6 de Mayo, Viernes

Al fin había llegado el día. Había tenido la poción cociéndose durante todo este tiempo, esperando primero a que se aclarase y luego a que se pusiera totalmente transparente. Aún no tenía ningún plan sobre como poder tirarle por encima la poción a Sally, pero pensé en improvisar sobre la marcha. Muy bien. La metí en una botellita y la dejé al lado de la ventana, para que estuviera bien a la luz, y me fui de la habitación. Durante las clases de la mañana intenté fijarme todo lo posible en Sally para saber si era del tipo de personas que se pasa el rato mirando de un lado a otro y me descubriría a la primera si iba detrás de ella para tirarle la poción por casualidad. Parecía que había tenido suerte, sin embargo. Miraba al frente fija, siguiendo con los ojos al profesor y sus explicaciones, excepto en los breves momentos en los ligeramente, por el rabillo del ojo, miraba a Peter, que se sentaba a su lado, quizá para asegurarse de que seguía allí.

Después de la hora de comer, me fui a por la poción y guardé el frasquito con cuidado dentro del bolsillo de la túnica pensando en aprovechar cualquier momento para tirárselo todo por encima. Según me había estado explicando Stebbins, todo dependía del color que tomaba cuando la tocase, pero tenía que asegurarme de que le caía algo sobre la piel, o no funcionaría. El rojo brillante indicaba la peor de las situaciones, aunque dijo que no era probable que ocurriese, ya que solo se daba en casos en los que prácticamente se quería matar a la otra persona, pero era probable que si tramaba algo, se pusiera rojizo, como el té rojo, lo suficiente como para verlo. Había una amplia gama de rojos, pasando por los rosas más tenues, hasta el color que tenía en ese momento, ninguno. También me había comentado que aunque se pusiera de un color ligeramente rojo, no tenía por qué significar nada, tan solo que le podría haber dicho alguna pequeña mentira sobre el futuro de ambos.

A pesar de que Stebbins no soportaba a Peter y mostraba bastate desinterés por Kingcrow, había decidido ayudarme de todas maneras. No demostraba ningún tipo de curiosidad ni ilusión por ello, pero ahí estaba, de todas maneras. Y por mi parte, ahora mismo tenía una curiosidad tremenda. A veces Kingcrow se quedaba mirando a la nada y cosas así, aunque el resto del tiempo se lo pasaba en los brazos de Peter, por lo que no era capaz de encontrar el por qué había decidio hacer aquello. De todas maneras, me sentía intrigada. Todo entre ellos había sido muy repentino. No habían hablado nada en absoluto durante más de cinco años, y de repente, tadán, salían juntos. Cierto que Peter y yo no nos habíamos conocido durante mucho más, pero aún así... lo nuestro había sido más apacible y más bonito. Al menos eso creía, claro. No tenía ni idea de como habían sido las cosas entre ellos.

Por la tarde, tras las dos clases que teníamos, me senté con Stebbins en la sala común para intentar buscar un momento. No podía retrasarlo mucho ya que la poción tenía su mejor momento antes de que pasasen doce horas de sacarla del caldero, así que esperé hasta que la vi bajar de la habitación con Peter. Parecían muy contentos, y me sentí un poco dolida. Él nunca había parecido estar tan contento cuando estaba conmigo. Me centré en el pergamino que tenía delante e intenté concentrarme. Echaba varias miradas ocasionales para ver que estaban haciendo en ese momento. Achuchándose en el sofá. Achuchándose en el otro sofá. Hablando Dios sabe de qué. Por fin, se levantaron, y Kingcrow se quedó sola al lado de las escaleras mientras Peter subía hacia el cuarto, probablemente para ir a buscar algo, así que puse en la tacita que tenía al lado el contenido del frasquito que había guardado, y me puse de pie.

Caminé tranquilamente hacia Kingcrow, como si solo quisiese ir al otro extremo de la habitación y mirar por la ventana. Un poco más cerca, un poquito más, chocaría, oh cuanto lo siento, no te preocupes es solo té, déjame limpiártelo, me pondría mala cara, se alejaría bufando, y jamás se daría cuenta de que le había tirado realmente. Era un plan perfecto. Excepto porque cuando estaba a menos de medio metro de ella, Peter bajó las escaleras todo lo rápido que pudo mientras gritaba que ya estaba listo. Tropezó en el último escalón y chocó justo contra mí, haciendo que todo el contenido de la taza le salpicase. Muy bien, se había arruinado todo.

Suspiré, intentando no parecer demasiado enfadada. Peter me pidió perdón una y otra vez e insistió en traerme otra bebida. Sally, sin embargo, me miraba fijamente.

- No te preocupes - le dije - no hace falta. Tan sólo era agua.

- Querrás decir té.

- ¿Cómo? - pregunté mientras miraba la camisa de Peter.

Ahí estaba. Una gran mancha de color rojizo que contrastaba con la blancura de su camisa

 8 de Mayo, Domingo

Miré el plato de comida ante mí con falta de apetito. ¿Dónde estaba Sally? Lo normal era que los Domingos nos los pasáramos pegados el uno al otro, estudiando y dando paseos en silencio. Bueno, y el resto de los días también. Pero, sin embargo, no la había visto en toda la mañana. Ni siquiera había bajado a desayunar, para mi sorpresa. Y, por mucho que la había esperado en la sala común, no había rastro de ella. Debía de seguir en su habitación.
Separé la vista del plato y busqué a mis compañeros con la mirada. Keith sentado solo y hurgando en el plato de comida con sus cubiertos, con aire ausente. Y Chibi junto a Stebbins, aparentemente muy cómoda a su lado. Bah. Chibi. Apenas hablábamos ya, y la mayor parte de cuando lo hacíamos era para discutir. Y, aún así, todavía tenía impulsos repentinos por complacerla de vez en cuando. Como días atrás, cuando me había tirado una taza de té por encima y yo me había ofrecido a buscarle otra. Y ante Sally. Claro que a ella no parecía haberle importado. Pero con ella tampoco se podía estar seguro de nada.
De repente, el asiento a mi lado rechinó contra el suelo mientras Sally se sentaba y se acercaba mucho a mí. Parecía un tanto alterada.
- ¿Dónde has estado todo el tiempo? - Le dije, antes de darme cuenta de que ni siquiera se había molestado en coger un plato de comida.
- ¡El pergamino, Peter! - Dijo ella, como si yo tuviera que entender de qué estaba hablando.
- ¿Qué dices? - Dije, bajando la voz.
- ¡Uno de mis pergaminos! - Dijo ella, hablando también en bajo. Días atrás habíamos decidido repartirnos los pergaminos tras volver a discutir sobre el asunto. Sally había accedido a dejarme guardar dos de los cuatro pergaminos, con la condición de que le avisase si aparecía algo en ellos, y prometiendo ella hacer lo mismo. Yo accedí no muy convencido, pensando que ella no me avisaría en el caso contrario. Pero, por lo visto, me equivocaba.
- ¿Qué? - Dije, nervioso -, ¿ha aparecido algo?
- ¡Sí! - Dijo ella, cogiéndome por los hombros y acercándose mucho a mí. Al notar que la gente nos miraba, me acerqué y le dí un beso rápido, como si sólo nos saludáramos. Ella no pareció ni darse cuenta.
- Y... - Dije, intrigado - ¿Qué ha aparecido?
- ¡Ven y te lo enseñaré!
Sally me cogió de la mano y comenzó a ponerse en pie, pero tiré de su túnica para que se volviera a sentar.
- ¿No piensas comer nada? - Dije, mientras ella me miraba extrañada. Sally se encogió de hombros y cogió un tenedor cercano, tras lo cual comenzó a tomar bocados ocasionales de mi plato. Me apuré para repartirlo más o menos a la mitad y, en cuanto terminamos, volvió a cogerme de la mano y me llevó corriendo a la sala común.

- ¡Espera! - Dije, mientras Sally se encaminaba hacia el dormitorio femenino -. ¡Yo no puedo subir ahí!
Sally me miró y puso cara de "ah, eres un chico, lo había olvidado", tras lo cual me soltó y subió a su habitación sin decir palabra. A los pocos segundos volvió a bajar con sus pergaminos a la carrera, me cogió de la mano de nuevo, y me hizo correr a toda prisa hacia la habitación de los chicos.
Una vez dentro, se subió a mi cama antes que yo y, en cuanto la hube seguido, corrió las cortinas y las unió utilizando el mismo hechizo que yo había usado siempre. Tras hacerlo, al fin desenrrolló uno de los pergaminos, y me lo ofreció.
En cuanto lo cogí y me preparé para leerlo, me quedé sorprendido al ver que, al igual que en el otro había aparecido un testamento, sobre éste había aparecido un mapa. Parecía el mapa de toda la planta de un edificio, con infinidad de habitaciones y, aparentemente, varios caminos marcados con tinta roja, partiendo de unas escaleras, y llegando cada uno a una habitación concreta. Sobre el mapa aparecía escrita, con cuidada ortografía, la palabra "Sótanos".
- ¿Sótanos? - Dije, extrañado -. ¿Pero qué sótanos son éstos?
Sally soltó un gruñido.
- No lo sé - Dijo, decepcionada -. Esperaba que tú me lo dijeras, yo llevo toda la mañana en la biblioteca, creí que sería un plano de los sótanos de Hogwarts y estuve buscando información, pero no se trata de eso, estos sótanos son de algún otro sitio.
La miré frunciendo el ceño.
- Si esperabas que yo te lo dijera, podrías haberme buscado por la mañana como todos los días - Dije -. ¿Por qué no te fías de mí?
- No sé - Dijo ella -, ¿por qué has dicho tú que nos hemos acostado?
Bajé la cabeza, avergonzado.
- No me molesta - Dijo ella -, no te preocupes. Ya te lo diría. Sólo quería encontrar información. Pero ya veo que va a ser difícil.
Sally suspiró, y se dejó caer sobre la cama. Al cabo de unos segundos pareció darse cuenta de que eso no era muy propio de ella y volvió a incorporarse.
- Bueno - Dijo, seria -. Te dejo este pergamino. Pero a cambio me llevo uno de los tuyos en blanco. Intenta averiguar de dónde es el mapa, si se te ocurre cualquier cosa... Dímelo.
Sally cogió uno de mis pergaminos y, tras deshacer el hechizo de las cortinas de mi cama y darme un beso en los labios, abandonó la habitación, dejándome sentado y observando el mapa.
- Creo que sé de dónde es - Dije en voz baja lentamente -. Son los sótanos de la casa de mi tío. Supongo que tendré que pasarme por allí este Verano

 11 de Mayo, Miércoles

Un golpe seco me despertó. Me froté los ojos y aparté ligeramente al cortina que cubría mi cama. Peter se calzaba en el centro de la habitación y al escuchar el movimiento de la cortina se volteó hacia mi.

- Stebbins se acaba de ir, es tarde. - Al terminar la frase, bajó la cabeza para terminar de prepararse.

Me di la vuelta sobre la cama, nuestras conversaciones solían ser muy limitadas, una frase si coincidíamos al levantarnos, dos, si nos cruzábamos en clase y como mucho tres, en el caso de que nos tropezásemos en el patio y fuésemos los encargados de salvar la tierra de una inminente invasión extraterrestre que este caso aún no se había producido.

Escuché de nuevo el golpe de la puerta, indicativo de que Peter ya se había ido. Desde que me había desecho de la botella volvía a poder conciliar el sueño sin problemas y me costaba mucho más levantarme de la cama. Junté un poco de fuerza de voluntad y me liberé del encarcelamiento voluntario de mis sábanas. Me acerqué a la ventana para ver como una espesa niebla cubría el lago.

En ese momento todo el colegio estaba desayunando, me preparé con tranquilidad sabiendo que aunque me diese prisa ya no me hubiese dado tiempo a pasar por el comedor.

De camino a Transformaciones, de entre un grupo de alumnos surgió Yashira como un vendaval.

- ¡Keith! ¡Keith!, el sábado. - decía con una sonrisa de oreja a oreja.

- ¿El sábado? ¿Qué pasa el sábado? - seguro que ya me había olvidado de algo.
- ¿Ya te has olvidado? - dijo frunciendo el ceño, mientras movía la mano dando la sensación de que, o acababa contra mi nuca, o contra mi cara.
- ¿Cómo me voy a olvidar? - dudaba como continuar la frase - El cumpleaños de... ¿Sacha?

Di un paso atrás lentamente, contando con poder evadirme de las posibles represalias.

- ¿Ally? - intenté sin mucha convicción

La mano se dirigió hacia mi cara. Me agaché. Sentí como me rozaba la cabeza. Salvado.

¡Plass!

- ¡Yashira!, serás...bestia. - Ally tapaba la mejilla donde acaba de recibir el golpe.
Se había acercado a nosotros sin que ninguno de los dos nos percatásemos de ello.

Me sujeté el estómago, no podía parar de reír, las lágrimas empezaban a caer por mis mejillas, hacía muchísimo tiempo que no me reía, ya no recordaba cuando había sido la última vez.

- Lo siento Ally, yo no quería. - la cara de Neko había palidecido en un instante.
- No pasa nada - respondió no muy convencida. - Y tú, ¡vale ya! ¿no?

Cada vez me dolía más el estomago.

- Vale, vale - no podía evitar sonreír cada vez que miraba el tono rojizo que estaba tomando la mejilla de Ally - Madre mía, que bueno.

- ¿Estábais hablando de mi? - preguntó Ally intentando cambiar de tema y que se olvidase lo ocurrido.
- No, le decía a Keith, que es este Sábado. - Yashira sonrió.
- ¿Si?, ¿ya está todo preparado? - Ally intercambió la mirada con Yashira y conmigo.

Yashira asintió.

¿Qué sabían ellas que yo no sabía? ¿Qué me estaban ocultando? ¿Tendrían las respuestas de los TIMO's? No me vendrían nada mal.

Yo asentí evitando la acusadora mirada de Yashira.

- ¡Qué bien!, se va a enterar Mark. - dijo Ally mientras echaba de nuevo a caminar en dirección al aula de Encantamientos.

Así que era eso, Yashira llevaba varias semanas preparando una venganza para Mark, y ya tenía pensado que hacer.

- ¡Hasta luego!, ya hablaremos con más tranquilidad. - Yashira también echó a caminar en dirección contraria.

Me quedé en el centro del pasillo viendo como Yashira y Ally iban hacia clase cada una por un lado. El sol comenzaba a brillar con fuerza.

- ¡Ally! - grité.

Tanto Ally como Yashira se giraron.
- ¡Vete por la sombra, que se te está empezando a quemar la cara!

Ally me dedicó un gesto muy despectivo con su mano, se giró y siguió caminado. Neko sonrió. Yo me reí.

La mañana pasó en un suspiro, las clases no daban tiempo ni a respirar, con los TIMO's tan encima, cada hora se aprovechaba al máximo, y ya me causaban estrés hasta las clases que más me gustaban, en cambio pociones ya empezaba a ser un completo infierno.
De mi caldero salía un humo negruzco que olía a plástico quemado. El resto de calderos de la clase tenían más o menos el mismo color. Del azul cielo del caldero de Sacharissa, pasando por el verde esmeralda de Vince, o el violeta claro de Peter. Snape me miraba desde el fondo de la clase, consiguiendo que me pusiese más nervioso aún.

- ¡Parker! - dijo caminando hacia mi mesa. Acercó la nariz a mi caldero y la apartó al instante. - Es inaceptable que a menos de un mes para los TIMO's no seas capaz de realizar una receta tan simple. - se giró para hablar a toda la clase. - Más vale que os lo toméis en serio, si no mejor que no os presentéis.

La idea de no presentarme a pociones se me había pasado varias veces por la cabeza, si no hubiera sido porque además necesitaba buena nota para ser auror.

- ¡Parker! - repitió Snape - Siéntate con Starkey, igual algo se te pega.

Me levanté y me senté al lado de Peter. El contenido de su caldero olía a vainilla. La mesa estaba llena de ingredientes esparcidos sin ningún sentido, mientras él leía una y otra vez un trozo de pergamino donde tenía anotada la receta.

- ¿Esto no sé si es un cinco o un ocho, tú qué crees? - me preguntó mientras me enseñaba un garabato apenas legible en el pergamino.
- ¿Un seis? - respondí.

Peter me miró extrañado.

- Puede ser. - dijo.

Cogió su varita y la pasó sobre la poción dando seis vueltas a la izquierda. Cuando terminó la sexta vuelta, del líquido violeta comenzaron a salir burbujas que iban creciendo poco a poco. De repente, una burbuja empezó a crecer en el centro, saliendo fuera del caldero. Peter y yo nos echamos instintivamente hacia atrás y nos escondimos bajo la mesa. La clase observaba como iba creciendo la burbuja hasta ser del doble del tamaño del caldero, mientras Snape apuntaba en la pizarra los últimos pasos para terminar la poción.
¡Plaff!, la burbuja explotó llenando todas las paredes del aula, mesas,alumnos, con el liquido violeta. Snape tenía una pequeña porción de la burbuja en su túnica. Se giró. Peter y yo, salimos tímidamente de nuestro refugio asomando solamente nuestra frente, para observar el panorama sin correr peligro.

- Vosotros dos - dijo Snape, en un tono muy tranquilizador, pero que resultaba mucho más amenazante que cuando gritaba. - Os espera una larga tarde.

Snape nos dejó encerrados después de clase, hasta que terminásemos de limpiar cada rincón a mano. De lo malo, el líquido se limpiaba con facilidad y apenas dejaba huella, salvo un olorcillo a vainilla que no estaba del todo mal.

- No creo que haya sido para tanto - dije - Una vuelta más, una vuelta menos.

- Sí, quizás no debí echar la tercera hoja de fresno - respondió Peter - la receta no especificaba la cantidad exacta ¿Cuánto es unas hojas?

- Ni idea, supongo que a gusto del consumidor - dije sonriendo.

- Entonces creo que nos salió bien - contestó Peter.
- ¿Por qué lo dices?
- Porque si lo que queríamos era ver a Stebbins con el pelo teñido de violeta, lo conseguimos perfectamente. - rió Peter.
- ¡Starkey! Ha realizado a la perfección la poción. - dije imitando a Snape. - Toda la clase debería fijarse en usted y tomar ejemplo.

Ambos nos empezamos a reír.

En esos momentos me di cuenta de lo mucho que echaba de menos el tiempo que pasaba con Peter, y de que alejándome de mis amigos no había más que conseguido pasar malos ratos. Tenía que haberle contado desde un principio todo lo que me había pasado, mis problemas y seguramente ellos hubiesen intentado ayudarme.

- Peter - comencé a decir - Estos días he estado un poco...
- Ausente. - terminó mi frase.

- Sí, ausente. - Verás es que tuve algún problema, y pensé que alejarme sería lo mejor.
- Pero si tenías problemas podía habérmelos contado - en ese momento me sentí culpable.
- Lo sé, pero pensé que sería mejor así. - respondí. - No sabía darle ninguna razón por la que no había confiado en él.

Nos quedamos unos segundos mirándonos.

- ¿Todo bien? - preguntó.
- Todo bien.

Le conté todo lo ocurrido con Thomas y la botella, hablamos sobre como Sacharissa también se estaba distanciando de nosotros y acordamos hacer algo para recuperarla, como Yashira tenía preparada una venganza para Mark y como a Ally le había dado un bofetón.

La tarde era larga y teníamos mucho de que hablar, mucho de que reírnos.

 13 de Mayo, Viernes

Llevaba varios días dándole vueltas a lo que había pasado con Peter y la poción. Aquello significaba que tenía malas intenciones para con Sally, pero me extrañaba que Peter pudiera querer ago malo para ella. Al fin y al cabo, se pasaban el día juntos, restregándose por los sofás y comiendo juntos, excepto en los momentos en los que Keith hablaba con Peter, que es cuando Sally parecía desaparecer casi en una nube de humo. Al menos parecía que ellos dos se habían arreglado, lo cual era bueno, pero me dejaba con un mal sabor de boca. Ahora era yo la que permanecía apartada de ellos, aunque no exactamente por propia decisión. Nos habíamos apartado poco a poco y ahora me costaba dar el paso para volver a hablarles. El hecho de que odiasen a Stebbins tanto me ponía de mal humor. Si eran mis amigos deberían aceptarle, aunque no les gustase. No hacía falta que hablasen, ni siquiera que se gustasen, pero al menos no insultarle delante de mí. Todo eso aparte de lo que había pasado con Peter, claro, que era un tema mucho más complejo. Pero él parecía haberlo superado ampliamente, así que yo debería hacer lo mismo. Era el momento de intentar olvidar todo aquello y centrarme en Stebbins, que por supuesto no debería enterarse nunca de lo que había pasado. Así que de momento, intentaría volver a recuperar el contacto con Keith y lo de Peter volvería a su cauce por sí solo antes o después.

Me levanté de la cama tras tomar esa decisión y tras vestirme y prepararme me dirigí al gran comedor. Aún era pronto, así que mientras desayunaba con calma saqué el libro de Herbología, la clase que me tocaba a primera hora, y me dediqué a repasar un poco. Los exámenes se acercaban cada vez más y aunque llevábamos estudiando desde las vacaciones de pascua, los nervios nos afectaban más de lo previsto. Había empezado a haber pequeños ataques de ansiedad por todo el colegio para los que Madame Pomfrey estaba más que preparada y para los que utilizaba unas pociones bastante útiles que le había preparado el profesor Snape. De momento yo no la había necesitado, aunque no podría asegurar que no me hiciesen falta en un futuro. Quedaban solo tres semanas para las pruebas que decidirían de una manera bastante clara nuestro futuro. Por si fuera poco, con respecto a nuestro ello, hoy también era el día en el que teníamos la reunión con el grupo de Wilkes y cuando le entregaríamos los pergaminos con las respuestas a las preguntas que nos había dado días atrás. Yo lo tenía en mi mochila, pero aún no sabía la hora a la que tendríamos que ir a la habitación del séptimo piso.

Cuando ya terminaba mi desayuno, apareció Stebbins por la puerta con la mochila colgando del hombro. Me saludó con un beso y se sentó a mi lado.

- Hoy has venido muy pronto. ¿Has tenido problemas para dormir? Si te hace falta conozco algunas pociones que te ayudarían. - me preguntó Stebbins.

- No, no, he dormido perfectamente, simplemente ya no tenía más sueño. Además, éstos ratos me vienen bien para repasar, pero gracias. Si necesito algo ya te lo comentaré.

- Seguro que lo haces muy bien, además sólo necesitas una S en pociones y no creo que tengas problema en conseguirla.

- Bueno, también necesito una E en encantamientos y astronomía y A en herbología y cuidado de criaturas mágicas. Además no me gustaría suspender en las demás aunque no me hagan falta. - protesté.

- Claro que no vas a suspender. Seguro que de hecho consigues mejores notas que las que te hacen falta.

- Claro, como tu eres prefecto y siempre sacas buenas notas no te preocupa. Por cierto, nunca me has comentado las notas que necesitas ni a lo que te quieres dedicar. - le dije.

- Oh, bueno, yo necesito unas notas bastante altas. Quiero trabajar en el ministerio de magia.

- No querrás ser un auror, ¿verdad? Parece que últimamente hay una ataque de auroritis con toda ésta historia de Potter y la vuelta de el-que-no-debe-ser-nombrado.

- No, claro que no. - dijo con tono despectivo. - Quiero ser un inefable.

- ¿Un qué? - le miré con extrañeza. No había oído hablar de ellos nunca. - ¿A qué se dedican?

- Inefables. Investigan una magia muy poderosa, la magia que es inherente al tejido mismo de la existencia. Es complejo y poco conocido, pero muy interesante. - me contestó.

- Vaya, sí que eres ambicioso. Nunca pensé que te interesase meterte en el Ministerio, pareces mucho más... antisistema.

- Bueno, dejémoslo aquí por ahora. Será mejor que vayamos yendo a clase o se nos va a hacer tarde. Ah, y por cierto, deberías decirle a Parker y Starkey que la reunión de esta tarde será a las siete. Insísteles en que no lleguen tarde y recuérdales que han de llevar los pergaminos cubiertos.

- Está bien, se lo diré en cuanto tenga un momento. - le dije, asintiendo. - Vámonos entonces.

Nos levantamos de la mesa y nos fuimos hacia los invernaderos donde ya se habían reunido algunos alumnos. A los pocos minutos entró la profesora Sprout con varios paquetes de semillas, brotes y plantas adultas de coclearia, tármica y ligústico. Fue dejando uno de cada en cada una de las mesas de los distintos grupos y al terminar habló para toda la clase.

- Hoy va a ser una de las primeras clases de repaso que veremos con vista a los exámenes. Durante éste curso hemos estudiado estas tres plantas que sirven para preparar filtros que ofusquen y confundan. Debeis aprender a diferenciarlos correctamente, ya que aunque sirvan para lo mismo, los otros ingredientes y las cantidades varían, pudiendo producir efectos muy diversos y peligrosos si se confunden entre ellos. Quiero que coloqueis por grupos las tres fases de la planta y que tomeis buena nota de las diferencias que hay entre ellos, así como que las corteis correctamente y las guardeis en los botes. El profesor Snape me ha pedido que las lleveis para la clase de pociones que teneis a continuación, así que esmeraos.

Nos dedicamos a trabajar en silencio y en intentar recordar las distintas características de memoria para comprobar cuanto habíamos aprendido hasta la fecha. Cuando por fin resolvimos el ejercicio y terminamos de cortar las plantas, la profesora Sprout dio la clase por finalizada no sin antes pedirnos una redacción de un metro sobre las distintas reacciones y problemas que conllevaba equivocarse de planta. Al salir vi que Keith caminaba solo y aproveché para adelantarme y ponerme a su altura.

- Hola. - le dije.

- Ah, hola.

Caminamos unos segundo juntos sin decir nada.

- Bueno... - continué. - Stebbins me ha pedido que os diga que la reunión es esta tarde a las siete, en el mismo sitio de la otra vez.

- Oh.

- ¿Puedes decírselo tú a Peter? - le pedí.

- Oh, claro. Así que solo te acercas para hablarnos de cosas relacionadas con Stebbins, claro. Estaremos allí, no te preocupes. Ya puedes volver con el prefetillo y no dirigirnos más la palabra en todo el día. No querrás que te vean hablando con seres inferiores.

- Eh, no te pongas así. - me quejé. - También quería hablar contigo.

- ¿De qué?

- Eh, bueno... - no sabía como empezar - Estas última semanas nos hemos distanciado un poco y no quiero que las cosas sigan así. Eres mi mejor amigo y te tengo mucho cariño, no quiero que por culpa de otra persona dejemos de hablarnos y de pasarlo bien juntos.

- ¿Qué quieres? Te pasas el día con Stebbins y pasas de Peter y de mí, solo vas a lo tuyo y ni siquera nos preguntas que tal nos va el día.

- Lo sé, y por eso te pido perdón. No hace falta que seas tan orgulloso, al menos yo he venido a decirte algo. - estaba empezando a enfadarme.

- No tendrías que venir a pedirme perdón si no hubieras actuado así desde el principio.

- Bueno, vale, pues como quieras. Tendrás que conformarte con éstas disculpas, no pienso estar detrás de tí todo el día para que me perdones.

Me di la vuelta y volví con Stebbins. En la clase de pociones me senté junto a él y me preocupé de no mirar hacia Keith o Peter ni una sola vez, centrándome en la poción que teníamos apuntada en la pizarra. Lo acabé más o menos pronto, así que me dediqué también a repasar otras asignaturas y a intentar distraerme, aunque la conversación con Keith volvía una y otra vez a mi mente. ¿Por qué teníamos que ser los dos tan cabezones? Siempre nos pasaba lo mismo, no volvíamos a amigarnos hasta que no hubiera al menos dos o tres discusiones por el medio.

Tras la hora de comer, en la que vi a Peter entre Keith y Sally, me sentí aún peor. Así que básicamente me habían reemplazado, ¿no? Sally no parecía tener mucho interés en hablar con Keith, pero claro, yo tampoco hablaba siempre con ellos mientras comía. Stebbins por otro lado parecía centrado en sus cosas, con el libro de astronomía delante de sus narices. Las clases de la tarde pasaron sin ninguna novedad y al salir decidimos esperar en la sala común mientras hacíamos los deberes a que diera la hora. A las cinco, Stebbins se levantó y me dijo que él tenía que irse antes a hacer varias cosas y que nos veríamos en la sala a la hora convenida. Yo me quedé allí, sola, pero no podía evitar ver por el rabillo del ojo a Peter y Sally sentados en la mesa, muy juntos, con las cabezas sobre los libros, así que recogí mis cosas y me fui a estudiar a la biblioteca. Allí me encontré con Ally, con la que estuve hablando un rato sobre los profesores y los nuevos cotilleos que había por el castillo en voz muy baja. Estar con otra chica de vez en cuando era relajante, así que me quedé allí hasta las siete, murmurando cosas de vez en cuando. Le comenté por alto mi problema con Keith y Peter, pero no parecía en exceso preocupada, dijo que siempre terminábamos arreglándonos y que ya eran muchos años conociéndonos como para saber que las cosas acabarían bien.

Subí las escaleras con calma, esperando encontrarles a todos allí. Efectivamente, ya estaban esperando, así que Stebbins se encargó de abrir la puerta y todos pasamos. La sala era la misma que la de la otra vez, y allí estaba Wilkes, sentado en uno de los sofás situados en el centro de la habitación.

- Dadme los pergaminos y sentaos. - nos dijo.

Los tres rebuscamos en nuestras túnicas y se los entregamos, doblados.

- Muy bien, dejadme que los lea.

Pasaron unos minutos y nos mirábamos nerviosamente, sin recordar que no nos hablábamos. Stebbins parecía tranquilo, como siempre, y se miraba las manos, esperando a que Wilkes terminase.

- Vaya, hay respuestas muy curiosas aquí. Lo tendré en cuenta.

- Pero... - Keith dijo con cuidado - ¿no nos vas a decir nada sobre lo que hemos escrito?

- No será necesario - contestó Wilkes, divertido. - Es sólo un mero trámite, no suele haber sorpresas en las respuestas.

- Pues si lo hubiera sabido no me hubiera molestado en hacerlo. - murmuró Keith entre dientes.

Le miré y le sonreí levemente.

- Ya me han comentado hacia donde queréis dirigir vuestras carreras. Debo deciros que cualquier cosa que escojáis puede redundar en nuestro beneficio. En el de todos, quiero decir. De todas maneras es conveniente que os apliqueis en los exámenes para dejar el pabellón de Slytherin alto y para que los profesores y la gente en general os tengan en alta estima. - Wilkes hizo una pausa. - Creo que os he contado suficiente por ahora. Esta es la última reunión que tendremos éste año, por lo que es la última vez que me vereis también. Espero que el año que viene sigais con nosotros y que nadie se eche atrás, así como que respetéis al próximo que presida las reuniones. - lanzó una breve mirada a Stebbins. - Pasad unas buenas vacaciones.

- Espera - dijo Keith. - En realidad no nos has contado nada que no supiéramos.

- Parker, ha de ser paciente. Sólo están en quinto curso, no esperarán que le demos toda nuestra confianza de buenas a primeras.

- Pues Stebbins parece metido en ésto hasta el fondo.

- Stebbins lleva ya un par de años con nosotros. Tenéis que recordar que ésto incluye la confianza que hay en las familias y varios aspectos que ahora no deberíamos comentar. - Wilkes empezaba a impacientarse. - Creo que no debería discutir esa clase de normas contigo, Parker.

- Pero si solo somos nosotros cuatro. - Protestó Keith. - Un club de verdad no puede tener solo éstos miembros.

Wilkes se rió a carcajadas.

- Por favor, ¿de verdad piensas que los únicos involucrados en esto somos los que estamos aquí? No pensé que pudieras ser tan inocente. Somos más, claro, y las reuniones reales se celebran con todos ellos. Eso no será vuestro problema hasta dentro de un tiempo, así que voy a irme ya. Yo también tengo importantes exámenes para los que estudiar.

Wilkes se levantó y salió por la puerta. Nosotros nos quedamos callados durante un rato sin saber que hacer hasta que Stebbins dijo que ya era hora de irse. Nos levantamos y dirigí una última mirada a Keith y Peter que murmuraban algo, seguramente una frase parecida a "quién le ha nombrado jefe", pero nos siguieron a la sala común sin hacer ningún comentario. Una vez allí, Peter se acercó a Sally que estaba leyendo un libro y Keith se acercó a Pronscuit para charlar probablemente de los partidos de Quidditch que quedaban. Yo me volví hacia Stebbins y le pregunté:

- Entonces, ¿a qué ha venido todo eso? Keith tiene razón, en realidad no nos ha contado nada que no supiéramos ya. Me gustaría que me lo aclarases.

- No puedo, ya lo sabes. Sólo porque estemos juntos no significa que deba darte información privilegiada.

- Vaya, que no confías en mí.

- Sí confío en ti. - Puso sus manos en mi cintura y me acercó a él. - Pero soy un hombre de palabra, y he prometido no hablar de esto con nadie todavía, más allá de lo que me ha permitido Wilkes. No te preocupes, en cuanto pueda darte información, lo haré los más rápido posible.

Me besó suavemente en los labios y me abrazó, mientras yo ponía mis manos alrededor de su cuello. Estuvimos así un rato hasta que oímos unas toses a nuestro lado. Vince se había acercado hasta quedar a nuestra altura y parecía molesta, así que Stebbins me soltó y nos fuimos a su habitación, haciendo tiempo hasta la clase de astronomía, tras la cual, completamente agotados, nos fuimos a dormir.

 17 de Mayo, Martes

Hay sueños en los que, de algún modo, resulta fácil saber que estás soñando.
Este era uno de ellos. Paseaba por los terrenos del castillo, junto con Ally y su grupo de amigas, a las que había visto alguna vez junto a ella por los pasillos. No pasaría de ser el típico sueño de "qué pinto yo aquí", si no fuera porque además Ally y yo íbamos cogidos de la mano.
- ¿Disfrutas de la brisa estival, mi vida? - Me decía ella con una sonrisa.
- Muchísimo, está siendo un sueño agradable - Respondía yo, sin mucho interés.
- ¿Sueño? - Respondía ella entonces, sorprendida -. ¿Cómo que un sueño?
- Oh, vamos - Contestaba yo -, ¿qué va a ser si no es un sueño? Por Merlín, en primer lugar, eres Ally. ¡Ally! Creo que tengo más confianza con tu hermano Brian que contigo, ¿por qué voy a soñar que salgo contigo?
- No lo sé - Contestaba ella, sin soltarme la mano -. ¿Quizá te atraigo en secreto?
- ¿Atraerme? No lo creo... Quiero decir, admito que estás muy... Ehm... ¡Pero no es el caso! Además, este sueño no es de "ese" tipo...
- ¿Entonces no quieres salir conmigo? - Decía ella, dolida.
- Pues... No es sólamente eso - Respondía yo, cansado -. ¡Es que ya estoy saliendo con alguien!
- ¿Y con quién? - Preguntaba Ally, con aparente sorpresa.
- Pues con Sally. Con Sally... ¿Lo entiendes? No "A", sino "Sa". Sally.
En ese momento Ally me soltaba la mano y comenzaba a reírse, divertida.
- ¡Serás tonto! - Decía, sin dejar de reírse -. ¡Por un momento me habías asustado!
- Ehm... - No entendía a qué se refería -. ¿Perdón?
- ¡Yo soy Sally! - Decía ella -. Tonto...
- Ehm... Claro - Respondía yo -. Eres Sally. Lo que quieras.
- ¿No me crees? - Preguntaba ella, con cara de sorpresa -. Pero si es muy sencillo... Mira, ¿ves mi túnica?
Miraba su túnica, mientras ella señalaba su escudo. En el lugar del escudo bordado aparecía una gran letra 'H' mayúscula.
- Ahá... - Decía, sin mucha convicción.
- ¿Ves? - Continuaba ella -. La letra de Hufflepuff es también la letra de mi nombre.
- ¿Perdón? - Decía yo. ¿Mis sueños se habían vuelto analfabetos?
- ¡Sí! - Decía ella, con cara de explicar algo muy obvio -. Mi nombre... Hally. Con 'H' de Hufflepuff.
- Claro. Cómo no había caído. Bravo - Decía yo, cansado -. ¿Te importa si me voy despertando? Porque luego se me hace tarde y...
- En cambio - Continuaba ella, ignorándome -, si me cambio de túnica...
Entonces comenzaba a quitarse su túnica mientras una de sus amigas le acercaba otra. Se trataba de una túnica de Slytherin, con una gran 'S' bordada en el lugar de su escudo.
- Como puedes ver, al ponérmela... - Continuaba ella -. Paso a ser... ¡Sally! ¡Con 'S' de Slytherin!
Yo alzaba la vista y, efectivamente, ya no era Ally quien se encontraba ante mí, sino Sally Kingcrow, haciendo gala de una efusividad bastante poco frecuente en ella.
- Genial - Decía yo, suspirando -. Una conspiración perfecta. Si no fuera, claro, ¡porque no tiene ningún sentido! Madre mía, ¿qué cenamos anoche? Nos dieron... ¿Pollo? No puedo cenar pollo...
- ¿No me crees? - Decía ella, ofendida -. Respóndeme a esto entonces... ¿Cuándo has visto a Sally y a Ally juntas en el mismo lugar al mismo tiempo? ¿Eh?
Antes de que pudiera responder, las amigas de Ally nos rodeaban y comenzaban a girar a nuestro alrededor cogidas de la mano, mientras hablaban todas a la vez.
- ¡Qué fuerte, tía! ¿Ally es Sally? ¡Qué fuerte, tía! - Exclamaban, una y otra vez.
Mientras tanto, la chica ante mí se transformaba en Ally de nuevo, pero manteniendo el pelo de Sally, mientras cantaba "Ally, Sally, Ally, Sally", sin descanso.
Entre la canción del híbrido Sally/Ally y los gritos de sus amigas, no conseguía siquiera escuchar mi voz mientras intentaba gritar. Quería exlicarle a todas que estaban equivocadas, y decirles quién era realmente la chica con quien de verdad quería estar, pero el sonido de mi voz no parecía salir lo suficientemente alto. Y lo más inquietante era que ni siquiera sabía de qué chica estaba intentando hablar en realidad.

Me desperté con sensación de desconcierto, y al instante me cegó la luz de la mañana que entraba por la ventana. Keith había abierto las cortinas de mi cama, y me observaba con media sonrisa mientras se vestía.
- ¿Sueño íntimo? - Me preguntó, sonriendo.
- ¿Íntimo...? - Repetí, cubriéndome los ojos con las manos -. ¿Qué quieres decir?
- Estabas farfullando todo el rato algo así como "hale, Sally, hale, Sally", con mucho ímpetu - Respondió Keith, riendo -. Te iba a despertar, pero me daba "nosequé" tocarte, si estabas... Ya sabes, soñando con tus cosas.
- Qué fuerte, tío - Musité, sin terminar de asumir que ya estaba despierto.
- ¿Cómo dices?
- Nada... - Me incorporé en la cama -. Para otra vez despiértame - Dije, estirándome -. Aunque sea dame desde lejos con la varita, o algo.
- Estaré encantado - Dijo Keith, mientras se encaminaba hacia la puerta de la habitación -. Te espero en la sala común, ¡no tardes!
Salí poco a poco de la cama, ignorando las quejas de Esk, aún dormida, al apartarla a un lado, y comencé a vestirme. Me alegraba haber recuperado la comunicación con Keith, el hecho de haber estado una pequeña temporada sin hablar con él más que lo necesario me había hecho darme cuenta de lo difícil que se me hacía volver a estar cómo antes, volver a la vida solitaria, sin amigos. No sabía cómo había logrado resistir antes de entablar amistad con él. Bueno, con él y con Sach... Pero... Bueno... Debía centrarme en que ahora habían mejorado las cosas con él. Y todo había sido por sus propios misterios. Sus propios asuntos. Qué tonto había sido al pensar que quizá hubiese dejado de querer hablar conmigo sólo por capricho. Pero ahora incluso me había contado sus problemas. Y yo... Bueno... Quizá también le hablaría de mis misterios algún día... Sólo quizá.
Terminé de vestirme apresuradamente y abandoné la habitación para ir a desayunar.

Desayuné junto a Sally y Keith, mientras conversaba con este último. Al reconciliarme con Keith había temido por un momento que no pudiéramos estar los tres reunidos al mismo tiempo, pero al parecer estaba reuniendo tiempo suficiente que dedicarle a ambos por separado. No había problema en que estudiásemos los tres juntos, o que nos sentásemos juntos a la hora de la comida. Y después tenía tiempo de sobra para conversar con Keith sobre nuestros asuntos, y para dar algún paseo de "pareja" con Sally.
Aún así, Sally se mantenía prácticamente en silencio mientras estábamos los tres juntos, apenas participando en las conversaciones más que lo estrictamente necesario. Era un comportamiento típico en ella, y dadas las alternativas que había esperado (que tratara de separarme de Keith o hiciera referencia a los pergaminos ante él), no tenía ninguna queja de su forma de actuar. Pero, por otro lado, me preocupaba un poco que Keith pudiera sentirse incómodo ante su silencio y su falta de comunicación.
Al terminar el desayuno me despedí de ellos y los vi alejarse hacia la clase de Runas Antiguas. Mientras avanzaban en silencio iban separándose el uno del otro, hasta que cada uno fue por su lado. Suspiré. Definitivamente no parecía que Sally fuera a congeniar con Keith. Igual que parecía no congeniar con nadie. En fin. Al menos tampoco se odiaban, era algo. Me di la vuelta y me encaminé hacia la clase de Adivinación, mientras trataba de recordar qué ventaja sobre Runas Antiguas le había visto a esa asignatura en su momento.

Me pasé gran parte de la clase de Adivinación apoyado sobre la mesa observando a Sach, sentada dos filas delante de mí. Parecía interesarse bastante más que yo por estos temas. Claro que parecía que todas las asignaturas se le dieran bien. No podía evitar sentir cierta envidia, yo estaba mejorando mucho en Pociones, Transformaciones y Encantamientos a fuerza de clases extra con Snape y largas sesiones de estudio junto a Sally o, recientemente, Keith, pero aún así tenía la sensación de que me costaba mucho más que a ella llegar al nivel que necesitaba para los futuros TIMO's.
Suspiré y traté de dejar de fijarme en Sach. La echaba de menos, pero... Fijarme en ella todo el día no me iba a ayudar. Y además estaba el tema de los sueños raros. ¿De qué chica intentaba hablar en el sueño cuando decía que ya quería estar con alguien? ¿De Sally? De... ¿Sach? Pero eso era absurdo, ¿no? Al fin y al cabo yo estaba con Sally, me pasaba el día con ella, la besaba, apreciaba cuando ella me cogía de la mano, a pesar de todos los secretos y de su forma extraña de actuar, que era más extraña y distante aún desde aquella noche en que la había visto en la sala común hablando con su gata... Pero entonces... ¿Por qué no dejaba de fijarme en Sach siempre que estaba cerca de ella?
¿Y por qué narices había tenido un sueño tan raro en el que también salía Ally? Argh, sería mejor que me aclarara, lo último que necesitaba era comenzar a soñar con más chicas.
Mientras pensaba en los matices de esta última idea, la clase terminó, y los alumnos comenzaron a salir del aula. Se me pasó algo por la cabeza. Decidí esperar a que todos salieran, y entonces me acerqué indeciso a la profesora Trelawney, que estaba ordenando algunas cosas de espaldas a la puerta.
- Ehm... Profesora - Murmuré.
Ella se sobresaltó y se giró rápidamente.
- ¡Oh, Peter! - Dijo un tanto nerviosa - ¿Puedo ayudarte en algo?
- Ehm... No estoy seguro... - Dije, dudando de que consultarle a la profesora fuera realmente una buena idea -. Quería preguntarle... ¿Se puede averiguar algo del futuro a través de los sueños?
La profesora Trelawney sonrió.
- ¡Claro, querido! - Dijo -. ¡Los sueños premonitorios son mucho más corrientes de lo que la gente imagina!
- Oh, genial - Comenté, desganado -. Verá, es que anoche tuve un sueño un tanto raro, y yo...
- ¿Un sueño premonitorio? - Dijo, Trelawney, adoptando un gesto preocupado y un tono de voz grave -. ¿Sobre qué? ¿Muerte? ¿Un destino oscuro?
- ¿Qué? - Dije, interrumpiéndola -. No, yo... ¡Yo estaba en el patio, rodeado de chicas que ni siquiera me interesan, pero entonces aparecía una que sí me interesa, y trataba de decir su nombre pero no lo conseguía, y al despertarme no sabía si en realidad estaba intentando decir el nombre de otra, y...! Y... Y no sé cuál de ellas... Me gusta.
Sentí como me sonrojaba. No, definitivamente no había sido buena idea.
- Hum... - Musitó Trelawney, que ya no parecía tan interesada -. Quizá sea un sueño premonitorio, pero de todas formas... Quizá pueda ayudarte más fácilmente de otra forma - Trelawney sonrió -. ¡Ya sé!
La profesora se acercó a un armario y volvió con una tetera y una taza. Vertió algo de té en la taza y me la acercó.
- ¡Bebe este té! - me dijo.
- Pero... - Murmuré -. ¿Por qué?
- ¡Hazlo!
- No huele muy bien. ¿De cuándo...?
- ¡Vamos! - Me interrumpió -. No querrás llegar tarde a tu siguiente clase.
Me bebí el té resignado. Cuando estaba terminando, me arrebató la taza de las manos.
- ¡Muy bien! - Dijo, alegre .- Veamos... Ahora, con los posos...
Apuntó con su varita a los posos del té y musitó algo entre dientes. Luego sonrió.
- ¡Bien! - Dijo -. Así, los posos del té adoptan la forma de letras.
- ¿En serio? - Dije, un poco incrédulo -. Genial... ¿Usted conoce la sopa de letras? Es una sopa que...
- ¡Por supuesto que no letras cualquiera! - Continuó -. Las letras te dirán el nombre de la chica que... - Adoptó un tono solemne -. Amas en realidad.
- ¿De verdad? - Dije, algo más intrigado. ¿Funcionaría aquello?
- ¡Sí! - Dijo ella -. Y ya está. ¡Observa el fondo de la taza!
Acercó la taza hacia mí, y miré en su interior emocionado. ¿Me diría a quién quería de verdad? ¿Quién me interesaba de verdad? ¿Sally o Sacharissa? Miré en su interior. En el fondo de la taza, un tanto borrosas y deformes, había sólo dos letras.
- "Sa" - Leí en alto. Miré a la profesora Trelawney.
- Sí - Dijo ella -. La chica que te gusta.
- "Sa" - Repetí.
- Exacto. La primera sílaba de su nombre.
- Claro - Dije, decepcionado -. Y... Y esto sólo muestra la primera sílaba, ¿no?
- Por supuesto - Dijo ella.
- Ahá... Genial. Muchas gracias por su ayuda.
- ¡De nada! - Dijo ella, aparentemente alegre.
Abandoné el aula y arrastré los pies hacia la siguiente clase.

La clase de Historia de la Magia estaba resultando tan aburrida como de costumbre. Miré a mi alrededor. A mi derecha, Sally, tan seria como siempre, siguiendo la lección con paciencia. Y a mi izquierda, Keith, simplemente luchando por mantenerse despierto. Me giré, y pude ver a Sacharissa, sentada unas filas por detrás, junto a Stebbins. Su mirada se cruzó con la mía por un momento, y luego se desvió al libro de la asignatura.
Volví a pensar, repentinamente, en el sueño. No era tan difícil. Así estaban las cosas. Sacharissa estaba con Stebbins, quisiera o no, me doliese o no. Y ni siquiera hablaba ya con nosotros. En cambio, Sally estaba a mi lado. Sally tenía muchos misterios, pero estaba claro que quería estar conmigo. Estábamos juntos en el misterio de los pergaminos, pero eso ya estaba claro desde hacía un tiempo, compartiríamos los pergaminos de cualquier modo, de hecho ella me había dado el que había aparecido a cambio de uno en blanco. Y había seguido conmigo aún después de que la descubriera hablando con alguien a través de su gata como yo hacía con Zoro. Tenía mis sospechas de que de esa forma alguien la manipulaba a ella al igual que me ocurrió a mí. Pero aún así, ella paseaba conmigo, me besaba, se apretaba contra mí buscando mi abrazo... Cierto que su modo de ser en ocasiones era frío y distante, pero... Ella quería estar conmigo.
Y a mí me gustaba estar con ella. Y de hecho yo le estaba ocultando cosas, ya que no le había dicho que sabía que el último pergamino revelado mostraba los sótanos de la casa de mi tío. Quizá no estaba siendo justo con ella. De hecho... De hecho casi nunca la besaba yo a ella, casi nunca le cogía la mano yo a ella. De hecho quizá incluso fuera yo el que me mostraba distante hacia ella.
Sentí un poco de lástima por ella. Desde luego, Sally se merecía ser la chica que me gustaba. Sally tenía que serlo. ¿Cómo podía dudar?
- Sally - Le susurré, inclinándome hacia ella, que se limitó a mirarme en silencio con curiosidad -. ¿Qué tal estás?
Ella frunció el ceño, con mirada de desconfianza.
- ¿Perdón? - Dijo.
- Que qué tal estás... - Dije yo.
- ¿Por qué me lo preguntas?
- Yo... - Dije, algo incómodo -. Es que me he dado cuenta de que casi nunca te pregunto, y... Bueno... No sé.
- Ah, pues... - Dijo ella, aparentemente más calmada, pero sin relajar su expresión por completo -. Estoy bien, supongo.
Tras decir esto volvió a concentrarse en la clase.
- Sally... - Murmuré, al cabo de unos segundos -. Yo... Quería decirte una cosa.
Ella posó su pluma sobre la mesa y me miró con cara de interés.
- ¿Se ha mostrado el contenido de algún otro pergamino? - Dijo, con lo que parecía un ligero temblor de emoción en la voz.
- ¿Qué? No, no es eso... - Dije. Ella pareció decepcionada -. Yo... Quería decirte... Bueno, Sally... Tú me gustas.
Ella volvió a fruncir el ceño.
- Me gustas mucho - Continué -. A pesar de que... De que tengamos que solucionar muchos asuntos que hay entre nosotros. Tú... Estás conmigo en el día a día, paseando conmigo, estudiando conmigo, mostrándome tu afecto, y yo...
Ella parecía cada vez más incómoda. Para mi sorpresa, comenzaba a sonrojarse, aunque yo no entendía por qué, si había sido ella la que había comenzado nuestra relación.
- Yo casi nunca te muestro mi afecto por voluntad propia - Continué -. Recibo tus besos, pero... Casi nunca te doy ninguno.
Sally parecía bastante avergonzada.
- Bueno, Peter, no te preocupes - Dijo, volviendo a coger su pluma y mirando al frente -. Si quieres, cuando salgamos de clase dejaré que me des un be...
Me giré y miré hacia atrás sin terminar de escuchar lo que decía, y vi que Sacharissa estaba mirando en nuestra dirección, quizá al notar que le estaba hablando mucho a Sally en clase. En ese momento, antes de darme cuenta de lo que hacía, acerqué a Sally hacia mí y le di un beso silencioso en un lateral de la cabeza. Sally se separó rápidamente y me miró con cara de sorpresa. Veía pocas veces esa expresión en su rostro. Luego miró hacia atrás, en la dirección en que estaba Sach, y volvió a mirarme. Parecía algo molesta, y a la vez avergonzada.
Yo decidí que era monísima.

El resto de clases del día pasaron sin más novedad. Intenté acercarme a Sally lo más posible en todas las ocasiones que encontré, cogiéndola de la mano mientras caminábamos por los pasillos, y besándola ocasionalmente si esperábamos a la siguiente clase. Siempre que mi vista se encontraba con la de Sach, intentaba besar a Sally. Porque ella era la que estaba a mi lado, ella era quien debía besar.
Sally en cambio no parecía estar totalmente cómoda con mis repentinas muestras de cariño, y miraba nerviosamente a los lados cada vez que me acercaba a ella más de lo normal. Cuando veía a Sacharissa cerca, volvía a mirarme con una ligera cara de enfado. Interpreté que simplemente le daba vergüenza. Al fin y al cabo ella solía mantener las distancias durante las clases, acercándose más a mí sólo cuando estábamos a solas o en la sala común.
Tras las clases Keith y yo decidimos estudiar en la sala común.
- ¿Estudias aquí con nosotros? - Le pregunté a Sally una vez allí.
Ella miró a su alrdedor con aire de nerviosismo, hasta que pareció ver a Sacharissa y Stebbins sentados en una mesa, no muy lejos.
- No... - Dijo Sally, con tono de decepción -. Yo... Creo que os dejaré un rato a solas. Iré a repasar a mi habitación, y nos vemos en la cena... ¿De acuerdo?
- Claro - Le dije, y me acerqué para darle un beso. Ella me besó sin ganas, y luego volvió a mirar en la dirección en que Sach estaba sentada. A continuación caminó desganada hasta el dormitorio femenino y desapareció tras la puerta.
Me senté sin dejar de mirar hacia la puerta del dormitorio. Miré en la dirección de Sacharissa y vi que estaba mirando hacia el sofá donde estábamos Keith y yo, pero en cuanto nuestras miradas se cruzaron miró hacia otra parte.
- Bueno - Dijo Keith -, ¿tú con Pociones y yo con Encantamientos?
- ¿Eh? - Salí de mis pensamientos -. Querrás decir al contrario, ¿no?
- Me refiero a que tú me ayudas con Pociones y yo te ayudo con Encantamientos - Explicó Keith.
- Ah... - Dije -. ¿Ah? Espera un momento. ¿Yo ayudarte con Pociones? ¿Alguien me está pidiendo ayuda a mí con Pociones? ¡No creí que llegaría este día!
- Que no se te suba a la cabeza - Dijo Keith, sonriendo -. Sólo es que has mejorado, lo admito... Pero a regañadientes, que conste.
- Oh, claro - Bromeé -. Que conste que sólo he mejorado un poco, ¿no?
- ¡Por supuesto! - Dijo él, divertido -. Muy poco. Apenas nada. Pero a alguien tendré que pedirle ayuda, ¿no? Ahora que no está Sach...
Keith se quedó callado y poco a poco nos pusimos serios. Los dos la echábamos de menos. Estaba a sólo unos pocos pasos de nosotros, pero aún así... Parecía que se hubiera ido por completo.
Lentamente, comenzamos a sacar nuestros libros y apuntes. Finalmente rompí el silencio.
- Keith.
- ¿Sí? - Dijo él, ordenando algunos pergaminos de Pociones.
- ¿Qué opinas de Sally?
- ¿Eh? - Dijo Keith, mirándome. Probablemente no esperaba la pregunta -. Pues... ¿Qué opino de qué? Está... Está bien, ¿no?
- ¿Bien? - No estaba seguro de a qué se refería.
- Sí - Dijo él -. De físico, digo.
- Ah... No, pero no me refiero a... - Comencé a decir.
- Tiene buenas piernas.
- ¡Sí! ¿Verdad? - Dije, sin poder contenerme -. No sé qué tienen sus piernas, yo... ¡Yo es en lo que más me fijo cuando la veo! Sus piernas, ¡es que no lo puedo evitar! No sé si es que se acorta la falda y se le ve más muslo o qué, pero...
Miré a Keith. Me miraba con una expresión rara.
- Ejem - Carraspeé -. No me refiero a eso.
- ¿A qué entonces? - Dijo él -. ¿Que qué tal me cae?
- Sí... A eso me refiero. Lleva unos días con nosotros, y sé que no habla mucho, pero...
- No te preocupes - Dijo él -. Supongo que es tímida, ya irá cogiendo más confianza conmigo.
- No - Dije, frunciendo el ceño -. Es lo que me preocupa... Ella... Es así. No habla apenas con la gente... Sólo conmigo - Me encogí de hombros -. Y cuando habla... A veces se comporta de una forma... Un tanto peculiar.
- Bueno - Dijo él -. Mantengo que no te preocupes. Hoy os he visto bastante bien, y en cuanto a mí... No veo que ella intente alejarte de mí ni nada por el estilo, así que por mi parte no hay problema.
Keith siguió ordenando sus apuntes.
- Así que... - Comencé a decir -. ¿Así que lo que temes es que te aleje de mí?
- Bueno - Dijo keith, y señaló con la barbilla a la mesa en que se encontraban Sach y Stebbins -. Es lo que ha pasado otras veces, ¿no?
Volvimos a quedarnos en silencio.
- Tío - Dijo Keith, suspirando -. Tenemos que dejar de una vez el tema de Sach dejándonos tirados por Stebbins.
Yo permanecí en silencio. Era él el que lo había mencionado dos veces a lo largo de la conversación.
- ¿Sabes? - Continuó -. El otro día vino a disculparse.
- ¿En serio? - Dije, con interés.
- Sí... Pero no sé. Fue cuando me avisó de la reunión con Wilkes. Supongo que no quería disculparse de verdad.
- Quién sabe... - Dije - ¿Y qué dijiste?
Keith miró hacia otro lado.
- La verdad es que me pudo el orgullo... Claro, que a ella también.
Suspiré.
- Es lo que nos pasa siempre, entre ella y yo también - Dije -. Cuando uno de los dos se acerca con una intención medio buena, el otro siempre mete la pata.
- Es raro ¿sabes? - Dijo Keith -. Pero es que siempre hemos sido tan amigos... No puedo evitar echarla de menos.
- A mí... También me cuesta. La verdad.
- Ya lo sé - Dijo Keith, esbozando media sonrisa -. Nunca quieres hablar de ello, pero ya sé que te gusta... Siento que no hayáis podido llegar a estar juntos.
Miré a Keith. Él se había sincerado conmigo, me lo contaba todo últimamente, pero yo... Seguía siendo una tumba en lo que a asuntos personales se refería. No podía contarle nada de Zoro, ni de los pergaminos secretos. Incluso había mentido instintivamente para ocultarle el tema de la herencia de mi tío, y en cuanto a Sally... Bueno, había mucho más tras ella de lo que él sabía.
Pero Keith se merecía saber mis secretos. Al menos, los que sí pudiera contarle.
- Keith... - Dije.
- ¿Sí?
- Si te cuento una cosa... ¿Me aseguras que no te enfadarás por no habértelo contado antes?
- Supongo... - Dijo Keith, mirándome con recelo.
- Está bien. ¿Recuerdas que en Navidad Sach se quedó en mi casa?
- Ahá...
- Bueno... Pasaron cosas.
Keith esbozó media sonrisa.
- ¿En serio? ¿Qué cosas? - Dijo, dejando los apuntes a un lado.
- Bueno... Sach y yo... Nos quedamos solos en casa... Y bueno, bebimos un poco, y terminamos, bueno, besándonos. Varias veces. Pero luego, cuando no estábamos borrachos, volvimos a hacerlo. Por eso, yo...
- ¿Os besásteis? - Dijo Keith, alzando la voz un poco más de la cuenta.
- Sssh, ¡habla más bajo! - Le dije -. Sí, nos besamos.
- ¿Sólo besarse? ¿Seguro?
- Bueno... Terminamos durmiendo juntos.
La expresión de Keith hablaba por sí misma. Parecía buscar las palabras.
- ¡Pero sólo dormir! - Me apresuré a añadir.
- Oh, menos mal - Dijo él, relajándose -, por un momento pensé que habríais llegado a... Ya sabes, a "hacerlo"...
- No - Dije.
- Menos mal. Qué susto.
- Eso pasó aquí.
Keith me miró.
- No - Dijo.
- Esto... Sí.
- Estás de broma.
- Me... Me temo que no.
- ¿Pero cómo...? - Comenzó a decir Keith, gritando. Parecía que en cualquier momento se pondría a saltar sobre el sofá.
- Ssssh, ¡te he dicho que hables más bajo!
- ¡Lo siento! - Keith volvió a susurrar -. ¿Pero cómo pasó? ¡En serio! ¿Cómo puede ser que no sepa nada? ¡Ninguno de los dos me dijo nada!
- Pues... - Comencé a decir.
- ¡Después de Navidad! - Me interrumpió Keith, que no asimilaba la noticia -. ¡Justo después de Navidad! - Me miró, más calmado -. Ahora entiendo que te doliera tanto que unas semanas después comenzara oficialmente a salir con el prefetillo...
- Ah, no - Dije, sin pararme antes a pensar -. Es que fue cuando ella ya estaba saliendo con Stebbins.
La boca de Keith se abrió tanto que podría haberse usado de caldero en clase de Pociones. Permaneció callado unos segundos, y por un momento temí que le estuviera dando un derrame.
- ¿Queeeé? - Dijo, gritando.
- Madre mía - Dije, mirando a mi alrededor. Sach miraba hacia nosotros con cara de curiosidad -. Vamos al pasillo.
Agarré a Keith de la túnica y lo arrastré al pasillo mientras seguía en algún tipo de estado de shock. No se veía a mucha gente caminando, así que decidí que sería más fácil hablar allí.
- No puede ser - Dijo Keith -. No puede ser...
- Sí puede ser - Dije, un poco ofendido. ¿Tan inverosímil resultaba? -. Pasó, y además en la cama de Stebbins.
Keith me miró con los ojos como platos. Se estaba poniendo blanco, parecía que tuviera hipotermia.
- En la cama... De Stebbins - Dijo, como si intentase descubrir el significado de las palabras -. La cama. De Stebbins.
- Sí... - Dije -. Oye, si hubiera sabido que ibas a reaccionar tan exageradamente te lo habría contado en la enfermería, creo que a este paso te vas a desmayar.
- Es sólo que es demasiada información - Dijo Keith, lentamente -. ¿De no saber nada paso a saber que lo hiciste con Sach en la cama de Stebbins? Vamos, en serio, ¿es una broma? Si lo es dímelo ya, o te juro que buscaré algún hechizo para saber si estás mintiendo.
Negué con la cabeza.
- No es una broma - Dije -. Y... Me siento aliviado, no se lo había contado a nadie...
- Entonces... - Dijo Keith, más calmado -. ¿Fue tu primera vez?
Asentí.
- Primera y única.
- Y la primera de Sach... - Dijo él.
Asentí con la cabeza, sintiéndome algo incómodo de repente.
- Espera - Dijo Keith -. Primera y única... Entonces con Sally aún no has...
- No, claro que no - Dije -. Aunque a Sach le dije que sí lo había hecho.
- ¿Sí? ¿Y por qué hiciste eso? - Dijo Keith, frunciendo el ceño.
- Por lo que dije antes - Dije, encogiéndome de hombros -. Siempre metemos la pata al hablar. Yo le dije que me había acostado con Sally porque ella me dijo que ya se había acostado con Stebbins, y yo... No sé. Supongo que... Quería mostrarle que también lo había superado. O algo así.
Bajé la cabeza. Recordar a mi "primera y única" vez con Sach para un instante después imaginarla con Stebbins me hacía sentir triste.
- Eh, no te desanimes... - Dijo Keith, al ver mi reacción -. Pero dime, ¿por qué me lo cuentas ahora?
- No lo sé - Dije, encogiéndome de hombros -. Somos... Amigos, ¿no? Prefiero que lo sepas. Además, necesitaba hablar de ello con alguien.
- ¿Hablar? - Dijo Keith, alzando una ceja -. ¿Y bien? ¿Qué tal estuvo?
Me sonrojé.
- Pues... - Comencé a decir -. Yo... Ehm... Es... ¡Es algo íntimo! Pero, ¿sabes? Poco después de terminar, Stebbins entró en la habitación, y Sach se fue, avergonzada. Stebbins debió notar algo raro, porque unos cuantos días después, después del entierro de mi tío y demás, fue cuando me desafió a un duelo.
- Pero entonces... - Dijo Keith, sorprendido -. ¿Crees que Stebbins lo sabe?
- No - Dije -. Si lo supiera de verdad no habrían encontrado mi cadáver. No sé qué pensará que pasó. Yo le dije que sólo me había declarado a Sach, y él se rió de mí. No sé qué pasaría después.
- Buf... - Dijo Keith, y se sentó en el suelo. Tras unos instantes, me senté junto a él.
- Y... - Continuó Keith, al cabo de un momento -. ¿Qué significó para ti? ¿Fue sólo algo físico, del momento, o...?
- Para mí lo significó todo - Dije, tímidamente, mientras apartaba la mirada -. Por un momento creí que, después de eso, estaríamos juntos. Que tendríamos que estarlo, que era la única forma de acabar. Yo... No lo sé.
Keith pareció reflexionar unos segundos.
- Quizá para Sach también sea difícil, quizá esté algo celosa por lo tuyo con Sally...
- ¿Tú crees? - Dije, sin darme cuenta de que me sentía esperanzado -. No lo sé, yo... No, no creo... No creo que lo esté. Aunque... Podría, ¿no?
Keith se encogió de hombros.
- Quién sabe - Dijo -. Yo creo que podría estarlo. No es tan descabellado, ¿no?
- Pero fue ella la que escogió a Stebbins... - Dije, encogiéndome de hombros.
Pasaron un par de minutos, mientras trataba de pensar en qué más podía contarle del "incidente".
- Peter - Dijo Keith, antes de que se me ocurriera nada.
- ¿Sí?
- Me postro ante ti. Mereces el reconocimiento.
- ¿Yo? - Dije, sonrojándome -. Por... ¿Por haberme acostado con alguien?
- No, tonto - Dijo él, y cuando le miré vi que estaba sonriéndose -. Mereces mi reconocimiento porque he dedicado muchas noches a pensar en la trastada ideal que podría hacerle a Stebbins y, sin saberlo, resulta que tú le has hecho la más gorda.
Comencé a reirme con ganas al entender a que se refería.
- ¡Te acostaste con su novia! - Dijo él, echándose a reir -. ¡En su propia cama!
- ¡Sí! - Dije, sujetándome la barriga mientras me reía, y traté de ponerme serio un momento -. Ese era mi plan desde el principio.
- ¡Sí, claro! - Dijo Keith, guiñándome un ojo -. Pues has fingido muy bien la parte en la que te enamoras de Sacharissa.
- ¿Verdad que sí? - Dije, volviendo a reirme -. ¡Todo sea por nuestra causa!
- ¡Coalición Anti-Stebbins! - Dijo Keith, poniéndose el puño en el hombro.
- ¿Coalición Anti-Stebbins? Suena bien...
De repente me sentía mucho mejor, me alegraba de haber compartido mis asuntos con Keith. Al menos ahora tenía a alguien con quien hablar, alguien con quien tomarme cosas aparentemente importantes a broma. Al fin y al cabo era la primera vez que me reía de lo que había pasado. Durante un instante se me pasó por la cabeza que las risas serían mejores si Sacharissa también se riera con nosotros, pero no dejé que ese pensamiento me hiciera volver a sentir mal.
Entre risas y bromas, Keith y yo volvimos a la sala común para tratar de estudiar, aunque no conseguimos concentrarnos demasiado. Mientras Sacharissa continuaba sentada con Stebbins a tan sólo unos pasos de nosotros, le conté a Keith también el momento en que les gasté la "broma" de la Poción de Empatía Conjunta, y las horas de la tarde pasaron sin que nos acordáramos de nuestros problemas.

Sally se unió a nosotros durante la cena, como había dicho. Se sentó a nuestro lado, tras parecer dudar un poco. La besé en cuanto lo hizo, mientras observaba cómo Sach y Stebbins se sentaban a cierta distancia de nosotros. Ella se limitó a mirarme con expresión de tristeza cuando separé mis labios de los suyos.
- ¿Te ha pasado algo? - Le dije en bajo, mientras la cena era servida.
- Por... ¿Por qué lo preguntas? - Dijo ella, sin cambiar la expresión de su rostro.
- No lo sé. Pareces triste.
Ella suspiró.
- Peter - Dijo .- Dime por qué me besas.
Me extrañé de su comentario.
- Somos novios - Dije -. ¿No es suficiente motivo?
Sally resopló, y miró a su plato fijamente.
- Sólo me besas porque se supone que debes hacerlo, ¿no?
- ¿Qué? - Dije - ¡No! Te beso porque... Porque me gustas... ¿No?
"Bravo, Peter", pensé, "no te has convencido ni a ti mismo"
Sally negó con la cabeza y siguió cenando en silencio. De repente tenía mis dudas. Llevaba siendo cariñoso con Sally todo el día y aún así algo no encajaba. Mi actitud no encajaba. Ella me gustaba mucho, a su manera, eso era cierto... Pero no conseguía librarme de la sensación de no ser sincero cada vez que la besaba. Pero... ¿Por qué?
- Tú misma me dijiste que me gustas - Le dije a Sally -. ¿No te acuerdas?
- Claro que me acuerdo - Dijo ella, mirándome sonrojada -. Pero te lo dije para que salieras conmigo.
- ¿Para que saliera contigo? ¿Es que estabas hipnotizándome o qué?
- Claro que no - Dijo ella, apartando de nuevo la mirada -. Pero quería que salieras conmigo, y... No sabía cómo... No sé tratar con... Con la gente.
Vaya, una muestra de aparente sinceridad por parte de Sally. Definitivamente algo no andaba bien.
- Eh - le dije, poniéndole una mano en el hombro -. Yo tampoco soy el Maestro de las Habilidades Sociales. Pero, en serio... ¿Qué te pasa?
Sally volvió a mirarme, y vi que sus ojos brillaban más que de costumbre.
- Al principio no me importaba que... - Dijo, con voz temblorosa -. Al principio me daba igual, pero ahora... Yo... Yo ya no sé si fue buena idea...
- Eh, eh - Dije, tratando de parecer reconfortante -. Cálmate y dime. ¿Qué es lo que no te importaba antes pero ahora sí?
Sally liberó su hombro de mi mano bruscamente.
- Que sólo me uses para darle celos a Sacharissa - Dijo, con tono de enfado.
A continuación se levantó de la mesa y abandonó el Gran Comedor corriendo.
Me quedé mirando en la dirección en que se había ido unos segundos. ¿Era posible eso? Miré hacia Sach. No estaba mirando en mi dirección, pero estaba seguro de que habría visto a Sally levantarse y abandonar la sala. ¿Eso es lo que había estado haciendo todo el día en realidad? ¿Intentar darle celos a Sacharissa? Pero... Pero Sally me gustaba... ¿No? Era con quien debía estar, a pesar de sus rarezas... ¿No? Pero entonces... ¿Por qué sólo la había besado durante las clases y en los pasillos, cuando sabía que Sach estaría cerca?
Me sentí estúpido.
- Mmf - Me dijo Keith de repente, con la boca llena -. ¿Qué paffa?
- Nada - Dije, encogiéndome de hombros -. No se encuentra bien... Cosas de brujas. Tú ya me entiendes.
- Oh.
El comentario bastó para que Keith no preguntara más, pero no pude evitar sentirme un poco mal. Otra vez mintiéndole.

Después de cenar habíamos subido a la sala común, pero no había rastro de Sally por ninguna parte. Keith y yo habíamos repasado un poco más, y después nos habíamos ido a dormir. De eso hacía ya varias horas, pero no podía dejar de dar vueltas en la cama, sin poder pegar ojo. Trataba de pensar en Sally, pero entonces Sach venía a mi memoria, y la desplazaba sin remedio. Y si intentaba centrarme en los momentos que Sacharissa y yo habíamos pasado juntos, entonces el tono de voz de Sally al decir que sólo la usaba para dar celos volvía a sonar en mi cabeza.
Di una más de muchas vueltas en la cama. Estaba hecho un lío.
Finalmente decidí levantarme y volver a la sala común. Seguiría repasando hasta que consiguiera quedarme dormido, aunque fuera en el sofá. En silencio, recogí mis cosas y abandoné la habitación.
Entonces, por segunda vez en el curso, la ví.
La gata de Sally. Una enorme gata blanca de largo y enmarañado pelo, con aspecto sucio y decrépito. Y con un enorme ojo sanguinoliento. El equivalente gatuno del cuervo Zoro antes de empezar a mejorar hasta convertirse en lo que empezaba a parecer un cuervo normal. Zoro empezó a mejorar cuando mi tío, que se comunicaba a través de él, murió. Así que eso quería decir, probablemente, que alguien estaba usando a esa gata para comunicarse con Sally regularmente.
Muy bien, detective Starkey. Era una deducción bastante brillante, pero innecesaria, ya que la gata se encontraba allí, a unos pasos de las escaleras que llevaban al dormitorio femenino. Inclinada ante ella, y de espaldas a mí, se encontraba Sally, aparentemente con la mirada fija en la gata. Por lo visto se estaría comunicando con quien fuese en ese preciso momento.
Sabía que no podía escuchar lo que la gata le transmitía a Sally, pero dudaba de que ella pudiera comunicarse mentalmente, así que traté de oír. Por desgracia estaba demasiado lejos, así que, tratando de hacer el menor ruido posible, comencé a bajar las escaleras hasta la sala común, y al llegar abajo asomé la cabeza para mirar en la dirección en que se encontraban. Estaba algo más cerca.
- Me da igual lo que pienses - Estaba diciendo Sally -. Te lo he dicho mil veces, no vengas a hablar aquí, hablaremos sólo en mi cama, y cuando esté insonorizada. La última vez nos vio. Por tu culpa, ¿recuerdas? Viniste aquí, igual que ahora.
Silencio. Se refería a mí, claro. Las ví. Igual que ahora, sí.
- No, no puedo esperar a mañana - Dijo Sally -. Voy a ir a su habitación. Voy a decírselo ahora.
¿Qué? ¿Seguiría hablando de mí? ¿Qué iba a decirme ahora? Su tono parecía de enfado, ¿tendría que ver con su reacción durante la cena?
- No - Dijo Sally, y parecía distinguirse vergüenza en su voz -. Lo que me pasó antes... Sé que no debo dejar que me afecte, pero...
Seguí esperando.
- Y ya lo intento - Habló Sally de nuevo, con angustia -. Me mantengo fría y calculo todos mis movimientos, pero últimamente... Era más fácil antes de... De hablar con la gente, antes de hablar con él, cuando aún desconfiaba de él...
Sally se calló de repente.
- ¡Y no me fío! - Dijo de repente -. Sé... Sé que no debo fiarme de él, pero... Bueno, tú me lo has dicho, pero... No parece tener malas intenciones. No creo que me oculte nada...
Se equivocaba.
- Sí, lo sé - Dijo Sally al cabo de unos segundos, triste -. Sé que no me quiere de verdad. Que sólo me utiliza para darle celos a mi compañera de cuarto - Hizo una pausa -. Sí, ya lo sé. No... No le importa hacerme daño.
Me sentí muy mal. ¿Pero con quién estaba hablando?
- Pero es que no creo que sepa nada más que lo que me ha contado, la verdad - Dijo Sally.
Se equivocaba de nuevo.
- Bueno - Continuó -, tienes razón, no ha aportado nada que nos ayude, pero...
Se calló un instante.
- No, no quiero seguir haciendo eso - Dijo, con voz temblorosa.
Silencio.
- No, deja de decirlo.
Silencio.
- Sí, tienes razón, consigo más de él cuando lo hago, pero es que no quiero, no puedo... Deja de decir que use mi físico.
¿Qué? ¿Era yo el que estaba siendo usado?
- ¿Es que no te importa cómo me sienta? - Dijo Sally, quizá demasiado alto. No pude evitar mirar alrededor por si aparecía alguien más -. No puedo... ¡No puedo! El otro día... Él... Quiso... ¡Por eso me puse a llorar cuando llegué a la habitación! ¿Es que no te importa?
Vaya. ¿La había hecho llorar? ¿Por querer acostarme con ella? Genial, una gran noticia para mi ego.
- Sí, claro que quiero ayudarte - Dijo Sally -. Ya sé que si hace que pueda acceder a sus secretos debo hacerlo, pero no puedo... No me pidas que lo haga... Aunque tuviera fuerzas, somos familia...
Estuve a punto de ponerme en pie como un resorte. ¿Qué? ¿Familia? ¿Sally y yo? Ni siquiera lograba pensar con claridad. No, no, no, no estaba bien, eso no estaba nada bien. Pero que nada bien.
- ¿Qué? - Dijo Sally al cabo de un instante, temblando -. ¿Como que no? ¿Como que es mentira? - Sally parecía estar recibiendo mensajes de la gata, pero no se callaba de todas formas -. No, no, ¿qué? ¿Otro? ¿Antes que él? No, no, no me digas que sólo fue otro más, no me vengas de nuevo con lo de que todos son iguales... ¿Quién te dejó tirada? ¡No! No me digas que los dos, ¿quién es mi padre?
Sally parecía muy alterada, nunca la había visto fuera de control como estaba en ese momento. Y yo también me estaba poniendo nervioso. Deduje que quizá estuviera hablando con su madre, pero me costaba pensar con claridad. Su madre quería algo de mí. Aparentemente mis pergaminos. Y, a través de su gata, hablaba con Sally para que lo consiguiera. En principio le había dicho que éramos familia, pero Sally y yo... Éramos pareja, así que ahora al parecer le estaba diciendo que no éramos familia para que ella no tuviera reparos en...
No... No podía ser... Sally no podía estar usándome así...
- ¿Es que no te importo nada? - Dijo Sally casi gritando, y me pareció notar el llanto naciendo en su garganta -. ¡Me estás pidiendo que mi primera vez sea con alguien de quien sólo queremos aprovecharnos!
En esos momentos no pude evitarlo. Me puse en pie y salí de mi escodite, avanzando hacia Sally.
- Sally - Dije, con una voz firme y grave que me sorprendió a mí mismo.
Sally se sobresaltó. Se puso en pie y se giró lentamente, con los ojos como platos. Su gata bufó y huyó en dirección al dormitorio femenino. Ni siquiera me molesté en intentar detenerla.
- Sally - Repetí.
Sally se llevó las manos a la cabeza, y se frotó las sienes.
- Oh, genial - Dijo, enfadada -. Gracias por aparecer, Peter...
- ¿Cómo se llama? - Dije, ignorándola.
- ¿Cuánto tiempo llevas espiándome?
- Menos que tú a mí - Dije, tratando de parecer impasible -. Que me digas como se llama.
- ¿Quién? - Dijo ella - ¿La estúpida gata?
- No - Dije -. La estúpida de tu madre.
Sally actuó de manera instintiva. En un segundo se había tensado y me estaba apuntando con su varita.
- Nadie se mete con mi familia - Dijo, sin expresión alguna en su rostro.
Para mi propia sorpresa, había dejado caer mis pergaminos y libros al suelo, y estaba sacando mi varita del bolsillo. Logré contenerme justo a tiempo, no creía que las cosas se fueran a solucionar haciéndonos volar por los aires mutuamente. Claro que probablemente sólo yo volase por los aires, pero en esos momentos mi enfado me hacía creer que podía ser capaz de todo.
- ¿Y yo, Sally? - Dije, tratando de no pensar en la varita que me apuntaba -. ¿Conmigo entonces se pueden meter? ¿O no? No me ha quedado claro.
Sally pareció temblar un poco, y bufó.
- Sólo sirves para hacer daño, Peter Starkey - Dijo, con voz temblorosa.
- ¿Yo? - Dije, furioso -. ¡Oh, claro! ¡Yo, yo soy el que hace daño!
- ¡Sí! - Dijo Sally.
- Esto es increíble - Dije -. Sólo te has interesado en mí por los estúpidos pergaminos. No sientes nada por mí.
- Ni tú por mí - Dijo ella -. Sólo me has usado para darle celos a esa...
- ¡Eso no es cierto! - Dije, enfadado -. Tú me gustas... Gustabas.
- Es todo culpa tuya - Dijo Sally, ignorándome -. ¿Dices que no haces daño? ¡Es culpa tuya que me sienta así!
- ¿Cómo?
- ¡Confusa! Yo... Por culpa tuya, por estar tanto tiempo contigo, yo... - Sally bajó la cabeza, parecía ir a echarse a llorar.
- Oh, sí, claro - Dije -, igual me lo creo y todo. Explícame qué pasa aquí.
- Estúpido - Siguió ella -. Si no hubieras caído cuando fingí que me gustabas...
- ¿Ves? ¡Lo admites!
- Yo... Con el tiempo... Ahora ya no finjo, idiota.
Me quedé callado unos segundos.
- Vale - Dije -. De nuevo, igual me lo creo. Ahora he dicho que me lo expliques todo.
Sally alzó la cabeza, y me miró con los ojos entornados, llenos de lágrimas.
- Te odio... - Sollozó.
- Genial - Dije, dándome la vuelta para recoger mis cosas -. Entonces me largo, ya hablaremos cuando quieras expli...
- ¡Petrificus Totalus! - Oí a Sally gritar a mis espaldas.
"Oh, vamos, tiene que ser una broma", pensé, mientras notaba como me inmovilizaba por completo. Era la segunda vez que Sally me hacía algo así.
A los pocos segundos la vi pasar ante mí y ponerse a rebuscar entre mis cosas. Me temí lo peor, y no estaba equivocado. Cogió mis dos pergaminos, el del mapa de los sótanos, y el que aún estaba en blanco. Vi que también tenía los dos suyos, en blanco... No. Uno no estaba en blanco. ¿Qué?
- Iba a decírtelo - Dijo ella, sujetando el pergamino ante mi cara -. Estaba dispuesta hasta a colarme en el dormitorio e insonorizar tu cama. Se ha mostrado otro pergamino. Lo vi tras volver de la cena a mi habitación, pero no quería decírtelo delante de todo el mundo.
Así que a eso iba a mi habitación.
- Ella... - Siguió -. Mi... Mi madre no quería que te lo dijera. Al menos no tan pronto. Pero yo dije que te lo diría. Ese era el trato...
Bien. ¿Qué intentaba? ¿Hacerme sentir culpable por no confiar en ella? Como si tuviera motivos para hacerlo.
- Se trata - Dijo, mirando el pergamino - de una lista de cosas. Cosas normales, aparentemente. Una escoba... Un caldero... Un trapo... Todas ellas descritas de extrañas formas y numeradas. No sé para qué servirán, pero creo que son las cosas que se pueden encontrar en el mapa que apareció en el otro pergamino. Yo ya lo he visto, así que...
Ví como Sally dejaba el pergamino que me había mostrado junto al pergamino del mapa entre mis cosas, y a cambio cogía mi pergamino en blanco. Ahora ella tendría los dos en blanco que no se habían mostrado aún, y yo tendría los dos con información.
Sally me apuntó con su varita, y deshizo el hechizo. Noté como mis músculos se relajaban de nuevo.
- Eso no era necesario - Dije.
- Lo era - Dijo ella - porque te ibas a ir. Ya te he explicado lo que querías saber.
- No - Dije, enfadado -. Quiero saber más cosas.
Ella negó con la cabeza.
- No puedo contarte más cosas. Debes entenderlo - Dijo. Volvía a ser la Sally de voz firme y fría que solía mostrarse.
- Pues no quiero entenderlo - Dije -. Estoy harto de mentiras.
- Yo también - Dijo ella -. Recuerda que a mí también me han mentido.
Por un momento pensé que había descubierto que no le decía la verdad con respecto al otro pergamino.
- Me dijo que éramos familia - Dijo ella, bajando la cabeza.
- Ah, eso - Dije, enfureciéndome -. Pero no lo somos, ¿no? Así que ahora ya puedes usar... ¿Cómo habías dicho? Ah, sí, usar tu físico, para sacarme información, ¿no?
- Déjalo - Dijo ella, temblando.
- Ya no hay motivos para no me beses - Seguí, fuera de control, mientras avanzaba hacia ella -, para que no te me frotes...
- Que lo dejes. Por favor.
- Hey - Dije, encogiéndome de hombros -. ¡Ahora podemos hasta acabar lo del otro día! Y luego si quieres te doy alguna pista, ¿eh? ¿Qué te par...?
Antes de que pudiera darme cuenta sentí el golpe en el lateral de la cara. Sally me había dado un puñetazo, torpe pero fuertemente, en el lateral de la mandíbula. Me tambaleé dos pasos hacia atrás y me sujeté la zona afectada, que me ardía. Genial. Ya no se conformaban con las bofetadas.
La miré furioso. A continuación me agaché y comencé a recoger mis cosas, mientras ella me miraba sin saber qué hacer.
- Peter, sólo quería que te callaras - Dijo.
No dije nada. Terminé de recoger mis cosas y me encaminé hacia las escaleras.
- Peter... - Dijo ella, y sentí una inseguridad en su voz que me hizo dudar por un momento .- ¿Qué va a pasar ahora? Dímelo.
Me giré un instante hacia ella.
- No vuelvas a hablarme si no es para responder a todas las preguntas que te haga.
- Pero Peter... No sé si puedo hacer eso...
Me daba igual. Le di la espalda y comencé a subir las escaleras hacia el dormitorio.
- Peter - La escuché mientras me alejaba -, por favor no me dejes aquí, necesito tu ayuda, yo... Peter, yo quiero estar...
No la escuché terminar la frase tras cerrar la puerta del dormitorio. No quería oir cómo terminaba. No confiaba en ella. Estúpida Sally. Sacharissa y Sally. Las dos, a su manera, me quitaban el sueño.

 19 de Mayo, Jueves

Los alumnos comenzaban a abarrotar el gran comedor. Peter y yo estábamos sentados de espalda a la mesa de Ravenclaw, observábamos como Sacharissa se sentaba junto a Stebbins frente a nosotros, aunque dos mesas más alejada. Mientras desayunábamos escuché a mis espaldas una voz que me resultaba muy familiar, sabía que Catherine estaba sentada detrás hablando con una compañera, pero no imaginé ninguna razón para girarme e intentar hablar con ella, nuevamente mi vida se había encauzado hacia la dirección correcta y no tenía ninguna gana de volver a complicarme. Cuando casi era la hora de dirigirnos a clase me percaté de que Sally no estaba en el gran comedor, los últimos días ella no se acercaba a Peter, comía sola, si nos la cruzábamos no levantaba la cabeza para mirarle, e incluso había dejado de sentarse a su lado en clase.

- Peter, tu y Sally ¿Estáis bien?

La pregunta sorprendió a Peter, y a punto estuvo de atragantarse con un trozo de pan que aun tenía en la boca.

- Hummf – terminó de masticar y cogió aire. - ¿Por qué lo preguntas? - dijo posando sobre la mesa el trozo restante que sujetaba en la mano.
- Pues, estos días no os veo nunca juntos, ella está siempre sola, pensé que igual... - me quedé en silencio esperando la respuesta de Peter.
- Bueno, si, discutimos hace unos días. - Peter miró a su alrededor como temiendo que alguien más lo pudiese escuchar.
- ¿Por? - pregunté instintivamente. Quizás hubiese sido más apropiado preguntarle si se encontraba bien, pero consolar a mis amigos nunca fue mi punto fuerte.
- Por nada, ella dice que me sigue gustando Sach, ya ves tú que tontería. - Peter miró con disimulo a Sacharissa, quien en ese instante se reía con Stebbins. Su mirada se perdió en algún lugar que yo no conseguía vislumbrar.

Estaba bastante claro que en este caso Sally tenía razón. A pesar de intentar ocultarlo, a Peter le traicionaban sus sentimientos, y era muy común verlo mirar hacía Sacharissa, apartar rápidamente la vista si se cruzaban sus miradas o morderse los labios al comprobar como Stebbins la cogía por el hombro. 

- Tranquilo, ya verás como todo se arregla. - Le dije dándole una palmada en el hombro.
- Sí, supongo – respondió forzando una sonrisa.

Las clases de la mañana me sirvieron para comprobar como había mejorado Peter en encantamientos, y descubrir que las horas dedicadas a Historia de la Magia servían para tener un nivel aceptable de cara a los exámenes.
Después de comer nos dirigimos a Aritmancia, optativa que compartíamos con Hufflepuff, al llegar vimos como Allyson y Sacharissa se reían, no recordaba la última vez que habíamos estado todos juntos.
Cuando entró la profesora Vector, todos los alumnos se sentaron en sus sitios. Sacharissa en primera fila y Allyson dos filas detrás de nosotros. Cada jueves era la misma historia, la profesora nos recordaba la importancia de su asignatura en caso de que quisiéramos trabajar en Gringgots, durante su explicación mi mente decidió salir de la clase y volar al majestuoso banco. Allí estaba yo, caminaba sobre una alfombra de oro, que conducía a una cámara acorazada, me acerqué a ella y dije mi nombre en alto, un chirrido avisó de que la cámara se abría. Un destello iluminó el pasillo, puse las manos sobre mi cara evitando mirar directamente al cegador brillo. Quite mis manos poco a poco, dejando que mis ojos se acostumbrasen a la claridad. 
¡Oro!, ¡Joyas!, miles de estatuas, pinturas, libros, hasta donde mi vista alcanzaba a contemplar. Sobre una montaña de monedas, un duende de ropas maltrechas me lanzaba todo lo que tenía a mano a la vez gritaba “¡Diana!, ¡Diana!”.

Un jarrón plateado golpeó mi cabeza, devolviéndome a la realidad lejos del duende con complejo de arquero. 
Miré a Peter, el cual me señalaba un trozo de pergamino hecho una bola que estaba sobre mi mesa. Lo recogí, temí abrirla y leer en ella “¡Diana!”, pero el susto apenas duró un segundo. La letra era clara y se leía con facilidad.

“Quedamos a las 7 en la biblioteca, me encontraré allí con Yashira. Mi parte ya está hecha, espero que no se complique la cosa. ¿Hablaste con Peter y Sach? Ally”.

Me acordé mientras leía la nota de la reunión mantenida el pasado Sábado, Yashira, Allyson, y yo. Yashira nos había citado en la biblioteca para hablar de como hacer escarmentar a Mark por reírse de ella, pero en seguida nos dimos cuenta que la biblioteca no era el mejor sitio para tratar el asunto en estos días previos a los exámenes. Terminamos sentados a la orilla del lago, debatiendo cual sería el hechizo más adecuado.

Mi opción era hacer que a Mark le saliesen unos cuernos, y cambiar el color de su piel hasta que apareciesen manchas marrones. Se descartó, porque quizás nadie se diese cuenta realmente del cambio.

Allyson propuso hechizarlo quitándole temporalmente el sentido del olfato, luego encantarle la ropa con un aroma a huevos podridos. También se descartó porque no queríamos hacer sufrir demasiado al resto del colegio.

Y por último, y la ganadora por mayoría fue un hechizo de amor propuesto por Yashira.
La idea era hechizar a Mark y enamorarlo durante un tiempo de Anne Perry, compañera de Allyson. Anne era una chica peculiar, aunque no tenía gafas, sus ojos, grandes y redondos, hacía pensar a quien la miraba, que si por alguna razón llegaba a necesitarlas se las tendrían que hacer a medida. En sus dientes llevaba un montón de hierros, según contaba, se los habían puesto para mejorar su sonrisa. Y lo más importante, era una chica de la que Mark y sus amigos siempre se reían.
El problema de este hechizo, es que estaba prohibido, y tendríamos que hacer que fuese ligero para que no llamar la atención.
Para realizarlo correctamente, primero Mark debía beber una pequeña poción y antes de 30 minutos lanzarle el hechizo. Una vez se haya lanzado, la primera persona con la que hablase sería su afortunado amor.

Decidimos que Allyson se encargaría de quedar con Anne, Yashira sería la responsable de lanzar el hechizo, y yo hablaría con Peter y Sacharissa para encargarnos de que Mark se bebiese la poción.

Cogí el trozo de pergamino, le di la vuelta y comencé a escribir.

“Aun no les dije nada, al terminar las clases se lo comento. Ayer Yashira me dio la poción, intentaré que la tome a las 6:45. ”

Hice una bola con el pergamino y se lo lancé a Allyson. 

- Sr. Parker y Srta. Jhonson, como vuelva a ver un trozo de pergamino volar por la clase, me tendréis que traer mañana a mi despacho, un trabajo sobre como Bridget Wenlock descubrió las propiedades mágicas del número siete. - alzó la voz la profesora, mientras las miradas de toda la clase se posaban sobre nosotros de forma acusadora.

Me giré y vi como Ally leía el pergamino oculto bajo su mesa. Me lanzó una mirada de reproche. Seguramente pensaría que ya tendría que haber hablado con Peter y Sacharissa.

Al terminar las clases nos dirigimos a la sala común, tenía que buscar el momento adecuado para proponerles a Peter y a Sacharissa participar en nuestro pequeño proyecto. Al entrar observé a Sacharissa sentada tras un montón de libros, eché una ojeada a su alrededor en busca de Stebbins, pero no lo divise, sin pensarlo demasiado me dirigí hacia ella mientras Peter subía a nuestra habitación en busca de los libros de Transformaciones.

- ¡Ey Sach! – le dije a través del montón de libros, el cual apenas me dejaba ver su pelo.
- Stebbins, ya te dije que tengo que estudiar, no insistas – contestó sin levantar la cabeza de los apuntes.
- “¿Stebbins?, ya estamos insultado” – pensé. – Si levantases la cabeza verías que no soy ese. – dije pronunciando con más fuerza la última palabra.

Sacharissa alzó la vista, por su cara deduje que no le había gustado el tono de mi contestación, pero no dijo nada.

- ¿Decías algo? – preguntó volviendo a su apuntes.
- Sí verás. – comencé - ¿Te acuerdas de Mark?, bueno sí, supongo que sí. Pues Yashira ha decidido como vengarse de él, y querría saber si nos ayudarías.

Volvió a mirarme, permaneció un instante en silencio, parecía estar asimilando lo que le acaba de preguntar, o quizás buscando una respuesta adecuada.

- Pues sinceramente, paso. – respondió.
- ¿Pasas? – no esperaba que me dijese que no, aunque nuestra relación había decaído constantemente, no le estaba pidiendo un favor personal, sino que ayudase a Yashira. – Pero… - me cortó antes que pudiese contestarle.
- Verás Keith, como puedes ver – señaló a la pirámide de libros que tenía en frente. – Tengo mucho que estudiar, y muy poco tiempo. Y lo que no voy a hacer es dedicar el poco que tengo, a cosas de niños, creo que ya deberíais de tener la suficiente mentalidad como para dejar de ir por la vida buscando líos e intentar arreglar las cosas de otra manera.
- ¿De otra manera? – noté como me ardía la sangre. – ¿Igual que arreglas tus problemas conmigo o con Peter? – le reproché. - ¿Cosas de niños? – alcé la voz. – Debe ser que desde que estas con Mr. Prefectillo se te están pegando los aires de superioridad, y lo único que pienso es que aquí, la única niña que hay aquí eres tú, siempre escondida sin dar la cara. – mis pensamientos se peleaban por salir todos a la vez.

Sacharissa se levantó del sofá, y me apuntó con el dedo. Se la veía furiosa, abrió la boca, pero no dijo nada. Noté una mano sobre mi hombro.

- Sach ¿Pasa algo? – preguntó Stebbins acercándose a ella.
- No, nada. – respondió secamente.
- ¿Tienes algún problema Keith? – se giró para mirarme.

Miré a Sacharissa, se mordía los labios, sabía que no le había gustado que Stebbins la hubiese interrumpido, y quería echarme en cara todo lo que pensaba. Mi lengua aun tenía ganas de seguir escupiendo palabras, pero la contuve de mala gana convenciéndome de que ya habría otro momento. Ya ni siquiera podía discutir con ella sin que se metiese por medio Stebbins.

- El único problema que hay eres tú. – respondí. 

Di media vuelta y me dirigí hacia los sofás más alejados de la posición en la que se encontraban Sacharissa y Stebbins. Me senté y observé como Sacharissa tranquilizaba a Stebbins, este hacía signos ostentosos para intentar acercarse a mí. Detrás de ellos, observé como Peter bajaba las escaleras cargado de libros y pergaminos.

- Ya está – dijo posando todo lo que cargaba sobre la mesa, y sentándose en frente mío.
- ¿No ibas a estudiar Transformaciones? – pregunté.
- Sí, pero pensé que si tengo tiempo, no estaría de más mirar un poco de Historia y Encantamientos. 

Sacharissa y Stebbins recogían en ese momento los libros y subían hacia las habitaciones.

- ¿Te encuentras bien? – continuo Peter girándose en el momento en que ambos desaparecían por las escaleras. - ¿Tu crees que irán a…? – Peter no terminó la frase apartando la vista de las escaleras.
- A estudiar - respondí sin mucho convencimiento.
- A estudiar - Peter se quedo pensativo. - A estudiar como conseguir que Stebbins pase a través de la puerta - sonrió Peter
- A estudiar el nuevo contrato de Stebbins como mascota del equipo de Quidditch. – continué.

Nos reimos durante unos minutos imaginando diversas situaciones donde Stebbins tuviese que estudiar las posibilidades que le ofrecían sus recientes cuernos. Pero la alegría no duro demasiado, y al rato nos quedamos repentinamente en silencio, pensando que quizás no estuviesen precisamente estudiando.

- Peter, ¿me ayudas con una cosa? - pregunté rompiendo el silencio.
- Dime, ¿Sigues con pociones? - respondió ojeando el pergamino que tenía delante de mí.
- No, no es eso. ¿Te acuerdas que Yashira se quería vengar de Mark? - Peter asintió con la cabeza. - Pues ya tenemos preparada la venganza. ¿Te apuntas?
- Bueno, no sé, no sera ¿peligroso? - respondió dubitativo
- No, sin riesgo alguno.
- No acabaremos peleándonos otra vez ¿no? - preguntó. - No acabamos muy bien la última vez - Peter esbozó una leve sonrisa.
- Nada de peleas.
- Bueno, en ese caso. - Se armó de valor. - Vale, me apunto. ¿Cuándo es?
- Ahora - respondí mientras miraba el reloj. Empezaba a hacerse tarde y teníamos que ir a buscar a Mark.
- ¿Ahora?, ¿cómo que ahora?, pero si no me explicaste, ni siquiera me contaste - Peter parecía nervioso, pasaba las hojas de su libro sin mirarlas.
- De camino te cuento los detalles. - me levanté. - Espera aquí, vengo ahora.

Subí las escaleras corriendo y me acerqué a la puerta de mi habitación, pisé varias veces con fuerza para que se percatasen en el interior de mi presencia. Antes de entrar intenté escuchar algún sonido proveniente de su interior sin ningún éxito.
Abrí la puerta, y entré lentamente.
Stebbins y Sacharissa estaban sentados sobre la cama de Stebbins, cada uno con un libro en las manos, aparté la mirada de ellos, y abrí mi baul. Busqué en el fondo el pequeño frasco que Yashira me había entregado con la poción de amor.
Salí de la habitación sin mirar hacia “la pareja perfecta”, y volví a la sala común.
Peter ordenaba los libros sobre la mesa.

- Déjalo así, volvemos en seguida - dije cogiéndolo por el hombro y empujándolo para salir de la sala.

De camino a la biblioteca le expliqué a Peter el plan que habíamos trazado. Nuestro cometido era conseguir que Mark bebiese la poción que le habíamos preparado. El resto dependía de Ally y Yashira.

- ¿Por qué vamos a la biblioteca? – preguntó Peter.
- Ah, según Yashira los jueves de seis a ocho, Mark estudía solo en la biblioteca. Tendremos que aprovechar y realizar el plan durante este periodo de tiempo. En realidad en cuanto beba la poción sólo tendremos 30 minutos para relizar el resto.

Al entrar, vimos a Yashira, Ally y Anne sentadas en una mesa, al vernos nos saludaron con un ligero movimiento de cabeza. 

Peter y yo seguimos avanzando por el pasillo en busca de nuestra victima. No tardamos demasiado en dar con él. Mark estaba sentado en la última mesa de la sala, a su alrededor había varios estudiantes de segundo curso Ravenclaw y Hufflepuff, arremolinados frente a un libro con el titulo “Lo que no entiendes de las Brujas”. Pensé en unirme a su grupo y que compartiesen conmigo sus conocimientos. Sobre la mesa, Mark tenía varios pergaminos, tinta, y plumas, pero lo más importante, una botella de agua.
Peter me golpeó con el codo al darse cuenta de lo que pensaba.

- ¿Cómo piensas hacer para echar la poción dentro de la botella? – preguntó en voz baja.
- Improvisando – susurré.

Nos sentamos al lado de Mark, él levanto la cabeza y guardó algunos de sus pergaminos para dejar espacio libre. Peter cogió el primer libro que tuvo a mano de la estantería más cercana antes de sentarse. Yo me acerqué a él e hicé que me interesaba por “Como tener la marmita llena a final de mes”, el libro explicaba detalladamente como cocinar buenos platos gastando el menor dinero posible.

- ¿Qué hacemos? – susurró Peter.
- Cambia de libro - repondí.
- Sí, será lo mejor. - Peter se levantó rápidamente con el libro en la mano.

Se acercó a la estantería y volvió a colocarlo en su sitio. Ojeó las baldas superiores y se puso de puntillas para coger otro libro. Eché un poco para atrás mi silla, y empujé ligeramente la estantería varias veces.
Esta se balanceo, Peter sacó el libro que buscaba junto a otro montón que se desplomaron sobre él.

- Mierda - dijo Peter mientras se agachaba a recogerlos.
- Toma - Mark se había agachado también a ayudarle.
- Esto, gracias - Peter vió como me acercaba al sitio de Mark. - ¿Puedes acercarme ese de ahí? - le distrajo.

Aproveché el momento para quitar el tapón del frasco con la poción y verterlo en su botella. El agua se volvió rosa completamente, y maldije a Yashira por no haberme avisado que cambiaría de color. A los pocos segundos el líquido volvió a ser transparente y suspiré aliviado.
Peter y Mark acababan de terminar de recoger los libros, así que me senté de nuevo.

- ¿Lo conseguiste? - preguntó Peter sentándose a mi lado.
- Sí. - ambos miramos a Mark, esperando que bebiese de la botella.

Pasaba el tiempo y Mark no le daba ni un sólo trago. Ally pasó a nuestro alrededor varias veces, como si buscase un libro, esperando una respuesta con su mirada.
Dieron las ocho, y Mark comenzó a recoger. Una vez guardados todos sus apuntes, cogió la botella de agua y le dió un trago. 

Su cara cambió, y miró la botella como si se hubiese confundido de bebida por otra mucho más agria.
Dejó la botella sobre la mesa, y echó a caminar hacia la salida.
Peter y yo nos levantamos detrás de él como un resorte y empezamos a dar saltos a su espalda, para que Yashira que estaba junto a Ally y Anne, nos viese.
Yashira se dio cuenta con el tiempo justo para susurrarle algo a Ally, y esta, a su vez, a Anne. Fue esta última la que se levantó y se dirigió hacia Mark, se cruzaron antes de que este pudiese salir de la biblioteca.

- Mark, ¿puedo hablar contigo un momento? - dijo Anne deteniendolo frente a la puerta de salida.
Yashira se levantó sin hacer ruido y se escondió cerca de ellos tras una columna.
- Verás, tengo una amiga que - continuo Anne.

Yashira sacó su varita, y apuntó con ella a Mark, hizó un movimiento circular y una especie de garabato en el aire, mientras susurraba unas palabras imposibles de escuchar. De su varita surgió un fino hilo azulado que se acercó a Mark, enredandose en su pierna sin darse cuenta.
Unos segundos después, el hilo se deshizo y desapareció.

- Me dijo que no se atreve a decirte que le gustas - dijo Anne mientras buscaba a Ally con la mirada.
La cara de Mark se iluminó y una sonrisa de oreja a oreja apareció en su rostro.
- ¿Que te gusto? - respondió. - ¡Es el día más feliz de mi vida!, no me atrevía a decirte lo mucho que me gustabas.
- No, yo no lo decía - intentó responderle Anne sonrojándose.
- Ven, vamos a dar un paseo, quiero disfrutar del día a tu lado. - Mark cogió a Anne por la cintura y la arrastró fuera de la biblioteca.

Los cuatro empezamos a reirnos al imaginarnos cuando lo viesen todos sus amigos, recordando las caras que había puesto Mark cuando lo paró Anne o cuando se declaró.

- Creo que esto va a ser más castigo para Anne que para Mark - dijo Ally sin parar de reir.
- Quizás la próxima vez sería mejor hacerlo al reves - respondió Peter.
- ¿Próxima vez?- le pregunté sonriendo - puede ser más peligroso.
- Peligro, me rio yo del peligro - dijo Peter hinchando su pecho e irguiéndose.

Quedamos todavia varias minutos comentando todo lo ocurrido, el tiempo pasó volando hasta la hora de irse cada uno a su casa.

- ¿Como te sientes Yashira? – preguntó Ally antes de irse.
- Nunca me he sentido tan bien. - respondió.

 21 de Mayo, Sábado

Era pronto por la mañana y aun así la gente ya estaba repartida por toda la sala común, estudiando. Se nos acercaban los exámenes para todos y la gente se concentraba desde primera hora, con nervios. Era extraño que alguien repitiese, así que la presión era todavía más alta, sobre todo para los de primer año que temían no controlar del todo la magia. Busqué a Stebbins con la mirada y me senté cerca de él para comentarle unas dudas que me habían surgido por la noche acerca de historia de la magia.

- Pero, entonces, ¿Grogan Stump vino antes o después de Faris Spavin? Nunca termino de recordarlo. - le pregunté.

- Antes, desde 1811 hasta 1819. Spavin fue ministro de magia desde 1895 hasta 1903. Es el que creó la división en el Departamento para la Regulación y el Control de las Criaturas Mágicas.

- Sí, eso lo sé. "Cualquier criatura que sea lo suficientemente inteligente para entender las leyes de la comunidad mágica tiene la responsabilidad de adaptarse a ellas". Es sólo que los años no se me quedan, soy un desastre para las fechas.

- ¿Y no podías haberlo mirado en el libro? - me preguntó, sin despegar la mirada de su libro.

- Pero es mucho más rápido preguntarte a tí, eres mi enciclopedia andante.

- Quizás deberías estudiar más, entonces.

- Hago todo lo que puedo - le dije frunciendo el ceño. - No es culpa mía que la historia se me de tan mal.

- Si algo te cuesta es porque no lo estás intentando lo suficiente, ¿no crees? No eres estúpida.

Me senté a su lado sin saber muy bien si tenía que interpretar la frase como un halago o como un insulto.

- ¿Vamos a desayunar? - le pregunté después de mirarme los pies unos minutos.

- No, ve tú si quieres, yo ya he comido algo que tenía guardado.

- Al menos podrías mirarme cuando te hablo. - le dije, poniendo una mano sobre su libro.

Levantó la cabeza durante un momento y me miró unos segundos, inexpresivo.

- Te veo lo suficiente al día como para que pueda recordar tu cara durante unos minutos. Creo que no es absolutamente necesario que esté pendiente de ti cada segundo del día.

Me apartó la mano del papel y siguió leyendo como si nada. Enfadada, me levanté y salí de la sala común a zancadas, en dirección al gran comedor donde desayuné sin muchas ganas una tostada con café. Al otro extremo de la mesa estaban Keith y Peter, hablando en voz baja, pero Sally no estaba. Llevaba varios días sin verlos juntos y me pregunté si habrían discutido. Por un momento me alegró que fuera así, pero me arrepentí de pensarlo. Peter no se merecía ser desgraciado, era una buena persona y un chico que merecía la pena. "Si le hubiera conocido antes", pensé, " probablemente habríamos empezado a salir antes de Stebbins". Pero me encogí de hombros, seguro que se reconciliaban pronto y volvía a verlos besuqueándose por todas partes.
Subí de vuelta a la sala común con la intención de no discutir más con Stebbins, pero no le encontré por ninguna parte. Miré en su habitación, pero sólo estaba allí Pronscuit, aún durmiendo, así que me fui a mi habitación a buscar un par de libros para ir a la biblioteca. Cuando entré, vi algo muy extraño. Sally estaba tumbada en su cama, llorando. No la había visto nunca mostrar ninguna emoción que no fuera la más absoluta desgana y desprecio por todo lo que había a su alrededor, así que era, sin duda, una novedad. Según me vio, se quedó parada un segundo como sin saber que hacer y cerró las cortinas todo lo fuerte que pudo mientras oí un susurro, probablemente un hechizo para pegarlas y que no se pudieran abrir. Me di la vuelta y cogí mis libros de encima de la cama para dirigirme a la biblioteca. Por el camino me encontré con Stebbins que no parecía ir a ningún sitio concreto y me paré para hablar con él.

- ¿Dónde vas? - le pregunté. - O mejor dicho, ¿de dónde vienes?

- He tenido que repasar unos asuntos de última hora con Wilkes. Ahora iba a seguir estudiando.

- ¿Por qué no vamos a dar una vuelta? Hace mucho que no paseamos por el lago y ya hace buen tiempo para estar fuera.

- No, lo siento, tengo que estudiar.

- ¡Pero llevas todos éstos días estudiando! Tomar un poco de aire no te va a hacer mal.

- No tengo tiempo para perderlo en eso.

- ¿Perderlo? ¿Pasear conmigo es perder el tiempo?

- Ahora mismo debemos concentrarnos en estudiar, ya tendremos tiempo de pasear éste verano ¿si? - me dijo, intentando pasar a mi lado y seguir por donde venía.

- Hace mucho tiempo que parece que no tienes ningún interés en hacer cosas conmigo. Ya ni siquiera... Bueno, ya sabes.

- Mira, tengo prisa, en serio. Ya tendremos tiempo para todas esas cosas.

Le dejé cruzar y le vi alejarse por el pasillo mientras pensaba que podía gritarle para que al menos se diera cuenta de mi enfado, pero no se me ocurrió nada y me quedé allí de pie sin saber que hacer. Noté como se me humedecían los ojos y empecé a caminar rápido en dirección al baño. Al dar la vuelta al a esquina, me tropecé con Keith.

- Oh, hola. - me dijo.

- Hola. - le contesté sin mirarle.

- ¿Qué te pasa?

- Nada.

- Vamos, ¿qué te pasa? Puedes contármelo. ¿Te ha pasado algo con el imb... con Stebbins?

- No, bueno, sí. No sé, creo que hemos discutido, pero no parece importarle mucho.

- ¿Por qué? ¿Tiene algo que ver con lo de Peter? - me miró esperanzado.

- ¿Peter? ¿Por qué va a tener él que ver? No, simplemente le he dicho que fuéramos a dar un paseo y no ha querido porque tiene que estudiar.

- Bueno, mujer, no es para ponerse así.

- Es que lleva ya una temporada raro. Sé que los exámenes nos tienen estresados a todos, pero es que no pasamos nada de tiempo juntos a solas. No sé, supongo que es una de esas personas para las que las relaciones sentimentales no son lo primero de la lista.

- Vaya. Es una pena. Deberías dejarle y buscarte a otro para el que las relaciones sí sean lo primero. Alguien alto, guapo, fuerte, rubio... ¡Alguien como yo!

- Eres idiota. - le contesté riendo. - Tú eres demasiado don juan para mí. Necesito a alguien que no vaya detrás de cualquier chica guapa.

- Nah, sólo de las muy guapas, tengo que acotar o si no no daría a basto.

Nos miramos unos segundos y nos echamos a reir.

- Oye - le dije - siento haber estado tan distanciada de vosotros últimamente.

- No te preocupes, todos tenemos nuestras cosas. Tenía ganas de que estuvieras de vuelta. Sally es muy rara y no habla conmigo, además siempre que aparezco encuentra alguna excusa para desaparecer.

- Es verdad, ¿qué ha pasado entre Peter y Sally?- Oh - me acordé de repente - ¿y al final que pasó con lo de Mark?

- Me alegro que estés de vuelta. - me sonrió - Vamos a dar un paseo por el lago y te pongo al corriente de todo.

 25 de Mayo, Miércoles

Me desperté inquieto, ante la pared de la parte interior de mi cama. No tenía ni idea de qué hora sería, pero deduje que alguna hora intempestiva de la madrugada, a juzgar por la enorme oscuridad y el inmenso silencio, sólo interrumpido por los ronquidos ocasionales de alguno de mis compañeros.
Estúpido Stebbins, pensé.
Claro que no estaba seguro de que fuera Stebbins el origen de los ronquidos, pero qué más daba. Tampoco era eso lo que me había despertado. Había sido el movimiento de las cortinas de mi cama, casi como si alguien las hubiera abierto. Seguramente habría sido Esk, mi gata, caminando por mi cama sin ningún cuidado, como todas las noches.
Me subí las sábanas hasta la barbilla y traté de seguir durmiendo, pero al cabo de un par de segundos volví a escuchar el ruido de la cortina, junto con más movimientos del colchón.
- Ya vale, Esk - Susurré, mientras me daba la vuelta tanteando a ciegas.
De repente noté algo palpándome la cara y una mano se posó sobre mi boca. Me sobresalté. La última vez que lo había comprobado, Esk no tenía manos humanas.
Al instante comencé a revolverme y a buscar mi varita a tientas entre las sábanas. La noté a los pies de mi cama, mientras la palpaba con el pie. Genial. Y yo no veía nada, si tan sólo tuviera la varita podría hacer...
- Lumos - Dijo una voz suave a mi lado.
El pequeño interior del recinto de mi cama se iluminó con una ténue luz procedente de la varita de Sally Kingcrow.
Así que era ella. Pero un momento... ¿En mi cama? ¿A las tantas de la mañana? ¿Estaba loca? ¿Para que había venido?
Traté de hablar, pero su mano seguía apretándome la boca, lo cual no era necesario, ya que tenía tan pocas ganas de que nos descubrieran como podía tener ella. Sin dejar de mirarme, apuntó con su varita a mi cortina y murmuró los hechizos para sellarla e insonorizar la cama. Entonces, lentamente, separó su mano de mi cara.
Respiré agitadamente y la observé. Estaba de rodillas junto a mí, con los labios apretados, sus ojos verdes clavados en los mios, y el oscuro pelo cayendo por sus hombros ligeramente despeinado. Estaba descalza, y para mi sorpresa vestía una especie de pijama formado por unos pantalones muy cortos de color azul claro y una camiseta de tirantes del mismo color que...
Su ombligo. Nunca había visto su ombligo.
- La otra noche llevabas camisón - Atiné a decir, recordando la última vez que habíamos hablado.
Ella frunció el ceño, abrió la boca un segundo, y la volvió a cerrar. A continuación siguió mi mirada hasta su ombligo y rápidamente se bajó la camiseta hasta cubrirlo, mientras se ruborizaba ligeramente. La volví a observar por completo de nuevo, arrodillada a mi lado y con ese aspecto... Una parte de mí no parecía recordar por qué me había enfadado con ella.
Pero no, no, quizá eso fuera lo que ella quería, distraerme, no podía ser, mejor sería concentrarse. ¿Qué pasaba?
- ¿Pero qué haces aquí? - Dije, mirándola a la cara -. ¿Tienes idea de la hora que es?
Ella volvió a mirarme, con su típica expresión fría y, en cierto modo, triste.
- Esperaba que preguntaras eso desde el principio - Dijo -. A veces parece que te cueste concentrarte en la idea principal de las cosas.
- Disculpa - Dije, sonrojándome -. No pensé que durmieras con un pijama tan... Tan...
No terminé la frase. ¿Corto? ¿Ajustado? ¿Sexy? No, mejor no terminarla.
Sally se encogió de hombros.
- La otra noche tú también llevabas camiseta, y no por ello me distraigo - Dijo, mirándome.
Me acordé en ese momento. Las últimas noches estaban siendo un tanto calurosas para la época del año, y había comenzado a dormir llevando solo mi ropa interior. La sábana se había bajado un poco con mis movimientos, y Sally estaba mirando mis hombros. Sentí que comenzaba a ruborizarme, la situación me incomodaba un poco.
- Simplemente asumo que es debido a que está haciendo bastante más calor de lo normal - Continuó ella, mientras parecía asomar un atisbo de diversión en su rostro -.Aunque admito que me pregunto si llevarás algo más de ropa bajo las sábanas.
- ¡Ah! - Dije, y me subí instintivamente la sábana para taparme los hombros. Fruncí el ceño y traté de tomar el control de la situación, por absurda que fuera -. ¡Ya basta! No cambies de tema y contéstame. Sabes que estoy enfadado contigo. ¿Y vienes en mitad de la noche? ¿A meterte en mi cama? Por Merlín, ¡cualquiera puede haberte visto entrar aquí! Además, yo no... ¡No quiero verte!
Me desinflé un poco al pronunciar la última frase. No era del todo cierta. Al menos, mientras Sally llevara ese pijama, no me importaría seguir viéndola un poco más de tiempo.
Ella borró la pequeñísima sonrisa que había comenzado a aparecer en su cara, y miró hacia la pared mientras trataba de adoptar de nuevo su cara de frialdad, sin mucha convicción.
- Entonces... - Dijo, con tono triste -. Tú sigues... ¿Sigues enfadado?
- Sí - Dije, sintiéndome un poco culpable sin tener muy claro por qué. Durante los últimos días había visto a Sally en pocas ocasiones, siempre estaba encerrada en el dormitorio femenino, suponía que repasando, pero las pocas veces que la había visto parecía triste. Ella seguía tratando de poner su cara, esa cara de "soy una doncella de hielo y no me afecta nada", pero de algún modo me parecía notar que le costaba más que otras veces. Que algo le preocupaba de verdad tras su aparente indiferencia. Y todo desde nuestro último encontronazo en la sala común.
Además, debía admitir que, en cierto modo, había echado de menos su compañía. Claro que, mientras estaba con ella, también echaba de menos a Sacharissa. Por lo visto, ni estando de buenas ni estando de malas era capaz de decidirme por una y sólo una de ellas.
- Pero... - Continuó ella, insegura -. ¿Porque te pegué?
- ¡No! - Dije -. Bueno... Quizá también, quizá que me pegaras fue el desencadenante, o algo...
- Lo siento, es que estabas diciendo que...
- ¡Sé lo que estaba diciendo! - La interrumpí -. Soy así, a veces hablo sin pensar.
Me callé y suspiré. Ella seguía sin mirarme directamente.
- Estoy enfadado - Continué - porque me mentiste. Porque... Porque me usaste para obtener información, para obtener los pergaminos, y no fuiste sincera conmigo a pesar de que dijiste que estábamos juntos. Pero sobre todo estoy enfadado porque fingiste que querías ser mi... Bueno, porque... Fingiste que te gustaba.
Ella continuó mirando a la pared unos segundos.
- Tú también finges - Dijo, finalmente, muy seria.
- No, yo... - Comencé a decir.
- Sacharissa - Me interrumpió ella.
Me quedé callado.
- De acuerdo - Dije, finalmente -, lo admito, estoy confuso, pero eso no quiere decir que...
- Cállate - Volvió a interrumpirme, y me miró a los ojos finalmente. Tuve la impresión de que se estaba esforzando por no llorar, lo cual me hizo sentir culpable -. Por favor... Cállate, Peter Starkey.
- Sally - Dije, casi sin darme cuenta -. No llores...
Ella me miró con gesto de sorpresa, y una lágrima le cayó por la mejilla. Al instante se llevó la mano a la cara y se la secó.
- Idiota... - Murmuró. De algún modo entonces me dí cuenta. La noche en que habíamos discutido también me había insultado al ponerse a llorar. Por algún motivo, al escucharla insultarme había comenzado a creer que quizá, sólo quizá, fuera cierto que había comenzado a interesarse por mí de verdad. Pero eso no quitaba que en principio sólo estuviera fingiendo.
- Sally... - Dije, sin tener muy claro cómo debía continuar.
- Estúpido -. Dijo ella, mientras le caía otra lágrima y se apresuraba a limpiársela -. Por tu culpa, yo...
Estiré los brazos rápidamente, sin incorporarme, y cogí una de sus manos entre las mías. Ella se sobresaltó e hizo un pequeño esfuerzo desganado por apartarla, pero al instante cesó. Sentí su mano atentamente en la penumbra. Pequeña, fría, y temblorosa. Supuse que así era cómo se sentía ella realmente.
- Lo siento, Sally - Dije, sintiendo lástima -. Siento haberme enfadado, siento lo de Sacharissa... Todo, ¿de acuerdo?
Ella me miró sorprendida, con los ojos húmedos. Incluso yo estaba sorprendido de estar disculpándome, quizá estuviera comenzando a sentir debilidad por la Sally llorosa.
- Tú... - Dijo, entre sollozos -. Tú eres tonto... - Con cada insulto suyo más sentía que yo tenía el control de la situación.
- También siento eso - Dije, apretando su mano -. Pero dime, Sally... ¿Por eso has venido? ¿Para que se me pasara el enfado?
Ella negó con la cabeza, mientras sorbía.
- No - Dijo, mientras trataba de ponerse seria de nuevo, sin demasiado éxito -. No planeaba hablar de eso.
- Ah... - Dije, decepcionado. Por un momento había creído que de verdad no soportaba que estuviera enfadado con ella -. ¿Entonces?
Sally cogió aire mientras seguía recomponiéndose y sacó su mano de entre las mías de un tirón. A continuación cambió de postura y se sentó en la cama, pasando sus piernas sobre las mías y apoyándolas contra la pared. Al instante se me fueron los ojos a sus piernas, que podía ver prácticamente al completo gracias al pantalón de su pijama. En ese momento decidí que, sin duda, nunca me había enfadado con sus piernas. No sabía que tenían esas piernas, pero me alegraba de que no pudieran hablar por sí mismas, porque seguramente no podría negarles nada.
Mientras las miraba noté, para mi sorpresa, que Sally, tras acomodarse, volvía a meter su mano entre las mías. La apreté un poco sin poder evitarlo, y volví a mirarle a la cara. Ella se inclinó hacia delante, más tranquila, y comenzó a hablar.
- La última vez que hablamos - Dijo, muy seria - me dijiste que no querías que volviera a hablar contigo si no estaba dispuesta a responder a todas tus preguntas. Bueno, pues yo... - Suspiró sonoramente -. Estoy dispuesta.
- Ah... - Me cogió por sorpresa -. ¿Sí?
- Sí, Peter. Yo... - Sally frunció el ceño -. Yo ya confío en ti.
- Y la gata... - Dije, tratando de mantenerme calmado con su mano entre las mías, aunque recordar al animal me ponía de mal humor -. Quiero decir... ¿Tu madre?
Sally negó con la cabeza.
- Ella no confía en ti, nunca lo ha hecho y no creo que lo haga - Dijo Sally, bajando la cabeza -. Por eso he venido a hablar contigo aquí, ahora. Durante el día estás casi siempre con tu amigo Keith, y además siempre tengo que darle explicaciones a... Bueno, a mi madre, de a dónde voy, y de qué voy a hacer. Si ella sospechara que te quiero contar algo... Después de nuestro último encuentro no quiere que... Hable contigo. Cree... Bueno, sabe que te lo quiero contar.
- ¿Y no crees que tu gata puede darse cuenta de que no estás ahora en tu cama?
- Da igual - Dijo Sally, encogiéndose de hombros -. Aunque se diera cuenta, mi madre estará durmiendo. No verá a través de ella por la noche.
- ¿Y si está despierta? - Dije.
- No - Negó ella -. Mi madre estará durmiendo. Está enferma.
- ¿Enferma? - Dije. Me parecía importante, aunque no tenía muy claro por qué.
Sally negó con la cabeza.
- Ya llegaremos a eso - Dijo -. He salido de la habitación y he venido con todo el cuidado que he podido tener. Incluso he dejado mis zapatillas en la sala común por si algún compañero tuyo se despertase y las viese al lado de tu cama. Las escaleras de piedra hasta el dormitorio me han dejado los pies helados.
Mientras decía esto último separó su pierna izquierda de la pared, la estiró y movió los dedos del pie en el aire. De repente me descubrí pensando en si sabría hacer algún tipo de masaje. Sacudí la cabeza.
- ¿Peter? - Dijo ella. La miré de nuevo y me pareció que estaba un tanto sonrojada.
- Perdona - Dije -. Continúa.
- Bueno - Dijo ella, cogiendo aire -. Así que me he colado en tu cama, he sellado las cortinas, la he insonorizado, y... Bueno, sólo me preocupa que alguien pueda ver desde fuera el resplandor de mi hechizo Lumos...
- ¿Me pasas mi varita? - Dije -. Está al lado de mis pies, creo...
Sally me miró con curiosidad. Dudó un instante, y al momento la alcanzó con su mano libre y me la dió.
- Gracias - Dije, y a continuación apunté hacia las cortinas -. ¡Opaque Centum!
Al instante las cortinas se espesaron. Aunque desde dentro de la cama apenas se apreciara, estaba seguro de que desde fuera sería prácticamente imposible distinguir ningún rastro de luz saliendo del interior. Miré hacia Sally, y vi que me observaba con sorpresa.
- He... Mejorado un poco - Murmuré -. Ya no hay problemas con la luz.
- Bien, entonces podemos hablar - Dijo Sally, y pareció quedarse pensativa unos segundos -. No sé por dónde empezar.
- Cuéntamelo como tú quieras - Le dije, acariciando su mano.
- De acuerdo - Dijo ella, aún seria -. Pues bien... Verás. Yo... Nunca he tenido un padre. Cuando yo nací, mi madre, Rosanna Kingcrow, estaba soltera, así que adopté su apellido. Toda la vida he estado con ella, pero tengo vagos recuerdos de un hombre que estaba con nosotras cuando yo era muy muy pequeña. Mi madre nunca quiso hablar de él, pero este año, cuando cayó enferma, decidió que debía saber quién era. Se trataba de Horacio Starkey.
- Mi tío... - Dije, haciendo un esfuerzo por no alzar la voz, a pesar de que no había peligro de que nadie nos escuchase.
- Sí - Dijo Sally -. Y también me dijo que tu tío era mi padre.
Me sentía confuso, y no tenía muy claro qué decir a pesar de todas mis dudas. Decidí permanecer en silencio y esperar a que Sally continuara contándome su historia.
- Mi madre - Continuó Sally, un tanto incómoda - siempre me decía que no hiciera amigos, que no merecía la pena, que la gente te deja tirada. Por eso nunca he sido muy popular en Hogwarts. Sobre todo... Me decía que no me fiara de los chicos. Me decía... Que cualquier chico me dejaría tirada. Y cuando me dijo que tu tío era mi padre, me dijo también que él era el hombre que yo recuerdo de cuando era pequeña, y que nos dejó tiradas a las dos por aquella época. Que nunca quiso ocuparse de nosotras.
- Dijiste que tu madre se puso enferma este curso, cuando empezó a contarte todo eso - Dije, algo molesto -. ¿Qué pasó?
- Mi madre - Dijo Sally, suspirando -. Ella siempre ha sido... Un poco rara. Ella... Bueno... Me enviaba a Hogwarts con Gylla, su gata... Y me vigilaba a través de ella. Cuando yo le preguntaba que cómo podía ver a través de su gata, me decía que era un secreto y que no debía contárselo a nadie en el colegio. Pero ella siempre pudo hacerlo, desde que yo recuerdo. Es sólo que, desde este año...
Sally se estremeció. Le apreté la mano de nuevo, hasta que pareció calmarse.
- Comenzaron a ponerse enfermas - Continuó -. Las dos. Comenzaron a ponerse enfermas, empezaron a... - Sally se señaló la cara, nerviosa -. Una especie de infección, muy grande, en los ojos, como... Como si los tuvieran llenos de sangre... Mi madre dice que son los ojos que usan para comunicarse, los ojos a través de los que ven, y... Yo... No sé por qué les pasa eso...
Yo también comencé a ponerme nervioso. ¿La madre de Sally y su gata tenían la misma enfermedad que debieron tener mi tío Horacio y su cuervo Zoro? ¿Y ella decía conocer a mi tío? No, desde luego no podía ser una casualidad, imposible.
- Sally - Dije. Ella me miró -. Tu gata... Su gata... ¿Qué edad tiene?
- No lo sé - Dijo Sally, encogiéndose de hombros, pero con cara de saber a qué me refería -. Que yo recuerde mi madre siempre la ha tenido, desde que yo era pequeña... Y siempre ha tenido buen aspecto, en serio, una gata sanísima... Al igual que mi madre... Hasta este año.
- De acuerdo... - Dije, sientiendo que debía mencionarle lo que pensaba a Sally -. Lo digo porque mi tío tenía un cuervo, Zoro... Y le pasaba lo mismo que a la gata de tu madre. Y mi tío... Bueno, lo usaba de la misma manera, para comunicarse conmigo.
Sally asintió. Creí que le estaba contando algo que no sabía, pero al parecer me equivocaba.
- Mi madre me contó acerca del cuervo de tu tío - Continuó, y pareció leerme el pensamiento -. Lo siento, Peter, ya te he dicho que no podía contarte nada... Probablemente yo misma sepa más que tú acerca de tu tío...
- No importa - Murmuré, de nuevo molesto -. Parece que siempre soy el último en enterarse de todo.
- Mi madre - Continuó Sally - me dijo que su estado y el de mi gata eran por culpa de tu tío. Por culpa de que hace muchos años los dos hicieron algo juntos, pero no me quiere decir el qué. Mi madre dijo que luego tu tío la dejó tirada, que rompió la promesa que habían hecho, por culpa de tu familia.
- ¿De mi familia? - Dije, confuso.
- Por culpa de su hermano, de tu padre - Dijo Sally, asintiendo.
- No entiendo nada - Dije, frunciendo el ceño.
- Yo tampoco. Mi madre no quiere contarme más sobre ello... De todos modos, volviendo a este curso, mi madre sabía que tú ibas a clase conmigo, y de algún modo supuso que tu tío trataría de ponerse en contacto contigo, porque eres el único Starkey que está en Hogwarts ahora mismo. Así que me dijo que te siguiera.
- Vale - Dije -. Eso terminé por notarlo, sí.
- De todos modos - Dijo Sally, ignorándome - no averigüé gran cosa. Mi madre sabía que tu tío había dejado los cinco pergaminos en Hogwarts y que tendrías que recuperarlos por él. Y cuando le dije a mi madre que tú tío había muerto, se puso furiosa, porque...
Sally pareció dudar.
- ¿Por qué? - Dije.
- Porque según mi madre tu tío era el único que sabía cómo deshacer el hechizo que le hizo esto a los dos, porque él era el que lo había hecho.
- Pero eso es absurdo - Dije -. Si él hubiera sabido deshacerlo, ahora no estaría muerto...
- No lo sé - Dijo Sally, encogiéndose de hombros -. Pero mi madre dijo que, con tu tío muerto, la clave para deshacer el hechizo se encontraba en los pergaminos que habías conseguido.
- Ya - Dije -. ¿Y te dijo que me los robaras?
- No - Dijo Sally, aparentemente avergonzada -. Me dijo que probablemente los pergaminos estuvieran preparados para que sólo tú supieras a qué se referían, así que no bastaría con robártelos.
Me quedé en silencio, observando a Sally.
- Me dijo - Continuó, dudando - que te sedujera.
Fruncí el ceño.
- Primero te dice que somos primos y luego te dice que ligues conmigo - Dije, molesto.
Sally asintió.
- Yo le dije que no podía - Dijo, temblorosa -, que cómo podía ella pedirme algo así. No quería. Pero ella insistió, durante días. Me dijo que era la única forma de ganarme tu confianza, que no funcionaría que sólo intentase ser tu amiga. Me dijo que tú aceptarías porque eres como todos. Que sólo pensáis con...
Resoplé, interrumpiéndola.
- Pero eso no está bien, ¿sabes? - Dije -. Yo en ese momento estaba algo confuso por todo lo que estaba pasando, y... Supongo que algo vulnerable aún por lo de... Bueno, por Sacharissa - Sally bajó la cabeza -. Supongo que por eso caí en la trampa.
- Vaya - Dijo Sally, triste -. ¿Sólo por eso? ¿Tan mal lo hice en realidad?
Suspiré.
- No es que lo hicieras mal, Sally - Dije -. Pero tampoco te comportabas de una forma normal...
- Para mí no era fácil - Siguió ella, sin levantar la cabeza -. Además, ya sabía que no era yo la que te gustaba...
- Lo siento, Sally - Dije, un poco triste -. Supongo que ninguno de los dos fuimos sinceros con el otro.
Permanecimos en silencio durante unos instantes.
- Comencé a salir contigo para estar cerca de los pergaminos - Continuó ella -. Y ya sabes, lo conseguí... Mi madre pensó que tú sabías activarlos, así que te pregunté. Luego... Bueno, ya sabes lo que pasó, yo me quedé la mitad y tú la otra.
- Sí - Dije, desganado -. Me das los que contienen información y te quedas los que aún están en blanco.
- Es que - Continuó Sally - según mi madre tú tienes que saber a qué se refiere esa información... - Suspiró -. Pero pasaban las semanas, y no conseguía nada de ti. ¡Y yo te creía! No sabes nada de los pergaminos que se han mostrado. Concretamente, si supiéramos de qué sitio es ese mapa...
Abrí la boca para decir algo, indeciso, pero Sally no pareció fijarse.
- Pero mi madre sigue empeñada en que me ocultas algo - Dijo -. Simplemente dice que tengo que... Que insistir más... Que...
- Que tienes que acostarte conmigo - Dije -. Para sacarme la información. Que así hablaré.
Sally asintió, triste, y me miró a los ojos. Yo resoplé.
- Pero eso es absurdo - Dije -. Yo... ¡Así no es cómo debe ser!
- Y entonces... - Siguió ella -. Llegó la otra noche, cuando nos viste hablando. Yo iba a enseñarte el último pergamino, y apareció ella. Me volvió a decir que debía acostarme contigo, pero yo no podía. Perdí los nervios... Tú estabas escuchando... Y ella me dijo entonces... ¡Que no somos familia!
- De nuevo - Dije - eso es absurdo. ¿Por qué primero te dice una cosa y luego la otra?
Sally se encogió de hombros y se frotó las sienes con los dedos pulgar e índice de su mano libre.
- Creo - Dijo, tras unos segundos - que sólo quería que odiase a tu tío por ser mi padre y dejarnos tiradas. Pero después me contó que en realidad mi padre es otra persona. Alguien que no tiene nada que ver, y que también la abandonó, pero antes de que yo naciera. Y que luego vino tu tío, a quien ya conocía desde que eran pequeños, y que se suponía que ambos debían estar juntos. Pero entonces tu tío, un tiempo después de que yo naciera, también nos dejó tiradas.
- ¿Por qué?
- No lo sé.
- Y tú... ¿Te lo crees?
- ¡No lo sé! - Dijo Sally, nerviosa -. Ya no sé qué pensar... Sólo sé que, si no ayudo a mi madre, se morirá, como tu tío... Y es la única persona a la que tengo.
Sentí el impulso de abrazarla, pero algo me vino a la cabeza.
- No entiendo una cosa - Dije.
- ¿Qué?
- Dices que... Bueno, que todos están hechizados, o algo. Personas y animales. Vale. Pero, cuando mi tío murió, Zoro, su cuervo, mejoró. No se murió, parece que el hechizo se deshizó. Quedó... Libre, de algún modo. Lo veo casi todos los días, volando cerca del castillo. Le doy de comer y cada día parece más sano... Pero mi tío no deshizo el hechizo. ¿Por qué Zoro mejora entonces?
- No lo sé - Dijo Sally -. Ni mi madre tampoco... - Pareció ponerse nerviosa -. Peter, por favor... Tienes que ayudarme...
- Ja - Dije, sin pensar demasiado -. ¿Por qué debería ayudar a alguien que te ordena que finjas quererme?
Sally me miró fijamente.
- Porque es mi madre - Dijo con voz temblorosa, y de repente las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos.
La miré, y me sentí mal. Ella sacó su mano de entre las mías, y se cubrió la cara mientras lloraba. De repente comenzó a sollozar cada vez más alto, y me estremecí. Me incorporé rápidamente y me acerqué a ella. La rodeé con mis brazos y la apreté contra mí, su cabeza junto a mi barbilla.
- Lo siento, lo siento, lo siento - Comencé a decir, nerviosamente -. Tienes razón... Claro que te ayudaré.
- Por favor - Repetía ella, tras sus manos, sin dejar de llorar -, no quiero quedarme sola...
- No te preocupes - Dije, acariciando su pelo -. Todo irá bien.
Esperaba sonar convincente. De algún modo, tenía muchas ganas de protegerla en ese momento. La Sally vulnerable podía conmigo. La noté temblar entre mis brazos, y besé su cabeza mientras se calmaba.
- Gracias, Peter - Dijo, algo más tranquila, pero sin dejar de temblar.
- Todo irá bien - Repetí. Ojalá fuera así.
Sally se separó un poco de mi pecho, y me di cuenta por primera vez de que al no tener puesto el pijama la había estado apretando contra mi piel. Me estremecí un poco. Ella alzó su cabeza y me miró tímidamente, con ojos brillantes.
- Querría hablarte de algo más - Dijo, despacio -. ¿Puedes volver a acostarte?
- Eh... Claro - Dije, sin comprender. ¿Era necesario que volviéramos a la postura anterior?
Me recosté boca arriba y comencé a taparme con la sábana. De repente todo se oscureció.
- ¿Sally? - Dije -. ¿Has apagado tu varita?
No hubo respuesta. Noté el movimiento de la sábana a mi lado, y de repente la pierna de Sally rozó a la mía. Estaba metiéndose dentro de mi cama. Me tensé repentinamente, mientras notaba cómo, en la oscuridad, Sally se colocaba a mi lado, poniendo una de sus piernas sobre las mías, sus brazos sobre mi pecho, y su cabeza junto a mi hombro.
- ¿S-sally? - Dije.
Notaba su respiración contra mi piel. De repente me dio un pequeño beso en el hombro.
- ¿De qué querías hablarme? - Dije, tratando de distinguir la altura exacta a la que estaba situada su pierna sobre las mías.
- Quería... - Comenzó ella, insegura -. Dejar claro algo.
- Ah... ¿Y bien? ¿De qué se trata?
- Todo comenzó como comenzó. No te voy a mentir en eso - Dijo ella -. No más mentiras. Pero con el tiempo... Yo... Aunque no pueda decirlo delante de mi madre, aunque ella no entienda que yo confíe en ti, yo... Tú me gustas, Peter. con el tiempo, poco a poco, creo que me he... Que me gustas mucho. En algún momento... Mis besos dejaron de ser... De mentira. Intentaba que no significaran nada, pero... No sé.
- Oh - Dije. De nuevo me preguntaba como podía no tener claro con quién quería estar.
Pasaron algunos segundos. Ella volvió a besarme el hombro.
- Espero que comprendas - Continuó - que tengo que seguir mintiéndole a mi madre. Fingiendo que... Me estoy aprovechando de ti. Pero te lo contaré todo, ¿vale? A ti no te mentiré. Sé que me ayudarás...
- No te preocupes, Sally - Dije. Me alegraba pensar que iba a confiar en mí.
Ella volvió a besarme. Esta vez dejó sus labios pegados a mi hombro al terminar.
- Sally... - Dije, inseguro.
- ¿Sí?
- Siento... Siento haber sido un... Bueno, siento haber seguido preocupándome por Sacharissa. No haber sabido dejarlo atrás.
Ella guardó silencio.
- Yo... - Continué -. Yo quiero estar contigo. Tú también tienes que creerme.
- Te... ¿Te gusto? Dímelo de verdad.
- Me... - Me costaba un poco decirlo. Quizá porque esta vez era sincero -. Me gustas, Sally.
- Pero... ¿Cuánto? - Dijo ella, calmada.
- Mucho, Sally. Me gustas mucho.
- Ah... - Ella se pegó fuerte a mí en la oscuridad -. ¿Y qué te gusta de mí?
No sabía qué decir. Me tumbé de lado hacia ella y la atraje hacia mí, abrazándola fuerte. Ella se dejó hacer, y apretó su cabeza contra mi pecho, con los brazos recogidos sobre el suyo.
- Me gusta esto - Dije -. Que encajas perfectamente entre mis brazos.
Sentí como ella se movía un poco y besaba mi pecho mientras se pegaba aún más y pasaba una de sus piernas sobre las mías.
- Y tus piernas - Continué -. Me vuelven loco.
Creí oirla reir ligeramente en la oscuridad, pero no estaba seguro.
- Hablando de piernas - Dijo ella -. No quise decir nada tras meterme bajo la sábana, pero de verdad que pensé que llevarías pantalones cuando salió el tema de la ropa al principio.
- ¡Ah! - Dije, y traté de separarme un poco, pero ella se apretó aún más.
- No - Dijo Sally, en bajo -. Déjame sentirte contra mí.
Noté cómo me ruborizaba. Menos mal que estábamos a oscuras.
De repente no pude evitar pensar en algo. Tenía que ser sincero con ella.
- Sally... - Dije.
- Dime...
- Yo... He estado... Bueno... Investigando. Sobre el pergamino del mapa.
Noté cómo se movía un poco, pero no abandonó mi abrazo.
- ¿Has descubierto algo? - Dijo.
- Sí... Y... Bueno, es hora de que te lo diga, yo... Creo que sé de dónde es el mapa.
Sally separó la cabeza un poco.
- ¿En serio? - Dijo, nerviosa -. ¿De dónde?
- Es... Un poco largo de explicar. Ponte cómoda.
En la oscuridad, le expliqué a Sally todo acerca de la muerte de mi tío, de cómo el primer pergamino se había mostrado durante su entierro y consistía en su testamento, y de cómo me había dejado todas sus posesiones, incluyendo un elfo doméstico y un suministro de cuervos de por vida. Ella escuchaba en silencio, sin hacer apenas comentarios, y no estaba muy seguro de que expresión tendría en su rostro. Para mi sorpresa, me estaba sintiendo cada vez mejor al contarle todo. Guardar tantos secretos no me estaba sentando bien.
Finalmente llegué a hablarle de la mansión de mi tío, y de cómo estaba casi seguro de que los planos del pergamino correspondían a los sótanos de la casa. Cuando terminé, aguardé su respuesta.
- Desde... - Dijo ella, finalmente -. ¿Desde cuándo lo has sabido?
Aquí estaba. La pregunta que me temía.
- Desde el principio, Sally - Dije, resignado -. Lo supe desde que me enseñaste el pergamino.
- Así que me mentiste...
- Sí... Yo... Sí.
Pasaron los segundos mientras esperaba su reacción. No estaba seguro de cómo se lo tomaría.
- Idiota... - Dijo ella, entre dientes.
- Lo siento, Sally. Yo no sabía que...
- Tú no, idiota - Dijo ella, volviendo a apretarse contra mí -. La otra idiota. Mi madre.
- Eh... ¿Qué?
- Si ella me hubiera dejado que te lo contara todo, me lo habrías dicho desde el principio. ¿No?
Lo pensé unos instantes. Probablemente tuviera razón. No veía motivo para negarme, si hubiera confiado de verdad en ella desde el principio.
- Supongo que sí, Sally...
Pasaron algunos segundos más. Sentía la respiración de Sally a mi lado.
- Entonces... - Dije, inseguro - ¿No estás enfadada conmigo?
Sally no respondió. En lugar de ello me besó en el pecho suavemente.
- Ah - Dije.
Ella seguía en silencio.
- Sally... - Dije, de nuevo. Ella no contestó -. Mañana le mandaré una carta a mi elfo doméstico. Le diré que me diga si de verdad el mapa se corresponde con los sótanos. Y si es así le diré que siga el mapa, ¿de acuerdo? Y que me diga qué encuentra en los lugares que indica.
- Genial, Peter - Dijo ella, con voz distante -. Espero que no tarde en responder...
- Bien - Continué -. Y entonces...
- Cállate, Peter - Me interrumpió ella, suavemente -. Que hay que dormir...
- Ah. Sí.
Cerré los ojos.
Volví a abrirlos.
- ¿Q-qué? ¡No pensarás dormir aquí!
Sally se removió entre mis brazos. Subió a mi altura y tanteó mi cara con sus manos en la oscuridad. A continuación me beso, durante un instante, perezosa y suavemente.
- N-nos podemos meter en un buen lío si nos pi... - Comencé.
Volvió a besarme antes de que pudiera terminar la frase, durante un poco más de tiempo.
- Yo... - Dije, intentando pensar con claridad -. Insisto, será mejor que yo me vaya a mi cama antes de que...
Volvió a besarme. Esta vez puso sus manos entre mi pelo y sujetó mi cabeza, introduciendo su lengua en mi boca durante un rato. Luego se separó, pero seguí sintiendo sus labios junto a los míos.
- El Hotel Starkey permanecerá abierto para usted toda la noche - Dije, como en un sueño -. El botones Peter le atenderá en todas sus nec...
- Cállate ya, tonto - Dijo ella, cariñosamente -. Déjame quedarme, sólo un poquito.
Volvió a besarme, y a continuación apoyó su cabeza junto a la mía. La abracé lentamente, y ella se dejó hacer. Noté como se relajaba a mi lado.
Está bien, pensé, sólo unos minutos, y le vuelvo a decir que debe irse a su cama. Esto no es buena idea.
Besé sus labios relajados, sentí escalofríos al ritmo de su débil respiración, y en algún momento me dormí.

La voz de Keith me despertó por la mañana.
- ¡Peter!
Me incorporé repentinamente. Mis cortinas estaban abiertas.
- ¡No hemos hecho nada, no sé qué ha pasado, estamos vestidos! - Grité.
Miré a mi alrededor. Sally no estaba por ninguna parte. Keith me miraba con el ceño fruncido.
- Dónde... ¿Dónde está Sally? - Dije, un poco confuso.
- Madre mía - Dijo Keith, sonriéndose -. ¿Otra vez con lo mismo? Para haber discutido con ella, vaya noches te da... En tu imaginación, claro.
- Es que, ella y yo... - Comencé a decir, mientras salía de la cama.
¿Sería posible que hubiera sido un sueño? No... No podía ser. Ella había venido a mi cama de verdad. Y todo había acabado bien. Muy bien. Sí, no había sido ningún sueño. Si me esforzaba, casi podía notar aún el sabor de sus labios contra los míos...
- ¡Peter, venga! - Dijo Keith, mientras buscaba entre su ropa -. ¿Qué haces ahí embobado? ¡Que ya está todo el mundo duchándose! Venga, coge unos calzoncillos limpios y... - Keith me miró un instante y luego apartó la mirada -. Por Merlín, y como sigas así te encantaré una ducha fría yo mismo.
Cogí mis cosas rápidamente y corrimos a prepararnos para el desayuno, entre bromas y risas. Por suerte llegamos a tiempo.
Vimos a Sacharissa sentada a la mesa, con Stebbins, aunque no parecía muy cómoda. Junto a Stebbins había un montón de pergaminos en los que no dejaba de hacer anotaciones, mientras consultaba un libro. Últimamente Stebbins parecía estar demasiado obsesionado con los TIMO's, si es que eso era posible. A veces me hacía preguntarme si yo los estaba preparando lo suficiente, a pesar de considerar que no iba nada mal. Pero incluso Sacharissa parecía a veces cansada de que su novio no tuviera nada de tiempo para ella, así que últimamente había vuelto a sentarse con nosotros de vez en cuando. Aunque apenas habíamos cruzado más de dos palabras, ella parecía haberse reconciliado con Keith. No conmigo. No sabía qué pensar al respecto.
Encontramos un hueco de la mesa vacío y nos sentamos, cuando comenzaban a servir el desayuno. Mientras le pasaba un bollo a Keith, él señaló a mi otro lado, con cara de extrañeza.
- Peter - Dijo -. Creo que quiere hablar contigo...
Miré a mi derecha, y antes de que me diera cuenta, Sally me besó con ternura durante unos segundos. Noté como Keith me quitaba el bollo de la mano en algún momento. A continuación, Sally se sentó a mi lado.
- Buenos días - Le dije a Sally, sonriendo.
- Hola - Dijo ella, seria. Volvía a parecer la Sally de siempre.
- Pero bueno - Dijo Keith -. Pero... ¿Ya estáis bien?
Asentí mientras mordía una magdalena.
- ¿Pero cuándo os habéis reconciliado? - Dijo Keith, extrañado -. Si anoche, antes de acostarnos, aún no os hablábais... Sally, si mismamente mientras estudiábamos anoche Peter me estaba diciendo lo muchísimo que te echaba de menos, que tenía la sensación de haber perdido al amor de su vida.
- ¿Eh? ¡Pero si yo no te dije nada de...! - Comencé a decir.
Me callé unos segundos, y me acerqué un poco a Keith.
- Tratabas de hacerme ganar puntos, ¿no? - Dije, en bajo.
- Sí - Dijo él, dándome una palmada en el hombro -. Pero en serio, Sally, anoche pasaste ante nosotros y no os saludásteis, ¿cuándo os habéis arreglado?
Me quedé en silencio. A Keith podía contarle que Sally me había hecho una visita nocturna, pero tendría que construir la historia un poco para evitar ciertos temas secretos.
- Pues ahora, Keith - Dijo Sally, sirviéndose una taza de leche -. Nos hemos arreglado ahora mismo. Estas cosas son así.
Keith se encogió de hombros, y siguió comiendo su bollo. Yo le sonreí a Sally, y cogí su mano un instante. Me sentía bien, tanto que ni me acordé de mirar hacia Sacharissa para ver si nos estaba viendo.

Las clases del día pasaron sin novedad. El estrés de siempre, causado por los constantes recordatorios de que los TIMO's estaban prácticamente llamando a la puerta de casa para montar una fiesta y que como nos rompieran el sofá nos tocaría a nosotros explicárselo a nuestros padres.
Cuando terminamos, decidimos estudiar como siempre, en la sala común. Les dije a Keith y Sally que me reuniría con ellos enseguida, pero que antes tenía que mandarles una carta a mis padres, así que pasaría por la lechucería. Les vi alejarse, y Sally se giró un momento para mirarme. Le guiñé un ojo, y volvió a girarse rápidamente.
Salí del castillo y corrí al lago lo más rápido posible, corriendo a mi lugar habitual junto a un árbol. Una vez allí, me senté y abrí mi bolsa, comenzando a sacar algunos pergaminos en blanco. Mientras estaba en ello, llegó mi visitante habitual, y se posó en mi hombro.
- Zoro, amigo - Dije, rascándole bajo el pico. Él aleteó un poco, y saltó al suelo, a mi lado, mirándome con curiosidad.
- Claro, claro - Dije. Metí la mano en mi bolsa y saqué un pequeño saquito con algo de pienso, del que me estaba proporcionando el profesor Hagrid -. No sé por qué te sigo dando esto, si ya estás perfectamente. Te mimo demasiado.
Tiré algo de pienso ante él, que enseguida comenzó a comérselo, y saqué el pergamino del mapa y el de la lista de objetos. Lo más rápido que pude, copié una versión más pequeña del mapa en un pergamino en blanco, así como la lista de objetos, pero sin las extrañas descripciones que aparecían en ella. A continuación comencé a escribir:

"Mêlée:

Espero que no haya novedades desde la última vez que me escribiste y que todo siga en calma. Ahora te pido algo importante.
Te envío un mapa, dibujado junto con esta carta. Es muy importante que confirmes si este mapa corresponde a los sótanos de la mansión de mi tío Horacio, ¿de acuerdo? Y, en caso de ser así, quiero que investigues los puntos que te he señalado en el mapa, y me digas si encuentras en ellos alguno de los objetos que menciono. No creo que sea peligroso, pero por si acaso, ten mucho cuidado. Y escríbeme en cuanto puedas.
Deséame suerte con los TIMO's. Contesta pronto.

Peter"

Releí la carta y preparé a Zoro.
- De acuerdo, Zoro - Le dije, acariciándolo mientras me levantaba -. Asegúrate de que lo lee, y si quieres acompáñale por los sótanos. Quizá encuentres algún ratón.
Alcé el brazo y Zoro se alejó, volando. Mientras le perdía de vista, decidí que también debía escribir a mis padres. Suspiré, me senté de nuevo y comencé a escribir.

"Querida familia:

Hace tiempo que no sé de vosotros. Quizá os preguntéis cómo me van las cosas con respecto a los TIMO's. Pues bien, os gustará saber que he mejorado mucho, en general, y espero no tener demasiados problemas.
En otro orden de cosas, tengo la sensación de que quizá estéis enfadados conmigo. Me gustaría recordaros que yo no tengo la culpa de haber heredado la fortuna y la casa del tío. Pero, si lo necesitamos, el dinero del tío estará disponible para todos. En cuanto a su casa, no entiendo por qué tenéis tanto interés, ya que en ella no hay nada especial. De hecho es un tanto ruinosa.

Espero saber de vosotros. Besos y abrazos.

Peter"

Estaba mintiendo, claro, pero tenía la sensación de que mis padres quizá también supieran algo de la casa de mi tío. Preparé el pergamino y corrí a la lechucería. Escogí a una lechuza al azar y le entregué el mensaje.
- Sé que no te importa nada lo que te estoy diciendo - Dije, mientras la preparaba -, pero te estaría agradecido si le dieras la carta a mi madre. O a mi hermana. Pero no a mi padre.
Cuando hube terminado ví a la lechuza alejarse. Me di la vuelta y me dirigí a la sala común.

Al llegar, me encontré con algo que no había esperado.
Sally y Sacharissa estaban sentadas en el sofá donde solíamos estudiar, con Keith en medio. Todos parecían centrados en sus libros y apuntes, pero de algún modo la situación parecía un tanto incómoda. Keith parecía actuar de barrera para impedir que se miraran entre ellas, pero aún así podía ver como Sach y Sally se lanzaban pequeñas miradas de vez en cuando.
Oí un carraspeo. Keith me había visto, y me miraba desde el sofá. Fui consciente entonces de que me había detenido. Me obligué a seguir caminando hacia el sofá, y me hice un sitio entre Sally y Keith, que se acercó a mí.
- Cuando llegué - Dijo, muy bajo - ya estaba Sach sentada, y me senté a su lado sin pensarlo demasiado. Sally también se sentó, para esperarte, y creo que eso ha puesto a Sach incómoda...
- Ya lo veo... - Susurré.
- Es por tu culpa - Dijo Keith. Me sorprendí.
- Yo... - Dije -. L-lo siento...
- Oh, venga, es broma - Dijo él -. Pero en serio... Habla un poco con Sally, yo intentaré hablar con Sach, a ver si rompo el hielo.
Asentí, y me giré hacia Sally. Ella me miró a los ojos, con un pequeño gesto de preocupación.
- No te preocupes - Le dije, y cogí su mano.
Ella me miró a los ojos y esbozó una pequeña sonrisa, que enseguida volvió a borrar. Parecía tener miedo, como si en cualquier momento fuera a largarme con Sacharissa y a dejarla tirada. Me acerqué a ella.
- Vamos - Le dije, muy bajo -. Estoy contigo, Sally...
Ella apretó un poco mi mano, pero la soltó enseguida. Suspiré. Sin duda, el hecho de que Sally hubiera decidido ser sincera conmigo estando a solas no quería decir que fuera a abandonar su forma de ser ante el resto del mundo.
A mi lado, Keith charlaba con Sach sobre Historia de la Magia.
- ¡Mierda! - Dijo de repente.
- ¿Qué pasa? - Dije.
- El libro. Me falta el libro que había cogido en la biblioteca. Me lo debí dejar allí, en la mesa, después de sacarlo.
- Oh - Dije.
- Bueno - Dijo Sacharissa -. No es para tanto, ¿no? Como si no pudieras ir a buscarlo.
Keith me miró.
- Eh... Claro - Dijo Keith, y se me acercó -. ¿Tú estarás bien?
Me encogí de hombros.
- Claro que sí - Dije, en voz baja -. Creo que estamos exagerando, ¿qué puede pasar?
- Tienes razón - Dijo él -. En cualquier caso, no tardaré mucho.
Keith se levantó y salió de la sala común. A mi lado, Sally subió su libro, "Pociones útiles contra las malas hierbas", hasta desaparecer tras él.
- No lo entiendo - Le dije -. ¿Es de Pociones o de Herbología?
- Herbología - Dijo Sach, a mi otro lado.
- Pociones - Dijo Sally, casi a la vez.
Me quedé callado. No, sólo había hecho una pregunta, era imposible que hubiera metido la pata con sólo una pregunta.
- Como libro de Pociones es demasiado básico - Dijo Sach, muy seria -. Estaría dentro del temario de Herbología. Sólo un crío estudiaría Pociones con él.
Sally bajó el libro y miró a Sach con los ojos entornados, que a su vez se concentró en sus apuntes, con gesto de indiferencia. Al cabo de unos segundos, Sally volvió a ocultarse tras otro libro, esta vez su título era "Brujas Despreciables a lo Largo de la Historia".
- Ah... - Dije, inseguro -. Sach. Ehm... ¿Qué tal todo? Hace mucho que no hablamos... ¿No?
- Mucho - Dijo ella, sin mirarme directamente.
- ¿Cuándo fue la última vez que hablamos? - Dije, tratando de ser amable.
- Cuando me dijiste que te habías acostado con Sally - Dijo Sacharissa, sin despegar su vista de los apuntes -. Claro que puede que lo recuerde mal.
- Ah.
Miré hacia Sally. Seguía tapándose con el libro, pero tenía la sensación de que temblaba un poco.
- ¿Y qué tal Pociones? - Dije, con un tono anormalmente agudo.
- Bien - Dijo ella, secamente -. ¿Y tú?
- Ah, pues... - Dije -. He mejorado bastante últimamente, gracias.
- No has vuelto a pedirme ayuda. ¿Cómo te las has arreglado?
- Bueno, ya sabes, las clases con el profesor Snape... Además, a Sally también se le dan bien...
Ví que Sach fruncía el ceño. Quizá debí mencionar sólo a Snape.
- Oh, vaya - Dijo -. A Sally también se le dan bien. Bueno, entonces no me habrás echado en falta.
- Ehm... - Dije. Tampoco tenía derecho a decir eso -. No se trata de eso, no es como si... Quedase contigo sólo para que me ayudaras con Pociones.
- Bueno, entonces, ¿ahora es a eso a lo que te dedicas con Sally? - Dijo ella, subiendo un poco el tono -. ¿A lo mismo a lo que nos dedicábamos nosotros?
Me quedé callado. ¿"Dedicábamos"? No podía referirse a eso.
- ¿De qué hablas? - Dije, un poco molesto -. ¿A qué nos dedicábamos nosotros?
- Bueno, ya sabes - Dijo ella -. Cosas. En sitios blandos.
Sí, se refería a eso.
- S-sacharissa - Dije, nervioso -. No sé a qué te refieres...
- Ya, no lo sabes - Dijo ella, con desprecio -. Pues lo mismo que tú me dijiste que habías hecho con Sally.
- ¿Pero por qué debería importarte lo que yo haga con Sally? - Dije, enfadado.
- No, si no me importa. Sólo lo comentaba.
- Oh, pues bueno... - Continué -. Ya que sale el tema, resulta que mi relación con Sally va más allá de eso. Sólo por comentar.
- Me alegro, también la mía con Stebbins.
- Sí, ya veo. Por cierto, ¿dónde está ahora?
- Él tiene vida social y otros compromisos que atender - Dijo Sach, entre dientes.
- Vaya, entiendo, cosas más importantes que tú, lo siento.
Sach se quedó callada, apretó los labios.
- Pues que sepas - Dijo finalmente - que si en algún momento hiciera una lista de polvos, los suyos estarían muy por encima de otro concreto.
Me quedé callado. ¿Acababa de decir lo que yo creía? ¿En alto? No podía ser. ¿Y si alguien la había oído?
- Peter - Dijo una voz frente a mí.
- ¡Ah! - Dije, sintiendo el impulso de cubrirme. La experiencia me decía que, en este tipo de conversaciones, una fémina terminaba dándome una bofetada.
Me giré. Sally estaba ante mí, con mis libros y los suyos recogidos, y con el brazo extendido.
- Vamos, Peter - Dijo, muy seria -. Ya basta.
Lentamente le tendí mi mano, y ella la agarró. A continuación comenzó a caminar, llevándome hacia el dormitorio masculino. Mientras nos alejábamos me giré y miré una última vez a Sach, que seguía sentada con la misma expresión de enfado. Sentí una punzada de dolor por cómo había terminado la conversación.

Una vez en el dormitorio, Sally me empujó contra mi cama. Tropecé y caí de espaldas sobre el colchón, mientras Esk bajaba de un salto, asustada.
- Sube las piernas a la cama - Dijo Sally.
- Sally, por Merlín, no te enfades... - Comencé a decir.
- Que las subas.
Me quité torpemente los zapatos y subí las piernas sobre la cama. Había vuelto a fastidiarla con Sally, seguramente. Siempre igual. Siempre me pasaba igual.
Sally se quitó sus zapatos rápidamente y se subió a la cama. Corrió las cortinas bruscamente y las selló e insonorizó como de costumbre.
- Sally, por favor... - Comencé a decir, sentado en la cama -. Yo...
Sally no me escuchaba. Se puso de rodillas y me empujó, tirándome de espaldas sobre las mantas. A continuación pasó una pierna sobre mí y se sentó a horcajadas sobre mi entrepierna.
- ¡Ah! - Dije, y me quedé mirándola a la cara. Ella me miraba a los ojos, muy seria, respirando agitadamente.
De repente se lanzó hacia delante, y agarró mi camisa con ambas manos, dando un tirón hacia los lados. La camisa no se rompió, así que volvió a dar otro tirón. Pareció sorprenderse cuando siguió sin romperse.
- Sally, por favor... - Dije, tratando de calmarla -. Además, eso de romper una camisa no es tan fácil como lo pin...
De repente Sally apuntó con su varita a mi pecho y murmuró algo para sí misma, haciendo que mi camisa se rasgara por completo. Nerviosamente, apartó los pedazos a un lado.
- ¿S-sally? - Dije, intentando recuperarme del susto.
- Cállate - Dijo ella -, luego te la arreglo...
- De acuerdo, pero mejor dame esto, ¿eh? - Dije, mientras le quitaba la varita con cuidado.
Me sentí más seguro por un instante mientras colocaba su varita bajo mi almohada, hasta que noté su mano desabrochándome los pantalones.
- ¡Ah! - Dije, y le sujeté las manos, apartándolas de mi ropa -. Pero ¿qué pretendes?
Sally me miró frunciendo el ceño.
- ¿En serio? - Dijo -. ¿Tengo que explicártelo?
Suspiré.
- Pero Sally... - Dije -. No es necesario que lo hagamos sólo porque... Bueno, sólo por lo que ha pasado ahí fuera...
- No es por eso - Dijo ella.
- ¿Seguro?
- Es porque eres mío.
Me quedé en silencio.
- Ah - Atiné a decir -. Entonces vale.
- Y yo tuya - Añadió, y comenzó a desabrocharse la camisa.
- Pero Sally - Dije, mientras la observaba sin poder apartar la vista -. Estamos en mitad de la tarde, nos han visto subir, y...
- Está insonorizado - Dijo ella, y arrojó la camisa a un lado -. Podrías hacer que gritase y gritase todo lo que quisieras, y nadie lo oiría.
- Ah - Dije de nuevo, con esfuerzo, tras unos segundos. Sally volvió a mi pantalón. Esta vez consiguió quitarme el cinturón al completo y desabrocharme varios botones antes de que reaccionara.
- Pero Sally - Dije -. ¿Y cómo sabes que yo también quiero hacerlo? ¿Eh?
Sally me miró en silencio, y arqueó una ceja. A continuación comenzó a mover sus caderas adelante y atrás sobre mi entrepierna.
- Oh, hola - Dijo, al cabo de unos segundos, y esbozó media sonrisa de una forma muy sugerente.
Me estaba dejando sin argumentos.
- Pero... - Comencé a decir, a la desesperada.
- A ver, Peter - Dijo Sally, mirándome molesta -. Está bien. Pongamos las cosas así. Me gustas. Te gusto. Nunca he estado con un chico. Quiero que seas el primero. Quiero... Quiero tener sexo contigo. Aquí. Ahora. Está bien. Ahora me voy a callar. Si me miras a los ojos y me dices claramente que no quieres acostarte conmigo, me pondré mi camisa y me iré. En serio. Así que adelante.
Sally se calló. La observé por un instante. Su expresión de desafío en el rostro, su largo pelo medio despeinado, su pecho casi desnudo subiendo y bajando al ritmo de su respiración nerviosa, y su falda apenas cubriendo los muslos de sus piernas mientras bajaban por mis caderas.
Abrí la boca un instante, pero no salió ningún sonido de ella. Sally sonrió, y volvió a mis pantalones.
Esta vez no la detuve.

 28 de Mayo, Sábado

Al abrir la puerta, Peter y yo comprendimos que para realizar correctamente nuestro plan nos teníamos que haber levantado más temprano.
La noche anterior quedamos en que madrugaríamos para poder tener sitio donde estudiar, pero como de costumbre las sabanas se nos pegaron y en aquél momento la biblioteca estaba repleta de alumnos de quinto y séptimo preparando sus respectivos exámenes. Aun así, entramos a ver si con un poco de suerte conseguíamos encontrar una zona donde sentarnos. Caminamos intentando no hacer demasiado ruido, vimos algunos huecos, pero todos estaban separados o eran entre alumnos de séptimo de otras casas, y no nos convencían demasiado. También pudimos distinguir a Sacharissa, Yashira y Allyson en una mesa esquinada, al lado de Sacharissa habían dos sitios libres, así que nos dirigimos hacia ellas pero antes de llegar, Stebbins se sentó junto a Sacharissa dándole un beso en la mejilla. Peter y yo nos miramos, giramos nuestros cuerpos como dos resortes dando la vuelta, esperando que ninguna de ellas se hubiese percatado de nuestra presencia.

- ¿Salimos?, porque no veo ningún sitio libre. - observé las mesas ocultas tras estanterías buscando alguna zona sin ocupación.
- Si - contestó Peter - Espera un momento.

Peter se acercó a una mesa donde pude distinguir a varios alumnos de Slytherin y algún Hufflepuff, estaba hablando con alguien a quien no podía apreciar bien desde mi posición, pero dada la situación y que al despedirse se dieron un beso, supuse que sería Sally.

- Está Sally estudiando transformaciones - dijo Peter en voz baja - Le pregunté si quería venir con nosotros, pero me dijo que necesitaba varios libros de la biblioteca, que ya nos ve en la comida.
- Si quieres puedes quedarte con ella - puse las dos manos sobre mis orejas, como si alguien me sujetase la cabeza y simulé que me besaban - Yo no te voy a dar besitos.
- Venga, vamos. - sonrió Peter mientras me empujaba fuera de la biblioteca.

Decidimos que buscaríamos algún sitio para estudiar en los jardines, estaba saliendo el sol y seguramente los sofás de la sala común estuviesen también ocupados. Nos sentamos cerca de uno de los muros del castillo para intentar resguardarnos de las aleatorias ráfagas de aire y no tener que pasarnos más tiempo corriendo detrás de nuestros pergaminos que estudiando. Sacamos los apuntes de Encantamientos, sería el primer examen que realizaríamos, así que nos vendría bien repasar. Además era la única asignatura que llevaba medianamente bien, y no me apetecía tener que estar peleándome con Transformaciones o con Herbología.
Peter usaba con uno de sus libros el encantamiento "Wingardium Leviosa", haciéndolo levitar por encima de nuestras cabezas mientras yo agrandaba una pequeña piedra.

- Ya lo dominas - le dije.
- Este es el encantamiento que mejor se me da, me cuesta más el de cambio de color - hizo descender suavemente el libro hasta posarlo junto al resto.
- A mi ya me duele la muñeca de tanto giro - me senté y guardé la varita en un bolso interior de la túnica.
- Llevamos casi una hora y media, ¿descansamos un rato? - Peter se apoyó contra el muro.
- Si, pero mejor recogemos aquí y buscamos una mejor vista - amontoné los pergaminos que tenía desperdigados por el suelo.
- ¿Mejor vista? - Peter miró al gran lago, el cual se veía a la perfección desde nuestra posición.

Se notaba que el verano estaba a la vuelta de la esquina, hacía un día que bien podría ser de pleno Agosto, el sol brillaba con fuerza reflejándose en el lago, como si una bola de fuego quisiese emerger del fondo. Una ligera brisa de aire mecía las hojas de los árboles, suavizando el ambiente y acompañando la melodía de los cantos provenientes del bosque.

- ¿No crees que esto deberíamos dejarlo como estaba? - Peter señaló el montón de rocas con el que había estado practicando.
- Tienes razón - saqué del bolsillo nuevamente la varita y apunté a las rocas - Reducio - Las rocas menguaron volviendo a su tamaño habitual.

Bajamos por el camino que llevaba directamente al campo de Quidditch, y nos desviamos antes de llegar hasta encontrar la sombra de un árbol lo sufientemente bien situada. Nos quitamos las túnicas y las usamos como almohadas para echarnos sobre la hierba.

- Sinceramente, creo que teníamos mucho mejores vistas antes - Peter puso sus brazos bajo su nuca, acomodando su túnica, y se tumbó mirando al cielo.

Desde nuestra posición se completaban completamente los jardines del castillo, así como el camino que llevaba al campo de Quidditch, pero apenas veíamos el lago.

- Tienes que aprender a apreciar una buena vista - le dije - Mira allí abajo. - señalé con el dedo.
- El bosque no está mal, pero prefiero el lago - respondió Peter incorporándose levemente.
- Estás más ciego de lo que pensaba - le sonreí.

Volví a apuntar a un grupo de chicas de Ravenclaw que se quitaban sus túnicas y se remangaban las camisas para tumbarse al sol. Peter me miró comprendiendo a lo que me refería.

- Ah, bueno, estas si son buenas vistas - respondió incorporándose un poco más para poder observar los distintos grupos que poco a poco se acercaban a los jardines.
- Como me gusta el verano... - comencé a decir mientras seguía con la mirada a unas chicas de cuarto curso de Hufflepuff que se sentaban junto a algunas de las amigas de Allyson.
- ¿Aquella no es Catherine? - Peter señalaba a una chica de Ravenclaw, sentada junto a un chico de su misma casa y otra pareja.
- Sí, creo que sí. ¿Tiene novio? - pregunté mientras intentaba distinguir a los chicos junto a los que estaba sentados.
- No lo se, yo no ando muy puesto en los cotilleos de Hogwarts. Bastante tengo con lo mío.
- Ni que lo digas, tendríamos que escribir una columna en "El Profeta", "Los amores de Peter", seguro que sería un éxito - me reí al ver la cara que ponía Peter al pensar en ello.
- Si, y al lado de la mía otra que pusiese, "La ladrona del corazón de Keith" - respondió Peter riéndose. - Seguro que entre los dos llenamos una página.
- ¡Eh! que a mi nadie me robo el corazón, lo tengo bien encadenado. - respondí sin dejar de reír.
- Claro, por eso todavía no dejaste de mirar a Catherine - la mirada de Peter me sondeaba esperando una respuesta a la pregunta que llevaba mucho tiempo haciéndome.
- Está buena, yo siempre tengo ojos para una chica guapa - sonreí, esperando que la respuesta fuese lo más convincente posible. Peter me seguía mirando con una sonrisa acusadora. - Vale, quizás para Kate tenga más ojos, pero porque está "muy" buena, pero tengo claro que no quiero tener una relación estable con nadie, es todo dar explicaciones y tener problemas, hay demasiadas chicas que me atraen para amarrarme a alguna.
- Yo no te pedí ninguna explicación - contestó mientras reía.
- Serás cabrón.

Pasamos el resto de la mañana sin acordarnos para nada de los estudios, riéndonos de todo lo que nos había pasado durante el curso, empezábamos a notar que pronto serian las vacaciones y hacía mucho tiempo que no lo pasábamos bien.
A la hora de la comida saludamos a Yashira y Allyson al pasar junto a sus mesas, y nos sentamos al lado de Sally que estaba sola en el centro de la mesa de Slytherin. Durante la comida Sally comentó que pensaba tener problemas con Astronomía, pero que se daba cuenta de que sabía más de lo que ella misma creía.
Después de comer, Sally y Peter se fueron juntos a la biblioteca, Peter intentó convencerme para que fuese con ellos, pero prefería no interrumpir en sus asuntos e ir a estudiar solo a la sala común donde seguramente encontraría muchas menos distracciones.
Al llegar descubrí que tenía razón pues la sala estaba desierta, me acomodé en el sofá mas alejado de la entrada y saqué un recorté de un periódico muggle que nos habían proporcionado en clase, "Ordenadores personales, el futuro ya está aquí", el artículo trataba sobre unos aparatos que usaban los muggles en su trabajo, decían que en un futuro muy cercano cada muggle tendría uno en su casa. No entendía muy bien el artículo ni el funcionamientos de esos ordenadores, pero tenía la sensación de que una pregunta del examen saldría de ahí.
Releí una y otra vez en trozo de periódico sin conseguir sacar nada en claro, lo aparté y cogí el libro de Historia de la Magia, busqué la Confederación Internacional de Magos, Ray me había comentado hace unos días en clase que era muy importante aprenderla porque casi siempre preguntaban algo sobre ella. Historia me resultaba tan pesada como el artículo de los muggles, ¿a quien le importaban lo que había pasado hace tantos años?, a mi por lo menos no.
El tiempo pasaba y parecía como si el escritor se hubiese esforzado en escribir varias veces lo mismo. Los ojos se me comenzaban a cerrar, así que busqué los pergaminos de Defensa contra las Artes Oscuras, al ponerlos sobre el libro de Historia oí como alguien bajaba por las escaleras.
Me giré y vi a Thomas.

- Hola Keith - dijo acercándose a mi y mirando los pergaminos que tenía sobre la mesa - ¿DADA?
- Si, a ver si esto es más entretenido que Historia o Estudios muggles - respondí enseñándole el libro de historia que tenía debajo de los pergaminos.
- ¡Uff!, estudios muggles, ¿como te dio por escoger esa asignatura? - preguntó poniendo cara de asco.
- Creí que sería mejor que andar metiendo la mano en animales extraños.
- Si, seguro que si - respondió metiendo la mano en el bolsillo de su túnica. - ¿Un cigarro? - Dijo mostrándome la cajetilla.

Mire a mi alrededor en busca de alguien que posiblemente estuviese escondido detrás de un sofá.

- ¿Aquí? - Normalmente Sacharissa y yo íbamos a fumar a escondidas al baño. Me entró una cierta nostalgia al descubrir lo mucho que nos habíamos alejado en el poco tiempo que nos habíamos separado.
- Arriba no hay nadie, y no creo que vayan a venir hasta dentro de bastante tiempo. - dijo mientras el encendía uno. - Venga, relájate, tendrás que descansar un poco con tanto estudio.

Asentí y cogí uno de la cajetilla que me ofrecía.

- Y que, ¿a que te quieres dedicar? - preguntó Thomas acercándose a la ventana.- En principio quería ser auror, pero cuando se lo dije a Snape creo que se rió por dentro, no aceptará a nadie con menos de un "Supera las expectativas" en pociones, y sacar esa nota en el examen de Snape es un milagro. - Yo ni siquiera con un milagro pensé.
- Auror, eso es lo que todos quieren ser - Thomas me miró desde la ventana - Estar todo el día protegiendo a gente que ni siquiera conoces, poniéndote en peligro, llenándote el cuerpo de cicatrices, no se que le veis de atractivo.
- Viéndolo así - me hizo dudar. - Se cobra bien.
- Muy bien - Thomas sonrió - ¿Pero merece la pena?. Muchos de los puestos de trabajo del Ministerio de Magia están muy bien pagados y no mueven un dedo, se pasan el día revisado correos, enviando advertencias, etc..- ¿Ahí es donde quieres trabajar tu? - le pregunté. Thomas volvió a sonreírme.
- Que va. Yo espero montarme algo por mi cuenta, no me gusta eso de tener que jefes.

Cuando terminamos de fumar tiramos las colillas a la chimenea y Thomas lanzó un hechizo para hacer desaparecer el olor a tabaco, la sala comenzó a oler a fresas y nata, o sería que en ese momento volvía a tener hambre y deseaba que llegase la hora de cenar. Thomas se sentó frente a mi, ojeó los pergaminos que había sobre la mesa, y estiró la mano para coger el libro de Historia de la magia.

- ¿Como lo llevas?, a mi esta asignatura nunca se me dio bien. - Thomas abrió el libro y empezó a pasar páginas.
- Decir mal es poco. - cada vez que me ponía a estudiar empezaba por historia de la magia, pero me resultaba imposible retener la más mínima fecha.- Un libro con letra pequeña, sin apenas ilustraciones - Thomas pasaba las hojas con cara de desagrado, como si en la próxima hoja esperase encontrarse con algo aun peor. - Gracias a merlín que yo ya pasé por esto.
- Es verdad. ¿Y como te fue? ¿Que te preguntaron? ¿Sabes si...? - No había caído en la cuenta que él podía decirme las preguntas de su examen, seguro que no serían muy diferentes.
- Pues en Historia saqué un S, recuerdo que me preguntaron sobre los magos de Liechtenstein. - pasó las páginas del libro dejando que se deslizasen bajo su pulgar. - Aquí están, estaban relacionados con la Confederación Internacional de Magos.
- Eso lo miré yo antes, pero es un lío. - intenté recordar lo estudiado hace un momento - ¿Sacaste un S? ¿No decías que se te daba mal?
- Se me daba y se me da. - Thomas posó el libro sobre la mesa y se acomodó en el sillón.
- No lo entiendo, ¿Copiaste? - igual existía algún hechizo que rellenase las preguntas del examen correctamente por mi.
- No, el examen lo hice yo, pero estudié con otros métodos. - Thomas metió la mano en el bolso interior de su túnica en busca de varita.
- Otros métodos, te refieres a ... - en mi mente comenzaba a rondar la idea de cuales podían haber sido los métodos empleados por Thomas.

Thomas no sacó de su túnica su varita, sino una pequeña bolsa que contenía algo parecido a grageas de colores, aunque en este caso todas tenían el mismo color rojizo, parecía como si estuviesen rellenas de sangre. Las posó sobre la mesa, mientras levantaba la cabeza para ver si la puerta principal no se abría.

- Te aseguro que con este método apruebas fijo - Thomas bajo la voz y mientras hablaba me esforzaba por oír sus palabras - Para muestra, esta bolsita, son las últimas que me quedan, ya te dije que en fecha de exámenes se vendían solas.

Miré las cápsulas que había posado sobre la mesa.

- ¿Es Sprya? ¿No estaba en una botella? - recordaba de sobra la botellita que tantos problemas me había traído consigo.
- Si, pero de la botella se sacan varias cápsulas como estas y es así como se venden. - volvió a coger la bolsa y la puso al trasluz aprovechando la claridad proveniente de la ventana. - Se toma una cápsula de estas, y aunque aparentemente no tenga efectos, con el paso del tiempo los comenzarás a notar. Evidentemente hay que tener cuidado, pero las única norma que hay es, una vez tomes una cápsula debes esperar 12 horas a tomar la siguiente. Simple ¿no?. - Thomas estiró la mano acercándome la bolsa.
- No estoy muy seguro de que - dudaba si de verdad eso me ayudaría a estudiar mejor, si conseguiría concentrarme lo suficiente como para aprobar los TIMO's.
- No seas tonto, ya verás como dentro de dos semanas me agradeces que te las haya dado. Con estas 6 tienes más que suficiente para toda la semana de exámenes. - insistió- Quizás tengas razón - estiré la mano para recoger la pequeña bolsa - Peor no me puede ir, ¿Que puede pasar por probar?
- Simplemente que apruebes. - Thomas abrió la mano y recogí las cápsulas. - Guárdalas bien.

Al poco rato Thomas se levantó y fue a buscar a un compañero de cuarto para ir juntos a cenar. Decidí esperar un poco más, y aprovechar para recuperar el tiempo que había pasado hablando con él, puesto que desde que llegó Thomas no había vuelto a mirar para los apuntes.
Miré la bolsa que tenía sobre los pergaminos, contenía seis cápsulas rojizas, abrí la bolsa y cogí una, tenía un tacto suave, jugué con ella deslizándola entre mis dedos, ¿Que tenía que perder?, acerqué la cápsula a mis labios, y ayudándome la lengua la tragué.
Pensé que sentiría una sacudida, que se me erizaría la piel o me cambiaría el color de las uñas, pero no sucedió nada, y durante el tiempo que seguí estudiando, no noté nada especial. Guardé el resto por si algún curioso entraba de repente en la sala común y veía la bolsa sobre mi mesa. Volví a coger los pergaminos sobre la mesa y a centrarme en estudiar.

- ¡Keith! - te estoy hablando.

Levanté la cabeza y vi que Peter me daba golpes en el hombro. Sally se sentó en el sofá que con anterioridad había ocupado Thomas.

- Lo siento, estaba concentrado en estudios muggles, pero ya acabé con está asignatura por hoy. ¿Vamos a cenar? - dije incorporándome - Tengo un hambre bestial.
- ¿Cenar? - Peter me miró incrédulo - Pero si la cena se acabó hace casi una hora, pensábamos que te habías dormido.
- No fastidies, bueno creo que tengo algo para picar en la habitación. - recordé que aun me debía quedar algunas galletas que me habían enviado mis tíos.
- ¿Estabas estudiando pociones? - preguntó Sally que observaba un pergamino.
- Sí, bueno, le eche un ojo por encima, tenía pensado ponerme con ello después de cenar. - el estomago parecía que tenía vida propia ,o le hacía caso y lo alimentaba, o tenía la sensación de que me devoraría a mi mismo.
- No se te entiende nada la letra - Peter se había acercado a Sally y miraba el pergamino por encima de su hombro. - Poc...Poción Mul.. Multijugos.
- Sí, sus ingredientes son Crisopos, sanguijuelas, Descurainia sophia y centinodia, polvo de cuerno de bicornio, piel en tiras de serpiente arbórea africana y algo de aquel en quien te quieres convertir. - recité sin coger aire. - Debajo de esa está el Filtro de Paz cuyos ingredientes son Polvo de ópalo y luego tienes que remover tres veces en sentido contrario a las agujas del reloj, dejar hervir a fuego lento durante siete minutos y después añadir dos gotas de jarabe de eléboro.

Peter y Sally se quedaron mirándome fijamente.

- ¿Dices que sólo los has mirado por encima? - preguntó Peter observándome de arriba a abajo como si la persona a la que estaba mirando fuese otra completamente diferente.
- Si, en cuanto coma un poco me pongo más en profundidad. - respondí comenzando a subir las escaleras.

Al llegar a la habitación abrí mi baúl y saqué de el un paquete de galletas empezado. La puerta se abrió detrás de mi y Peter se sentó sobre su cama.

- En serio vas a seguir estudiando, ¿has visto la hora que es?
- Sólo una hora más como mucho, aunque seguramente baje y recoja los libros - no tenía apenas sueño y lo único que podía hacer a esas horas era dormir o estudiar. - Cerré el baúl.-
Otra cosa - Peter me paró antes de salir nuevamente de la habitación - ¿Tu no tenías los ojos más claros?, es que los tienes marrones oscuros.
- Será por el sol, los días con sol me aclaran los ojos, y los días sin sol se me oscurecen.

Peter estaba abriendo la boca para contestar de nuevo, pero no le dio tiempo pues salí de la habitación, bajé las escaleras y volví a sentarme en el sofá, me quedaría ahí hasta que el cuerpo y las galletas aguantasen.