté dudosa.

Levantó su puño derecho, cerrado, esperando a que extendiera la mano. Cuando lo hice, depositó en ella un pequeño objeto plateado, con forma de serpiente, sujetando una esmeralda en su boca.

- Oh - le dije. Es un colgante muy bonito, pero es tuyo, ¿verdad?

- Sí, pero ahora te lo regalo. Quiero que lo tengas tú.

Se inclinó hacia mí y me besó, haciendo que me olvidase de todo lo que estuviera relacionado con pociones o con las clases durante un buen rato, hasta que finalmente nos fuimos a dormir. Posé el colgante sobre la mesita al lado de mi cama, pensando en que había visto algo parecido en alguna parte, pero sin conseguir recordar dónde, hasta que me dormí.

1 de Septiembre, Jueves

Caminaba nervioso por el andén Nueve y Tres Cuartos, atento a las chimeneas públicas que se habían habilitado ese día para el traslado de alumnos de todo el país hasta el lugar, buscando a Sally con la mirada en cada una de ellas.
- ¿Esperas a algún amigo? Me gustaría conocer a alguno más, aparte de aquella chica tan agradable que...
- En serio, mamá - La interrumpí, irritado -, no es necesario que me acompañéis, podéis volver a casa.
Mi padre estaba trabajando, y mi madre parecía haberse levantado de tan buen humor que había decidido acompañarme hasta el mismo andén de la estación. Si de verdad mi madre quería que hiciese algún amigo más, acompañarme hasta el tren con mi hermana no era la mejor estrategia. Aunque hubiese puesto la excusa de que así Zoe podría prepararse para cuando ella empezase las clases al cabo de un par de años. Y, por mi parte, las escasas muestras de afecto que mi familia pudiera mostrarme ocasionalmente eran más que bienvenidas, pero no quería que mi madre estuviera allí cuando apareciese la chica a la que estaba esperando, y mucho menos si, por lo que yo sabía, era más que probable que mi madre identificase a esa chica como mi prima.
"Prima sólo de nombre", pensé. "No hay lazos de sangre. Qué diablos, ni de sangre ni de nombre, no es mi prima en absoluto, no es mi prima más de lo que podría haberlo sido Sacharissa".
Vi aparecer a Sally en una de las chimeneas, cargada con sus numerosos paquetes y bultos, su gata blanca caminando tranquilamente junto a ella, con aire solemne. El aspecto de Gylla había mejorado muchísimo, y parecía una simple y elegante gata de pelo largo y blanco como la nieve. Sally me buscó con la mirada y comenzó a caminar hacia mí, pero se detuvo con aire receloso cuando reparó en mi madre.
"Que mi madre no se fije en ella", pensé.
- ¿Esperabas a esa chica? - Dijo de repente, a mis espaldas.
"Mierda".
- Gracias por la compañía - Dije mientras me giraba hacia ella, sin responder -. Ya están aquí mis compañeros de clase, así que podéis iros...
Miré alternativamente a mi madre y a mi hermana, y a continuación cogí a Zoe de un brazo y tiré de ella hacia la chimenea más cercana. Ella dio un tirón y se soltó, mirándome con los ojos entornados.
- Me suena de algo... - Dijo mi madre -. Pero me gustaba más la otra chica, mira a esta, va tan poco arreglada...
- Es amiga de Sacharissa, mamá - Dije, mientras decidía probar a tirar del brazo de mi madre hacia la chimenea. "Sí, siempre que consideremos una definición lo suficientemente amplia de la palabra amiga".
- No termina de gustarme - Siguió diciendo mi madre mientras finalmente se dirigía a la chimenea -. ¿Qué es, una ravenclaw?
- Es una slytherin, mamá.
- Una slytherin - Repitió ella, volviendo a lanzarle una mirada -. Bueno... ¿Y por qué esas pintas?
¿Qué por qué esas pintas? Sally era pobre. Mi madre debería entenderlo, ya que mi padre siempre se estaba quejando de la escasez de dinero. Claro que, en lo que respectaba a disimularlo, mi madre hacía maravillas.
- Habrá venido con prisas, mamá, te aseguro que con la camisa y la falda del colegio gana mucho...
- ¿Ah, sí? - Dijo mi madre, mirándome con media sonrisa en la cara.
- Eh... - Me sonrojé - ¡Y yo qué sé! ¡Ya os escribiré, adiós!
Prácticamente las empujé a ambas dentro de la chimenea, mientras mi madre seguía mirándome con su media sonrisa, y mi hermana se mostraba tan ajena a todo como siempre. Al cabo de un instante las vi desaparecer.
Suspiré, y volví junto a mi equipaje, al tiempo que Sally llegaba hasta él también.
- ¿Qué era eso? - Dijo, por todo saludo.
- ¿El qué? - Dije -. Si te refieres a la de los labios oscuros que al mirarte probablemente te hiciese sentir como la punta de dos cuchillos recorriéndote suavemente la cara, era mi madre. Y si te refieres a la niña pequeña que parecía como si estuviese poseída por algún demonio, pero el demonio hubiese olvidado dónde la ha dejado, esa criaturilla era mi hermana.
- ¿Por qué estaban aquí? - Resopló Sally.
- ¿Y yo qué sé? - Dije, encogiéndome de hombros -. Quizá mi madre tuviera miedo de que me perdiera en la intrincada red de chimeneas de la zona, o algo - Observé la inquietud en su cara -. No te preocupes, no te ha reconocido, o eso creo.
- No dejaba de mirarme - Dijo ella, con el ceño fruncido.
- Es por tu ropa - Dije -. Opina que deberías vestir mejor.
Observé el aspecto de Sally. Vestía una vieja camiseta descolorida de color rosa pálido, con algún tipo de inscripción borrada en el pecho, y unos pantalones vaqueros que parecían bastante gastados. Gylla maulló en ese momento, y Sally me dio la espalda un instante mientras se inclinaba para cogerla en brazos. Observé lo mucho que se le apretaban los pantalones en ese momento.
- Yo no tengo problemas con tu ropa, por supuesto - Añadí.
- Los pantalones me quedan un poco pequeños - Dijo Sally, volviéndose hacia mí. Observé que parecía avergonzada. Lo cierto era que la camiseta también parecía quedarle demasiado justa, y remarcaba demasiado su estilizada figura.
- Te he echado de menos - Dije.
- Sólo han sido un par de días - Dijo ella, encogiéndose de hombros.
Aún así se acercó y se puso de puntillas para besarme. Gylla maulló al sentirse aprisionada entre nosotros, y saltó al suelo, para situarse junto a Esk. Era curioso ver a las dos gatas juntas. Gylla, perfectamente peinada y aseada pese a su largo pelo, parecía capaz de llegar a Hogwarts por sí misma si tan sólo alguien le diera un mapa, y esperaría pacientemente por Sally mientras ella no siguiese el camino. Esk, en cambio, se las apañaba para mantener siempre su corto pelaje negro en un constante estado de "desmarañamiento" total, y al descubrir que pretendía sacarla de casa por la mañana había armado tal alboroto que había tenido que transportarla metida dentro de una jaula de pájaro. Ahora las dos gatas se observaban con curiosidad, mientras a Esk se le erizaba el lomo tras los barrotes. Claro que quizá sólo estuviera despeinada.
Le ofrecí ayuda a Sally para llevar sus cosas y, como siempre, cogí más de lo que podía cargar. Sally había obtenido tan poca ayuda a lo largo de su vida que no le iba a decir que no a nadie a estas alturas, así que simplemente me observó con curiosidad mientras prácticamente hacía malabarismos con su equipaje y el mío. No me cabía duda de que, si dejaba algo en el suelo, ella lo llevaría, pero simplemente no quería hacerlo. Tomé aire y nos dirigimos hacia el tren.

Vimos a Sach y a Keith en el andén, y éste último me ayudó a cargar con parte del equipaje hasta donde se encontraba Sacharissa. Entre todos reuníamos una cantidad bastante grande de bultos y maletas, menos mal que sólo teníamos que llevarlas hasta el tren. Tras charlar un poco y escuchar los planes de Keith para el curso, o mejor dicho, para las chicas del curso, nos desentendimos de nuestras pertenencias y las dejamos en el lugar correspondiente para que las recogieran. Este año llevaba, entre mis demás libros, los diarios de mi tío, a pesar de que los correspondientes a este curso y al siguiente estuvieran en blanco. Me preguntaba si no me arrepentiría de cargar con ellos. Siempre podía negarme a prestarles atención, ¿no? No, probablemente no. Si fuera así los habría dejado en casa.
Poco después de sentarnos en un compartimento vacío, Ally y Yashira nos encontraron. Miré a Keith de reojo, aunque no parecía importarle demasiado. Era lo mejor. Poco después de que el tren se pusiera en marcha, comencé a adormecerme, hasta que Ally preguntó a los demás sobre las asignaturas que tendríamos este año, y comenzamos a hablar sobre el tema. Sach me preguntó sobre Pociones, lo cual me sorprendió. Me pareció notar un pequeño esfuerzo en su tono de voz, pero aún así lo que contaba era su esfuerzo por ser amable conmigo, así que traté de contestar lo más tranquilamente posible. Si todos pudiéramos llevarnos bien, sería lo mejor.
Como estaba previsto, Keith no podría acudir a Pociones este año, así que coincidiríamos en ella Sally, Sach y yo. Esperaba que eso no causara ningún problema, aunque por otro lado también estaba Stebbins. Si él iba a Pociones, entonces era más que probable que Sach se sentase con él, y en cualquier caso Stebbins también parecía estar de buenas con nosotros últimamente, así que quizá no tuviera de que preocuparme.
De todas formas, si esa iba a ser mi mayor preocupación durante ese curso, me daría por satisfecho.
Todo iba bien, hasta que Yashira le preguntó a Ally por su novio de verano. Me puse tenso en el asiento y le dirigí una mirada rápida a Sally, que me devolvió la mirada sin saber qué pasaba. Claro, a ella no le había contado nada. Miré a Sach, que miraba a Yashira con gesto acusador. A continuación la conversación se fue alterando, hasta que Ally abandonó el compartimento tras pedirle Keith explicaciones de lo hecho en verano, corriendo este último tras ella para que no le dejara con la palabra en la boca.
Todos nos miramos, sin saber cómo reaccionar. Finalmente Yashira asumió su responsabilidad, avergonzada.
- No te preocupes - Le dije -. Las cosas habrían estallado antes o después, así que en el fondo no importa tanto.
No era del todo cierto, sentía que ella debería haberse estado callada... Pero por otro lado era el tipo de metedura de pata que yo cometería sin dudarlo, así que en cierto modo sentía que debía quitarle importancia.
Permanecimos incómodos un buen rato, hasta que poco a poco la conversación volvió a ponerse en marcha. Sach hablaba conmigo como si todo estuviera olvidado, y trataba de incluír a Sally en la conversación, mientras que yo también me esforzaba por responder con naturalidad, e incluso Sally aportaba algo de vez en cuando; pero aún así parecía costarnos volver a hablar como antes. De todas formas, era un comienzo prometedor.
Sally se había quedado dormida sobre mi hombro cuando se abrió la puerta del compartimento. Keith y Ally entraron riéndose, como si nada hubiera pasado, y nos dijeron que ya estaba todo arreglado. Nos miramos entre nosotros sin comprender qué podía haber pasado para que volvieran tan contentos, aunque obviamente tampoco pusimos pegas.
El resto del viaje transcurrió sin incidentes, y poco antes de llegar a nuestro destino las chicas decidieron cambiarse para ponerse los uniformes, que todos llevábamos en el equipaje de mano. Keith y yo esperamos en el pasillo mientras las chicas se cambiaban. Me disponía a preguntarle por el asunto de Ally, cuando Keith abrió la boca e hizo que me olvidara de ello.
- ¿Te das cuenta de que en unos segundos probablemente estarán las cuatro en ropa interior? - Dijo, acercándose a la puerta.
- Podrían haber elegido un compartimento de los que tienen cristal en la puerta - Bromeé, tratando de imaginarme la escena, mientras me acercaba.
- Disculpen - Dijo una voz tímida a nuestras espaldas. Nos giramos y nos encontramos con dos niños, seguramente de primer año, que nos miraban con cierto temor.
- ¿Qué pasa? - Dijo Keith.
- ¿Han visto el carrito de las golosinas? - Dijo el que había hablado -. Queríamos comprar las últimas, y nos han dicho que ha venido hacia aquí...
Keith y yo nos miramos, sonriendo.
- Está aquí dentro - Dijo Keith.
- En este compartimento - Añadí, señalando a la puerta.
- Abrid la puerta y ahí tendréis las golosinas - Terminó Keith, haciendo que me diera la risa.
El niño nos miró con desconfianza y se acercó a la puerta. Extendió el brazo y cogió el pomo, pero la puerta no se abrió. Las chicas habrían echado el pestillo. ¿Tanto desconfiaban de nosotros? Los niños nos miraron interrogativos, y nos encogimos de hombros.
- Vaya - Dije -. Parece que nos quedamos todos sin dulces.
- Es una pena - Dijo Keith -. Me apetecían unos polvos pica-pica.
Rompí a reir.
- Sí, y a mí unas fresas de gominola - Dije entre risas.
- ¿Unas fresas de...? - Keith empezó a reirse más alto -. Tío, ni siquiera sé de qué estás hablando.
Seguimos riéndonos mientras los niños daban media vuelta por el pasillo, desesperanzados.

La cena de bienvenida fue similar a la de todos los años, con la excepción de la interrupción repentina por parte del nuevo profesor de Defensa Contra Las Artes Oscuras, que irrumpió en el Gran Comedor de repente, con un aspecto bastante desastrado, y una especie de ojo saltón de cristal que no dejaba de girar por sí mismo. "genial", pensé, "más ojos saltones". ¿Cuándo íbamos a poder tener un profesor para la asignatura relativamente normal? Poco después el profesor Dumbledore anunció que este año se celebraría en Hogwarts el Torneo de los Tres Magos. Ninguno de nosotros podía apuntarse para participar, así que tampoco le di mucha importancia, aunque lo cierto es que podría ser divertido ver a los concursantes competir. A continuación nos avisó de que a finales de Octubre llegarían dos delegaciones de alumnos con sus profesores. Una de Durmstrang y otra de Beauxbatongs, para participar en el torneo.
No dije nada en alto, pero le lancé una mirada a Keith. Las chicas francesas que habíamos podido ver en los mundiales eran bastante... Destacables, por decir algo. Si las que llegaban de Beauxbatongs eran como ellas, sería una visita interesante.
- ¿En qué piensas? - Me dijo Sally, al verme fijar mi mirada en el infinito.
- Ah, en nada - Dije, tratando de olvidar el tema, mientras Keith lanzaba promesas al aire de que las francesas deberían irse preparando.

La habitación olía a frescor y a sábanas limpias. Sin duda la habían ventilado horas antes de que llegásemos al castillo, lo cual era de agradecer. La chimenea de la sala común también estaba encendida cuando llegamos, y al ver de nuevo mi cama sentí una cálida sensación de bienvenida.
Me senté en el colchón, dejé a Esk salir de su reclusión, y comencé a abrir mis maletas.
- ¿Pero qué...? - Dije tras abrir mi paquete de material escolar -. Mierda...
- ¿Qué pasa? - Dijo Keith, mientras ordenaba su ropa.
- Mis frascos de tinta - Dije, sacando lo que quedaba de ellos del paquete -. Compré un montón, para estar preparado para pérdidas y roturas, pero parece que se llevó algún golpe en el tren, y se han roto todos - El embalaje, así como todo su contenido, estaba cubierto por tinta medio seca, y su interior lleno de trozos de cristal -. ¡Quien sea el encargado del vagón del equipaje debería tener más cuidado!
Keith observó el desastre de los frascos, indeciso.
- No, no creo que sirva de mucho un Reparo, a estas alturas...
Suspiré.
- Bueno... - Dijo Keith -. No te preocupes, puedes usar alguno de los míos.
- No, no, no hace falta, gracias - Dije -. Creo que tengo algún otro.
En realidad tenía un frasco de tinta más. Uno de los que Sacharissa me había regalado el pasado invierno, verde oscuro brillante. Lo había llevado, no tenía muy claro por qué, en su funda de madera, junto a mis libros y demás material. Claro que, por otro lado, no era demasiado apropiado para usarlo en clase... Resoplé, de mal humor.
- Eh... Peter - Dijo Keith, de repente, sentándose a mi lado en el colchón -. Tengo que decirte algo.
- ¿Qué? ¿Has sido tú? - Dije, alzando los frascos rotos hacia él. Los miró receloso.
- No, no... - Dijo, inseguro. Dejé los frascos en el suelo, envueltos en una esquina -. Pero sí es sobre el vagón del equipaje.
- ¿Qué lo gestionan trolls? - Bufé -. No es ninguna sorpresa.
- ¡Olvida lo de los frascos!
- ¿Pero cómo voy a...? - Dije, alterado -. Diez, ¡diez frascos de tinta! ¡Cualquiera diría que eran suficientes! Y ni un día me...
- ¡Ally y yo en el vagón del equipaje! - Me interrumpió Keith. Me quedé callado y le miré, suspicaz.
- ¿Ally y tú en el vagón del equipaje qué? - Dije. Keith no contestó, sólo apretó los labios y alzo las cejas, moviendo la barbilla como para alentarme -. ¿En serio? - Exclamé, tratando de no alzar la voz -. ¿Ally y tú en el vagón del equipaje? ¿Juntos?
Keith frunció el ceño y sacudió la cabeza.
- ¡Pues claro que juntos! - Dijo.
- ¿Pero de que estamos hablando aquí exactamente? - Dije, sonriendo -. ¿De Ally y tú en el vagón del equipaje, mua, mua, mua? O... - Alcé las cejas y recalqué cada palabra -. ¿De Ally y tú en el vagón del equipaje, tú ya me entiendes?
- De... De las dos cosas, supongo - Dijo él.
- Increíble - Dije - ¿Pero entonces...? ¿Cómo ha sido?
Keith me contó a grandes rasgos lo que había pasado entre él y Ally en el tren. Escuché con atención, y cuando terminó el relato Stebbins entró en la habitación.
- ¿Aún así? - Dijo, ordenando sus toallas -. Venga, id al baño y terminad de una vez, no quiero tener que esperar a que volváis de lavaros los dientes para poder dormirme.
- Sí, señor - Musitó Keith, mientras salíamos del dormitorio con nuestros útiles de aseo.
- A él si que le hace falta que alguien le lleve al vagón del equipaje - Bromeé -. Keith, tú ya sabes bien el camino, ¿no?
Keith rió y me empujó, casi haciéndome caer por las escaleras hasta la sala común. Seguimos bromeando y hablando sobre el tema hasta que volvimos a la habitación. El curso empezaba fuerte.

Me senté en mi cama, con las cortinas selladas, e iluminé mi varita para ver mejor. Había dejado la bolsa con mis libros junto a la almohada, así que la abrí y saqué la pequeña caja de madera donde se encontraba el frasco de tinta que Sach me había regalado. No quería gastarlo, y menos en apuntes de clase, pero ¿qué otra cosa iba a hacer? Eso sí, al menos tendría que usar otra tinta para los trabajos de clase, no creía que el profesor Snape fuera a ver con buenos ojos que le entregase un pergamino escrito con tinta de color verde brillante, por poner un ejemplo.
Mientras volvía a guardar el frasco en su sitio, vi de reojo los diarios de mi tío en la bolsa. Estaba cansado, y no tenía ganas de ponerme a leer ninguno de ellos, pero aún así eché mano del de sexto curso.
Tomé aire, y lo abrí. La primera página estaba en blanco. Pasé una página, y...
- ¡Lo sabía! - Murmuré, emocionado. La primera página había dejado de estar en blanco, y en su lugar mostraba la misma intrincada letra que los demás diarios, la de mi tío Horacio. Leí en silencio las primeras líneas.
"Hoy ha sido la cena de bienvenida, y la selección anual para los nuevos alumnos. Empieza otro curso más, espero que más tranquilo que el anterior. No sé por qué sigo escribiendo estos diarios, y no tengo muchas ganas de escribir hoy. Además apenas he podido hablar con Rosanna, y no la he visto en el tren, así que tampoco hay nada importante que contar. De todas formas allá voy."
Seguí leyendo por encima, sin prestar demasiada atención. Verdaderamente no había nada interesante, de hecho su día parecía bastante más aburrido que el mío. Sólo algunas referencias a mi padre y a algún otro Starkey que al parecer iba a clase a la vez. Era raro que yo no tuviera ningún primo, teniendo en cuenta lo grande que parecía haber sido la familia Starkey. Porque, desde luego, Sally no era mi prima.
Pero nada más. Y, al terminar el primer día, el resto de las páginas volvían a estar en blanco.
"Ah, Sally", pensé, bostezando. "Sí, mañana se lo enseñaré, quizá le interese más que a mí saber de esto."
Apagué mi varita y me tumbé en la cama, con el diario de mi tío a mi lado. Cerré los ojos, y traté de dormirme.
"Un momento", pensé, volviendo a abrirlos. "¿En el vagón de equipajes?"
Fruncí el ceño, pensando en mis frascos rotos. Al día siguiente alguien sufriría un extenso interrogatorio acerca de "sobre qué baúl os apoyásteis" y "qué paquetes empujásteis".

1 de Septiembre, Jueves

- Recuerda que el baúl está en la puerta - mi tía se abrochó el último botón de su abrigo.

- Si

- Colócate bien esa corbata - dijo mientras guardaba su varita en el bolsillo derecho de su abrigo.

- Si - contesté resignado. Desde que me había levantado había estado intentando convencer a mi tía de que llevar corbata el primer día de clase era una estupidez puesto que nos pasábamos el día metidos en un tren. Sin embargo nadie le podía quitar la idea de que el primer día había que causar buena impresión para empezar el curso con buen pie.

Los escalones rechinaban mientras mi tío descendía. Iba enfundado en una gabardina azul claro que le llegaba hasta los tobillos la cual únicamente se ponía en ocasiones muy puntuales y aunque en mi opinión era demasiado llamativa, por decirlo de alguna manera, su rostro ganaba en seguridad cada vez que la utilizaba.

- Recuerda ser puntual, no vaya a ser que pierdas el tren - mi tío agitó la varita y un fino hilo blanquecino salio de su punta, envolviendo completamente una pequeña figura de un búho que hace unas semanas había comprado para adornar la entrada de casa. El hilo se desvaneció cuando ya la figura estuvo completamente cubierta.

- Estar tranquilos, ya lo tengo todo preparado.

- Se bueno - mi tía se acercó y me dio un beso en la mejilla.

Salieron ambos de casa y se fueron en dirección al callejón Diagon. Durante el verano la tienda de antigüedades comenzó a mostrar síntomas de preocupante deterioro, en realidad nos dimos cuenta a mediados de Agosto cuando una leve llovizna veraniega consiguió colarse dentro y empapar multitud de muebles y pergaminos de los cuales no tuvimos más remedio que deshacernos. La semana pasada mis tíos habían recibido una carta de Gringotts que aceptaba darles un préstamo y hoy tenían que pasarse a confirmar el crédito.
Subí a mi habitación. A los pies de mi cama estaba mi baúl y sobre el reposaba la jaula donde Molly dormitaba entre diversos trozos de tela pertenecientes a ropa que mi tía decidió hacer jirones puesto que apenas se utilizaba. Aun faltaba casi una hora para dirigirme al andén 9 y 3/4, tiempo suficiente para tumbarme sobre la cama y disponer de un poco de tranquilidad. En seguida las imágenes que habían estado los últimos días asaltándome volvieron a presentarse en mi cabeza.

La intensa noche me cubría, frente a mí, rodeado por miles de tiendas de campaña estaba el estadio de los mundiales de Quidditch. Sólo escuchaba el sonido de mis pasos mientras caminaba, ni siquiera el viento se atrevía a mecer las ramas de los árboles. Una tenue luz llamó mi atención moviéndose entre las sombras, la seguí lentamente hasta que se detuvo al lado de una de las entradas al estadio, me acerqué despacio para que fuese lo que fuese no se percatase de mi presencia. Cuando estuve apenas unos metros pude distinguir a dos personas que hablaban en voz muy baja, una de ellas llevaba la varita encendida mientras la otra sujetaba la suya apuntando a uno y otro lado. Durante un momento la luz me permitió distinguir los rostros de las dos personas.

- Sach, Peter - dije saliendo entre las sombras.

La varita de Sach emitió un destello y de ella salió una bola de luz. Me tiré al suelo y la bola se estrello contra la pared dejando una marca negra en el lugar del impacto.

- ¿Estas loca? - grité. 

- Lo siento Keith - Sacharissa de acercó a mi y me tendió la mano - Me sobresaltaste.

Peter se nos acercó iluminando el lugar.

- No habléis tan alto - susurró - Nos puede oír. Sacharissa volvió a otear el horizonte como si buscase la salida de una cueva.

- ¿Quien nos va a oír? - bajé la voz al ver la preocupación en sus rostros.

Peter me miró, su cara estaba completamente pálida. La luz se reflejaba en sus ojos. Abrió su boca pero no emitió ninguna palabra. Alzó lentamente el brazo señalando tras mi espalda.

- Él - consiguió decir

Sacharissa se giró y chilló. Peter la sujetó por el brazo y empezaron a correr en dirección contraria a la que hace solo unos segundos había señalado. Me volví sobre mi mismo y observe a una figura acercándose, llevaba una túnica completamente negra y una mascara plateada ocultaba su rostro.

- ¡Corre! - gritó Sacharissa alejándose.

Sin pensarlo le hice caso. Rápidamente Peter y Sacharissa desaparecieron de mi vista. No sabía en que dirección me dirigía, simplemente quería alejarme de la figura que cada vez estaba mas cerca. Esquivaba una tras otra las tiendas de campaña que me cerraban el paso, las rodillas me dolían en giro, el frío cada segundo que pasaba era más penetrante y no me dejaba respirar. No me atrevía a mirar atrás, sabía que se acercaba, escuchaba su risa, profunda, tenebrosa, estaba muy cerca.
Sentí una presión sobre mi hombro que me arrastró con fuerza, caí sin poder oponer resistencia. Un brazo me inmovilizaba completamente mientras que una mano me tapaba la boca.

- ¡Shhh!

La presión sobre mi cuerpo cedió aunque seguía sin poder moverme. Me encontraba dentro de una de las tiendas. Por una pequeña abertura en la entrada pude a la figura. El mortífago era corpulento y flotaba a un palmo del suelo. Paso por delante de la tienda sin percatarse de mi presencia.

El brazo que me sujetaba temblaba.

- ¿Ya se ha ido? - escuchar una voz familiar me tranquilizó.

Ally me soltó.

- Se que viene a por mi - continuó sin darme tiempo a agradecerle que me hubiese salvado.

Tenía los parpados enrojecidos y en sus mejillas aun se podía observar el rastro de las lágrimas derramadas.

- No pasa nada, ya se fue - intenté tranquilizarla.

Ally me abrazó, tiritaba, sus manos estaban congeladas. Apoyo su cabeza en mi hombro sollozando, repitiendo una y otra vez "Lo se, viene a por mi".

- No le dejaré - le susurré.

Ella me miró, tenía los labios quebrados por el frío. Me acerqué para besarla. Ally gritó y alzó su varita.

El mortífago rió.

- Es la hora - dijo quitándose la mascara.

Busqué mi varita por el suelo de la tienda sin éxito. Alcé la vista hacia el mortífago. Stebbins sonreía.

- Keith, es la hora - dijo apuntándome.

"Keith es la hora, Keith es la hora", el sonido de algo al romperse me despertó sobresaltado. El sonido venía de la planta de abajo, bajé las escaleras corriendo, la entrada del salón estaba llena de trozos de cristales, sin duda procedentes del espejo que colgaba roto de la pared. Un pequeño búho revoloteaba por el salón llevándose por delante todo lo que encontraba a su paso.

- Keith es la hora, Keith es la hora - chillaba.

- Vale, vale, ya te oí - contesté haciendo un montón con los cristales rotos.

Me agaché esquivando al búho, pero él no esquivo el jarrón que se encontró segundos después y lo hizo añicos.

- Ya está bien - Subí las escaleras en busca de la jaula y el baúl.

Con ellos acuestas regresé al salón y utilicé un puñado de polvos flu para huir de mi casa antes de que el búho asesino terminase con lo que quedaba de ella.

Al llegar a la estación 9 y 3/4 no sabía bien si había echo lo correcto o me había metido en un caos mayor. Por las chimeneas públicas no dejaban de llegar alumnos, el ruido ensordecedor de la gente junto con el chirriar de los trenes me taladraba los tímpanos, moverse llevando a rastras un baúl y una jaula era toda una hazaña tan increíble como que Molly siguiese durmiendo con todo el jaleo.
Entre la multitud pude ver a Sacharissa apartada del resto, me acerqué a ella y posé todo el equipaje a su lado. Apenas nos dio tiempo a intercambiar saludos cuando vimos a Peter y Sally dirigiéndose hacia nosotros. Peter cargaba con el equipaje de ambos, aunque era una estampa muy divertida decidí ayudarle no fuese a hacerse daño antes siquiera de llegar a Hogwarts.

- ¿Que tal? ¿Te ayudo? - dije sujetando un maletín que se le escurría.

- Si, no veas como pesa - Peter me dio uno de los baúles.

Sally de acercó a saludar a Sacharissa.

- ¿Que se ha echo Sally este verano? - dije mirando hacia las chicas.

- ¿Que se ha echo de que? - Peter miró a Sally confundido.

- ¿No se lo notas? Está más bu... gua... ¿alta? - bromeé.

Peter frunció el ceño.

- Es broma, es broma - dije riéndome.

- ¿Que quieres decir que es fea? - me recriminó.

- No, que va, yo sólo... - quizás no debería haber tocado ese tema.

- Es broma, es broma - dijo él riendo.

Volvimos junto a Sally y Sacharissa. Antes de que pudiese terminar de contarles mis planes para este año nos dirigimos hacia el tren, dejamos las maletas junto a la del resto de alumnos y buscamos un compartimento libre. Por los pasillos del vagón me empezaba a sentir mayor pues la mayor parte de los alumnos con los que me cruzaba eran más pequeños que nosotros.
El tren se puso en marcha justo cuando Ally y Yashira entraron en el compartimento. No había vuelto a hablar con Ally desde los mundiales de Quidditch y me había propuesto olvidar la historia de su novio de verano. La verdad es que me había estado convenciendo a mi mismo de que no tenía porque sentirme mal.

Ally se sentó junto a Sacharissa, no pude evitar pensar en lo atractiva que me resultaba, llevaba el pelo suelto ligeramente ondulado sobre los hombros, una camisa blanca que resaltaba su cintura y una falda corta de cuadros negros y blancos, como la que siempre quise que llevasen todas las alumnas de Hogwarts por uniforme oficial. 

La conversación durante el trayecto estaba siendo amena, hablamos sobre las asignaturas que íbamos a tener este año, por fin me iba a librar de pociones y descubrí porque había sacado tan mala nota en Aritmancia. Runas, Aritmancia, para mi era todo igual de aburrido, sentí un poco de tristeza al darme cuenta de que este año no compartiría ninguna clase con Ally. Aunque en ese instante Yashira logró hacer desaparecer toda esa tristeza.

- ¿Qué tal con Jean, Ally? ¿Qué habéis decidido hacer al final? - preguntó Yashira.

"Jean", escuchar su nombre hizo que me irguiese en el asiento y mirase a Ally buscando respuestas. Intenté calmar todas las sensaciones y pensamientos que pasaban por mi cabeza.

- Sí, Ally. Cuéntanos como te va con tu novio. - dije, con la mayor tranquilidad que pude.

- Bueno, creo que es un tema privado. No deberíamos hablar de ello ahora... - dijo apartando la vista.

"¿Como que no deberíamos hablar ahora?, ¿Entonces cuando?, ¿Quizás tendremos que esperar al próximo verano? o quizás quiera hablar de ellos con sus amigas" Sentía como la cabeza me iba a explotar, odiaba a el tal Jean, quizás hacía demasiado que no me metía con Stebbins y necesitaba a alguien con quien desahogarme.

- ¿Por qué no? Al parecer te pasaste las vacaciones alardeando de lo magnífico que era el chico. ¿Verdad? - dije haciendo un gesto intentando imitarla. - Pues cuéntanos como ha terminado esa fantástica historia de amor.

- ¡No es de tu incumbencia! - me gritó Ally, levantándose.

- Claro, claro, a mí que más me da. Apareces con un noviete y se lo dices a todo el mundo, pero a mí que más me da. Me lo podrías haber dicho, pero no lo hiciste. Explícanos por qué. Dinos por qué no nos lo dijiste en su momento. - terminé la frase a gritos mientras Ally salía por la puerta. 


Me levanté y salí tras ella.

- A mí no me vas a dejar con la palabra en la boca. - mascullé cerrando la puerta.

La vi salir por la puerta del vagón. Esquivé a la señora que estaba vendiendo golosinas en el compartimento de unos alumnos de segundo curso.

- Espera - dije intentando que parase de caminar, pero ni siquiera se giró.

La sangré me hervía. De cada compartimento asomaban cabezas a ver que es lo que estaba ocurriendo. 
Crucé al siguiente vagón y eché a correr hasta alcanzarla al final de él.

- ¿No quieres hablar ahora? - dije sujetándola por el hombro.

Ally se giró y me apartó de un empujón.

- A ti, no tengo nada que decirte - dijo - ¿Acaso tengo porque darte alguna explicación?, ¿Crees que por besarnos tienes algún derecho?

- A mi ¿para que?, eso si, reírte de mi a las espaldas lo haces perfectamente. - La cabeza de un chico de Slytherin apareció en la puerta del camarote adyacente. - ¡Y tu que! ¿No tienes cosas mejores que hacer? - le dije al chico que cerró la puerta antes de que terminase la frase.

- Eres un imbécil. ¿Que es lo que quieres saber? ¿Si él es más guapo que tu? Pues si, lo es. - Ally se acercó amenazante, alzando cada vez un poco más la voz. - ¿Si besa mejor que tu? Pues si, besa mejor. - Di un pasó atrás hasta apoyarme contra la ventana.

Ally estaba justo frente a mí. Su rostro reflejaba lo enfadada que estaba.

- Yo seré un imbécil - dije señalándola - pero no me voy enrollando con todo lo que se mueve. Eso solo tiene un nombre. - la frase quedo en el aire.

El gesto enfadado de Ally cambió completamente en un segundo, volvía a parecer tranquila.

- Ahora entiendo - dijo bajando completamente el tono - porque Kate te dejo.

Se dio la vuelta y entró en el vagón contiguo. Me quedé parado sin saber que hacer. No entendía como podía sentir tantas cosas diferentes en tan poco tiempo, la culpabilidad era ahora la que me dominaba sin resistencia. Seguí a Ally, el vagón estaba lleno de las maletas de todos los alumnos, amontonadas unas encima de otras, formando estructuras que parecía imposible que no se viniesen abajo. Ally estaba sentada sobre un baúl marrón tapándose la cara con las manos.

- Veté - dijo cuando notó que me acercaba a ella.

- Lo siento - comencé a decir.

- Claro, primero lo dices y ahora lo sientes - respondió sin levantar la cabeza.

Me arrodillé frente a ella y le cogí las manos apartándolas despacio de su cara. Ally hizo un poco de fuerza para evitarlo pero cedió mirándome con los ojos humedecidos.

- Lo siento de verás, sólo te dije todo eso porque estaba enfadado, porque estaba celoso.

- Keith - la voz me resultó mucho más dulce que nunca - Tú y yo...

- Lo sé - no la dejé terminar. Sabía lo que quería decirme, sabía cual era la frase que continuaba, la sabia de sobra y no la quería oír. - ¿Me perdonas? - no sabía como hacer para que olvidase todo lo que le había dicho.

- Claro - Ally sonrió tímidamente.

Le dí un beso en la mejilla. Sus ojos se clavaron en los míos. La besé.

- Vas a tener mejorar si quieres que vaya a tener tus besos en cuenta. - dijo sonriendo.

Nos reímos. Nos besamos.

Un montón de baúles cayeron al suelo armando un gran estruendo. Permanecimos pegados el uno al otro, en silencio, esperando por si alguien entraba en el vagón, ocultos tras una columna de bolsas de equipaje, de entre las cuales pude distinguir la de Yashira e incluso la mío. 

Ally se tumbó sobre mí. El perfume que tanto recordaba era mucho más fresco ahora.

Suspiré.

Cayó otro baúl al que ni siquiera prestamos atención. Las manos me temblaban, no sabía que hacer con ellas, Ally las sujetó, ella me guiaba.

Suspiró.


Oímos la puerta abrirse y nos quedamos congelados el uno mirando al otro. Silencio. La puerta volvió a cerrarse.

Nos reímos. Nos besamos.

Al salir del vagón un montón de alumnos más jóvenes que nosotros nos miraron con cara de extrañeza. Pero Ally me dio la mano y echamos a correr en dirección a nuestro compartimento. Al entrar me senté junto a ella, todos se quedaron extrañados al ver como había cambiado la situación pero nadie comentó nada, habría tiempo suficiente durante todo el año para hablar.

Entramos todos juntos en el gran comedor.

- Bueno, mañana nos vemos - le dije a Ally.

- Si - contestó alegremente - ¿Amigos?

- Amigos - contesté.

La gran selección comenzó como cada año y como siempre los abucheos entre las casas eran constantes, parecía que hasta Dumbledore lo veía normal. Lo inesperado fue enterarnos de que este año tendría lugar en Hogwarts El Torneo de los Tres Magos, y aunque tenía pinta de ser muy interesante ninguno de nosotros podría participar por culpa de la limitación de edad. Eso si, había buenas noticias, una delegación tanto de Durmstrang como de Beauxbatongs vendrían a participar en el torneo, lo que quería decir que posiblemente vendrían chicas y la buena fama de las francesas las precedía.

Peter y yo intercambiamos miradas. El año no podía empezar mejor.

1 de Septiembre, Jueves

Me levanté precipitadamente de la cama en cuanto los primeros rayos de sol iluminaron la habitación. Era el primer día de un nuevo curso, un nuevo viaje hacia Hogwarts dónde nos reencontraríamos con viejos amigos y dónde aprenderíamos nuevos hechizos y pociones. Comenzábamos sexto curso, el penúltimo, y los nervios me hacían dar vueltas por la casa sin parar, hasta que conseguí que mis padres se levantasen y me ayudasen a terminar de hacer la maleta. Las cosas importantes ya llevaban colocadas unos cuantos días, desde que volvimos de los mundiales de Quidditch y encontré mis nuevos libros sobre la cama, ya que mis padres me habían ahorrado un nuevo viaje al Callejón Diagon para comprarlos, junto con recambios para mi kit de pociones, mucho más amplio que el de años anteriores, y nuevas túnicas y uniformes, ya que los anteriores se me habían ido quedando pequeños. Una vez todo estuvo listo, me acompañaron hasta la estación utilizando la chimenea, que ese día podía conectar directamente con el andén 9 y 3/4 en el que había que tomar el tren hasta el colegio. Allí se despidieron calurosamente de mí y me desearon un feliz curso, no sin advertirme, como todos los años, de que no me metiese en líos y estudiase mucho, cosa que pensaba hacer, sobre todo, pensé para mis adentros, lo que me interesaba.

Durante un buen rato miré a mi alrededor buscando a mis amigos, pero sólo vi a un par de compañeras de habitación, a las que saludé y con las que crucé unas pocas palabras, y algunos compañeros de curso de otras casas que, para variar, evitaban todo lo posible cualquier contacto con un Slytherin, no fuera a ser que les pegásemos una enfermedad o algo parecido. Era pronto aún, por eso no me extrañé de que ninguno de los demás hubiera llegado todavía, así que abrí el baúl y saqué un libro, sentándome sobre él para leer un rato mientras esperaba. Cuando quise darme cuenta, habían pasado más de quince minutos y sentí como alguien se paraba a mi lado. Me volví hacia él y vi a un chico alto, al que no conocía, mirando por encima de mi hombro lo que estaba leyendo. Intenté cerrar disimuladamente el libro, pero pareció darse cuenta y me miró sonriendo mientras me ponía de pie.

- ¿Nos conocemos? - le pregunté, fijándome en que llevaba bordado en su túnica el escudo de mi casa.

- No, aún no. Bueno, yo a tí sí, pero tú a mi no.

- Tú no estás en el dormitorio de Stebbins, ¿verdad? - le pregunté, recordando la cara del chico de sexto que no era ni Stebbins, ni Peter, ni Keith, ni Pronscuit. Smith, se llamaba. O eso creía.

- No, soy Wilkes. Encantado de conocerte - me dijo mientras me tendía la mano.

- Wilkes... pero tú no eres... - Se llamaba como el dueño del reproductor de música que habíamos encontrado, el que había presidido las "reuniones" del club al que habíamos estado asistiendo el año anterior. Se parecía levemente, pero estaba segura de que no era él en absoluto.

- No, tú, conociste a mi hermano mayor, que terminó séptimo este año. Yo lo empiezo ahora, y me llamo William.

- Oh - fue lo único que pude contestar mientras respondía a su saludo. - Tu hermano era muy... simpático. - Extraño más bien, pensé.

- Creo que eres la primera persona que lo ha definido así alguna vez - sonrió - Bueno, he de subir al tren, tengo gente con la que hablar. Ya tendremos más oportunidades de charlar.

- Si, claro. Hasta luego.

Le seguí con la mirada mientras se alejaba y se subía a uno de los primeros vagones, donde iban los prefectos y los premios anuales. Por un momento me pregunté si eso quería decir que tendríamos otro año un premio anual en Slytherin, pero antes de que me pudiera dar tiempo a otra cosa, vi a Keith acercarse y plantarse a mi lado arrastrando su baúl.

- ¿Qué tal estos últimos días de vacaciones? - me preguntó.

- Últimos. - le contesté.

- ¿Qué clase de respuesta es esa?

- No lo sé - me encogí de hombros - ¿Qué tal estás tú? Parecías algo enfadado la última vez que nos vimos con el tema de Ally.

- Superado. Superadísmo. Tan superado que no sé ni de quién me estás hablando. Yo sólo conozco a Sally. La novia de Peter. No conozco a nadie más que se llame parecido.

- Hablando del Rey de Roma... - suspiré mientras veía como los tortolitos se acercaban desde una de las chimeneas.

Peter trataba de llevar los trastos de Sally y los suyos a la vez, tratando de ser más duro que nadie, pero se veía que le estaba costando a horrores. Keith se acercó para intentar ayudarle, mientras Sally terminaba de llegar a mi lado. Me saludó con una leve inclinación de cabeza y murmurando un hola que apenas se oyó, mirando rápidamente para otro lado en cuanto lo dijo, y al cual yo contesté audiblemente. Nos quedamos en silencio observando a los dos chicos traer las cosas, y seguimos en silencio mientras se saludaban y se preguntaban que tal. Tras unos minutos de escucharles, Sally decidió que ya era hora de ir subiendo al tren, aúnque aún no habíamos visto a Yashira, a Ally o a Stebbins.

- Stebbins va en el vagón de los prefectos - dijo Keith. - No sirve de nada que esperemos por él. Ya aparecerá. Tienes todo un curso entero por delante para dedicarte a contemplarlo.

- Tú lo que tienes es envidia - le contesté - de que no me pase el curso contemplándote a tí.

- Ja, no necesito que me contemples tú. Este año habrá miles de chicas dispuestas a morirse por mis huesos, como todos los años, claro. Pero esta vez les haré felices haciéndoles caso. ¡Éste curso será mi curso! Será el curso de Keith, el Casanova. Así es como me llamarán. Y mis historias serán legendarias, recordadas durante años y años...

Nos comenzamos a alejar mientras él seguía hablando solo de los planes que tenía, hasta que se dio cuenta y se puso a nuestro lado al trote. Subimos las maletas y las colocamos en el descansillo entre trenes de donde más tarde las recogerían y las llevarían a uno de los vagones de equipaje. Buscamos un compartimento vacío, lo cual fue más difícil de lo que esperábamos ya que a lo tonto se nos había hecho algo tarde. Cuando por fin lo encontramos, nos sentamos y cada uno se dedicó un poco a lo suyo, hasta que Ally y Yashira asomaron la cara por el cristal y abrieron la puerta al vernos.

- No os encontrábamos - dijo Yashira, dejándose caer en el asiento al lado de Sally.

- Os llevamos buscando una eternidad. Podíais habernos esperado en el andén. - dijo Ally. - Aunque creo que se nos hubiera hecho tarde, mirad, ya salimos.

El tren hizo sonar la sirena y se puso en marcha, traqueteando, en dirección al norte.

Durante un rato, nadie dijo nada. Nos dedicábamos a mirar por la ventana o a leer libros, incluso Yashira había traído una baraja de las que había usado ese verano en los mundiales de Quidditch y jugaba sin usar magia. Intentó convencer a alguien de que jugase con ella, pero ninguno parecía particularmente interesado, así que terminó desistiendo y guardándosela en el bolsillo.

- ¿Qué asignaturas vais a hacer éste año? - preguntó Ally, de repente. - Yo creo que voy a seguir con Herbología, Pociones, Encantamientos, Defensa...

- Bueno, creo que con esas vamos a continuar todos, ¿no? - le interrumpí.

- Yo no - dijo Keith. - Yo no tuve una S en Pociones, así que no puedo. Pero las demás sí, incluyendo Transformaciones.

- ¿Sólo cuatro asignaturas? - le dijo Peter - Vaya año te vas a pegar.

- No, sólo no. Tendré que seguir con Estudios Muggles, pero esa no es nada difícil. La optativa que abandono es Runas.

- Tú no tienes Runas - le dijo Ally. - Tú tienes Aritmancia, como yo. Hicimos el TIMO juntos.

- Eso explica por qué la he suspendido. Había estudiado para Runas y cuando me diste tus respuestas no me cuadraba nada, así que lo debí de colocar todo mal. Bueno, tampoco es tan importante. No la cogeré y ya está.

- ¿Tú tienes Pociones, verdad? - le pregunté a Peter, todo lo amablemente que pude.

- Si... al final... conseguí la S. - Miró a los demás sorprendido de que le hubiese dirigido la palabra sin un insulto por el medio.

- Bueno, entonces coincidiremos. ¿Y tú, Yashira, qué vas a hacer?

Seguimos hablando un buen rato de las asignaturas que tendríamos e intentamos averiguar en cuales podríamos coincidir. Todo estaba siendo bastante tranquilo hasta que Yashira, seguramente sin percatarse de que Keith estaba allí, preguntó en voz alta:

- ¿Qué tal con Jean, Ally? ¿Qué habéis decidido hacer al final?

Vi como tanto Ally como Keith se ponían rectos en el asiento y cruzaban la mirada durante un segundo.

- Sí, Ally. Cuéntanos como te va con tu novio. - le dijo él, con voz tranquila.

- Bueno, creo que es un tema privado. No deberíamos hablar de ello ahora...

- ¿Por qué no? Al parecer te pasaste las vacaciones alardeando de lo magnífico que era el chico, ¿verdad? Pues cuéntanos como ha terminado esa fantástica historia de amor.

- ¡No es de tu incumbencia! - le gritó Ally, levantándose.

- Claro, claro, a mí que más me da. Apareces con un noviete y se lo dices a todo el mundo, pero a mí que más me da. Me lo podrías haber dicho, pero no lo hiciste. Explícanos por qué. Dinos por qué no nos lo dijiste en su momento. - Keith terminó la frase con el tono más elevado mientras Ally desaparecía por la puerta del compartimento. - Ah, no, a mí no me vas a dejar con la palabra en la boca. - dijo al aire mientras salía detrás de ella.

Los demás nos miramos durante unos instantes sin saber muy bien que decir, hasta que Yashira habló:

- Vaya, lo siento mucho. No me acordaba de lo que había pasado, se me olvidó. - dijo compungida.

- No te preocupes - le dijo Peter. - Las cosas habrían estallado antes o después, así que en el fondo no importa tanto.

Todos seguimos en silencio durante un buen rato hasta que la conversación volvió a surgir por otros derroteros completamente distintos. Intentaba hablar con Peter como si siempre hubiéramos sido amigos, aunque aún no hasta el punto en el que las cosas se habían empezado a torcer. Ese año me había propuesto que todo volviera a estar bien, a que no discutiésemos durante todo el día y a poder ser un grupo todos juntos, incluída Sally. Ellos parecían estar haciendo un esfuerzo por no meterse con Stebbins, y Stebbins por su también estaba poniendo de su parte, así que yo no podía ser menos. Mientras pensaba cual era la próxima tontería que podía hacer, Keith y Ally volvieron por la puerta, riendo. Nosotros les miramos, ellos nos miraron y se echaron a reir otra vez.

- Bueno, creo que ya hemos conseguido solucionar las cosas. - dijo Keith

- Sí, ya no teneis que preocuparos más por nosotros. Las aguas han vuelto a su cauce.

Y siguieron riendo por lo bajo. Tomé como nota preguntarles más tarde que era lo que había pasado, aunque creía que todos podíamos imaginarnos un poco como lo habían arreglado.

El resto del viaje transcurrió con normalidad. Algunos echamos una cabezada durante un rato, otros prefirieron mirar por la ventana, leer, charlar... Cuando ya estábamos cerca del colegio, decidimos cambiarnos, empujando primero a los chicos fuera del compartimento. Alguien pareció querer entrar accidentalmente mientras, pero habíamos tomado las precauciones necesarias y la puerta estaba atrancada con el pestillo y con nuestras bolsas de mano contra la puerta, aunque al salir los dos chicos parecían estar mirando para otro lado como si no hubiera pasado nada.

Al fin en Hogwarts, tras montar en los carruajes que nos llevaban hasta allí, sentados tras las largas mesas, pudo empezar la selección. Los nuevos alumnos iban siendo elegidos e iban sentándose en los huecos que los alumnos mayores les íbamos haciendo, mientras les saludábamos con efusividad y abucheábamos por lo bajo a los de otras casas, entre risas y bromas de "Hufflepuff manirotos", "Ravenclaw empollones" y "Gryffindor chulos". Al terminar la ubicación de los nuevos niños y tras comer todo lo que pudimos en la cena, Dumbledore se levantó para darnos el tradicional discurso del primer día. Tras unas breves palabras en las que nos recordaba que el Bosque Prohibido seguía estando prohibido y que no deberíamos andar por los pasillos del castillo cuando deberíamo estar en la cama, dijo que ese año nos esperaba una sorpresa y que Hogwarts iba a tener un gran honor, pero antes de que pudiera continuar, las puertas principales del Gran Comedor se abrieron y entró una persona un tanto extraña. Un hombre mayor, cojeando, mal vestido y con un ojo de cristal que no paraba de girar en todas direcciones, extrañamente azul. Se acercó lentamente a la mesa de los profesores y se acomodó en una de las sillas. Resultó ser, como nos dijo el Director, el nuevo profesor de Defensa contra las Artes Oscuras, Alastor Moody, que había salido de su retiro especialmente para darnos clase ese año. Tras la breve explicación, Dumbledore continuó con lo que nos estaba contando, y al fin pudimos saber que ese año se celebraría el Torneo de los Tres Magos en Hogwarts, pero que solamente los mayores de edad, diecisiete años en adelante, podrían intentar inscribirse. Por lo bajo oí como Keith decía "¡Vaya!, no es justo.", pero dudaba mucho de que en realidad fuera presentarse aún pudiendo. También nos avisó de que los otros dos colegios participantes, Durmstrang y Beauxbatongs enviarían una delegación de alumnos junto con sus directores hacia finales de octubre, y que esperaba que todos pusiésemos de nuestra parte para hacerles sentir bienvenidos.

- Ya creo que les haremos sentir bienvenidos. Bienvenidas, sobre todo - dijo Keith, guiñándole un ojo a Peter, que se debatía entre chocarle la mano a Keith o que Sally le chocase la cara con la suya.

- ¿Pero tú no tienes ahora una historia con Ally? - le dije

- No, no, no. Somos amigos. Y ya te he dicho que éste iba a ser mi año. Espero que las chicas que vengan de Beuxbatongs sean tan bonitas como las francesas que vimos éste año en el campeonato de Quidditch, eh, ¿Peter?

- Si, eran muy bonitas. - dijo rápidamente y en voz baja mientras Sally estaba despistada mirando hacia otra parte.

Cuando terminamos de charlar y vimos que la gente se dirigía hacia sus salas comunes, nosotros también nos dimos prisa en llegar. Nos despedimos hasta el día siguiente y yo me puse el pijama y me metí en la cama lo más pronto que pude, agotada del largo día.

- Estoy de vuelta - susurré al deslizarme entre las sábanas - Tengo la sensación de que este será un gran curso.

29 de Agosto, Viernes

Las vacaciones de Verano llegaban a su fin, y con ellas, todas las situaciones nuevas y extrañas que había vivido en el último par de meses. Mientras caminaba por los andenes de la estación, pensé en todo lo que había pasado.

Tras descubrir que los objetos que habíamos encontrado en la mansión de mi tío tenían que ser en realidad los ingredientes para una poción, seguramente aquella que serviría para curar la extraña enfermedad de la madre de Sally, dedicamos los últimos días de Julio a tratar de averiguar qué hacer con ellos. El pergamino de mi tío en el que había aparecido la receta de la poción no parecía tener demasiado sentido a primera vista, ya que simplemente listaba los objetos como si se tratasen de meros ingredientes, pasando totalmente por alto el hecho de que introducir una escoba en un caldero tras picarla en secciones finas no parecía tener demasiado sentido.
- Aún así no se me ocurre otra cosa - Dije, tras varios días pensando sobre el tema -. Trabajemos con los objetos, es lo que tenemos, así que...
- No - Dijo Sally, negándose como las últimas veces -. Esos objetos, sean lo que sean, son los ingredientes, y no podemos conseguir más. Sólo tenemos una oportunidad para hacer la poción como debe hacerse. Si estropeamos los objetos...
- Lo sé - Dije, suspirando -, pero no estamos haciendo ningún progreso. ¿Alguien propone algo mejor? ¿Alguien propone algo, de hecho?
Miré a Sally y a Mêlée alternativamente. Ambos guardaron silencio.
- Sabemos una cosa al menos - Continué -. Tenemos que utilizar el caldero que encontramos, el caldero de mi tío. No aparece con los demás objetos como un ingrediente, ¿no? Está bien claro que debe usarse para hacer la poción.
- Sí - Dijo Sally -, pero...
- Cálmate - Dije -. Primer paso: Llenarlo de agua hasta unos tres cuartos de su capacidad.
- Tres cuartos exactos - Dijo Sally.
Suspiré en silencio. Comprendía su preocupación, pero no creía que fuese necesario preocuparse en exceso desde el principio. De todas formas tenía una gran nota en Pociones. Sin duda sabría llenar el caldero con tres cuartos exactos.
- Ayúdame, Mêlée - Dije.
Una vez Mêlée me hubo ayudado a llenar el caldero de agua, me dispuse a ponerlo sobre el fuego como indicaba la pequeña e intrincada letra de la receta, pero en el último momento Sally corrió junto a mí y tiró de mis hombros hacia atrás, haciéndome dar un paso en falso, de modo que parte del agua se cayó del caldero, que casi se escurrió de mis manos.
- ¿Pero qué...? - Dije.
- No - Dijo Sally.
- ¡No había cogido ningún ingrediente!
- Pero el caldero... - Dijo ella, preocupada.
- ¡Sólo iba a calentar el agua! - Dije, un poco malhumorado por la impaciencia que me producía no avanzar en absoluto con la poción -. Sólo quería ver si pasaba algo, ¿quién sabe si tiene que pasar algo al calentar el agua? ¡Quizá comenzar nos muestre cómo seguir!
- ¿Pero y si el caldero también puede usarse sólo una vez?
- ¿Qué te hace pensar que puede pasar eso? - Resoplé.
- ¡No lo sé! - Dijo Sally, alterada -. ¡Pero compréndelo! No puedo... Arriesgarme...
Respiré hondo, tratando de comprenderla. Me acerqué a ella y la cogí de los hombros, apartándonos del agua derramada para dejar trabajar a Mêlée, que había acudido a por una especie de fregona y parecía ansioso por usarla.
- Lo sé - Dije, sin soltarla -. Y lo siento. Pero Sally... Llevamos ya una semana mirando la receta y los objetos, sin hacer nada realmente. Y yo... Bueno, no soy el mago con más seguridad en sí mismo que conozco, precisamente, pero creo que... Debemos intentar algo.
Sally me miró, sin poder ocultar las dudas en su rostro.
- En serio - Continué -. Intentar algo suena mucho más como hacer algo que no hacer absolutamente nada.
Sally resopló.
- Aún no, Peter - Dijo, apartándose de mis manos y abandonando la sala -. Mañana quizás se me ocurra algo.

Pero al día siguiente los avances no fueron mejores que los días anteriores. De nuevo las dudas y el miedo de Sally a perder cualquier objeto que fuese insustituíble nos impidieron avanzar durante toda la tarde. Tenía la sensación de que debía hacer algo al respecto, por una vez, o Sally no llegaría a dar el primer paso nunca, así que, tras la cena, dejé que Sally se encaminase a la habitación, y le dije que me quedaría leyendo un rato en alguna sala del piso de abajo. Esperé un tiempo prudencial sentado en un sofá distraído con unos libros sobre pociones que habíamos sacado de la pequeña biblioteca y, cuando lo creí oportuno, me puse en pie y me dirigí en silencio a la sala donde habíamos dejado los objetos, así como el caldero de mi tío.
Se trataba de una sala pequeña, con todo lo necesario para la elaboración de pociones. En cierto modo parecía una especie de laboratorio improvisado, lleno de calderos viejos, probetas, frascos vacíos, etiquetas, y todo tipo de utensilios dedicados a la elaboración de pociones. De todos modos parecía llevar demasiado tiempo en desuso, y habíamos tenido (o quizá sería más adecuado decir que Mêlée había tenido) que limpiar a fondo antes de poner ponernos a pensar siquiera en elaborar una poción allí dentro.
Abrí la puerta en silencio y comencé a encender algunas velas de la sala. De repente tropecé con algo a mis pies, cayendo de bruces contra el suelo. Me sujeté la rodilla, dolorido, tratando de no hacer ruido. Se suponía que estaba siendo sigiloso.
- ¿Está bien, amo Peter? - Dijo una voz junto a mi oído, de repente. No pude evitar gritar, antes de darme cuenta de que se trataba de Mêlée.
- ¿Pero qué haces aquí? - Dije, incorporándome -. ¡Pensé que te habrías ido a dormir!
- Yo... - Dijo el elfo, sonrojándose -. Bueno, estaba despierto por si el amo Peter necesita algo, y...
- Sí, seguro - Dije, mientras continuaba encendiendo algunas velas. Me detuve y me incliné hacia él -. Por si necesitaba algo. Aquí. A oscuras. Y, corrígeme si me equivoco, pero ¿no estabas tumbado en el suelo? ¿Es eso una manta?
Mêlée miró al suelo, avergonzado.
- ¿Me esperabas aquí para arroparme, Mêlée? - Continué.
El elfo negó con la cabeza.
- Mêlée sólo dormía aquí, amo Peter... - Dijo, al fin.
- Claro, Mêlée dormía aquí - Dije -. Es un sitio perfectamente normal para dormir. De hecho yo venía a dormir, mira qué casualidad. Podremos montar una fiesta de pijamas, y todo.
- El amo Peter aún lleva su ropa de diario... - Dijo Mêlée, con aparente desconcierto.
- ¡Ya sé que llevo mi ropa de diario! - Dije, impaciente -. Mêlée, dime la verdad, ¿qué haces aquí?
Mêlée dudó unos segundos, sopesando las opciones que tenía, y finalmente habló.
- El ama Sally... - Comenzó a decir.
- ¡El ama Sally! - Exclamé, resoplando -. ¿Pero quién...? Mira, Mêlée, no me malinterpretes, me gusta Sally, me gusta que Sally esté aquí, y no quiero que esto suene... No sé, pero ¿quién la ha nombrado tu ama, por Merlín?
- Bueno - Dijo el elfo, pensativo -, como el amo Peter y ella duermen juntos, yo... Cuando el amo Peter y ella se casen, ella también será mi ama, y...
- ¿Qué? - Dije -. ¿Quién te ha dicho que nos vayamos a casar? ¿Sally te ha dicho que nos vamos a casar?
Mêlée me miró, confuso.
- Duermen juntos - Repitió, despacio.
Suspiré.
- Mira, olvídalo - Dije -. Sally es tu ama también, estupendo, me da igual. ¿Y qué ibas a decir, si se puede saber?
- Ella... Le dijo a Mêlée que durmiera aquí.
- Que durmieras aquí - Repetí.
- Desde hace ya días - Añadió Mêlée, asintiendo.
- ¿Y para qué? - Dije, encogiéndome de hombros -. ¿Tiene miedo de que le pase algo a los objetos si nadie los vigila o qué?
Mêlée asintió.
- De que el amo Peter los coja para hacer la poción - Dijo.
Guardé silencio unos instantes.
- A ver si lo he entendido - Dije, despacio -. ¿Llevas ya días durmiendo aquí porque Sally quiere que me vigiles?
Mêlée asintió.
- Para que el amo Peter no haga la poción a escondidas - Dijo de nuevo.
- Genial - Dije, frunciendo el ceño -. Vaya una relación de confianza.
- ¿Es lo que el amo Peter iba a hacer?
- Sí, Mêlée, es lo que iba... Es lo que voy a hacer - Admití a regañadientes.
La desconfianza de Sally me dolía. Cierto que me disponía a hacer la poción a sus espaldas sabiendo que ella aún no estaba segura de que debiera hacerse... ¡Pero ella había desconfiado ya desde días atrás, mucho antes de que yo le diera motivos! Visto así, ella se lo había buscado. Además no estaba haciendo nada malo... De hecho la estaba ayudando. Sí. Al día siguiente yo habría hecho la poción, todo habría ido bien, y las cosas se normalizarían de nuevo. Sally podría curar a su madre, y pasaríamos el resto de las vacaciones sin más preocupaciones, paseando juntos, durmiendo cariñosamente... Sí, era lo que tenía que hacerse. La poción no se iba a hacer sola.
- ¿Amo Peter? - Dijo Mêlée.
- ¿Sí?
- El amo Peter es más amo de Mêlée que el ama Sally - Dijo el elfo, resueltamente, con tono conciliador -. Así que Mêlée le ayudará a preparar la poción.
- Muy bien, Mêlée - Dije, suspirando -. Al parecer en esta casa somos todos gente en la que se puede confiar ciegamente.
Si Mêlée captó el sarcasmo en mi voz, no lo demostró. Sonrió alegremente y me ayudó a colocar el caldero reluciente de mi tío Horacio sobre la mesa. Lo llenamos con la cantidad de agua indicada para el comienzo de la poción, y lo colocamos al fuego. Repasé por enésima vez la receta mientras el agua se calentaba. En realidad necesitaría la ayuda de Mêlée, ya que parecía ser necesario que la receta fuera realizada por dos personas. Al menos es lo que indicaban las instrucciones del pergamino, aunque a primera vista no había motivo aparente para ello.
Además, la receta también llevaba algunos ingredientes corrientes, que aparecían así indicados en el pergamino. Sólo los objetos-ingrediente que habían sido listados en el anterior pergamino y que aparecían de nuevo en la receta eran aún un misterio. Aún así, yo estaba convencido de que, si los objetos ocultaban los ingredientes reales, tendrían que usarse en la poción como si fueran eso: Simples ingredientes. Sally tenía miedo de intentarlo, pero ya habíamos agotado las posibilidades... No había otra solución posible.
- Bien - Dije, suspirando -. Mêlée, trae los ingredientes que indican los primeros pasos de la receta, ¿de acuerdo? Tendremos que comenzar por ahí. Y tenemos que hacerlo con cuidado, ¿eh?
Mêlée asintió y se encaminó a una pequeña despensa contigua a la sala, donde habíamos visto una gran cantidad de ingredientes comunes de pociones, correspondientemente etiquetados y conservados en sus frascos. Mientras tanto decidí que sería mejor colocar los objetos cerca, de forma que pudiéramos coger tranquilamente el adecuado cuando correspondiera. Caminé hasta la mesa cercana donde estaban y cogí varios de los objetos con cuidado, apilándolos entre mis brazos. Comencé a caminar de nuevo hacia el caldero, cuando escuché el ruido de la puerta principal de la sala, abriéndose.
- ¡Peter, idiota!
Alcé la vista y vi a Sally caminando rápidamente hacia mí, con cara de alarma. Con su camisón. Su diminuto camisón que... Como siempre, la vista se me desvió hacia sus piernas. Antes de reaccionar, siempre se me iba la vista a sus piernas. Eran mi perdición.
Si hubiera reaccionado a tiempo, o si Sally usase pijamas más "invernales", Sally habría encontrado resistencia cuando cogió mis manos y tiró de los objetos hacia sí misma. Pero yo no me esperaba el tirón, y ella sí la resistencia, así que tiró con tanta fuerza que se golpeó a sí misma en el pecho y cayó hacia atrás, con los objetos cayendo a su lado.
Todos menos uno, aquel clavo pequeño, que yo había colocado con cuidado sobre los demás, que voló por el aire para caer, casí a cámara lenta, dentro del caldero, que ya comenzaba a humear.
Miré a Sally. Tenía una expresión de alarma en su cara.
- ¡No! - Dijo, incorporándose -. ¡Sácalo de ahí!
Saltó hacia el caldero con el brazo derecho extendido, y me lancé a sujetarla.
- ¿Pero qué haces? - Grité -. ¡Está hirviendo!
- ¡Pero hay que sacarlo! - Dijo.
- Espera - Dije, apresurándome a coger el cucharón que encontré más cerca.
Sally se inclinó sobre el caldero, y comenzó a mirar al interior ansiosa. Volví rápidamente a su lado, y me asomé junto a ella.
- ¿Dónde está? - Dije, extrañado.
- No lo sé... - Dijo Sally -. ¡No lo veo!
- Tiene que estar...
Seguimos mirando unos instantes, mientras apartaba el caldero del fuego con esfuerzo. Luego introduje el cucharon y traté de palpar el fondo con él, pero era inútil. El clavo no aparecía.
- ¡No está! - Gritó Sally.
- Tiene que estar... - Repetí varias veces, cada vez menos convencido.
Pero ella tenía razón. El clavo había desaparecido. Ambos vimos con total certeza como caía en el interior del caldero, incluso oímos el chapoteo al tocar el agua. Y ahora... Había desaparecido. Solté el cucharon y miré a Sally, sin saber qué decir.
- Te dije que no hicieras nada - Dijo ella, con voz temblorosa -. Que esperaríamos por ahora.
- Pero yo... - Dije -. Algo había que hacer.
- ¿Algo? - Dijo Sally, alterada -. ¡Mira lo que ha pasado!
- ¡Es que aún no había que meter el clavo! - Dije, tratando de defenderme -. ¡Quizá es lo que pasa por no haberlo hecho en orden! ¡No es culpa mía!
- ¿Me estás culpando a mí entonces? - Dijo Sally, gritando.
- ¡Sí! - Dije, antes de poder controlarme. Lo cierto es que sí, en mi interior la culpaba a ella, pero quizá si lo hubiera pensado no lo habría dicho en alto.
Sally me miró en silencio, temblando. Escuchamos un ruido de algo que era depositado sobre la mesa, y al mirar vimos que se trataba de Mêlée, que acababa de volver con los frascos de ingredientes que le había pedido y nos miraba con cara de preocupación.
- ¡Y tú! - Dijo Sally de repente, señalando al elfo -. ¿Por qué no me has hecho caso?
Mêlée miró a Sally avergonzado, pero respondí antes de que él pudiera decir nada.
- ¡A él no le metas! - Dije -. Es mi elfo doméstico, ¡mío! ¿Y le mandas que me vigile? ¿En secreto? ¡Creí que confiarías en mí!
- ¡Tengo motivos para no confiar! - Contestó Sally.
- ¿Ah, sí? ¿Cuáles?
- ¡Estos! - Gritó, señalando a su alrededor -. ¡Sabía que lo harías! ¡Que no te podrías esperar!
- ¡Podría haber funcionado! - Repetí.
Sally resopló. Luego me miró, muy seria, y empezó a temblar.
- El caso es - Dijo - que hemos perdido uno de los ingredientes.
- Tiene que estar ahí - Repetí, menos convencido que nunca -. No puede haberse... Deshecho. Sin más. No puede.
Sally negó con la cabeza.
- No, Peter - Dijo -. Quizá tuvieras razón y habría que haberlo hecho en el orden correcto. Quizá yo tuviera razón y fueras a estropearlo todo de todas formas. No lo sé. Ahora no sabremos de quién ha sido la culpa. Pero es lo que ha pasado. Hemos perdido un ingrediente.
La miré, en silencio. Tenía razón. ¿Qué íbamos a hacer ahora?
- Ya no podemos hacer la poción - Añadió Sally, y se le quebró la voz mientras comenzaba a llorar.
Me acerqué a ella inseguro, mientras ella trataba de ocultar sus lágrimas, y cuando la rodeé con mis brazos y la apreté contra mí rompió a llorar abiertamente, cada vez más fuerte y desconsoladamente.
Me quedé en silencio mientras lloraba, mirando al frente, y sintiéndome cada vez más culpable de lo ocurrido. No sabía qué decir, y poco a poco me deslicé desde la mesa hasta quedarme sentado en el suelo, con Sally acurrucada a mi lado, y llorando ahora en silencio, y Mêlée a un metro de nosotros observándonos con preocupación. Pasaron los minutos, y sentí como Sally se calmaba, aún sollozando, aún triste. Al cabo de un buen rato, y con la cabeza apoyada en mi pecho, la sentí dormir, con respiración intranquila, y en algún momento Mêlée se acercó con la manta que había usado para dormir y nos tapó con ella, para acurrucarse contra la pared cerca de nosotros, adormilándose poco después.
Yo seguí mirando al frente, mientras las velas se consumían. ¿De verdad habíamos llegado aquí para nada? ¿De verdad habíamos perdido uno de los ingredientes para siempre? ¿De verdad había fallado por completo al final de toda esta historia?
Mucho después de que las velas se hubieran apagado, cuando probablemente el sol ya se disponía a asomarse por el horizonte, allí, sentado sobre el frío suelo, yo también me quedé dormido.

Algo que me zarandeaba la cabeza me despertó por la mañana, mientras oía la voz de Sally diciendo mi nombre. Abrí los ojos y ví sus piernas a mi lado. Estaba en pie, con el brazo estirado para moverme la cabeza.
- Peter, mira, levanta - Repitió.
- ¿Qué pasa? - Dije, perezosamente, mientras me ponía en pie, sin demasiado humor siquiera para fijarme un poco más en la vista desde abajo antes de levantarme.
- El caldero - Dijo Sally, ansiosa, cogiéndome de nuevo la cabeza y acercándomela al caldero de mi tío -. Mira dentro.
Miré el contenido del caldero. Parte del agua se había evaporado durante la noche, pero aún quedaba bastante. Aparte de eso no veía nada más.
- No veo nada, Sally - Dije, tratando de desperezarme. Ella resopló.
- Estás dormido - Dijo, impaciente -. ¡Fíjate bien!
Miré de nuevo dentro del caldero, bostezando. Claro que estaba dormido, tras pasar la noche en el suelo. Además me dolía la cabeza. Y el cuello.
- Espera, ¿hay algo en el fondo? - Dije.
- ¡Sí! - Dijo ella, nerviosa.
- ¿Qué es? - Dije.
- No lo sé... Lo ví al ponerme en pie, y te desperté enseguida. Parece una especie de... Bolsita. De semillas. O algo así. ¿No crees?
Intenté fijarme mejor, a pesar de la oscuridad del caldero. Efectivamente, parecía una bolsita con algo, semillas, polvos, o algo en su interior. Miré a Sally.
- ¿Crees que es...? - Comencé a decir. Me fijé en que Mêlée también se había despertado mientras hablábamos, y se había acercado a nosotros con gesto de curiosidad.
- ¡El clavo, Peter! - Exclamó Sally -. Anoche el clavo se cayó dentro y desapareció, y hoy hay... ¡Un ingrediente! ¡Se ha convertido en el ingrediente!
Pensé en ello unos segundos.
- Entonces... - Dije -. ¿Tenía yo razón?
- No - Dijo Sally, con tono solemne -. ¿No te das cuenta? No tenemos que usar este caldero para hacer la poción, sino que tenemos que usarlo para convertir los objetos en los ingredientes, sólo para eso. No tenías razón.
- Pero tenía razón en lo de que deberíamos hacer algo - Me quejé. Sally suspiró, y no respondió.
Miré de nuevo al interior del caldero, y comencé a arremangarme la camisa mientras acercaba la mano a la superficie del agua.
- Ten cuidado... - Susurró Sally, agarrándome fuerte del otro brazo mientras miraba también al interior del caldero.
Toqué el agua con la punta de los dedos un instante, y luego otra vez.
- No pasa nada - Dije -. Sigue siendo agua normal.
Introduje el brazo hasta tocar el fondo del caldero, y cogí la bolsita. La saqué, agarré el trapo que Mêlée se había apresurado a ofrecerme para secarme, y un instante después Sally y yo exáminabamos concienzudamente la bolsa entre nuestras manos.
- Sí que son semillas de algún tipo - Dije yo.
- Tiene una pequeña etiqueta dentro - Dijo Sally -. ¿Se puede leer?
- Sí - Dije -. No parece que el interior esté mojado, está cerrada herméticamente... Pone que son semillas de... "Planta invisible de Quialtos".
Miré a Sally con cara interrogante.
- ¿Quialtos? - Dije.
- Es una región mágica al norte de Iquitos - Dijo ella.
La seguí mirando en silencio.
- Iquitos está en la orilla del Amazonas.
- Ah - Dije -. Muy bien, señorita herbóloga.
- ¡Pero es muy raro! - Dijo Sally, de repente -. Esa planta sólo crece en esa región, es una planta con grandes propiedades mágicas que aún hoy se está investigando, nadie ha conseguido cultivarla fuera de la zona.
- ¿Y entonces es invisible? - Pregunté.
- No - Dijo Sally -, sólo se oculta. Demasiado bien. Demasiado para una planta, quiero decir... También lo están estudiando. Pero los expertos saben encontrarla, se supone.
- Bueno, entonces de allí habrán venido las semillas, ¿no? - Dije, encogiéndome de hombros.
- Pero eso es lo raro... Sólo los investigadores pueden manejar esas semillas, al menos por ahora - Dijo Sally -. No se pueden comprar en cualquier sitio.
Dudé unos instantes.
- Es decir - Dije -, que alguien se las consiguió a mi tío. De contrabando, o algo así.
- Supongo que sí, que debe ser eso - Dijo Sally, asintiendo con la cabeza.
- Genial - Dije -, encima estamos usando ingredientes ilegales.
- La parte buena es que ahora sí, podemos ponernos a hacer la poción - Dijo Sally, esbozando una pequeña sonrisa. Se la devolví.

Dedicamos el resto de la mañana a observar la forma en que los objetos del sótano se convertían en los ingredientes de la poción. Al principio metimos uno de los demás objetos en el caldero y observamos, pero no desaparecía como sí lo había hecho el clavo la noche anterior. Entonces probamos a hacerlo de nuevo con el caldero lleno de agua, y esta vez el objeto introducido se disolvió sin dejar rastro en sólo un par de segundos. Sally y yo, e incluso Mêlée, no podíamos evitar estar algo nerviosos, así que permanecimos junto al caldero casi dos horas hasta que el siguiente ingrediente apareció, un frasco, también etiquetado, lleno de una sustancia parduzca.
Mucho más tranquilos, dedicamos ese día y el siguiente a ir introduciendo los objetos y sacando los ingredientes de uno en uno, ya que no queríamos arriesgarnos a meterlos todos a la vez y no saber qué ingrediente correspondía después a cada objeto. Volvieron los paseos por los alrededores mientras esperábamos, y el ambiente más relajado. Aún así no podíamos evitar pensar en que dedicaríamos aún otro día más a continuación a hacer la poción definitivamente.
Los ingredientes correspondientes a los objetos resultaron ser todos sumamente raros, ilegales, o difíciles de encontrar. Ni Sally ni yo los conocíamos todos, así que tuvimos que consultar los libros de mi tío varias veces. Por suerte ninguno de ellos parecía ser peligroso por sí mismo.
La elaboración de la poción fue larga, en parte por el complicado proceso y en parte por el extremado cuidado que nos asegurábamos de poner en todo lo que íbamos haciendo. Las instrucciones indicaban la manera de hacerla entre dos personas, aunque no parecía haber ningún motivo aparente para ello. Tras horas y horas de trabajo, y de manipular los ingredientes con cuidado, de los que para nuestra sorpresa resultó haber cantidades sobrantes en cada recipiente, observamos el resultado. La poción parecía tener el aspecto que debía tener, y estábamos seguros de que habíamos hecho un buen trabajo.
En unos días Sally se la llevaría a su madre, y entonces todo, todo acabaría.

Los días siguientes pasaron con calma. Sally y yo disfrutamos de los días en la mansión, ya que pronto sería mi cumpleaños, que pasaría con mis padres, mientras que ella se iría a ver a su madre con la poción. Los planes para después no estaban demasiado claros, aunque yo esperaba que pudiésemos continuar pasando el resto de las vacaciones juntos.
Uno de los días recibí una carta de Keith, en la que decía que era probable que tuviera que suspenderse lo de asistir a los Mundiales de Quidditch debido a que, aunque no especificaba por ninguna parte que tuviera que acompañarnos un adulto, sí que era necesario el uso de la magia para montar la tienda mágica, y a ninguno de nosotros nos estaba permitido. Así que, tal y como estaban las cosas, o conseguíamos que nos acompañase un adulto, o habría que cancelarlo todo.
En un primer momento lo dí todo por perdido, hasta que pensé en Mêlée. La idea de abandonar la casa no le agradaba, pero estaría dispuesto a ir si yo se lo ordenaba, al fin y al cabo. Sally tampoco parecía muy segura, y me recordó que los elfos domésticos dan imagen de tener mucho dinero, y que despertaría preguntas. De todos modos le dije que pensaríamos en algo, y que a Keith ya le había dicho hacía tiempo que me lo había dejado mi tío de herencia junto a un cuervo, así que no habría problemas. Finalmente escribí la carta en respuesta diciendo que me encargaría de llevar al elfo doméstico que me había dejado mi tío, y que si dependía de ello la cosa podría seguir en marcha, tras lo cual recibí otra contestación suya al cabo de unos días, diciendo que entonces perfecto.
El día de mi cumpleaños se acercaba. Me fastidiaba no poder pasarlo con Sally, pero al fin y al cabo habíamos pasado ya un montón de tiempo juntos, así que no pasaría nada por adelantar nuestra celebración un par de días para luego separarnos. Me iría un día antes de mi cumpleaños, el día 8 de Agosto, y luego esperaría noticias de Sally desde Londres para ver si podríamos volver a reunirnos antes de ir al campeonato de Quidditch. Lo cierto es que ni se me había pasado por la cabeza la posibilidad de que mis padres pudieran no dejarme asistir a los Mundiales, así que daba por hecho que no habría problemas.
El día antes de mi partida preparé algo de equipaje, ya que suponía que volvería en algún momento de las vacaciones a por el resto, y tras la cena me reuní con Sally en el dormitorio, como siempre.
- Bueno - Dije -, mañana toca otra separación...
- Sí - Dijo ella, incómoda.
- ¿Triste? - Dije -. Yo no lo soporto, cuanto más tiempo pasamos juntos más me cuesta luego...
- ¿Te importa que me quede aquí? - Me interrumpió ella, de repente.
Me quedé callado unos segundos, sin saber a qué se refería.
- ¿Qué? - Dije -. ¿Quieres decir mañana?
- Sí - Dijo ella -. Mañana, después de que te vayas.
- ¿Qué? Pero... ¿Pero no quieres ir a ver a tu madre? ¿Llevarle la poción?
- Sólo quiero esperar un poco...
- ¿Esperar? ¿Esperar cuánto?
- A que vuelvas... - Dijo Sally, un poco insegura.
- Pero no tiene sentido - Dije -. ¿No íbamos a tratar de estar separados el mínimo tiempo posible? Si esperas a que vuelva para irte tú...
- No - Me interrumpió Sally -. Quiero esperar a que vuelvas aquí, para que vengas conmigo.
- ¿Qué? - Exclamé -. ¿A darle la poción a tu madre?
Sally asintió.
- ¡Pero tu madre me odia! - Dije -. ¡Y descubriría toda la verdad sobre que yo sabía que tú sabías lo que yo estaba haciendo y...! Espera, me he perdido. ¡Pero si descubre que estamos juntos de verdad me odiará aún más! ¡Y se enfadará contigo por contarme la verdad!
Sally se encogió de hombros.
- Y le daremos la poción que le curará - Dijo -. Y podrá volver a salir de casa, y podrá volver a trabajar en la tienda, y las cosas quizá nos vuelvan a ir un poquito mejor de nuevo. Si ni ofreciéndole todo eso va a estar dispuesta a poner buena cara cuando le presente a mi novio...
- Hey, hey - Dije, nervioso -, haces que suene como algo formal, como que me tengo que poner corbata o algo.
- Llevas corbata durante todo el curso.
- ¡Entonces realmente me tengo que poner corbata! - Dije, a la defensiva.
Sally suspiró.
- A ver - Dijo, frunciendo el ceño -, ¿qué problema tienes con conocer a mi madre?
- Me da miedo - Dije.
- ¿Por qué?
- ¡Porque me odia! - Dije -. Me odia a mí, a mi tío, y a mi sexo en general. ¡Y todo por culpa de algún mago chulito con flequillo y gafas oscuras que la dejó preñada y luego desapareció!
- Sí, por culpa de mi padre, eso es.
- Ah, es verdad - Dije, un poco avergonzado -. Ese fue tu padre, sí.
Sally resopló.
- Quiero decirle que tú me ayudaste - Dijo, acercándose a mí y cogiéndome por los hombros -. Quiero demostrarle que no todos los hombres desaparecen, como mi padre o como tu tío. Que te conté la verdad, que me ayudaste, que estuviste a mi lado todo el tiempo sabiéndolo todo, y que en el momento final me acompañaste para darle la poción. Y que por eso eres mi novio.
Me quedé callado unos segundos. Sally se acercó un poco más a mí, sin soltarme, y me sonrió tranquilizadoramente. Intenté pensarlo con claridad.
- ¡Me matará! - Exclamé, de repente.
- Oh, por Merlín - Dijo Sally, soltándome y llevándose una mano a la frente.
- ¡Piénsalo! - Dije, gesticulando -. ¡Ella puede usar magia y yo no! ¡Estaré a su merced! Será así: ¡Pum! Y adiós.
- Es muy sencillo - Dijo Sally, mirándome seriamente -. Tú no quieres venir.
- No - Dije -. No quiero.
- Pero te lo estoy pidiendo - Añadió ella -. Sin más. ¿Qué vas a hacer?
Pensé unos instantes.
- Ir - Dije, finalmente.
Sally sonrió.
- A eso me refería - Dijo.

Mi cumpleaños en casa, el día 9 de Agosto, pasó como todos los años. Hubo pocas celebraciones, ya que no éramos una familia de dar grandes fiestas, y los regalos consistieron en útiles de pintura y ropa nueva. Mi padre siguió con su forma de actuar de las últimas veces, aunque esta vez no insistió demasiado en lo de visitar la mansión, como si fuera un tema que ya empezase a dar definitivamente por perdido.
Me sorprendió que me preguntaran que cuánto pensaba quedarme antes de volver a la casa de mi tío, a lo que les contesté que cinco días, lo cual nos dejaba sólo con aproximadamente otros cinco días para visitar a la madre de Sally antes de asistir a los campeonatos de Quidditch. Me dí cuenta, resignado, de que mi idea de volver otros cuantos días a la mansión no iba a ser posible. Tuve la sensación repentina de que Sally y yo no habíamos aprovechado lo suficiente el tiempo, aunque sabía de sobra que no había sido así.
Escribí a Sally para comunicarle los días que dedicaríamos a cada cosa, esperando que le pareciera bien, y que pudiéramos ver alguna mejora en su madre antes de asistir a los Mundiales. Pasé los siguientes días con mi familia, guardando secretos, como siempre, y tratando de estar de buenas con ellos, cosa que conseguí más o menos bien. Continuaban las tiranteces con mi padre de vez en cuando, pero las cosas con mi madre no iban del todo mal, así que no fueron días demasiado desagradables.
Finalmente llegó el día. Volví con la ayuda de mis padres y una chimenea pública a Cheltenham, y desde allí a la mansión, donde Sally ya había preparado el resto del equipaje para ir a Bristol, y avisado a su madre de que iría ese mismo día a final de la tarde, pero sin advertirle de que yo también iría.
Cuando más tarde nos despedimos de Mêlée y subimos en el tren que nos llevaría hasta nuestro destino, ninguno de los dos sabía cómo terminaría el día. Llenos de nervios, nos agarramos fuertemente de la mano mientras el paisaje pasaba a nuestro lado a toda velocidad.

Bristol, ya había estado antes de visita. Pero no en el barrio de Sally. Observé a mi alrededor mientras nos acercábamos a su casa. Un barrio mágico de casas pequeñas, estrechas, apretadas entre ellas, y con una apariencia que sólo podría compararse con la de un calcetín tan remendado y parcheado que pareciera hecho a partir de trozos de otros calcetines.
- Te enseñaré nuestra tienda en cuanto pueda - Dijo Sally, con un extraño tono de orgullo e ilusión en su voz -. Está cerca de aquí... Oh, y aquí es, para. Esta es mi casa.
Tratando de no dejar caer los bultos que llevaba a cuestas, observé lo que al parecer era el hogar de Sally. A su lado, mi casa de Londres parecía un palacio. Estuve tentado de preguntarle a Sally si en algún momento de su historia la casa se había venido abajo y la había vuelto a construir usando las piezas que había salvado de los escombros un carpintero ciego con algún transtorno mental que le impidiera comprender conceptos básicos como "horizontal" o "simetría".
- Es... Pintoresca - Dije. "Pintoresca". ¿Alguna vez alguien usaba la palabra "pintoresco" sin darle un sentido de eufemismo?
- Necesita algunos arreglos - Dijo Sally, con tono de no estar diciendo nada evidente -. Sobre todo la fachada.
- Oh, me encanta la fachada - Dije -. Es... Es como uno de esos dibujos de escaleras en que no te queda muy claro cuál es la parte de abajo y cuál la de arriba, ya sabes, que hay gente que camina de lado y gente que... Siempre he querido estar en uno de esos, sí.
- Estoy nerviosa - Dijo Sally, cogiéndome de un brazo y caminando hacia la puerta.
- Ah, no, pero no creo que se venga abajo, ¿no?
- No, estoy nerviosa por lo de mi madre. No sé cómo reaccionará.
- Ah - Dije -. Esperemos que no dé ningún portazo, no creo que le convenga a nadie del vecindario.
Sally me ignoraba. Estábamos junto a la puerta y comenzó a buscar las llaves en su pequeño bolso. De repente la puerta se abrió, lo cual me hizo querer dar un paso atrás, cosa que Sally debió intuir, ya que volvió a agarrarme del brazo. Una mujer de mediana edad apareció ante nosotros. Tenía el pelo claro recogido en un moño un tanto descuidado, y ojos cansados. Puso cara de sorpresa al ver a Sally, y sonrió mientras salía a nuestro encuentro.
- ¡Sally, cariño! - Dijo, con voz cansada pero agradable, mientras se acercaba a Sally para darle un abrazo -. No pensé que fuera a llegar a verte hoy... Tu madre me avisó de que vendrías.
- Hola, Lucy - Dijo Sally -. ¿Cómo está mamá?
Me llamaba la atención el tono de voz de Sally desde que habíamos llegado a su barrio. Casi siempre disimulaba, incluso estando conmigo, y hablaba de manera seria y fría, pero aquí... Sonaba distinto, sonaba como... Si confiara.
Todos actuamos de forma distinta en nuestra casa, pensé.
- Oh, tu madre... - Dijo la mujer -. No mejora... No mejora - Forzó una sonrisa, y le tocó a Sally la mejilla con el dorso de la mano -. Ah, pero le sentará bien verte... Se alegrará mucho, ya lo verás. Yo ahora iba a la tienda... Ya sabes, a ordenar un poco.
Oh, así que esa señora era la compañera de la tienda de la madre de Sally... Su ayudante y amiga, que la cuidaba también en casa. Me pregunté cuánto sabía, y de repente se fijó en mí.
- Bueno - Dijo, animada -, ¿y quién es este caballero que te lleva el equipaje tan amablemente? ¿Cómo te llamas, chico?
- Ah, pues... - Dije, indeciso. ¿Debía decir quién era? ¡Sally no me había advertido sobre esto! Aunque, ¿no se suponía que íbamos a decir la verdad? -. Pues... Sí, a ver, yo... Yo soy...
- Peter Starkey - Dijo Sally.
- Eso - Dije -. Sí.
- Encantado, Peter - Dijo Lucy, con gesto divertido -. Mira, sé que es muy caballeroso llevarle el equipaje a una jovencita, pero no te esfuerces tanto, o no recordarás ni tu nombre - Miró a Sally -. Claro, cielo, que a ti, mi ricura... Te sobrarán chicos que te quieran llevar el equipaje, ¿no?
Miré a Sally, divertido. ¿En serio tenía a alguien tan cálido en su entorno? Sally me miró de reojo y se sonrojó.
- Lucy, qué va, yo...
- Con lo mona que se ha vuelto mi niña - Le interrumpió ella con el tono de voz con que se habla a un bebé, y le volvió a poner la mano en la mejilla, rozándole el pelo -. ¡Pero mira que ricura de peinado te has hecho!
Lo cierto es que el pelo de Sally había crecido un tanto durante el verano, y ella había decidido que por el momento se lo dejaría relativamente corto, pero con una pequeña melena que salía un poco hacia fuera. Lo cierto es que, aunque mi opinión no pudiera considerarse la más objetiva, estaba muy guapa.
- ¿Y eres de por aquí, Peter? - Dijo Lucy.
- Ah, no, yo... - Respondí.
- Peter no es del barrio. Ni siquiera de la zona. Vive... Un poco lejos - Dijo Sally.
- Oh - Dijo Lucy, mirando de nuevo a Sally -. Pues entonces mayor motivo para que aprecies que te traiga el equipaje... En serio, yo que tú le daría una oportunidad.
- ¡Lucy! - Dijo Sally, sonrojándose de nuevo.
- Está bien, está bien... Ya os dejo, tortolitos. Me voy a la tienda, ya sabes, Sally, cariño - Dijo Lucy, y siguió hablando mientras se alejaba, aún mirándonos -. Ay, pero qué monada de pareja, quién fuera joven de nuevo, qué gusto da verlos...
La observé alejarse con media sonrisa en mi cara. Hasta le habría dicho adiós con la mano hasta que se perdió tras la esquina, si no hubiera estado cargado con bultos.
- Lucy... - Dijo Sally, tratando de adoptar un tono de fastidio en su voz... De todos modos estaba seguro de que era como una segunda madre para ella -. Es la ayudante de mi madre, te hablé de ella... Es un poco pesada.
- ¿En serio? - Dije, sonriendo -. A mí me ha parecido... No sé, un amor, una ricura, un encanto si lo prefieres.
- Vamos... - Dijo Sally, sonrojándose...
- En serio, me ha caído bien, no te preocupes - Dije -. ¿Pero ella no sabe nada?
- ¿De qué? - Dijo Sally -. Ah, ¿de la poción y demás? No, ni de la poción, ni de los Starkey, ni de nada de nada... Ya sabes, siempre ha sido un secreto, entre mi madre y yo. Y ya sabes que ni siquiera conmigo ha tenido el detalle mi madre de ser sincera por completo. Ella no es un problema... Le caerás bien... Siempre que me tengas a mí contenta - Añadió, sonriendo.
- Claro... - Dije -. Pero el problema viene ahora... ¿No?
- Eso creo... - Dijo Sally, nerviosa -. Pero no te preocupes, esclavo del equipaje, estoy contigo, irá bien.
Sally me cogió del brazo de nuevo y volvió a ponerse seria. Entramos en su casa.

La casa tenía mucho mejor aspecto en su interior que vista desde fuera. Al menos estaba limpia y cuidada. Tras cerrar la puerta a nuestras espaldas, Sally me comentó que su madre estaría echada en su habitación, y que sería mejor dejar el equipaje por ahora en la pequeña sala de estar del piso de abajo. Miré a mi alrededor tras hacerle caso. En el piso de abajo sólo parecía haber un pequeño pasillo que partía de la entrada hasta las escaleras, y desde el que se podía acceder a la sala de estar y a una pequeña cocina.
Sally debió percatarse de mi expresión al mirarme.
- Lo sé - Dijo, con una sonrisa triste -. Nada en comparación con la casa de tu tío, ¿eh?
- Yo... - Dije -. Lo siento - Me sentía culpable, aunque no sabía por qué. Y decepcionado con mi tío. ¿De verdad él las había dejado tiradas? ¿Para que vivieran así?
- No es culpa tuya... - Dijo Sally, distraída -. En el piso de arriba está la habitación de mi madre, la mía, y el cuarto de baño.
- Creí que Lucy viviría aquí...
- No, vive en un cuarto sobre la tienda... Aunque puede quedarse en mi habitación si es para cuidar a mi madre, cuando no estoy. Luego te enseñaré mi habitación - Sally comenzó a subir las escaleras, y se giró para mirarme -. Bueno... Vamos allá.
Extendió una mano hacia mí. Tragué saliva, dudé unos segundos, y cogí su mano para subir las escaleras. El pasillo del piso de arriba era lo más minúsculo que se pudiera imaginar para un pasillo. Sólo cabía una persona a lo ancho, y aún así daba la sensación de estar apretado. Una vez terminadas las escaleras, las puertas estaban ahí, sin más.
- Vamos... - Dijo Sally en voz baja, acercando su mano al pomo de una de las puertas -. Entra después de mí, ¿vale?
Sally golpeó la puerta un par de veces con los nudillos, y luego la abrió lentamente. Se asomó un momento al interior, y luego entró por completo. Cogí aire y entré tras ella.
Oí la voz de su madre mientras se giraba a mirarla, en la habitación en penumbra.
- Hija... - Dijo, cansadamente -. Pensé que sería Lucy, que había olvidado algo. Acércate y...
Se quedó callada. Había terminado de girarse en la cama y había clavado su vista en mí. Me fijé rápidamente en todo lo que pude. Las ventanas estaban tapadas, de modo que no había demasiada luz en la habitación. La madre de Sally tenía un aspecto similar al de mi tío antes de su muerte. parecía envuelta en sudor, con poco pelo, la piel arrugada, y demasiado envejecida para su verdadera edad. Su ojo izquierdo (el contrario del de mi tío) estaba inflamado e hinchado, al igual que el derecho de su gata, que estaba tumbada a su lado en esos momentos. Era fácil darse cuenta de que, fuera lo que fuera lo que a mi tío le había pasado con Zoro, a Rosanna Kingcrow le pasaba con su gata. El mismo hechizo, la misma poción, lo que fuera.
Al instante, la madre de sally alzó su brazo hacia mí, señalándome, y miró a su hija.
- ¿Qué hace él aquí? - Dijo, prácticamente gritando -. ¿Para qué lo has traído?
- Para que lo conozcas, mamá - Dijo Sally, manteniendo la calma -. Ya ha acabado todo.
- ¿Acabado? - Repitió su madre -. ¿Qué...?
- La cura, mamá. La tenemos. La hemos traído.
Rosanna Kingcrow miró alternativamente a su hija y a mí, y alzó la voz.
- ¡No! - Gritó -. ¡Te ha engañado! ¿No lo ves? ¡No tiene nada! ¡Te ha engañado! ¡Es un traidor! ¡Siempre lo será!
Me pareció prudente no decir nada. Era algo que debía resolver Sally. Por no hablar de que empezaba a dudar de la posible estabilidad mental de su madre. Esperaba en cualquier caso que fuera debido a la enfermedad.
- ¡No es un traidor, mamá! - Gritó Sally, resoplando -. ¡No le llames traidor! ¡Él me ha ayudado por voluntad propia!
- ¡No! - Siguió gritando su madre -. ¡Te miente! ¡Te engaña!
- Me... ¿Pero cómo me va a mentir? - Gritó Sally, aún más fuerte -. ¡Si preparamos la poción juntos! Le conté todo, me sinceré con él, le conté todo lo que pasaba, ¡y decidió ayudarme!
- ¿Tú le contasté todo? Tú...
- ¡Y decidió ayudarme! - Repitió Sally -. ¿Es que no te das cuenta? ¡Fue cuando le expliqué lo que pasaba cuando decidió ayudarme!
- ¡Pero no puedes confiar en él! - Gritó su madre.
- ¿Confiar en él? - Dijo Sally, y comenzaron a surgirle las lágrimas -. ¿Pero no te das cuenta? ¡Era él el que no podía confiar en mí! ¡Me obligaste a mentir, me obligaste a...! Tú querías que yo me... ¡Sin sentir nada! Tú... Me has aislado todo este tiempo, y...
- ¡Para que no te pasara esto! - Gritó Rosanna -. ¡Para que no te conquistara cualquiera con engaños y terminases enamorada de él! Porque es eso, ¿no? ¡Te ha engañado para estar contigo! Pero te aseguro que no durará... ¿Y luego qué? ¿Tú y otro bebé, condenadas para siempre?
- ¡Él no es papá, mamá! - Gritó Sally, hecha una furia -. ¡Ni tampoco es Horacio! Él es... ¡Él te ha ayudado, mamá! Oh, creí que podría con esto, pero...
Sally rompió a llorar fuertemente. Me sentía muy incómodo y nervioso, pero no estaba seguro de cómo debía actuar. De repente Sally se acercó rápidamente a mí, así que la tomé entre mis brazos, y dejé que siguiera llorando contra mi pecho. Alcé mi vista sobre ella y miré a su madre fijamente, mientras ella nos observaba. Estaba furioso con ella, pero a la vez asustado de decirle cualquier cosa. Nos miraba con cara de preocupación, y por un momento pensé que quizá no se esperaba que su hija se sintira dolida. ¿Pero qué esperaba entonces? Después de una vida de educar a su hija para odiar a los hombres, y quizá especialmente a mí, después de intentar usarla para obtener información de mí aunque fuese a costa de tener que acostarse conmigo... ¿Cómo esperaba que Sally se sintiera?
De repente caí en la cuenta de que para Sally tampoco debía ser nada fácil sentirse finalmente atraída por alguien, y mucho menos por mí, su "principal enemigo", aunque fuera de forma involuntaria. No era tan raro que le costase tanto mostrarse abiertamente, si ni en casa podía hacerlo. No era tan raro que le costase expresar determinados sentimientos. La abracé con más fuerza.
- Tenéis... - Comenzó a decir la madre de Sally, despacio -. ¿Tenéis la cura?
Asentí despacio, sin soltar a Sally.
- ¿Aquí?
Asentí de nuevo.
- Y mi hija... - Continuó, dudando -. ¿Qué te contó?
- Todo lo que ella sabía - Respondí, muy serio -. Y yo a ella mi parte. Aunque nos costó, ¿sabe? Ya sabe, por todo ese asunto de "no confíes en nadie" y demás que nos han inculcado a los dos, y eso.
La madre de Sally respiró hondo, y se incorporó en la cama. Pasaron un par de minutos más, mientras Sally comenzaba a calmarse de nuevo, sin despegarse de mí.
- Sally... - Dijo de repente su madre. Sally se giró hacia ella -. Mi Sally... Yo... Oh, pero qué he hecho...
La madre de Sally comenzó a llorar, de repente. Sally volvió a echarse a llorar a su vez, y noté que se quería acercar a ella. Decidí que este sí era un momento adecuado para dejarlas a solas, así que le susurré a Sally que iría abajo a sacar la poción y que iría preparando la primera dosis tal y como indicaban las instrucciones dejadas por mi tío, y luego abandoné la habitación tras darle un beso en la frente.
Bajé las escaleras hasta la sala de estar, sintiéndome incómodo. Parecía que la situación no podría terminar del todo mal, pero lo cierto es que no sabía qué pensar de todo ello. No era la forma más ideal para nadie de conocer a la madre de su pareja. Qué se le iba a hacer.
Al cabo de más de cuarenta minutos, Sally cruzó la puerta de la sala, con aspecto acalorado. Le pregunté cómo había ido todo.
- Bien, creo - Dijo, sin sonreír -. Le he contado todo con más detalle, las cosas que pasaron en el colegio, cómo comencé a... - Sally se sonrojó -. Bueno, cómo comenzamos ambos a gustarnos de verdad, cómo me costaba cada vez más seguir siendo tan fría contigo, y... No sé. Ella se ha dado cuenta de que en el último año me ha pedido cosas horribles, pero... No sé, lo siente por mí, porque ha comprendido que me ha hecho daño, pero... - Sally se encogió de hombros -. Pero no confía en ti. Supongo que no puede cambiar eso. Que no puede confiar sin más en los hombres... Que no va a cambiar eso.
- Vaya... - Dije, decaído. No esperaba quedar como el yerno perfecto, pero sí tenía la esperanza que su madre me aceptara algo más.
- Pero no te preocupes - Continuó Sally -. Sabe que me has ayudado. Le he dicho que querías ayudarme, y he intentado dejárselo claro. Y... Bueno...
- ¿Qué?
- Y le he dicho que me quieres mucho.
- Ah.
- Y... - Sally se sonrojó un poco más -. Bueno. Y yo a ti.
Me quedé callado unos segundos, mirando a Sally. Quería saltar sobre ella y abrazarla, pero me contuve.
- Y... - Continuó Sally -. Y sabe que eso es así, y que, piense lo que piense ella, tiene que aceptarlo. Sabe que no puede seguir aislándome.
- Eso es bueno...
- De todos modos anímate - Dijo Sally, y trató de ofrecerme una sonrisa -. Si la poción funciona, y sé que lo hará, le estarás salvando la vida. Y eso tendrá que darte al menos unos puntos, ¿no?
Le sonreí a Sally. Mientras estaba solo había estado preparando la primera de las muchas dosis de poción que su madre tendría que tomar, así que la cogimos y nos dispusimos a subir a su habitación.
- ¿Sabes? - Comentó Sally en bajo, mientras subíamos las escaleras -. También le comenté que los pergaminos de los que me habló contenían las instrucciones de la cura como me había dicho, pero tal y como estaban explicados estaban pensados para que tú y yo los siguiésemos. Le he dicho que tu tío quería que ella se curase. A través de nosotros.
Me quedé pensando unos segundos.
- Yo también lo había deducido - Susurré -. Pero entonces no entiendo porque no la curó él mismo.
Rosanna Kingcrow permaneció tranquila durante mi segunda visita a su habitación, aunque esta vez no dejó de observarme todo el tiempo. Tomó la dosis de poción con cierto recelo, aunque para nuestra decepción no pareció tener ningún efecto inmediato. Se inició otra pequeña discusión cuando Sally anunció, para mi sorpresa, que yo pasaría las siguientes noches durmiendo con ella en su habitación, y tras unos minutos de negociaciones que incluyeron varios términos para referirse a los hombres por parte de su madre que probablemente avergonzarían hasta a la gata, Sally consiguió que se me permitiera dormir en el sofá de la sala de estar.
A continuación acompañé a Sally a preparar la cena mientras su madre volvía a descansar, y le dije que por un momento me había hecho ilusiones pensando que podría dormir con ella.
- Estaba claro que no podrías dormir conmigo - Me respondió ella -. Pero si hubiera comenzando diciendo que dormirías en el sofá, habrías terminado durmiendo en el felpudo.

Al día siguiente nos llevamos una sorpresa, cuando la madre de Sally nos dijo que se encontraba mejor. Aún no se apreciaba nada a simple vista, pero parecía sudar menos, tener algo más de color, y afirmaba que tras tomarse la medicina no había sido capaz de ver a través del ojo de la gata, lo cual por otro lado me hacía pensar en si acaso lo habría intentado con el único propósito de espiarme por la noche. Accedió de buen grado a continuar tomando la poción, lo cual hizo que Sally y yo nos sintiéramos por primera vez desde la llegada relajados y felices. Ahora sólo tendríamos que dejar que la poción hiciera efecto, lo cual le quitaba un peso muy grande de encima a Sally y nos daba tiempo para disfrutar de los siguientes días de vacaciones.
Mientras desayunábamos, Lucy entró en la casa, y nos vio en la cocina.
- ¡Vaya, Peter! - Dijo, animada -. ¡Y yo que pensé que era madrugadora!
- Hola - Dije, sonriendo.
- Ha dormido aquí - Dijo Sally, tranquilamente. Lucy abrió los ojos como platos.
- ¿Dormido aquí? - Dijo. Sally asintió -. ¿Y tu madre...?
- Lo sabe - Dijo Sally -. Ha dormido en el sofá.
- Pero... - Dijo Lucy -. Quiero decir, tu madre no... No apoya que...
- Se lo he explicado - Dijo Sally, aparentemente alegre, aunque sin sonreír más de la cuenta -. Ha costado, pero... Peter es mi novio, Lucy.
Miré a Sally sorprendido. No esperaba que le dijese abiertamente a Lucy que éramos novios. Bueno, más bien a nadie.
En un par de segundos Lucy reaccionó y comenzó a reír y alabar a Sally, "probablemente la joven más bonita de Bristol", y al novio que se había echado, "un auténtico caballero capaz de encandilar a cualquier madre". Seguía cantando alabanzas minutos después, mientras subía las escaleras para ver a la madre de Sally. Decididamente escucharla era puro alimento para el ego.
Los siguientes días los pasamos juntos en Bristol, yo dumiendo en el sofá, y observando los progresos de la poción. Sally me enseñó la zona, su habitación (en la que deseaba con todas mis fuerzas poder pasar una noche, aunque sabía que no podría ser), y la tienda de su madre, "Hierbas y remedios Kingcrow", una pequeña herboristería que, por su apariencia, no parecía estar pasando por su mejor momento. No soltaba nunca mi mano, y notaba su emoción disimulada cada vez que me llevaba a algún sitio que significaba algo para ella, cualquier cosa. También visitamos Bristol en general con más tiempo que la última vez, aunque casi todo el tiempo lo pasamos dentro del barrio mágico de Sally.
Llegado el día 20 de agosto, a tan sólo un día de irnos a los mundiales (y afortunadamente con permiso muy a regañadientes de la madre de Sally), la mejora de la enfermedad comenzaba a ser notable. La madre de Sally ya era capaz de moverse por la casa mucho más a menudo, la inflamación de su ojo, así como del de su gata, había comenzado a reducirse, y su aspecto general había mejorado muchísimo. Era algo bastante notable en Gylla, la gata, que de repente parecía mucho más joven, al igual que le había pasado a Zoro tras la muerte de mi tío. Eso quería decir que Zoro se había librado de su "enfermedad" al morir mi tío, la persona con quien estaba "conectado". Pero ahora tanto la madre de Sally como su gata se estaban curando.
Aunque la comodidad en casa de Sally no era tanta como en la casa de mi tío, la relajación era mucho mayor, al haberse solucionado (o estar en ello) el problema principal. Sally y yo paseábamos por la calle animados, hablando de todo lo que había pasado, cuando de repente algo en lo que no había caído me vino a la cabeza.
- Hay algo que no encaja, creo - Dije, pensativo.
- Sí - Dijo Sally -, aún hay cosas que no sabemos, pero...
- No - Interrumpí -. Los pergaminos. Se supone que ya ha acabado todo, pero...
Sally se detuvo, comprendiendo a lo que me refería.
- Pero queda un pergamino - Dijo.
- Sí - Asentí -. El último pergamino sigue en blanco.
- ¿Seguro? - Dijo Sally -. ¿Cuándo lo comprobaste por última vez?
- Pues... No lo sé, estuvimos muy ocupados haciendo la poción, y luego nos despreocupamos... Espera, ¿qué haces?
Sally se había dado la vuelta y tiraba de mí en dirección contraria.
- ¡Vamos a casa! - Dijo, un poco nerviosa -. ¿Y si ha aparecido algo desde entonces?
- ¿Pero qué más da? - Dije, dejándome arrastrar sólo a medias -. ¡Si ya está todo arreglado!
- ¿Y si la poción tiene efectos secundarios, o algo?
- ¡No puede poner nada de la poción! Todo lo ponía en el otro pergamino, ¿recuerdas?
- ¿Y si es importante, simplemente? Al menos vayamos a mirar.
Me dejé arrastrar. Yo y mi gran boca. Si ya había terminado todo...

Unos minutos después Sally y yo nos sentábamos apresuradamente en el sofá de su casa, con el pergamino entre las manos. Su madre estaba de nuevo en su habitación, descansando un poco antes de la cena.
- Es... Una carta - Dije, mirando el pergamino -. Ya te lo he dicho, una carta.
- Ya lo he visto - Dijo Sally -. Déjame leerla.
- Es para mí - repliqué, apartando un poco la carta -. Déjame leerla antes.
- ¡Pero incumbe a mi madre! - Dijo Sally, frunciendo el ceño. Suspiró -. Está bien, lo entiendo. Pero léela en alto.
- ¿En alto? - Dije - ¿Pero y si es...? - Observé la mirada de Sally, y suspiré -. Está bien, está bien... La leeré en alto. Esperemos que no nos oiga tu madre, no sé qué opinará.
Observé de nuevo el pergamino. En algún momento de las últimas semanas había pasado a mostrar una carta escrita por mi tío. Tenía miedo de qué podría decirme, pero tampoco tenía secretos para Sally. Cogí aire, y comencé a leer.

"Estimado Peter:

Si estás leyendo esta carta, entonces es que finalmente, incluso después de mi marcha, has continuado siguiendo mis instrucciones. El momento planeado para que se muestre esta carta era el momento en que completases la poción, por lo cual debo deducir que, quizá tú sólo pero más probablemente con la joven Kingcrow, os habéis puesto manos a la obra y habéis conseguido preparar la poción más importante que he desarrollado en mi vida: Aquella que sirve para contrarrestar los efectos de la que comencé a desarrollar cuando tenía poco más de tu edad, y que probé descuidadamente en Rosanna y en mí mismo.
El objetivo de esa poción era conectar a dos personas, hacer a uno consciente de los pensamientos y sentidos del otro, y viceversa, así como ralentizar su envejecimiento mediante esta conexión, motivo por el cual, antes de intentar establecer un vínculo entre nosotros mismos, lo establecimos con nuestras respectivas mascotas, que ya eran por aquel entonces, un cuervo, Zoro, y una gata, Gylla, con el propósito de observar los efectos, tanto en ellos como en nosotros, y ver si nuestros animales se mantenían jóvenes tanto tiempo como nosotros."

- Por eso no puedo recordar cuándo compramos a Gylla - Susurró Sally -. En realidad es más vieja que yo...
- Sí - asentí -, y Zoro lo mismo. Después de la muerte de mi tío... Creo que ha vuelto a envejecer a un ritmo normal. Por decirlo de algún modo, porque claro, ha vuelto a ser... Joven. A saber.
Seguí leyendo.

"Déjame explicarte, Peter, que, no obstante, el poder de la poción no era ni mucho menos equiparable al de la eterna juventud. Simplemente permitiría que las dos personas unidas entre sí unieran también su tiempo de vida, que aumentase el tiempo necesario para envejecer. Si lo entiendes mejor con un ejemplo, dos personas de apróximadamente la misma edad conseguirían envejecer el doble de despacio o, si la unión fuera entre una persona y su mascota, ésta envejecería más despacio que su compañero humano, que a su vez también ganaría algo de tiempo.
Piensa, por ejemplo, en la duración de dos vidas enteras para pasar con la persona amada."

Miré a Sally.
- Mi tío odiaba el amor - Dije -. Una de las primeras veces que se comunicó conmigo lo despreció abiertamente, creo recordar. ¿A qué viene ésto ahora?
Sally se encogió de hombros.
- Sigue leyendo - Dijo, ansiosa.

"En mis tiempos incluso yo estuve enamorado, Peter. Apartado por mi familia, igual que tú..."

- Yo no estoy apartado por mi familia - Dije, protestando. Sally me miró con una ceja alzada -. Oh, tú qué sabrás, cállate.

"...igual que tú, conocí y amé a Rossana Kingcrow durante años. Mi amor por ella era tan grande que, llegado el momento de mi gran poción, ninguno de los dos dudamos en que debíamos ser uno, y la probamos, como ya te dije, con nuestras mascotas, sin saber que no llegaríamos a probarla el uno con el otro. Todo fue bien por un tiempo, pero entonces la situación se volvió inestable. Los animales seguían vivos con el paso de los años, sí, pero algo fallaba con ellos, como si algo les comenzase a perjudicar en su interior. Y nosotros también lo sentíamos. Aunque éramos jóvenes, sentíamos un inmenso peso en nuestro interior, una sensación de agonía que perduraba. La conexión no era apropiada, tenía sus consecuencias, aunque no se manifestarían por completo hasta años más tarde...
Le prometí a Rosanna que daría con la cura, y tuvimos que separarnos. Ella volvió a Bristol a cuidar de su madre, que estaba enferma, y yo me separé de mi familia en Londres y comencé una vida humilde en Cheltenham, donde me dediqué a investigar y vender mis pociones. Para no estar completamente separados, decidimos que cada uno se quedaría con la mascota del otro, y de ese modo podríamos usar los efectos de la poción para vernos cuando quisiéramos.
Por desgracia, tras la muerte de la madre de Rosanna, ella decidió continuar con la tienda familiar, y yo estaba demasiado ocupado con mis investigaciones como para abandonarlas. Dos años habían pasado, y poco a poco nos habíamos olvidado el uno del otro, y de nuestras mascotas. El amor no duraba para siempre.
Pero una noche recordé a Zoro, y la eché de menos. Así que decidí mirar a través de él, y saludar a Rosanna a través de su cabeza. Cuando vi a otro hombre en su cama..."

Me callé y miré a Sally, que parecía temblar un poco.
- No sé si debería seguir - Dije.
- Como no sigas te quitaré la carta - Respondió ella.

"Cuando vi a otro hombre en su cama sentí un arranque de celos en mi interior. Ella nunca me había perdonado que yo no dejara mis investigaciones para estar con ella, y yo estaba dispuesto a reconocer mi error, pero ella me había olvidado, me había olvidado por cualquiera. No podía admitirlo.
Hecho una furia dejé mis investigaciones para ir a Bristol, pero cuando ella me vió rompió a llorar en mis brazos. Su "aventura de una noche" le había engañado, marchándose en mitad de la noche y robando en su casa y en su tienda. Me pidió perdón de todas las formas posibles, y creí que podría perdonarla, incluso después de descubrir que además estaba embarazada.
Pasaron otros dos años, y me dí cuenta de que las cosas no podían seguir así. Echaba de menos mis investigaciones, pero en Cheltenham tenía demasiado logrado como para volver a empezar en Bristol, donde además tenía que ocuparme de mantener con mis ahorros una tienda que no daba ningún beneficio, y un bebé que no era mío. Incluso asistía a las reuniones familiares, donde era el hazmerreír de toda la familia por mis fracasos. Rosanna insistía en que les ignorase pero, sobre todo, no soportaba los contínuos comentarios despectivos de tu padre, que aún sin triunfar en la vida tanto como otros miembros de la familia, parecía sentirse más orgulloso que yo.
Fue por eso que, una noche de invierno, cogí a Zoro y me fuí de Bristol para no volver."

Miré a Sally, sin saber qué decir.
- Parece que tu madre no mentía en lo de los hombres - Dije -. Hasta yo empiezo a considerarme un cerdo.
- ¿Reuniones familiares? - Dijo Sally, ignorándome -. Peter, ¿te das cuenta de que, si tu tío nos llevaba a mi madre y a mí, puede que nos conociéramos en una de ellas con un año o así?
- Espero que no, porque entonces seguro que mis padres te recuerdan como "mi prima" - Dije, inseguro.
- Sigue leyendo, primo - Dijo Sally, sin sonreír.
- No tiene gracia.
- Lo sé, de hecho quiero gritar. Sigue leyendo, por favor.

"En Cheltenham retomé mis investigaciones, y mis negocios con las pociones, y aumenté mis ahorros en poco tiempo. Pronto amasé una fortuna, y comuniqué mis éxitos a la familia en todas las ocasiones que tuve, con gran orgullo.
Por desgracia, los efectos de la poción comenzaron a empeorar en mí y, deduzco, en Rosanna. La deformidad comenzó a surgir en mi cara , uno de mis ojos se inflamó, el malestar se apoderó de mi cuerpo, y del de Zoro. En una de sus visitas, tu padre me presionó para que le contase al fin qué me pasaba, y se lo expliqué todo. Mi mayor poción había sido un fracaso, y la había abandonado.
Sin embargo tu padre no compartía mi opinión, y trató de presionarme para que comercializara mi poción, ya que los efectos tardaban demasiado tiempo en aparecer. Tras mis negativas, trató de convencerme de que le diera la receta, y de que él la mejoraría e inventaría una cura. Yo sabía de sobra que tu padre no sería capaz de hacer algo así, así que de nuevo me negué. Esa poción ni siquiera había sido creada para ser comercializada en un principio.
Tu padre no lo aceptó. Se lo contó al resto de la familia, mencionando mi enfermedad, y les convenció de que en mi estado me había vuelto loco. Quisieron sacarme de mi casa e ingresarme, y convertir mi éxito con las pociones en un negocio familiar. Por suerte pude impedirlo, y antes de que la situación pudiera repetirse decidí aislarme en la mansión que ya conoces. La compré, la convertí en mi nueva casa, y decidí aislarla del mundo exterior lo máximo posible. Dejé de admitir visitas, sólo las más indispensables y, antes de tener que recluirme por completo debido a mi enfermedad, compré a Mêlée, que me ayudó a mantener en orden los terrenos de la casa, así como la torre de cuervos y el interior.
Oculté la receta de la poción original en la mansión, y..."

- Oh, genial, más recetas escondidas - Dije, malhumorado.
- Pero recuerda lo que te conté - Dijo Sally -. La enfermedad no se hizo más patente en mi madre hasta el último año. En cambio tu tío afirma haber estado así desde hace años.
- No lo sé - Dije, encogiéndome de hombros -. Los cuervos viven más que los gatos. Si vivían con tiempo prolongado, ¿crees que puede tener algo que ver que el suyo se estuviera prolongando más?
- No lo sé - Dijo Sally, suspirando -. Me creería cualquier cosa.

"Oculté la receta de la poción original en la mansión, y decidí dedicar el resto de mi vida a desarrollar una cura. Para ello dediqué los siguientes años a recopilar ingredientes de todo tipo, algunos conseguidos mediante contrabando por ser ilegales. Y, finalmente, desarrollé una receta que podría funcionar. Me dispuse a preparla, y a tomarla. Pero entonces recordé, de nuevo, a Rosanna. Y la imaginé acostada, con mi misma enfermedad. Me dí cuenta de que ella no podría desarrollar una cura, de que ella, sin mi ayuda, estaba perdida. Me dí cuenta de que la había abandonado a su suerte, no sólo con la enfermedad, sino con su tienda, y con la pequeña Sally.
Entonces recordé los pergaminos en blanco que había escondido en Hogwarts durante mi estancia en el colegio, y..."

- Espera - Dije.
- ¿Qué? - Dijo Sally.
- Pero aquí no dice por qué los escondió - Dije, frunciendo el ceño -. Sólo dice "oh, sí, los pergaminos que escondí", pero no dice por qué los escondió. ¡Por Merlín! ¿No voy a saberlo?
- ¿No te estás enterando ya de bastantes cosas?
- ¡Pero nunca de todas! - Dije, desesperado -. Nunca de todas...

"...durante mi estancia en el colegio, y decidí que podría emplear cinco de ellos para... Bueno, para lo que has visto. Escondería los ingredientes ilegales de la receta en la mansión, te proporcionaría una forma de hallarlos, y te indicaría cómo hacer la poción.
Quizá te preguntes por qué no hice yo mismo la poción, por qué no me curé y curé luego a Rosanna. Pero, en el momento de escribir estas líneas, estoy muy cansado. Sé que no puedo dar marcha atrás, no hay una poción para eso, y no estoy contento con lo que hice. Siento mucho dolor, y no sólo por mi enfermedad. Dolor porque anticipé muchas cosas al que era el amor de mi vida, y porque aún lo hago. Sé que, si pudiera dar marcha atrás, volvería a arruinarlo. Volvería a negarme a renunciar a mis investigaciones y a mi dinero por el amor. Yo estoy demasiado cansado. Y ni siquiera creo merecer su perdón.
Pero si hubiera una forma de conseguirlo, decidí confiar en ti para ello. ¿Y por qué en ti?, te preguntarás.
Porque te recuerdo jugando con tu pequeña prima Sally, con sólo un año..."

- Oh, genial - Dije -, ahí lo tienes, mi pequeña prima Sally, lo pone ahí, por Merlín, hasta él te veía como mi prima.
Sally resopló, impaciente.

"...con sólo un año, y pienso en que tú eres el primer miembro de la familia que era demasiado joven entonces como para estar implicado en todo esto, el primer miembro de la familia en quien puedo confiar después de que tu padre intentase y consiguiese poner a todos en mi contra cuando comencé a sufrir mi enfermedad. Así que decidí que otro de los pergaminos sería mi testamento, y el otro esta carta, en la que podría explicártelo todo, como estoy haciendo.
Pero necesitaba asegurarme de que la poción llegase a Rosanna, y ahí es donde necesitaba a Sally. Escribí a Rosanna por primera y única vez después de muchos años, y le dije que este año, este curso concreto, usaría los pergaminos del colegio para ponerme en contacto con mi sobrino, y que él hallaría la cura para la enfermedad que teníamos. Le dije que me pondría en contacto con ella cuando la tuviera, sabiendo que no sería así.
No quería decirle, simplemente, que necesitaba que Sally hablase contigo porque yo me iba a dejar morir. Estaba seguro de que, cuando se enterara, pondría a Sally en contacto contigo, ya que sois compañeros, y que así ella podría ayudarte a hacer llegar la poción a su madre."

- Oh, eres un perro astuto, Horacio Starkey - Dije -. ¡Pero no contabas con que Rosanna estuviera tan resentida como para enviar a su hija como una espía en lugar de como una compañera!
- Menos mal que al final salió bien - Dijo Sally, insegura.
- Sí, supongo que sí... Y, ¿te has fijado? ¿Sabría algo tu madre de que mi tío había dejado pergaminos ocultos en blanco en los que podía hacer aparecer lo que quisiera?
- Puede ser. Si ya estaban juntos entonces...

"El motivo de que no te explicase directamente en qué consistía todo es que no podía estar seguro de si podía confiar en ti. Si decidías contárselo a tu padre, y dejarle acceder a la receta, entonces sólo obtendríais la poción necesaria para deshacer los efectos de mi poción anterior, pero nunca la original. No sabríais lo que tendríais entre manos. En cambio, si accedías a ayudar a Sally, y con ella a su madre, sabrías exactamente cuál es el propósito de la poción, y la usarías de la forma adecuada.
Y ese es mi regalo. Quiero liberar a Rosanna y a su hija de todo lo que les hice hace tanto tiempo. Sé que aún así no me perdonarán, pero no es eso lo que busco tanto como una forma de perdonarme a mí mismo. Por mi parte, cuando finalmente llegue el momento sé que Zoro será automáticamente liberado, y confío en que mejore hasta volver a ser un cuervo normal y corriente, pues con mi muerte se romperá todo efecto de la poción inicial."

Me quedé callado unos instantes.
- ¿Mi tío suponía que matando a uno de los dos implicados se acabaría todo y no se planteó matar a Zoro? - Dije, incrédulo.
- Ni mi madre ni yo nos planteamos matar a Gylla... - Dijo Sally.
- ¡Pero es distinto! ¡Vosotras no sabíais que así se arreglaría!
- Quizá... - Dijo Sally, dudando -. Mêlée y Zoro eran su única compañía. No podía matarle. Llevaban juntos muchos años.
- ¡Sí, pero...! - Protesté. Suspiré, y seguí leyendo.

"Peter, soy muy consciente de que prestarme ayuda puede haber creado ciertas tiranteces entre los demás miembros de la familia y tú. Como premio por tu ayuda desinteresada, ya conoces perfectamente lo que te he otorgado: Todo aquello que aparece en mi testamento. Sólo te pido a cambio, y confío en que cumplas con ello, que cuides de Rosanna y Sally. Si necesitan dinero, quiero que estés ahí. No importa cómo de extraño pueda resultarles, o si lo quieren o no, pero si su casa necesita una reparación, debes ayudar. Si su tienda necesita una reforma, o simplemente ayuda para seguir abierta, tienes que estar ahí.
Es lo único que te pido, y confío en que no me defraudes.

Y eso es todo. Probablemente tendrás algunas otras preguntas, pero me temo que no puedo responderlas. Tan sólo puedo darte una última indicación, si te interesa saber más acerca del pasado. En mi dormitorio privado hay varias estanterías de libros. Dile a Mêlée que te indique aquella en la que se encuentran mis diarios privados del colegio. Encontrarás un diario por cada curso. Coge el diario del próximo curso que empieces, sexto, y llévalo contigo a clase.
Con un poco de paciencia, sabrás más sobre el pasado."

- Ah, no - Dije -. Mira, ¿ves? Esto suena a "más misterios". De eso nada, yo me quedo fuera.
- ¿Por qué? - Dijo Sally -. Sólo te está diciendo que puedes leer sus diarios.
- ¿Sólo? ¿No me has escuchado? "Con paciencia". ¿Qué quiere decir con eso? ¿Y por qué tengo que llevarme el diario a clase? ¿No lo puedo leer en la mansión? No me fío.
- Estás exagerando. Sigue leyendo.

"No tengo más que añadir. Gracias por todo, Peter. Me habría gustado estar más tiempo a tu lado durante los últimos años, pero me temo que no fue posible.
Recuerda lo que te he pedido. Cuida de ellas.

Un gran abrazo de tu tío,

Horacio Achille Starkey"

Dejé la carta sobre el regazo y me dejé caer hacia atrás en el sofá. Permanecí mirando al techo unos minutos, en silencio. Sally acudió a mi lado, y se recostó contra mí.
- Vaya - Dije, finalmente.
- Hay varias cosas que digerir con tranquilidad ahí - Dijo Sally -. Por parte de ambos, creo.
- Sí.
Pasaron algunos minutos más. Ahora sí que tenía que haber acabado todo, o al menos lo referente a este tema. Y estábamos cómodos así, tirados en el sofá, en silencio... Era como descansar, al fin.
- No estoy seguro - Dije -, pero ¿crees que deberíamos enseñarle esta carta a tu madre?
- No lo sé - Dijo Sally -. No parecía ser el deseo de tu tío.
- Pero quizá deba saber que él quería que...
- Mi madre lo sabe - Dijo Sally -. Mi madre lo sabe. Conocía a tu tío bien, por lo que hemos visto, y le he contado cómo resolvimos todo entre los dos, y cómo los pergaminos nos incitaban a ello. Cómo Mêlée sabía que acudiría a la mansión... Mi madre sabe que tu tío quería que ella se curase. Pero tampoco sé cómo lo puede llevar ella. Ahora que todo ha acabado, se da cuenta de que él está muerto. No sé lo qué habría entre ellos, pero quizá tampoco sea fácil para ella.
Apreté a Sally contra mí.
- Todo ha acabado... - Dije.
- Sí.
- ¿Y tú cómo te sientes? - Dije, preocupado -. También había algunas cosas que pueden influirte, en la carta.
- ¿Sabes? - Dijo Sally, relajándose -. Me he puesto un poco nerviosa, pero se me ha pasado todo en cuanto he oído eso de que puedo disponer de todo tu dinero cuando quiera. ¿Recuerdas esos pendientes que vimos esta mañana? Pues...
- Ni lo sueñes, prima - Dije, riendo -. Nada de pendientes. Pero sí... No sé cómo, pero... Cuidaré de vosotras.
Sally se acercó a mi cara y me besó brevemente.
- Yo te ayudaré - Dijo.

Llego el día de asistir a los mundiales de Quidditch con los demás. Habíamos acordado con Mêlée en que se aparecería en el barrio de Sally con el resto del equipaje que necesitásemos para la acampada de los siguientes días, así que le esperamos, y cuando por fin hizo acto de presencia nos despedimos de la madre de Sally y nos unimos a él para el siguiente viaje. A pesar de tenerle a nuestro lado habíamos decidido que utilizaríamos un traslador público de los que habían sido preparados para llegar a la zona acordada con los demás, así que nos dirigimos al lugar indicado, mientras Mêlée nos preguntaba cosas sobre los últimos días, lleno de curiosidad.
- Todo ha ido bien, Mêlée - Le dije -. Ya te lo contaré con más detalles, ¿vale? Ahora procura no dejar caer el equipaje, y démonos prisa.
- Pero... - Dijo Mêlée, nervioso -. Y estos próximos días, Mêlée no sabe si serán una buena idea...
- Vamos, Mêlée, todo irá bien, también. No hay de qué preocuparse. Sólo necesitamos que nos ayudes con la tienda, ¿de acuerdo?
Finalmente pudimos usar el traslador para desplazarnos a la zona de entrada de los mundiales. Me preparé a fondo para la sensación repentina de ser impulsado a gran distancia, pero aún así no pude evitar sentirme un poco mareado al llegar al otro lado. Miramos a nuestro alrededor, buscando a los demás con la mirada, y para nuestra sorpresa sólo conseguimos distinguir a Sacharissa, esperando entre la multitud, que a su vez nos observaba con lo que me pareció un pequeño gesto de fastidio. Nos saludamos al acercarnos, un poco indecisos, y esperamos por los demás sin llegar a entablar conversación.
Poco a poco todos fueron llegando, entre ellos, y para mi fastidio, Stebbins, que desde luego sobraba en algo como esto. ¿Cómo podía haberle invitado Keith también a él? Suspiré cuando se acercó a Sach y la saludó con un beso, pensando que probablemente sería simplemente el precio a pagar por estar Sally también invitada. Pero seguía sin ser justo. Esperaba que al menos no llegase a molestarnos demasiado y se mantuviese un poco al margen de Keith y de mí, como durante el día de la fiesta en los baños.
Finalmente llegó Keith, que se alegró por ver al elfo doméstico entre nosotros. Al fin y al cabo lo necesitábamos tanto como a la propia tienda, ya que sin su magia no tendríamos a nadie que la montase por nosotros. Una vez estuvimos todos reunidos, nos dirigimos a la entrada y accedimos al terreno interior, donde podríamos montar la tienda.
Ya allí, los chicos nos dispusimos a levantar la tienda mientras las chicas se preparaban para ir a por "provisiones". Sally me miró con el ceño fruncido, pero le susurré que sería mejor que fuera con las demás. No tenía demasiada confianza en que consiguiese entablar conversación con ellas, pero nunca se sabía... Los últimos días habían sido intensos e importantes, quizá se plantease relacionarse un poco más... Aunque lo dudaba bastante, si Sacharissa estaba también por allí.
Suspiré, y me acerqué a los demás mientras ellas hablaban, observándonos desde lejos.
- ¿Qué hacéis? - Dije, al ver a Mêlée dudando ante un montón de telas que, supuse, serían lo que debería convertirse, de algún modo, en nuestra tienda.
- Le hemos dado la tienda a tu elfo... - Dijo Keith, dudando -. No sé qué deberíamos hacer ahora.
- Eh... Pues... - Dije -. Mêlée. ¿Tú has montado alguna tienda mágica alguna vez?
Mêlée me miró con ojos de cordero degollado y negó con la cabeza.
- Oh. Vaya - Dije -. ¿Crees que podrías intentarlo? Quiero decir, te ayudaremos.
- Claro, amo Peter - Dijo Mêlée, y comenzó a desplegar las telas, observándolas con curiosidad, y dedicando rápidos vistazos a las parcelas colindantes para ver cómo sus inquilinos montaban sus tespectivas tiendas.
- ¿De quién es este elfo, por cierto? - Dijo Stebbins, de repente.
- Ah... - Dije -. De mi tío.
Mêlée posó en mí sus dos ojillos preocupados.
- ¿Y cómo se llama tu tío? - Continuó Stebbins, con curiosidad.
- Pues... Achille - Dije -. Ese es su nombre.
Mêlée soltó las piezas de la tienda y se dirigió a Stebbins.
- ¡Pero ese es su seg...! - Comenzó a decir, justo antes de que me acercase hasta él y le cogiese de un tirante del peto, tirando hacia atrás.
- Segmento transversal - Dije, cogiendo una pequeña varilla al azar que había a mi lado y poniéndosa a Mêlée en las manos -. El segmento transversal. Aquí lo tienes. Ahora, monta la tienda, por favor.
Mêlée me miró, inquieto, y comenzó a organizar las piezas de la tienda.
- No creo haber oído hablar de ningún Achille Starkey - Dijo Stebbins, distraído.
Observamos a Mêlée comenzar por fin a montar la tienda, sin saber exactamente en qué podíamos ayudarle, si no teníamos ni idea de lo qué estaba haciendo la mitad de las veces. Me sorprendió que fuera capaz de montar una tienda así sin haberlo hecho nunca antes, y me pregunté cómo era posible que fuera capaz de hacer tantísimas cosas. Sin duda era un ser curioso.
- Peter - Dijo Keith, de repente, acercándose a mí con otra varilla en las manos -. Creo que no está bien del todo, mira, ahí queda muy hundida, ¿ves? Es que no le diste al elfo todo el... Eh... El segmento transversal.
Miré a Keith con el ceño fruncido, pero él no desvió la mirada, y se limitó a mirarme con una sonrisa confiada.
- Claro - Dije, quitándole la varilla de las manos y acercándosela a Mêlée.
- Bueno - Dijo Stebbins, acercándose por su cuenta al otro extremo de la tienda -. Mirad, aquí no está nada tirante, es probable que se nos venga abajo si hace viento. ¿Es que no sabéis nada de tiendas mágicas? No basta con saber el nombre de una pieza que, francamente, conoce todo el mundo.
- Amo Peter - Dijo Mêlée, asomando desde debajo de un pliegue de tela -, ¿puede venir un segundo?
Me acerqué al elfo, suspirando.
- Amo Peter - Me susurró, cuando estaba a su lado -. Mêlée no sabe qué hacer con el segmento transversal, no le encuentra utilidad...
- Pues claro que no, por Merlín - Dije, cansado -. Sólo son las varillas en las que venía enrollada la tela de la tienda, ¿vale? ¡Ignóralas!
Mêlée me miró con gesto confuso, pero pareció comprender.
El elfo continuó montando la tienda a pesar de nuestras confusas indicaciones, y cuando terminó con ello entró a limpiarla y prepararla por dentro. El resultado era espectacular, lo que por fuera parecía un tienda relativamente sencilla por dentro tenía todo tipo de comodidades, incluyendo varias habitaciones e incluso baños totalmente dotados. Con razón necesitábamos a alguien capaz de utilizar la magia.
Keith decidió enseñarnos a Stebbins y a mí algunos juegos de cartas desconocidos, hasta que las chicas volvieron. Sally traía una cara de aburrimiento considerable, pero pareció alegrarse de verme. Al menos esa noche volveríamos a dormir juntos.

Los campeonatos pasaron sin mayor novedad. Disfruté del tiempo con mis compañeros, a pesar del distanciamiento que aún había entre Sach y yo. Me habría gustado acercarme a ella para hablar, tratar de arreglar las cosas de una vez por todas, pero no creía que fuera buena idea, con Sally aún un poco celosa de vez en cuando, y Stebbins siempre cerca de ella. Además, estaba seguro de que la cabezonería de Sacharissa haría que todo saliese mal, y entonces terminaríamos discutiendo de nuevo, y probablemente yo recibiría una bofetada. No, no era buena idea.
Dediqué también gran parte del tiempo a pasear con Sally entre las tiendas al anochecer. Al fin y al cabo eran nuestros últimos días de libertad antes de comenzar las clases. En una de las ocasiones en que salimos hacía más frío que de costumbre, así que volvimos a la tienda en busca de un jersey para Sally. Cuando entré ví a Sach y Keith hablando, y de nuevo sentí una punzada de fastidio por no poder acercarme y hablar con ellos como si tal cosa si Sach estaba ahí. Sally se dirigió a la habitación a por el jersey mientras yo me sentaba a esperar por ella cerca de la puerta. De repente Keith apareció ante mí, cogiéndome del brazo y arrastrándome hacia la puerta.
- Keith, ¡suelta! - Dije, revolviéndome mientras me arrastraba. Pero era inútil, al fin y al cabo era más fuerte que yo.
Keith no dejaba de murmurar. Finalmente me sacó de la tienda, y conseguí que me soltara mientras avanzábamos entre las tiendas de campaña. Quería volver para avisar a Sally, pero por otro lado me daba cuenta de que Keith estaba bastante alterado, y quizá debiese seguir a su lado.
Entramos en un bar y nos sentamos, lejos de la puerta. Keith pidió dos cervezas, y me quedé observándole mientras bebíamos cada uno la suya. Seguía en silencio, aunque no dejaba de resoplar, sin apartar la vista de su bebida. Cuando terminamos pidió otras dos, y mientras las bebíamos decidí que sería mejor preguntarle por qué estaba así.
Keith me contó, para mi sorpresa, que entre las ya muchas cosas que habían pasado el día de la fiesta en los baños, también había sucedido que él y Ally habían tenido más que un pequeño roce mientras estaban escondidos en la taquilla. Y un roce del tipo bueno. Me dio la impresión de que desde entonces él no debía tener muy claro qué sentía, a pesar de asegurarme que Ally no le gustaba, lo cual no veía muy creíble. El caso es que Ally ahora se había echado un novio durante el verano, y él acababa de enterarse a través de Sacharissa.
Decidí intentar animarle, aunque no tenía muy claro cómo. La conversación continuó, y las rondas siguieron llegando. Antes de darnos cuenta estábamos saliendo del bar cargando el uno con el otro, medio caminando medio gateando, buscando nuestra tienda y manteniendo conversaciones de temática altamente filosófica.
Finalmente atinamos a entrar por la puerta de la tienda correcta, donde me pareció ver a Sally, o un mancha de tinta de asombroso parecido, caminar con paso firme hacia mí.
- Mira - Le dije a Keith -, veo a Sally doble. Una Sally con un libro, y una Sally que camina...
Sally llegó hasta mí, nos dedicó una mirada de evaluación a los dos, y luego me cogió del cuello de la camisa, arrastrándome hacia nuestra habitación, mientras trataba de despedirme de Keith. En cuanto estuvimos dentro de la habitación y Sally me hubo soltado me pareció distinguir la cama, así que me aventuré a dar cuatro pasos en su dirección y dejarme caer sobre ella.
- ¿Pero dónde estabas? - Dijo Sally, conteniéndose para no gritar.
- Con mi mejor amigo - Dije, con ganas de dormir -, ese de fuera, que las chicas le han hecho daño.
- ¿Qué chicas? - Dijo Sally, alterada.
- No lo sé... - Dije -. ¿Yashira? ¡No! Ally... Ally. Le ha hecho daño. Porque es una cerda. ¡Con otro chico!
- Peter, ¿de qué hablas? - Dijo Sally, que no parecía estar de humor.
- ¿Eh? Estás muy guapa... - Dije, tratando de enfocarla -. ¡Dame un beso!
- ¡De eso nada! Sacharissa dijo que íbais a buscar chicas guapas.
- ¿Qué? - Dije, tratando de compreder -. ¿Eso te dijo?
- Sí...
- ¿Por qué?
- No lo sé... - Sally se sonrojó un poco -. Supongo que para fastidiarme. Me he contenido, pero...
- ¿Os váis a pelear? - Dije, emocionado -. ¡Ay, madre!
- ¿Qué? ¡No! - Dijo Sally -. Aunque me han dado ganas de... ¿Pero dónde habéis estado?
- En un bar - Dije -. Bebiendo. Un poco. Mucho. Todo. Nos echaron.
- Peter... - Dijo Sally.
- Es mentira, no nos echaron - Dije -. Nos fuimos. Y luego vinimos. Aquí. Y tú estabas muy guapa y me llevaste a la cama pero luego no sé qué pasó.
- Ese luego es ahora, Peter - Dijo Sally, con paciencia y resignación -. Supongo que estás tan borracho que darte una bofetada para que no me vuelvas a dejar tirada no serviría de nada, ¿no?
- No sé si la sentiré -. Dije -. Puedes probar.
- Déjalo... - Dijo Sally, rindiéndose -. ¿Keith tenía problemas?
- Keith necesitaba hablar. Por eso me arrastró con él a un bar. Lo siento...
Sally me miró, pensativa.
- No hubo chicas, lo juro - Dije -. Yo... Te quiero mucho, Sally Kingcrow. Yo...
Me acerqué a su regazo y me quedé dormido. Al día siguiente me aseguraría de que no estuviera enfadada conmigo, y le explicaría todo un poco mejor.

Y llegó la noche del último día de los campeonatos, alzándose Irlanda como ganadora. Decidimos salir a festejarlo, algo que ya teníamos planeado, ya que al final no habíamos asistido en sí a ningún partido. Todo iba bien y había un ambiente muy animado, hasta que comenzaron a escucharse gritos de un tono distinto a los demás.
- ¡Mortífagos!
- ¡Huíd!
Todos nos miramos entre nosotros, sin saber muy bien qué debíamos hacer. En unos segundos se desató el caos, y todos los dueños de las tiendas que rodeaban a la nuestra comenzaron a desmontarlas, o huyeron sin más. La gente corría en distintas direcciones, pero sin parar, y comenzábamos a quedarnos solos. ¿Pero qué podíamos hacer? Sentí como Sally se apretaba contra mí, nerviosa, y la rodeé con un brazo. Luego algo tocó mi pierna. Se trataba de Mêlée, que me miraba con puro pánico. Estiré mi otro brazo y le toqué la cabeza, trayéndolo también contra mí.
Miré a Keith buscando alguna pista de qué debíamos hacer, pero parecía desorientado, y sólo miraba a nuestro alrededor, nervioso. Me sorprendí buscando a Sach con la mirada, y es que a pesar de todo aún contaba con su capacidad para reaccionar, pero se encontraba también sin saber cómo reaccionar, cerca de Stebbins. Stebbins, que simplemente se dedicaba a mirar al cielo, a uno y a otro lado, con el ceño fruncido, sin hacer tampoco nada concreto. ¿No debería él, al menos, hacer algo? Algo estaba pasando de verdad, ¡teníamos que salir de allí!
Mêlée se apretó aún más contra mi pierna. ¡Claro! ¡Mêlée! ¡Él podría transportarnos a todos!
- ¡Mêlée - Grité, nervioso -, llévanos a un sitio seguro!
- Pero... - Mêlée me miró, inseguro -. Amo Peter...
- ¡Rápido - Grité -, ahora, esto es peligroso!
Mêlée asintió levemente. Miré a los demás, que se acercaban, y nos cogimos todos de las manos. Mêlée obedeció mi orden, y desaparecimos de allí.

Aparecimos en el salón de la casa de mi tío. Abrí mis ojos como platos, no podía creérmelo. ¿Mêlée nos había traído a la casa de mi tío? ¿De todos los sitios seguros del mundo, había elegido ese? ¿Después de insistirme una y mil veces en que nadie debía entrar? Tenía que ser una broma.
Entonces reaccioné y miré alrededor. Los demás habían comenzado a avanzar un poco por el salón, de forma insegura, sin que yo pudiera hacer nada. Miré a Sally, que me devolvió la mirada con preocupación.
- ¿Dónde estamos, Peter? - Dijo Keith, de repente, y su voz resonó en el amplio salón.
Me disponía a contestar alguna mentira, cuando Mêlée decidió contestar por mí.
- Están en la casa del amo Peter - Dijo, alterado -, antes propiedad del amo Horacio. ¡Y ustedes no deberían estar aquí! Sólo el amo Peter y la señorita Kingcrow pueden entrar aquí.
¿En serio acababa de mencionar incluso a Sally? Por si no fuera suficientemente raro que fuera mi casa y sólo yo tuviera permiso, ¿también tenía que mencionar a Sally?
- ¿Entonces por qué nos has traído? - Dije, sin poder disimular mi enfado.
Mêlée me miró, atemorizado al ver mi cara.
- Es el único sitio seguro que conozco, amo Peter - Dijo, avergonzado, y luego se dirigió a los demás -. Pero ahora todos ustedes deberían salir de la casa.
- No, Mêlée - Dije, resignado -. Son mis invitados y van a quedarse. Esta noche.
Mêlée protestó, pero le hice callar. Estaba de mal humor. Tanto tiempo preguntándome cómo hablarle a los demás acerca del tema de mi tío y de la herencia, y finalmente todos descubrirían que les había estado mintiendo. ¿Cómo se lo iban a tomar?
Ordené a Mêlée que trajera lo necesario para poder dormir todos en el salón, y traté de asegurarme de que nadie iba a dedicarse a deambular por la casa. Ya que habían descubierto que tenía una casa, no quería que también se sorprendieran cuando descubrieran el tamaño de la misma. O los jardines. Me alegré de que la oscuridad impidiera ver bien el exterior.
Todos parecían desconcertados, hasta que de repente Sach me habló.
- Así que esta es la casa de tu tío - Dijo, como si tanteara el terreno.
- No, ya no - Dije, secamente -. Ahora es mi casa. Mi tío murió hace meses.
Me sentía mal por ello, sobre todo por tratarse de Sacharissa, pero lo cierto es que no tenía ganas de hablar. De repente las cosas habían terminado torciéndose de algún modo, como siempre. Por suerte casi todo el mundo parecía bastante asustado, y no tenían ganas de abandonar la reciente seguridad que el salón les ofrecía, aunque Stebbins tenía algo en su expresión que me hacía pensar que habría aceptado un tour guiado por la mansión Starkey de buen grado.
Después de que Mêlée preparase las camas improvisadas en el suelo, le aparté un poco y le dije que, si alguien necesitaba ir al baño, le acompañase en todo momento.
- ¿Pero puede Mêlée esperar a que termine fuera? - Me preguntó preocupado. Suspiré y le dije que sí.
Keith necesitaba hablar con sus tíos, así que Mêlée también se encargó de preparar la chimenea para que todo aquel que quisiera pudiera comunicarse con su familia para dejarles tranquilos. Más tarde Keith me insinuó que la casa sería genial para hacer fiestas. Le dije que ni en sueños, pero al menos me alegró ver que no parecía inmediatamente enfadado conmigo por no haberle contado nada de la casa.

A la mañana siguiente Mêlée nos preparó el desayuno, mientras los demás leíamos el Profeta, que hablaba del ataque de los mortífagos durante la noche anterior. Al final habíamos hecho bien en huír, pero nuestra siguiente preocupación, y más que de nadie de Keith, era si la tienda habría sufrido algún daño. Me molestaron en cierto modo las insinuaciones por parte de Ally y Yashira de que los demás debíamos saber algo por el mero hecho de ser Slytherins, así que traté de defendernos como pude, algo que en este tipo de casos era un comportamiento casi obligado para los de nuestra casa. Como si tuviéramos que ir pidiendo perdón sólo por estar ahí.
Cuando el desayuno hubo terminado Mêlée volvió a llevarnos al campamento y localizamos la tienda de Keith. Todo estaba en buen estado, lo cual nos animó un poco. Recogimos entre todos y nos dirigimos a la salida, donde nos despedimos. Ahora que ya había terminado todo me sentía un poco mal por mi comportamiento seco de la noche anterior, así que intenté ser un poco más amable.
- Keith - Dije, mientras éste se acercaba a su traslador, cargado de bultos.
- Dime.
- Yo... - No sabía qué decir -. Verás, te dije que había heredado un cuervo y un elfo, pero... También heredé la casa.
- Ya, ya lo he visto - Dijo Keith, sonriendo -. Debe haber sido una pasada, ¿no?
- Sí, supongo... - Dije, dudando -. Perdona por no habértelo contado.
Keith se encogió de hombros.
- No pasa nada - Dijo, finalmente -. Ya me dirás por qué no lo hiciste en el colegio, ¿vale? Me toca usar el traslador.
Se volvió a despedir de todos con un gesto y se dirigió a su traslador. Fijé entonces mi vista en la cola de Sach, decidí decirle a Sally que esperase un momento, y me acerqué a ella.
- Sach - Dije, sin saber qué podría decir a continuación.
- ¿Sí? - Dijo ella, fijándose en cuánto quedaba para que su fila avanzase.
- Yo... Eh... Siento lo del ataque de anoche - Dije, sin tener muy claro por qué.
- Ni que fuera culpa tuya - Dijo ella, secamente.
- Ya - Dije, igual de seco que ella -. Pues eso.
- Pues vale.
- Pues nos vemos en clase.
Me dí la vuelta y volví con Sally sin despedirme, de mal humor. Mientras no pusiéramos los dos un poco más de nuestra parte, no íbamos a lograr mucho. Una vez con ellos, Mêlée nos llevó de nuevo a Sally y a mí a la casa de mi tío. Ese mismo día tendríamos que hacer el equipaje y volver cada uno a su casa, donde pasaríamos los últimos días antes de volver a clase.

Antes de abandonar la casa de mi tío, me pasé por su habitación privada rápidamente, a solas, y comencé a buscar por las estanterías. Un par de minutos más tarde entró Sally, acompañada de Mêlée.
- ¿Qué hacéis aquí? - Dije.
- Le he dicho a Mêlée que antes de irte pasarías a buscar los diarios de tu tío, y como quiere pedirte perdón por lo de anoche se ha ofrecido a dártelos. No hay necesidad de que los cojas a escondidas.
Resoplé. Mêlée cogió unos cuantos libritos, no demasiado grandes, y me los ofreció.
- Perdone, amo Peter - Dijo, con timidez.
- Te perdono, tonto - Dije, cogiendo los diarios de mi tío de entre sus manos -. Al final no ha pasado nada.
Comencé a hojear los diarios. Había uno por cada curso, parecía que lo había tomado por costumbre. Todos cubiertos por la letra pequeña y metódica de mi tío, de primero a quinto. Cogí el diario de sexto curso, y lo abrí. Estaba en blanco. Pasé las páginas. Nada.
- No... - Dije -. Será una broma. ¡Otra vez no!
Sally observó con atención, pero no dijo nada.
- ¿Qué vas a hacer? - Dijo, finalmente.
- Llevármelos - Dije -. Me llevaré los diarios escritos, y me llevaré los de sexto y séptimo que, qué sorpresa, están en blanco. Me los llevaré, porque mi tío me dijo que lo hiciera. Así que lo haré. Pero te aseguro una cosa: Al más mínimo atisbo de misterio, abandono. Adiós a los diarios. Como en las hojas en blanco empiecen a aparecer mapas, recetas, o...
Seguí quejándome mientras guardaba los diarios con el resto de mi equipaje y, cargando también con Esk, que había disfrutado de sobra de la vida en el campo, nos dirigíamos a la salida de la mansión. Después Sally y yo nos despedimos de Mêlée, que no pudo evitar echarse a llorar. Para mi sorpresa terminé emocionándome y le dí un pequeño abrazo, diciéndole que había disfrutado mucho de mi estancia en la mansión, y que le iba a echar de menos, lo cual sólo empeoró su llanto. Prometí escribirle en cuanto comenzase el curso para que se quedase tranquilo, y Sally y yo nos alejamos mientras nos decía adiós con la mano.

Y así terminaron las vacaciones, o al menos la mayor parte. Sally y yo tuvimos que despedirnos en la estación de Cheltenham antes de dirigirnos cada uno a su respectivo tren. Los dos estábamos tristes, sabiendo que se acababan las noches de dormir juntos, los días de pasear por el bosque, un verano que recordaríamos toda la vida. Volveríamos a la rutina, los uniformes, las habitaciones separadas. No era justo, ya ni recordábamos cómo podíamos vivir así.
Nos miramos en silencio, antes de que Sally subiera a su tren.
- Se acabó... - Dije.
- Sólo el verano - Dijo ella.
- El verano es todo lo que tenemos - Dije yo, triste.
- No - Dijo ella, frunciendo el ceño -. Yo tengo mucho más. Gracias a ti.
Sally se puso de puntillas y me besó fuertemente, de tal manera que casi me hizo dejar caer los bultos. Correspondí a su beso, hasta que el último aviso para su tren resonó en los andenes.
- Te echaré de menos, Sally - Dije, tratando de no llorar. Me sentía como un idiota.
- Y yo a ti - Dijo ella -. Pero nos veremos enseguida.
- Aún así - Dije -. Te quiero, Sally...
- Y yo a ti - Dijo ella -. Te quiero, Peter Starkey. Toma, para que me recuerdes.
Sally sonrió durante sólo un par de segundos, de manera muy dulce, y luego volvió a ponerse seria. Le devolví la sonrisa, y vi cómo se subía al tren. Me quedé allí plantado hasta que el tren se puso en marcha y se perdió de vista.
Luego, muy despacio, me encaminé hacia mi propio tren.
Menudo verano, pensé.

28 de Agosto, Jueves 

Las vacaciones suelen ser periodos de tiempo en los que por norma general este pasa más rápido de lo normal. Este verano estaba siendo para mí una excepción. Después de conocer que mi madre estaba en realidad en la cárcel, el ambiente en casa de mis tíos se había enrarecido durante un tiempo. Por un lado mi tía me trataba como si estuviese enfermo, cada 10 minutos me preguntaba si me encontraba bien y me solía traer una bandeja llena de pastas. Por el otro mi tío se sentía culpable por no haberme contado nada antes e intentaba contarme historias sobre mis padres en cada conversación.

Sin embargo yo ahora tenía en mente la perspectiva de una semana de diversión, los mundiales de Quidditch habían comenzado y era la primera vez veía a mis compañeros fuera de Hogwarts. Me levanté temprano para darme una ducha y preparar la ropa que llevaría, pero al salir de la habitación me di cuenta de que no haría falta. A la entrada de casa había abierto un inmenso baúl verde en el que mi tía tenía completamente sumergida la cabeza. 
- ¡Aqui está!, pensé que no lo había guardado - dijo sin sacar la cabeza del baúl - No se puede ir a ningún sitio sin llevar un buen ungüento contra las picaduras de serpientes.
- ¿Picaduras de serpiente? - pregunté sorprendido al ver como un montón de pantalones sobresalían por una esquina - Pero, si sólo me voy unos días, ¿para que necesito tanta ropa?
-¡Que madrugador! - mi tía sacó la cabeza del interior de baúl - Nunca se sabe con lo que uno se puede encontrar, aun recuerdo la vez que tu tío y yo fuimos a Egipto, quien nos iba a decir que un Promuk joven me picaría, si no llega a ser por la poción que tu abuela me había dado igual ahora mismo no tendría esta mano.
- Todo el mundo sabe que en Egipto hay Promuks - contesté observando como era físicamente imposible que ese baúl cerrase.

A su lado estaba apoyada una bolsa mucho más pequeña que en seguida reconocí, en ella se encontraba la vieja tienda de campaña de mis tíos, la cual esperábamos que aun estuviese en buenas condiciones.

Finalmente mi tía se dio por vencida y a regañadientes sacó la mitad de la ropa del baúl para que pudiese llevar uno mucho más pequeño. 
La relación con mis tíos había vuelto a la normalidad, no podía culparles por haberme ocultado que mi madre seguía viva, al fin y al cabo fue deseo de ella el tenerme engañado, así tendría que ser ella la que respondiese a todas las preguntas que habían abrumado mi mente este verano. Ellos me habían demostrado que se sentían culpables por todo lo ocurrido e intentaban por todos los medios contarme todo lo que durante estos años no habían hecho. Descubrí por ejemplo que mi padre sentía cierta fascinación por los muggles, siempre quiso comprender como podían vivir como lo hacían, sin el uso de la magia, los admiraba en cierta manera. Mi madre se reía constantemente de las ocurrencias de mi padre al cual el encantaba experimentar y un día pensó que sería divertido estar un fin de semana completo sin usar magia.
Según cuenta mi tía, a los dos días siguientes cuando volvieron a casa, sus túnicas estaban completamente quemadas, ni uno solo de sus pelos estaba en el sitio que tendría que estar, mi madre lloró y se abrazó a mi tía nada más entrar y mi padre reía desde la puerta explicando cada una de las magnificas cosas que habían aprendido, como por ejemplo, usar una "plansxa" para quitar las arrugas a su túnica, al principio les costó apagar las primeras llamas de fuego pero se dio cuenta de que había un botón especifico para que expulsase agua y así apagarlas.

Mi tío bajó las escaleras.

- ¿Estás listo? - preguntó agarrando el baúl estaba frente a la puerta. - ¡Madre mía!, como pesa ¿Acaso te mudas? - en su cara se dibujo una sonrisa cómplice que se acentuó mucho más al escuchar protestar a mi tía desde el salón.
- Si, tampoco se que mas podría llevar - dije riéndome.

Nos despedimos y fuimos a la estación de autobuses "Reach Station", era una estación muggle muy antigua, aun estaba en uso pero apenas salían de ella 3 autobuses cada hora. Sin embargo cuando llegamos parecía que había autobuses cada 5 minutos de la cantidad de gente que había, llamaban la atención significativamente un montón de personas vestidas con túnicas de diversos colores, entre las que predominaban el verde y el rojo que hacían cola para entrar en el servicio, otros pequeños grupos que esperaban el autobús los miraban con extrañeza.

- Bueno, pues ahí es, ponte a la cola - dijo mi tío dándome el baúl que sostenía. - Ten cuidado y no hagas ninguna estupidez, sabes que tienes prohibido hacer magia.
- Lo sé, estate tranquilo.

Le dí un abrazó y contemplé como desaparecía al doblar la esquina. Delante de mí tenía a un señor inmenso, su túnica bien podía llevar escondida dentro una escoba que no se le notaría y su cabeza estaba cubierta por un turbante morado con el que seguramente tendría problemas para entrar en el baño.
Cuando por fin entramos todos al servicio se formó un círculo alrededor de una papelera de metal que había en el suelo. Al verla recordé la primera vez que use un traslador casi tres años antes, me dirigía con mis tíos a ver el concierto que daban en Irlanda "Los Locos Brujos", aquella vez sentí como se me revolvía el estomago y parecía como si alguien quisiese ahogarme bajo el agua. Está vez al tocar la papelera la sensación fue un poco más leve, pero cuando aparecí a escasos metros de los terrenos de los mundiales de Quidditch tuve que permanecer un instante sin moverme hasta que se me pasase el mareo.

Cuando llegué ya estaban todos esperándome, Sach hablaba con Stebbins, se estaba convirtiendo en una costumbre verlos juntos y había comenzado a asumir que tendría que tragar a Stebbins mucho más tiempo. Al lado estaban Peter, Sally y un extraño acompañante, el elfo domestico que Peter se había visto obligado a traer ya que necesitábamos tener un acompañante el cual pudiese hacer magia, entre otras cosas para poder montar la tienda. La verdad es que el elfo nos fue de gran utilidad y en seguida nos acostumbramos a darle órdenes y que obedeciese sin poner ninguna pega. Y finalmente Yashira y Ally señalaban a un grupo de magos extranjeros. No había vuelto a hablar con Ally desde la fiesta en Hogwarts y verla de nuevo hizo que me temblaran las piernas. Me había pasado el verano pensando en aquello y había decidido que durante estos días tenía que hablar con ella.

Montamos la tienda en seguida, más bien la montó el elfo de Peter mientras las chicas iban a por provisiones.

- Que lujo tener un elfo domestico - le dije a Peter mientras sacaba la ropa de mi baúl y la metía en el armario.
- La verdad es que me ayuda mucho - respondió buscándolo con la mirada.
El elfo estaba dando los últimos retoques en la cocina y buscando algo con lo que hacer la comida.
- ¿Ayuda?, pero si lo hace el todo - reí - Podían dejar llevarlos al colegio, seguro que nos hacía todas las tareas de pociones. - recordé mi nota en pociones en los TIMO's. - Bueno este año no, que no tengo pociones.
- ¿Suspendiste? - alzó las cejas en busca de una confirmación.
- No, saqué una A, pero con esa nota Snape no acepta a nadie, además tampoco me hace falta para entrar en Seguridad Mágica.

Recordé la sensación de escalofrío que sentí mientras abría el sobre que contenía las notas durante el verano. Todo lo sucedido respecto a mi madre influyo significativamente en la reacción de mis tíos, a pesar de haber obtenido una I en "Historia de la Magia" su reacción simplemente se limito a darme ánimos y aconsejarme las mejores asignaturas para poder entrar en el departamento de Seguridad Mágica del Ministerio.

- Yo si tendré que sufrirlo - Peter se quedó un segundo pensativo. Miró de reojo a su elfo - Igual si lo meto en mi baúl nadie se da cuenta.

Reímos.

Cuando llegó la hora de acostarse cada uno se fue a su respectiva habitación, todos dormían en parejas, incluidas Yashira y Ally que dormían juntas, yo por mi parte tenía la habitación para mi solo. Tumbado en la cama podía escuchar con toda claridad las discusiones sobre los partidos de las tiendas de al lado, un poco mas lejos habían montado una inmensa carpa donde había un escenario en el que cada noche actuaba un grupo diferente, estaba rodeado de carpas donde abundaban puestos para comprar comida y bebida. Con todo el bullicio del ambiente costaba mucho quedarse dormido, durante ese tiempo rondaban por mi cabeza las preocupaciones de como abordar a Ally, durante todo el día apenas habíamos intercambiado unos monosílabos, o como la mayoría de sentimientos que tenía hacia mi madre antes del verano se desvanecían poco a poco y los que no, se estaban transformando en un desprecio absoluto hacia ella.

A la mañana siguiente me desperté cansado y con el estomago aun revuelto por el viaje en traslador, esperaba que cuando por fin pudiésemos aparecernos las sensaciones no fuesen las mismas. El día pasó mucho más lento que el anterior pues los juegos muggles que había traído Yashira comenzaban a aburrirnos o no entendíamos muy bien la mecánica. 

- Si cuentas con esta, comes la ficha de Peter y cuentas veinte - le explicaba Yashira a Sacharissa.

Nos miramos unos a otros sorprendidos sin entender muy bien la mecánica. Sacharissa recogió del tablero una pequeña ficha verde y se la metió en la boca.

- ¿Pero que haces? - grito Yashira abalanzándose sobre Sacharissa. - ¿Estas loca?

Sacharissa comenzó a ponerse roja mientras Stebbins la levantaba y le daba unas palmadas en la espalda. Cuando consiguió el tono deseado, el mismo tono de un tomate maduro, Stebbins puso sus manos sobre el vientre de Sacharissa y al presionarlo la ficha salió volando y ella cogió aire mientras miraba amenazadoramente a Yashira.

- ¿Me quieres matar? - preguntó mientras recuperaba el aliento.
- Pero es que... quien te manda... - Yashira se había vuelto a sentar y la miraba asustada.
- Tu dijiste que coma la ficha, deberías avisar que no son comestibles - Sacharissa ya había recuperado el color y cogía un pequeño barril azul que venía en el juego para lanzárselo posteriormente a Yashira.
- Pero no me refería a... - intentó defenderse Yashira.
- Deberías avisarnos que corremos peligro antes de jugar. Estos juegos muggles no valen para nada.

Sacharissa se levantó y todos dimos por terminado el juego, ninguno de nosotros quería morir ahogado por jugar a algo que ni siquiera comprendíamos. Por la tarde el grupo se dividió bastante, supuse que al ir todos con su pareja habría veces en que ocurriría algo así, las únicas dos personas con las que podía estar sin sentir que impedía la comunicación entre ambas era con Yashira y Ally, con lo que decidimos salir los tres a dar una vuelta por los alrededores.
Mientras caminábamos vimos un grupo de magos que vendían todo tipo de sombreros que al ponerlos se iluminaban con los colores del equipo al que representaba y dando un grito unas letras aparecían sobre ellos mostrando el nombre del equipo. Apenas había sitio para caminar, las tiendas de campaña estaban por todas partes y riadas de magos nos rodeaban por todas las direcciones. Decidimos entrar en una tienda de la que colgaba un cartel que ponía "Irish Bar" para huir de la muchedumbre. Al entrar nos encontramos antes un inmenso bar irlandés, cada una de las mesas estaba iluminada con una vela en el centro y del techo colgaban unas pequeñas lámparas que se encendían sólo cuando pasabas bajo ellas. Nos sentamos en la primera mesa que vimos libre y pedimos 3 cervezas.

- Este sitio es una pasada - dijo Ally mientras daba un sorbo a la cerveza.
- Lo que pasa es que no entra nadie más - contestó Yashira al ver como entraban otros dos magos.

Volver a tener cerca a Ally me aceleraba el pulso, verla fuera de Hogwarts, con ropa de calle me producía una atracción mucho mayor, llevaba unos pantalones azules y una camiseta blanca en la que un pequeño dibujo de un hada se movía de vez en cuando cambiándose de sitio. Estaba convencido de que esa noche tenía que hablar con ella y decirle lo que sentía.

- ¡Keith! - Yashira me sacó de mis pensamientos.
- Dime ¿que pasa? - miré a Ally y vi que me sonreía.
- Que si no te gusta la cerveza, como no la pruebas - respondió señalando mi jarra aun llena.

Le dí un sorbo, estaba muy fría y mucho más buena que cualquier cerveza que había probado con antelación y ni hablar en comparación con la cerveza de mantequilla. Bebimos otra jarra más cada uno y volvimos de nuevo a nuestra tienda antes de que nos liásemos y acabásemos olvidando el camino de vuelta. Cuando por fin llegamos me armé de valor.

- Puedo hablar contigo - le dije a Ally mientras Yashira entraba en la tienda sin que esta se diese cuenta.

Ally se giró, nos miramos por un instante y supe que ella sabía exactamente de lo que quería hablar.

- Claro - dijo apartándose hacia un lado de la entrada. Me acerqué a ella y así no tener problemas para escucharnos en voz baja.
- Verás, a ver por donde empiezo - Con lo fácil que me resultaba entablar conversación con una perfecta desconocida, no tenía ni idea porque delante de Ally me quedaba completamente bloqueado. - Este verano estuve pensando.

Ally se acercó más a mí.

- Pensando en... - estaba tan cerca que unas incontrolables ganas de besarla se hicieron con el control de mi mente. Puse mis manos en su cintura, ella sonrío aprobándolo y poniendo las suyas en la mía. - en lo ocurrido en la fiesta - atajé a decir.
- ¿Y? - la pregunta se deslizó al mismo tiempo que mis labios iban al encuentro de los suyos.

El sonido de la cremallera de la tienda impidió el que se encontrasen y nuestros cuerpos se separaron como resortes. A través de la puerta asomó la cabeza Stebbins.

- Entrar que ya está la cena - dijo - Tiene narices que tenga que estar yo de recadero - murmuró mientras volvía a meterse dentro.

Intercambiamos miradas sin decirnos nada y entramos.
Apenas pegué ojo en toda la noche gracias a que salimos de fiesta después de cenar y cuando nos acostamos la música aun no se había apagado. También gran parte de la culpa fue que no podía dejar de pensar en todo lo que sentía y en como abordar el tema la próxima vez. Así que aproveché la tarde del día siguiente para recuperar las horas de sueño hasta que Sacharissa me despertó.

- Tengo un cotilleo muy bueno - dijo tras conseguir que le prestase toda la atención.
- ¿Un cotilleo de Stebbins? - pregunté extrañado. Igual ya se había cansado de él, o se había dado cuenta de que estaba con un completo imbécil.
- ¡No! Un cotilleo de Ally - respondió Sach.

Al oír su nombre me quede petrificado, que me iba a contar de Ally, ¿se había enterado de algo?, ¿quien se lo habría dicho? No sabía que decirle así que dejé que me contase la noticia.

- Es cierto que ella no lo ha mencionado delante de vosotros, pero supongo que es porque sois chicos y le da vergüenza o algo así. De todas maneras, no ha parado de hablar de él desde que llegamos, así que no creo que quiera guardarlo en secreto.
- ¿Eh? ¿Él? ¿Qué "él"? - dije sin llegar a creérmelo.

¿Les había hablado de mi?, imposible, Sacharissa ya me lo habría dicho, bueno en realidad en ese momento me lo estaba diciendo.

- ¡Pues su novio! Ése es el cotilleo, que Ally se ha echado novio. - dijo sonriendo.
- Oh - En ese preciso momento me quedé sin palabras. Sentí una punzada en la cabeza. No me lo podía creer. Les estaba mintiendo.
- Verás, le conoció... verano... casa cercana a la de Ally... es extranjero,... se entienden muy bien... enamoradísima... más dulce y considerado que ha conocido nunca. - Sacharissa hablaba pero mi cabeza sólo recogía palabras aleatorias, no podía ser verdad lo que me decía, Sacharissa se había enterado de todo y me estaba tomando el pelo.
- Extranjero... - repetí sin estar muy convencido.
- Si, pero dice que no importa, porque él ya le ha dicho que su amor será eterno y que aunque se vaya, seguirán estando juntos y que intentará volver en Navidad, o que incluso podría ir ella allí y estar con su familia. La verdad es que se la ve muy contenta y muy ilusionada.

Para ser una mentira parecía demasiado elaborada para Sacharissa, ella no se habría tomado tantas molestias, es mas creo que si se hubiese enterado habría venido directamente con un ¡Así que Ally y tu eh!, o un, ¡Como es que no me la habías contado!
Entonces tenía que ser verdad, la muy ... , así que se había echado novio, decidí contarle a Sacharissa todo lo ocurrido durante la fiesta y cuanto más le contaba más se me calentaba la sangre, no quería verla, no quería saber nada de ella, así que enamoradísima... Cuando estaba a punto de estallar Peter y Sally entraron en la tienda, así que cogí a Peter por el brazo y lo arrastré afuera, quería respirar, olvidarme de ella.

- ¡Keith! ¿Que haces? ¿Donde vamos? - Aun sujetaba a Peter por la manga mientras esquivábamos tiendas de campaña.
- A tomar algo - dije soltándolo. 

Peter miró de nuevo a nuestra tienda que poco a poco se iba quedando atrás. Entramos en el mismo bar donde el día anterior había estado con Yashira y Ally. Escogimos la mesa de la esquina más alejada de la entrada. Pedimos unas cervezas y nos quedamos en silencio.

- ¿Que te pasa? - preguntó Peter cuando estábamos a punto de terminar la segunda ronda.

Durante todo el tiempo no había apartado la mirada de la cerveza, no sabía como combatir todo el dolor que me inundaba, ni entendía la razón por la que me sentía así. Miré a Peter sin decir nada.

- Venga cuéntamelo, seguro que no es tan grave, te lo digo yo que soy experto en problemas - insistió.
- ¿Te acuerdas de la fiesta en el baño de los prefectos? - comencé.

Le conté a Peter todo lo ocurrido desde aquel día hasta la conversación que había tenido hace unas horas con Sacharissa, en toda la conversación Peter no abrió la boca, se limitaba a asentir. Nos pusieron otras dos rondas de cervezas mientras la conversación iba avanzando.

- ¿Entonces te gusta? - dijo finalmente.
- No, que me va a gustar - respondí apartando la vista.
- Vale, te gusta - rió Peter.
- Es una cerda - contesté mientras bebía de un trago el resto de la cerveza que le quedaba a Peter, la cual hacia bastante que había dejado de tomar.
- Pero, en teoría, no erais novios ¿no? - dijo analizando la situación.
- ¿De parte de quien estas? - dije haciéndole ver que sólo quería que me diese la razón.
- ¡Unas cerdas! - dijo sonriendo - Son todas unas cerdas.

Pedimos otras dos cervezas y brindamos. Empezaba a hacerse tarde, además parecía como si una neblina se hubiese extendido por todo el bar y veía a la gente difuminada. Sobre la mesa había una docena de jarras vacías. La conversación tomaba en esos momentos tintes más intelectuales.

- Si, siempre es igual, te acaban dando la puñalada - le explicaba a Peter el perverso plan que todas y cada una de las brujas aprendían cuando nacían e iban transmitiendo de generación en generación.
- Además luego la culpa - seguía Peter - siempre es nuestra.
- Que razón tienes.

Reímos.

- Lo que tenemos que hacer es ser como ellas - dije mientras me levantaba con dificultad, intentando no balancearme mientras caminaba hacia la barra. - Voy a buscar una novia.
- ¿Donde vas? - dijo Peter riendo - Pero si ahora no distingues entre hombre y mujer.
- Como que no - apunté con el dedo directamente a la cara de Peter - tú eres... ¿hombre?, bueno si te dejas el pelo un poco más largo...

Nos reímos. 

Salimos del bar sujetándonos mutuamente para complementar nuestro andar. Después de meter la cabeza en varias tiendas ajenas y tener que correr llevándonos por delante algún que otro mago despistado dimos con la nuestra.

En el salón sólo estaban Sacharissa y Sally. Sally estaba sentada en el sofá mientras que Sacharissa leía un libro en el extremo contrario. Cuando entramos ambas se giraron hacia nosotros, Sally se levantó y sin decir ni una sola palabra agarró a Peter por el cuello de la camisa y lo arrastró a la habitación.

- Son todas unas... - dije mientras Peter era arrastrado.

Vi como Peter movía los labios completando la frase sin emitir un sonido mientras sonreía justo antes de que se cerrase la puerta. Me tumbé en el sofá y contemplé como toda la decoración daba vueltas a mí alrededor.

- ¿Estás bien? - me preguntó Sacharissa sentándose a mi lado.
- Un poco mareado - contesté.
- No me refiero a eso, que estás borracho se nota a distancia, y se huele - dijo tapándose la nariz.
- Si. Hemos tenido una conversación de hombres. - dije cerrando los ojos.
- ¿Hombres? - arqueó las cejas. - Dudo que entre los dos hagáis un solo hombre.
- Pero entre los dos te queremos más del doble que el imbécil ese - dije quedándome dormido.

Me desperté a la mañana siguiente en el suelo, enrollado en una manta. Fui casi a gateando a la mi habitación donde pasé la mayor parte del día evitando la luz del sol, tenía la cabeza como si fuese una de las Bludgers del campeonato. Durante el resto de los días lo único que intenté por todos los medios fue evitar a Ally, si ella estaba en la tienda yo me iba a dar una vuelta y entraba cuando veía que ella salía. Cuando no podía evitar estar cerca de ella, evitaba su mirada, la odiaba por no haberme dicho que tenía novio, por no haberme dicho que estaba enamorada, por odiarla.

Los días pasaron mucho más rápido de lo esperado y en un abrir y cerrar de ojos Irlanda había ganado el mundial aunque Bulgaria había cogido la snitch, hasta el último momento intentamos hacernos con alguna entrada barata, pero la más barata era 10 veces más cara de lo que nos podíamos permitir, así que terminamos escuchándolo desde fuera y festejando la victoria de Irlanda con el resto de la gente. Bebimos, bailamos, gritamos, gritaron.

- ¡Corred! ¡Mortifagos! - se escuchaba a la lejanía.

Por un momento se hizo el silencio y un segundo después todo el mundo gritaba. Los magos recogían a toda prisa las tiendas de campaña mientras nos mirábamos unos a otros sin saber bien que hacer. De pronto, Peter reaccionó y se habló con su elfo.

- ¡Mêlée, llévanos a un sitio seguro!
- Pero, amo Peter...
- ¡Rápido, ahora, esto es peligroso! - chilló Peter.

Nos cogimos todos de las manos.

Estábamos en un salón, un inmenso salón de lo que parecía una casa muy antigua. Un cuadro de un hombre y una mujer mayores nos miraban desde el fondo. Me quité el sombrero que había comprado.

- ¿Donde estamos Peter? - pregunté
- Están en la casa del amo Peter, antes propiedad del amo Horacio. ¡Y ustedes no deberían estar aquí! Sólo el amo Peter y la señorita Kingcrow pueden entrar aquí. - dijo el elfo domestico antes de que Peter pudiese abrir la boca.
- ¿Entonces por qué nos has traído? - le preguntó Peter, furioso.
- Es el único sitio seguro que conozco, amo Peter. Pero ahora todos ustedes deberían salir de la casa.
- No, Mêlée. Son mis invitados y van a quedarse. Ésta noche.

Pasamos la noche en el salón, tenía la sensación como si Peter no quisiera que andasemos demasiado por la mansión, la verdad es que lo más probable es que nos hubiésemos perdido. Antes de acostarnos usé la chimenea de la mansión para hablar con mis tíos, contarles el sucedido y que así no se preocupasen.

- ¿Axial que esta casa es tuya? - le dije a Peter cuando estábamos ya todos acostados.
Asintió con la cabeza.
- ¡Vaya suerte! - suspiré. - La de fiestas que iba a montar yo en una casa como esta... - miré a Peter y en seguida entendió mis intenciones.
- Ni lo sueñes - dijo dándome la espalda y acercándose a Sally.

A la mañana siguiente el profeta nos aclaró lo sucedido, finalmente los mortifagos habían atacado una zona del campamento. Al parecer había numerosos daños materiales pero no comentaba nada acerca de si había victimas o no. Comentamos la noticia y todos estábamos de acuerdo en que ya era hora de que estos actos se acabasen. Tanto Yashira como Ally no estaban muy convencidas de que nosotros no supiésemos que algo así podría ocurrir. Había una creencia establecida de que si eras Slytherin tenías muchas posibilidades de ser mortifago, o por lo menos de enterarte de más cosas que el resto de las casas, esa es una de las cosas que se aprenden en primer curso, "las sospechas siempre van a estar sobre ti".

Después de desayunar, Mêlée nos volvió a llevar al campamento para recoger nuestras cosas, por suerte no había sufrido daños ni la tienda ni nuestros equipajes. Nos despedimos sin muchos aspavientos, pues el comienzo del curso estaba a la vuelta de la esquina y nos veríamos enseguida.

26 de Agosto, Martes

La última semana había sido muy agitada. Habíamos quedado todos en reunirnos en la explanada en la que se celebraban los mundiales de Quiddtich, utilizando cada uno el traslador que más le convenía por la cercanía a su casa, y yo me despedí de mis padres por la mañana, tras un intenso día anterior de hacer maletas. Sólo me iba seis días, pero parecían muchos más. Mi madre insistía en meterme todo tipo de ropa, por si hacía frío, por si llovía, por si hacía calor y un largo etcétera de "porsiacasos". Creí que estarían acostumbrados a que me fuera de casa, puesto que me pasaba todo el año en Hogwarts, pero en realidad me iba a la aventura, sin supervisión de adultos y durmiendo en una tienda de campaña, lo que les ponía bastante nerviosos. Durante un tiempo estuve algo inquieta pensando que quizás se echarían atrás y me prohibirían ir, pero por suerte, no pasó nada parecido. Eso sí, insistieron en ir conmigo hasta el traslador y me pidieron que les mandase una lechuza, aunque fuese una pública, para mandarles una carta cuando estuviéramos instalados. No paraban de darme pequeños consejos que yo casi no escuchaba, pensando en que iba a estar prácticamente a solas con Stebbins, durmiendo juntos incluso, unos cuantos días.

En el punto de reunión del traslador ya había varias personas esperando cuando llegué y, tras dar un abrazo a mi madre, lo toqué junto a los demás. Nunca había usado uno antes, así que la sensación de que tiraban de tí y de que salías despedido me pilló por sorpresa, aunque, por suerte, no me mareé y conseguí aterrizar más o menos de pie cuando llegamos al otro lado. Me incorporé del todo y busqué a los demás con la mirada, sin ver a nadie, así que me dirigí hacia el stand de entrada y esperé durante un rato. Ya me estaba empezando a impacientar, cuando vi como Sally, Peter y lo que parecía ser un elfo doméstico, aparecían de la nada con otro grupo. Les saludé sin muchas ganas, y pensé, fastidiada, que por qué tenían que haber sido los primeros en llegar. Se pusieron a mi lado y seguimos esperando en silencio, aunque me moría de curiosidad por saber como era que habían llegado juntos. Tras unos minutos, apareció Ally, luego Yashira, Stebbins y finalmente, el portador de la tienda de campaña y de nuestras esperanzas de no tener que dormir al raso, Keith. Nos saludamos efusivamente, con abrazos y con besos por todas partes, contentos de vernos al fin, e incluso vi como Stebbins saludaba con un gesto a los demás, aunque sin sonreir. Esperaba con inquietud que las cosas entre los chicos fueran bien y que no hubiera estúpidas peleas.

- Bueno, Peter, veo que no te has olvidado de traer al elfo. - dijo Keith.

- Sí, por supuesto. Menos mal que nos avisaste de que si no no podríamos entrar. No entiendo muy bien esa regla de que tengamos que ir acompañados de alguien que pueda hacer magia. Siempre podríamos pedirle al de la tienda de al lado que nos ayudase a montar la nuestra.

- Por lo menos no hemos tenido que traer a ninguno de nuestros padres - dijo Yashira - hubieran sido un engorro, todo el día estorbándonos.

Nos encaminamos hacia el stand, dimos los tiquets y nos asignaron una plaza, que era una de las más baratas, la mejor que habíamos podido pagar entre todos. Los chicos se dedicaron a montar la tienda, aunque hubiera sido más correcto decir que el elfo de Peter se había dedicado a montar la tienda mientras los chicos le miraban hacerlo y comentaban cosas como "más tirante de aquí" o "ésta parte no está bien del todo" aunque ellos no tuvieran ni la más remota idea de como hacerlo solos. Nosotras nos dedicamos a buscar algún tipo de tienda de comestibles y a mirar si encontrábamos a alguien conocido mientras nos poníamos al día de nuestras vacaciones, excepto Sally que no parecía tener mucho que decir y lo único que hacía era mirarnos como si fuera ajena a todo.

Cuando volvimos a la tienda cargadas con bolsas con comida y bebida para, al menos, un par de días, ellos estaban fuera, sentados en unas sillas plegables que habían sacado, jugando a juegos de cartas no mágicos que Keith les había estado enseñando. Las cosas no parecían excesivamente tensas, así que les dimos las bolsas para que guardasen las cosas y nosotras nos sentamos también.

- Es vuestro turno de hacer algo - les dije.

- Pero si hemos hecho muchísimo - se quejó Keith.

- Ver como el elfo hace cosas no es hacer muchísimo. Por cierto, ¿dónde está?

- Se ha metido en la tienda a ordenarla. Podemos darle las bolsas para que lo guarde él. - contestó Peter.

Peter le llamó y le dijo que lo colocase todo en su sitio, lo que hizo con rapidez y murmurando por lo bajo un "Sí, amo Peter". En el primer momento, el elfo nos descolocó a todos y, aunque ya sabíamos que lo traería, se nos hizo muy extraño al principio darle órdenes sencillas pero cuando vimos que el elfo lo cumplía todo sin inmutarse nos fuimos atreviendo a pedirle cosas cada vez menos necesarias y más complejas, aunque Peter siempre estaba atento a lo que decíamos, no fuera a ser que alguna de nuestras peticiones fuese demasiado para el pobre ser.

El primer día se nos pasó volando y, a la hora de dormir, Keith nos enseñó las habitaciones. Eran bastante pequeñas, lo justo para una cama y un armario donde podíamos dejar nuestras cosas, pero eran suficientes para lo que estábamos acostumbrados. No había habitaciones para todos, así que Peter y Sally durmieron jutos, así como Stebbins y yo. Por otro lado, Yashira y Ally también compartieron habitación, con lo que Keith fue el único que, seguramente muy a su pesar, no tenía compañera. Nos metimos en las camas rápidamente, cansados del primer día y prometiendo que recuperaríamos las fuerzas para el día siguiente.

El segundo día lo pasamos más o menos como el anterior, jugando a juegos no mágicos que Yashira le había pedido a familiares, pero echando de menos el snap explosivo o el ajedrez mágico. También comentábamos anécdotas de la clase y charlábamos de nuestras notas y de los caminos que pretendíamos tomar en un futuro. Al atardecer, vi como Peter se levantaba, haciéndole un gesto cariñoso a Sally, y se iban a dar una vuelta juntos. El sol ya estaba bajo y la luz rojiza les iluminaba mientras caminaban, cuando Peter puso el brazo alrededor de los hombros de Sally y le dio un beso en el pelo. Ella parecía apartarse un segundo, con verguenza, pero Peter seguía sujetándola, así que se apoyó en él y se besaron. Yo aparté la vista pensando que ya había visto suficiente y me fui a sentar dentro, con Stebbins, que estaba en un sofá, solo, leyendo un libro.

- Hola. - le dije.

- Hola. - me contestó, sin dejar de leer.

- ¿Qué es eso que lees con tanta atención?

- Nada, un libro sobre teoría de los hechizos.

- ¿Así que piensas estudiar incluso cuando no estamos en el colegio? Vamos, estamos de vacaciones, hagamos algo. Juntos.

- No lo leo porque quiera estudiar, lo leo porque me gusta. - me dijo, apartándolo por fin. - ¿Qué quieres que hagamos?

- No lo sé - le contesté - Quizás podríamos salir a dar una vuelta. Está atardeciendo y es muy bonito.

- Hmpf. Hay atardeceres todos los días, no sé por qué crees que son tan especiales.

- Vamos, levántate. Podemos ir a dar una vuelta y luego ir a buscar unas cervezas de mantequilla. Y luego volver aquí y meternos en la habitación. - me levanté y le tiré del brazo.

Al final, Stebbins accedió a venir conmigo, aunque no se comportaba como Peter. No me pasó el brazo por encima de los hombros, ni me hizo ninguna carantoña, ni ningún beso. Siempre había sabido que era un hombre más bien práctico, pero estaba empezando a molestarme la total ausencia de muestras de cariño cuando estábamos en público ya que cuando estábamos a solas era encantador. Pensaba que debía hablarlo con él, pero no quería que pensase que era demasiado ñoña así que decidí dejarlo correr por una temporada. El año siguiente quizá las cosas cambiarían.

Al día siguiente por la tarde, me encontré sola. Yashira y Ally se habían ido juntas a dios sabe dónde, Peter y Sally habían salido a pasear otra vez y Stebbins se estaba duchando, así que me senté con la única persona que quedaba en la tienda, Keith, que estaba dormitando en el sofá. Le desperté tocándole la nariz con cuidado hasta que se incorporó, confuso, y bostezó.

- Cuéntame algo. - le dije.

- ¿Yo? ¿Qué te voy a contar? Yo no tengo nada que decir. ¿Por qué crees que tengo algo que decir?

- No, no, tranquilo. Si yo no digo que tengas nada que contar. - le miré extrañada.

- Pues no, no tengo nada. Cuéntame tú algo. Algo. Menos algo de Stebbins, que ya le tengo muy visto. - me dijo mientras se colocaba, tirando un cojín que tenía bajo él al otro extremo del sofá.

- Imbécil. Pues tengo un cotilleo muy bueno, pero ahora me haces dudar de si decírtelo o no.

- ¿Un cotilleo de Stebbins?

- ¡No! Un cotilleo de Ally. Muy interesante.

- Oh. - puso una cara rara y no contestó.

- Entonces, ¿te lo cuento?

- Bueno, vale, Si. Si no le va a molestar, claro.

- No, no creo. Bueno, es cierto que ella no lo ha mencionado delante de vosotros, pero supongo que es porque sois chicos y le da vergüenza o algo así. De todas maneras, no ha parado de hablar de él desde que llegamos, así que no creo que quiera guardarlo en secreto.

- ¿Eh? ¿Él? ¿Qué "él"? -

Keith ya parecía haberse despertado completamente.

- ¡Pues su novio! Ése es el cotilleo, que Ally se ha echado novio. - le dije.

- Oh - contestó Keith.

- Verás, le conoció a principios de verano. Se instaló en una casa cercana a la de Ally con sus padres. No es de aquí, es extranjero, pero dice que habla muy bien inglés y que se entienden muy bien. Está enamoradísima, nunca la había visto así. Dice que es el chico más dulce y considerado que ha conocido nunca.

- Extranjero... - repitió Keith.

- Si, pero dice que no importa, porque él ya le ha dicho que su amor será eterno y que aunque se vaya, seguirán estando juntos y que intentará volver en Navidad, o que incluso podría ir ella allí y estar con su familia. La verdad es que se la ve muy contenta y muy ilusionada.

- Oh. - dijo Keith otra vez.

- ¿Ése es tu único comentario? ¿Qué pasa?

- Nada, nada, si me alegro por esa gu... digo, por ella. Me alegro mucho de que se haya echado novio, claro, y de que esté tan enamoradísima. Quién lo diría, claro.

- ¿Quién lo diría? ¿Quién lo diría de qué?

- Bah, que importa. Te lo digo y punto.

- ¿Me dices el qué? Me estás liando, Keith - le dije.

- Pues a ver, ¿te acuerdas el día que hicimos la fiesta en el baño de los prefectos?

- ¿El día que nos reventásteis la fiesta a Stebbins y a mí? Sí, me acuerdo.

- Pues, cuando nos guardamos en las taquillas, coincidí con Ally y... bueno. Pues ya sabes, espacios reducidos llevan a mucho contacto.

- ¿Qué dices? - me había quedado de piedra. - ¿Qué Ally y tú...?

- Sí.

- Oh - era mi turno de estar asombrada. - ¿Y por qué no me lo contaste antes?

- No lo sé. Ally es tú amiga y nosotros nunca hablamos sobre ello. No pensé que fuera tan importante.

- ¿Pero a tí te gusta ella? - le pregunté.

- No, no no. No, claro que no. De hecho, ahora me iba a tomar unas cervezas con Peter. Íbamos a buscar chicas. Chicas guapas.

Mientras decía esto último, Peter había entrado en la tienda y se había sentado mientras esperaba a Sally que se había metido en la habitación a buscar algo. Keith le agarró por un brazo y le levantó, llevándole a rastras entre las protestas de Peter mientras murmuraba algo así como "mujeres". Cuando Sally salió con un jersey en la mano miró a su alrededor, buscando a Peter, pero al no encontrarle, se dirigió hacia mí para preguntarme dónde estaba.

- Han ido a por chicas. - le dije - Chicas guapas.

Y me di la vuelta para salir de la tienda, dejándola con la palabra en la boca.

El último día nos despertamos con el olor de un estupendo desayuno que el elfo de Peter se había dedicado a preparar. Era el día de la final, en la que se enfrentaban Irlanda y Bulgaria y esperábamos que Irlanda ganase para que la fiesta de después fuese aún mayor. Nos iríamos al día siguiente por la mañana, así que empezamos a recoger las cosas importantes ese mismo para que no se nos quedase nada con el despiste de la más que probable resaca que nos esperaría. Cuando estuvimos listos, nos sentamos en las mesas de fuera a esperar a que comenzase y acabase el partido al que no podíamos ir. Al anochecer, empezamos a ver como la gente de las tiendas se iba hacia el estadio que se veía al fondo y al empezar el partido, intentábamos distinguir por los gritos quién había marcado y si se había conseguido la snitch, pero hasta que no acabó y la gente comenzó a volver no nos enteramos de que Irlanda había ganado, aunque Bulgaria había atrapado la snitch. No era un resultado muy común y el partido había sido muy interesante, así que la gente estaba mucho más excitada de lo normal y nos dedicamos a festejarlo con ellos. Un buen rato después, cuando todos estábamos ya bastante achispados tras muchos brindis por Irlanda, comenzamos a escuchar ruidos extraños y empezamos a ver a gente correr viniendo de la lejanía, mientras gritaban que huyésemos. Al principio no nos dábamos cuenta de lo que estaba pasando y pensábamos que la gente se había vuelto un poco loca, pero uno de los dueños de la tienda de al lado empezó a recoger a toda prisa y nos instó a que hiciéramos lo mismo. Nos dijo que unos mortífagos habían reaparecido y que estaban causando estragos por todo el campamento, atacando a la gente y lanzando toda clase de maldiciones, así que nos miramos entre todos. No podíamos salir de ahí sin ayuda de la magia, pero ninguno de nosotros podía hacer nada, ni siquiera aunque fuera una emergencia, porque aún no habíamos aprendido a aparecernos. De repente Peter se dio la vuelta y le dijo al elfo:

- ¡Mêlée, llévanos a un sitio seguro!

- Pero, amo Peter...

- ¡Rápido, ahora, esto es peligroso!

- Está bien, amo Peter. Cójanse de las manos y sujétense a mí.

El elfo nos trasportó a una casa que no conocíamos y todos nos soltamos y nos miramos, sentándonos, casi dejándonos caer en el suelo. Keith se quitó el gran sombrero de copa verde que se había comprado para celebrar la victoria de Irlanda y lo dejó a un lado. Fue el primero que se atrevió a decir algo.

- ¿Dónde estamos, Peter?

Pero antes de que tuviera tiempo de contestar, el elfo habló por él.

- Están en la casa del amo Peter, antes propiedad del amo Horacio. ¡Y ustedes no deberían estar aquí! Sólo el amo Peter y la señorita Kingcrow pueden entrar aquí.

- ¿Entonces por qué nos has traído? - le preguntó Peter, furioso.

- Es el único sitio seguro que conozco, amo Peter. Pero ahora todos ustedes deberían salir de la casa.

- No, Mêlée. Son mis invitados y van a quedarse. Ésta noche.

- Pero, amo Peter...

- Cállate, ve a buscar algo para que podamos pasar todos juntos la noche aquí, en el salón. Apartaremos los sofás y dormiremos todos juntos. No hay necesidad de deambular por la casa a estas horas.

Nadie se atrevía a preguntarle a Peter cómo demonios había conseguido tener una casa, pero de repente me acordé que alguna vez nos había mencionado que tenía un tío que se llamaba Horacio y que se había muerto recientemente, así que lo comenté en voz alta.

- Así que ésta es la casa de tu tío. - le dije.

- No, ya no. Ahora es mi casa. Mi tío murió hace meses.

Estaba muy seco y no parecía querer seguir hablando, así que todos nos quedamos en silencio, esperando a las mantas. Vi como Stebbins miraba alrededor con gran interés y cuando nuestros ojos se cruzaron, asentía con la cabeza levemente. No estaba muy segura de qué quería indicarme con ese gesto, pero no quería hablar de ello con todo el mundo delante, estando la situación tan tensa. Cuando al fin el elfo colocó los colchones y las sábanas en el suelo, unos al lado de otros y nos metimos en la cama, aún no habíamos dicho nada de lo que había pasado aquella noche. Tuvimos que esperar al día siguiente, ya de día y desayunando lo que nos habían preparado, para atrevernos a comentar algo de lo ocurrido el día anterior. El profeta de Peter había llegado, así que vimos claramente en los periódicos que se había tratado de un ataque, en efecto, perpretado por los mortífagos y que la marca de éstos se había visto en el cielo poco después.

- ¿Cómo es posible que pase algo de ésto todavía? - dijo Yashira - ¡Creía que les habían capturado a todos!

- Ninguno de vosotros sabía nada de ésto, ¿verdad? - preguntó Ally con resentimiento.

- Pero, ¿por quién nos tomas? - le contestó Peter - deberíais saber que nosotros nunca nos mezclaríamos en algo así. A estas alturas deberíais saber que no todos los que van a la casa de Slytherin se hacen mortífagos ni nada parecido.

Nos miró buscando apoyo y todos, más o menos rápido, nos apresuramos en asegurar que por supuesto que no, que era una salvajada y que esperábamos fervientemente que les atrapasen y les metiesen en Azkaban lo más pronto posible, aunque ciertamente sonó un poco a discurso ya aprendido. No en vano, éramos de Slytherin y aprendíamos muy pronto a defendernos de esa clase de ataques.

Poco después el elfo de Peter nos llevó otra vez al campamento, el cual estaba en bastantes malas condiciones, aunque nuestra parte había tenido suerte al ser de las alejadas y no habíamos tenido daños en la tienda, para suerte de Keith, ni en nuestras cosas, que seguían allí dentro. Las recogimos en silencio y nos dirigimos hacia los trasladores, tanto los que ya estaban planificados como los de emergencia, y nos despedimos los unos de los otros. Al fin y al cabo, teníamos que disfrutar de los últimos días de vacaciones antes de volver a clase el primer día de septiembre, y estábamos seguros de que nos esperaba un nuevo año muy interesante.

17 de Julio, Domingo

Brillaba el sol y la temperatura era agradable en los terrenos de la casa de mi tío. Mientras esperaba a la entrada de la casa, pensé en las últimas semanas.
Tras llegar a Londres el día en que nos fuimos de Hogwarts me despedí de Keith y los demás, y me reuní con Sally en los andenes, hasta que subió a su tren con rumbo a Bristol. El hecho de ir sola le planteaba algunos problemas a la hora de emplear medios mágicos para llegar hasta su casa, al igual que podría planteármelos a mí en unos días, así que tenía que usar transportes muggle por el momento.
Acordé con ella que le escribiría cuando fuese a casa de mi tío, y que entonces iría a buscarla a Bristol cuando ella quisiera.
- Peter - Dijo ella -. No es necesario... En serio. Sabes que puedo ir sola.
- Nunca he estado en Bristol - Dije, encogiéndome de hombros -. Además, no está tan lejos. Podemos pasar parte del día allí. Ya veremos.
Ella me miró en silencio, y luego tuvimos que despedirnos. Su último beso se me hizo muy corto, así que traté de mantener mentalmente la sensación en mis labios mientras observaba a su tren alejarse.

En casa "disfruté" de una semana de ambiente familiar, hasta que mi padre decidió que había llegado el momento de "aislarme" en la casa de mi tío. Mi padre se había pasado los últimos días refiriéndose a la casa familiar como su casa y a la de mi tío como la mía. Supuse que su propósito seguía siendo que me rindiera y les invitase a todos a venirse conmigo, pero ahora que sabía que Sally me haría compañía lo último que quería era que nadie más estuviese allí para molestarnos.
- Peter, tenéis que arreglar ésto - Me dijo mi madre el día de mi partida, mientras me hacía el desayuno.
- Díselo a él - Musité, en voz baja.
- Comprende que para tu padre es importante poder entrar en esa casa... Es la casa de su hermano, después de todo.
Me quedé callado, pero tenía ganas de contestar. No sé qué les pasaría, pero mi padre despreciaba a su hermano. Lo había despreciado incluso el día de su funeral. Tuviera los motivos que tuviera para querer entrar en su casa, desde luego no iba a creerme que fueran sentimentales.
- Además no es un plato de gusto para tu hermana y para mí veros así - Continuó mi madre.
- Bueno, lo siento - Dije desganado, pensando en que de hecho a mi hermana debía de importarle bastante poco vernos de cualquier manera -. Pero no quiero que entre nadie en esa casa.
- ¿Por qué, hijo?
Me quedé pensando.
- No lo sé - Dije, finalmente -. Lo siento.
Mi madre suspiró, y me sirvió un plato de beicon muy hecho, que devoré con ansia, pensando en lo mucho que iba a echar de menos los desayunos de la última semana. Esperaba que Mêlée se hubiera encargado de hacer la compra.
Unas horas después cargaba de nuevo con mi equipaje por las calles de Londres, acompañado por mis padres. Esk se revolvía entre mis brazos. Había decidido llevarla también conmigo, pensando que le gustaría correr por los jardines de la casa, y que quizá pudiera cazar algún raton si el lugar no estaba demasiado cuidado, pero ya me estaba arrepintiendo.
Emplearía una chimenea pública para llegar a Cheltenham, donde debería seguir High Street hasta llegar a London Road, y luego desviarme hacia GreenWay Lane, siguiendo el camino fuera de la ciudad durante tres kilómetros hasta llegar a un camino entre árboles junto a un puente que me conduciría a los terrenos de la mansión de mi tío, donde Mêlée me esperaría escondido. Sólo de pensar en todo el camino que tendría que recorrer a pie, sin poder utilizar la magia, comenzaba a arrepentirme de haberle dicho a Sally que iría personalmente a buscarla.
Me despedí de mi familia, recibiendo un beso cálido de mi madre y uno frío de mi hermana, y un desganado "a ver si nos invitas a verte algún día" de mi padre, y me introduje en la gran chimenea pública suspirando. Unos instantes después me encontraba ya en Cheltenham, tras salir de una chimenea notablemente más pequeña. A partir de ahora, sin la supervisión de mis padres, se acababa el uso de la magia para viajar. Me cargué con mis bultos y comencé a caminar enérgicamente, tomando buena nota mientras seguía la ruta prevista de dónde se encontraba la estación muggle. Por suerte había una línea directa de tren entre Cheltenham y Bristol, así que sólo era cuestión de ir pronto el día que fuera para consultar los horarios.
Tras un largo rato de caminar y varias correcciones de rumbo, encontré el camino que se alejaba de Greenway Lane, pudiendo así dejar atrás la carretera principal y las miradas de los ocupantes de los vehículos que pasaban, sorprendidos de ver a un chico cargado de equipaje y con una gata en los brazos caminando por el arcén.
Tras caminar unos minutos parecía que me encontraba en medio de un bosque. Ya no había rastro del ruido del tráfico, y la sensación de aislamiento era total. Tenía la vaga sensación de que ya me encontraba en una zona a la que un muggle no podría llegar. Me pregunté si a ellos les daría la impresión de que el camino terminaba mucho antes, o si siquiera serían capaces de ver el camino que se alejaba de la carretera. En cualquier caso, me relajé un poco, sabiendo que estaba cerca.
Finalmente un muro apareció a la derecha del camino y, más adelante, la puerta a la mansión. Cuando estaba cerca, Mêlée salió de entre los arbustos, con cara de alivio.
- ¡Amo Peter! Estaba preocupado.
Le saludé con una sonrisa. Me alegraba verle, en cierto modo, aunque no tenía claro por qué. Quizá porque me hacía sentirme un poco menos solo. Abrió la puerta de la mansión con un gesto, y se empeñó en cargar con mis bultos. Le di algunos pensando que no podría con ellos, hasta que recordé que él sí podía usar magia.
- Oye - Le dije, antes de entrar -. ¿Hacia dónde continúa el camino?
Mêlée miró hacia la distancia, entre los árboles.
- Sale por otra carretera, algo más allá - Dijo -. Si un muggle entra por un lado, sale por el otro sin ver la mansión, unos minutos después, sintiéndose un poco confundido. Creerá que ha encontrado un atajo o algo así, pero luego se le olvida.
- Ah... - Dije. Así que así era como funcionaba.
- Pero casi ningún muggle usa el camino - Continuó Mêlée -. No se preocupe, amo Peter, ellos no pueden llegar a la casa. Mêlée se encarga de que sólo el amo Peter pueda a partir de ahora.
Me encogí de hombros y le seguí al interior de los terrenos. De nuevo me sorprendió la amplitud del lugar, y la cantidad de jardines que rodeaban la casa. La mansión me parecía aún más grande que la primera vez, quizá porque ahora era consciente de que era mía, y a su lado veía la torre de los cuervos. Supuse que Zoro ya estaría por allí desde hacía días. También era consciente de que tras la casa se encontraban los huertos en los que Mêlée cultivaba varias cosas. Todo parecía bastante cuidado.
- Mêlée, ¿has hecho compra? - Dije, mientras entrábamos en la casa.
- Sí, amo Peter, Mêlée ha comprado de todo para tener contento al amo. Además los huertos de la casa están a la disposición del amo Peter cuando quiera...
- Bien - Dije, alegre -. Tengo hambre, ¿qué me puedo hacer de comida?
Mêlée se sobresaltó.
- ¿El amo Peter no quiere que Mêlée le sirva la comida? ¿No quiere que cocine para él?
Dudé. Mêlée no parecía muy limpio, con su viejo peto y sus manitas arrugadas. Aunque por otra parte, ¿qué elfo doméstico lo parecía? Y en Hogwarts la cocina era llevada por ellos... Y todo por la zona parecía bastante limpio...
- Claro - Dije, encogiéndome de hombros -. Cocina todo lo que quieras. Tengo hambre.
Después de la comida, que resultó estar mejor de lo esperado, escribí a Sally para decirle que ya estaba en casa y que pasaría a buscarla al día siguiente si le parecía bien. Cogí a un cuervo que parecía joven y lo envié con la carta. Tenía que llegar y recibir la respuesta en el mismo día, así que esperaba que se diera mucha prisa. Al fin y al cabo Bristol no estaba tan lejos...
Dediqué el resto de la tarde a explorar la casa, acompañado por Mêlée, que no dejaba de explicarme anécdotas de cada habitación, acompañadas de ocasionales sollozos al recordar a mi tío. La casa tenía una gran cantidad de habitaciones para invitados que casi nunca habían sido usadas, y varias para la familia, que por lo que Mêlée me había comentado tampoco se habían usado nunca. Las únicas que se habían usado constantemente habían sido la de Mêlée (una pequeña habitación a medio camino entre un armario y mi habitación de Londres), y la de mi tío, una enorme habitación por la que caminé con precaución, sintiendo escalofríos, mientras el elfo sollozaba. Tenía una cama enorme (la que había podido ver en el cuadro de Hogwarts), un gran escritorio, varias estanterías llenas de libros y varios cuadros, algunos de paisajes, y otros en los que aparecía él.
Le comenté a Mêlée que prefería dejar la habitación de mi tío tal como estaba, y que yo usaría alguna de las que había reservado para la familia. Mêlée pareció contento con mi decisión. Finalmente dejé mis cosas en una habitación bastante grande, que tenía su propio cuarto de baño y una gran cama, así como unas cuantas estanterías vacías y una preciosa vista de la parte delantera de la casa. Entré para utilizar el baño, y cuando salí Mêlée ya había colocado varias alfombras en el suelo y estaba haciendo la cama.
La casa también disponía de una pequeña biblioteca llena de libros, que tras los primeros vistazos me parecieron todos relacionados con temas de pociones y encantamientos, aunque cuando me fui pude ver algunos relacionados con la genealogía, así que supuse que tocarían más temas. También había una gran cantidad de cuartos de baño, destacando uno más grande que los demás con una gran bañera, que parecía ideal para relajarse en Invierno. En la planta baja había varias salas amplias, y la cocina, también bastante grande, y muy cuidada.
Por supuesto, me moría de ganas de explorar los sótanos, pero no estaba seguro de si sería mejor esperar a Sally para hacerlo. Me di cuenta de que debía mencionarle algo a Mêlée.
- Por cierto, Mêlée... - Dije, inseguro -. Hay una cosa que quiero decirte.
- ¿Sí, amo Peter?
- Esto... - Sabía que al elfo no le iba a gustar la idea, pero debía decirlo con decisión. Al fin y al cabo, ¿no tenía que obedecerme? -. A partir de mañana... Ehm... Vamos a tener una invitada.
Mêlée me miró, inseguro.
- ¿Una invitada? - Dijo.
- Sí - Asentí.
- ¿De su edad? - Dijo, un poco nervioso.
- Sí - Dije de nuevo.
- ¿La señorita Kingcrow?
- Sí... - Dije -. Espera, ¿qué?
Mêlée me ignoró y se encaminó a la cocina.
- ¡Mêlée! - Grité, yendo tras él.
- ¿Sí, amo Peter? - Dijo.
- ¿Cómo sabes que se trata de Sally Kingcrow?
- ¿Sally? - Dijo Mêlée -. Mêlée no sabía que ese fuera su nombre. Mêlée sólo leyó su apellido en la carta que el amo Peter estaba escribiendo antes...
- ¿Ah, sí? - Dije, dudando -. ¡M-mentira! ¡En la carta la llamé sólo por su nombre! Yo no...
Mêlée me miró, inseguro.
- Dime la verdad, Mêlée - Dije, enfadado -. Es una orden.
Mêlée suspiró.
- El amo Horacio dijo antes de morir que en esta casa sólo podía entrar el amo Peter - Dijo Mêlée -. Sólo él.
- De eso nada - Dije, interrumpiéndole -. Si quiero puedo invitar a más gente. ¡Es mi casa!
- El amo Peter podría - Dijo Mêlée, resignado -. Porque Mêlée no puede impedirlo. Pero el amo Horacio dijo que cuando el amo Peter estuviera aquí, un día traería a una joven de su edad, cuyo apellido es Kingcrow. El amo Horacio lo aprobaba.
- ¿Qué? - Dije, sorprendido -. ¿Cómo lo sabía él?
- Mêlée no lo sabe - Dijo él. Parecía decir la verdad.
Resoplé. Otra cosa que no tenía sentido. Yo había comenzado a relacionarme con Sally después de que mi tío muriese, y él nunca la había mencionado cuando se comunicaba conmigo, ¿pero sabía sin embargo que cuando él me dejase su casa yo iría allí con ella? ¿Cómo sabía que nos conoceríamos, y que terminaríamos congeniando lo suficiente como para que yo la invitase a ella y sólo a ella a la casa?
Por otro lado, era cierto que mi tío había tenido una relación con la madre de Sally cuando ésta era una recién nacida, y si lo que Rossana Kingcrow decía era cierto, él las había abandonado poco después, pero ya había hecho lo que fuera que hiciese que hizo que ambos enfermaran, muriendo mi tío años más tarde, y dejando a la madre de Sally gravemente enferma, dependiendo sólo de que Sally y yo descifráramos el misterio de los pergaminos escondidos en Hogwarts.
Quizá mi tío pudiera preveer el interés de Sally por los pergaminos, y si él estaba de acuerdo en que Sally visitara la casa, eso sólo podía querer decir que mi tío quería, de alguna forma, terminar ayudando también a la madre de Sally a recuperarse. Pero eso entonces dejaba otros interrogantes abiertos: ¿Cómo había escondido mi tío los pergaminos en Hogwarts cuando ya no estudiaba allí? Si quería ayudar a la madre de Sally, ¿por qué había esperado a después de su muerte? Y, sobre todo, ¿por qué no había usado el secreto que encerraban los pergaminos para curarse a sí mismo?
No le encontraba sentido a estas preguntas en mi cabeza, y Mêlée no parecía saber gran cosa sobre ello. Tenía que contárselo a Sally.
La respuesta de Sally me llegó al final de la tarde. El cuervo parecía a punto de desafallecer, así que tomé la carta en mis manos y le llevé junto a los demás cuervos, con la esperanza de que pudiera descansar. Sally parecía dispuesta a que la pasase a buscar al día siguiente. Me informó del horario de los trenes y acordó esperarme en la estación. Allí estaría.

Me encontré con Sally según lo previsto. Oí su voz mientras la buscaba por los andenes, me giré, y allí estaba ella. Nos quedamos mirándonos unos instantes. Yo llevaba un pantalón negro con un cinturón gris, y una camiseta negra que comenzaba a quedarme un poco justa. Ella vestía una falda corta de cuadros, junto con una camiseta púrpura un poco desgastada, y zapatillas de deporte.
- Hola - Dijo ella, finalmente.
- Hola - Dije -. Perdona, es que... No me acostumbro a verte sin el uniforme.
- Ni yo - Dijo ella -. Me... ¿Me besas? Estoy cargada con las maletas, y...
- Ah, sí, sí... - Me acerqué y la besé suavemente, sintiendo un cosquilleo en los labios. Me separé lentamente -. Debería... Debería llevarte las maletas.
- Sí - Dijo ella, y dejó que las cogiera. Cuando ya las tenía, se acercó a mí y me besó de nuevo, en un beso algo más largo. Al separarse estaba algo colorada.
- Yo también te he echado de menos - Dije.

No pudimos prolongarnos en nuestra visita a Bristol. Por un lado estaba el hecho de cargar con las maletas, y por otro el viaje que tendríamos que hacer a pie al llegar a Cheltenham, así que después de comer por allí cogimos el tren sin más tardanza. Sally me contó durante el viaje que su madre había pensado en enviarla con su gata para comunicarse a través de ella, pero que la había convencido de que no era buena idea porque podía hacerme sospechar algo. Me alegré de que fuera así, tener a la gata espiando por la casa de mi tío nos obligaría a Sally y a mí a fingir casi todo el tiempo, y sería un tanto incómodo.
Yo le conté lo que había descubierto el día antes sobre mi tío ya esperando su visita, y ella pareció tan sorprendida como yo. No logramos llegar a ninguna conclusión clara sobre los interrogantes, pero ambos estábamos de acuerdo en que mi tío debía pretender que llevásemos a cabo nuestro plan como lo estábamos haciendo.
Una vez en Cheltenham, comenzó el largo camino hasta la casa de mi tío.
- Es curioso - Dije, mientras caminábamos por London Road -. Me voy de Londres, y la segunda calle que piso es London Road.
- En Bristol tenemos una Cheltenham Road - Dijo Sally, encogiéndose de hombros.
Llegamos a la casa de mi tío un rato antes de la cena. Mêlée ya la estaba preparando, y se alegró al vernos. Se apresuró a coger las maletas de Sally y se quedó mirándome.
- ¿Qué habitación ocupará la señorita Kingcrow? - Dijo.
- Ah, pues... - No lo había pensado. ¿Qué habitación le gustaría a Sally? ¿Debía darle una habitación de las de la familia o una de invitados?
- La misma que ocupe Peter - Dijo Sally, al ver que yo no contestaba.
- Ah - Dije -. ¿Sí?
- Pues claro - Dijo Sally -. A menos que tengas algún problema con ello, Peter.
- La cama es lo bastante grande - Dijo Mêlée, un poco inseguro -, creo que cabrían los dos...
- Sí, Mêlée, lleva sus cosas allí, está bien.
Observé a Mêlée alejarse, y me extrañó que aceptara que durmiésemos juntos como si tal cosa. Pero tampoco me iba a quejar. Sally se volvió y me miró con el ceño fruncido.
- ¿Ibas a mandarme a dormir sola? - Dijo.
- Yo... Creí que querrías tener una habitación para ti sola...
Sally suspiró.
- Estamos juntos, Peter - Dijo, muy seria -. Hemos venido para buscar los objetos que marca el mapa del sótano que tenemos, pero... Me hace ilusión estar contigo. Estar a solas. Tranquilos.
A mí también me hacía ilusión, claro. De hecho tanta que a veces no terminaba de creerme que algo así pudiera estar pasando. Un verano casi entero compartido con Sally, y con nadie más, sin preocupaciones. Bueno, si no contábamos la búsqueda de los objetos del sótano y la cuestión de qué hacer con ellos una vez que los tuviéramos, claro.
- ¿Dónde está la cocina? - Dijo Sally, de repente.
- Eh... Por allí - Dije, señalando con el brazo hacia un pasillo -. Mêlée cocina bastante bien, y tenemos un poco de todo, así que...
- Ah - Dijo Sally, un poco decepcionada.
- ¿Qué pasa?
- Creí que cocinaríamos nosotros - Dijo Sally, y se sonrojó un poco -. Esperaba... Bueno, pensé que podría cocinarte algo. Ya sabes, de vez en cuando.
Me quedé mirándola sin saber qué decir exactamente. ¿Sally quería prepararme algo de comer a mí? Qué... Tierno. Jamás se me habría pasado por la cabeza.
- ¡No pienses cosas raras! - Continuó ella, sonrojándose un poco más -. Sólo sería en alguna ocasión. ¡Como algo excepcional!
- Tranquila - Dije -, lo entiendo. Sería para no perder la práctica, ¿no? Porque en casa le cocinas tú a tu madre cuando estás.
- Eh... Eso es - Dijo Sally, más calmada -. Tengo que cocinar de vez en cuando. Y alguien tendrá que comérselo.
Suspiré.
- Me parece bien - Dije -. Seguro que puedo convencer a Mêlée de que nos deje cocinar de vez en cuando.
Ya era un poco tarde, así que decidí enseñarle a Sally la casa y sus alrededores, y después cenar planificando un poco el día siguiente, en que entraríamos al fin al sótano para buscar los objetos dichosos.
La cosa no podía ser para tanto. Teníamos una lista y un mapa. Y era sólo un sótano. Lo normal sería encontrarlos todos en un día.
Por si acaso, decidí marcar como tiempo estimado "una semana".

La primera noche fue todo lo especial que esperaba. Escuchar la respiración calmada de Sally a mi lado, sin la preocupación de ser descubiertos ni la necesidad de escondernos era algo tan nuevo y agradable que incluso pasé horas despierto sólo para sentir su presencia a mi lado, coger su mano entre las mías y sentirla dormir tranquila. No me dí cuenta de a qué hora pude dormirme.
Por desgracia Sally decidió que las siete de la mañana era una buena hora para levantarse, despertarme, desayunar pronto, y bajar al sótano.
- Por Merlín, Sally... - Dije, refugiándome entre las sábanas.
- Vamos, sólo quiero que aprovechemos el día - Dijo, insistente -. Entiéndelo.
- Está bien... Ve bajando tú... Enseguida te alcanzo... - Dije, bostezando -. Sólo unos minutos.
Sally suspiró.
- En realidad iba a ducharme antes de bajar - Dijo de repente.
- Vale... Ve duchándote...
- Tardaré unos diez minutos desde que entre al baño.
- Me parece bien... - Dije, girándome y dándole la espalda.
- Es una pena - Dijo ella, suspirando -, creí que nos ducharíamos juntos...
Sentí que algo me caía sobre la cabeza mientras oía cerrarse la puerta del baño. Me lo aparté de encima distraídamente y observé que se trataba de la camiseta que Sally había usado para dormir.
- Espera, ¿qué? - Dije, incorporándome de repente. Comencé a escuchar el ruido del agua en el cuarto de baño.
- A esto le llamo motivación - Dije, tratando de salir de la cama lo antes posible.

Cincuenta minutos después bajamos a desayunar. Mêlée ya estaba en pie, preparando tostadas y huevos.
- ¿Es que nadie duerme aquí? - Dije, bostezando -. Que estamos de vacaciones.
Desayuné junto a Sally y llegó el momento: Íbamos a bajar al sótano. Mientras los dos, acompañados por Mêlée, caminábamos hacia la puerta, sentí cómo me ponía nervioso. Sin embargo los nervios tenían poco sentido. Al fin y al cabo se trataba de objetos. Objetos normales y corrientes. Sólo teníamos que bajar ahí y cogerlos. Sin más.
Al llegar a la puerta al sótano, Mêlée sacó una llave del bolsillo de su viejo peto, la introdujo en la cerradura e hizo algunos gestos. Al parecer la puerta también estaba sellada por algún tipo de hechizo, a primera vista no demasiado complicado. Suerte que contábamos con el elfo doméstico, o una complicación tan pequeña como esa podía frenarnos el paso por completo.
Tras abrir la puerta Mêlée se adelantó hacia la oscuridad, y poco después un resplandor mortecino comenzó a iluminar las profundidades del sótano. Noté como Sally me agarraba del brazo, y ambos comenzamos a bajar con precaución. El sótano era el único lugar de la casa que parecía menos cuidado. Quedaba claro que Mêlée había tenido prohibida la entrada en él hasta este momento, ya que estaba lleno de telarañas y polvo por todas partes.
- Mêlée - Dije -. ¿Crees que a partir de hoy podrás limpiar un poco este lugar también?
- Claro, amo Peter - Respondió Mêlée, resignado. me sentí un poco mal por encargarle tanto trabajo, pero al fin y al cabo, ¿no estaba allí para eso?
- En cualquier caso - Añadí - ahora ayúdanos a buscar los objetos, ¿de acuerdo?
El sótano estaba lleno de muebles y trastos viejos. En la lista que teníamos aparecían listados quince objetos aparentemente aleatorios y no relacionados, junto a sus extraños comentarios y descripciones, aparentemente también sin sentido. Y en el mapa aparecían otras quince localizaciones, relativamente fáciles de encontrar. Sólo era cuestión de ver qué encontrábamos en cada punto.
El primer objeto que localizamos fue un clavo. Al menos era lo que la lista mencionaba, un clavo. Y el comentario a su lado decía "El buen útil no teme trabajar fuera de su territorio". Lo que habíamos encontrado era un bote de cristal grande, lleno de clavos, en una estantería marcada en el mapa. No sabíamos cuál de los clavos era el correcto, así que cogimos un puñado y los pusimos a un lado.
Los siguientes objetos estaban bien escondidos, pero tras seguir las pistas indicadas en sus comentarios fuimos encontrándolos todos. Una vieja agenda en blanco oculta bajo el suelo del sótano, que sólo pudimos retirar tras resolver un puzzle formado por las piezas de los tablones que pisábamos, una botella vacía que surgió de la pared tras realizar un hechizo determinado indicado por pistas, un ladrillo de piedra de una determinada sección del sótano que hubo que extraer con cuidado tras pasarnos más de una hora tratando de decidir cuál era exactamente, y unos cuantos más por el estilo. En varias ocasiones la ayuda de Mêlée para conseguir algún objeto era imprescindible, ya que Sally y yo no podíamos realizar magia. El elfo esperaba pacientemente a que se lo pidiésemos y entonces hacía lo que le mandásemos, agrupando después el objeto junto a los demás cerca de la entrada del sótano. A juzgar por la expresión de su rostro, él tampoco estaba seguro de lo que estábamos haciendo.
Cuando habíamos conseguido seis de los objetos decidimos hacer una pausa para comer, y los subimos a la planta baja de la casa para observarlos mejor tras la comida. Nuestra sorpresa llegó cuando, tras volver al lugar donde habíamos dejado los objetos después de comer, nos dimos cuenta de que los clavos habían desaparecido. Volvimos a bajar al sótano y pudimos ver que el tarro de cristal que guardaba los clavos se había vuelto a llenar con los que habíamos sacado la primera vez. Tras volver a leer la descripción le comenté a Sally que era probable que sólo pudiéramos sacar de allí el clavo correcto, y que todos los demás desaparecerían pasado un rato para volver al sótano. Sally estuvo de acuerdo conmigo en sacar del sótano el tarro al completo, al no poder distinguir qué clavo debíamos sacar y no tener tiempo para probar uno por uno. Con cierto esfuerzo subí el tarro a la planta baja, y lo dejé allí mientras seguíamos buscando.
En la lista aparecía una escoba, y tras seguir uno de los puntos marcados en el mapa nos encontramos con una docena de escobas, todas distintas, apiladas en un rincón. "Esta escoba es digna de la oveja negra de la familia", decía la descripción. No era ningún secreto que mi tío no era muy apreciado entre el resto de mi familia, pero ¿cómo iba a ayudarme eso a localizar la escoba correcta? Sally y yo decidimos dedicarnos a inspeccionar a fondo cada una de las escobas. Primero buscamos las iniciales de mi tío en cada una de ellas, pero no hubo suerte. Más tarde buscamos algún grabado o pintura con forma de cuervo, pero tampoco encontramos nada, a pesar de que varias de ellas parecían estar llenas de sellos y grabados. Finalmente empleamos otra cantidad importante de tiempo en intentar establecer un patrón que siguieran todas las escobas, y luego intentar encontrar la que no cumpliese ese patrón. Tanto Sally como yo proponíamos patrones cada vez más rebuscados, pero ninguno parecía ajustarse a "todas menos una".
Cuando estábamos más desesperados, oímos un estruendo en otra parte del sótano. Cuando nos disponíamos a ir a mirar, apareció Mêlée.
- Los clavos han aparecido en el lugar que ocupaban - Dijo -. Pero como ya no hay tarro de cristal, se han caído por toda la estantería y el suelo.
Sally y yo nos miramos y a continuación subimos rápidamente a la planta baja. Como habíamos sospechado, en el frasco sólo quedaba un clavo. Sin duda ese tenía que ser el correcto. Lo sacamos del frasco y lo dejamos junto con los demás objetos. A continuación volví a bajar el tarro de cristal al sótano, y me entretuve en colocarlo en la estantería mientras Sally volvía al rincón de las escobas. Luego observé como Mêlée hacia unos gestos y los clavos comenzaban a introducirse de nuevo en el tarro. Suspiré.
- Si queremos sacar en algún momento ese tarro de aquí tendremos que deshacer ese hechizo - Dije. Mêlée asintió.
- ¡Peter! - Me llamó Sally de repente.
Corrí al lugar donde se encontraba. Había colocado todas las escobas en fila, contra la pared, y sostenía una en sus manos.
- Es ésta - Dijo sin más, con tono triunfal.
- ¿En serio? - Dije, escéptico -. ¿Cómo lo sabes?
Ella resopló y me ofreció la escoba.
- Barre - Dijo -. Barre a tus pies.
La miré confuso y a continuación froté la escoba contra el suelo. Tras dudar un poco, barrí durante unos segundos, hasta darme cuenta de que el suelo comenzaba a llenarse de polvo. Tras probar un poco más no me cabía duda: Cuanto más barría, más se ensuciaba el suelo.
- Muy bonito - Dije -. Muy bien, Sally.
Habíamos empleado gran parte de la tarde y habíamos avanzado bastante en general, así que decidimos darnos un descanso en ese momento. Continuaríamos al día siguiente.

Hubo suerte, y a la mañana siguente encontramos el resto de los objetos sin ningún problema mayor. De nuevo nos encontramos con varios puzzles y varios hechizos sencillos que realizamos con la ayuda de Mêlée, para conseguir una chaqueta vieja, una vieja pelota pinchada, y algunas otras cosas aparentemente inútiles. Cuando sólo nos quedaba un objeto y localizamos la última posición del mapa, vimos que en ella se encontraba un simple armario. Cerrado.
- Otro puzzle - Dije -. Según esto el objeto es un caldero de pociones. Quizá necesitemos que Mêlée abra la puerta con un conjuro...
Observamos el armario. Tenía un pequeño saliente en el lugar donde debería estar la cerradura, y en él había un pequeño platito, hondo.
- Parece que tenemos que poner algo ahí - Dije.
- Sí - Dijo Sally -. Pero... Pero mira la anotación.
Leí la anotación del caldero. Decía simplemente "La sangre del cuervo estelar es la llave".
- Vaya - Dije -. ¿Crees qe esto es literal?
- Eso creo - Dijo Sally.
- Quizá se refiera a la sangre de Zoro - Dije con preocupación. No quería tener que hacerle nada a Zoro.
- No, Peter - Dijo Sally, frunciendo el ceño -. Piénsalo. Tu tío... Tu tío sabía que yo vendría, ¿recuerdas?
- Sí, ¿y qué?
Sally resopló.
- ¡Piénsalo! - Dijo, con tono de fastidio, y corrió fuera del sótano.
Me quedé allí solo. Mi tío sabía que Sally iba a venir a la mansión Starkey, y... Un momento. Kingcrow iba a venir a la mansión Starkey. Starkey. Kingcrow. Star... Crow... Star Crow. Cuervo estelar. ¿La sangre del cuervo estelar? ¿A eso se refería? No era posible. No podía ser eso.
Cuando me disponía a abandonar el lugar, Sally volvió a aparecer, aún con el ceño fruncido.
- ¿Ya te has dado cuenta? - Dijo.
- ¡Sí! - Dije -. La sangre del cuervo estelar.
- Bien - Dijo Sally -. Dame la mano - Se la dí, distraído, y ella la sujetó con su mano izquierda -. Me alegra que lo entiendas.
- ¡Se refiere a la sangre de nuestro hijo! - Dije, preocupado.
Sally me miró durante unos segundos, sorprendida.
- Yo no lo he entendido así - Dijo sujetándome la mano con fuerza, y entonces me dí cuenta de que en su mano derecha ocultaba un pequeño cuchillo de los de la cocina -. Además, dudo que tengamos tanto tiempo.
- Espera - Dije, asustado -, ¿qué vas a...?
Tarde. Sally deslizó el cuchillo con rapidez y me hizo un corte en la palma de la mano, pequeño pero lo suficientemente profundo como para que la sangre saliera sin problemas. Me fijé en que ella tenía otro corte en su mano, y entonces Sally juntó nuestras manos y las situó sobre el platito del armario, de modo que la sangre de ambos goteó hasta llenarlo. Se oyó un "clac" mientras la cerradura se desbloqueaba.
- Eso... - Dije, asustado -. Eso no ha estado bien.
- Lo siento, cariño - Dijo Sally, y como siempre la palabra "cariño" en sus labios sonó demasiado extraña -. ¡Mêlée! Ya puedes pasar.
Mêlée entró en la sala con gesto de culpabilidad, y me miró con ojos de cordero degollado. Sally sujetó con fuerza mi mano ante el elfo doméstico, a la vez que extendía la suya también ante él. El elfo hizo unos gestos y los cortes dejaron de sangrar, para comenzar a curarse muy poco a poco.
- ¡Así que era un plan! - Dije, enfadado -. ¡Traidores!
- Lo siento, amo Peter - Dijo Mêlée, casi llorando -, el ama Sally me lo explicó y...
- ¿Conque "el ama Sally"? - Le interrumpí, y miré a Sally enfadado, entornando los ojos.
- Yo no le he dicho que me llame así - Dijo ella, encogiéndose de hombros, y luego sonrió un poco -. Habrá visto quién manda aquí de verdad...
- ¿Qué? - Dije -. ¡Pero serás...! - Suspiré -. Sólo tendrías que habérmelo pedido...
- Oh, vamos - Dijo Sally -. ¿Hacerte un corte tú mismo? Habrías estado horas pensándotelo... Y Mêlée, deja de llorar, no está enfadado de verdad.
- Traidores... - Volví a repetir -. Me estoy mareando.
- Vamos, déjalo ya - Dijo Sally, abriendo la puerta del armario -. Lo siento. Además, te lo compensaré.
A pesar de todo su tono de voz sonaba a que la compensación merecería la pena, así que decidí callarme y mirar dentro del armario. Efectivamente, en su interior se encontraba el caldero indicado. Un enorme caldero que, a diferencia de todo lo demás, se encontraba en buen estado, con las iniciales H.S. grabadas con grandes letras brillantes. Lo sacamos del armario y, con la ayuda de Mêlée, lo subimos para situarlo junto a los demás objetos.
Una vez allí, Sally me cogió de la mano con fuerza y me miró.
- Ya tenemos todos los objetos - Dijo, con un leve temblor en su voz.

A pesar de que habíamos encontrado todos los objetos, ninguno de los pergaminos en blanco se mostró para revelar más instrucciones, así que los siguientes días nos los dedicamos a nosotros mismos. Fueron días maravillosos, días despreocupados de Verano que Sally y yo dedicamos a pasear por los terrenos de la mansión de mi tío y el bosque de los alrededores, así como a explorar la ciudad, donde nadie nos conocía y podíamos actuar como cualquier pareja, comiendo por ahí, yendo de compras, y demás. El aspecto veraniego de Sally me volvía loco, su pelo ya había crecido un poco, y las noches junto a ella eran inolvidables. Sally siempre sería Sally, la pequeña chica perversa de pocas palabras, el témpano de hielo resbaladizo, misterioso e inalcanzable, pero ahora yo formaba parte de ella, y ella formaba parte de mí.
Sally. Sally era todo el Verano.
Una tarde en que paseábamos al atardecer algo me sorprendió, y me detuve de repente.
- ¿Qué pasa, Peter? - Dijo ella.
- Me he... Dado cuenta de algo - Dije, mareándome.
- ¿De qué?
- De que te quiero.
Sally se ruborizó, y se quedó callada durante unos segundos.
- Eres tonto, Peter Starkey - Dijo finalmente -. Yo me dí cuenta hace ya mucho tiempo.

Y así había pasado ya medio verano. Por supuesto, habíamos vuelto a visitar a nuestros padres. Sally estaba preocupada por su madre y argumentó que pondría como excusa informarla de sus avances en la casa, pero que no le diría que teníamos ya todos los objetos hasta que supiéramos qué debíamos hacer con ellos, y yo fingí que me sentía solo y les estaba echando mucho de menos, pero aún así no me dejé convencer por mi padre para dejarles "ir de visita", así que al cabo de unos días volví por mí mismo a la mansión. Durante los días en que estuvimos separados eché de menos a Sally como nunca, y cuando volvimos a reunirnos y ella se lanzó a mis brazos en la estación de tren ante todo el mundo con una efusividad que nunca había mostrado en público, pude darme cuenta de que ella también me había echado de menos de la misma forma.
Y volvieron los días inolvidables, días en que todo iba bien, en que el grupo formado por Mêlée, Sally y yo ya era como una especie de extraña familia, en que Sally hacía la comida con la excusa de no perder la costumbre para luego observar con nerviosismo disimulado mi reacción al comérmerla, en que la dibujaba a escondidas sólo para ver su forma de actuar al encontrar el retrato. Era el mejor verano de mi vida.
Y unos días atrás habían llegado las notas, las temidas notas. Tanto a Sally como a mí nos llegaron a la casa de mi tío, por suerte. Y todo había ido bien, para ambos. Algún despiste en asignaturas que no tenían demasiada importancia, pero todo quedaba eclipsado cuando veía la nota de Pociones. Había obtenido una S en Pociones. Sin duda se debía a que el examen lo habían realizado los miembros del tribunal, y si lo hubiera hecho el profesor Snape no habría llegado a la nota necesaria, pero daba igual. ¡Una S, por Merlín! Las noticias no podían ser mejores.
Y al día siguiente había llegado una carta de Keith, invitándonos a ir todos juntos a acampar durante los Mundiales de Quidditch. Me costó un poco de trabajo convencer a Sally, lo cual tampoco fue ninguna novedad, pero el estado reciente de extrema alegría que ambos sentíamos facilitó bastante las cosas. Respondí a Keith comentándole que nos gustaría mucho unirnos, y que nos mantuviese informados. También le pregunté por sus notas, y lo cierto es que me sentí fastidiado por no poder contarle acerca de la casa de mi tío. Era algo que había estado ocultando tanto tiempo que ahora era demasiado complicado destaparlo sin más.
Y así estaban las cosas. Ahora estaba esperando a Sally, a la entrada de casa, porque había decidido cambiarse rápidamente de ropa antes de salir a pasear por el bosque mientras atardecía. Dudaba de si entrar a buscarla, cuando apareció caminando escaleras abajo, precipitadamente.
- Peter - Dijo al acercarse a mí.
- ¿Qué pasa? - Dije, observándola -. Creí que ibas a cambiar la falda por unos pantalones.
- El pergamino - Dijo, extendiéndome uno de los pergaminos de mi tío -. Yo miré por casualidad y... Se ha mostrado, Peter.
- ¿Qué?
- Es una receta - Continuó Sally -. Una poción. ¡Los objetos son los ingredientes! Sólo que no son objetos reales, son... ¡Son los ingredientes!
- Cálmate, Sally - Dije -. Paseemos un poco mientras lo miramos y...
- ¿Pasear? - Dijo Sally, cogiéndome de la mano -. ¡Hay que ponerse a hacer la poción!
Sally me arrastró de nuevo dentro de casa, mientras llamaba a Mêlée de un grito.
Oh, bueno, pensé, todo sea por amor.

16 de Julio, Sábado

Posé la pluma sobré el mostrador y releí la carta:

" Hola Peter:

Te envío esta carta para ver que tal estas pasando el verano. Yo desde que llegué, lo más interesante que he hecho, ha sido fabricar trampas para un ratón que mi tío dice que vio en la tienda, anda de aquí para allá con extraños instrumentos y trozos de comida, pero lleva ya casi 2 semanas así y aun no hay rastro de ratón.
Durante la preparación de una de nuestras inquebrantables estrategias antiroedores, nos hemos encontrado con una antigua tienda de campaña que usaban mis tíos en su juventud para sus escapadas durante el verano, y se me había ocurrido que le podríamos dar uso, ya que como supongo que sabrás, o posiblemente no viniendo de ti, este verano son los mundiales de Quidditch, y estaría bien podernos reunirnos todos allí antes de volver al colegio.
Ya le he enviado una invitación a Sach, Ally y Yashira y si no hay cambios de última hora todas podrán asistir, por si te lo estabas preguntando, la respuesta es sí. También está invitada Sally, así que coméntaselo tú a ella.
Ah, en principio no vamos a ir a ver ningún partido, pero seguro que hay mucha fiesta y oye, hacerse amigo de alguien con entradas es un momento, jeje.
Bueno pues nada más, espero que me envíes tu contestación.

Un saludo.

Keith "

Doblé la carta y me acerqué a Rarks, la fornida lechuza grisácea de mi tío estiró su pata para que pudiese atar la carta a ella sin problemas y salió a toda velocidad por la ventana.
Me senté nuevamente detrás del mostrador, la tienda había estado vacía durante todo el verano, no sabía muy bien porque mi tío se empeñaba en que lo ayudase si apenas había nada que hacer, quizás simplemente aprovechaba a que estaba yo para poder él tomarse un descanso. Me recosté sobre la silla y saqué del cajón el profeta, las noticias que más destacaban hablaban sobre el campeonato del mundo de Quidditch y los pronósticos para el vencedor, la mayoría daban como Campeona a Bulgaria, aunque también estaban como favoritos a Escocia, Irlanda e Inglaterra. El resto de noticias siempre hablaban de lo mismo, magos que infringían las normas sobre el uso de aparatos muggles o que usaban magia delante de estos, encuestas del ministerio de la magia sobre le educación los jóvenes y la comunicación con sus padres, y como no podía faltar consejos para el uso seguro y práctico de la magia en su lugar de trabajo. Cerré el periódico y abrí el cajón para volver a dejarlo en su sitio. Al posarlo en el interior de cajón sentí que el fondo se movió ligeramente como si estuviese roto, me levanté y puse la mano instintivamente bajo el cajón evitando que se fuese a caer todo el contenido, pero al palpar la parte baja de cajón sentí que estaba firme, sin ningún signo de rotura ni resquebrajamiento. Metí la mano en el interior y toqué el fondo, se volvía a mover ligeramente cada vez que hacía un poco de presión en un extremo. Saqué el cajón completamente y vacié el contenido, el profeta, un bote de tinta negra, dos plumas y algunas monedas fueron a parar sobre el mostrador.
Examiné detenidamente el fondo del cajón y pude comprobar claramente como la tabla del fondo se movía, la saqué cuidadosamente dejando al descubierto un doble fondo, en el había cuidadosamente doblado un trozo de papel. Lo cogí y lo desdoblé con cuidado para que no se rompiese. Era un artículo de un periódico antiguo.

"ASESINO MUGGLE ASESINADO
Ayer, a las 22:23, tuvo lugar en la calle Liverpool de Londres un suceso que ha dejado conmocionada a toda la comunidad mágica.
El matrimonio de magos John Parker y Liss Rosh se dirigían a casa de unos amigos unas manzanas más adelante, cuando se encontraron con una reyerta entre dos muggles, John se acercó a ellos para intervenir e intentar separarlos sin utilizar la magia sin éxito, recibiendo una puñalada mortal en su costado derecho.
Cuando Liss se dio cuenta de que no podía hacer nada por la vida de su marido, sacó su varita y terminó con la vida de ambos muggles mientras intentaban huir.

Estos hechos han desatado la polémica en nuestra comunidad y mañana Liss, tras el funeral de su marido se enfrentará a una pena de cadena perpetua en Azkaban. Diversos debates se han abierto sobre si los magos deberían intervenir en asuntos muggles, la utilización de magia en extremo peligro, o el valor de una vida muggle.

En la edición de mañana tendrán un completo reportaje."

Leí de nuevo los nombre de mis padres sin creerme lo que ponía el artículo, era imposible que eso hubiese pasado y que mis tíos no me hubiesen dicho nada, mi padre había muerto en un accidente de trabajo, mientras transportaban unas inmensas estatuas, el hechizo levitador falló y fallecieron cinco trabajadores junto a él, y respecto a mi madre, me había abandonado a los pocos años de nacer.
El sonido de la puerta al abrirse me devolvió a la realidad, mi tío entraba con una sonrisa en la boca y agitando una carta sobre su cabeza.

- Ya han llegado, aquí tienes las notas - dijo mientras posaba la carta sobre el mostrador - ¡Venga! ¡Ábrela! ?

Bajó la mirada y su cara palideció al percatarse del trozo de papel que sostenía en mis dedos. Me miró sin encontrar respuesta, mi cabeza aun estaba analizando la información recibida sin llegar a reaccionar.

- Esto? ¿Es verdad? - conseguí decir.
- Lo siento Keith? - el tono conciliador de mi tío confirmó que no era una broma de mal gusto.
- ¿Cómo pudisteis?, ¿Por qué no me dijisteis la verdad? - me costaba pensar con tranquilidad, me habían estado engañando durante? ni siquiera sabía cuantos años.
- Tu madre, nos hizo prometer cuando la encerraron que no te diríamos nada, no quería que tuvieses una imagen distorsionada de ella. - Mi tío me quitó de las manos el trozo de periódico con suavidad.
- Durante todo este tiempo es cuando he tenido una imagen distorsionada, mi madre me abandonó porque no quería hacerse cargo de mí, y resulta que está en la cárcel. - Me levanté de la silla, necesitaba salir de la tienda, el aire me estaba ahogando. Cuando estaba a punto de salir una pregunta abordó mi cabeza. Me giré hacia mi tío. - ¿Está viva? - Las palabras se aferraban a mis labios sin querer abandonarlos.

Mi tío asintió con la cabeza.

15 de Julio, Viernes

Ya llevába casi un mes de vacaciones y parecía que el colegio había terminado hacía siglos. Todos los veranos me acostumbraba a la rutina de no hacer nada rapidísimo, aunque éste venía con la novedad de ver a Stebbins fuera de Hogwarts. Vivía con mis padres en una casa con jardín en uno de los barrios exteriores de Londres, Sutton, donde había una pequeña comunidad mágica, y desde donde podías viajar al centro fácilmente en transporte público muggle, aunque nosotros rara vez lo utilizábamos. De todos modos, este verano había tenido que ir en él más de lo habitual para encontrarme con Stebbins, que vivía en un pequeño pueblo alejado de la ciudad, ya que aún no podía utilizar la magia para aparecerme. Solíamos pasear por el centro de la ciudad porque yo aún no quería presentárselo a mis padres, aunque ellos ya me habían preguntado varias veces con quién iba todos esos días y yo me escaqueaba, respondiendo que había quedado con alguna chica de la escuela, pero suponía que sospecharían algo de todas maneras.

A principios de la tarde, mientras me preparaba para salir, mi madre me llamó diciéndo que había llegado una lechuza para mí. Bajé con prisa, por si acaso era algo de Stebbins avisándome de que le había surgido un imprevisto, pero resultó ser una carta de Keith preguntándome que tal e invitándome a los mundiales de Quidditch que se celebrarían ese año en Inglaterra. Decía que también había invitado a los demás, incluída Sally, así que si quería, y muy a su pesar, suponía que Stebbins también podría venir, que en su tienda habría sitio de sobra para todos. En realidad, ninguno de nosotros tenía dinero para comprar las entradas de algún partido, y mucho menos de la final, pero pensábamos ir a plantar allí nuestra tienda y pasar varios días, siempre nos terminaríamos enterando de los resultados y nos podríamos unir a las celebraciones que nos apeteciesen. Estuve a punto de contestar rápidamente diciéndole que sí, pero pensé que quizás debería consultarlo con Stebbins. Aún se sentía molesto por que se colasen en el baño de los prefectos con nosotros, aunque no me había comentado nada malo de ellos desde entonces, aunque, ciertamente, tampoco nada bueno. Simplemente, los mantenía al margen y yo tenía miedo de decir algo y que las cosas volvieran a ser como antes.

Mientras el tren se dirigía hacia mi parada, ensayé mentalmente como plantearle el tema. Nunca había sido un gran fan del quidditch ni tampoco un gran fan de las multitudes así que supuse que debería enfocarlo hacía la parte de "experiencia única" y de "hace años que no se celebra en Inglaterra" y de "es una oportunidad", aunque no sabía muy bien de qué. Cuando llegué al punto de encuentro, Stebbins ya estaba allí esperándome. Nos dimos un beso de bienvenida y decidimos a donde ir a continuación. Una de las últimas veces habíamos encontrado una pequeña cafetería en la que podíamos pasar un par de horas con tranquilidad, así que nos dirigimos hacia allí y nos sentamos tras pedir algo de beber.

- ¿Qué tal en casa? - me preguntó.

- Bien, como siempre. Mis padres van a trabajar por la mañana, así que yo me quedo sola. La verdad, me gustaría tener un hermano mayor que se tuviera que ocupar de hacer las cosas de la casa, pero siempre me toca a mí. ¿Y tú?

- Pues quería decirte que mis padres van a irse de vacaciones a principios de agosto, así que quizás podrías venir un fin de semana y estar allí conmigo. Y sabes, solos. No hemos estado solos desde... Desde finales del curso.- me dijo.

- Oh. Bueno, no lo sé. Tendría que preguntarles a mis padres si les importa que me quede allí, aunque creo que no. Ya están empezando a dar por sentado que estoy saliendo con alguien, pero espero que no insistan en que vengas tú también para conocerles.

- ¿Por qué? ¿No te gustaría que les conociese?

- No, si no es eso. Seguro que además les encantas, con la de TIMOs que has tenido.

- Bueno, tú tampoco lo has hecho mal, has conseguido las notas que necesitabas, ¿no? - me cogió de la mano y me dio un beso.

- Si, aunque lo que más me preocupaba era Herbología y al final he tenido una E. Las he aprobado todas, pero pienso dejar historia de la magia y astronomía. Es una pena que no pueda dejar también cuidado de criaturas mágicas, pero supongo que se necesita saber de que animal sale cada cosa y eso. Aunque la mayoría de cosas que salen de animales son bastante asquerosillas.

- Yo ya sabes que necesito seguir con todo. Este año tendré menos tiempo libre que tú.

- ¿Menos tiempo libre aún? Pero si ya no tenías casi tiempo para mí - le dije haciendo un mohín.

- Bueno, no te preocupes, ya lo encontraré. Además, nos veremos en las clases y en las reuniones.

- Es verdad, aún no me has contado de que van esas "reuniones" que vamos a tener.

- Ni lo haré. Pero no te preocupes, ya entenderás por qué cuando empecemos el curso. Todavía hay un par de cosillas que arreglar, pero todo estará listo para entonces.

Stebbins bebió un poco de su té y aproveché que parecía estar de buen humor para preguntarle sobre el tema de los mundiales.

- ¿Sabes? Keith me ha escrito. - vi como Stebbins bajaba la mano que tenía la taza y la depositaba otra vez en la mesa con calma. - Me ha comentado que, bueno, que tiene una tienda de campaña muy grande... - Stebbins levantó una ceja. - No, bueno, que quizás podríamos ir juntos a los mundiales de quidditch - levantó la otra - Todos juntos, quería decir. Keith, Peter, Sally, Ally y Yashira. Y yo. Y tú, si quieres. Date cuenta de que es la primera vez que se celebra en Inglaterra desde hace...

- Está bien.

- Oh - le miré sorprendida. - Creí que me costaría más convencerte.

- He estado pensando sobre el tema Parker y Starkey.

- Oh - dije otra vez. - ¿Y?

- Son tus amigos.

- Bueno, ahora Peter y yo no estamos en nuestro mejor momento.

- Pues Parker, él es tú amigo.

- Si - asentí no muy segura, sin saber a dónde quería ir a parar.

- He decidido que, quizás, y sólo quizás, si él, o ellos, se comportan mínimamente como la última vez que nos vimos, pueda tolerar tenerlos a menos de dos metros. Y que me hablen. Y contestarles y eso. Sin escupirles.

- Vaya, eso es, bueno, genial. Genial por tu parte. Ahora sólo espero que ellos se comporten de una manera acorde, no son tan... amables como tú.

Seguimos hablando un buen rato, pero no volvió a comentar nada sobre el tema. Esperaba sinceramente que puediesen llevarse medio bien, porque estaba bastante cansada de tener que inclinarme siempre por unos o por otros. El problema estaba, claro, en que Keith ni Peter tendrían que poner de su parte para que la cosa funcionase y eso, ya no estaba tan claro.