1 de Marzo, Martes
Era la sexta hora de clase del día, que los Martes teníamos libre,
y yo permanecía tumbado en mi cama mirando a la nada, una de mis manos
tras mi cabeza, la otra acariciando a Esk.
Rememoraba, como había estado haciendo durante las últimas tardes,
lo que me había pasado días atrás. Sacharissa y yo, ¿quién
lo pensaría? Y no sólo Sacharissa y yo, sino Sacharissa y yo en la cama
de Stebbins. No, seguro que nadie lo habría pensado.
Suspiré, y me apoyé sobre mi costado.
Claro que, desde aquel día, Sacharissa había estado esquivándome
constantemente, lo cual no es que facilitase demasiado el inicio de una relación,
y encima seguía con el iluso de Stebbins, que por supuesto no se había
enterado de nada... Bueno, quizás las cosas desde entonces se hubieran
puesto aún más tensas entre los dos, pero al menos ella ya no
parecía enfadada conmigo. Sólo incómoda. Aunque... ¿Qué
sería peor?
Pensaba en ello cuando escuché la puerta del cuarto, y asomé la
mitad de la cabeza por las cortinas. Stebbins acababa de entrar en la habitación,
pero parecía ocupado rebuscando entre sus cosas. Verle me ponía
aún de peor humor que antes, a pesar de haberme acostado con su novia.
Quizá de hecho fuera por eso que le odiaba aún más, precisamente
porque no podía decir simplemente "me he acostado con Sacharissa",
sino que la información más completa era "me he acostado
con la novia del prefecto".
Sí, definitivamente no conseguía aceptar que Sacharissa fuera la novia
de Stebbins. No podía aceptar verles juntos, rondando por ahí.
Y ni siquiera podía hablar de ello con nadie, ni siquiera con Keith,
porque incluso me preocupaba el hecho de que Sacharissa pudiera no querer que nadie
lo supiera.
Esperé a que Stebbins saliera de la habitación y me incorporé,
desperezándome.
- Bueno, Esk - Dije, mirando a mi gata -. ¿Te apuntas a dar una vuelta
por el castillo mientras estudiamos un rato?
Esk me miró levantando la cabeza desde la cama, antes de volver a tumbarse
y cerrar los ojos.
- Bueno, tú te lo pierdes - Respondí.
Cogí mi libro de Historia de la Magia y salí de la habitación.
Era un día más bien soleado y no me sentía demasiado desanimado.
Pasé a través de la Sala Común abarrotada, y saludé
de pasada a Keith, que parecía agobiado tras un montón de libros
y apuntes y me devolvió el saludo con un gesto de cansancio. Le dije
que iba a tratar de meterme en la cabeza un par de capítulos de Historia
de la Magia y luego volvería para estudiar alguna otra cosa con él,
y salí hacia los pasillos.
Me pasé la siguiente media hora caminando sin rumbo fijo por el castillo
con el libro ante mí, confiando en memorizar la máxima cantidad
de datos posible, y eligiendo algunos pasillos poco transitados que conocía
para mi camino. En algunas ocasiones un buen pasillo desierto era más
silencioso incluso que la biblioteca, y el aire fresco de algunas de las ventanas
hacía que me resultara más fácil concentrarme.
Sin embargo, al cabo de media hora, comencé a sentirme intranquilo. Constantemente
tenía la sensación de que escuchaba unas pisadas tras de mí
siguiendo mi rumbo en los pasillos concurridos, pero al alejarme de las multitudes
las pisadas parecían esfumarse, para reaparecer acercándose apresuradamente
desde la lejanía en cuanto regresaba a un pasillo con mucha gente. Por
supuesto, si miraba atrás en un pasillo vacío no se veía
a nadie, mientras que si miraba en un pasillo con más gente las pisadas
se detenían y no podía distinguir de quién se trataba.
Y comenzaba a ponerme nervioso. Tras los acontecimientos de los últimos
meses, con cuervos mágicos y cuadros encantados, lo último que
quería era sentir unas misteriosas pisadas acechándome a mi espalda.
Sin necesitar pensarlo mucho, decidí que los métodos alternativos
de estudio eran una estupidez, y me encaminé hacia la biblioteca. En
uno de los pasillos que debía atravesar en mi camino, me encontré
a Mark, que hablaba con otro estudiante a un lado, y me observó con la
misma mirada de sospecha que llevaba dedicándome desde el día
en que había ayudado a Keith a pegarle una paliza. Una idea comenzó
a formarse en mi cabeza.
Ay, madre, pensé, ¿y si Mark tiene algún amigo que nos
sigue? Al fin y al cabo, es lo que hizo Keith, averiguar todo sobre Mark, sobre
los sitios que frecuentaba cada día de la semana, para luego darle una
paliza, para cogerle por sorpresa. ¿Y si Mark planea hacer lo mismo conmigo?
¿Con el amigo de Keith? ¿Como venganza? ¿Por qué
siempre me veo metido en estos asuntos?
Comencé a apresurar el paso. Cuando me disponía a entrar en la
biblioteca, un bulto apresurado salió a toda prisa y chocó con
mi costado, casi haciéndome perder el equilibrio.
- ¡Lo siento! - Dijo el bulto alegremente, sin detenerse.
- ¡Eh, eh, espera un momento!
El bulto, que resultó ser Brian, se detuvo y se giró, mirándome
con curiosidad.
- ¡Ah, hola, Peter! - Dijo, sonriente -. ¡No te había visto!
- ¿Qué tal, Brian?
- ¡Muy bien, estaba...!
- Estupendo - Le interrumpí, rascándome la cabeza y mirando a
mi alrededor. Acababa de tener un esbozo de idea -. Acércate, Brian,
déjame decirte algo.
Brian se acercó, confiado, y me incliné para hablar con él
sin que nadie nos oyera.
- ¿Recuerdas aquella... Ehm... Misión que hiciste para mí,
Brian?
- ¿Espiar a Sacharissa y su novio?
- Sí, espiar a Sacharissa y su... Su... Ejem, mira, me gustaría que
volvieras a hacer algo por mí, ¿te parece bien?
- ¡Claro! ¡Es divertido! ¿Está Sacharissa en la biblioteca
otra vez?
- No, no, no se trata de Sacharissa esta vez... Ejem... - Miré a Brian, ¿podía
confiar en él? Bueno, pudiera o no, no tenía un plan mejor para
descubrir a mi perseguidor -. Verás, Brian, alguien me está siguiendo.
No me hizo falta esforzarme para que el asunto sonara serio, la posibilidad
de que me siguieran para darme una paliza, o algo peor, hacía que mi
voz sonara como tenía que sonar sin necesidad de que yo lo decidiera.
Sin embargo, los ojos de Brian brillaron de emoción al oír las
palabras que acababa de decir. Los ojos de aquel chico parecían decir
"me gustan las emociones", y también "con mucho azúcar,
por favor".
- Y necesito tu ayuda para saber de quién se trata - Continué
-, porque tiene cuidado de que no le vea al mirar atrás. Así que
escucha, Brian. No tendrás que hacer nada peligroso, ¿de acuerdo?
Sólo quiero que vuelvas a entrar en la biblioteca - En este punto sujeté
a Brian del hombro porque había comenzado a caminar hacia la biblioteca
-, y que te quedes escondido a la entrada, mirando este pasillo. ¿Sí?
Brian asintió con la cabeza, sin dejar de sonreir. Miré a ambos
lados del pasillo, y señalé disimuladamente hacia el final.
- Mira - Dije -, ¿ves aquel otro pasillo que sale de éste al final?
¿Al lado de aquellas escaleras? Vale, pues no lo suele usar mucha gente,
sobre todo a esta hora del día. Voy a meterme por él, y luego
la persona que me sigue... Bueno, creo que esperará a que atraviese todo
el pasillo, quizá asomada en aquella esquina, y después se meterá
por él. ¿Entiendes lo que tienes que hacer?
- ¡Decirle que deje de seguirte!
- Sí... ¡Quiero decir, no! No, nada de eso, Brian. Sólo
quiero que veas quien es esa persona, que te quedes aquí escondido y
te quedes bien con su cara, para que después puedas describírmela
de entre toda la gente que haya en este pasillo, ¿vale? Cuando vuelva,
en un par de minutos. ¿Entendido?
Brian asintió con la cabeza, entró de un salto en la biblioteca,
y al cabo de un segundo asomó la cabeza por la puerta, me guiñó
un ojo, y se volvió a esconder.
Suspiré, y me puse en marcha, fingiendo seguir estudiando Historia de
la Magia. Doblé hacia la izquierda al llegar al final del pasillo para
atravesar por el desvío que le había indicado a Brian, y apresuré
el paso, confiando en que el chico estuviese atento a cualquier otro estudiante
(o lo que fuera) que se metiera por el mismo pasillo que yo. En cuanto pude
regresé a un pasillo más transitado, y volví a la biblioteca
dando un rodeo. Brian había decidido esperarme apoyado junto a la puerta,
y me hizo gestos para que me acercara en cuanto me vio, aún sonriente.
- ¿Y bien? - Pregunté, nervioso -. ¿Le has visto?
- ¡Sí!
- ¿Sí? Vale, ¿y cómo es? ¿Es muy fuerte?
¿Te has fijado?
Brian negó con la cabeza.
- Sólo es una chica - Dijo, con un claro tono de decepción ante
el hecho de que mi integridad física no corriese peligro.
- ¿Una chica? - Repetí extrañado, a la vez que me giraba
para mirar al resto de alumnos que ocupaban el pasillo de la biblioteca en esos
momentos, sin tener muy claro de quién podía tratarse.
- Pero te seguía bien... No se le notaba, esperó cerca del pasillo,
pero no se asomó ni nada, más bien... Parecía calcular
mentalmente, y luego te siguió.
- ¿Cuando ya no podía verla?
- Supongo...
- Bueno, pero ¿de quién se trata? - Pregunté en voz más
baja, mientras me inclinaba junto a él.
Brian señaló sin tratar de disimular hacia una chica de Slytherin,
de mi mismo curso, que estaba apoyada contra la pared cerca de la puerta de
los baños, con apariencia de estar esperando a alguien. Ni siquiera miraba
en la dirección en que estábamos Brian y yo.
- ¿Seguro que es esa?
- Bueno, es la única que ha entrado en ese pasillo...
Observé a la chica que me había señalado. Podía
decirse que era guapa, aunque quizá no según los cánones
de belleza establecidos. Desde luego no poseía la clase de belleza que
otorga una piel bronceada y un pelo con mucho volumen. Su piel era en realidad
bastante pálida, y su pelo negro le caía hasta llegar a su pecho
con la apariencia de que ni siquiera un huracán podría enrededarlo
sin pedir permiso antes. Recordé que se trataba de la chica que había
hecho la Poción de Empatía Conjunta con Keith. Arrugué
la frente.
- ¿Y por qué querría seguirme esa chica? - Dije en voz
alta.
- No lo sé, quizá le gustas - Contestó Brian, encogiéndose
de hombros.
- No, eso no puede ser... - Dije, sin apartar la mirada de ella -. Quizá
se haya equivocado. ¿Te fijaste en algo más?
Pareció pensarlo unos segundos, con cara de extrema concentración.
- Parecía incómoda con sus zapatos - Contestó finalmente.
- Ah... Gracias, Brian.
El chico me miraba sonriente. Distraídamente me metí la mano en
los bolsillos, y entonces recordé algo.
- Esto... Brian, me temo que tu hermana me prohibió que volviera a proporcionarte
azúcar...
Su mirada pareció indicar una ligera decepción.
- Pero... - Continué, mientras me sacaba un par de monedas del bolsillo
y se las daba - Con ésto quizá tú mismo puedas comprarte
algo de azúcar, ¿eh?
Brian se animó repentinamente, y me dedicó una gran sonrisa.
- ¡Gracias, Peter! - Dijo, y salió corriendo hacia las escaleras.
- ¡Espera! - Grité, mientras se alejaba -. ¡No le cuentes
nada de esto a...! - Pero ya no había rastro de él.
- A tu hermana - Dije, terminando la frase para mí mismo.
Volví a mirar a mi compañera misteriosa. ¿Qué interés
podría tener en seguirme? Por un instante pensé en preguntárselo
directamente, pero en lugar de hacerlo decidí volver a la Sala Común.
Cuando llegué, encontré a Keith donde lo había dejado,
y me senté a su lado, apartando a un lado un libro sobre transformaciones
fallidas abierto por una hoja en la que podía verse una ilustración
de lo que aparentemente era una esponja con puas de erizo. Lo qué faltaba,
pensé, que le den ideas a los bromistas. De todos modos tomé nota
mentalmente del error concreto que habían cometido en ese caso.
- Hola, Peter - Dijo Keith, sin levantar la vista de algo que estaba copiando
de otro libro.
- Hola... - Dije, y levanté la vista hacia nuestra compañera,
que también me había seguido hasta la Sala Común y ahora
estaba caminando hacia un sofá en el otro extremo -. Hey, mira, esa chica,
¿es la chica con la que hiciste pareja aquel día en clase de Pociones?
Keith levantó la vista, extrañado, y asintió con la cabeza.
- ¿Por qué? - Preguntó.
- ¿Cómo se llama?
- Hum... - Keith pensó un momento -. Sally Kingcrow. Eso. ¿Pero
por qué?
Pensé un momento. ¿"Kingcrow"? ¿"Rey Cuervo"?
¿Más cuervos? No, no, tendría que ser una coincidencia.
- ¿Y qué sabes de ella? - Continué.
- Pues no mucho - Dijo Keith, aparentemente incómodo -, apenas hablamos
durante la clase de Snape, ella sólo se concentró en que la poción
nos saliera lo mejor posible... Pero espera, no te gustará, ¿no?
Keith me miraba extrañado.
- ¡Claro que no! - Respondí, y me puse colorado -. Tú ya
sabes quién... Pero bueno, no, te pregunto porque... Ehm... - No solía
hablar de mis propios asuntos con nadie, pero decidí que, si Keith era
mi amigo, alguna cosa tendría que cambiar -. Es que resulta que la he
descubierto siguiéndome.
Keith la miró un momento.
- ¿Seguro? - Dijo -. ¿No tendría que volver aquí
ella también?
- No, no, estoy seguro. Desde que salí hace casi una hora. Me ha seguido
todo el tiempo, si yo pasaba dos veces por un pasillo ella también, si
daba un rodeo lo mismo... No sé, creo que se piensa que no la he visto,
se ha esforzado, pero... - Me encogí de hombros.
- Ahora que lo dices - Continuó Keith, pensativo -, no estoy seguro,
pero creo que la ví salir en el mismo momento en que tú saliste
de aquí.
- ¿Lo ves? - Dije, más tranquilo, y me recosté en el sofá.
- Bueno - Dijo Keith, sonriendo -, ¡quizá seas tú el que
le guste a ella!
- ¡No digas tonterías!
- ¿Y por qué no? ¡A lo mejor te has convertido en un rompecorazones!
- ¡Sí, pero nunca tanto como tú! ¡Tengo entendido
que eres toda una sensación entre las chicas con trenzas y aparato!
Pasé las siguientes horas medio estudiando medio haciendo el tonto con
Keith, y logré animarme un poco, a pesar de ver pasar a Sacharissa junto a
Stebbins un par de veces. De repente me sentí muy tonto por haberme preocupado
por algo tan inofensivo como que una chica me siguiera, por el motivo que fuera,
y me sentí relativamente contento y despreocupado.
La sensación de no tener asuntos realmente serios de los que preocuparme
se desvaneció cuando escuché varios golpes secos, mucho después
de que todos estuviéramos metidos en nuestras camas.
Muy lentamente, asomé la cabeza entre las cortinas de mi cama. Todos
mis compañeros parecían dormir profundamente, pero de aumentar
la fuerza de los golpes quizá no tardasen en despertarse. Hice caso a
mis oídos, y miré a la ventana. Una pequeña sombra negra
parecía dedicarse a dejarse caer con todas sus fuerzas contra el cristal.
-No, ahora no... - Susurré, mientras me levantaba a toda prisa y me acercaba
a la ventana -. Ahora no, me vas a meter en un lío...
Abrí la ventana esperando ver a Zoro, y me quedé petrificado.
Sí, era Zoro, pero su aspecto estaba mucho más demacrado que de
costumbre. Parecían faltarle muchas más plumas, las patas, que
parecían medio aplastadas, parecían incapaces de soportar el peso
de su cuerpo, que se encontraba extrañamente hinchado y deforme. Su respiración
era entrecortada, y con cada aspiración un pequeño jadeo que me
ponía los pelos de punta parecía escapar de lo más profundo
de su garganta.
Pero lo que realmente me aterrorizó fue su ojo izquierdo, su ojo rojizo,
que estaba mucho más inflamdo que de costumbre, y parecía de hecho
a punto de explotar, relleno de algún tipo de sustancia viscosa más
espesa que la sangre. Al cabo de unos segundos me di cuenta de que parecía
algo así como pus ensangrentado, y cuando vi dos pequeñas gotas
que chorreaban por su mejilla tuve que contener una arcada.
Tras el impacto inicial, cogí a Zoro entre mis brazos con mucho cuidado
y me encerré en mi cama, dejándolo sobre el colchón.
- Tranquilo, tranquilo - Me descubrí a mí mismo susurrando, en
una voz que pretendía resultar reconfortante, mientras acariciaba lentamente
el lomo del animal -. Verás como te pones bien. Te quedarás aquí,
y mañana... Mañana buscaremos a alguien, alguien en este castillo
podrá curarte, alguien...
Me callé al darme cuenta de que Zoro trataba de levantar la cabeza. Decidí,
por una vez, facilitarle la tarea, y me incliné para que pudiera establecer
contacto visual conmigo. Las palabras aparecieron en mi cabeza al cabo de un
instante, como siempre, pero esta vez parecieron tardar una eternidad.
"Peter..."
Sentí que la palabra había aparecido tras un gran esfuerzo, y
llegó acompañada de un terrible dolor de cabeza. De repente sentí
la necesidad urgente de apartar mi mirada de aquel pájaro y alejarme
lo más posible. Sin embargo, me obligué a continuar.
- ¿Qué te ha pasado? - Susurré, como pude. Jamás
había sentido un dolor de cabeza tan fuerte.
"No importa... Peter... El último..."
- ¡Pero no estás bien!
"Había poco tiempo... Y ya no hay nada... Peter... El último...
Por favor..."
- ¡Sí! ¡Sí, lo haré! ¡Pero antes hay
que ayudar a Zoro!
"El último... Peter... La Torre de Astronomía... La ventana..."
- ¿Qué? P-pero ¿cuál de ellas?
"La Torre de Astronomía... Por encima de todos los pisos... La torre..."
- ¡Sí! ¿Pero dónde?
"Tu varita... Junto a la ventana..."
- ¡Vale! - Accedí, poniéndome muy nervioso - ¡Lo haré!
¡Mañana iré!
"Ahora... Peter..."
- ¡P-pero ahora puedo meterme en un lío! Y... ¡Y creo que
Zoro necesita que alguien le cure!
"Zoro... Salva a Zoro... Ve ahora... No hay tiempo..."
Comencé a sentir surcos de humedad en mis mejillas, aunque no era capaz
de saber si se debía al inmenso dolor o a la sensación de dolor
con que las palabras aparecían dentro de mi mente.
- ¡De acuerdo, lo haré! ¡Ahora! Pero... Pero tú...
Espera aquí. Zoro espera aquí. Y cuando vuelva... Cuidaré
de Zoro. ¿De acuerdo? Zoro, no te muevas, no te muevas en absoluto. Has...
¿Habéis oído? ¡Esperad aquí!
"Gracias... Peter... Gracias... Eres... Peter, tú eres..."
Repentinamente, Zoro trató de cerrar los ojos, y el dolor de mi cabeza
se desvaneció lentamente, mientras el pájaro apoyaba su pequeña
cabeza en mi colchón, sin fuerzas para colocarla de ningún modo.
Me apresuré a vestirme, y salí a toda prisa de la habitación,
sólo parándome para asegurarme de que Esk no estuviera despierta.
Me resultó extrañamente fácil llegar a la Torre de Astronomía.
Claro que quizá fuese porque, con las prisas, no me detuve en ningún
momento a cuestionarme si debía ir o no. Una vez allí, alcé
la vista hacia el largo camino que suponía la escalera, suspiré,
y comencé a subir, nervioso, pasando la varita alrededor de cada ventana
que encontraba en el camino. Resultaba cansado, pero al fin y al cabo era la
única forma.
No tardé tanto como había pensado en un principio en llegar a
las proximidades de la parte superior de la torre, y, justo cuando comenzaba
a sospechar que me había pasado la ventana que era, sentí que
mi varita comenzaba a vibrar con el último intento.
- Por la espesura de mi sangre, yo te requiero - Dije, nervioso.
El último pergamino apareció como los anteriores, sin ningún
tipo de aspecto especial en el silencio de la noche. Lo recogí y me dispuse
a volver a la habitación, cuando escuché unos golpes provenientes
de más arriba, muy cerca de dónde estaba.
Con mucho cuidado, subí algunas escaleras, y pude ver de qué se
trataba. Sacharissa estaba allí, mirando por una ventana, dando pequeñas
patadas en la pared. De repente olvidé la prisa que tenía. Cuando
Sacharissa estaba a solas era cuando más fácil me resultaba ver por
qué me gustaba tanto.
Sin saber exactamente qué hacía, me acerqué un poco.
- Esto... Hola... - Dije, tímidamente.
Ella dio un pequeño bote y se giró. Parecía sorprendida
de verme allí.
- Oh, hola - Dijo, tímidamente.
- Ehm... Perdona por interrumpirte... - Dije, sintiendo que me ponía
colorado.
- No estaba haciendo nada importante, ¿y tú?
- Ah, pues... - Respondí, sintiéndome incómodo -. Nada
tampoco, sólo... Dando un pequeño paseo nocturno, ya sabes...
- ¿También te gusta dar paseos nocturnos?
- Sí, bueno, ya... Ya lo sabes, ¿no? Hablamos una vez sobre ello...
Me... Contaste que a veces subías aquí...
- Ah, sí, es cierto. Pero no pensé que te encontraría nunca.
- Bueno, sólo... Quería ver el sitio por la noche - mentí
-, como tú. No pensé que estarías aquí...
- Solo he subido a pensar.
- Sí, supongo que yo también...
- ¿Sobre qué?
- Sobre... Bueno, ¿sobre qué piensas tú?
- No lo sé... Yo pregunté primero.
- Bueno, pienso sobre... Todo un poco. Sobre los exámenes, sobre mis
cosas... - Dije, y después aparté la mirada, me costaba seguir
-. Pienso en tí...
- Oh - Dijo Sacharissa, aparentemente incómoda -, ¿en qué sentido?
- N-no lo sé, yo... - Respondí, esforzándome -. Si te molestó
lo del otro día, lo siento...
- No fue una molestia exactamente.
- Entonces... ¿Qué fue?
- Pues... No lo sé. A eso venía.
- Ah... Bueno, espero que... Bueno, que decidas que no fue algo malo.
- No, si, en fin... No lo considero algo malo exactamente...
- Entonces, ¿qué lo consideras?
- Fue... agradable.
¿Agradable? Me sorprendí al escucharlo, y dí un paso hacia
ella, volviendo a mirar a sus ojos.
- ¿De verdad?
- Sí...
- ¿Fue... - Dije, volviendo a apartar la mirada - tu primera vez?
- Eh... Pues... - Respondió ella, y noté que también desviaba
la suya - Sí... ¿Y la tuya?
- Sí...
Pasaron unos segundos de silencio sin que nadie dijera nada, sólo los
dos quietos, mirando cada uno a un lado. Finalmente me forcé a hablar.
- Me... Me gustas mucho, Sacharissa.
- Gracias.
Me sentí repentinamente mal, y descubrí que tenía muchas
ganas de llorar. Las cosas iban a acabar mal, podía presentirlo, hubiera
pasado lo que hubiera pasado hacía unos días.
- Ojalá hubiera sido de otro modo - Dije, al cabo de unos segundos.
- ¿A qué te refieres?
- Más bonito, menos... De repente, y... - Traté de sonreir, sin
ganas - Que yo hubiera sido tu novio.
- ¿Crees que eso importa mucho?
Miré a Sacharissa sin comprender.
- ¿Qué sea tu novio o no? - Dije.
- Sí, no sé... Supongo que importan más los sentimientos,
¿no? ¿Crees que importa más acostarte con tu novio si no
lo sientes, que con un amigo si lo sientes?
¿Qué? Pero entonces, ella... ¿Qué sentía
por mí? Y... ¿Sentía o no algo hacia Stebbins? Di otro
paso hacia ella.
- Pero... ¿Tú qué sientes? - Dije.
- Pues... No lo sé. No estoy segura de nada ahora mismo.
Me quedé observándola unos segundos. Finalmente me decidí,
y me obligué a acercarme a su lado.
- Yo estoy seguro de algo... - Dije.
- ¿De qué?
Tratando de acumular valor sobre la marcha, me acerqué aún más
a ella, posé mis manos sobre sus hombros, y traté de besarla.
Ella se dejó hacer, por unos segundos, y de nuevo me olvidé de
todo al sentir sus labios contra los míos. Pero entonces se apartó
de repente.
- No, espera... - Dijo -. Mejor no.
La observé en silencio.
- Quiero... Quiero tener las cosas claras antes - Continuó -. No quiero
engañar a Stebbins.
- Ah... - Dije, sintiéndome tremendamente ridículo -. Bueno, yo...
- Pero... - Se apresuró a decir ella - Pero no es porque no me gustes.
Aparté la mirada, con aún más ganas de llorar.
- Trataré de... Dejarte espacio entonces. Para que te decidas... - Dije,
y la miré, sintiendo mis ojos húmedos - No quiero que sigamos
enfadados...
- A mí tampoco me gustaba... Me sentía algo sola.
- Bueno... Keith sigue estando ahí... Y yo también.
- Sí, bueno. Quizá... Será mejor que me vaya.
En ese momento recordé que había dejado a Zoro tumbado de mala
manera sobre mi cama, y me sentí bastante irresponsable.
- Yo... - Dije, levantando la cabeza - Yo también tendré que irme,
¿quieres... Que espere unos minutos para que bajes tú sola?
- Será mejor. Sino, si nos ven... Bueno, ya sabes cómo son los
rumores en este colegio.
Ninguno de los dos dijo nada más. Nos miramos a los ojos por última
vez y ella bajó las escaleras rápidamente, mientras yo la observaba
hasta perderla de vista. Me sentía muy triste, con la certeza absoluta
de que, si alguien tenía que elegir entre Stebbins y yo, sólo
Keith me elegiría a mí. Bueno, quizá Brian también.
Finalmente volví a mi habitación. Caminando despacio, a pesar
de las prisas.
Cuando llegué me sentí estúpido. Había dejado la
ventana abierta, y Zoro ya no estaba en mi cama. Me asomé a toda prisa,
pero no pude distinguir ninguna silueta en la oscuridad. Me sorprendí
a mí mismo esperando que no le pasara nada.
Cerré la ventana y volví a la cama. Esk seguía dormida,
como la había dejado, y lo único que quedaba de Zoro eran un par
de diminutas manchas oscuras en el lugar en que había apoyado la cabeza.
Examiné los cinco pergaminos que ya tenía en mi poder, pero, a
pesar de estar reunidos, seguían tan en blanco como siempre. Tan inútiles
como siempre. Volví a guardarlos sintiéndome inútil. Quizá
había tardado demasiado y ya no servían para nada. Me acosté
y traté de dormir, repasando el día.
Entre unas cosas y otras, apenas pegué ojo.
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6 Marzo, Domingo
Hacía ya algún tiempo que había rumores acerca de mi en el castillo. Tenía la esperanza de que al pasar un mes o asi, surgiría otro rumor que tapara el mio... pero parecía no ser asi. Tras aquel suceso en la sala común el último día que estuvimos en Hogsmeade había surgido el rumor de que yo era una chica fácil. Las chicas de mi habitación, y bueno, de medio castillo, me miraban y empezaban a reirse de manera insidiosa por lo bajo. Los chicos, algunos me miraban y sonreian, otros llegaban más allá y se me insinuaban. Incluso los había que afirmaban haberme "probado" y que confirmaban rotundamente los rumores. Empezaba a ser bastante desesperante y molesto, hasta tal punto que Sacharissa casi se pelea con uno en el comedor por ello. Incluso los prefectos de mi curso vinieron a hablar conmigo para aclararlo. Estuve tentada de contarles que posiblemente el que inició los rumores fue William, pero no quería meterme en más problemas, asi que les dije que todo era mentira, pero que posiblemente fuera alguien que me odiara, alguien de otra casa o algo...
Ese día por la mañana bajé a desayunar como de costumbre, pronto, para luego subir un rato a la biblioteca a estudiar, aunque fuese domingo, este año es duro. Al entrar al comedor un chico me guiñó un ojo, era ravenclaw y no le conocía de nada, pero bueno, eso en los últimos días era normal.
Desayuné sola y callada, no comí mucho pues no tenía apetito. Pero al salir, pasó algo que colmó el vaso... el mismo chico que me había guiñado el ojo, ahora se había atrevido a tocarme el culo. Por supuesto, me di la vuelta y le crucé la cara. Muy enfadada me fui a mi sala común a ver si encontraba al cretino de William, quisiera o no, me iba a escuchar, pero desgraciadamente no estaba allí. Subí a mi habitación a meterme en mi cama, no me apetecía estudiar. Estando tumbada me puse a pensar en como parar esto y se me ocurrió una idea. Asi que fui a buscar a Yashira y Sacharissa para que me ayudasen. Bajé corriendo hacia el gran comedor otra vez y allí encontré a Yashira.
- Yashira, ¡Hola! ¿que tal?.
- Bien, ¿y tu?.
- Pues bien, oye escucha, ¿Has visto a Sacharissa?.
- No... supongo que estará en su sala común, pero ella normalmente también sube a la biblioteca a estudiar sobre las 11.
- ¡Ah, genial!, vamos a la biblioteca a espararla que se me ha ocurrido una idea.
- ¿Que vas a hacer Ally?.
- Tu calla. Ya lo verás.
Subimos a la biblioteca y alli nos sentamos con un par de libros a espararla. Efectivamente al cabo de un rato apareció con el prefecto de su casa. Me levanté corriendo hacia ella y saqué a las dos chicas fuera.
- Chicas, se me ha ocurrido una idea para hacer callar los rumores del colegio y dar su merecido a William. ¿No dice que soy una chica fácil? Pues ya verá.
- ¿En serio?, haces bien. Ya te dije yo que se merecía una venganza por aquello que te hizo. -Dijo Sacharissa -.
- Y tanto. Pero vais a tener q ayudarme...
- ¿Nosotras? ¡Claro!, ¿Que tenemos que hacer?.
- Pues vereis... (susurros inaudibles)...
- ¡Uy! ¿y tu crees que funcionará? - Preguntó Yashira poco convencida -.
- Funcionará si sabes soltar esa bomba cerca de las personas adecuadas - Dijo Sacharissa con tono interesante -, y yo, las conozco.
- ¡Estupendo!, entonces antes de que aparezca la comida en las mesas lo haré.
El resto de la mañana estuvimos estudiando juntas hasta que llegó la hora de comer. Entonces bajé yo primero y luego ellas.
Al llegar me senté en mi mesa, como si nada, pero a los cinco minutos aparecieron ellas... me levanté para traerlas a mi mesa y "contarles una cosa".
Nos sentamos cerca de Melinda, en la mesa de Gryffindor, la chica que acosaba a Keith y justo enfrente de un par de chicas de mi habitación, dos de las chicas más cotillas de todo el colegio.
Entonces, comencé con mi explicación.
- Chicas, estoy muy preocupada.
- Ally, ¿Que te ocurre tia? - Preguntó Yashira con cara de angustia -.
- Pues vereis... el día que fuimos a Hogsmeade, bueno, ya sabeis lo que pasó, William, otro de los cazadores de mi equipo y yo... pues ya sabeis.
- Si bueno, pero eso ya lo sabemos - Dijo Sacharissa -.
- Ya, pero es que chicas, ¿cuanto hace de eso?.
- Pues veinte días más o menos - Echó Sacharissa la cuenta -.
- Exacto. Y se supone que el periodo tenía que haberme venido hace dos semanas. Chicas creo que tengo una falta. Y a las tres... ya sabeis lo que viene.
- ¿Que estás embarazada? - Dijo Yashira en un tono lo suficientemente alto como para que las personas que nosotras queriamos se dieran la vuelta y pegaran la oreja a nuestra conversación -.
- ¡Yashira tía! ¿Porque no lo publicas en el profeta ya de paso? ¡Dejala que termine! - La regañó Sacharissa -.
- Bueno, es una posibilidad, no utilizamos ninguna precaución, ni siquiera muggle... y a mi nunca me había pasado algo asi. Estoy muerta de miedo chicas.
Y ¡conseguido! en ese momento las alarmas de nuestras complices indirectas se dispararon y comenzaron a cuchichear con sus amigas. En ese momento sirvieron la comida y estuvimos comiendo en silencio. Pero aquella tarde, posiblemente medio colegio tendría otro rumor del que hablar.
Y parece ser que no me equivocaba... las chicas habían pasado de mirarme y reirse, a mirarme con cara de pena. Los chicos ya no parecían interesados en mi. Pero lo mejor de todo, era que el rumor, como suele pasar, había degenerado en algo parecido a: Él la dejó embarazada y ahora no quiere hacerse cargo... justo lo que yo quería. Era cuestión de tiempo que él agachara la cabeza y tuviera que venir a pedirme perdón.
Satisfecha de mi misma, subí hacia mi habitación a descansar. Las venganzas cansaban mucho. Entré en la sala común y como también es costumbre, mi hermano apareció y me abrazó.
- Ally, ¿Voy a ser tio?. - Preguntó sonriendo -.
- ¡Brian!, no digas tonterias.
- Es que me lo han dicho unos chicos de tercero. Me han dado la enhorabuena porque mi hermana iba a tener un bebe.
¡Vaya! no había contado con el factor familia...
- Eh... jeje, bueno... no es exactamente eso... esto... a ver, vamos a jugar a algo ¿vale?.
- Yo ya soy mayor para jugar Alyson... - Dijo poniendo voz ronca y estirandose mucho -.
- Ah claro, que se me olvidaba que tu ya eres mayor. Tienes casi 11. Entonces vamos a tener un secreto de hermanos, ¿De acuerdo?.
- Eso si.
- Bueno, pues a ver, vamos a tener el secreto de... a ver, mira, tu dices que si que vas a ser tio, pero en realidad no lo vas a ser. Lo dices, porque asi, serás el más mayor de todos. Aunque sea mentira, es un mentirijilla entre hermanos.
- Entonces... ¿No hay bebe?.
- No.
- Bueno, pero si es por parecer mas mayor si lo hago ¿eh?. Jolín, esta semana estoy de suerte, soy rico y encima soy más porque voy a ser tio - En esta última frase guiñó un ojo -.
- ¿Como que eres rico?.
- Si, tu amigo Peter me ha dado dinero.
- ¿Que ha hecho que?.
- Si, mira... - Dijo enseñandome unas pocas monedas -.
- Pero... ¿Porque?. Brian, no aceptes dinero de nadie, ni que fueramos pobres, además, si necesitas dinero pidemelo a mi. Aunque no sé para que lo quieres.
- Para comprar dulces.
- Y tu que te lo has creido.
- Además, no se lo pedí. Me lo gané.
- ¿Como que te lo ganaste?.
- Si... él me dijo que le dijera quién era la persona que le seguía por un pasillo. Una chica de su casa, asi morena.
- Que cosa más rara... bueno Brian, ya hablaré yo con él para que no te de dinero ni te encargue ningún trabajito de esos. Y como te vea con algún dulce te vas a enterar. Yo me voy a dormir. Que tengo sueño. Hasta mañana. - Le di un beso en la frente y me fui escaleras arriba -.
Al entrar en mi habitación las chicas estaban despiertas y se acercaron corriendo. Kate se acercó a abrazarme.
- Ally, para lo que quieras, estamos aquí.
Me quedé sorprendidisima... pero pensé que era una buena oportunidad para alimentar mas los rumores, asi que ni corta ni perezosa, les conté todo haciendo un poco de teatro. A medianoche, ya odiaban a William.
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10 de marzo, Jueves
Stebbins se acercó a mí a la hora del desayuno, y me susurró que Wilkes, el premio anual, quería hablar conmigo después de las clases del día en la entrada de la biblioteca. Le pregunté el por qué, pero me dijo que ya me enteraría, y que estaba muy emocionado, aunque llevaba serio varios días. Yo no me atrevía a contarle nada y mehabía distanciado de él. Suponía que estaría confuso, pero seguía sin saber que hacer, y más aún después del encontronazo con Peter en la torre. Hoy, jueves, la mañana sería aburrida. Historia de la magia, donde el profesor continuaba con su incesante charla que yo intentaba seguir sin dormirme y tomando apuntes que sabía que me costaría siglos mirar. Bueno, me conformaba con sacar un aprobado en los TIMO's ya que no la necesitaría para nada más adelante. En cambio, la siguiente clase, herbología, era absolutamente necesaria para mi futura profesión, aunque la odiaba con todas mis fuerzas. Tenía pensado en meterme en algo que tuviera que ver con pociones, por supuesto, probablemente en el ministerio de magia. Y después, pondría mi propia tienda. O eso esperaba... Por fin, después de encantamientos, la hora de comer. No tenía demasiada hambre, pero podría descansar un rato. Miré a Keith y Peter, que estaban en el otro extremo de la mesa, comiendo juntos, a Ally, rodeada de sus amigas que le ofrecían un montón de golosinas, probablemente debido a su embarazo fantasma, y a Yashira junto a Mark, que parecían muy acaramelados. Sentí la tentación de contárselo todo a ella, pero al fin de al cabo, no tenía que ver nada conmigo. Mark era un imbécil y pronto se daría cuenta. Además, le habían dado su merecido, Keith volvía a estar con Catherine y eso era lo importante. Y luego miré a Anthony, comiendo en silencio a mi lado, con un libro en las rodillas. Subió la mirada y me sonrió.
- Quiero tener claro este punto, estoy seguro de que saldrá en la clase de hoy de nuevo. Aritmancia es muy complicada, aunque seguro que a tí se te hubiera dado bien.
- No creo, los números son difíciles. - le respondí.
- Pero pociones también es básicamente números. Hay que recordar un montón de cosas.
- Pero es distinto, es más... obvio. Los ingredientes son fáciles de recordar, sólo tienes que saber para que sirven. Si quieres una poción para despertar, no vas a ponerle caléndula. Lógico. Y las cantidades también son obvias. Si son muchos ingredientes, pues poco de cada. Si son pocos, pues mucho. Casi siempre es a partes iguales.
- ¿Y el orden? ¿Y eso de dar vueltas a la derecha o a la izquierda? ¿ O los colores?
Me encogí de hombros. - Pequeños añadidos. No sé, no me cuesta recordarlo. Ojalá me pasase igual con otras asignaturas...
Seguimos charlando otro rato, hasta que nos despedimos en la puerta, quedando en vernos en defensa contra las artes oscuras. Me dió un beso, que yo no rechacé, y me fuí hacia los terrenos. Durante un rato me había olvidado de todo, y me sentía contenta de tener un novio, y de que fuera el prefecto, y de tener una charla con Wilkes, y de que el buen tiempo se acercara poco a poco, aunque tuvieramos los exámenes casi encima. Hasta que llegué a la casita de Hagrid y vi a Peter, claro. Entonces me acordé de nuestro encuentro y me puse un poco triste. Así que intenté atender todo lo posible, marcando en el libro las criaturas que el profesor Hagrid nos explicaba. No seguía un orden concreto, y las criaturas tendían a ser siempre un poco peligrosas, pero al menos podía encontrarlas para estudiarlas después, excepto en un par de ocasiones en las que nos había sorprendido. Pero claro, esas no aparecerían en los TIMO's, así que no me molestaba en anotarlas. Prefería al anterior, al profesor Kettleburn, que se tomaba su trabajo más en serio y desde luego no nos exponía a ciertos peligros, pero no podíamos hacer otra cosa que no fuera aguantarnos. Malfoy, un niño de Slytherin, de tercer año, cuya familia era bastante conocida y poderosa, había sido herido por un hipogrifo a principios de curso, y eso no había servido para echarle. Probablemente, tendría que morir alguien para ello. Ultimamente, por suerte para mí, no nos poníamos en parejas, así podía evitar a Peter lo suficiente.
Después, defensa contra las artes oscuras, con el profesor Lupin, que al menos era competente, no como Lockhart al que lo único que le importaba era su corte de pelo. Aunque claro, estudiar como evitar pequeñas maldiciones no era demasiado difícil. Tenía ganas de llegar a sexto de una vez para ver las maldiciones imperdonables. Por último, transformaciones. La profesora McGonagall intentaba no mostrar su clara preferencia por los Gryffindor, pero no siempre lo conseguía. Aunque teníamos suerte de no estar en el mismo curso que Potter, ya que, por lo que había oído a alumnos menores, le favorecía sin ningún tipo de pudor. Al fin llegaba el final del día y mi encuentro con Wilkes. Me despedí de Stebbins, que me miró orgulloso, y me dirigí hacia la biblioteca. Allí estaba, esperando apoyado contra la pared. Me situé a su lado, y me dijo que le siguiera. Nos fuimos a una zona apartada, lejos de miradas indiscretas, y comenzó a hablarme:
- Bueno, visto que tu relación con Stebbins es buena, y que me ha hablado muy bien de tí, estamos dispuestos a concederos a tí y a tus otros dos amigos la posibilidad de ir a una reuníon. A tu novio no le hace mucha gracia, pero creo que simplemente son rencillas y problemas de adolescentes, que se pasarán con el tiempo. Hay que aliarse con los tuyos, aunque a veces no sean a quienes más aprecias. Creo que no debo recordarte que actúes con discrección, y que recuerdes que somos un simple club extraescolar, si te preguntan por ello. Aunque no creo que suceda, ya que lo llevamos bastante en secreto. Por supuesto, nada de comentarselo a tus amigos de otras casas. ¿Que clase de relación guardas con ellos?
- Bueno, son sólo dos chicas.
- Ah, sí, la Gryffindor y la Hufflepuff.
- Sí. Somos amigas, pero no les cuento este tipo de cosas. Yashira ni siquiera sabe que volvemos a tener el reproductor. Supongo que ellas tampoco nos hablaran de ciertas cosas suyas.
- Está bien. La reunión será el último día del mes, en una habitación del séptimo piso.
- ¿Cual?
- No creo que la conozcas, así que nos veremos allí, donde las escaleras. Os llevaré la primera vez, pero luego será más seguro que aprendáis a ir solos. No podemos circular tantas personas juntas, sería sospechoso. Nos vemos, Plunkett.
- No me gustas que me llamen así.
- Ya, lo sé. ¿Pero no pretenderas tener ese mote durante el resto de tu vida, verdad? Puedo llamarte Sacharissa si lo prefieres.
- Bueno, sí. Lo prefiero.
- Entonces, tú llamame Karl. Nos vemos.
Me fui corriendo a la sala común, con la mochila golpeándome la espalda, y cuando llegué, le conté todo a Stebbins.
- Me alegro mucho, aunque preferiría que no fueran esos dos perdedores.
- No son unos perdedores. Son mis amigos.
- Algún día comprenderás que tienes que escoger bien a tus amigos. La mayoría de las veces, hay que deshacerse de aquellos que te impiden progresar.
- Pero Karl les considera aceptables.
- Él no les conoce tan bien como yo. ¿Karl? ¿Desde cuando le llamas por su nombre?
- Desde que él me dio permiso para ello.
- Oh. Entonces, ¿por qué a mí no me llamas Anthony? Se supone que estamos juntos, ¿no?
- Sí, claro. - la imagen de Peter sobre mí pasó por mi cabeza - pero me daba vergüenza.
- Bueno, pero desde ahora, llámame por mi nombre. Ahora, ve a contárselo a esos dos, lo estás deseando.
Me acerqué a Peter y Keith que estaban estudiando en una mesa cerca del fuego.
- Chicos, tengo una noticia. Wilkes, el premio anual, nos ha invitado a una de las reuniones en las que participan.
- ¿Qué clase de reuniones? - preguntó Keith distraído.
- ¿A tí que te parece?
- Oh, ya, sí, esa clase de reuniones. Oh, guay, encantado, sí. Pero irá Stebbins ¿verdad?
- Por supuesto.
- Entonces yo no iré - dijo Peter. - Ni siquiera me importan demasiado.
- Vamos - le contestó Keith - ¡tienes que venir! Será genial. ¡Aprenderemos cosas que no veremos en ninguna otra parte! Además, no pretenderás dejarme solo con el prefetillo.
- Pero es que no me llama demasiado la atención. Tanto molestar a los muggles... ¿no sería más divertido aprovecharse de ellos sin que lo supieran?
- Bueno, si venís - les corté - el día 31, donde las escaleras del séptimo piso.
- Creí que sería aquí - dijo Keith.
- Parece ser que nos llevan a un aula especial o algo así. Me voy. Voy a cenar y a estudiar otro rato. ¡Que os sea leve!
Me dí la vuelta y me fui con Stebbins de la sala común.
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Jueves, 17 Febrero
La sala estaba oscura, únicamente la tenue luz de una vela iluminaba a una figura, se encontraba apenas unos metros por delante de mí, tenia melena oscura y llevaba puesta una túnica negra. Snape se giró y me miró, clavo sus ojos en los míos y una sonora carcajada retumbo por todo el aula, mire a mi alrededor y me di cuenta de que estaba solo, sobre la mesa tenía un pergamino, forcé la vista para leer lo que había escrito en él.
"Calificación de los TIMO's"
Pociones - T
- ¡Keith!
Abrí los ojos sobresaltado dando un bote en el sofá, Sacharissa estaba sentada a mi lado, sobre la mesa teníamos un montón de libros y apuntes.
- ¿Cómo quieres que te enseñe Pociones si no me atiendes? - me replico Sacharissa
- Esto... si yo, claro que te estaba atendiendo - le dijo mientras ojeaba los pergaminos que tenia sobre mí para hacerme una idea de por donde íbamos.
- Ya claro - contesto ella - ¿Y bien?¿Cuantas vueltas tienes que darle y en que sentido?
-¿Vueltas?,¿Sentido?...Ummmm ¿3 Derecha?, no no, ¿2 Derecha y 1 izquierda? - respondí improvisando pero intentando poner cara de concentración
- ¡¡NO!! 1 a la Derecha y 2 a la Izquierda - me respondió - Si no me atiendes y no estudias no vas a conseguir la S en pociones que necesitas para ser Auror.
Agaché la cabeza evitando la mirada de Sacharissa. Llevaba una semana levantándome por las mañanas y quedando con Sacharissa para que me ayudase con pociones, pero aun así me parecía muy complicado, aunque ella insistía en que si me esforzaba conseguiría que Snape me aceptase para sus clases el año que viene.
- Bueno, bueno, es que estoy estresado, no me va a dar tiempo - le dije
- A ver, ya te resumí casi medio temario y lo demás ya veras que es muy sencillo. - intentó animarme Sacharissa
Agache la mirada y ojeé un pequeño montoncillo de pergaminos escritos por Sacharissa, donde me había escrito los pasos más habituales para hacer una poción y luego las pociones más importantes.
- Ya veras como con mi ayuda conseguiras la S que necesitas, pero si tu no te esfuerzas, yo no puedo hacer nada.
- Puff!!, a ver si tienes razón
Volvimos a coger los apuntes y Sacharissa siguió ayudándome a estudiar
hasta que los primeros alumnos comenzaron a bajar en dirección al Gran
Comedor. Esperamos a que Peter apareciese para ir nosotros también a
desayunar.
Al entrar en el Gran comedor, Peter y Sacharissa se fueron a sentar mientras que
yo me dirigí a la mesa de Ravenclaw, al acercarme vi a Kate que me miraba,
se levantó y se acercó hacia mi sonriente.
- Hola - dijo justo antes de darme un beso
- Hola - contesté - Me encanta cuando sonríes - le susurré
Ella agachó la cabeza y la apoyo en mi hombro, abrazándome.
- ¿Puedes quedar después de clase? - dijo ella - Tengo ganas de estar un rato contigo
- Si, vale. - respondí - Nos vemos donde siempre
- Esta bien - dijo soltándome dándome un beso
Kate se giró y volvió a su mesa, la seguí con la vista hasta que se sentó y uno de sus compañeros me impedía verla con claridad. Busqué a Sacharissa y Peter, y vi a este ultimo sentado solo en la mesa, me senté a su lado.
- ¿Dónde está Sacharissa? - le pregunté
- No lo sé, se levantó y sólo me dijo que venía en un momento - respondió Peter
- Bueno por lo menos no está con Stebbins - le dije señalando a la puerta por donde aparecía el prefectillo
- Bueno últimamente debe estar ocupado porque no nos molesta demasiado - dijo Peter
- Si, seguramente, tendrá más retretes que limpiar de los habituales - contesté sonriendo.
Cuando acabamos de desayunar apareció Sacharissa cargando con un montón de libros que había sacado de la biblioteca. Peter y yo la ayudamos a cargar con ellos durante los cambios de una clase a otra, parecía que ella se estaba tomando muy en serio el estudiar para los exámenes.
- Sacharissa... - comencé a decir
- Dime - respondió sin pararse de camino a Encantamientos
- ¿De verdad vas a necesitar todos estos libros para estudiar? - dije mirando incrédulo los cinco volúmenes con los que cargaba Peter
- Es que necesito sacar un poco de información de cada uno, y están muy solicitados con lo cual he tenido que sacarlos todos para no esperar colas...
- Pues por lo menos te podrían haber dado algo para llevarlos - dijo Peter intentando que no se le cayese ninguno al doblar la esquina
- Dejar de quejaros de una vez - dijo Sacharissa acerelando el paso y metiendose en el aula.
Cada hora que pasaba en clase me daba aun más cuenta de lo mucho que
tenía que estudiar aun, incluso en Encantamientos tenía dudas
y me comenzaba a estresar.
Cuando por fin salimos de clase de Transformaciones me sentí mucho mas
relajado, sabía que tenía que estudiar pero por lo menos ya no
eran los profesores los que me agobiaban. Me despedí de Sacharissa y Peter
quedando en verlos en la sala común más tarde. Al cruzar los jardines
en dirección al lago, distinguí la figura de Kate sentada bajo
la sombra de un árbol, me acerqué sin que ella se diese cuenta,
y la abracé por detrás apartando su cabello y besándole
el cuello.
- ¿Que tal el día? - le dije sentándome a su lado
- Bien - respondió secamente, clavando su vista en un trozo de pergamino que tenía en sus manos.
- ¿Que es eso? - pregunté señalando al pergamino
- Ah, una carta que me encontré hoy - dijo dándomela
Desdoble el trozo de pergamino y comencé a leer. A medida que leía la carta, más extraña me parecía pues no iba dirigida a ella, pero lo que de veras me aturdió fue ver la firma.
"Hola Melinda:
Tengo muchísimas ganas de pasar un poco más de tiempo a tu lado,
porque siempre me quedo con ganas de besarte un poco más. Hoy espero
verte después de estar con Catherine, pero ya sabes que en todo momento
yo lo único que hago es pensar en ti.
Te Quiero. ::Keith:: "
Me quede parado sin decir nada mirando la última línea del trozo de carta, la firma que estaba puesta era exactamente igual a la mía, pero yo estaba totalmente seguro de que nada tenía que ver con eso. Miré a Kate intentando explicarle que yo no había escrito eso, pero ella tenía la cabeza agachada evitándome.
- Es que ya estoy cansada... - dijo entregándome una pequeña caja
La cogí tembloroso, no tenía ni idea de lo que podía haber dentro, la abrí con cuidado y vi dentro de ella un montón de pergaminos, los saque y los ojee, eran todos muy parecidos al primero, todos firmados por mí, todos dirigidos a Melinda, no sabía como reaccionar, pero eso no era todo porque en el fondo de la caja había también varias fotografías en las que se distinguía claramente a Melinda al lado de alguien que era como yo.
- Kate... - comencé a decir - todo esto es mentira, yo nunca escribí estas cartas, ninguna de ellas, y las fotos... no soy yo. - dije convenciéndome a mí mismo
Ella se giró y me miró. Sentí como sus ojos me analizaban intentando averiguar si mis palabras eran ciertas o no.
- Durante este año me han estado llegando esas cartas, no supe bien que creer, al principio pensé que me engañabas, por eso lo deje contigo, pero con el paso del tiempo les deje de hacer caso, porque un día recibí una carta que decía que ibas a reunirte con ella y te seguí, pero fuiste a la biblioteca y estuviste allí todo el día. No sé quien me las envía pero ahora ya no les hago caso por eso te las enseño a ti.
- Te juro que yo nunca he escrito ninguna de estas cartas, aunque alguien quiere hacerte daño, porque la letra, incluso la firma son idénticas a las mías.
- Te creo - dijo abrazándome
Volví a leer las cartas y lo único que deduje de ellas es que todas estaban dirigidas a Melinda.
- Ven - dije levantándome
- ¿Que?¿A donde? - me dijo Kate incorporándose
- A intentar aclarar todo esto, lo primero será hablar con Melinda a ver si ella sabe algo.
Caminamos agarrados de la cintura, en dirección a la torre de Gryffindor a ver si veíamos por los alrededores a Melinda o alguna de sus amigas. Paseamos por los alrededores pero no estaba por allí. A los 15 minutos de dar vueltas, vi a alguien conocido.
- ¡Ey Yashira! - grité
Yashira se giró y me saludo acercándose a m
- Hola, ¿Qué tal? - dijo ella
- Bien, estamos buscando a Melinda, es que quiero hablar con ella
- Me..¿Melinda? - dijo Yashira sorprendida - ¿Pero para que la buscas?
- No es nada, ya te contaré - dije sin dar detalles - ¿Sabes donde esta?
- Esto... si, estaba hace un momento en la sala común - respondió - ¿Quieres que la avise?
- Sí, por favor, Muchas gracias
Yashira se alejó en busca de Melinda, mientras nosotros esperábamos en el pasillo a que apareciese. Al poco tiempo apareció ella sonriente, pero su expresión cambio completamente al ver a Kate, y vernos cogidos de la mano.
- ¡Hola! - me dijo, como si Catherine no estuviese delante. - Me dijeron que querías hablar conmigo.
- Si, es que quería que vieses esto - le dije enseñándole la carta
Melinda la cogió, mientras la leía esbozaba sonrisas, y me miraba disimuladamente.
- Esto no sé que decir - dijo - ¿De verás lo piensas?
- ¡¿Que?!, ¡No! - dije sorprendido - Esa carta se la encontró Kate, y quería saber si sabías algo sobre quien la escribió, porque también tenemos fotos y tu sales en ellas. - dije cogiendo alguna y enseñándoselas.
- Si, esta soy yo, y este eres tu ¿No? - dijo sonriéndome
- No ese no soy yo - respondí
- Ah yo pensaba... - dijo Melinda agachando la mirada tímidamente y moviendo el pie de un lado a otro
- ¡Melinda! deja de jugar y dime si sabes algo - le espeté
Ella clavó su mirada en la mía, luego observo de reojo a Catherine y le sonrió.
- No, no sé nada. - dijo guiñándome un ojo.
Melinda se giró y comenzó a subir las escaleras perdiéndose de vista.
- ¡Dios! no la aguanto - suspiré
- Bueno no pasa nada - dijo Catherine abrazándome - yo te creo a ti
Me pasé el resto del día paseando de un lado a otro con Catherine, no podía dejar de pensar en esas cartas, en las fotos, ¿quien las abría hecho?, ¿Quién era el chico de las fotos?, ¿De verdad Melinda no sabia nada?...
Al entrar en la sala común vi a Peter y Sacharissa aun ojeando libros, me
senté con ellos y les expliqué todo lo que había ocurrido.
Sacharissa me dijo que lo de las fotos no era tan complicado, y que existía
una poción que habíamos estudiado con lo que era posible, aunque
no creía que nadie la hubiese hecho pues los ingredientes eran bastante
difíciles de encontrar, y que lo de las cartas, seguramente hubiese un
conjuro para copiar firmas. Nos pasamos el tiempo debatiendo entre posibles
culpables, para Peter y mi el primero en la lista era Mr.Prefectillo, aunque
Sacharissa decía que Stebbins nunca caería tan bajo.
Al final decidimos que lo mejor sería que hablase con Yashira para que intentase
ella descubrir algo de Melinda, ya que los tres coincidíamos en que ella
ocultaba algo.
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23 de marzo, Miércoles
- Buenos días - me saludó Stebbins cuando llegué a desayunar. - ¿Has dormido bien?
- Sí - le contesté, dándole un beso. - ¿y tú?
- Bien también. Aunque con mucho sueño. Ayer me acosté un poco tarde, estuve hablando con Keith y Peter.
- ¿Sobre qué?
- Nada, cosas personales y alguna que otra tontería.
Seguimos comiendo, hasta que llegó el correo. Las lechuzas inundaron el Gran Comedor, y vi como una aterrizaba ante Peter, que puso cara de sorpresa. Cogió la carta, le dió un trozo de tostada a la lechuza y se puso a leer. Keith se asomaba por encima del hombro para leer él también, y luego le dió una palmada en el hombro y le dijo algo, a lo que Peter contestó encogiendo los hombros. Las clases de la mañana transcurrieron con la monotonía de siempre. Toneladas de deberes sobre encantamientos y hechizos, lo que significaría una tarde entera rebuscando en los libros del colegio, y si no había suerte, en los de la biblioteca. Y acostarse muy tarde. Muy muy tarde.
Hasta después de la comida, no pude hablar con Peter a solas. Los dos teníamos adivinación, y Keith y Stebbins estaban en Runas Antiguas. Antes de entrar en clase, le pregunté por la carta. Me la dio sin mucha importancia y la leí.
"Querido Peter:
Siento anunciarte que tu tío Horacio ha muerto durante la pasada madrugada.
Como posiblemente sabrás (o deberías saber), llevaba enfermo varios
años, así que el cese de su sufrimiento debería suponer
un alivio para tí al igual que para nosotros.
Si te escribo esta carta es porque es la costumbre familiar que todos los miembros
de la familia asistan a ciertos acontecimientos. Por este motivo, es obligación
tuya que acompañes al resto de la familia al funeral en su honor que
tendrá lugar en su mansión durante el día de mañana.
No te preocupes, ya hemos avisado a tus profesores para que te envíen
a casa durante esta tarde. Te estaremos esperando.
Un abrazo,
Tu padre.
PD: Trata de comportarte cuando estés ante el resto de la familia."
Vaya. Le miré y le dije que lo sentía, a lo que él contestó con el mismo encogimiento de hombros de esa mañana.
- Ni siquiera le conocía. Somos una familia muy numerosa y no creo que conozca a la mitad. Mi padre tiene un montón de hermanos.
- ¿Y cómo vas a salir del colegio?
- No lo sé. Luego tenemos pociones, así que será después. Podrías mañana... ¿cogerme los apuntes de cuidad de criaturas? Ya le he pedido a Keith que lo haga con lo demás.
- Claro que sí. Aunque si quieres te dejaré mis apuntes también. Tomaré notas extra.
- Muchas gracias. Keith es un buen amigo, pero sus apuntes no son precisamente la claridad hecha papel.
- Y que lo digas, no sé como puede leerlos él siquiera. Aunque bueno, como ya me he encargado yo de hacerle resúmenes de todo el temario de Pociones, será una asignatura menos que desencriptar.
- Por eso habrá cogido runas. Para enteder su letra.
Nos reímos, y entramos a clase. Nos sentamos en uno de los cojines del suelo, ante una mesita pequeña. La profesora Trewlany nos dijo que leyéramos el principio del nuevo capítulo ("El tarot: un arma de doble filo") y que intentásemos echarnos las cartas el uno al otro. Era una baraja grande, que no era de póker. Nos explicó que era una variante de la baraja española, que utilizaban los zíngaros desde hacía muchíssimos años, pero con algunas variaciones. Se le habían introducido los arcanos mayores del tarot de Marsella. También nos dijo que no debíamos fiarnos absolutamente de lo que ponía el libro y dejar un poco a nuestra intuición, ya que muchas veces el significado de las cartas venía dado según que otras cartas estuvieran cerca. Primero barajé yo y las corté en tres montoncitos y las volví a unir, con la mano izquierda, tal como decía el libro. Se las dí a Peter, que fue posándolas en la mesa. Miró el libro.
- Hum, según esto te vas a encontrar con una sorpresa inesperada... que te gustará... pero no será apropiado. E intentarás deshacerte de ello... Pero no podrás. ¿Es tu cumpleaños próximamente?
- Que vá. Si es en octubre. No sé a que se podrá referir.
- Se supone que es futuro, así que tampoco podrás saberlo hasta que ocurra. Te toca - me dijo, dándome la baraja. - sondea las profundidades de mi futuro, pero intenta no encontrar nada desagradable.
Cogí las cartas y las fui posando boca abajo, una a una. Luego las levanté.
- As de oros, rey de oros. Significa fortuna. ¿Te van a aumentar la paga o algo así?
- Probablemente será sólo que mañana mi padre me dará un par de gritos en el funeral, por no comportarme adecuadamente. Seré más rico en educación.
- Torre y Muerte. Significan... destrucción y cambio radical de vida - dije rápidamente al ver su cara - No que te vayas a morir.
- O también puede ser por lo de mi tío.
- Quizá.
En ese momento sonaron las campanas de Hogwarts señalando el final de la clase. Nos encaminamos hacia el aula de pociones, en las mazmorras. Allí estaban ya Keith y Stebbins, esperando cada uno lo más lejos posible del otro y odiándose en silencio. Nos separamos y entramos a clase. Me senté con Stebbins en primera fila y me concentré en la clase. Poco a poco las pociones iban siendo cada vez más complicadas, y había que prestar mucha atención si querías que fuera perfecta. Tras muchos años, había comprendido que algunas pociones salían mejor si usabas tu sentido común que si seguías el libro al pie de la letra.
Al terminar la clase y mientras Stebbins se iba a dejar los calderos en su sitio, vi como Peter se acercaba al profesor Snape, que le dijo que fuese a buscar lo que necesitase y pasase por su despacho. Habían abierto la chimenea de su despacho para que pudiese utilizar los polvos flu. Dio media vuelta y salió de la habitación. Poco después, cuando Stebbins y yo llegábamos a la sala común, él bajaba ya las escaleras. Stebbins se fue directo a la habitación, y Peter y yo nos quedamos un momento hablando.
- ¿Ya te vas?
- Sí.
- Oh. - Nos miramos un momento sin saber que decir. - Pues... ya nos vemos el viernes, ¿no?
- Claro. No me voy para siempre. - titubeó un segundo y me dio un beso a un lado de la frente, cerca del pelo. - Hasta luego.
Salió de la sala común y yo me senté en un sofá con un suspiro, mientras esperaba a Stebbins para hacer los deberes. Me había gustado el besito.Me había hecho sentir cómoda.
- ¿Por qué se va? - oí una voz a mi derecha. Miré y vi a una de mis compañeras de cuarto, Kingcrow, sentada en otro sofá leyendo un libro.
- Asuntos familiares - le contesté. - Tiene un funeral.
- Oh. Pues más vale que Stebbins no se entere de que te ha dado un beso. Estoy segura de que le molestaría. O que no se entere Vince, no vaya a ser que le vaya con el cuento.
- Bueno, gracias por el interés, pero creo que eso forma parte de mis asuntos.
- Está bien - dijo, sin dejar de leer.
Cuando al fin apareció Stebbins, nos fuimos a una de las mesas para comenzar los deberes. Estábamos en silencio, excepto por alguna pregunta sobre las asignaturas. Cuando ya casi había terminado todo, me levanté para estirarme. Stebbins también se levantó y me abrazó. Nos besamos, y me susurró que nos fueramos a su habitación, que podría hacer un hechizo silenciador alrededor de su cama y cerrar firmemente las cortinas. Me quedé parada. En la cama de Stebbins había sido donde Peter y yo... Pero no me atrevía a decírselo. Tenía que buscar una excusa más simple para intentar retrasar eso un poco más. Así que opté por una media verdad.
- Es qué... verás. ¿Te acuerdas el día en que nos encontrase a Peter y a mi en esa habitación, y yo estaba sobre tu cama, y tu llegaste, y me besaste, y yo me fui corriendo? - me miró con el ceño fruncido
- ¿El día que se te declaró?
- Sí. Pues es que, verás. Él, intentó... bueno, cuando me lo dije me besó y luego entraste tú y yo... y él... pero... y por eso n quiero ir allí ahora mismo, porque me acuerdo, y no me... ya sabes. - respondí.
- ¿Que te besó? ¡Cómo se atreve! Ahora mismo voy a buscarle. Y no se que voy a hacerle. ¡Por Merlín! Te juro que si pudiera, le iba a hechizar de una manera que no podría ni imaginarse.
Salió disparado hacia su dormitorio hecho una furia, y bajó al ver que no estaba. Me dijo que iba a buscarle por todo el castillo, y yo no pude ni decirle que no iba a encontrarle, porque se había ido.
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24 de Marzo, Jueves
El funeral de mi tío estaba siendo muy aburrido.
Mi familia se había reunido a la puerta del cementerio para tratar asuntos
privados, y me habían ordenado sentarme dentro, frente al ataud abierto
que contenía el cadáver de mi tío. Mientras lo miraba,
me fijé en que unos misteriosos ojos verdes me observaban desde detrás
del ataud.
- ¡Te he visto, Sally Kingcrow! - Grité, poniéndome en pie
y señalándola con mi mano derecha.
Mi compañera de clase se incorporó desde detrás de su escondite,
con la capucha de su túnica cubriendo su cabeza y oscureciendo su rostro.
- Te estoy siguiendo, Peter Starkey - Dijo ella con voz dulce, caminando hacia
mí.
- Eso ya lo he notado - Respondí, mientras ella llegaba a mi altura -.
¿Es que yo te gusto, Sally Kingcrow?
Ella agachó su cabeza y dejó escapar una risa tranquila.
- ¿Gustarme? - Dijo, divertida -. Vaya, lamento haberte provocado esa
impresión, pero se trata de un malentendido.
Introdujo su mano en su túnica y sacó una enorme guadaña
de su interior. Después, sin levantar la cabeza, señaló
en dirección al cadáver de mi tío.
- Siento lo de tu tío - Explicó -, pero era la única manera
de tenerte a mi alcance. Llevo siguiéndote mucho tiempo, Peter Starkey...
En ese momento levantó la cabeza de nuevo, y vi que su rostro se había
transformado en una calavera, de cuyas cuencas vacías salía un
intenso resplandor rojizo que pasó a alumbrar todo el cementerio.
- ¡Vengo a extraer tu alma de tu cuerpo, Peter Starkey! - Gritó,
al tiempo que alzaba su guadaña.
Traté de retroceder, pero era demasiado tarde. Pude observar cómo
la hoja de la guadaña describía un amplio arco en el aire antes
de descender sobre mí, partiendo mi cráneo en dos.
- ¡Ah! - Grité, mientras despertaba en mi cama.
Miré a mi alrededor,tardando un par de segundos en darme cuenta de que
estaba en la habitación de mi casa, en Londres. Me limpié el sudor
de la frente, respiré hondo, y traté de tranquilizarme mientras
recordaba lo que había pasado el día antes.
Para empezar, Pluhume, la lechuza de mi padre, me había entregado aquella
carta suya en la que me decía que mi tío Horacio había
muerto. No me había importado mucho, tampoco le conocía demasiado.
Más tarde recordé que era aquel que me había enviado una
túnica cuando comencé a estudiar en Hogwarts, túnica que
me quedaba enorme y seguía guardada en el fondo del armario. Así
que me había despedido de Sacharissa y Keith y había ido hasta el despacho
de Snape para ser enviado por polvos Flu a mi casa.
Snape me había dicho que había conocido a mi tío, que había
coincidido con él en Hogwarts, aunque mi tío era algo mayor que
él, y que era un buen estudiante. Después había utilizado
la chimenea de su despacho para llegar hasta mi casa, donde mi familia me estaba
esperando.
Y ahora teníamos que asistir al funeral, en casa de mi tío.
Bostecé, mientras observaba los primeros rayos de luz del amanecer entrar
por mi ventana. Comencé a recordar que la última vez que había
estado en mi casa había compartido aquella cama con Sacharissa durante una
noche entera, y sonreí, un poco triste. Finalmente me levanté
y me metí en la ducha, pensando mientras me duchaba en cómo habría
sido compartir con Sacharissa también la ducha.
Me vestí y bajé a desayunar, aunque el funeral no sería
hasta después de la hora de comer, así que decidí salir
a dar un paseo por el barrio para hacer tiempo. Compraría algunos frascos
de tinta y dulces para llevar a Hogwarts, observaría el sol antes de
que se cubriera de nubes, y en general disfrutaría de la tranquilidad
de los días laborables por la mañana.
Después de comer, mis padres y mi hermana comenzaron a prepararse para
el funeral.
- Ponte algo elegante - Me dijo mi madre, apresurada, mientras recogía
distraídamente la cocina con un par de giros de varita -. ¿Qué
te has traído del colegio?
- N-nada... - Respondí. Lo cierto es que había considerado que
no me haría falta cargar con nada, al fin y al cabo tenía ropa
de sobra en mi casa. Lo único que había guardado debajo de la
ropa que llevaba puesta eran los cinco pergaminos en blanco que me había
dedicado a buscar por Hogwarts. "Llévalos siempre contigo",
me había dicho quienquiera que fuera que me había pedido que los
buscara. Y, aunque pudiera ser una tontería, eso estaba haciendo.
- Eres un desastre - Dijo mi madre, dirigiéndose a su habitación
-. Anda, sube a tu cuarto y busca algo apropiado.
Subí las escaleras sin ganas, me quité la ropa que llevaba puesta
y abrí el armario. Después de mirar todas las prendas que había
y recordar por qué no había querido llevar esa ropa al colegio,
me puse unos pantalones negros, demasiado estrechos, con una camisa negra demasiado
larga. Me las apañé como pude para meter toda la camisa por dentro
del pantalón, mientras trataba de recordar algún hechizo que pudiera
servir para ajustar automáticamente la ropa a tu talla, y me miré
al espejo. Cuando me disponía a cerrar el armario, vi por casualidad
una caja con algunos complementos que mi madre me había comprado cuando
era más pequeño. Aparté unos tirantes y saqué una
pajarita verde esmeralda. Sonriendo, me la puse lo mejor que pude y observé
mi reflejo. En mi opinión, la pajarita verde le daba un aspecto mucho
más elegante al conjunto.
- También pareces uno de esos muñecos de ventrílocuo -
Le dije a mi reflejo en el espejo, y comencé a reirme de la tontería.
Salí de mi habitación, no sin antes guardar en el bolsillo de
la camisa los estúpidos pergaminos, y me crucé con mi padre mientras
bajábamos las escaleras.
- Pareces un fantoche - Dijo, con cara de abandonar la idea de que pudiera causarle
una buena impresión al resto de la familia -. ¿Y no piensas llevar
nada más?
- No hace frío... - Dije, encogiéndome de hombros.
Mi padre negó con la cabeza, murmuró algo, y se apresuro a llegar
a la cocina, mientras le seguía a toda prisa.
- Samantha, ¿ya está listo? - Le dijo a mi madre, mientras mi
hermana entraba en silencio tras nosotros.
- Claro que lo está - Respondió ella.
- ¿Listo el qué? - Pregunté, con curiosidad.
- El traslador que utilizaremos para llegar a la casa de tu tío.
Cuando mi madre se apartó, pude ver lo que parecía ser una lata
de alubias vacía sobre la encimera de la cocina. Así que utilizaríamos
un traslador. Y yo que creí que no haría falta hacer nada especial
para llegar.
- ¿Tan lejos está la casa del tío? - Pregunté.
- Su casa está en un barrio a varios kilómetros de la ciudad -
Respondió mi padre -. ¿Prefieres volar en escoba?
- ¿No podemos usar polvos flu? - Pregunté, esperanzado. Estaba
más acostumbrado a ellos, aunque tampoco les tuviera mucho aprecio. Mi
padre negó con la cabeza.
- Demasiada gente - Dijo -. Es mejor que nos transportemos a los jardines.
- ¿Los jardines? - Pregunté, pero mi padre me ignoró y
dijo que nos apresuráramos o seríamos los últimos en llegar.
Nos acercamos a la vieja lata, y la tocamos los cuatro a la vez. Justo un instante
antes de hacerlo decidí cerrar los ojos. Para mí, era la manera
más fácil de asimilar aparecer de repente en un sitio completamente
distinto. Con los ojos cerrados, casi toda la sensación extraña
se trasladó a mis pies. En un momento estaba pisando las duras baldosas
de la cocina, y al instante siguiente sentía bajo mis zapatos la suavidad
de un suelo cubierto de hierba. Abrí los ojos, y observé mi alrededor.
Habíamos aparecido en un trozo de campo, junto a una pequeña cabaña.
Por un instante se me ocurrió que aquella era la casa de mi tío,
pero allí había algo raro. Un muro bastante alto bordeaba uno
de los lados de la cabaña, y al asomarme al otro lado para ver hacia
donde continuaba pude observar que, antes de seguir, en el muro había
una gran puerta de hierro, tras cuyas rejas se podía ver un camino que
se perdía entre los árboles del exterior. Siguiendo con los ojos
el camino de piedra que atravesaba la descuidada hierba desde la puerta en el
muro, me giré y no pude evitar abrir la boca asombrado.
El camino de piedra continuaba durante un gran trecho, mientras a sus lados
crecían árboles y setos que necesitaban urgentemente ser podados.
Una gran fuente sin agua formaba una plazoleta a mitad de camino hacia la mansión
más grande que había visto en mi vida. Aunque algunos de los árboles
me tapaban parte de la vista, parecía haber unos tres pisos claramente
separados unos de otros, y probablemente otro piso en el tejado. O eso o el
desván más grande del mundo. Además, varias pequeñas
cúpulas se elevaban sobre el tejado de la mansión; mi primera
impresión fue ver tres de ellas, pero no estaba seguro de que pudiera
verlas todas. También podían verse varias chimeneas. Mientras
trataba de calcular las proporciones de la casa, mi padre se inclinó
junto a mí.
- Ya ves, a tu tío le iban las cosas algo mejor que a nosotros - Me susurró.
- Sí, y ahora está muerto - Dije, sin dejar de mostrar mi asombro.
Mi padre rió ligeramente ante mi comentario y me dió una palmada
en el hombro. No hacía falta fijarse mucho para darse cuenta de que a
mi padre la muerte de su hermano le importaba tanto como podía importarme
a mí.
- ¡Oh, al fin llegáis! - Exclamó una voz temblorosa a unos
metros de nosotros. Me giré y vi a un hombre calvo, delgado y de nariz
afilada que se acercaba apresuradamente por la hierba. me pareció que
se trataba de uno de mis tíos, aunque no recordaba cuándo le había
visto antes, si es que le había visto alguna vez en mi vida.
- Hola - Dijo mi padre, saludándole distraídamente -. ¿Ya
estáis todos?
- ¡Oh, sí! - Dijo mi presunto tío, sonriendo, y luego me
dirigió una mirada temblorosa -. ¡Vaya, como ha crecido el niño!
- Venga, vamos - Dijo mi padre, comenzando a caminar hacia la casa.
Traté de mantenerme junto a ellos durante el camino, mientras mi madre
y mi hermana se mantenían más rezagadas, y no me fijé demasiado
en la conversación que mantenían. Hablaban demasiado bajo, y no
parecían del todo cómodos por el hecho de que pudiera escucharles.
Cuando estábamos acercándonos a la entrada, pude ver una enorme
cúpula con aspecto de lechucería en un lateral de la mansión,
a la que se podía llegar por un pequeño camino.
- ¡Vaya! - Exclamé, deteniéndome -. ¡Si hasta tiene
una lechucería!
Mi tío Nariz-Afilada soltó una carcajada.
- ¿Tu tío una lechucería? - Dijo, riéndose -. ¡Si
odiaba las lechuzas!
- Un excéntrico... - Añadió mi padre, negando con la cabeza
lentamente en gesto de desaprobación.
- Pues eso de ahí es una lechucería... - Murmuré mientras
me quedaba atrás.
No hubo muchas presentaciones cuando entramos en la casa. Una gran cantidad
de Starkeys a los que como mucho recordaba vagamente haber visto en alguna reunión
familiar demasiados años atrás ya se encontraban allí,
y parecían esperar con aire impaciente. Me fijé en que los únicos
magos no adultos que parecía haber en toda la sala éramos mi hermana
y yo. También observé a un mago con anteojos, maletín y
gesto agobiado. Me pregunté quién sería, ya que era el
único que vestía de marrón en lugar de usar ropa oscura.
Mientras algunos familiares saludaban a mis padres, una anciana de pelo gris,
ojos claros, y dentadura inexistente se acercó encorvada hacia mi hermana
y yo. Su aspecto era idéntico a la descripción de las brujas que
había leído en algunos libros muggles. Antes de que pudiéramos
hacer nada por evitarlo, nos agarró un moflete a cada uno con una mano
y comenzó a zarandearnos.
- ¡Pero bueno! - Exclamó, con una sonrisa desagradable - ¡Qué
mayores sois ya! ¡Mis sobrinos-nietos!
Pude ver cómo mi hermana le lanzaba una mirada de auténtico odio
y le apartaba la mano de un manotazo. Mi tía-abuela Desdentada la ignoró
y se dirigió a mi padre, sin soltarme a mí.
- Vamos ya a ver al fiambre - Dijo, con tono autoritario. Después volvió
a sonreirme de ese modo desagradable antes de soltarme, se giró y caminó
hacia la habitación contigua.
Cuando entramos, pude ver que la sala había sido dispuesta a modo de
sala funeraria improvisada. Un ataud abierto se encontraba sobre una mesa al
fondo, rodeado por cuatro velas, y varias filas de asientos se encontraban ante
él. De todos modos, no parecía haber un lugar para que nadie oficiara
ninguna ceremonia.
Mientras nos acercábamos al cuerpo, pude ver a un pequeño ser
de orejas puntiagudas sollozando ruidosamente junto al ataud, ataviado con un
pequeño peto infantil con los restos de lo que un día había
sido una margarita bordada en el pecho.
- Fíjate, nuestro tío tenía un elfo doméstico -
Le dije a mi hermana, que caminaba a mi lado. Ella se limitó a mirar
a la criatura fijamente, con una mezcla de desprecio y lástima.
- Escucha - Dijo mi madre girándose hacia mí cuando llegamos a
la fila más adelantada de asientos -. Quédate aquí con
tu hermana mientras tu padre y yo nos acercamos para ver el cuerpo. Ella es
pequeña y no debe ver algo así.
Estaba de acuerdo. Cogí a mi hermana del hombro y la hice a un lado,
mirándole la cara. Ella frunció el ceño, dirigió
una mirada de enfado a la espalda de mi madre, y de repente me clavó
las uñas en el dorso de la mano, para zafarse y salir corriendo hacia
el ataud.
- ¡Espera! - Grité, lanzándome tras ella.
Sin embargo ella llegó junto a mis padres y se asomó hacia dentro,
mientras yo me acercaba detrás. Mi padre la cogió de un brazo
y la giró, zarandeándola. Pude ver una sonrisa de autocomplacencia
en la cara de mi hermana, a pesar de todo.
- Se me escapó... - Expliqué, mientras mis padres volvían
a los asientos con mi hermana.
Suspiré, y me giré de reojo hacia el lateral del ataud. El pequeño
elfo doméstico me observaba en silencio, con los ojos llenos de lágrimas,
interrogante.
- ¿Qué? - Dije, encogiéndome de hombros.
El elfo desvió su mirada de mi cara al ataud, y luego de nuevo hacia
mí. Supuse que quería que "presentase mis respetos"
al cuerpo, y me giré resignado para ver el cadáver.
Durante el siguiente segundo, grité con todas mis fuerzas, salté
hacia atrás, choqué con una de las cuatro velas del altar, y caí
al suelo de piedra, golpeándome la cabeza.
Cuando recobré la consciencia, la cara de mi madre apareció ante
mí.
- Ya está - Dijo en voz baja -. No sangras.
- Incluso tu hermana ha aguantado - Dijo mi padre a su lado, notablemente decepcionado
-. Quizá tú eres el que tenía que haberse quedado atrás.
Me llevé la mano a la cabeza, al parecer mi madre, o alguien, me había
curado alguna herida que me había hecho al caer, y ahora estábamos
todos sentados en los asientos mientras el hombre del maletín hablaba.
Sin embargo no podía entender qué estaba diciendo, ni dejar de
temblar mientras recordaba lo qué acababa de ver unos instantes antes.
No era la primera vez que veía al hombre que yacía en el ataud.
De hecho, lo había visto en un cuadro. Un cuadro de un hombre tumbado
en una cama. Un hombre sin pelo, con la piel chupada hacia el interior de su
cara. Un hombre muriéndose dentro de un cuadro, con su ojo derecho deformado,
con su ojo derecho, como el ojo izquierdo de Zoro, exageradamente grande y a
punto de salir de su órbita, un ojo sanguinoliento clavándose
en mí. El hombre del cuadro estaba muerto en el ataud que estaba frente
a mí. Mi tío. El hombre del cuadro era mi tío.
Rápidamente traté de asimilar aquello, pero me costaba pensar
con claridad. El hombre del cuadro era mi tío. Por lo tanto, Zoro era
el cuervo de mi tío. Mi tío, el mismo que me había enviado
su túnica para que la llevara al colegio, era quien se estaba comunicando
conmigo a través de un cuervo. Él era la voz en mi cabeza. Él
era... Él era quien me había pedido buscar los cinco pergaminos.
Los cinco pergaminos en blanco, cada uno con las siglas "H.S.". Y
esas siglas no querían decir "Hate Stebbins", claro que no.
Las siglas "H.S." querían decir "Horacio Starkey".
Porque se estaba muriendo, por eso quería que buscara los pergaminos.
Pero... Pero ¿para qué?
Una sospecha atravesó mi cabeza mientras mi padre se ponía en
pie.
- Pero repetimos que él no ha dejado testamento - Dijo mi padre, con
aire irritado -, así que ¿cómo nos repartimos sus posesiones?
- Su hermano, señor Starkey - Dijo el hombre del maletín -, me
envió instrucciones concretas el mismo día de su muerte en las
que decía que esperásemos por el testamento.
- ¿Y hasta cuándo propone usted esperar? - Dijo mi tío
Nariz-Afilada, notablemente irritado.
Varias voces de queja se unieron al asunto, mientras me llevaba la mano al bolsillo
de mi camisa. Sin ser demasiado consciente del mundo a mi alrededor mientras
lo hacía, saqué los cinco pergaminos de mi tío del bolsillo,
y los desdoblé ante mí. Sólo mi hermana parecía
prestarme atención, mirándome con ojos suspicaces.
El primer pergamino estaba en blanco. Con manos temblorosas, desdoblé
el segundo. En blanco. El corazón me dio un vuelco cuando desdoblé
el tercero y distinguí las palabras "Yo, Horacio Achille Starkey"
impresas en tinta negra y, unas líneas más adelante, y con una
intensa tinta verde, "Peter Starkey".
- ¡Aquí! - Grité, poniéndome en pie antes de ser
consciente de lo que hacía, y notando al instante cómo todas las
miradas de la sala se centraban en mí -. Creo que... Tengo el testamento.
Extendí el pergamino en el que había aparecido el testamento al
hombre del traje marrón, que se acercó y lo recogió antes
de volver a su lugar frente a toda la familia. Mientras el hombre leía
en silencio, me senté sin decir una palabra, sintiendo aún las
miradas fijas de toda mi familia.
- ¿De dónde diablos has sacado eso? - Susurró mi padre
con los dientes apretados, acercándose a mí.
- Bien, el testamento tiene el sello del que me había informado el fallecido
- Anunció el hombre del maletín, captando de nuevo la atención
de mis familiares -, así que puedo afirmar que es válido. A continuación
procederé a su lectura...
- Diga tan sólo quién es el heredero - Dijo mi padre, tras dedicarme
una mirada de sospecha. Algunas voces de impaciencia le siguieron.
- Ehm... - Dijo el hombre, un tanto ofendido por haber sido interrumpido, y
volviendo la vista al pergamino -. En resumen, dice... Bueno, que su sobrino...
Peter Starkey, en el día de hoy, hereda todos sus bienes, tanto su fortuna,
como su casa con todo lo que haya en ella, incluyendo los terrenos y a... A
Mêlée.
El hombre señaló al elfo doméstico, que al oir su nombre
alzó la mirada y sorbió sonoramente.
Me encogí en mi asiento mientras notaba como todas las miradas volvían
a clavarse en mí, de algún modo de manera más intensa que
antes. Mi padre me observaba con la boca entreabierta, sin poder esconder su
sorpresa.
- ¿El chico? - Exclamó mi tío Nariz-Afilada -. ¡Vamos!
¡Estará de broma!
- ¡Sí, ese chaval puede haber escrito ese documento él mismo!
- Gritó otro mago de la sala, poniéndose en pie.
El hombre del maletín negó con la cabeza.
- No - Dijo, alzando el testamento -. La descripción es exacta a la que
me dio el fallecido a la hora de contratarme. El pergamino, la tinta utilizada,
el membrete... Inluso la forma en que el heredero ha aparecido. Todo se me había
explicado.
Por unos instantes se hizo el silencio en la sala. Probablemente nadie esperaba
lo sucedido. Mucho menos yo, demasiado sorprendido como para tratar de asimilar
nada de lo que estaba pasando. Mi padre aún se limitaba a mirarme sin
dar crédito a sus ojos.
- ¡Pero si no importa! - Dijo de repente mi tía-abuela Desdentada,
acercándose a mí con su sonrisa desagradable -. ¿Para qué
quiere una casa tan grande un chico tan pequeño? Seguro que nos la das,
¿eh? ¿Eh?
Mientras observaba como la anciana se acercaba por el pasillo, de repente sacó
una varita roñosa de su manga y la agitó en el aire. Dí
un pequeño grito al elevarme repentinamente en el aire y aterrizar de
culo en el suelo, entre todos los asientos. Mi tía-abuela se acercaba
a mí con su sonrisa sin dientes, y lo mismo parecían hacer algunos
otros asistentes.
- ¡Sí! ¡Una casa vacía tan desaprovechada! - Gritó
mi tío Nariz-Afilada, posando una mano huesuda en mi brazo izquierdo.
- ¡Nosotros podríamos vivir aquí! - Dijo una voz a mis espaldas,
al tiempo que notaba como dos manos me agarraban por los hombros para ponerme
en pie.
- ¡Danos la casa! - Exclamó alguien un poco más allá.
- ¡Y no le diremos a nadie que te desmayaste al ver el cadáver!
- Chilló mi tía-abuela, riendo.
Comencé a negar en silencio con la cabeza. Esto era de locos. ¿Yo
único heredero de una fortuna tan grande que toda la familia estaba esperando
hincarle el diente? Pero ¿por qué?
De repente alguien apartó a la multitud de mi alrededor y me sujetó
por los hombros.
- ¡Dejadle en paz! - Dijo mi padre, junto a mí -. ¿No véis
que le estáis asustando?
Todo el mundo se calló de repente, con miradas suspicaces en sus rostros.
- ¿Qué somos, hienas? - Siguió mi padre -. Estaba claro
que Horacio haría alguna cosa rara al morir, ¿eh? ¿No nos
lo habíamos imaginado?
Más silencio en la sala.
- Os seré sincero, yo también había esperado sacar tajada
de todo esto, pero... ¿Qué se le va a hacer? Hay que saber perder,
¿no?
Por los rostros que me rodeaban, deduje que mucha gente opinaba que no hacía
falta saber perder si sabías ganar, aunque fuera haciendo trampas.
- Me alegra que hayan aclarado todo ésto - Dijo el hombre del maletín,
apareciendo repentinamente desde detrás de la multitud -, porque, si
me disculpan, tengo que hablar a solas con el heredero. Ya saben, para tratar
los asuntos legales.
Todo el mundo me observaba con miradas extremadamente serias. Giré la
cabeza hacia mi padre, quien me dio una palmada en el hombro para que caminara
hacia la puerta con el hombre del maletín.
- Adelante, hijo - Dijo -. La casa es tuya.
Entré en la sala de al lado para tratar "asuntos legales",
pensando en lo apretados que había tenido los dientes mi padre mientras
pronunciaba su última frase.
Al cabo de unos minutos salí de la habitación, para encontrarme
con que no quedaba rastro de nadie en la sala donde había tenido lugar
la lectura resumida del testamento. Me sorprendí al observar que tampoco
estaba el ataud por ninguna parte.
- Lo han enterrado... - Dijo una voz aguda tras de mí.
Me giré sobresaltado y vi a Mêlée, el pequeño elfo
doméstico, que me observaba con tristeza.
- ¿Qué? ¿Tan rápido? - Pregunté.
- Magia... - Dijo el elfo, bajando la cabeza -. Pero el amo Starkey se merecía
un buen funeral...
- Bueno, si todo está en orden, yo ya he terminado mi trabajo - Dijo
el hombre del maletín.
- Ah, sí, sí - Respondí - Ehm... ¿Le acompaño
a la salida?
Pero el mago ya había comenzado a caminar a toda prisa hacia la entrada
de la casa. Caminé tras él, y al salir al camino principal pude
observar cómo mis familiares, a lo lejos, utilizaban de nuevo trasladores
para volver a sus lugares de origen. Mis padres también estaban allí,
despidiéndose de todos. Preferí no acercarme, y ví como
el mago notario, o lo que fuera, se alejaba en dirección a la salida.
Mientras tanto, decidí inspeccionar un poco la zona, y me encaminé
hacia mi derecha, bordeando la enorme casa inexplorada y llegando a la lechucería
que me había parecido ver desde la entrada. Se trataba de un enorme recinto
circular de piedra con muchos adornos para tratarse de una simple lechucería.
No pude evitar asombrarme al echar un vistazo al interior.
- Vaya... - Murmuré -. Pues era verdad que mi tío no tenía
lechuzas.
La lechucería estaba llena de habitantes alados, pero ni uno de ellos
se asemejaba lo más mínimo a una lechuza. Todos eran cuervos.
Quizá llegasen a la centena, dado el tamaño del recinto. Por un
momento sentí un pequeño escalofrío, hasta que recordé
que, en lo que respectaba a cuervos, ya tenía que haber superado el miedo,
por fuerza.
De repenté noté una presión familiar en mi hombro derecho.
Rápidamente agarré entre mis manos el peso que sentía en
él y lo puse ante mí.
- ¡Zoro! - Dije al ver al inconfundible pájaro con su ojo rojizo.
Al instante supuse que aquel ojo debía haber sido aquella conexión
de la que mi tío había hablado. Mi tío podía ver
lo que Zoro veía, tumbado desde su cama, y, de algún modo, podía
hacer que Zoro emitiera sus pensamientos como si se tratase de una especie de
transistor cuando Zoro enfocaba ese ojo rojizo en los míos.
- ¡Pájaro! - Chilló Zoro, agitándose nerviosamente
entre mis manos. Parecía nervioso, pero me alegré de verlo. Muchas
cosas parecían encajar de repente, y eso me tranquilizaba. Claro que
aún quedaban unas cuantas preguntas, como qué pasaba con el resto
de los pergaminos o por qué mi tío había querido dejarme
a mí su fortuna, pero...
- ¿Al amo Starkey le gusta Zoro? - Dijo una voz a mi derecha, asustándome.
Me giré para ver a Mêlée, que me observaba, al parecer sorprendido
de que estuviera dedicándole pequeñas caricias a Zoro.
- El amo Starkey le había dicho a Mêlée que al amo Starkey
no le gustaban los cuervos... - Prosiguió, bajando la cabeza.
Solté a Zoro, que revoloteó torpemente para posarse en una de
las ventanas de la lechucería.
- Ehm... - Dije, sin saber cómo debía tratar al elfo doméstico
-. ¿Cuándo dices "el amo Starkey" a quién te
refieres, a mi tío o a mí?
- Oh - Dijo Mêlée, con los ojos muy abiertos -. Pues a los dos,
amo Starkey.
- Me cuesta seguirte entonces, Mêlée.
- El amo Starkey prefería que le llamase amo Horacio en la intimidad.
¿Quizá el amo Starkey prefiere que le llame amo Peter en la intimidad?
- Ah, pues... Sí, creo que será lo mejor.
- ¿Dejará el amo Peter que los cuervos se queden en la mansión?
- ¿Qué? - Dije, sorprendido -. ¿Por qué iba a echarles?
Viven ahí, ¿no?
Mêlée sonrió ligeramente, aparentemene aliviado. De repente
miró más allá de la puerta de la lechucería y su
expresión cambió.
- ¡El amo Peter debe escuchar! - Me susurró rápidamente
con voz asustada - ¡El amo Peter no puede dejar que su familia venga a
la mansión! ¡Nunca! ¡Bajo ningún concepto!
Y, dicho ésto, se esfumó en una nubecilla de humo. Antes de que
pudiera decir nada, escuché pisadas y me giré hacia la puerta,
para observar a mi padre, que entraba en ese momento en la lechucería.
- Ah - Dijo mi padre acercándose a mí, forzando una sonrisa -.
Bueno, todos se han ido, quedamos sólo tú y yo.
Me limité a mirarle sin decir nada.
- Vaya - Dijo, poniéndome una mano en el hombro y observando a su alrededor
-. Veo que has descubierto lo que creías que era la lechucería
de tu tío, ¿eh? Bueno, pues ya ves. Cuervos. Le encantaban. Decía
que eran más listos que las lechuzas, y más mágicos también.
Ya de pequeño siempre andaba por Hogwarts con su estúpido cuervo,
un tal... Zorro, o algo por el estilo. Su primer cuervo.
¿Qué? Aquello no tenía sentido, ¿cuánto vivía
un cuervo? Claro que siempre cabía posibilidad de que este fuera el segundo
"Zoro", o algo así. Al fin y al cabo, dos animales distintos
pueden tener el mismo nombre.
- Tienes que perdonarles - Prosiguió -. Estaban un tanto alterados por
llevarse una parte de la herencia. Pero bueno. Al final lo han entendido. Esto
es como un sorteo, y te ha tocado a tí. La casa es tuya.
- Y la fortuna... - Dije, en voz baja.
- Sí, claro, la fortuna también. Es una gran fortuna, y nadie
te la va a quitar. Supongo que ya has estado arreglando los asuntos para que
te transfieran el dinero de tu tío al banco, ¿eh?
Asentí con la cabeza.
- Nadie te lo va a quitar, por supuesto - Añadió mi padre, y prosiguió
al cabo de unos segundos -. Pero tienes que comprender una cosa... Tus tíos
no estaban del todo equivocados, al fin y al cabo tú vas a estar en Hogwarts
casi todo el año, la casa se va a desaprovechar.
Le miré, aún en silencio.
- Lo que quiero decir - Prosiguió - es que... Bueno, ya sabes cómo
es nuestra casa en la ciudad, ¿no? Sabrás que a mí me gustaría
tener algo mejor. Que me gustaría vivir en un sitio... Bueno, más
digno del nivel de nuestra familia, ¿verdad?
Asentí con la cabeza. Claro que sabía que a mi padre le gustaría
vivir con más lujos. No hacía más que quejarse de ello
en cuanto se le daba la oportunidad.
- Bueno, entonces supongo que no te importara que tu madre, tu hermana y yo
nos instalemos aquí, ¿no? Podríamos encargarnos de la casa,
y nuestro nivel de vida sería mejor.
Lo pensé un instante. Mêlée acababa de decirme que no debía
dejar que mi familia entrase en la casa bajo ningún concepto, pero ¿qué
daño podían hacer mis padres si vivían allí? En
mi opinión, el motivo por el que el elfo doméstico me había
dicho aquello habría sido que se había sentido intimidado por
el comportamiento agresivo de mis tíos. Probablemente sólo eso.
- Supongo que podéis venir, sí... Claro... - Contesté,
pensando en ello.
- ¡Genial! - Dijo mi padre, sin poder ocultar su entusiasmo -. Y... Bueno,
claro, por meros asuntos legales, si tu madre y yo vamos a vivir aquí...
Pues supongo que tendrás que cedernos el título de propiedad...
Ya sabes, sólo porque es lo correcto. Al fin y al cabo tú eres
demasiado joven, es más lógico que la casa pertenezca a un adulto...
- Espera un momento - Dije, un poco enojado al ver que toda la conversación
padre-hijo en la lechucería se trataba sólo de una conversación
por interés -. ¡La herencia me la dejó a mí! La fortuna
es mía.
Mi padre se puso serio de repente al escuchar mis palabras, aunque volvió
a mostrar su sonrisa forzada al cabo de unos segundos.
- Claro, claro - Dijo -. Pero si nadie te va a quitar la fortuna, tonto. La
tienes en el banco. Sólo hablo del título de propiedad de la casa.
Me dí cuenta de que, a la hora de reclamar la herencia, nadie se había
interesado por la fortuna, a pesar de ser, en mi opinión, incluso superior
al valor de la casa. La única cosa en la que todo el mundo estaba interesado
era la mansión de mi tío. Pero ¿por qué?
- Pero ¿qué tiene esta casa para que os interese tanto? - pregunté,
sin poder ocultar un ligero toque de desconfianza en mi pregunta.
- Nada - Dijo mi padre, borrando la sonrisa de repente -. No tiene nada. Sólo
es lo más sensato. Que yo tenga la casa. Que sea mía.
- P-pues no es tuya - Dije enfadado, sin darme cuenta de que me estaba enfrentando
a mi padre -. Resulta que es m-mía. Y... Y he cambiado de idea, creo
que es mejor que no vengáis si no estoy yo. ¡La casa es mía!
Mi padre me observó en silencio, notablemente sorprendido.
- En fin... - Murmuró finalmente, negando con la cabeza -. Tú
verás.
De repente alargó un brazo y agarró a un cuervo cercano del pescuezo,
tras lo cual lo preparó para entregar una carta y lo soltó bruscamente
en el aire.
- Bueno - Dijo secamente, mientras el cuervo se alejaba -. Creo que pensabas
volver a clase mañana, pero hemos decidido que no debes perder tantas
clases, así que... Acabo de enviar un aviso al colegio para que vuelvas
tras la cena. Hasta otra, hijo.
Mi padre se giró y se dirigió hacia la puerta, dejándome
sin palabras. Cuando estaba a punto de desaparecer, se detuvo un instante, rebuscó
en uno de sus bolsillos y me lanzó algo sin mirar siquiera. Lo cogí
en el aire por los pelos y lo examiné. Se trataba de un saquito de polvos
flu.
Salí corriendo de la lechucería y observé a mi padre mientras
se perdía de vista. Así que mis padres también... Todos
querían la casa. Todos menos yo, que era el que la había conseguido.
Y, por algún motivo, ahora no quería soltarla. Bueno, el motivo
tampoco era tan rebuscado: Jardines, fuentes, mi propia lechucería...
Había unos cuantos motivos, de hecho.
De repente, Mêlée apareció a mi lado.
- Muy bien, muy bien - Dijo, aliviado -. ¡Por un momento Mêlée
pensó que el amo Peter dejaría entrar a gente en la casa!
- Oye, Mêlée... - Dije, nervioso -. ¿Qué tiene de
especial esta casa? ¿Qué se supone que pasa con ella?
- ¡Oh, Mêlée no puede decirlo! ¡Mêlée
se lo prometió al amo Horacio!
- ¡Pero yo soy tu amo ahora! - Dije, girándome hacia el elfo doméstico.
- Mêlée hizo una promesa a su amo. ¡Una promesa especial!
- Espera, ¿te pasará algo malo si rompes la promesa?
El elfo doméstico se limitó a observarme. Por un instante me dio
la impresión de qué estaba pensando si debía decirme que
le pasaría algo malo o no. Suspiré.
- Pero entonces - Dije -, si no tengo ni idea de lo que esconde esta casa, ¿por
qué mi tío me ha nombrado su heredero?
- Pues por eso - Dijo Mêlée, complacido -. Porque el amo Peter
no tiene ni idea de lo que esconde esta casa, por eso debe ser su dueño.
Al oscurecer, Mêlée se ofreció a hacerme la cena para que
pudiera volver a Hogwarts, pero antes me enseñó parte de los terrenos.
Al parecer, mi tío le permitía cultivar verduras en un pequeño
huerto en uno de los jardindes de los terrenos, con lo cual casi nunca necesitaba
transportarse a la ciudad para hacer la compra. Por otro lado, el misterio del
entierro rápido de mi tío quedó resuelto cuando Mêlée
me enseñó una enorme cripta familiar, en otro de los jardines,
donde yacían los cuerpos de mis abuelos y, ahora, el de mi tío.
Al parecer quedaba bastante espacio en la cripta como para enterrar a la numerosa
familia Starkey al completo. Por un momento tuve la impresión de que
la persona que la había mandado construir esperaba verles morir a todos.
Observé al elfo doméstico mientras me cocinaba el plato que le
había pedido, unos huevos con patatas y bacon, y le dije que cenase conmigo.
No estaba seguro de que se tratase tanto de un gesto de amabilidad como de una
petición para no sentirme tan solo. Mientras comenzaba a comer, me di
cuenta de que Zoro estaba posado en el alfeizar de la ventana abierta y nos
observaba con una mezcla de curiosidad y confusión. Por un momento pensé
que debía de sentirse abrumado si antes compartía la mente en
todo momento con mi tío y de repente se encontraba solo.
- Eh, Mêlée - Dije. El elfo doméstico levantó la
vista de su plato -. ¿Crees que podría llevarme a Zoro a Hogwarts?
- Zoro es del amo Peter - Dijo Mêlée, un poco asustado -, así
que el amo Peter puede hacer con Zoro lo que quiera.
- Sólo quiero cuidarle - Dije, tratando de calmar al elfo -, parece un
poco confuso, y a lo mejor... Si se acostumbra a mí...
- Zoro puede ir volando a ver al amo Peter - Dijo, Mêlée.
- Vale... - Dije, y pensé en algunas cosas relativas a la casa -. Ehm...
Mêlée, creo que... Tengo... Bueno, órdenes para tí,
¿de acuerdo?
Mêlée se limitó de nuevo a mirarme.
- Verás - Expliqué -. Cuando me haya ido, quiero que salgas ahí
fuera, y... Bueno, que te encargues de esos trasladores que estarán tirados
por el jardín, ¿vale?
- Sé encargarme de la seguridad de la casa - Dijo Mêlée,
asintiendo con la cabeza.
- Bien... Y... Bueno, no sé, no sé si mi familia intentará
venir a la casa o no, pero... Bueno, quiero que, de vez en cuando, cojas algún
cuervo de... Bueno, de los míos, ejem, y que me escribas para contarme
qué tal van las cosas, ¿vale? ¿Sabes escribir?
Mêlée asintó despacio con la cabeza.
- Cada dos semanas, o así... Y... ¿Quieres que te escriba de vuelta?
De nuevo un asentimiento con la cabeza.
- Vale. Y dime cualquier cosa, si necesitas dinero para ir a comprar, o si...
En fin, no sé.
Continué comiendo mi cena sin saber de qué temas debía
hablar con un elfo doméstico. Finalmente probé uno.
- Ehm... ¿Mêlée? - Dije -. Cómo... Bueno, ¿cómo
era mi tío?
El elfo doméstico pareció entristecerse de repente.
- ¡El amo Horacio era el mejor amo que podría existir! - Dijo Mêlée,
entre sollozos.
- Vaya... - Dije, algo avergonzado -. Lo siento. Supongo que debí haberle
conocido.
- El amo Horacio decía que ha había dos Starkeys que no lo eran
mucho. El amo Horacio... Y el amo Peter.
- ¿Qué? ¿Que no lo eran mucho? ¿Que no eran mucho
qué?
- Que no eran muy Starkeys.
- ¿Qué? ¿Por eso me eligió? ¿Por ser como
él? ¿Un marginado?
- ¡El amo Horacio no era como el amo Peter! - Dijo Mêlée,
como quien dice algo muy obvio.
- ¿Ah, no?
- Claro que no. El amo Horacio sabía mucho de magia.
Volví a Hogwarts un rato después de la cena, cuando estuve más
o menos seguro de que Snape estaría esperándome en su despacho.
El hecho de aparecer a esas horas no me hacía ninguna gracia, pero no
tenía otra alternativa.
Tras ser guiado hasta una chimenea cerca de la cocina en la que había
cenado, me despedí de mi elfo doméstico y de Zoro y utilicé
los polvos flu con un poco de miedo.
- Ehm... ¿Despacho de Snape? - Dije.
Aunque por un momento temí aparecer en algún lugar extraño,
al instante aparecí en el despacho de mi jefe de casa, quien me estaba
esperando con su habitual amabilidad.
- Señor Starkey, no creo que estas sean horas de viajar al colegio.
- Lo siento, profesor Snape - Dije, resignado, y caminando, aún con mi
traje del entierro, hacia la puerta.
- Un momento, señor Starkey - Dijo Snape a mi espalda -. Hace algunas
semanas me dijo que quería dar algunas clases extra de Pociones, ¿verdad?
- Sí, profesor Snape - Dije, girándome.
- Bueno... ¿Y por qué quiere dar esas clases?
- Pues... - Respondí, tratando de pensar en algo. Lo cierto es que en
el momento lo había dicho por decir -. Porque me he dado cuenta de que
las pociones pueden ser muy útiles en la vida para lograr tus propósitos,
y... Bueno, porque quiero sacar una buena nota en los TIMO's.
Snape permaneció en silencio unos segundos.
- De acuerdo - Dijo, finalmente -. Veremos si se puede hacer algo con usted,
señor Starkey. Mañana tras las clases de la tarde le espero en
mi despacho para la primera clase extra, y ya le iré informando de cuándo
le daré las siguientes, si considero que de verdad realiza algún
progreso.
- Gracias, profesor Snape - Dije, algo nervioso.
- Ahora vaya y acuéstese, ya debería estar en su cuarto.
Salí del despacho de Snape y me apresuré a llegar a la Sala Común
de Slytherin, y al dormitorio masculino de quinto curso. Mientras me desnudaba
para entrar en mi cama, tuve por un momento la sensación de que alguien
murmuraba entre dientes algún tipo de amenaza, pero cuando presté
atención no vi que ninguno de mis compañeros estuviera despierto.
Pensé en cómo habían terminado las cosas, para darme cuenta
de qué quizá ni siquiera habían terminado. Al fin y al
cabo, aún quedaban cuatro pergaminos en blanco, y no tenía ni
idea de por qué la casa de mi tío era tan importante. Tremendamente
cansado, me introduje en la cama y me di cuenta de verdad, por primera vez,
de algo sorprendente.
- Madre mía - Murmuré -. Si soy rico
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28 de marzo, Lunes
Habían pasado ya más de 15 días desde que lancé aquel rumor y los amigos de William no habían hecho más que perseguirme pidiendome que hablara con él, pero yo lo evitaba, aunque me temo que no podría hacerlo por mucho tiempo, asi que resolví que esa misma tarde iría yo a hablar con él y aclararlo todo.
En la mañana, cuando bajé a la sala común los prefectos de mi casa se acercaron para preguntaba por mi situación.
- Ally, ¿Como te encuentras? - Me preguntó ella -.
- Bueno, bien, pero no os preocupeis por mi.
- Verás, este rumor está empezando a extenderse bastante y sería todo un escándalo para el colegio. Antes de tener que hablar con la profesora Sprout, creemos que es mejor hablar contigo - dijo Cedric -, ¿Son ciertos los rumores que dicen que estás esperando un bebe?.
En ese momento me di cuenta que tendría que contar la verdad, o al menos en parte.
- Vereis, esto..., bueno, jeje - empecé a ponerme algo nerviosa -, en realidad yo, ¿Como podeís pensar eso de mi? - parece que ambos suspiraron -, no estoy esperando nada, ¡NO HE HECHO NADA!.
- ¿Entonces los rumores a que vienen? -Me preguntó ella acercandose y susurrando -.
- Pues a ver, Cedric, tu sabes lo mal que nos llevamos el señor Shiring y yo. - Asintió con la cabeza -. Pues el otro día digamos que se puso especialmente pesado y machito, él comenzó un rumor falso sobre mí y yo comencé otro.
- Y ha acabado siendo la pescadilla que se muerde la cola - Dijo él con un tono algo enfadado -.
- Ya bueno, lo sé, estoy muy arrepentida, no creía que fuera tanto.
- ¿Un embarazo en una institución como Hogwarts? - Dijo un poco más cabreado -.
- Aunque reconozco que se la has jugado buena - Dijo ella sonriendo - creo que debeís acabar con ello los dos y que no se vuelva a repetir, porque sino tendremos que informar a la profesora Sprout.
- Tranquilos, que esta misma tarde hablo con él y lo arreglamos.
- Bueno, y espero que esto no influya en vuestra eficacia de juego - Dijo Cedric mientras se alejaban -.
Bueno, pues ya está, definitivamente tenía que hablar con él. Pero eso sería después de las clases.
Bajé a desayunar y busqué a las chicas para hablar un rato con ellas. Nos sentamos en la mesa de Hufflepuff porque a Sacharissa no la apetecía estar con los Gryffindor.
- Bueno chicas, voy a hablar con William. - Las dije -.
- ¿Y que piensas decirle?. - Preguntó Yashira -.
- Pues no sé, pero posiblemente sea él el que diga, porque me lleva buscando desde que lanzamos el rumor.
- Se lo merecía por abusivo. - Dijo Sacharissa sirviendose zumo de calabaza -.
- Si, se lo merecía, pero es que hoy han venido a hablar los prefectos de mi casa conmigo y tampoco quiero que me expulsen.
- Bueno si, tambíen es verdad, pero dale su merecido - Me dijo Sacharissa señalandole y salpicandonos de gachas -.
- Cuidado tía. Bueno chicas, yo me voy que tengo defensa contra las artes oscuras y quiero coger un buen sitio. - Nos dijo Yashira levantandose -.
- Bueno, hasta luego. Yo esperaré a que Sacharissa se termine sus gachas - Dije mirandola -.
- Si mujer, ya acabo.
- Por cierto, ¿Y Peter?, hace mucho que no le veo y tengo que hablar con él.
- Murió su tío, fue al funeral y llegó hace unos días ya... pero no sé donde estará.
- ¡oh pobre!.
- No, apenas le conocía. Bueno vamos, que llegamos tarde.
Las clases transcurrieron tranquilas, sobre todo historia de la magia, donde los ronquidos de los alumnos no parecían molestar al profesor.
Por fin llegó la última clase, y yo estaba hecha un manojo de nervios porque pronto tendría que hablar con William. Entré en la clase y vi a Keith. Me hizo señas con la mano y me senté con él.
- Ally, dichosos los ojos. Llevo siglos buscandote.
- Vaya, eso ultimamente no es novedad para mi - Dije hablandome más a mi misma que a él -.
- ¿Como?, bueno, es igual. ¿ESTAS ESPERANDO UN HIJO?.
- Jajajaja, ¿tu también?.
- No, yo no, eres tú. ¿O es que es mío?.
- Claro, Keith, magia superavanzada ¿no?. Me refiero a que tu también me lo preguntas.
- ¡Ah! que alivio, ya pensaba... bueno, entonces ¿Que ocurre?.
- Pues a ver, no estoy embarazada, es solo un rumor - Y le conté todo el lío con William y las chicas desde el principio -.
- Vaya, esa es buena. Ya me veía eligiendo patucos.
- Jejeje, no, tu tranquilo, y vamos a estar a la clase que me gustaría aprobar esta asignatura.
Cuando la clase terminó me despedí de Keith y fui derecha a la sala común. Entré despacio y busqué a William. No estaba, alivio. Esperé sentada con Kate hasta que llegó. Miré a Kate y se dió por aludida, asi que se subió hacia las habitaciones.
- Hola Ally - Dijo sonrojado -.
- Hola William, sientate por favor.
- Verás, esto... siento lo que pasó aquella noche, pero por favor, desmiente el rumor, me están haciendo la vida imposible.
- Eso deberías haberlo pensado antes de lanzar tú aquel rumor sobre mí.
- ¿Que rumor?.
- ¡Ah! ¿Ya te has olvidado?. Tu dijiste que si yo era una chica fácil, que si me habías hecho esto y que si me habías hecho lo de más allá.
- Pero... bueno, pero es que mis amigos preguntaron y no iba a decir que no pasó nada, tengo una reputación que mantener.
- ME IMPORTA UN CUERNO DE DRAGÓN TU REPUTACIÓN.
- ¡Ah claro! ¿Y tu qué?, TU NO ERES UNA SANTA.
- TE LO MERECÍAS, POR ESTÚPIDO.
- Vete a comer tragababosas niñata. Me han hecho la vida imposible ¿sabes?.
- No me importa - Dije poniendome digna -.
En ese momento me cogió de los hombros y hacinedo que le mirara. Le miré con los ojos abiertos, asustada.
- MIRA GUAPITA, ¡HAN MANDADO HASTA CARTAS A MIS PADRES!. Por supuesto son anonimas y no les han hecho caso, pero ya estás desmintiendo el rumor.
- Habertelo pensado antes de lanzar tu uno.
- Es que me pones cuando te enfadas.
- -Le miré con cara de asco -. Eres un cretino. Mira, yo voy a desmentir el rumor, pero espero no tener que volver a escucharte en la vida.
- Tranquila, que será un placer para mí. Buenas noches. - Y se subió corriendo hacia su habitación -.
Yo me quedé un rato en la sala común para tranquilizarme. Estuve haciendo deberes y ayudando a Brian con los suyos, el pobre, es el único que se preocupa por mi, tendré que comprarle dulces.
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30 de marzo, miércoles
Bajé las escaleras que llevaban a nuestra habitación hacia la sala común. Abajo, me esperaba Stebbins, que me saludó con la mano y me cogio en el último escalón en volandas para posarme en el suelo.
- Hoy es un día importante - me dijo, pasándome un brazo por la cintura y dándome un beso. - Hoy es la reunión. Seguro que estará bien. Aunque no creo que aún os cuenten las cosas realmente interesantes.
- ¿Y eso?
- Hay que tomarse las cosas con calma para que salgan bien. ¿Vamos a desayunar?
- Sí, me apetece mucho comer tostadas hoy.
Salimos de la mano y nos sentamos en el comedor. Durante el desayuno, se portó de manera muy cariñosa conmigo, untándome incluso una de las tostadas y sirviéndome el café. Normalmente era amable, pero ese día se estaba superando a si mismo. Supuse que le haría más ilusión de la que pensaba el hecho de que participara en sus cosas, aunque sabía que no le gustaba mucho el que Peter y Keith vinieran también. Nos fuimos a clase e intentamos atender todo lo posible, pero Stebbins no paraba de mirarme y de sonreirme, diciéndome cosas al oído. Después del agotamiento de subir escaleras de un lado para otro, nos sentamos en el comedor de nuevo para la hora de la comida.
En un momento que miré a Stebbins, me dí cuenta de que estaba más pálido de lo normal.
- ¿Qué te pasa? - le pregunté - ¿Te encuentras bien?
- Oh, si, bueno, es sólo que me duele un poco la cabeza.
- ¿Seguro que es sólo eso? Quizá es mejor que no vengas a clase por la tarde y descanses.
- No sé, necesito los apuntes. Además no me gusta faltar a clase.
- No te preocupes por eso, ya te los cojo yo. Siempre vas, eres el prefecto. No creo que te digan nada si vas a la señora Pomfrey para que te de algo.
Se quedó un rato pensando y al fin me contestó.
- De acuerdo. Díselo a los profesores, ¿vale? Y en cuento puedas comentale a Starkey y a Parker lo de esta noche.
- Está bien. No te preocupes. Ponte bueno enseguida.
Me di oun beso y salió de la habitación. Yo terminé de comer y me fui hacia el aula de adivinación, que quedaba en la otra punta del colegio, en la torre. Subir siete pisos no es ninguna tontería, así que fui despacito y cuando llegué me senté al lado de las escaleras para recobrar el aliento. Saqué un libro y me puse a leer. Al poco rato llegó Peter, y me puse de pie para comentarle lo de esa noche.
- Pero a ver, entonces ¿tenemos que esperar aquí? ¿Justo aquí a que venga Wilkes?
- No, no en esta escalera, en la de allá. - le dije señalando la que había en el otro extremo.
- Ajá, vale. Pues... ehm... ¿qué tal el día?
- Normal. Aunque Anthony se ha puesto malo y se ha tenido que ir a la enfermería. Pasaré a verlo luego.
- Oh.
Nos quedamos callados el resto del tiempo hasta que la profesora Trewlaney nos abrió la escotilla para pasar a la clase. Durante la clase estuve pensando en la reacción tan extraña que había tenido Stebbins respecto a lo de Peter. Había salido como un loco a buscarle por todo el castillo, y obviamente no le había encontrado porque ya se había ido a casa de su tío. Pero cuando le vio el día siguiente y los posteriores, tampoco le había dicho nada. Ni a mí. Yo había pensado que se enfadaría conmigo, pero simplemente habia pensado que yo era demasiado buena y no había querido pararle los pies antes porque me daba pena. En realidad, a mi me gustaba estar con Stebbins, y salir con él, además de las ventajas que me daba el que fuera prefecto y ver como Vince rabiaba y se sentía celosa. Peter era un encanto, pero no sabía si estar juntos funcionaría. Le había dicho hacía ya tiempo que necesitaba pensar las cosas, pero cada vez estaba más segura de que tenía que olvidarme de él y centrarme en Stebbins. Había sido muy bonito, y la verdad es que me daba un no se qué cuando le veía, pero no podía dedicarme a engañar a Stebbins y tampoco creía que fuese justo para Peter que estuviera con los dos a la vez.
Después de la clase, bajamos hasta el aula de pociones, donde nos encontramos con Keith. Él se puso a hablar con Peter y se sentaron juntos detrás de mí. El profesor Snape nos dijo que haríamos la solución endurecedora.
- Esta es una poción algo complicada. Ha de cocerse durante varios días, así que la prepararemos hoy y el viernes la terminaremos. - Se acercó lentamente a nuestras mesas y dijo - Starkey, ya que me ha pedido usted ayuda para esta asignatura, le recomiendo que, aprovechando la ausencia de Stebbins, haga usted los ejercicios de hoy con Plunket. Ella se encargará de supervisar lo que está haciendo. ¿Les parece bien?
Los dos afirmamos con la cabeza y él cogió sus cosas y las metió en el caldero para ponerse a mi lado.
- Bueno, dije casi sin mirarle. - Las instrucciones están en la pizarra. ¿Qué es lo primero que tienes que hacer?
- Eh... - se puso a colocar las cosas - pues calentar agua durante cinco minutos a fuego fuerte. La mitad del caldero.
- Pues bueno, a ello.
- Usa piro y aqua - dijo Keith por detrás.
- ¿De qué estás hablando? - me di la vuelta y miré a Keith - esos hechizos no existen.
- Claro que sí, están en el libro que me regalaste, que también te habla de los hechizos extranjeros más comunes. Tienes que coger la varita con suavidad, porque cuanto más presiones con más fuerza salen los hechizos.
A continuación hizo un giro sencillo con su varita y dijo 'Aqua', y el agua salió de la punta de ella hacia el caldero. Luego, apuntando hacia el hueco que había debajo del caldero donde había que encender el fuego, dijo 'Piro' y un pequeño fuego naranja apareción.
- Ya verás, prueba tú. Es fácil.
Los dos lo intentamos, y aunque el agua me salió a más presión de la debida, salpicándome, y el fuego de Peter parecía un pequeño lanzallamas, los dos conseguimos hacerlo bastante bien.
- Bueno, - le dije a Peter - ahora tienes que poner unas gotas de sangre de salamandra. Pero no demasiada porque es venenosa y hay que tener mucho cuidado. Ahora, hay que añadir el ingrediente principal. Coge la raíz de botro. Pélala. - Peter se puso a pelarla con un cuchillo poco afilado, y se le estaba quedando toda la raíz en la piel, así que le presté mi pequeño pelador para que le quedara bien. - Ahora, en taquitos. Tienes que cortarla no demasiado grande para que cuando hierva suelte bien todo el jugo y puedas aplastarla con facilidad. Pero antes, tienes que poner un poco de polvo de margarita para que la raíz no flote y se vaya al fondo. - Peter iba haciendo todo lo que yo le decía, y apuntándolo al lado, con cara de estar un poco agobiado.
- Y... se vaya... al fondo... Ya está. ¿Y ahora qué?
- Pues meter los taquitos y aplastarlo todo bien. Tienes que hacerlo muy muy bien, hata que sea una pasta de color amarillo brillante y revolver de vez en cuando. Esto nos llevará un rato, así que ponte a ello.
Estuvimos mezclando las cosas durante media hora, sin decir nada. Cuando terminamos, Snape nos dijo que lo apartásemos a un lado y nos pusiésemos a leer el capítulo dedicado a las soluciones que cambiaban las características de una persona, entre las que estaba la solución que estábamos preparando. Nos dictó también unos apuntes extra , y cuando terminó la clase doble, salimos.
Fui a la enfermería a ver como se encontraba Stebbins. Al llegar, la señora Pomfrey me dijo que Stebbins ya se había ido y que le había mandado a reposar a la habitación, así que me fui a la sala común y entré en su cuarto. Estaba tumbado en la cama con las cortinas echadas. Las abrí y me senté a su lado.
- ¿Cómo te encuentras?
- Bien, ya estoy mejor. El remedio que me han dado ya me ha hecho efecto.
- Bueno, entonces, ¿quieres estudiar un rato?
- No, aún no. Acércate un poco más.
Me acerqué y me cogió, haciendo que me tumbara a su lado. Comenzamos a besarnos y justo cuando dirigió su mano hacia mis piernas, entró Peter con Keith. Stebbins les dijo:
- Vaya. Podíais haber esperado un rato para entrar.
- No creo que a tí te hagan falta más de dos minutos - le dijo Keith.
- Por lo menos mi novia no anda liándose con todos los tíos que hay en el colegio.
- ¡Retira eso! - le gritó - tu no tienes ni idea, prefetillo de mierda.
- Oh, no claro, ni idea. Hay rumores, ¿sabes? De que esa chica es un poco... ligera de cascos.
- Dejadlo ya - les dije poniéndome de pie. Tendríamos que empezar a llevarnos bien. Esta noche tenemos que reunirnos todos juntos, así que mejor comportaos de una vez. Yo me voy abajo. Quiero estudiar un poco antes de la cena.
Salí de la habitación y me puse a repasar Herbología. Stebbins se vino conmigo, aunqué no estudió nada, sino simplemente se quedó mirando al fuego y jugueteando con su colgante. Más tarde, bajamos a cenar. Keith estaba un poco enfadado aún por lo que le había dicho Stebbins y nada más llegar al comedor se puso a hablar con Catherine y a besarla sólo para demostrar lo bien que estaba con ella.
Tras comer todo lo despacio posible, y cuando el comedor ya se estaba vaciando, nos pusimos en pie y subimos las escaleras hacia el punto de reunión. Cuando llegamos, Keith y Peter ya estaban allí. Peter nos echó una breve mirada, pero me bastó para ver que no tenía buena cara. Al poco tiempo, llegó Wilkes, que nos condujo hasta un pasillo. Allí, delante de una pared aparentemente vacía, pasó tres veces de un lado hacia otro y apareció una puerta. La abrió y nos invitó a pasar. La habitación parecía un cuarto de la época victoriana, con una gran alfombra y una pequeña chimenea encendida que no sabía a donde podía dar. Nos sentamos en unos sofás de color carmesí con unos rebordes de madera. En la habitación había otras cuatro personas desconocidas que Wilkes nos presentó: Golpalott y Maddock de sexto, Kneen y Corner de séptimo.
- Creo que todos sabemos por qué estamos aquí y que no será necesario mencionarlo en voz alta. Aquí hay que tener mucho cuidado con lo que se dice y preferiría que no habláseis de ellos entre vosotros a no ser que sea lejos de aquí o por canales seguros. Quinto es el primer año en el que dejamos entrar a gente aquí. No suele venir mucha gente cada curso, pero este año podemos contar por segunda vez con una chica. Se os ha mirado mucho antes de que llegáseis aquí e incluso alguno de vosotros podrá presidir esto en un futuro. Pero aún no está nada decidido. Confiamos lo suficiente en vosotros como para dejaros entrar, pero quiero que penséis bien en ello. Dentro de unos días, os daremos unos papeles que debéis guardar y leer cuando estéis a solas y contestar. Yo los recogeré cuando crea conveniente. Antes de contestar pensáoslo bien, ya que una vez dentro, no se puede salir. Estamos haciendo algo muy importante, aunque aún no alcanzáis a comprender cuanto. ¿Alguna pregunta?
Nos miramos sin saber que decir. Al resto se les veía como si ya hubieran oído ese discurso otras veces, y a Stebbins bastante relajado. Me reacomodé y esperé.
- Muy bien, entonces se terminó la reunión.
- ¿Ya? - preguntó Keith
- ¿Qué esperabas, Parker? - le contestó con voz paciente.
- No, es sólo que me esperaba algo más... no sé. Algo más de acción.
Todos se rieron al unísono.
- Tranquilo, creo que no tendremos que esperar mucho para la acción. Bueno, pues la próxima vez que queráis entrar aquí tan sólo tenéis que pasar tres veces por delante de la pared pensando en esta sala y aparecerá la puerta.
- ¿Pero tres veces de un lado a otro, o seis, tres veces de lado a lado? - preguntó Peter distraídamente.
- Sólo tres veces. - le miró extrañado Wilkes. - Creo que ya podéis iros. Nos mantendremos en contacto. Stebbins, tu quédate.
Nos despedimos y salimos. Peter le dijo a Keith que por qué no se quedaban por allí arriba dando una vuelta, ya que aún no era demasiado tarde, así que yo bajé sola. Entré en la sala común y fui a mi cuarto a por algo para estudiar. Estuve un rato esperando en la mesa, intentando concentrarme, para ver si llegaba alguien. Pero después de un tiemp, empecé a tener sueño, así que decidí irme a la cama. Cuando ya me estaba metiendo en la cama, las cortinas de la cama de mi derecha se corrieron y se asomó la cabeza de Kingcrow.
- ¿Ha llegado ya Starkey?
- No. Aún no. ¿Por qué?
- Curiosidad. Buenas noches.
Me pregunté que podría querer. Pero bueno. Seguro que no era nada.