6 de Mayo, Viernes

Al fin había llegado el día. Había tenido la poción cociéndose durante todo este tiempo, esperando primero a que se aclarase y luego a que se pusiera totalmente transparente. Aún no tenía ningún plan sobre como poder tirarle por encima la poción a Sally, pero pensé en improvisar sobre la marcha. Muy bien. La metí en una botellita y la dejé al lado de la ventana, para que estuviera bien a la luz, y me fui de la habitación. Durante las clases de la mañana intenté fijarme todo lo posible en Sally para saber si era del tipo de personas que se pasa el rato mirando de un lado a otro y me descubriría a la primera si iba detrás de ella para tirarle la poción por casualidad. Parecía que había tenido suerte, sin embargo. Miraba al frente fija, siguiendo con los ojos al profesor y sus explicaciones, excepto en los breves momentos en los ligeramente, por el rabillo del ojo, miraba a Peter, que se sentaba a su lado, quizá para asegurarse de que seguía allí.

Después de la hora de comer, me fui a por la poción y guardé el frasquito con cuidado dentro del bolsillo de la túnica pensando en aprovechar cualquier momento para tirárselo todo por encima. Según me había estado explicando Stebbins, todo dependía del color que tomaba cuando la tocase, pero tenía que asegurarme de que le caía algo sobre la piel, o no funcionaría. El rojo brillante indicaba la peor de las situaciones, aunque dijo que no era probable que ocurriese, ya que solo se daba en casos en los que prácticamente se quería matar a la otra persona, pero era probable que si tramaba algo, se pusiera rojizo, como el té rojo, lo suficiente como para verlo. Había una amplia gama de rojos, pasando por los rosas más tenues, hasta el color que tenía en ese momento, ninguno. También me había comentado que aunque se pusiera de un color ligeramente rojo, no tenía por qué significar nada, tan solo que le podría haber dicho alguna pequeña mentira sobre el futuro de ambos.

A pesar de que Stebbins no soportaba a Peter y mostraba bastate desinterés por Kingcrow, había decidido ayudarme de todas maneras. No demostraba ningún tipo de curiosidad ni ilusión por ello, pero ahí estaba, de todas maneras. Y por mi parte, ahora mismo tenía una curiosidad tremenda. A veces Kingcrow se quedaba mirando a la nada y cosas así, aunque el resto del tiempo se lo pasaba en los brazos de Peter, por lo que no era capaz de encontrar el por qué había decidio hacer aquello. De todas maneras, me sentía intrigada. Todo entre ellos había sido muy repentino. No habían hablado nada en absoluto durante más de cinco años, y de repente, tadán, salían juntos. Cierto que Peter y yo no nos habíamos conocido durante mucho más, pero aún así... lo nuestro había sido más apacible y más bonito. Al menos eso creía, claro. No tenía ni idea de como habían sido las cosas entre ellos.

Por la tarde, tras las dos clases que teníamos, me senté con Stebbins en la sala común para intentar buscar un momento. No podía retrasarlo mucho ya que la poción tenía su mejor momento antes de que pasasen doce horas de sacarla del caldero, así que esperé hasta que la vi bajar de la habitación con Peter. Parecían muy contentos, y me sentí un poco dolida. Él nunca había parecido estar tan contento cuando estaba conmigo. Me centré en el pergamino que tenía delante e intenté concentrarme. Echaba varias miradas ocasionales para ver que estaban haciendo en ese momento. Achuchándose en el sofá. Achuchándose en el otro sofá. Hablando Dios sabe de qué. Por fin, se levantaron, y Kingcrow se quedó sola al lado de las escaleras mientras Peter subía hacia el cuarto, probablemente para ir a buscar algo, así que puse en la tacita que tenía al lado el contenido del frasquito que había guardado, y me puse de pie.

Caminé tranquilamente hacia Kingcrow, como si solo quisiese ir al otro extremo de la habitación y mirar por la ventana. Un poco más cerca, un poquito más, chocaría, oh cuanto lo siento, no te preocupes es solo té, déjame limpiártelo, me pondría mala cara, se alejaría bufando, y jamás se daría cuenta de que le había tirado realmente. Era un plan perfecto. Excepto porque cuando estaba a menos de medio metro de ella, Peter bajó las escaleras todo lo rápido que pudo mientras gritaba que ya estaba listo. Tropezó en el último escalón y chocó justo contra mí, haciendo que todo el contenido de la taza le salpicase. Muy bien, se había arruinado todo.

Suspiré, intentando no parecer demasiado enfadada. Peter me pidió perdón una y otra vez e insistió en traerme otra bebida. Sally, sin embargo, me miraba fijamente.

- No te preocupes - le dije - no hace falta. Tan sólo era agua.

- Querrás decir té.

- ¿Cómo? - pregunté mientras miraba la camisa de Peter.

Ahí estaba. Una gran mancha de color rojizo que contrastaba con la blancura de su camisa

8 de Mayo, Domingo

Miré el plato de comida ante mí con falta de apetito. ¿Dónde estaba Sally? Lo normal era que los Domingos nos los pasáramos pegados el uno al otro, estudiando y dando paseos en silencio. Bueno, y el resto de los días también. Pero, sin embargo, no la había visto en toda la mañana. Ni siquiera había bajado a desayunar, para mi sorpresa. Y, por mucho que la había esperado en la sala común, no había rastro de ella. Debía de seguir en su habitación.
Separé la vista del plato y busqué a mis compañeros con la mirada. Keith sentado solo y hurgando en el plato de comida con sus cubiertos, con aire ausente. Y Sacharissa junto a Stebbins, aparentemente muy cómoda a su lado. Bah. Sacharissa. Apenas hablábamos ya, y la mayor parte de cuando lo hacíamos era para discutir. Y, aún así, todavía tenía impulsos repentinos por complacerla de vez en cuando. Como días atrás, cuando me había tirado una taza de té por encima y yo me había ofrecido a buscarle otra. Y ante Sally. Claro que a ella no parecía haberle importado. Pero con ella tampoco se podía estar seguro de nada.
De repente, el asiento a mi lado rechinó contra el suelo mientras Sally se sentaba y se acercaba mucho a mí. Parecía un tanto alterada.
- ¿Dónde has estado todo el tiempo? - Le dije, antes de darme cuenta de que ni siquiera se había molestado en coger un plato de comida.
- ¡El pergamino, Peter! - Dijo ella, como si yo tuviera que entender de qué estaba hablando.
- ¿Qué dices? - Dije, bajando la voz.
- ¡Uno de mis pergaminos! - Dijo ella, hablando también en bajo. Días atrás habíamos decidido repartirnos los pergaminos tras volver a discutir sobre el asunto. Sally había accedido a dejarme guardar dos de los cuatro pergaminos, con la condición de que le avisase si aparecía algo en ellos, y prometiendo ella hacer lo mismo. Yo accedí no muy convencido, pensando que ella no me avisaría en el caso contrario. Pero, por lo visto, me equivocaba.
- ¿Qué? - Dije, nervioso -, ¿ha aparecido algo?
- ¡Sí! - Dijo ella, cogiéndome por los hombros y acercándose mucho a mí. Al notar que la gente nos miraba, me acerqué y le dí un beso rápido, como si sólo nos saludáramos. Ella no pareció ni darse cuenta.
- Y... - Dije, intrigado - ¿Qué ha aparecido?
- ¡Ven y te lo enseñaré!
Sally me cogió de la mano y comenzó a ponerse en pie, pero tiré de su túnica para que se volviera a sentar.
- ¿No piensas comer nada? - Dije, mientras ella me miraba extrañada. Sally se encogió de hombros y cogió un tenedor cercano, tras lo cual comenzó a tomar bocados ocasionales de mi plato. Me apuré para repartirlo más o menos a la mitad y, en cuanto terminamos, volvió a cogerme de la mano y me llevó corriendo a la sala común.

- ¡Espera! - Dije, mientras Sally se encaminaba hacia el dormitorio femenino -. ¡Yo no puedo subir ahí!
Sally me miró y puso cara de "ah, eres un chico, lo había olvidado", tras lo cual me soltó y subió a su habitación sin decir palabra. A los pocos segundos volvió a bajar con sus pergaminos a la carrera, me cogió de la mano de nuevo, y me hizo correr a toda prisa hacia la habitación de los chicos.
Una vez dentro, se subió a mi cama antes que yo y, en cuanto la hube seguido, corrió las cortinas y las unió utilizando el mismo hechizo que yo había usado siempre. Tras hacerlo, al fin desenrrolló uno de los pergaminos, y me lo ofreció.
En cuanto lo cogí y me preparé para leerlo, me quedé sorprendido al ver que, al igual que en el otro había aparecido un testamento, sobre éste había aparecido un mapa. Parecía el mapa de toda la planta de un edificio, con infinidad de habitaciones y, aparentemente, varios caminos marcados con tinta roja, partiendo de unas escaleras, y llegando cada uno a una habitación concreta. Sobre el mapa aparecía escrita, con cuidada ortografía, la palabra "Sótanos".
- ¿Sótanos? - Dije, extrañado -. ¿Pero qué sótanos son éstos?
Sally soltó un gruñido.
- No lo sé - Dijo, decepcionada -. Esperaba que tú me lo dijeras, yo llevo toda la mañana en la biblioteca, creí que sería un plano de los sótanos de Hogwarts y estuve buscando información, pero no se trata de eso, estos sótanos son de algún otro sitio.
La miré frunciendo el ceño.
- Si esperabas que yo te lo dijera, podrías haberme buscado por la mañana como todos los días - Dije -. ¿Por qué no te fías de mí?
- No sé - Dijo ella -, ¿por qué has dicho tú que nos hemos acostado?
Bajé la cabeza, avergonzado.
- No me molesta - Dijo ella -, no te preocupes. Ya te lo diría. Sólo quería encontrar información. Pero ya veo que va a ser difícil.
Sally suspiró, y se dejó caer sobre la cama. Al cabo de unos segundos pareció darse cuenta de que eso no era muy propio de ella y volvió a incorporarse.
- Bueno - Dijo, seria -. Te dejo este pergamino. Pero a cambio me llevo uno de los tuyos en blanco. Intenta averiguar de dónde es el mapa, si se te ocurre cualquier cosa... Dímelo.
Sally cogió uno de mis pergaminos y, tras deshacer el hechizo de las cortinas de mi cama y darme un beso en los labios, abandonó la habitación, dejándome sentado y observando el mapa.
- Creo que sé de dónde es - Dije en voz baja lentamente -. Son los sótanos de la casa de mi tío. Supongo que tendré que pasarme por allí este Verano