1 de Septiembre, Jueves
Me levanté precipitadamente de la cama en cuanto los primeros rayos de sol
iluminaron la habitación. Era el primer día de un nuevo curso, un nuevo viaje
hacia Hogwarts dónde nos reencontraríamos con viejos amigos y dónde
aprenderíamos nuevos hechizos y pociones. Comenzábamos sexto curso, el
penúltimo, y los nervios me hacían dar vueltas por la casa sin parar, hasta que
conseguí que mis padres se levantasen y me ayudasen a terminar de hacer la
maleta. Las cosas importantes ya llevaban colocadas unos cuantos días, desde
que volvimos de los mundiales de Quidditch y encontré mis nuevos libros sobre
la cama, ya que mis padres me habían ahorrado un nuevo viaje al Callejón Diagon
para comprarlos, junto con recambios para mi kit de pociones, mucho más amplio
que el de años anteriores, y nuevas túnicas y uniformes, ya que los anteriores
se me habían ido quedando pequeños. Una vez todo estuvo listo, me acompañaron
hasta la estación utilizando la chimenea, que ese día podía conectar
directamente con el andén 9 y 3/4 en el que había que tomar el tren hasta el
colegio. Allí se despidieron calurosamente de mí y me desearon un feliz curso,
no sin advertirme, como todos los años, de que no me metiese en líos y
estudiase mucho, cosa que pensaba hacer, sobre todo, pensé para mis adentros,
lo que me interesaba.
Durante un buen rato miré a mi alrededor buscando a mis amigos, pero sólo vi a
un par de compañeras de habitación, a las que saludé y con las que crucé unas
pocas palabras, y algunos compañeros de curso de otras casas que, para variar,
evitaban todo lo posible cualquier contacto con un Slytherin, no fuera a ser
que les pegásemos una enfermedad o algo parecido. Era pronto aún, por eso no me
extrañé de que ninguno de los demás hubiera llegado todavía, así que abrí el
baúl y saqué un libro, sentándome sobre él para leer un rato mientras esperaba.
Cuando quise darme cuenta, habían pasado más de quince minutos y sentí como
alguien se paraba a mi lado. Me volví hacia él y vi a un chico alto, al que no
conocía, mirando por encima de mi hombro lo que estaba leyendo. Intenté cerrar
disimuladamente el libro, pero pareció darse cuenta y me miró sonriendo
mientras me ponía de pie.
- ¿Nos conocemos? - le pregunté, fijándome en que llevaba bordado en su túnica
el escudo de mi casa.
- No, aún no. Bueno, yo a tí sí, pero tú a mi no.
- Tú no estás en el dormitorio de Stebbins, ¿verdad? - le pregunté, recordando
la cara del chico de sexto que no era ni Stebbins, ni Peter, ni Keith, ni
Pronscuit. Smith, se llamaba. O eso creía.
- No, soy Wilkes. Encantado de conocerte - me dijo mientras me tendía la mano.
- Wilkes... pero tú no eres... - Se llamaba como el dueño del reproductor de
música que habíamos encontrado, el que había presidido las
"reuniones" del club al que habíamos estado asistiendo el año
anterior. Se parecía levemente, pero estaba segura de que no era él en
absoluto.
- No, tú, conociste a mi hermano mayor, que terminó séptimo este año. Yo lo
empiezo ahora, y me llamo William.
- Oh - fue lo único que pude contestar mientras respondía a su saludo. - Tu
hermano era muy... simpático. - Extraño más bien, pensé.
- Creo que eres la primera persona que lo ha definido así alguna vez - sonrió -
Bueno, he de subir al tren, tengo gente con la que hablar. Ya tendremos más
oportunidades de charlar.
- Si, claro. Hasta luego.
Le seguí con la mirada mientras se alejaba y se subía a uno de los primeros
vagones, donde iban los prefectos y los premios anuales. Por un momento me pregunté
si eso quería decir que tendríamos otro año un premio anual en Slytherin, pero
antes de que me pudiera dar tiempo a otra cosa, vi a Keith acercarse y
plantarse a mi lado arrastrando su baúl.
- ¿Qué tal estos últimos días de vacaciones? - me preguntó.
- Últimos. - le contesté.
- ¿Qué clase de respuesta es esa?
- No lo sé - me encogí de hombros - ¿Qué tal estás tú? Parecías algo enfadado
la última vez que nos vimos con el tema de Ally.
- Superado. Superadísmo. Tan superado que no sé ni de quién me estás hablando.
Yo sólo conozco a Sally. La novia de Peter. No conozco a nadie más que se llame
parecido.
- Hablando del Rey de Roma... - suspiré mientras veía como los tortolitos se
acercaban desde una de las chimeneas.
Peter trataba de llevar los trastos de Sally y los suyos a la vez, tratando de
ser más duro que nadie, pero se veía que le estaba costando a horrores. Keith
se acercó para intentar ayudarle, mientras Sally terminaba de llegar a mi lado.
Me saludó con una leve inclinación de cabeza y murmurando un hola que apenas se
oyó, mirando rápidamente para otro lado en cuanto lo dijo, y al cual yo
contesté audiblemente. Nos quedamos en silencio observando a los dos chicos
traer las cosas, y seguimos en silencio mientras se saludaban y se preguntaban que
tal. Tras unos minutos de escucharles, Sally decidió que ya era hora de ir
subiendo al tren, aunque aún no habíamos visto a Yashira, a Ally o a Stebbins.
- Stebbins va en el vagón de los prefectos - dijo Keith. - No sirve de nada que
esperemos por él. Ya aparecerá. Tienes todo un curso entero por delante para
dedicarte a contemplarlo.
- Tú lo que tienes es envidia - le contesté - de que no me pase el curso
contemplándote a tí.
- Ja, no necesito que me contemples tú. Este año habrá miles de chicas dispuestas
a morirse por mis huesos, como todos los años, claro. Pero esta vez les haré
felices haciéndoles caso. ¡Éste curso será mi curso! Será el curso de Keith, el
Casanova. Así es como me llamarán. Y mis historias serán legendarias,
recordadas durante años y años...
Nos comenzamos a alejar mientras él seguía hablando solo de los planes que
tenía, hasta que se dio cuenta y se puso a nuestro lado al trote. Subimos las
maletas y las colocamos en el descansillo entre trenes de donde más tarde las
recogerían y las llevarían a uno de los vagones de equipaje. Buscamos un
compartimento vacío, lo cual fue más difícil de lo que esperábamos ya que a lo
tonto se nos había hecho algo tarde. Cuando por fin lo encontramos, nos
sentamos y cada uno se dedicó un poco a lo suyo, hasta que Ally y Yashira
asomaron la cara por el cristal y abrieron la puerta al vernos.
- No os encontrábamos - dijo Yashira, dejándose caer en el asiento al lado de
Sally.
- Os llevamos buscando una eternidad. Podíais habernos esperado en el andén. -
dijo Ally. - Aunque creo que se nos hubiera hecho tarde, mirad, ya salimos.
El tren hizo sonar la sirena y se puso en marcha, traqueteando, en dirección al
norte.
Durante un rato, nadie dijo nada. Nos dedicábamos a mirar por la ventana o a
leer libros, incluso Yashira había traído una baraja de las que había usado ese
verano en los mundiales de Quidditch y jugaba sin usar magia. Intentó convencer
a alguien de que jugase con ella, pero ninguno parecía particularmente
interesado, así que terminó desistiendo y guardándosela en el bolsillo.
- ¿Qué asignaturas vais a hacer éste año? - preguntó Ally, de repente. - Yo
creo que voy a seguir con Herbología, Pociones, Encantamientos, Defensa...
- Bueno, creo que con esas vamos a continuar todos, ¿no? - le interrumpí.
- Yo no - dijo Keith. - Yo no tuve una S en Pociones, así que no puedo. Pero
las demás sí, incluyendo Transformaciones.
- ¿Sólo cuatro asignaturas? - le dijo Peter - Vaya año te vas a pegar.
- No, sólo no. Tendré que seguir con Estudios Muggles, pero esa no es nada
difícil. La optativa que abandono es Runas.
- Tú no tienes Runas - le dijo Ally. - Tú tienes Aritmancia, como yo. Hicimos
el TIMO juntos.
- Eso explica por qué la he suspendido. Había estudiado para Runas y cuando me
diste tus respuestas no me cuadraba nada, así que lo debí de colocar todo mal.
Bueno, tampoco es tan importante. No la cogeré y ya está.
- ¿Tú tienes Pociones, verdad? - le pregunté a Peter, todo lo amablemente que
pude.
- Si... al final... conseguí
- Bueno, entonces coincidiremos. ¿Y tú, Yashira, qué vas a hacer?
Seguimos hablando un buen rato de las asignaturas que tendríamos e intentamos
averiguar en cuales podríamos coincidir. Todo estaba siendo bastante tranquilo
hasta que Yashira, seguramente sin percatarse de que Keith estaba allí,
preguntó en voz alta:
- ¿Qué tal con Jean, Ally? ¿Qué habéis decidido hacer al final?
Vi como tanto Ally como Keith se ponían rectos en el asiento y cruzaban la
mirada durante un segundo.
- Sí, Ally. Cuéntanos como te va con tu novio. - le dijo él, con voz tranquila.
- Bueno, creo que es un tema privado. No deberíamos hablar de ello ahora...
- ¿Por qué no? Al parecer te pasaste las vacaciones alardeando de lo magnífico
que era el chico, ¿verdad? Pues cuéntanos como ha terminado esa fantástica
historia de amor.
- ¡No es de tu incumbencia! - le gritó Ally, levantándose.
- Claro, claro, a mí que más me da. Apareces con un noviete y se lo dices a
todo el mundo, pero a mí que más me da. Me lo podrías haber dicho, pero no lo
hiciste. Explícanos por qué. Dinos por qué no nos lo dijiste en su momento. -
Keith terminó la frase con el tono más elevado mientras Ally desaparecía por la
puerta del compartimento. - Ah, no, a mí no me vas a dejar con la palabra en la
boca. - dijo al aire mientras salía detrás de ella.
Los demás nos miramos durante unos instantes sin saber muy bien que decir,
hasta que Yashira habló:
- Vaya, lo siento mucho. No me acordaba de lo que había pasado, se me olvidó. -
dijo compungida.
- No te preocupes - le dijo Peter. - Las cosas habrían estallado antes o
después, así que en el fondo no importa tanto.
Todos seguimos en silencio durante un buen rato hasta que la conversación
volvió a surgir por otros derroteros completamente distintos. Intentaba hablar
con Peter como si siempre hubiéramos sido amigos, aunque aún no hasta el punto
en el que las cosas se habían empezado a torcer. Ese año me había propuesto que
todo volviera a estar bien, a que no discutiésemos durante todo el día y a
poder ser un grupo todos juntos, incluida Sally. Ellos parecían estar haciendo
un esfuerzo por no meterse con Stebbins, y Stebbins por su también estaba
poniendo de su parte, así que yo no podía ser menos. Mientras pensaba cual era
la próxima tontería que podía hacer, Keith y Ally volvieron por la puerta,
riendo. Nosotros les miramos, ellos nos miraron y se echaron a reír otra vez.
- Bueno, creo que ya hemos conseguido solucionar las cosas. - dijo Keith
- Sí, ya no tenéis que preocuparos más por nosotros. Las aguas han vuelto a su
cauce.
Y siguieron riendo por lo bajo. Tomé como nota preguntarles más tarde que era
lo que había pasado, aunque creía que todos podíamos imaginarnos un poco como
lo habían arreglado.
El resto del viaje transcurrió con normalidad. Algunos echamos una cabezada
durante un rato, otros prefirieron mirar por la ventana, leer, charlar...
Cuando ya estábamos cerca del colegio, decidimos cambiarnos, empujando primero
a los chicos fuera del compartimento. Alguien pareció querer entrar
accidentalmente mientras, pero habíamos tomado las precauciones necesarias y la
puerta estaba atrancada con el pestillo y con nuestras bolsas de mano contra la
puerta, aunque al salir los dos chicos parecían estar mirando para otro lado
como si no hubiera pasado nada.
Al fin en Hogwarts, tras montar en los carruajes que nos llevaban hasta allí,
sentados tras las largas mesas, pudo empezar la selección. Los nuevos alumnos
iban siendo elegidos e iban sentándose en los huecos que los alumnos mayores
les íbamos haciendo, mientras les saludábamos con efusividad y abucheábamos por
lo bajo a los de otras casas, entre risas y bromas de "Hufflepuff manirrotos",
"Ravenclaw empollones" y "Gryffindor chulos". Al terminar
la ubicación de los nuevos niños y tras comer todo lo que pudimos en la cena,
Dumbledore se levantó para darnos el tradicional discurso del primer día. Tras
unas breves palabras en las que nos recordaba que el Bosque Prohibido seguía
estando prohibido y que no deberíamos andar por los pasillos del castillo
cuando deberíamos estar en la cama, dijo que ese año nos esperaba una sorpresa
y que Hogwarts iba a tener un gran honor, pero antes de que pudiera continuar,
las puertas principales del Gran Comedor se abrieron y entró una persona un
tanto extraña. Un hombre mayor, cojeando, mal vestido y con un ojo de cristal
que no paraba de girar en todas direcciones, extrañamente azul. Se acercó
lentamente a la mesa de los profesores y se acomodó en una de las sillas.
Resultó ser, como nos dijo el Director, el nuevo profesor de Defensa contra las
Artes Oscuras, Alastor Moody, que había salido de su retiro especialmente para
darnos clase ese año. Tras la breve explicación, Dumbledore continuó con lo que
nos estaba contando, y al fin pudimos saber que ese año se celebraría el Torneo
de los Tres Magos en Hogwarts, pero que solamente los mayores de edad,
diecisiete años en adelante, podrían intentar inscribirse. Por lo bajo oí como
Keith decía "¡Vaya!, no es justo.", pero dudaba mucho de que en
realidad fuera presentarse aún pudiendo. También nos avisó de que los otros dos
colegios participantes, Durmstrang y Beauxbatongs enviarían una delegación de
alumnos junto con sus directores hacia finales de octubre, y que esperaba que
todos pusiésemos de nuestra parte para hacerles sentir bienvenidos.
- Ya creo que les haremos sentir bienvenidos. Bienvenidas, sobre todo - dijo
Keith, guiñándole un ojo a Peter, que se debatía entre chocarle la mano a Keith
o que Sally le chocase la cara con la suya.
- ¿Pero tú no tienes ahora una historia con Ally? - le dije
- No, no, no. Somos amigos. Y ya te he dicho que éste iba a ser mi año. Espero
que las chicas que vengan de Beuxbatongs sean tan bonitas como las francesas
que vimos éste año en el campeonato de Quidditch, eh, ¿Peter?
- Si, eran muy bonitas. - dijo rápidamente y en voz baja mientras Sally estaba
despistada mirando hacia otra parte.
Cuando terminamos de charlar y vimos que la gente se dirigía hacia sus salas
comunes, nosotros también nos dimos prisa en llegar. Nos despedimos hasta el
día siguiente y yo me puse el pijama y me metí en la cama lo más pronto que
pude, agotada del largo día.
- Estoy de vuelta - susurré al deslizarme entre las sábanas - Tengo la sensación
de que este será un gran curso.
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1 de Septiembre, Jueves
- Recuerda que el baúl está en la puerta - mi tía se abrochó el último botón de
su abrigo.
- Si
- Colócate bien esa corbata - dijo mientras guardaba su varita en el bolsillo
derecho de su abrigo.
- Si - contesté resignado. Desde que me había levantado había estado intentando
convencer a mi tía de que llevar corbata el primer día de clase era una
estupidez puesto que nos pasábamos el día metidos en un tren. Sin embargo nadie
le podía quitar la idea de que el primer día había que causar buena impresión
para empezar el curso con buen pie.
Los escalones rechinaban mientras mi tío descendía. Iba enfundado en una
gabardina azul claro que le llegaba hasta los tobillos la cual únicamente se
ponía en ocasiones muy puntuales y aunque en mi opinión era demasiado
llamativa, por decirlo de alguna manera, su rostro ganaba en seguridad cada vez
que la utilizaba.
- Recuerda ser puntual, no vaya a ser que pierdas el tren - mi tío agitó la
varita y un fino hilo blanquecino salio de su punta, envolviendo completamente
una pequeña figura de un búho que hace unas semanas había comprado para adornar
la entrada de casa. El hilo se desvaneció cuando ya la figura estuvo
completamente cubierta.
- Estar tranquilos, ya lo tengo todo preparado.
- Se bueno - mi tía se acercó y me dio un beso en la mejilla.
Salieron ambos de casa y se fueron en dirección al callejón Diagon. Durante el
verano la tienda de antigüedades comenzó a mostrar síntomas de preocupante
deterioro, en realidad nos dimos cuenta a mediados de Agosto cuando una leve
llovizna veraniega consiguió colarse dentro y empapar multitud de muebles y
pergaminos de los cuales no tuvimos más remedio que deshacernos. La semana
pasada mis tíos habían recibido una carta de Gringotts que aceptaba darles un
préstamo y hoy tenían que pasarse a confirmar el crédito.
Subí a mi habitación. A los pies de mi cama estaba mi baúl y sobre el reposaba
la jaula donde Molly dormitaba entre diversos trozos de tela pertenecientes a
ropa que mi tía decidió hacer jirones puesto que apenas se utilizaba. Aun
faltaba casi una hora para dirigirme al andén 9 y 3/4, tiempo suficiente para
tumbarme sobre la cama y disponer de un poco de tranquilidad. En seguida las
imágenes que habían estado los últimos días asaltándome volvieron a presentarse
en mi cabeza.
La intensa noche me cubría, frente a mí, rodeado por miles de tiendas de
campaña estaba el estadio de los mundiales de Quidditch. Sólo escuchaba el
sonido de mis pasos mientras caminaba, ni siquiera el viento se atrevía a mecer
las ramas de los árboles. Una tenue luz llamó mi atención moviéndose entre las
sombras, la seguí lentamente hasta que se detuvo al lado de una de las entradas
al estadio, me acerqué despacio para que fuese lo que fuese no se percatase de
mi presencia. Cuando estuve apenas unos metros pude distinguir a dos personas
que hablaban en voz muy baja, una de ellas llevaba la varita encendida mientras
la otra sujetaba la suya apuntando a uno y otro lado. Durante un momento la luz
me permitió distinguir los rostros de las dos personas.
- Sach, Peter - dije saliendo entre las sombras.
La varita de Sach emitió un destello y de ella salió una bola de luz. Me tiré
al suelo y la bola se estrello contra la pared dejando una marca negra en el
lugar del impacto.
- ¿Estas loca? - grité.
- Lo siento Keith - Sacharissa de acercó a mi y me tendió la mano - Me
sobresaltaste.
Peter se nos acercó iluminando el lugar.
- No habléis tan alto - susurró - Nos puede oír. Sacharissa volvió a otear el
horizonte como si buscase la salida de una cueva.
- ¿Quien nos va a oír? - bajé la voz al ver la preocupación en sus rostros.
Peter me miró, su cara estaba completamente pálida. La luz se reflejaba en sus
ojos. Abrió su boca pero no emitió ninguna palabra. Alzó lentamente el brazo
señalando tras mi espalda.
- Él - consiguió decir
Sacharissa se giró y chilló. Peter la sujetó por el brazo y empezaron a correr
en dirección contraria a la que hace solo unos segundos había señalado. Me
volví sobre mi mismo y observe a una figura acercándose, llevaba una túnica
completamente negra y una mascara plateada ocultaba su rostro.
- ¡Corre! - gritó Sacharissa alejándose.
Sin pensarlo le hice caso. Rápidamente Peter y Sacharissa desaparecieron de mi
vista. No sabía en que dirección me dirigía, simplemente quería alejarme de la
figura que cada vez estaba mas cerca. Esquivaba una tras otra las tiendas de
campaña que me cerraban el paso, las rodillas me dolían en giro, el frío cada
segundo que pasaba era más penetrante y no me dejaba respirar. No me atrevía a
mirar atrás, sabía que se acercaba, escuchaba su risa, profunda, tenebrosa,
estaba muy cerca.
Sentí una presión sobre mi hombro que me arrastró con fuerza, caí sin poder
oponer resistencia. Un brazo me inmovilizaba completamente mientras que una
mano me tapaba la boca.
- ¡Shhh!
La presión sobre mi cuerpo cedió aunque seguía sin poder moverme. Me encontraba
dentro de una de las tiendas. Por una pequeña abertura en la entrada pude a la
figura. El mortífago era corpulento y flotaba a un palmo del suelo. Paso por
delante de la tienda sin percatarse de mi presencia.
El brazo que me sujetaba temblaba.
- ¿Ya se ha ido? - escuchar una voz familiar me tranquilizó.
Ally me soltó.
- Se que viene a por mi - continuó sin darme tiempo a agradecerle que me
hubiese salvado.
Tenía los parpados enrojecidos y en sus mejillas aun se podía observar el
rastro de las lágrimas derramadas.
- No pasa nada, ya se fue - intenté tranquilizarla.
Ally me abrazó, tiritaba, sus manos estaban congeladas. Apoyo su cabeza en mi
hombro sollozando, repitiendo una y otra vez "Lo se, viene a por mi".
- No le dejaré - le susurré.
Ella me miró, tenía los labios quebrados por el frío. Me acerqué para besarla.
Ally gritó y alzó su varita.
El mortífago rió.
- Es la hora - dijo quitándose la mascara.
Busqué mi varita por el suelo de la tienda sin éxito. Alcé la vista hacia el
mortífago. Stebbins sonreía.
- Keith, es la hora - dijo apuntándome.
"Keith es la hora, Keith es la hora", el sonido de algo al romperse
me despertó sobresaltado. El sonido venía de la planta de abajo, bajé las
escaleras corriendo, la entrada del salón estaba llena de trozos de cristales,
sin duda procedentes del espejo que colgaba roto de la pared. Un pequeño búho
revoloteaba por el salón llevándose por delante todo lo que encontraba a su
paso.
- Keith es la hora, Keith es la hora - chillaba.
- Vale, vale, ya te oí - haciendo un montón con los cristales rotos.
Me agaché esquivando al búho, pero él no esquivo el jarrón que se encontró
segundos después y lo hizo añicos.
- Ya está bien - Subí las escaleras en busca de la jaula y el baúl.
Con ellos acuestas regresé al salón y utilicé un puñado de polvos flu para huir
de mi casa antes de que el búho asesino terminase con lo que quedaba de ella.
Al llegar a la estación 9 y 3/4 no sabía bien si había echo lo correcto o me
había metido en un caos mayor. Por las chimeneas públicas no dejaban de llegar
alumnos, el ruido ensordecedor de la gente junto con el chirriar de los trenes
me taladraba los tímpanos, moverse llevando a rastras un baúl y una jaula era
toda una hazaña tan increíble como que Molly siguiese durmiendo con todo el
jaleo.
Entre la multitud pude ver a Sacharissa apartada del resto, me acerqué a ella y
posé todo el equipaje a su lado. Apenas nos dio tiempo a intercambiar saludos
cuando vimos a Peter y Sally dirigiéndose hacia nosotros. Peter cargaba con el
equipaje de ambos, aunque era una estampa muy divertida decidí ayudarle no
fuese a hacerse daño antes siquiera de llegar a Hogwarts.
- ¿Que tal? ¿Te ayudo? - dije sujetando un maletín que se le escurría.
- Si, no veas como pesa - Peter me dio uno de los baúles.
Sally de acercó a saludar a Sacharissa.
- ¿Que se ha echo Sally este verano? - dije mirando hacia las chicas.
- ¿Que se ha echo de que? - Peter miró a Sally confundido.
- ¿No se lo notas? Está más bu... gua... ¿alta? - bromeé.
Peter frunció el ceño.
- Es broma, es broma - dije riéndome.
- ¿Que quieres decir que es fea? - me recriminó.
- No, que va, yo sólo... - quizás no debería haber tocado ese tema.
- ES broma, es broma - dijo él riendo.
Volvimos junto a Sally y Sacharissa. Antes de que pudiese terminar de contarles
mis planes para este año nos dirigimos hacia el tren, dejamos las maletas junto
a la del resto de alumnos y buscamos un compartimento libre. Por los pasillos
del vagón me empezaba a sentir mayor pues la mayor parte de los alumnos con los
que me cruzaba eran más pequeños que nosotros.
El tren se puso en marcha justo cuando Ally y Yashira entraron en el
compartimento. No había vuelto a hablar con Ally desde los mundiales de
Quidditch y me había propuesto olvidar la historia de su novio de verano. La
verdad es que me había estado convenciendo a mi mismo de que no tenía porque
sentirme mal.
Ally se sentó junto a Sacharissa, no pude evitar pensar en lo atractiva que me
resultaba, llevaba el pelo suelto ligeramente ondulado sobre los hombros, una
camisa blanca que resaltaba su cintura y una falda corta de cuadros negros y
blancos, como la que siempre quise que llevasen todas las alumnas de Hogwarts
por uniforme oficial.
La conversación durante el trayecto estaba siendo amena, hablamos sobre las
asignaturas que íbamos a tener este año, por fin me iba a librar de pociones y
descubrí porque había sacado tan mala nota en Aritmancia. Runas, Aritmancia,
para mi era todo igual de aburrido, sentí un poco de tristeza al darme cuenta
de que este año no compartiría ninguna clase con Ally. Aunque en ese instante
Yashira logró hacer desaparecer toda esa tristeza.
- ¿Qué tal con Jean, Ally? ¿Qué habéis decidido hacer al final? - preguntó
Yashira.
"Jean", escuchar su nombre hizo que me irguiese en el asiento y
mirase a Ally buscando respuestas. Intenté calmar todas las sensaciones y
pensamientos que pasaban por mi cabeza.
- Sí, Ally. Cuéntanos como te va con tu novio. - dije, con la mayor
tranquilidad que pude.
- Bueno, creo que es un tema privado. No deberíamos hablar de ello ahora... -
dijo apartando la vista.
"¿Como que no deberíamos hablar ahora?, ¿Entonces cuando?, ¿Quizás
tendremos que esperar al próximo verano? o quizás quiera hablar de ellos con
sus amigas" Sentía como la cabeza me iba a explotar, odiaba a el tal Jean,
quizás hacía demasiado que no me metía con Stebbins y necesitaba a alguien con
quien desahogarme.
- ¿Por qué no? Al parecer te pasaste las vacaciones alardeando de lo magnífico
que era el chico. ¿Verdad? - dije haciendo un gesto intentando imitarla. - Pues
cuéntanos como ha terminado esa fantástica historia de amor.
- ¡No es de tu incumbencia! - me gritó Ally, levantándose.
- Claro, claro, a mí que más me da. Apareces con un noviete y se lo dices a
todo el mundo, pero a mí que más me da. Me lo podrías haber dicho, pero no lo
hiciste. Explícanos por qué. Dinos por qué no nos lo dijiste en su momento. -
terminé la frase a gritos mientras Ally salía por la puerta.
Me levanté y salí tras ella.
- A mí no me vas a dejar con la palabra en la boca. - mascullé cerrando la
puerta.
La vi salir por la puerta del vagón. Esquivé a la señora que estaba vendiendo
golosinas en el compartimento de unos alumnos de segundo curso.
- Espera - dije intentando que parase de caminar, pero ni siquiera se giró.
La sangré me hervía. De cada compartimento asomaban cabezas a ver que es lo que
estaba ocurriendo.
Crucé al siguiente vagón y eché a correr hasta alcanzarla al final de él.
- ¿No quieres hablar ahora? - dije sujetándola por el hombro.
Ally se giró y me apartó de un empujón.
- A ti, no tengo nada que decirte - dijo - ¿Acaso tengo porque darte alguna
explicación?, ¿Crees que por besarnos tienes algún derecho?
- A mi ¿para que?, eso si, reírte de mi a las espaldas lo haces perfectamente.
- La cabeza de un chico de Slytherin apareció en la puerta del camarote
adyacente. - ¡Y tu que! ¿No tienes cosas mejores que hacer? - le dije al chico
que cerró la puerta antes de que terminase la frase.
- Eres un imbécil. ¿Que es lo que quieres saber? ¿Si él es más guapo que tu? Pues
si, lo es. - Ally se acercó amenazante, alzando cada vez un poco más la voz. -
¿Si besa mejor que tu? Pues si, besa mejor. - Di un pasó atrás hasta apoyarme
contra la ventana.
Ally estaba justo frente a mí. El rostro de Ally reflejaba lo enfadada que estaba.
- Yo seré un imbécil - dije señalándola - pero no me voy enrollando con todo lo
que se mueve. Eso solo tiene un nombre. - la frase quedo en el aire.
El gesto enfadado de Ally cambió completamente en un segundo, volvía a parecer
tranquila.
- Ahora entiendo - dijo bajando completamente el tono - porque Kate te dejo.
Se dio la vuelta y entró en el vagón contiguo. Me quedé parado sin saber que
hacer. No entendía como podía sentir tantas cosas diferentes en tan poco
tiempo, la culpabilidad era ahora la que me dominaba sin resistencia. Seguí a
Ally, el vagón estaba lleno de las maletas de todos los alumnos, amontonadas
unas encima de otras, formando estructuras que parecía imposible que no se
viniesen abajo. Ally estaba sentada sobre un baúl marrón tapándose la cara con
las manos.
- Veté - dijo cuando notó que me acercaba a ella.
- Lo siento - comencé a decir.
- Claro, primero lo dices y ahora lo sientes - respondió sin levantar la
cabeza.
Me arrodillé frente a ella y le cogí las manos apartándolas despacio de su
cara. Ally hizo un poco de fuerza para evitarlo pero cedió mirándome con los
ojos humedecidos.
- Lo siento de verás, sólo te dije todo eso porque estaba enfadado, porque
estaba celoso.
- Keith - la voz me resultó mucho más dulce que nunca - Tú y yo...
- Lo sé - no la dejé terminar. Sabía lo que quería decirme, sabía cual era la
frase que continuaba, la sabia de sobra y no la quería oír. ¿Me perdonas? - no
sabía como hacer para que olvidase todo lo que le había dicho.
- Claro - Ally sonrió tímidamente.
Le dí un beso en la mejilla. Sus ojos se clavaron en los míos. La besé.
- Vas a tener mejorar si quieres que vaya a tener tus besos en cuenta. - dijo
sonriendo.
Nos reímos. Nos besamos.
Un montón de baúles cayeron al suelo armando un gran estruendo. Permanecimos
pegados el uno al otro, en silencio, esperando por si alguien entraba en el
vagón, ocultos tras una columna de entre los cuales pude distinguir el de
Yashira e incluso el mío.
Ally se tumbó sobre mí. El perfume que tanto recordaba era mucho más fresco
ahora. Suspiré.
Cayó otro baúl al que ni siquiera prestamos atención. Las manos me temblaban,
no sabía que hacer con ellas, Ally las sujetó, ella me guiaba. Suspiró.
Oímos la puerta abrirse y nos quedamos congelados el uno mirando al otro.
Silencio. La puerta volvió a cerrarse.
Nos reímos. Nos besamos.
Al salir del vagón un montón de alumnos más jóvenes que nosotros nos miraron
con cara de extrañeza. Pero Ally me dio la mano y echamos a correr en dirección
a nuestro compartimento. Al entrar me senté junto a ella, todos se quedaron
extrañados al ver como había cambiado la situación pero nadie comentó nada,
habría tiempo suficiente durante todo el año para hablar.
Entramos todos juntos en el gran comedor.
- Bueno, mañana nos vemos - le dije a Ally.
- Si - contestó alegremente - ¿Amigos?
- Amigos - contesté.
La gran selección comenzó como cada año y como siempre los abucheos entre las
casas eran constantes, parecía que hasta Dumbledore lo veía normal. Lo
inesperado fue enterarnos de que este año tendría lugar en Hogwarts El Torneo
de los Tres Magos, y aunque tenía pinta de ser muy interesante ninguno de
nosotros podría participar por culpa de la limitación de edad. Eso si, había
buenas noticias, una delegación tanto de Durmstrang como de Beauxbatongs
vendrían a participar en el torneo, lo que quería decir que posiblemente
vendrían chicas y la buena fama de las francesas las precedía.
Peter y yo intercambiamos miradas. El año no podía empezar mejor.
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1 de Septiembre, Jueves
Caminaba
nervioso por el andén Nueve y Tres Cuartos, atento a las chimeneas públicas que
se habían habilitado ese día para el traslado de alumnos de todo el país hasta
el lugar, buscando a Sally con la mirada en cada una de ellas.
- ¿Esperas a algún amigo? Me gustaría conocer a alguno más, aparte de aquella
chica tan agradable que...
- En serio, mamá - La interrumpí, irritado -, no es necesario que me
acompañéis, podéis volver a casa.
Mi padre estaba trabajando, y mi madre parecía haberse levantado de tan buen
humor que había decidido acompañarme hasta el mismo andén de la estación. Si de
verdad mi madre quería que hiciese algún amigo más, acompañarme hasta el tren
con mi hermana no era la mejor estrategia. Aunque hubiese puesto la excusa de
que así Zoe podría prepararse para cuando ella empezase las clases al cabo de
un par de años. Y, por mi parte, las escasas muestras de afecto que mi familia
pudiera mostrarme ocasionalmente eran más que bienvenidas, pero no quería que
mi madre estuviera allí cuando apareciese la chica a la que estaba esperando, y
mucho menos si, por lo que yo sabía, era más que probable que mi madre
identificase a esa chica como mi prima.
"Prima sólo de nombre", pensé. "No hay lazos de sangre. Qué diablos,
ni de sangre ni de nombre, no es mi prima en absoluto, no es mi prima más de lo
que podría haberlo sido Sacharissa".
Vi aparecer a Sally en una de las chimeneas, cargada con sus numerosos paquetes
y bultos, su gata blanca caminando tranquilamente junto a ella, con aire
solemne. El aspecto de Gylla había mejorado muchísimo, y parecía una simple y
elegante gata de pelo largo y blanco como la nieve. Sally me buscó con la
mirada y comenzó a caminar hacia mí, pero se detuvo con aire receloso cuando
reparó en mi madre.
"Que mi madre no se fije en ella", pensé.
- ¿Esperabas a esa chica? - Dijo de repente, a mis espaldas.
"Mierda".
- Gracias por la compañía - Dije mientras me giraba hacia ella, sin responder
-. Ya están aquí mis compañeros de clase, así que podéis iros...
Miré alternativamente a mi madre y a mi hermana, y a continuación cogí a Zoe de
un brazo y tiré de ella hacia la chimenea más cercana. Ella dio un tirón y se
soltó, mirándome con los ojos entornados.
- Me suena de algo... - Dijo mi madre -. Pero me gustaba más la otra chica,
mira a esta, va tan poco arreglada...
- Es amiga de Sacharissa, mamá - Dije, mientras decidía probar a tirar del
brazo de mi madre hacia la chimenea. "Sí, siempre que consideremos una
definición lo suficientemente amplia de la palabra amiga".
- No termina de gustarme - Siguió diciendo mi madre mientras finalmente se
dirigía a la chimenea -. ¿Qué es, una Ravenclaw?
- Es una Slytherin, mamá.
- Una Slytherin - Repitió ella, volviendo a lanzarle una mirada -. Bueno... ¿Y
por qué esas pintas?
¿Qué por qué esas pintas? Sally era pobre. Mi madre debería entenderlo, ya que
mi padre siempre se estaba quejando de la escasez de dinero. Claro que, en lo
que respectaba a disimularlo, mi madre hacía maravillas.
- Habrá venido con prisas, mamá, te aseguro que con la camisa y la falda del
colegio gana mucho...
- ¿Ah, sí? - Dijo mi madre, mirándome con media sonrisa en la cara.
- Eh... - Me sonrojé - ¡Y yo qué sé! ¡Ya os escribiré, adiós!
Prácticamente las empujé a ambas dentro de la chimenea, mientras mi madre
seguía mirándome con su media sonrisa, y mi hermana se mostraba tan ajena a
todo como siempre. Al cabo de un instante las vi desaparecer.
Suspiré, y volví junto a mi equipaje, al tiempo que Sally llegaba hasta él
también.
- ¿Qué era eso? - Dijo, por todo saludo.
- ¿El qué? - Dije -. Si te refieres a la de los labios oscuros que al mirarte
probablemente te hiciese sentir como la punta de dos cuchillos recorriéndote
suavemente la cara, era mi madre. Y si te refieres a la niña pequeña que parecía
como si estuviese poseída por algún demonio, pero el demonio hubiese olvidado
dónde la ha dejado, esa criaturilla era mi hermana.
- ¿Por qué estaban aquí? - Resopló Sally.
- ¿Y yo qué sé? - Dije, encogiéndome de hombros -. Quizá mi madre tuviera miedo
de que me perdiera en la intrincada red de chimeneas de la zona, o algo -
Observé la inquietud en su cara -. No te preocupes, no te ha reconocido, o eso
creo.
- No dejaba de mirarme - Dijo ella, con el ceño fruncido.
- Es por tu ropa - Dije -. Opina que deberías vestir mejor.
Observé el aspecto de Sally. Vestía una vieja camiseta descolorida de color
rosa pálido, con algún tipo de inscripción borrada en el pecho, y unos
pantalones vaqueros que parecían bastante gastados. Gylla maulló en ese
momento, y Sally me dio la espalda un instante mientras se inclinaba para
cogerla en brazos. Observé lo mucho que se le apretaban los pantalones en ese
momento.
- Yo no tengo problemas con tu ropa, por supuesto - Añadí.
- Los pantalones me quedan un poco pequeños - Dijo Sally, volviéndose hacia mí.
Observé que parecía avergonzada. Lo cierto era que la camiseta también parecía
quedarle demasiado justa, y remarcaba demasiado su estilizada figura.
- Te he echado de menos - Dije.
- Sólo han sido un par de días - Dijo ella, encogiéndose de hombros.
Aún así se acercó y se puso de puntillas para besarme. Gylla maulló al sentirse
aprisionada entre nosotros, y saltó al suelo, para situarse junto a Esk. Era
curioso ver a las dos gatas juntas. Gylla, perfectamente peinada y aseada pese
a su largo pelo, parecía capaz de llegar a Hogwarts por sí misma si tan sólo
alguien le diera un mapa, y esperaría pacientemente por Sally mientras ella no
siguiese el camino. Esk, en cambio, se las apañaba para mantener siempre su
corto pelaje negro en un constante estado de "desmarañamiento" total,
y al descubrir que pretendía sacarla de casa por la mañana había armado tal
alboroto que había tenido que transportarla metida dentro de una jaula de
pájaro. Ahora las dos gatas se observaban con curiosidad, mientras a Esk se le
erizaba el lomo tras los barrotes. Claro que quizá sólo estuviera despeinada.
Le ofrecí ayuda a Sally para llevar sus cosas y, como siempre, cogí más de lo
que podía cargar. Sally había obtenido tan poca ayuda a lo largo de su vida que
no le iba a decir que no a nadie a estas alturas, así que simplemente me
observó con curiosidad mientras prácticamente hacía malabarismos con su
equipaje y el mío. No me cabía duda de que, si dejaba algo en el suelo, ella lo
llevaría, pero simplemente no quería hacerlo. Tomé aire y nos dirigimos hacia
el tren.
Vimos a Sach y a Keith en el andén, y éste último me ayudó a cargar con parte
del equipaje hasta donde se encontraba Sacharissa. Entre todos reuníamos una
cantidad bastante grande de bultos y maletas, menos mal que sólo teníamos que
llevarlas hasta el tren. Tras charlar un poco y escuchar los planes de Keith
para el curso, o mejor dicho, para las chicas del curso, nos desentendimos de
nuestras pertenencias y las dejamos en el lugar correspondiente para que las
recogieran. Este año llevaba, entre mis demás libros, los diarios de mi tío, a
pesar de que los correspondientes a este curso y al siguiente estuvieran en
blanco. Me preguntaba si no me arrepentiría de cargar con ellos. Siempre podía
negarme a prestarles atención, ¿no? No, probablemente no. Si fuera así los
habría dejado en casa.
Poco después de sentarnos en un compartimento vacío, Ally y Yashira nos
encontraron. Miré a Keith de reojo, aunque no parecía importarle demasiado. Era
lo mejor. Poco después de que el tren se pusiera en marcha, comencé a
adormecerme, hasta que Ally preguntó a los demás sobre las asignaturas que
tendríamos este año, y comenzamos a hablar sobre el tema. Sach me preguntó
sobre Pociones, lo cual me sorprendió. Me pareció notar un pequeño esfuerzo en
su tono de voz, pero aún así lo que contaba era su esfuerzo por ser amable
conmigo, así que traté de contestar lo más tranquilamente posible. Si todos
pudiéramos llevarnos bien, sería lo mejor.
Como estaba previsto, Keith no podría acudir a Pociones este año, así que
coincidiríamos en ella Sally, Sach y yo. Esperaba que eso no causara ningún
problema, aunque por otro lado también estaba Stebbins. Si él iba a Pociones,
entonces era más que probable que Sach se sentase con él, y en cualquier caso
Stebbins también parecía estar de buenas con nosotros últimamente, así que
quizá no tuviera de que preocuparme.
De todas formas, si esa iba a ser mi mayor preocupación durante ese curso, me
daría por satisfecho.
Todo iba bien, hasta que Yashira le preguntó a Ally por su novio de verano. Me
puse tenso en el asiento y le dirigí una mirada rápida a Sally, que me devolvió
la mirada sin saber qué pasaba. Claro, a ella no le había contado nada. Miré a
Sach, que miraba a Yashira con gesto acusador. A continuación la conversación
se fue alterando, hasta que Ally abandonó el compartimento tras pedirle Keith
explicaciones de lo hecho en verano, corriendo este último tras ella para que
no le dejara con la palabra en la boca.
Todos nos miramos, sin saber cómo reaccionar. Finalmente Yashira asumió su
responsabilidad, avergonzada.
- No te preocupes - Le dije -. Las cosas habrían estallado antes o después, así
que en el fondo no importa tanto.
No era del todo cierto, sentía que ella debería haberse estado callada... Pero
por otro lado era el tipo de metedura de pata que yo cometería sin dudarlo, así
que en cierto modo sentía que debía quitarle importancia.
Permanecimos incómodos un buen rato, hasta que poco a poco la conversación
volvió a ponerse en marcha. Sach hablaba conmigo como si todo estuviera
olvidado, y trataba de incluir a Sally en la conversación, mientras que yo
también me esforzaba por responder con naturalidad, e incluso Sally aportaba
algo de vez en cuando; pero aún así parecía costarnos volver a hablar como
antes. De todas formas, era un comienzo prometedor.
Sally se había quedado dormida sobre mi hombro cuando se abrió la puerta del
compartimento. Keith y Ally entraron riéndose, como si nada hubiera pasado, y
nos dijeron que ya estaba todo arreglado. Nos miramos entre nosotros sin
comprender qué podía haber pasado para que volvieran tan contentos, aunque
obviamente tampoco pusimos pegas.
El resto del viaje transcurrió sin incidentes, y poco antes de llegar a nuestro
destino las chicas decidieron cambiarse para ponerse los uniformes, que todos
llevábamos en el equipaje de mano. Keith y yo esperamos en el pasillo mientras
las chicas se cambiaban. Me disponía a preguntarle por el asunto de Ally,
cuando Keith abrió la boca e hizo que me olvidara de ello.
- ¿Te das cuenta de que en unos segundos probablemente estarán las cuatro en
ropa interior? - Dijo, acercándose a la puerta.
- Podrían haber elegido un compartimento de los que tienen cristal en la puerta
- Bromeé, tratando de imaginarme la escena, mientras me acercaba.
- Disculpen - Dijo una voz tímida a nuestras espaldas. Nos giramos y nos
encontramos con dos niños, seguramente de primer año, que nos miraban con
cierto temor.
- ¿Qué pasa? - Dijo Keith.
- ¿Han visto el carrito de las golosinas? - Dijo el que había hablado -.
Queríamos comprar las últimas, y nos han dicho que ha venido hacia aquí...
Keith y yo nos miramos, sonriendo.
- Está aquí dentro - Dijo Keith.
- En este compartimento - Añadí, señalando a la puerta.
- Abrid la puerta y ahí tendréis las golosinas - Terminó Keith, haciendo que me
diera la risa.
El niño nos miró con desconfianza y se acercó a la puerta. Extendió el brazo y
cogió el pomo, pero la puerta no se abrió. Las chicas habrían echado el
pestillo. ¿Tanto desconfiaban de nosotros? Los niños nos miraron
interrogativos, y nos encogimos de hombros.
- Vaya - Dije -. Parece que nos quedamos todos sin dulces.
- Es una pena - Dijo Keith -. Me apetecían unos polvos pica-pica.
Rompí a reirá.
- Sí, y a mí unas fresas de gominola - Dije entre risas.
- ¿Unas fresas de...? - Keith empezó a reírse más alto -. Tío, ni siquiera sé
de qué estás hablando.
Seguimos riéndonos mientras los niños daban media vuelta por el pasillo,
desesperanzados.
La cena de bienvenida fue similar a la de todos los años, con la excepción de
la interrupción repentina por parte del nuevo profesor de Defensa Contra Las
Artes Oscuras, que irrumpió en el Gran Comedor de repente, con un aspecto
bastante desastrado, y una especie de ojo saltón de cristal que no dejaba de
girar por sí mismo. "genial", pensé, "más ojos saltones".
¿Cuándo íbamos a poder tener un profesor para la asignatura relativamente
normal? Poco después el profesor Dumbledore anunció que este año se celebraría
en Hogwarts el Torneo de los Tres Magos. Ninguno de nosotros podía apuntarse
para participar, así que tampoco le di mucha importancia, aunque lo cierto es
que podría ser divertido ver a los concursantes competir. A continuación nos
avisó de que a finales de Octubre llegarían dos delegaciones de alumnos con sus
profesores. Una de Durmstrang y otra de Beauxbatongs, para participar en el
torneo.
No dije nada en alto, pero le lancé una mirada a Keith. Las chicas francesas
que habíamos podido ver en los mundiales eran bastante... Destacables, por
decir algo. Si las que llegaban de Beauxbatongs eran como ellas, sería una
visita interesante.
- ¿En qué piensas? - Me dijo Sally, al verme fijar mi mirada en el infinito.
- Ah, en nada - Dije, tratando de olvidar el tema, mientras Keith lanzaba
promesas al aire de que las francesas deberían irse preparando.
La habitación olía a frescor y a sábanas limpias. Sin duda la habían ventilado
horas antes de que llegásemos al castillo, lo cual era de agradecer. La
chimenea de la sala común también estaba encendida cuando llegamos, y al ver de
nuevo mi cama sentí una cálida sensación de bienvenida.
Me senté en el colchón, dejé a Esk salir de su reclusión, y comencé a abrir mis
maletas.
- ¿Pero qué...? - Dije tras abrir mi paquete de material escolar -. Mierda...
- ¿Qué pasa? - Dijo Keith, mientras ordenaba su ropa.
- Mis frascos de tinta - Dije, sacando lo que quedaba de ellos del paquete -.
Compré un montón, para estar preparado para pérdidas y roturas, pero parece que
se llevó algún golpe en el tren, y se han roto todos - El embalaje, así como
todo su contenido, estaba cubierto por tinta medio seca, y su interior lleno de
trozos de cristal -. ¡Quien sea el encargado del vagón del equipaje debería
tener más cuidado!
Keith observó el desastre de los frascos, indeciso.
- No, no creo que sirva de mucho un Reparo, a estas alturas...
Suspiré.
- Bueno... - Dijo Keith -. No te preocupes, puedes usar alguno de los míos.
- No, no, no hace falta, gracias - Dije -. Creo que tengo algún otro.
En realidad tenía un frasco de tinta más. Uno de los que Sacharissa me había
regalado el pasado invierno, verde oscuro brillante. Lo había llevado, no tenía
muy claro por qué, en su funda de madera, junto a mis libros y demás material.
Claro que, por otro lado, no era demasiado apropiado para usarlo en clase...
Resoplé, de mal humor.
- Eh... Peter - Dijo Keith, de repente, sentándose a mi lado en el colchón -.
Tengo que decirte algo.
- ¿Qué? ¿Has sido tú? - Dije, alzando los frascos rotos hacia él. Los miró
receloso.
- No, no... - Dijo, inseguro. Dejé los frascos en el suelo, envueltos en una
esquina -. Pero sí es sobre el vagón del equipaje.
- ¿Qué lo gestionan trolls? - Bufé -. No es ninguna sorpresa.
- ¡Olvida lo de los frascos!
- ¿Pero cómo voy a...? - Dije, alterado -. Diez, ¡diez frascos de tinta! ¡Cualquiera
diría que eran suficientes! Y ni un día me...
- ¡Ally y yo en el vagón del equipaje! - Me interrumpió Keith. Me quedé callado
y le miré, suspicaz.
- ¿Ally y tú en el vagón del equipaje qué? - Dije. Keith no contestó, sólo
apretó los labios y alzo las cejas, moviendo la barbilla como para alentarme -.
¿En serio? - Exclamé, tratando de no alzar la voz -. ¿Ally y tú en el vagón del
equipaje? ¿Juntos?
Keith frunció el ceño y sacudió la cabeza.
- ¡Pues claro que juntos! - Dijo.
- ¿Pero de que estamos hablando aquí exactamente? - Dije, sonriendo -. ¿De Ally
y tú en el vagón del equipaje, mua, mua, mua? O... - Alcé las cejas y recalqué
cada palabra -. ¿De Ally y tú en el vagón del equipaje, tú ya me entiendes?
- De... De las dos cosas, supongo - Dijo él.
- Increíble - Dije - ¿Pero entonces...? ¿Cómo ha sido?
Keith me contó a grandes rasgos lo que había pasado entre él y Ally en el tren.
Escuché con atención, y cuando terminó el relato Stebbins entró en la
habitación.
- ¿Aún así? - Dijo, ordenando sus toallas -. Venga, id al baño y terminad de
una vez, no quiero tener que esperar a que volváis de lavaros los dientes para
poder dormirme.
- Sí, señor - Musitó Keith, mientras salíamos del dormitorio con nuestros
útiles de aseo.
- A él si que le hace falta que alguien le lleve al vagón del equipaje - Bromeé
-. Keith, tú ya sabes bien el camino, ¿no?
Keith rió y me empujó, casi haciéndome caer por las escaleras hasta la sala
común. Seguimos bromeando y hablando sobre el tema hasta que volvimos a la
habitación. El curso empezaba fuerte.
Me senté en mi cama, con las cortinas selladas, e iluminé mi varita para ver
mejor. Había dejado la bolsa con mis libros junto a la almohada, así que la
abrí y saqué la pequeña caja de madera donde se encontraba el frasco de tinta
que Sach me había regalado. No quería gastarlo, y menos en apuntes de clase,
pero ¿qué otra cosa iba a hacer? Eso sí, al menos tendría que usar otra tinta
para los trabajos de clase, no creía que el profesor Snape fuera a ver con
buenos ojos que le entregase un pergamino escrito con tinta de color verde
brillante, por poner un ejemplo.
Mientras volvía a guardar el frasco en su sitio, vi de reojo los diarios de mi
tío en la bolsa. Estaba cansado, y no tenía ganas de ponerme a leer ninguno de
ellos, pero aún así eché mano del de sexto curso.
Tomé aire, y lo abrí. La primera página estaba en blanco. Pasé una página, y...
- ¡Lo sabía! - Murmuré, emocionado. La primera página había dejado de estar en
blanco, y en su lugar mostraba la misma intrincada letra que los demás diarios,
la de mi tío Horacio. Leí en silencio las primeras líneas.
"Hoy ha sido la cena de bienvenida, y la selección anual para los nuevos
alumnos. Empieza otro curso más, espero que más tranquilo que el anterior. No
sé por qué sigo escribiendo estos diarios, y no tengo muchas ganas de escribir
hoy. Además apenas he podido hablar con Rosanna, y no la he visto en el tren,
así que tampoco hay nada importante que contar. De todas formas allá voy."
Seguí leyendo por encima, sin prestar demasiada atención. Verdaderamente no
había nada interesante, de hecho su día parecía bastante más aburrido que el
mío. Sólo algunas referencias a mi padre y a algún otro Starkey que al parecer
iba a clase a la vez. Era raro que yo no tuviera ningún primo, teniendo en cuenta
lo grande que parecía haber sido la familia Starkey. Porque, desde luego, Sally
no era mi prima.
Pero nada más. Y, al terminar el primer día, el resto de las páginas volvían a
estar en blanco.
"Ah, Sally", pensé, bostezando. "Sí, mañana se lo enseñaré, quizá
le interese más que a mí saber de esto."
Apagué mi varita y me tumbé en la cama, con el diario de mi tío a mi lado.
Cerré los ojos, y traté de dormirme.
"Un momento", pensé, volviendo a abrirlos. "¿En el vagón de
equipajes?"
Fruncí el ceño, pensando en mis frascos rotos. Al día siguiente alguien
sufriría un extenso interrogatorio acerca de "sobre qué baúl os apoyasteis"
y "qué paquetes empujasteis".
5 de
Septiembre, Lunes
La nueva semana se presentaba interesante. Ya habíamos dejado atrás las
presentaciones y explicaciones de las asignaturas en las que, afortunadamente,
éramos menos. Excepto en encantamientos, y defensa contra las artes oscuras,
que solía escoger todo el mundo, las demás perdían alumnos a un ratio alarmante
en los dos últimos cursos, sobre todo las más difíciles como pociones o
transformaciones.
El primer día que habíamos tenido defensa había sido muy interesante. El nuevo
profesor parecía un poco loco, todo el tiempo diciéndonos que estuviéramos
alerta y tuviéramos cuidado, pero le gustaba enseñarnos toda clase de hechizos
y maldiciones que no podríamos conocer de otra manera. Nos explicó el tema de
las maldiciones imperdonables y nos mostró como funcionaban sobre una araña. A
mí me dio bastante asco, pero estoy segura de que Peter sólo podía pensar en
"pobre araña" y Keith en que habría ese día para comer.
El sábado anterior conseguimos reunirnos todos, incluidas Ally y Yashira, en el
campo de Quidditch para aprovechar el sol que todavía hacía. Nosotras nos
tumbamos en la hierba con la cara hacia el cielo, como si fuéramos girasoles,
piernas extendidas y camisas de manga corta, mientras los chicos decidían que
esa postura no era adecuada para ellos y que sería mejor sentarse con las
piernas cruzadas sobre la túnica.
- Es una pena que este año no vaya a haber Quidditch - dijo Ally - me hubiera
gustado volver a ver a Diggory en acción. Y me gustaban también los
entrenamientos, aunque nunca terminaba jugando. - hizo una pequeña pausa - Creo
que el año pasado fue el último año de jugar para mí. Me hubiera gustado que me
hubieran avisado, lo hubiera disfrutado más.
- ¿Por qué lo vas a dejar? - le preguntó Yashira - Mucha gente en séptimo sigue
en el equipo.
- Es demasiado estresante, demasiado tiempo. Ya me costó repartirme entre el
estudio y el juego el año pasado con los Timo, no quiero imaginar que pasará
cuando tenga que preparar los Éxtasis.
- Buf, no me lo recuerdes - suspiró Keith - me alegra que este año vaya a ser
más relajado. O eso espero.
- Supongo que sí - le contesté - al fin y al cabo, tú tienes... no sé, cómo...
¿dos asignaturas? ¿crees que podrás con tanto? Si ves que necesitas ayuda en
tremenda hazaña, pídela, no te cortes.
- Cállate, - me dijo - tengo cinco, y son suficientes. Yo no aspiro a tener una
colección de asignaturas como la tuya. Deja que pasen tres meses y llorarás por
haber escogido demasiadas.
- Sólo porque tú no puedas hacerlo no significa que los demás tampoco.
- ¿Cómo creéis que será esto del torneo de los tres magos? - preguntó Peter en
voz alta, mientras Keith y yo seguíamos haciéndonos gestos estúpidos hasta que
nos reímos.
- No lo sé - le contestó Stebbins, mientras todos le mirábamos. No era usual
que contestase a una pregunta que no iba dirigida a él específicamente, y menos
si venía de parte de Peter. - Sólo sé que se han tomado medidas especiales para
que esta vez no muera nadie. No es usual, pero quién sabe. Las pruebas pueden
llegar a ser muy peligrosas.
- ¿Cuántas pruebas son? - le pregunté.
- Casi siempre han sido tres, pero no sé si seguirán la costumbre éste año.
También hay tres campeones, uno por colegio, pero no tengo ni idea de como les
escogerán. Creo que está relacionado con un cáliz, pero eso es todo.
Seguimos hablando durante un buen rato sobre cosas relacionadas con las clases,
hasta que el día empezó a decaer y comenzó a hacer frío. Nos pusimos nuestras
túnicas y volvimos al colegio en silencio, viendo la puesta de sol. Nos
despedimos en la puerta del gran comedor mientras cada uno se encaminaba hacia
su mesa. Yo me senté entre Keith y Stebbins y comenté con este último lo raro
que era que entre tantos Slytherins hubiera dos personas de casas distintas,
una de ellas de Gryffindor, nada menos.
- En realidad - me dijo tras dar un sorbo a su zumo de calabaza - no debería
ser tan extraño. Al fin y al cabo, todos somos magos y deberíamos permanecer
unidos. No te creas que las cosas han sido siempre así, hace muchos años, antes
de que apareciese quién-tu-ya-sabes, todas las casas estaban mucho más unidas,
excepto quizás cuando se fundó. Slytherin vivió hace unos cuatrocientos años
más o menos, y el hecho de que no se llevase muy bien con las otras casas por
sus ideas no debería dejar que eso nos afecte ahora.
- ¿Siempre seremos los odiados de Hogwarts, de la comunidad mágica en general?
- le pregunté
- Probablemente sí. Ya sabes que la gente tiene muchos prejuicios, y eso no lo
podemos evitar, pero ya ves, cada vez nos mezclamos más y eso es bueno.
- Pensé que tu eras más de los de, ya sabes, pureza de sangre y todo eso.
Me miró y se encogió de hombros.
- Un mago siempre es un mago.
Terminamos la cena en silencio y nos dirigimos a nuestras salas comunes. Subí a
mi habitación para buscar uno de los libros de pociones para ir adelantando
algo de materia para el día siguiente y me senté en uno de los sofás más
alejados del bullicio cuando Stebbins volvió a acercarse a mí.
- Creí que tenías deberes - le dije, haciéndole un hueco para que se sentase. -
Si no ya te hubiera molestado yo.
Le guiñé un ojo y sonreí.
- Quería darte algo.
Le miré sin comprender. No era ningún tipo de aniversario, ni nada parecido,
¿verdad? ¿O quizás me estaba olvidando de algo? A veces me despistaba, pero no
creía que se me hubiera olvidado algo tan importante que requiriese regalo.
- ¿Sí? - pregunté dudosa.
Levantó su puño derecho, cerrado, esperando a que extendiera la mano. Cuando lo
hice, depositó en ella un pequeño objeto plateado, con forma de serpiente,
sujetando una esmeralda en su boca.
- Oh - le dije. Es un colgante muy bonito, pero es tuyo, ¿verdad?
- Sí, pero ahora te lo regalo. Quiero que lo tengas tú.
Se inclinó hacia mí y me besó, haciendo que me olvidase de todo lo que
estuviera relacionado con pociones o con las clases durante un buen rato, hasta
que finalmente nos fuimos a dormir. Posé el colgante sobre la mesita al lado de
mi cama, pensando en que había visto algo parecido en alguna parte, pero sin
conseguir recordar dónde, hasta que me dormí.
8 de
Septiembre, Jueves
Los primeros días después de las vacaciones siempre eran los más duros,
consistían en volver a recuperar cada una de las rutinas que habíamos olvidado
en apenas unos meses. Desayunar, comer, cenar, siempre a la misma hora,
puntuales como un reloj. Interminables clases donde había que concentrar todo
nuestro esfuerzo en mantener la atención con el fin de parecer mínimamente
interesados en las materias. Gritos, risas, lloros entre cada clase, momentos
durante los que el tiempo decidía esprintar. Aunque sin lugar a dudas, la peor
de todas no era otra que madrugar, aun habiendo trabajado en la tienda de mi
tío durante el verano, teniendo que levantarme varios días cuando el sol aun
seguía desaparecido, las ojeras en mi cara demostraban que todavía necesitaba
acostúmbrame a los nuevos horarios.
Tumbado sobre mi cama, sujetaba con fuerza la sábana evitando que los tirones,
cada vez más fuertes, me la quitasen.
- ¡Vamos perezoso! - un nuevo tirón al tiempo que aflojaba la tela produjeron
un estruendo en la habitación.
Abrí un ojo con dificultad, contuve la risa sabiendo lo que iba a encontrarme.
En el suelo se encontraba Peter, el trozo de sábana que había conseguido
quitarme estaba enredado en sus piernas impidiéndole levantarse.
- ¡Parker! a ver si dejas de tirar la porquería al suelo. - Stebbins miraba a
Peter desde la puerta y salió sonriendo de la habitación.
Últimamente Stebbins mostraba un comportamiento extraño hacía nosotros,
empleaba un tono muy distinto al hostil y burlón de años anteriores, incluso se
podría decir que era agradable.
Me levanté y cogí de un extremo la sábana que estaba en el suelo, tiré de él,
arrastrando también a Peter que aun no había conseguido zafarse del nudo que
aprisionaba sus piernas.
- Bueno tendré que sacar la basura - dije abriendo la puerta.
- Eso tu riele las gracias a ese... - Peter protestó murmurando diferentes
descripciones de Stebbins no muy desencaminadas de la realidad.
Ayudé a Peter a levantarse y recogimos la habitación con la mayor velocidad que
pudimos.
- Espero que hoy al menos tenga alguna tostada - comenté mientras bajamos
corriendo las escaleras que conducían a la sala común.
- O por lo menos un vaso con zumo - contestó Peter.
Como de costumbre a esas horas de la mañana la sala común estaba totalmente
vacía, la cruzamos en un suspiro en dirección al gran comedor. A medida nos
acercábamos, el número de alumnos por los pasillos en dirección a las aulas iba
en aumento. Cuando por fin entramos sólo los grupos más rezagados seguían
desayunando. En la mesa de Slytherin estaban Sacharissa y Stebbins hablando,
sus tazas estaban vacías, frente a ellos se encontraba Sally terminado el
último trozo de una pasta de melocotón. Nos sentamos a su lado y buscamos entre
los restos de comida que había sobre la mesa algo que mereciese la pena
llevarse a la boca.
- Otra vez tarde - dijo Sacharissa - como sigáis así no os va a quedar ni los
restos.
- Toma, te he guardado un poco - Sally le acercó a Peter un plato con una
tostada, dos magdalenas y un bol de cereales.
- Muchas gracias - respondió dándole un beso.
Acerqué disimuladamente la mano a la tostada de Peter pero un gesto amenazante
de su tenedor me hizo retroceder y conformarme con una de las quemadas que
quedaban sobre la mesa. Apenas tuvimos tiempo para dar un par de bocados al
espectacular desayuno cuando la comida sobre la mesa empezó a desaparecer
indicando que era la hora de ir a clase.
La diferencia entre Sexto y Quinto curso se veía claramente en el tamaño de los
libros, los de este año eran el doble de anchos que los del anterior, con el
tamaño de letra mucho más pequeña de lo habitual y con constantes ejemplos
reales sobre los temas tratados. A pesar de ello cada uno de los profesores no
dejaban de recordarnos una y otra vez que este año debíamos atender en cada
clase, pues nosotros habíamos elegido asistir a ellas. Aunque mi mayor
preocupación en aquel momento era pensar que hacer con la cantidad de horas
libres que tendría ese año, no estaba muy seguro si, pasármelas tumbado tomando
el sol o hacer un poco de ejercicio por los campos del colegio, afectaría de
forma favorable a mi futuro profesional.
Durante la mayoría de las clases en las que coincidía con Peter y Sacharissa me
sentaba junto a Peter y Sally como el último año, Sally parecía que con el paso
del tiempo había ganado en confianza y de vez en cuando se unía a nuestras
conversaciones e incluso bromeaba. Sólo en transformaciones cambiaba de sitio
para ponerme junto a Ally ya que era la única clase que compartíamos con
Hufflepuff, y aunque llevábamos años siendo amigos, muchos de mis compañeros
Slytherin me lanzaban acusadoras miradas siempre que les daba la ocasión.
- Creo que Vince te quiere decir algo - Ally me indicó la zona donde Vince
estaba sentada con un movimiento de cabeza.
Vince nos observaba con el ceño fruncido desde la mesa de al lado, cuando
cruzamos las miradas se giró para comentarle algo al oído a su compañera.
- No te preocupes, será que le gusto - contesté esperando ver si Vince volvía a
mirarnos.
- ¿Gustarle tu? - Ally esbozó una delicada sonrisa - No creo, es más posible
que le guste yo.
Reímos.
- Ally - hice una pausa intentando parecer interesante y usando un tono mucho
más grave - cualquiera de estas chicas daría lo que fuera por estar sentada a
mi lado.
Pasé mi mano bajo la mesa y la posé sobre su pierna. Ally me abrió los ojos,
miró alrededor, y cuando comprobó que nadie nos prestaba atención se acercó a
mí.
- Keith - hizo una pausa a la vez que puso su mano sobre la mía y la agarró. -
cualquiera de estos chicos - quitó mi mano de su pierna, la puso sobre la mesa
soltándome. - se moriría - continúo acercándose y bajando la voz, haciendo que
a mi forma de verla resultase irresistible - por estar a esta distancia de mí.
- Ally me sonrió volviendo a mirar hacia la profesora.
Durante un rato estuvimos atendiendo a las explicaciones de profesora
McGonagall sobre una transformación compleja simple y una compleja completa,
dejando bien claro que las segundas sólo los magos con talento y dedicación
llegaban a conseguir hacer. Por el rabillo del ojo observaba como Ally tomaba
apuntes, el pelo le caía sobre la cara provocando que lo apartase frecuentemente
con la pluma. No podía evitar sentirme atraído por ella.
- ¿Tú crees? - le pregunté.
Ally puso cara de no entender que le estaba preguntando.
- ¿Crees que a todos estos les gustaría estar tan cerca de ti? - Ally repasó
con la mirada toda el aula. - Es te voy a ser sincero, eres un poco feílla -
continué intentando picarla - y no hueles muy bien.
Ella cerró el puño y amenazó con golpearme el hombro pero interrumpió la acción
al percatarse de que la profesora se dirigía a nuestra zona.
- Lo que creo es que tienes envidia - susurró haciendo que atendía.
- ¿Envidia? ¿Yo?
- Si, envidia de que yo puedo tener a quien me apetezca y tu no. - Apoyó sus
codos sobre la mesa e impulsó su cuerpo para poder acercarse a uno de los dos
chicos de su casa que se sentaban delante. Le dijo algo al oído que provocó que
el chico se girara y le guiñase un ojo. - ¿Ves? - sentenció con aire de
victoria.
- Más quisieras... - miré hacia Peter y Sally los cuales parecían entretenidos
escribiendo algo en el mismo pergamino. Me mantuve callado intentando que la
conversación cambiase de tercio, pero Ally no se daba por vencida con
facilidad.
- ¿Que te apuestas?
Supe que seguramente no tendría muchas opciones de ganar la apuesta pero era
demasiado orgulloso como para echarme atrás.
- ¿En que estas pensando? - pregunté temiendo la respuesta.
- Te apuesto a que me lío con más alumnos que tu durante este curso, además con
el torneo tendremos más variedad donde elegir.
- Sabes que no tienes nada que hacer y no sé que ganaría yo humillándote - reí.
- ¿No te vale con que reconozca que toda esa chulería está justificada?
- En realidad se que lo reconoces
- Está bien - Ally cogió su pluma y escribió unas líneas sobre su pergamino.
Me acerqué para ver bien y poder leerlo sin problemas. Cuando terminé le
contesté.
- Acepto tu apuesta.
Con un movimiento de su varita Ally borró lo que había escrito. La profesora
McGonagall dio por finalizada la clase y las voces de los alumnos inundaron el
aula. Stebbins y Sacharissa salieron los primeros haciéndonos una señal de que
nos esperaban en la puerta.
- ¿Nos vemos después de comer? - Tenía horas libres gracias al profesor Snape y
a la cantidad de horas que tenía asignada la asignatura de pociones.
- Vale, así ultimamos los detalles.
Nos reunimos con los demás y fuimos todos juntos hacia el comedor. Tras
terminar de comer Peter y Sacharissa fueron a pociones y yo esperé apoyado en
una columna a que Ally saliese. Dimos una vuelta alrededor del patio principal,
buscando un sitio donde sentarnos, hacía mucho viento por eso no decidimos ir a
los jardines y ver si encontrábamos un lugar más guarnecido. A pesar de ser
horario de clase se veían alumnos pululando de un lado a otro, estaba claro que
la clase de Snape no debía tener mucha afluencia. Decidimos quedarnos junto a
una columna del pasillo donde menos aire daba, dejamos los libros en el suelo y
nos sentamos en su base.
Después de un tiempo negociando concluimos que la apuesta solamente tendría 3
normas.
1) No cuentan las vacaciones: Cualquier persona con la que no liásemos en
vacaciones no se tendría en cuenta.
2) Prohibida cualquier influencia: Cada uno de los ligues tendría que estar con
nosotros por propia voluntad y sin tener que darle nada a cambio.
3) Ningún afectado sabría sobre la existencia de la apuesta.
- Pues ya está – Ally guardo el trozo de pergamino donde había escrito
las normas entre las páginas de uno de sus libros.
- Aun tenemos que saber cómo conocer de verdad si estuviste con uno o no.
Lo más complicado sería demostrar si mentíamos o no cuando dijésemos que
habíamos estado con una persona u otra.
- Ya tengo algo en mente pero quiero hablarlo con Sach antes, a ver si es
posible.
- Así que ya empiezas a hacer trampas, si se lo cuentas, la tengo que quitar de
mi lista de posibles. - repliqué.
- Ella no se liaría contigo ni loca. Si quieres se lo puedes contar a Peter y
así nos igualamos. - respondió sorprendida.
- Peter esta con Sally, el no caería en tus maquiavélicas redes.
- Y Sach con Stebbins – contrarrestó ella.
- Pero es Stebbins – él a todas luces no contaba como novio - además no
hay ninguna norma que lo impida.
- Peter y Sach descartados, ¿ok? – finalizó ella tapándome con la mano la
boca.
Tenía las manos congeladas, el día estaba oscureciendo y cada vez el frío era
mayor. Le ofrecí mi jersey y se lo puso alrededor de las manos a modo de manta.
- Vale, pero hasta que no esté claro cómo evitar los engaños no comienza la
apuesta.
- Jeje, veo que tienes miedo. – rió ella.
- ¿Miedo?, pero si el vencedor está claro. – dije guiñando un ojo al
reflejo que se dibujaba en la ventana de la clase de enfrente.
Ally apoyó su cabeza en mi hombro. Nos miramos desde el otro lado de la
ventana. Acarició con sus labios mi cuello consiguiendo transformar el viento a
nuestro alrededor en una tenue brisa, hasta que nuestros labios se encontraron.
- Esta claro - susurró.
El tiempo corría entre risas, besos, caricias, disimulando cada vez que veíamos
o escuchábamos a alguien acercarse. Cuando la hora del final de las clases se
acercó, nos pusimos de nuevo en marcha para evitar caminar esquivando alumnos.
De camino a los jardines interiores vimos a un grupo de Hufflepuff sentados en
las escaleras que conducían a su casa.
- Espera un momento - dijo Ally antes de dirigirse hacia ellos.
Me quede observándolos desde el pasillo, pude distinguir al chico al que Ally
había susurrado en clase esa misma mañana, que se reía mientras hablaba con
ella, intente recordar su nombre pero no lo conseguí.
- Un don nadie - pensé apartando la vista de ellos.
- Hola Parker - dijeron a mi espalda.
Al darme la vuelta vi a William Wilkes, aunque era miembro de Slytherin apenas
había cruzado alguna palabra con él durante los años que llevaba en el colegio.
- ¿No tienes pociones? - continuo.
- No, decidí dejarla este año - contesté
- Voy a la sala común ¿vienes? - me indicó señalando el final del pasillo.
- No, estoy esperando a una amiga - mire hacia Ally que seguía hablando con sus
compañeros.
Wilkes miro hacia ellos y en su rostro se dibujo una pequeña sonrisa.
- ¿No crees que tus compañías no son las más indicadas para alguien como tú? -
dijo sin mirarme en un tono completamente tranquilo.
- No entiendo que quieres decir – intenté disimular, sabía de sobra que
para un Slytherin tener amigos en Gryffindor o Hufflepuff era extraño, pero
normalmente el resto se limitaba a mirar con aire de desaprobación, pocos eran
los que decían algo y más sin conocer a la persona.
- Esta amiga tuya de Hufflepuff ¿Allyson se llama?, ¿de veras quieres que te
relacionen con ella? - me miró sin pestañear, esperando una respuesta.
- No veo por qué no van a poder relacionarme con ella - balbuceé sin saber que
decir, no sabía por qué extraña razón le contestaba.
- Porque no sería bueno para tu imagen que te relacionaran con una sangre
sucia. – me espetó.
Las últimas palabras resonaron como el eco en mi cabeza.
- ¡Pero tú que sabrás! ¡Ni siquiera ella lo sabe! - me coloqué a apenas un
palmo de distancia suyo, a pesar de ello él ni siquiera se movía un centímetro
y me miraba desafiante.
Vi como Ally y el grupo de Hufflepuff se percataban de nuestra conversación.
- Por lo que tengo entendido, es más que probable que su padre sea un muggle -
la voz no le tembló ni un ápice - Lo que la hace...
Sin dejarle terminar la frase saqué de la túnica mi varita y dando un paso
atrás le apunté a la cara, sin darme cuenta de donde había salido tenía su
varita justo entre mis cejas. Las sienes me palpitaban y un montón de hechizos
se arremolinaban en mi boca luchando por salir uno tras otro.
- ¿Como te atreves?, ¿Quién eres tú para decir nada?
Ninguno de los dos movía un músculo, nuestras miradas se analizaban intentando
descubrir la intención del otro. Ambas varitas se agitaron levemente como si
empezasen a entonar una misma composición.
- ¡Keith! - Ally me sujetó el brazo obligándome a bajar la varita. Wilkes a su
vez guardo la suya en el bolsillo. - ¡Para! ¿Qué está pasando?
- Ya hablaremos - me dijo Wilkes sonriendo.
A continuación se fue por el mismo pasillo por el que había aparecido. No le
quité la vista de encima hasta que dobló la esquina y ya no podía seguirlo.
- ¡Keith! - insistió Ally sacándome de mis pensamientos. La miré y poco a poco
me fui tranquilizando, guardé mi varita y observé como el grupo de Hufflepuff
nos miraba cuchicheando entre ellos.
- ¿Qué paso? ¿Por qué os amenazasteis? - preguntó Ally aun sujeta a mi brazo.
- Nada, simplemente me insultó por no aprobar pociones - justifiqué con lo
primero que se me ocurrió.
- No te creo, dime la verdad
Aunque Ally no se creía la excusa, era lo único que se me ocurría en esos
momentos y no creí recomendable decirle las mentiras que decían sobre ella.
- Esa es la verdad, es un imbécil – intenté ser convincente.
Ally seguía sin parecer convencida pero no dijo nada.
- Se está haciendo tarde, quizás sea mejor que me vaya – buscaba la forma
de salir del paso e irme y pensar en lo ocurrido sería la mejor manera de
conseguirlo.
Asintió con extrañeza, nos despedimos y me fui mientras Ally volvía a sentarse
junto a sus compañeros. De camino a mi habitación le daba una y otra vez
vueltas a lo que me había dicho Wilkes, parecía muy convencido de saber quién
era el padre de Ally y sin embargo resultaba completamente imposible que lo
supiese.
Sach estaba sola en un sofá entretenida en la lectura de 'El Profeta', me senté
a su lado sin decir nada. Ella levanto la vista por encima del periódico un
instante y continúo leyendo.
- ¿Que te pasa? - dijo unos segundos después.
Lo que más apreciaba de mi relación con Sach era que sabía sin falta de decirle
nada cuando me pasaba algo. Le conté lo sucedido con Wilkes remarcando los
comentarios que había echo sobre Ally y su padre, llegando a la conclusión de
que lo más probable es que se lo hubiese inventado aunque no sabíamos porque
razón lo haría.
Siempre había una razón.