1 de Septiembre, Jueves

Me levanté precipitadamente de la cama en cuanto los primeros rayos de sol iluminaron la habitación. Era el primer día de un nuevo curso, un nuevo viaje hacia Hogwarts dónde nos reencontraríamos con viejos amigos y dónde aprenderíamos nuevos hechizos y pociones. Comenzábamos sexto curso, el penúltimo, y los nervios me hacían dar vueltas por la casa sin parar, hasta que conseguí que mis padres se levantasen y me ayudasen a terminar de hacer la maleta. Las cosas importantes ya llevaban colocadas unos cuantos días, desde que volvimos de los mundiales de Quidditch y encontré mis nuevos libros sobre la cama, ya que mis padres me habían ahorrado un nuevo viaje al Callejón Diagon para comprarlos, junto con recambios para mi kit de pociones, mucho más amplio que el de años anteriores, y nuevas túnicas y uniformes, ya que los anteriores se me habían ido quedando pequeños. Una vez todo estuvo listo, me acompañaron hasta la estación utilizando la chimenea, que ese día podía conectar directamente con el andén 9 y 3/4 en el que había que tomar el tren hasta el colegio. Allí se despidieron calurosamente de mí y me desearon un feliz curso, no sin advertirme, como todos los años, de que no me metiese en líos y estudiase mucho, cosa que pensaba hacer, sobre todo, pensé para mis adentros, lo que me interesaba.

Durante un buen rato miré a mi alrededor buscando a mis amigos, pero sólo vi a un par de compañeras de habitación, a las que saludé y con las que crucé unas pocas palabras, y algunos compañeros de curso de otras casas que, para variar, evitaban todo lo posible cualquier contacto con un Slytherin, no fuera a ser que les pegásemos una enfermedad o algo parecido. Era pronto aún, por eso no me extrañé de que ninguno de los demás hubiera llegado todavía, así que abrí el baúl y saqué un libro, sentándome sobre él para leer un rato mientras esperaba. Cuando quise darme cuenta, habían pasado más de quince minutos y sentí como alguien se paraba a mi lado. Me volví hacia él y vi a un chico alto, al que no conocía, mirando por encima de mi hombro lo que estaba leyendo. Intenté cerrar disimuladamente el libro, pero pareció darse cuenta y me miró sonriendo mientras me ponía de pie.

- ¿Nos conocemos? - le pregunté, fijándome en que llevaba bordado en su túnica el escudo de mi casa.

- No, aún no. Bueno, yo a tí sí, pero tú a mi no.

- Tú no estás en el dormitorio de Stebbins, ¿verdad? - le pregunté, recordando la cara del chico de sexto que no era ni Stebbins, ni Peter, ni Keith, ni Pronscuit. Smith, se llamaba. O eso creía.

- No, soy Wilkes. Encantado de conocerte - me dijo mientras me tendía la mano.

- Wilkes... pero tú no eres... - Se llamaba como el dueño del reproductor de música que habíamos encontrado, el que había presidido las "reuniones" del club al que habíamos estado asistiendo el año anterior. Se parecía levemente, pero estaba segura de que no era él en absoluto.

- No, tú, conociste a mi hermano mayor, que terminó séptimo este año. Yo lo empiezo ahora, y me llamo William.

- Oh - fue lo único que pude contestar mientras respondía a su saludo. - Tu hermano era muy... simpático. - Extraño más bien, pensé.

- Creo que eres la primera persona que lo ha definido así alguna vez - sonrió - Bueno, he de subir al tren, tengo gente con la que hablar. Ya tendremos más oportunidades de charlar.

- Si, claro. Hasta luego.

Le seguí con la mirada mientras se alejaba y se subía a uno de los primeros vagones, donde iban los prefectos y los premios anuales. Por un momento me pregunté si eso quería decir que tendríamos otro año un premio anual en Slytherin, pero antes de que me pudiera dar tiempo a otra cosa, vi a Keith acercarse y plantarse a mi lado arrastrando su baúl.

- ¿Qué tal estos últimos días de vacaciones? - me preguntó.

- Últimos. - le contesté.

- ¿Qué clase de respuesta es esa?

- No lo sé - me encogí de hombros - ¿Qué tal estás tú? Parecías algo enfadado la última vez que nos vimos con el tema de Ally.

- Superado. Superadísmo. Tan superado que no sé ni de quién me estás hablando. Yo sólo conozco a Sally. La novia de Peter. No conozco a nadie más que se llame parecido.

- Hablando del Rey de Roma... - suspiré mientras veía como los tortolitos se acercaban desde una de las chimeneas.

Peter trataba de llevar los trastos de Sally y los suyos a la vez, tratando de ser más duro que nadie, pero se veía que le estaba costando a horrores. Keith se acercó para intentar ayudarle, mientras Sally terminaba de llegar a mi lado. Me saludó con una leve inclinación de cabeza y murmurando un hola que apenas se oyó, mirando rápidamente para otro lado en cuanto lo dijo, y al cual yo contesté audiblemente. Nos quedamos en silencio observando a los dos chicos traer las cosas, y seguimos en silencio mientras se saludaban y se preguntaban que tal. Tras unos minutos de escucharles, Sally decidió que ya era hora de ir subiendo al tren, aunque aún no habíamos visto a Yashira, a Ally o a Stebbins.

- Stebbins va en el vagón de los prefectos - dijo Keith. - No sirve de nada que esperemos por él. Ya aparecerá. Tienes todo un curso entero por delante para dedicarte a contemplarlo.

- Tú lo que tienes es envidia - le contesté - de que no me pase el curso contemplándote a tí.

- Ja, no necesito que me contemples tú. Este año habrá miles de chicas dispuestas a morirse por mis huesos, como todos los años, claro. Pero esta vez les haré felices haciéndoles caso. ¡Éste curso será mi curso! Será el curso de Keith, el Casanova. Así es como me llamarán. Y mis historias serán legendarias, recordadas durante años y años...

Nos comenzamos a alejar mientras él seguía hablando solo de los planes que tenía, hasta que se dio cuenta y se puso a nuestro lado al trote. Subimos las maletas y las colocamos en el descansillo entre trenes de donde más tarde las recogerían y las llevarían a uno de los vagones de equipaje. Buscamos un compartimento vacío, lo cual fue más difícil de lo que esperábamos ya que a lo tonto se nos había hecho algo tarde. Cuando por fin lo encontramos, nos sentamos y cada uno se dedicó un poco a lo suyo, hasta que Ally y Yashira asomaron la cara por el cristal y abrieron la puerta al vernos.

- No os encontrábamos - dijo Yashira, dejándose caer en el asiento al lado de Sally.

- Os llevamos buscando una eternidad. Podíais habernos esperado en el andén. - dijo Ally. - Aunque creo que se nos hubiera hecho tarde, mirad, ya salimos.

El tren hizo sonar la sirena y se puso en marcha, traqueteando, en dirección al norte.

Durante un rato, nadie dijo nada. Nos dedicábamos a mirar por la ventana o a leer libros, incluso Yashira había traído una baraja de las que había usado ese verano en los mundiales de Quidditch y jugaba sin usar magia. Intentó convencer a alguien de que jugase con ella, pero ninguno parecía particularmente interesado, así que terminó desistiendo y guardándosela en el bolsillo.

- ¿Qué asignaturas vais a hacer éste año? - preguntó Ally, de repente. - Yo creo que voy a seguir con Herbología, Pociones, Encantamientos, Defensa...

- Bueno, creo que con esas vamos a continuar todos, ¿no? - le interrumpí.

- Yo no - dijo Keith. - Yo no tuve una S en Pociones, así que no puedo. Pero las demás sí, incluyendo Transformaciones.

- ¿Sólo cuatro asignaturas? - le dijo Peter - Vaya año te vas a pegar.

- No, sólo no. Tendré que seguir con Estudios Muggles, pero esa no es nada difícil. La optativa que abandono es Runas.

- Tú no tienes Runas - le dijo Ally. - Tú tienes Aritmancia, como yo. Hicimos el TIMO juntos.

- Eso explica por qué la he suspendido. Había estudiado para Runas y cuando me diste tus respuestas no me cuadraba nada, así que lo debí de colocar todo mal. Bueno, tampoco es tan importante. No la cogeré y ya está.

- ¿Tú tienes Pociones, verdad? - le pregunté a Peter, todo lo amablemente que pude.

- Si... al final... conseguí la S. - Miró a los demás sorprendido de que le hubiese dirigido la palabra sin un insulto por el medio.

- Bueno, entonces coincidiremos. ¿Y tú, Yashira, qué vas a hacer?

Seguimos hablando un buen rato de las asignaturas que tendríamos e intentamos averiguar en cuales podríamos coincidir. Todo estaba siendo bastante tranquilo hasta que Yashira, seguramente sin percatarse de que Keith estaba allí, preguntó en voz alta:

- ¿Qué tal con Jean, Ally? ¿Qué habéis decidido hacer al final?

Vi como tanto Ally como Keith se ponían rectos en el asiento y cruzaban la mirada durante un segundo.

- Sí, Ally. Cuéntanos como te va con tu novio. - le dijo él, con voz tranquila.

- Bueno, creo que es un tema privado. No deberíamos hablar de ello ahora...

- ¿Por qué no? Al parecer te pasaste las vacaciones alardeando de lo magnífico que era el chico, ¿verdad? Pues cuéntanos como ha terminado esa fantástica historia de amor.

- ¡No es de tu incumbencia! - le gritó Ally, levantándose.

- Claro, claro, a mí que más me da. Apareces con un noviete y se lo dices a todo el mundo, pero a mí que más me da. Me lo podrías haber dicho, pero no lo hiciste. Explícanos por qué. Dinos por qué no nos lo dijiste en su momento. - Keith terminó la frase con el tono más elevado mientras Ally desaparecía por la puerta del compartimento. - Ah, no, a mí no me vas a dejar con la palabra en la boca. - dijo al aire mientras salía detrás de ella.

Los demás nos miramos durante unos instantes sin saber muy bien que decir, hasta que Yashira habló:

- Vaya, lo siento mucho. No me acordaba de lo que había pasado, se me olvidó. - dijo compungida.

- No te preocupes - le dijo Peter. - Las cosas habrían estallado antes o después, así que en el fondo no importa tanto.

Todos seguimos en silencio durante un buen rato hasta que la conversación volvió a surgir por otros derroteros completamente distintos. Intentaba hablar con Peter como si siempre hubiéramos sido amigos, aunque aún no hasta el punto en el que las cosas se habían empezado a torcer. Ese año me había propuesto que todo volviera a estar bien, a que no discutiésemos durante todo el día y a poder ser un grupo todos juntos, incluida Sally. Ellos parecían estar haciendo un esfuerzo por no meterse con Stebbins, y Stebbins por su también estaba poniendo de su parte, así que yo no podía ser menos. Mientras pensaba cual era la próxima tontería que podía hacer, Keith y Ally volvieron por la puerta, riendo. Nosotros les miramos, ellos nos miraron y se echaron a reír otra vez.

- Bueno, creo que ya hemos conseguido solucionar las cosas. - dijo Keith

- Sí, ya no tenéis que preocuparos más por nosotros. Las aguas han vuelto a su cauce.

Y siguieron riendo por lo bajo. Tomé como nota preguntarles más tarde que era lo que había pasado, aunque creía que todos podíamos imaginarnos un poco como lo habían arreglado.

El resto del viaje transcurrió con normalidad. Algunos echamos una cabezada durante un rato, otros prefirieron mirar por la ventana, leer, charlar... Cuando ya estábamos cerca del colegio, decidimos cambiarnos, empujando primero a los chicos fuera del compartimento. Alguien pareció querer entrar accidentalmente mientras, pero habíamos tomado las precauciones necesarias y la puerta estaba atrancada con el pestillo y con nuestras bolsas de mano contra la puerta, aunque al salir los dos chicos parecían estar mirando para otro lado como si no hubiera pasado nada.

Al fin en Hogwarts, tras montar en los carruajes que nos llevaban hasta allí, sentados tras las largas mesas, pudo empezar la selección. Los nuevos alumnos iban siendo elegidos e iban sentándose en los huecos que los alumnos mayores les íbamos haciendo, mientras les saludábamos con efusividad y abucheábamos por lo bajo a los de otras casas, entre risas y bromas de "Hufflepuff manirrotos", "Ravenclaw empollones" y "Gryffindor chulos". Al terminar la ubicación de los nuevos niños y tras comer todo lo que pudimos en la cena, Dumbledore se levantó para darnos el tradicional discurso del primer día. Tras unas breves palabras en las que nos recordaba que el Bosque Prohibido seguía estando prohibido y que no deberíamos andar por los pasillos del castillo cuando deberíamos estar en la cama, dijo que ese año nos esperaba una sorpresa y que Hogwarts iba a tener un gran honor, pero antes de que pudiera continuar, las puertas principales del Gran Comedor se abrieron y entró una persona un tanto extraña. Un hombre mayor, cojeando, mal vestido y con un ojo de cristal que no paraba de girar en todas direcciones, extrañamente azul. Se acercó lentamente a la mesa de los profesores y se acomodó en una de las sillas. Resultó ser, como nos dijo el Director, el nuevo profesor de Defensa contra las Artes Oscuras, Alastor Moody, que había salido de su retiro especialmente para darnos clase ese año. Tras la breve explicación, Dumbledore continuó con lo que nos estaba contando, y al fin pudimos saber que ese año se celebraría el Torneo de los Tres Magos en Hogwarts, pero que solamente los mayores de edad, diecisiete años en adelante, podrían intentar inscribirse. Por lo bajo oí como Keith decía "¡Vaya!, no es justo.", pero dudaba mucho de que en realidad fuera presentarse aún pudiendo. También nos avisó de que los otros dos colegios participantes, Durmstrang y Beauxbatongs enviarían una delegación de alumnos junto con sus directores hacia finales de octubre, y que esperaba que todos pusiésemos de nuestra parte para hacerles sentir bienvenidos.

- Ya creo que les haremos sentir bienvenidos. Bienvenidas, sobre todo - dijo Keith, guiñándole un ojo a Peter, que se debatía entre chocarle la mano a Keith o que Sally le chocase la cara con la suya.

- ¿Pero tú no tienes ahora una historia con Ally? - le dije

- No, no, no. Somos amigos. Y ya te he dicho que éste iba a ser mi año. Espero que las chicas que vengan de Beuxbatongs sean tan bonitas como las francesas que vimos éste año en el campeonato de Quidditch, eh, ¿Peter?

- Si, eran muy bonitas. - dijo rápidamente y en voz baja mientras Sally estaba despistada mirando hacia otra parte.

Cuando terminamos de charlar y vimos que la gente se dirigía hacia sus salas comunes, nosotros también nos dimos prisa en llegar. Nos despedimos hasta el día siguiente y yo me puse el pijama y me metí en la cama lo más pronto que pude, agotada del largo día.

- Estoy de vuelta - susurré al deslizarme entre las sábanas - Tengo la sensación de que este será un gran curso.

 1 de Septiembre, Jueves

- Recuerda que el baúl está en la puerta - mi tía se abrochó el último botón de su abrigo.

- Si

- Colócate bien esa corbata - dijo mientras guardaba su varita en el bolsillo derecho de su abrigo.

- Si - contesté resignado. Desde que me había levantado había estado intentando convencer a mi tía de que llevar corbata el primer día de clase era una estupidez puesto que nos pasábamos el día metidos en un tren. Sin embargo nadie le podía quitar la idea de que el primer día había que causar buena impresión para empezar el curso con buen pie.

Los escalones rechinaban mientras mi tío descendía. Iba enfundado en una gabardina azul claro que le llegaba hasta los tobillos la cual únicamente se ponía en ocasiones muy puntuales y aunque en mi opinión era demasiado llamativa, por decirlo de alguna manera, su rostro ganaba en seguridad cada vez que la utilizaba.

- Recuerda ser puntual, no vaya a ser que pierdas el tren - mi tío agitó la varita y un fino hilo blanquecino salio de su punta, envolviendo completamente una pequeña figura de un búho que hace unas semanas había comprado para adornar la entrada de casa. El hilo se desvaneció cuando ya la figura estuvo completamente cubierta.

- Estar tranquilos, ya lo tengo todo preparado.

- Se bueno - mi tía se acercó y me dio un beso en la mejilla.

Salieron ambos de casa y se fueron en dirección al callejón Diagon. Durante el verano la tienda de antigüedades comenzó a mostrar síntomas de preocupante deterioro, en realidad nos dimos cuenta a mediados de Agosto cuando una leve llovizna veraniega consiguió colarse dentro y empapar multitud de muebles y pergaminos de los cuales no tuvimos más remedio que deshacernos. La semana pasada mis tíos habían recibido una carta de Gringotts que aceptaba darles un préstamo y hoy tenían que pasarse a confirmar el crédito.
Subí a mi habitación. A los pies de mi cama estaba mi baúl y sobre el reposaba la jaula donde Molly dormitaba entre diversos trozos de tela pertenecientes a ropa que mi tía decidió hacer jirones puesto que apenas se utilizaba. Aun faltaba casi una hora para dirigirme al andén 9 y 3/4, tiempo suficiente para tumbarme sobre la cama y disponer de un poco de tranquilidad. En seguida las imágenes que habían estado los últimos días asaltándome volvieron a presentarse en mi cabeza.

La intensa noche me cubría, frente a mí, rodeado por miles de tiendas de campaña estaba el estadio de los mundiales de Quidditch. Sólo escuchaba el sonido de mis pasos mientras caminaba, ni siquiera el viento se atrevía a mecer las ramas de los árboles. Una tenue luz llamó mi atención moviéndose entre las sombras, la seguí lentamente hasta que se detuvo al lado de una de las entradas al estadio, me acerqué despacio para que fuese lo que fuese no se percatase de mi presencia. Cuando estuve apenas unos metros pude distinguir a dos personas que hablaban en voz muy baja, una de ellas llevaba la varita encendida mientras la otra sujetaba la suya apuntando a uno y otro lado. Durante un momento la luz me permitió distinguir los rostros de las dos personas.

- Sach, Peter - dije saliendo entre las sombras.

La varita de Sach emitió un destello y de ella salió una bola de luz. Me tiré al suelo y la bola se estrello contra la pared dejando una marca negra en el lugar del impacto.

- ¿Estas loca? - grité. 

- Lo siento Keith - Sacharissa de acercó a mi y me tendió la mano - Me sobresaltaste.

Peter se nos acercó iluminando el lugar.

- No habléis tan alto - susurró - Nos puede oír. Sacharissa volvió a otear el horizonte como si buscase la salida de una cueva.

- ¿Quien nos va a oír? - bajé la voz al ver la preocupación en sus rostros.

Peter me miró, su cara estaba completamente pálida. La luz se reflejaba en sus ojos. Abrió su boca pero no emitió ninguna palabra. Alzó lentamente el brazo señalando tras mi espalda.

- Él - consiguió decir

Sacharissa se giró y chilló. Peter la sujetó por el brazo y empezaron a correr en dirección contraria a la que hace solo unos segundos había señalado. Me volví sobre mi mismo y observe a una figura acercándose, llevaba una túnica completamente negra y una mascara plateada ocultaba su rostro.

- ¡Corre! - gritó Sacharissa alejándose.

Sin pensarlo le hice caso. Rápidamente Peter y Sacharissa desaparecieron de mi vista. No sabía en que dirección me dirigía, simplemente quería alejarme de la figura que cada vez estaba mas cerca. Esquivaba una tras otra las tiendas de campaña que me cerraban el paso, las rodillas me dolían en giro, el frío cada segundo que pasaba era más penetrante y no me dejaba respirar. No me atrevía a mirar atrás, sabía que se acercaba, escuchaba su risa, profunda, tenebrosa, estaba muy cerca.
Sentí una presión sobre mi hombro que me arrastró con fuerza, caí sin poder oponer resistencia. Un brazo me inmovilizaba completamente mientras que una mano me tapaba la boca.

- ¡Shhh!

La presión sobre mi cuerpo cedió aunque seguía sin poder moverme. Me encontraba dentro de una de las tiendas. Por una pequeña abertura en la entrada pude a la figura. El mortífago era corpulento y flotaba a un palmo del suelo. Paso por delante de la tienda sin percatarse de mi presencia.

El brazo que me sujetaba temblaba.

- ¿Ya se ha ido? - escuchar una voz familiar me tranquilizó.

Ally me soltó.

- Se que viene a por mi - continuó sin darme tiempo a agradecerle que me hubiese salvado.

Tenía los parpados enrojecidos y en sus mejillas aun se podía observar el rastro de las lágrimas derramadas.

- No pasa nada, ya se fue - intenté tranquilizarla.

Ally me abrazó, tiritaba, sus manos estaban congeladas. Apoyo su cabeza en mi hombro sollozando, repitiendo una y otra vez "Lo se, viene a por mi".

- No le dejaré - le susurré.

Ella me miró, tenía los labios quebrados por el frío. Me acerqué para besarla. Ally gritó y alzó su varita.

El mortífago rió.

- Es la hora - dijo quitándose la mascara.

Busqué mi varita por el suelo de la tienda sin éxito. Alcé la vista hacia el mortífago. Stebbins sonreía.

- Keith, es la hora - dijo apuntándome.

"Keith es la hora, Keith es la hora", el sonido de algo al romperse me despertó sobresaltado. El sonido venía de la planta de abajo, bajé las escaleras corriendo, la entrada del salón estaba llena de trozos de cristales, sin duda procedentes del espejo que colgaba roto de la pared. Un pequeño búho revoloteaba por el salón llevándose por delante todo lo que encontraba a su paso.

- Keith es la hora, Keith es la hora - chillaba.

- Vale, vale, ya te oí - haciendo un montón con los cristales rotos.

Me agaché esquivando al búho, pero él no esquivo el jarrón que se encontró segundos después y lo hizo añicos.

- Ya está bien - Subí las escaleras en busca de la jaula y el baúl.

Con ellos acuestas regresé al salón y utilicé un puñado de polvos flu para huir de mi casa antes de que el búho asesino terminase con lo que quedaba de ella.

Al llegar a la estación 9 y 3/4 no sabía bien si había echo lo correcto o me había metido en un caos mayor. Por las chimeneas públicas no dejaban de llegar alumnos, el ruido ensordecedor de la gente junto con el chirriar de los trenes me taladraba los tímpanos, moverse llevando a rastras un baúl y una jaula era toda una hazaña tan increíble como que Molly siguiese durmiendo con todo el jaleo.
Entre la multitud pude ver a Sacharissa apartada del resto, me acerqué a ella y posé todo el equipaje a su lado. Apenas nos dio tiempo a intercambiar saludos cuando vimos a Peter y Sally dirigiéndose hacia nosotros. Peter cargaba con el equipaje de ambos, aunque era una estampa muy divertida decidí ayudarle no fuese a hacerse daño antes siquiera de llegar a Hogwarts.

- ¿Que tal? ¿Te ayudo? - dije sujetando un maletín que se le escurría.

- Si, no veas como pesa - Peter me dio uno de los baúles.

Sally de acercó a saludar a Sacharissa.

- ¿Que se ha echo Sally este verano? - dije mirando hacia las chicas.

- ¿Que se ha echo de que? - Peter miró a Sally confundido.

- ¿No se lo notas? Está más bu... gua... ¿alta? - bromeé.

Peter frunció el ceño.

- Es broma, es broma - dije riéndome.

- ¿Que quieres decir que es fea? - me recriminó.

- No, que va, yo sólo... - quizás no debería haber tocado ese tema.

- ES broma, es broma - dijo él riendo.

Volvimos junto a Sally y Sacharissa. Antes de que pudiese terminar de contarles mis planes para este año nos dirigimos hacia el tren, dejamos las maletas junto a la del resto de alumnos y buscamos un compartimento libre. Por los pasillos del vagón me empezaba a sentir mayor pues la mayor parte de los alumnos con los que me cruzaba eran más pequeños que nosotros.
El tren se puso en marcha justo cuando Ally y Yashira entraron en el compartimento. No había vuelto a hablar con Ally desde los mundiales de Quidditch y me había propuesto olvidar la historia de su novio de verano. La verdad es que me había estado convenciendo a mi mismo de que no tenía porque sentirme mal.

Ally se sentó junto a Sacharissa, no pude evitar pensar en lo atractiva que me resultaba, llevaba el pelo suelto ligeramente ondulado sobre los hombros, una camisa blanca que resaltaba su cintura y una falda corta de cuadros negros y blancos, como la que siempre quise que llevasen todas las alumnas de Hogwarts por uniforme oficial. 

La conversación durante el trayecto estaba siendo amena, hablamos sobre las asignaturas que íbamos a tener este año, por fin me iba a librar de pociones y descubrí porque había sacado tan mala nota en Aritmancia. Runas, Aritmancia, para mi era todo igual de aburrido, sentí un poco de tristeza al darme cuenta de que este año no compartiría ninguna clase con Ally. Aunque en ese instante Yashira logró hacer desaparecer toda esa tristeza.

- ¿Qué tal con Jean, Ally? ¿Qué habéis decidido hacer al final? - preguntó Yashira.

"Jean", escuchar su nombre hizo que me irguiese en el asiento y mirase a Ally buscando respuestas. Intenté calmar todas las sensaciones y pensamientos que pasaban por mi cabeza.

- Sí, Ally. Cuéntanos como te va con tu novio. - dije, con la mayor tranquilidad que pude.

- Bueno, creo que es un tema privado. No deberíamos hablar de ello ahora... - dijo apartando la vista.

"¿Como que no deberíamos hablar ahora?, ¿Entonces cuando?, ¿Quizás tendremos que esperar al próximo verano? o quizás quiera hablar de ellos con sus amigas" Sentía como la cabeza me iba a explotar, odiaba a el tal Jean, quizás hacía demasiado que no me metía con Stebbins y necesitaba a alguien con quien desahogarme.

- ¿Por qué no? Al parecer te pasaste las vacaciones alardeando de lo magnífico que era el chico. ¿Verdad? - dije haciendo un gesto intentando imitarla. - Pues cuéntanos como ha terminado esa fantástica historia de amor.

- ¡No es de tu incumbencia! - me gritó Ally, levantándose.

- Claro, claro, a mí que más me da. Apareces con un noviete y se lo dices a todo el mundo, pero a mí que más me da. Me lo podrías haber dicho, pero no lo hiciste. Explícanos por qué. Dinos por qué no nos lo dijiste en su momento. - terminé la frase a gritos mientras Ally salía por la puerta. 


Me levanté y salí tras ella.

- A mí no me vas a dejar con la palabra en la boca. - mascullé cerrando la puerta.

La vi salir por la puerta del vagón. Esquivé a la señora que estaba vendiendo golosinas en el compartimento de unos alumnos de segundo curso.

- Espera - dije intentando que parase de caminar, pero ni siquiera se giró.

La sangré me hervía. De cada compartimento asomaban cabezas a ver que es lo que estaba ocurriendo. 
Crucé al siguiente vagón y eché a correr hasta alcanzarla al final de él.

- ¿No quieres hablar ahora? - dije sujetándola por el hombro.

Ally se giró y me apartó de un empujón.

- A ti, no tengo nada que decirte - dijo - ¿Acaso tengo porque darte alguna explicación?, ¿Crees que por besarnos tienes algún derecho?

- A mi ¿para que?, eso si, reírte de mi a las espaldas lo haces perfectamente. - La cabeza de un chico de Slytherin apareció en la puerta del camarote adyacente. - ¡Y tu que! ¿No tienes cosas mejores que hacer? - le dije al chico que cerró la puerta antes de que terminase la frase.

- Eres un imbécil. ¿Que es lo que quieres saber? ¿Si él es más guapo que tu? Pues si, lo es. - Ally se acercó amenazante, alzando cada vez un poco más la voz. - ¿Si besa mejor que tu? Pues si, besa mejor. - Di un pasó atrás hasta apoyarme contra la ventana.

Ally estaba justo frente a mí. El rostro de Ally reflejaba lo enfadada que estaba.

- Yo seré un imbécil - dije señalándola - pero no me voy enrollando con todo lo que se mueve. Eso solo tiene un nombre. - la frase quedo en el aire.

El gesto enfadado de Ally cambió completamente en un segundo, volvía a parecer tranquila.

- Ahora entiendo - dijo bajando completamente el tono - porque Kate te dejo.

Se dio la vuelta y entró en el vagón contiguo. Me quedé parado sin saber que hacer. No entendía como podía sentir tantas cosas diferentes en tan poco tiempo, la culpabilidad era ahora la que me dominaba sin resistencia. Seguí a Ally, el vagón estaba lleno de las maletas de todos los alumnos, amontonadas unas encima de otras, formando estructuras que parecía imposible que no se viniesen abajo. Ally estaba sentada sobre un baúl marrón tapándose la cara con las manos.

- Veté - dijo cuando notó que me acercaba a ella.

- Lo siento - comencé a decir.

- Claro, primero lo dices y ahora lo sientes - respondió sin levantar la cabeza.

Me arrodillé frente a ella y le cogí las manos apartándolas despacio de su cara. Ally hizo un poco de fuerza para evitarlo pero cedió mirándome con los ojos humedecidos.

- Lo siento de verás, sólo te dije todo eso porque estaba enfadado, porque estaba celoso.

- Keith - la voz me resultó mucho más dulce que nunca - Tú y yo...

- Lo sé - no la dejé terminar. Sabía lo que quería decirme, sabía cual era la frase que continuaba, la sabia de sobra y no la quería oír. ¿Me perdonas? - no sabía como hacer para que olvidase todo lo que le había dicho.

- Claro - Ally sonrió tímidamente.

Le dí un beso en la mejilla. Sus ojos se clavaron en los míos. La besé.

- Vas a tener mejorar si quieres que vaya a tener tus besos en cuenta. - dijo sonriendo.

Nos reímos. Nos besamos.

Un montón de baúles cayeron al suelo armando un gran estruendo. Permanecimos pegados el uno al otro, en silencio, esperando por si alguien entraba en el vagón, ocultos tras una columna de entre los cuales pude distinguir el de Yashira e incluso el mío. 
Ally se tumbó sobre mí. El perfume que tanto recordaba era mucho más fresco ahora. Suspiré.
Cayó otro baúl al que ni siquiera prestamos atención. Las manos me temblaban, no sabía que hacer con ellas, Ally las sujetó, ella me guiaba. Suspiró.

Oímos la puerta abrirse y nos quedamos congelados el uno mirando al otro. Silencio. La puerta volvió a cerrarse.

Nos reímos. Nos besamos.

Al salir del vagón un montón de alumnos más jóvenes que nosotros nos miraron con cara de extrañeza. Pero Ally me dio la mano y echamos a correr en dirección a nuestro compartimento. Al entrar me senté junto a ella, todos se quedaron extrañados al ver como había cambiado la situación pero nadie comentó nada, habría tiempo suficiente durante todo el año para hablar.

Entramos todos juntos en el gran comedor.

- Bueno, mañana nos vemos - le dije a Ally.

- Si - contestó alegremente - ¿Amigos?

- Amigos - contesté.

La gran selección comenzó como cada año y como siempre los abucheos entre las casas eran constantes, parecía que hasta Dumbledore lo veía normal. Lo inesperado fue enterarnos de que este año tendría lugar en Hogwarts El Torneo de los Tres Magos, y aunque tenía pinta de ser muy interesante ninguno de nosotros podría participar por culpa de la limitación de edad. Eso si, había buenas noticias, una delegación tanto de Durmstrang como de Beauxbatongs vendrían a participar en el torneo, lo que quería decir que posiblemente vendrían chicas y la buena fama de las francesas las precedía.

Peter y yo intercambiamos miradas. El año no podía empezar mejor.

 1 de Septiembre, Jueves

Caminaba nervioso por el andén Nueve y Tres Cuartos, atento a las chimeneas públicas que se habían habilitado ese día para el traslado de alumnos de todo el país hasta el lugar, buscando a Sally con la mirada en cada una de ellas.
- ¿Esperas a algún amigo? Me gustaría conocer a alguno más, aparte de aquella chica tan agradable que...
- En serio, mamá - La interrumpí, irritado -, no es necesario que me acompañéis, podéis volver a casa.
Mi padre estaba trabajando, y mi madre parecía haberse levantado de tan buen humor que había decidido acompañarme hasta el mismo andén de la estación. Si de verdad mi madre quería que hiciese algún amigo más, acompañarme hasta el tren con mi hermana no era la mejor estrategia. Aunque hubiese puesto la excusa de que así Zoe podría prepararse para cuando ella empezase las clases al cabo de un par de años. Y, por mi parte, las escasas muestras de afecto que mi familia pudiera mostrarme ocasionalmente eran más que bienvenidas, pero no quería que mi madre estuviera allí cuando apareciese la chica a la que estaba esperando, y mucho menos si, por lo que yo sabía, era más que probable que mi madre identificase a esa chica como mi prima.
"Prima sólo de nombre", pensé. "No hay lazos de sangre. Qué diablos, ni de sangre ni de nombre, no es mi prima en absoluto, no es mi prima más de lo que podría haberlo sido Sacharissa".
Vi aparecer a Sally en una de las chimeneas, cargada con sus numerosos paquetes y bultos, su gata blanca caminando tranquilamente junto a ella, con aire solemne. El aspecto de Gylla había mejorado muchísimo, y parecía una simple y elegante gata de pelo largo y blanco como la nieve. Sally me buscó con la mirada y comenzó a caminar hacia mí, pero se detuvo con aire receloso cuando reparó en mi madre.
"Que mi madre no se fije en ella", pensé.
- ¿Esperabas a esa chica? - Dijo de repente, a mis espaldas.
"Mierda".
- Gracias por la compañía - Dije mientras me giraba hacia ella, sin responder -. Ya están aquí mis compañeros de clase, así que podéis iros...
Miré alternativamente a mi madre y a mi hermana, y a continuación cogí a Zoe de un brazo y tiré de ella hacia la chimenea más cercana. Ella dio un tirón y se soltó, mirándome con los ojos entornados.
- Me suena de algo... - Dijo mi madre -. Pero me gustaba más la otra chica, mira a esta, va tan poco arreglada...
- Es amiga de Sacharissa, mamá - Dije, mientras decidía probar a tirar del brazo de mi madre hacia la chimenea. "Sí, siempre que consideremos una definición lo suficientemente amplia de la palabra amiga".
- No termina de gustarme - Siguió diciendo mi madre mientras finalmente se dirigía a la chimenea -. ¿Qué es, una Ravenclaw?
- Es una Slytherin, mamá.
- Una Slytherin - Repitió ella, volviendo a lanzarle una mirada -. Bueno... ¿Y por qué esas pintas?
¿Qué por qué esas pintas? Sally era pobre. Mi madre debería entenderlo, ya que mi padre siempre se estaba quejando de la escasez de dinero. Claro que, en lo que respectaba a disimularlo, mi madre hacía maravillas.
- Habrá venido con prisas, mamá, te aseguro que con la camisa y la falda del colegio gana mucho...
- ¿Ah, sí? - Dijo mi madre, mirándome con media sonrisa en la cara.
- Eh... - Me sonrojé - ¡Y yo qué sé! ¡Ya os escribiré, adiós!
Prácticamente las empujé a ambas dentro de la chimenea, mientras mi madre seguía mirándome con su media sonrisa, y mi hermana se mostraba tan ajena a todo como siempre. Al cabo de un instante las vi desaparecer.
Suspiré, y volví junto a mi equipaje, al tiempo que Sally llegaba hasta él también.
- ¿Qué era eso? - Dijo, por todo saludo.
- ¿El qué? - Dije -. Si te refieres a la de los labios oscuros que al mirarte probablemente te hiciese sentir como la punta de dos cuchillos recorriéndote suavemente la cara, era mi madre. Y si te refieres a la niña pequeña que parecía como si estuviese poseída por algún demonio, pero el demonio hubiese olvidado dónde la ha dejado, esa criaturilla era mi hermana.
- ¿Por qué estaban aquí? - Resopló Sally.
- ¿Y yo qué sé? - Dije, encogiéndome de hombros -. Quizá mi madre tuviera miedo de que me perdiera en la intrincada red de chimeneas de la zona, o algo - Observé la inquietud en su cara -. No te preocupes, no te ha reconocido, o eso creo.
- No dejaba de mirarme - Dijo ella, con el ceño fruncido.
- Es por tu ropa - Dije -. Opina que deberías vestir mejor.
Observé el aspecto de Sally. Vestía una vieja camiseta descolorida de color rosa pálido, con algún tipo de inscripción borrada en el pecho, y unos pantalones vaqueros que parecían bastante gastados. Gylla maulló en ese momento, y Sally me dio la espalda un instante mientras se inclinaba para cogerla en brazos. Observé lo mucho que se le apretaban los pantalones en ese momento.
- Yo no tengo problemas con tu ropa, por supuesto - Añadí.
- Los pantalones me quedan un poco pequeños - Dijo Sally, volviéndose hacia mí. Observé que parecía avergonzada. Lo cierto era que la camiseta también parecía quedarle demasiado justa, y remarcaba demasiado su estilizada figura.
- Te he echado de menos - Dije.
- Sólo han sido un par de días - Dijo ella, encogiéndose de hombros.
Aún así se acercó y se puso de puntillas para besarme. Gylla maulló al sentirse aprisionada entre nosotros, y saltó al suelo, para situarse junto a Esk. Era curioso ver a las dos gatas juntas. Gylla, perfectamente peinada y aseada pese a su largo pelo, parecía capaz de llegar a Hogwarts por sí misma si tan sólo alguien le diera un mapa, y esperaría pacientemente por Sally mientras ella no siguiese el camino. Esk, en cambio, se las apañaba para mantener siempre su corto pelaje negro en un constante estado de "desmarañamiento" total, y al descubrir que pretendía sacarla de casa por la mañana había armado tal alboroto que había tenido que transportarla metida dentro de una jaula de pájaro. Ahora las dos gatas se observaban con curiosidad, mientras a Esk se le erizaba el lomo tras los barrotes. Claro que quizá sólo estuviera despeinada.
Le ofrecí ayuda a Sally para llevar sus cosas y, como siempre, cogí más de lo que podía cargar. Sally había obtenido tan poca ayuda a lo largo de su vida que no le iba a decir que no a nadie a estas alturas, así que simplemente me observó con curiosidad mientras prácticamente hacía malabarismos con su equipaje y el mío. No me cabía duda de que, si dejaba algo en el suelo, ella lo llevaría, pero simplemente no quería hacerlo. Tomé aire y nos dirigimos hacia el tren.

Vimos a Sach y a Keith en el andén, y éste último me ayudó a cargar con parte del equipaje hasta donde se encontraba Sacharissa. Entre todos reuníamos una cantidad bastante grande de bultos y maletas, menos mal que sólo teníamos que llevarlas hasta el tren. Tras charlar un poco y escuchar los planes de Keith para el curso, o mejor dicho, para las chicas del curso, nos desentendimos de nuestras pertenencias y las dejamos en el lugar correspondiente para que las recogieran. Este año llevaba, entre mis demás libros, los diarios de mi tío, a pesar de que los correspondientes a este curso y al siguiente estuvieran en blanco. Me preguntaba si no me arrepentiría de cargar con ellos. Siempre podía negarme a prestarles atención, ¿no? No, probablemente no. Si fuera así los habría dejado en casa.
Poco después de sentarnos en un compartimento vacío, Ally y Yashira nos encontraron. Miré a Keith de reojo, aunque no parecía importarle demasiado. Era lo mejor. Poco después de que el tren se pusiera en marcha, comencé a adormecerme, hasta que Ally preguntó a los demás sobre las asignaturas que tendríamos este año, y comenzamos a hablar sobre el tema. Sach me preguntó sobre Pociones, lo cual me sorprendió. Me pareció notar un pequeño esfuerzo en su tono de voz, pero aún así lo que contaba era su esfuerzo por ser amable conmigo, así que traté de contestar lo más tranquilamente posible. Si todos pudiéramos llevarnos bien, sería lo mejor.
Como estaba previsto, Keith no podría acudir a Pociones este año, así que coincidiríamos en ella Sally, Sach y yo. Esperaba que eso no causara ningún problema, aunque por otro lado también estaba Stebbins. Si él iba a Pociones, entonces era más que probable que Sach se sentase con él, y en cualquier caso Stebbins también parecía estar de buenas con nosotros últimamente, así que quizá no tuviera de que preocuparme.
De todas formas, si esa iba a ser mi mayor preocupación durante ese curso, me daría por satisfecho.
Todo iba bien, hasta que Yashira le preguntó a Ally por su novio de verano. Me puse tenso en el asiento y le dirigí una mirada rápida a Sally, que me devolvió la mirada sin saber qué pasaba. Claro, a ella no le había contado nada. Miré a Sach, que miraba a Yashira con gesto acusador. A continuación la conversación se fue alterando, hasta que Ally abandonó el compartimento tras pedirle Keith explicaciones de lo hecho en verano, corriendo este último tras ella para que no le dejara con la palabra en la boca.
Todos nos miramos, sin saber cómo reaccionar. Finalmente Yashira asumió su responsabilidad, avergonzada.
- No te preocupes - Le dije -. Las cosas habrían estallado antes o después, así que en el fondo no importa tanto.
No era del todo cierto, sentía que ella debería haberse estado callada... Pero por otro lado era el tipo de metedura de pata que yo cometería sin dudarlo, así que en cierto modo sentía que debía quitarle importancia.
Permanecimos incómodos un buen rato, hasta que poco a poco la conversación volvió a ponerse en marcha. Sach hablaba conmigo como si todo estuviera olvidado, y trataba de incluir a Sally en la conversación, mientras que yo también me esforzaba por responder con naturalidad, e incluso Sally aportaba algo de vez en cuando; pero aún así parecía costarnos volver a hablar como antes. De todas formas, era un comienzo prometedor.
Sally se había quedado dormida sobre mi hombro cuando se abrió la puerta del compartimento. Keith y Ally entraron riéndose, como si nada hubiera pasado, y nos dijeron que ya estaba todo arreglado. Nos miramos entre nosotros sin comprender qué podía haber pasado para que volvieran tan contentos, aunque obviamente tampoco pusimos pegas.
El resto del viaje transcurrió sin incidentes, y poco antes de llegar a nuestro destino las chicas decidieron cambiarse para ponerse los uniformes, que todos llevábamos en el equipaje de mano. Keith y yo esperamos en el pasillo mientras las chicas se cambiaban. Me disponía a preguntarle por el asunto de Ally, cuando Keith abrió la boca e hizo que me olvidara de ello.
- ¿Te das cuenta de que en unos segundos probablemente estarán las cuatro en ropa interior? - Dijo, acercándose a la puerta.
- Podrían haber elegido un compartimento de los que tienen cristal en la puerta - Bromeé, tratando de imaginarme la escena, mientras me acercaba.
- Disculpen - Dijo una voz tímida a nuestras espaldas. Nos giramos y nos encontramos con dos niños, seguramente de primer año, que nos miraban con cierto temor.
- ¿Qué pasa? - Dijo Keith.
- ¿Han visto el carrito de las golosinas? - Dijo el que había hablado -. Queríamos comprar las últimas, y nos han dicho que ha venido hacia aquí...
Keith y yo nos miramos, sonriendo.
- Está aquí dentro - Dijo Keith.
- En este compartimento - Añadí, señalando a la puerta.
- Abrid la puerta y ahí tendréis las golosinas - Terminó Keith, haciendo que me diera la risa.
El niño nos miró con desconfianza y se acercó a la puerta. Extendió el brazo y cogió el pomo, pero la puerta no se abrió. Las chicas habrían echado el pestillo. ¿Tanto desconfiaban de nosotros? Los niños nos miraron interrogativos, y nos encogimos de hombros.
- Vaya - Dije -. Parece que nos quedamos todos sin dulces.
- Es una pena - Dijo Keith -. Me apetecían unos polvos pica-pica.
Rompí a reirá.
- Sí, y a mí unas fresas de gominola - Dije entre risas.
- ¿Unas fresas de...? - Keith empezó a reírse más alto -. Tío, ni siquiera sé de qué estás hablando.
Seguimos riéndonos mientras los niños daban media vuelta por el pasillo, desesperanzados.

La cena de bienvenida fue similar a la de todos los años, con la excepción de la interrupción repentina por parte del nuevo profesor de Defensa Contra Las Artes Oscuras, que irrumpió en el Gran Comedor de repente, con un aspecto bastante desastrado, y una especie de ojo saltón de cristal que no dejaba de girar por sí mismo. "genial", pensé, "más ojos saltones". ¿Cuándo íbamos a poder tener un profesor para la asignatura relativamente normal? Poco después el profesor Dumbledore anunció que este año se celebraría en Hogwarts el Torneo de los Tres Magos. Ninguno de nosotros podía apuntarse para participar, así que tampoco le di mucha importancia, aunque lo cierto es que podría ser divertido ver a los concursantes competir. A continuación nos avisó de que a finales de Octubre llegarían dos delegaciones de alumnos con sus profesores. Una de Durmstrang y otra de Beauxbatongs, para participar en el torneo.
No dije nada en alto, pero le lancé una mirada a Keith. Las chicas francesas que habíamos podido ver en los mundiales eran bastante... Destacables, por decir algo. Si las que llegaban de Beauxbatongs eran como ellas, sería una visita interesante.
- ¿En qué piensas? - Me dijo Sally, al verme fijar mi mirada en el infinito.
- Ah, en nada - Dije, tratando de olvidar el tema, mientras Keith lanzaba promesas al aire de que las francesas deberían irse preparando.

La habitación olía a frescor y a sábanas limpias. Sin duda la habían ventilado horas antes de que llegásemos al castillo, lo cual era de agradecer. La chimenea de la sala común también estaba encendida cuando llegamos, y al ver de nuevo mi cama sentí una cálida sensación de bienvenida.
Me senté en el colchón, dejé a Esk salir de su reclusión, y comencé a abrir mis maletas.
- ¿Pero qué...? - Dije tras abrir mi paquete de material escolar -. Mierda...
- ¿Qué pasa? - Dijo Keith, mientras ordenaba su ropa.
- Mis frascos de tinta - Dije, sacando lo que quedaba de ellos del paquete -. Compré un montón, para estar preparado para pérdidas y roturas, pero parece que se llevó algún golpe en el tren, y se han roto todos - El embalaje, así como todo su contenido, estaba cubierto por tinta medio seca, y su interior lleno de trozos de cristal -. ¡Quien sea el encargado del vagón del equipaje debería tener más cuidado!
Keith observó el desastre de los frascos, indeciso.
- No, no creo que sirva de mucho un Reparo, a estas alturas...
Suspiré.
- Bueno... - Dijo Keith -. No te preocupes, puedes usar alguno de los míos.
- No, no, no hace falta, gracias - Dije -. Creo que tengo algún otro.
En realidad tenía un frasco de tinta más. Uno de los que Sacharissa me había regalado el pasado invierno, verde oscuro brillante. Lo había llevado, no tenía muy claro por qué, en su funda de madera, junto a mis libros y demás material. Claro que, por otro lado, no era demasiado apropiado para usarlo en clase... Resoplé, de mal humor.
- Eh... Peter - Dijo Keith, de repente, sentándose a mi lado en el colchón -. Tengo que decirte algo.
- ¿Qué? ¿Has sido tú? - Dije, alzando los frascos rotos hacia él. Los miró receloso.
- No, no... - Dijo, inseguro. Dejé los frascos en el suelo, envueltos en una esquina -. Pero sí es sobre el vagón del equipaje.
- ¿Qué lo gestionan trolls? - Bufé -. No es ninguna sorpresa.
- ¡Olvida lo de los frascos!
- ¿Pero cómo voy a...? - Dije, alterado -. Diez, ¡diez frascos de tinta! ¡Cualquiera diría que eran suficientes! Y ni un día me...
- ¡Ally y yo en el vagón del equipaje! - Me interrumpió Keith. Me quedé callado y le miré, suspicaz.
- ¿Ally y tú en el vagón del equipaje qué? - Dije. Keith no contestó, sólo apretó los labios y alzo las cejas, moviendo la barbilla como para alentarme -. ¿En serio? - Exclamé, tratando de no alzar la voz -. ¿Ally y tú en el vagón del equipaje? ¿Juntos?
Keith frunció el ceño y sacudió la cabeza.
- ¡Pues claro que juntos! - Dijo.
- ¿Pero de que estamos hablando aquí exactamente? - Dije, sonriendo -. ¿De Ally y tú en el vagón del equipaje, mua, mua, mua? O... - Alcé las cejas y recalqué cada palabra -. ¿De Ally y tú en el vagón del equipaje, tú ya me entiendes?
- De... De las dos cosas, supongo - Dijo él.
- Increíble - Dije - ¿Pero entonces...? ¿Cómo ha sido?
Keith me contó a grandes rasgos lo que había pasado entre él y Ally en el tren. Escuché con atención, y cuando terminó el relato Stebbins entró en la habitación.
- ¿Aún así? - Dijo, ordenando sus toallas -. Venga, id al baño y terminad de una vez, no quiero tener que esperar a que volváis de lavaros los dientes para poder dormirme.
- Sí, señor - Musitó Keith, mientras salíamos del dormitorio con nuestros útiles de aseo.
- A él si que le hace falta que alguien le lleve al vagón del equipaje - Bromeé -. Keith, tú ya sabes bien el camino, ¿no?
Keith rió y me empujó, casi haciéndome caer por las escaleras hasta la sala común. Seguimos bromeando y hablando sobre el tema hasta que volvimos a la habitación. El curso empezaba fuerte.

Me senté en mi cama, con las cortinas selladas, e iluminé mi varita para ver mejor. Había dejado la bolsa con mis libros junto a la almohada, así que la abrí y saqué la pequeña caja de madera donde se encontraba el frasco de tinta que Sach me había regalado. No quería gastarlo, y menos en apuntes de clase, pero ¿qué otra cosa iba a hacer? Eso sí, al menos tendría que usar otra tinta para los trabajos de clase, no creía que el profesor Snape fuera a ver con buenos ojos que le entregase un pergamino escrito con tinta de color verde brillante, por poner un ejemplo.
Mientras volvía a guardar el frasco en su sitio, vi de reojo los diarios de mi tío en la bolsa. Estaba cansado, y no tenía ganas de ponerme a leer ninguno de ellos, pero aún así eché mano del de sexto curso.
Tomé aire, y lo abrí. La primera página estaba en blanco. Pasé una página, y...
- ¡Lo sabía! - Murmuré, emocionado. La primera página había dejado de estar en blanco, y en su lugar mostraba la misma intrincada letra que los demás diarios, la de mi tío Horacio. Leí en silencio las primeras líneas.
"Hoy ha sido la cena de bienvenida, y la selección anual para los nuevos alumnos. Empieza otro curso más, espero que más tranquilo que el anterior. No sé por qué sigo escribiendo estos diarios, y no tengo muchas ganas de escribir hoy. Además apenas he podido hablar con Rosanna, y no la he visto en el tren, así que tampoco hay nada importante que contar. De todas formas allá voy."
Seguí leyendo por encima, sin prestar demasiada atención. Verdaderamente no había nada interesante, de hecho su día parecía bastante más aburrido que el mío. Sólo algunas referencias a mi padre y a algún otro Starkey que al parecer iba a clase a la vez. Era raro que yo no tuviera ningún primo, teniendo en cuenta lo grande que parecía haber sido la familia Starkey. Porque, desde luego, Sally no era mi prima.
Pero nada más. Y, al terminar el primer día, el resto de las páginas volvían a estar en blanco.
"Ah, Sally", pensé, bostezando. "Sí, mañana se lo enseñaré, quizá le interese más que a mí saber de esto."
Apagué mi varita y me tumbé en la cama, con el diario de mi tío a mi lado. Cerré los ojos, y traté de dormirme.
"Un momento", pensé, volviendo a abrirlos. "¿En el vagón de equipajes?"
Fruncí el ceño, pensando en mis frascos rotos. Al día siguiente alguien sufriría un extenso interrogatorio acerca de "sobre qué baúl os apoyasteis" y "qué paquetes empujasteis".

5 de Septiembre, Lunes

La nueva semana se presentaba interesante. Ya habíamos dejado atrás las presentaciones y explicaciones de las asignaturas en las que, afortunadamente, éramos menos. Excepto en encantamientos, y defensa contra las artes oscuras, que solía escoger todo el mundo, las demás perdían alumnos a un ratio alarmante en los dos últimos cursos, sobre todo las más difíciles como pociones o transformaciones.
El primer día que habíamos tenido defensa había sido muy interesante. El nuevo profesor parecía un poco loco, todo el tiempo diciéndonos que estuviéramos alerta y tuviéramos cuidado, pero le gustaba enseñarnos toda clase de hechizos y maldiciones que no podríamos conocer de otra manera. Nos explicó el tema de las maldiciones imperdonables y nos mostró como funcionaban sobre una araña. A mí me dio bastante asco, pero estoy segura de que Peter sólo podía pensar en "pobre araña" y Keith en que habría ese día para comer.
El sábado anterior conseguimos reunirnos todos, incluidas Ally y Yashira, en el campo de Quidditch para aprovechar el sol que todavía hacía. Nosotras nos tumbamos en la hierba con la cara hacia el cielo, como si fuéramos girasoles, piernas extendidas y camisas de manga corta, mientras los chicos decidían que esa postura no era adecuada para ellos y que sería mejor sentarse con las piernas cruzadas sobre la túnica.

- Es una pena que este año no vaya a haber Quidditch - dijo Ally - me hubiera gustado volver a ver a Diggory en acción. Y me gustaban también los entrenamientos, aunque nunca terminaba jugando. - hizo una pequeña pausa - Creo que el año pasado fue el último año de jugar para mí. Me hubiera gustado que me hubieran avisado, lo hubiera disfrutado más.

- ¿Por qué lo vas a dejar? - le preguntó Yashira - Mucha gente en séptimo sigue en el equipo.

- Es demasiado estresante, demasiado tiempo. Ya me costó repartirme entre el estudio y el juego el año pasado con los Timo, no quiero imaginar que pasará cuando tenga que preparar los Éxtasis.

- Buf, no me lo recuerdes - suspiró Keith - me alegra que este año vaya a ser más relajado. O eso espero.

- Supongo que sí - le contesté - al fin y al cabo, tú tienes... no sé, cómo... ¿dos asignaturas? ¿crees que podrás con tanto? Si ves que necesitas ayuda en tremenda hazaña, pídela, no te cortes.

- Cállate, - me dijo - tengo cinco, y son suficientes. Yo no aspiro a tener una colección de asignaturas como la tuya. Deja que pasen tres meses y llorarás por haber escogido demasiadas.

- Sólo porque tú no puedas hacerlo no significa que los demás tampoco.

- ¿Cómo creéis que será esto del torneo de los tres magos? - preguntó Peter en voz alta, mientras Keith y yo seguíamos haciéndonos gestos estúpidos hasta que nos reímos.

- No lo sé - le contestó Stebbins, mientras todos le mirábamos. No era usual que contestase a una pregunta que no iba dirigida a él específicamente, y menos si venía de parte de Peter. - Sólo sé que se han tomado medidas especiales para que esta vez no muera nadie. No es usual, pero quién sabe. Las pruebas pueden llegar a ser muy peligrosas.

- ¿Cuántas pruebas son? - le pregunté.

- Casi siempre han sido tres, pero no sé si seguirán la costumbre éste año. También hay tres campeones, uno por colegio, pero no tengo ni idea de como les escogerán. Creo que está relacionado con un cáliz, pero eso es todo.

Seguimos hablando durante un buen rato sobre cosas relacionadas con las clases, hasta que el día empezó a decaer y comenzó a hacer frío. Nos pusimos nuestras túnicas y volvimos al colegio en silencio, viendo la puesta de sol. Nos despedimos en la puerta del gran comedor mientras cada uno se encaminaba hacia su mesa. Yo me senté entre Keith y Stebbins y comenté con este último lo raro que era que entre tantos Slytherins hubiera dos personas de casas distintas, una de ellas de Gryffindor, nada menos.

- En realidad - me dijo tras dar un sorbo a su zumo de calabaza - no debería ser tan extraño. Al fin y al cabo, todos somos magos y deberíamos permanecer unidos. No te creas que las cosas han sido siempre así, hace muchos años, antes de que apareciese quién-tu-ya-sabes, todas las casas estaban mucho más unidas, excepto quizás cuando se fundó. Slytherin vivió hace unos cuatrocientos años más o menos, y el hecho de que no se llevase muy bien con las otras casas por sus ideas no debería dejar que eso nos afecte ahora.

- ¿Siempre seremos los odiados de Hogwarts, de la comunidad mágica en general? - le pregunté

- Probablemente sí. Ya sabes que la gente tiene muchos prejuicios, y eso no lo podemos evitar, pero ya ves, cada vez nos mezclamos más y eso es bueno.

- Pensé que tu eras más de los de, ya sabes, pureza de sangre y todo eso.

Me miró y se encogió de hombros.

- Un mago siempre es un mago.

Terminamos la cena en silencio y nos dirigimos a nuestras salas comunes. Subí a mi habitación para buscar uno de los libros de pociones para ir adelantando algo de materia para el día siguiente y me senté en uno de los sofás más alejados del bullicio cuando Stebbins volvió a acercarse a mí.

- Creí que tenías deberes - le dije, haciéndole un hueco para que se sentase. - Si no ya te hubiera molestado yo.

Le guiñé un ojo y sonreí.

- Quería darte algo.

Le miré sin comprender. No era ningún tipo de aniversario, ni nada parecido, ¿verdad? ¿O quizás me estaba olvidando de algo? A veces me despistaba, pero no creía que se me hubiera olvidado algo tan importante que requiriese regalo.

- ¿Sí? - pregunté dudosa.

Levantó su puño derecho, cerrado, esperando a que extendiera la mano. Cuando lo hice, depositó en ella un pequeño objeto plateado, con forma de serpiente, sujetando una esmeralda en su boca.

- Oh - le dije. Es un colgante muy bonito, pero es tuyo, ¿verdad?

- Sí, pero ahora te lo regalo. Quiero que lo tengas tú.

Se inclinó hacia mí y me besó, haciendo que me olvidase de todo lo que estuviera relacionado con pociones o con las clases durante un buen rato, hasta que finalmente nos fuimos a dormir. Posé el colgante sobre la mesita al lado de mi cama, pensando en que había visto algo parecido en alguna parte, pero sin conseguir recordar dónde, hasta que me dormí.

 8 de Septiembre, Jueves 

Los primeros días después de las vacaciones siempre eran los más duros, consistían en volver a recuperar cada una de las rutinas que habíamos olvidado en apenas unos meses. Desayunar, comer, cenar, siempre a la misma hora, puntuales como un reloj. Interminables clases donde había que concentrar todo nuestro esfuerzo en mantener la atención con el fin de parecer mínimamente interesados en las materias. Gritos, risas, lloros entre cada clase, momentos durante los que el tiempo decidía esprintar. Aunque sin lugar a dudas, la peor de todas no era otra que madrugar, aun habiendo trabajado en la tienda de mi tío durante el verano, teniendo que levantarme varios días cuando el sol aun seguía desaparecido, las ojeras en mi cara demostraban que todavía necesitaba acostúmbrame a los nuevos horarios.
Tumbado sobre mi cama, sujetaba con fuerza la sábana evitando que los tirones, cada vez más fuertes, me la quitasen.

- ¡Vamos perezoso! - un nuevo tirón al tiempo que aflojaba la tela produjeron un estruendo en la habitación.
Abrí un ojo con dificultad, contuve la risa sabiendo lo que iba a encontrarme. En el suelo se encontraba Peter, el trozo de sábana que había conseguido quitarme estaba enredado en sus piernas impidiéndole levantarse.
- ¡Parker! a ver si dejas de tirar la porquería al suelo. - Stebbins miraba a Peter desde la puerta y salió sonriendo de la habitación.

Últimamente Stebbins mostraba un comportamiento extraño hacía nosotros, empleaba un tono muy distinto al hostil y burlón de años anteriores, incluso se podría decir que era agradable.
Me levanté y cogí de un extremo la sábana que estaba en el suelo, tiré de él, arrastrando también a Peter que aun no había conseguido zafarse del nudo que aprisionaba sus piernas.

- Bueno tendré que sacar la basura - dije abriendo la puerta.
- Eso tu riele las gracias a ese... - Peter protestó murmurando diferentes descripciones de Stebbins no muy desencaminadas de la realidad.

Ayudé a Peter a levantarse y recogimos la habitación con la mayor velocidad que pudimos.

- Espero que hoy al menos tenga alguna tostada - comenté mientras bajamos corriendo las escaleras que conducían a la sala común.
- O por lo menos un vaso con zumo - contestó Peter.

Como de costumbre a esas horas de la mañana la sala común estaba totalmente vacía, la cruzamos en un suspiro en dirección al gran comedor. A medida nos acercábamos, el número de alumnos por los pasillos en dirección a las aulas iba en aumento. Cuando por fin entramos sólo los grupos más rezagados seguían desayunando. En la mesa de Slytherin estaban Sacharissa y Stebbins hablando, sus tazas estaban vacías, frente a ellos se encontraba Sally terminado el último trozo de una pasta de melocotón. Nos sentamos a su lado y buscamos entre los restos de comida que había sobre la mesa algo que mereciese la pena llevarse a la boca.

- Otra vez tarde - dijo Sacharissa - como sigáis así no os va a quedar ni los restos.
- Toma, te he guardado un poco - Sally le acercó a Peter un plato con una tostada, dos magdalenas y un bol de cereales.
- Muchas gracias - respondió dándole un beso.

Acerqué disimuladamente la mano a la tostada de Peter pero un gesto amenazante de su tenedor me hizo retroceder y conformarme con una de las quemadas que quedaban sobre la mesa. Apenas tuvimos tiempo para dar un par de bocados al espectacular desayuno cuando la comida sobre la mesa empezó a desaparecer indicando que era la hora de ir a clase.
La diferencia entre Sexto y Quinto curso se veía claramente en el tamaño de los libros, los de este año eran el doble de anchos que los del anterior, con el tamaño de letra mucho más pequeña de lo habitual y con constantes ejemplos reales sobre los temas tratados. A pesar de ello cada uno de los profesores no dejaban de recordarnos una y otra vez que este año debíamos atender en cada clase, pues nosotros habíamos elegido asistir a ellas. Aunque mi mayor preocupación en aquel momento era pensar que hacer con la cantidad de horas libres que tendría ese año, no estaba muy seguro si, pasármelas tumbado tomando el sol o hacer un poco de ejercicio por los campos del colegio, afectaría de forma favorable a mi futuro profesional.
Durante la mayoría de las clases en las que coincidía con Peter y Sacharissa me sentaba junto a Peter y Sally como el último año, Sally parecía que con el paso del tiempo había ganado en confianza y de vez en cuando se unía a nuestras conversaciones e incluso bromeaba. Sólo en transformaciones cambiaba de sitio para ponerme junto a Ally ya que era la única clase que compartíamos con Hufflepuff, y aunque llevábamos años siendo amigos, muchos de mis compañeros Slytherin me lanzaban acusadoras miradas siempre que les daba la ocasión.

- Creo que Vince te quiere decir algo - Ally me indicó la zona donde Vince estaba sentada con un movimiento de cabeza.

Vince nos observaba con el ceño fruncido desde la mesa de al lado, cuando cruzamos las miradas se giró para comentarle algo al oído a su compañera.

- No te preocupes, será que le gusto - contesté esperando ver si Vince volvía a mirarnos.
- ¿Gustarle tu? - Ally esbozó una delicada sonrisa - No creo, es más posible que le guste yo.

Reímos.

- Ally - hice una pausa intentando parecer interesante y usando un tono mucho más grave - cualquiera de estas chicas daría lo que fuera por estar sentada a mi lado.

Pasé mi mano bajo la mesa y la posé sobre su pierna. Ally me abrió los ojos, miró alrededor, y cuando comprobó que nadie nos prestaba atención se acercó a mí.

- Keith - hizo una pausa a la vez que puso su mano sobre la mía y la agarró. - cualquiera de estos chicos - quitó mi mano de su pierna, la puso sobre la mesa soltándome. - se moriría - continúo acercándose y bajando la voz, haciendo que a mi forma de verla resultase irresistible - por estar a esta distancia de mí. - Ally me sonrió volviendo a mirar hacia la profesora.

Durante un rato estuvimos atendiendo a las explicaciones de profesora McGonagall sobre una transformación compleja simple y una compleja completa, dejando bien claro que las segundas sólo los magos con talento y dedicación llegaban a conseguir hacer. Por el rabillo del ojo observaba como Ally tomaba apuntes, el pelo le caía sobre la cara provocando que lo apartase frecuentemente con la pluma. No podía evitar sentirme atraído por ella.

- ¿Tú crees? - le pregunté.

Ally puso cara de no entender que le estaba preguntando.

- ¿Crees que a todos estos les gustaría estar tan cerca de ti? - Ally repasó con la mirada toda el aula. - Es te voy a ser sincero, eres un poco feílla - continué intentando picarla - y no hueles muy bien.

Ella cerró el puño y amenazó con golpearme el hombro pero interrumpió la acción al percatarse de que la profesora se dirigía a nuestra zona.

- Lo que creo es que tienes envidia - susurró haciendo que atendía.
- ¿Envidia? ¿Yo?
- Si, envidia de que yo puedo tener a quien me apetezca y tu no. - Apoyó sus codos sobre la mesa e impulsó su cuerpo para poder acercarse a uno de los dos chicos de su casa que se sentaban delante. Le dijo algo al oído que provocó que el chico se girara y le guiñase un ojo. - ¿Ves? - sentenció con aire de victoria.
- Más quisieras... - miré hacia Peter y Sally los cuales parecían entretenidos escribiendo algo en el mismo pergamino. Me mantuve callado intentando que la conversación cambiase de tercio, pero Ally no se daba por vencida con facilidad.
- ¿Que te apuestas?

Supe que seguramente no tendría muchas opciones de ganar la apuesta pero era demasiado orgulloso como para echarme atrás.

- ¿En que estas pensando? - pregunté temiendo la respuesta.
- Te apuesto a que me lío con más alumnos que tu durante este curso, además con el torneo tendremos más variedad donde elegir.
- Sabes que no tienes nada que hacer y no sé que ganaría yo humillándote - reí.
- ¿No te vale con que reconozca que toda esa chulería está justificada?
- En realidad se que lo reconoces
- Está bien - Ally cogió su pluma y escribió unas líneas sobre su pergamino.

Me acerqué para ver bien y poder leerlo sin problemas. Cuando terminé le contesté.

- Acepto tu apuesta.

Con un movimiento de su varita Ally borró lo que había escrito. La profesora McGonagall dio por finalizada la clase y las voces de los alumnos inundaron el aula. Stebbins y Sacharissa salieron los primeros haciéndonos una señal de que nos esperaban en la puerta.

- ¿Nos vemos después de comer? - Tenía horas libres gracias al profesor Snape y a la cantidad de horas que tenía asignada la asignatura de pociones.
- Vale, así ultimamos los detalles.

Nos reunimos con los demás y fuimos todos juntos hacia el comedor. Tras terminar de comer Peter y Sacharissa fueron a pociones y yo esperé apoyado en una columna a que Ally saliese. Dimos una vuelta alrededor del patio principal, buscando un sitio donde sentarnos, hacía mucho viento por eso no decidimos ir a los jardines y ver si encontrábamos un lugar más guarnecido. A pesar de ser horario de clase se veían alumnos pululando de un lado a otro, estaba claro que la clase de Snape no debía tener mucha afluencia. Decidimos quedarnos junto a una columna del pasillo donde menos aire daba, dejamos los libros en el suelo y nos sentamos en su base.
Después de un tiempo negociando concluimos que la apuesta solamente tendría 3 normas.
1) No cuentan las vacaciones: Cualquier persona con la que no liásemos en vacaciones no se tendría en cuenta.
2) Prohibida cualquier influencia: Cada uno de los ligues tendría que estar con nosotros por propia voluntad y sin tener que darle nada a cambio.
3) Ningún afectado sabría sobre la existencia de la apuesta.

- Pues ya está – Ally guardo el trozo de pergamino donde había escrito las normas entre las páginas de uno de sus libros.
- Aun tenemos que saber cómo conocer de verdad si estuviste con uno o no.

Lo más complicado sería demostrar si mentíamos o no cuando dijésemos que habíamos estado con una persona u otra.

- Ya tengo algo en mente pero quiero hablarlo con Sach antes, a ver si es posible.
- Así que ya empiezas a hacer trampas, si se lo cuentas, la tengo que quitar de mi lista de posibles. - repliqué.
- Ella no se liaría contigo ni loca. Si quieres se lo puedes contar a Peter y así nos igualamos. - respondió sorprendida.
- Peter esta con Sally, el no caería en tus maquiavélicas redes.
- Y Sach con Stebbins – contrarrestó ella.
- Pero es Stebbins – él a todas luces no contaba como novio - además no hay ninguna norma que lo impida.
- Peter y Sach descartados, ¿ok? – finalizó ella tapándome con la mano la boca.

Tenía las manos congeladas, el día estaba oscureciendo y cada vez el frío era mayor. Le ofrecí mi jersey y se lo puso alrededor de las manos a modo de manta.

- Vale, pero hasta que no esté claro cómo evitar los engaños no comienza la apuesta.
- Jeje, veo que tienes miedo. – rió ella.
- ¿Miedo?, pero si el vencedor está claro. – dije guiñando un ojo al reflejo que se dibujaba en la ventana de la clase de enfrente.

Ally apoyó su cabeza en mi hombro. Nos miramos desde el otro lado de la ventana. Acarició con sus labios mi cuello consiguiendo transformar el viento a nuestro alrededor en una tenue brisa, hasta que nuestros labios se encontraron.

- Esta claro - susurró.

El tiempo corría entre risas, besos, caricias, disimulando cada vez que veíamos o escuchábamos a alguien acercarse. Cuando la hora del final de las clases se acercó, nos pusimos de nuevo en marcha para evitar caminar esquivando alumnos. De camino a los jardines interiores vimos a un grupo de Hufflepuff sentados en las escaleras que conducían a su casa.

- Espera un momento - dijo Ally antes de dirigirse hacia ellos.

Me quede observándolos desde el pasillo, pude distinguir al chico al que Ally había susurrado en clase esa misma mañana, que se reía mientras hablaba con ella, intente recordar su nombre pero no lo conseguí.

- Un don nadie - pensé apartando la vista de ellos.
- Hola Parker - dijeron a mi espalda.

Al darme la vuelta vi a William Wilkes, aunque era miembro de Slytherin apenas había cruzado alguna palabra con él durante los años que llevaba en el colegio.

- ¿No tienes pociones? - continuo.
- No, decidí dejarla este año - contesté
- Voy a la sala común ¿vienes? - me indicó señalando el final del pasillo.
- No, estoy esperando a una amiga - mire hacia Ally que seguía hablando con sus compañeros.

Wilkes miro hacia ellos y en su rostro se dibujo una pequeña sonrisa.

- ¿No crees que tus compañías no son las más indicadas para alguien como tú? - dijo sin mirarme en un tono completamente tranquilo.
- No entiendo que quieres decir – intenté disimular, sabía de sobra que para un Slytherin tener amigos en Gryffindor o Hufflepuff era extraño, pero normalmente el resto se limitaba a mirar con aire de desaprobación, pocos eran los que decían algo y más sin conocer a la persona.
- Esta amiga tuya de Hufflepuff ¿Allyson se llama?, ¿de veras quieres que te relacionen con ella? - me miró sin pestañear, esperando una respuesta.
- No veo por qué no van a poder relacionarme con ella - balbuceé sin saber que decir, no sabía por qué extraña razón le contestaba.
- Porque no sería bueno para tu imagen que te relacionaran con una sangre sucia. – me espetó.

Las últimas palabras resonaron como el eco en mi cabeza.

- ¡Pero tú que sabrás! ¡Ni siquiera ella lo sabe! - me coloqué a apenas un palmo de distancia suyo, a pesar de ello él ni siquiera se movía un centímetro y me miraba desafiante.

Vi como Ally y el grupo de Hufflepuff se percataban de nuestra conversación.

- Por lo que tengo entendido, es más que probable que su padre sea un muggle - la voz no le tembló ni un ápice - Lo que la hace...

Sin dejarle terminar la frase saqué de la túnica mi varita y dando un paso atrás le apunté a la cara, sin darme cuenta de donde había salido tenía su varita justo entre mis cejas. Las sienes me palpitaban y un montón de hechizos se arremolinaban en mi boca luchando por salir uno tras otro.

- ¿Como te atreves?, ¿Quién eres tú para decir nada?

Ninguno de los dos movía un músculo, nuestras miradas se analizaban intentando descubrir la intención del otro. Ambas varitas se agitaron levemente como si empezasen a entonar una misma composición.

- ¡Keith! - Ally me sujetó el brazo obligándome a bajar la varita. Wilkes a su vez guardo la suya en el bolsillo. - ¡Para! ¿Qué está pasando?
- Ya hablaremos - me dijo Wilkes sonriendo.

A continuación se fue por el mismo pasillo por el que había aparecido. No le quité la vista de encima hasta que dobló la esquina y ya no podía seguirlo.

- ¡Keith! - insistió Ally sacándome de mis pensamientos. La miré y poco a poco me fui tranquilizando, guardé mi varita y observé como el grupo de Hufflepuff nos miraba cuchicheando entre ellos.
- ¿Qué paso? ¿Por qué os amenazasteis? - preguntó Ally aun sujeta a mi brazo.
- Nada, simplemente me insultó por no aprobar pociones - justifiqué con lo primero que se me ocurrió.
- No te creo, dime la verdad

Aunque Ally no se creía la excusa, era lo único que se me ocurría en esos momentos y no creí recomendable decirle las mentiras que decían sobre ella.

- Esa es la verdad, es un imbécil – intenté ser convincente.

Ally seguía sin parecer convencida pero no dijo nada.

- Se está haciendo tarde, quizás sea mejor que me vaya – buscaba la forma de salir del paso e irme y pensar en lo ocurrido sería la mejor manera de conseguirlo.

Asintió con extrañeza, nos despedimos y me fui mientras Ally volvía a sentarse junto a sus compañeros. De camino a mi habitación le daba una y otra vez vueltas a lo que me había dicho Wilkes, parecía muy convencido de saber quién era el padre de Ally y sin embargo resultaba completamente imposible que lo supiese.
Sach estaba sola en un sofá entretenida en la lectura de 'El Profeta', me senté a su lado sin decir nada. Ella levanto la vista por encima del periódico un instante y continúo leyendo.

- ¿Que te pasa? - dijo unos segundos después.

Lo que más apreciaba de mi relación con Sach era que sabía sin falta de decirle nada cuando me pasaba algo. Le conté lo sucedido con Wilkes remarcando los comentarios que había echo sobre Ally y su padre, llegando a la conclusión de que lo más probable es que se lo hubiese inventado aunque no sabíamos porque razón lo haría.
Siempre había una razón.