10 de Junio, Viernes
- Miércoles
1, Encantamientos
Al fin el primer examen. Las puertas del gran comedor estaban cerradas y todos
esperábamos impacientes su apertura para sentarnos en las mesas y comenzar.
Cuando por fin llegaron los examinadores y pudimos echar un vistazo a la
habitación, nos encontramos con un montón de mesas y sillas individuales
situadas por todas partes, apuntando hacia la mesa principal de los profesores.
Nos sentamos cada uno en un sitio escogido al azar y esperamos aún más. A mi
derecha estaba Stebbins y delante de mí, Peter y Sally. Detrás de Stebbins se
había sentado Keith, y mirando un poco por encima pude ver a Ally y Yashira
sentadas cerca de sus compañeros de casa. Íbamos a empezar y yo aún no
conseguía deshacerme de los nervios. Jugueteaba con la pluma, miraba al cielo,
buscaba marcas en el pupitre... Por fin, nos pusieron los exámenes delante y
cuando ya todos estaban repartidos, nos dijeron que podíamos comenzar. Le di la
vuelta y miré las primeras preguntas con ansia. No parecía excesivamente
complejo, pero había algunas preguntas en las que tendría que pararme un buen
rato, así que me puse a escribir sin perder tiempo.
Por la tarde nos tocaba el examen práctico que consistió en algunos ejercicios
que habíamos practicado a lo largo del curso. Entrábamos en la sala de varios
en varios, tantos como examinadores había, y lanzábamos hechizos una y otra vez
haciendo lo que nos pedían. Cuando terminamos, cenamos apresuradamente y
volvimos a la sala común a repasar. Casi no habíamos hablado en todo el día,
excepto para algunos ¿Qué tal? y similares. La gente seguía concentrada y no
quería perder ni un solo segundo de repaso, así que después de un rato, nos
fuimos agotados a la cama a esperar al día siguiente.
- Jueves 2, Transformaciones
Después de llevar un rato sentados escribiendo en el examen de la mañana, una
chica de Hufflepuff se levantó a toda prisa y salió corriendo por el pasillo
hacia las puertas. La profesora Sprout la paró y se quedó hablando con ella un
momento, probablemente para preguntarle que qué estaba haciendo, pero la chica
parecía tener mucha prisa en salir del aula, así que la profesora la dejó ir.
Se acercó a los examinadores para comentárselo y vi como ponían caras de extrañeza,
pero asentían con la cabeza. Cuando ya estábamos acercándonos a la mesa para
dejar los exámenes, vimos como la chica volvía y se sentaba en su pupitre como
si no hubiera pasado nada e intentaba seguir con su examen, pero parecía no ser
capaz de escribir nada. No tuve ocasión de cruzarme con Ally para preguntarle
si sabía algo, así que nos quedamos con la duda durante un buen tiempo.
- Viernes 3, Herbología
Sólo necesitaba una A en ese examen, pero me preocupaba más que
- Sábado 4, Defensa contra las artes oscuras
Nunca sabré por qué, pero en general, a los Slytherin se nos da bien el campo
de las artes oscuras, lo cual siempre ha jugado mucho en nuestra contra, pero
eso se hacía una ventaja antes los exámenes de Defensa. Todo parecía fácil y
obvio, y nos gustaría que nos hubiesen enseñado muchas más cosas que las que
aparecían en el temario, pero los profesores, con Dumbledore a la cabeza,
siempre se habían decantado por algo un poco más ligero, sobre todo ahora que
estábamos en tiempos tranquilos. Al menos ese año habíamos tenido un profesor
muy decente, con lo que no me costó mucho resolver el examen. El día anterior
tampoco había repasado demasiado, pero sabía que no haría falta. Parecía que
los examinadores tampoco tenían mucha intención de que conociésemos mucho sobre
esa clase de magia, así que aún fue más fácil. Después de la comida y del
examen práctico mucha gente decidió no repasar más e irse a los terrenos del
castillo, sobre todo junto al lago o al linde con el bosque prohibido para
tomar un poco el sol, que ya empezaba a calentar. Además, los exámenes más
importantes excepto pociones ya habían pasado y se notaba en el ambiente, mucho
más distendido en la sala común que una semana antes. Los chicos más pequeños
habían decidido dejarse ver de nuevo después de haber desaparecido tras unos
pocos incidentes en los que acababan con las bocas selladas o completamente
petrificados en el suelo. Se movían con cautela e intentaban esquivar a
cualquiera que vieran con un libro en la mano, hablando bajito de sus propios y
simples exámenes.
Me pasé el resto de la tarde hablando con Stebbins o con Keith, que aparecía y
desaparecía de la sala común en dirección a las habitaciones para luego volver
a salir y entrar al cabo de un rato con comida, dando vueltas y hablando con
todo el mundo. Supuse que estaría un poco alterado, ya que su ambición era
conseguir una S en prácticamente todas las asignaturas. Por la ventana también
vi a Peter con Sally, paseando de la mano, así que cerré la ventana de un
manotazo e intenté pensar en otra cosa. A pesar de que al día siguiente
estaríamos libres, nos fuimos a la cama pronto, agotados.
- Domingo 5
Me levanté muy tarde con lo que el desayuno ya había acabado, así que me dirigí
hacia las cocinas en busca de algo de comer. Los elfos domésticos me dieron un
montón de cosas distintas, así que me guardé unas cuantas para compartirlas con
Keith, que seguía engullendo todo lo que se le ponía por delante. Pasé el resto
de la mañana con Stebbins, metidos en la cama y dormitando a ratos hasta la
hora de comer, en la que Keith se acercó corriendo para decirme que había
quedado con todos por la tarde en el campo de Quidditch para hablar un rato,
así que más tarde me dirigí hacia allí. Estaban todos sentados en los bancos,
incluída Sally, por lo que arrugué el ceño. Ella no debería pertenecer a
nuestro grupo, no nos gustaba a nadie salvo, por supuesto, a Peter, que parecía
hacer, encantado, todo lo que ella le dijera. En los últimos días habíamos
cruzado unas cuantas miradas, pero las suyas siempre parecían desviarse
demasiado rápido y redirigirse hacia Sally. Me senté lo más alejada de ella de
lo posible, junto a Ally, y miré hacia el campo. Keith estaba corriendo
alrededor de él, sin la túnica ni el jersey, con la camisa salida por fuera y
la corbata a medio deshacer. Me dijeorn que llevaba así por lo menos diez
minutos ya, y que según él, le ayudaba a concentrarse y a desestresar. Siguió
corriendo otro rato más hasta que vino al banco a tirarse, sudando y respirando
fuertemente. Era extraño, ya que no podía recordar una sola vez en la que le
hubiera visto mostrar un mínimo interés hacia el deporte. Según él no le hacía
falta ya que tenía una constitución "perfecta". Seguimos allí el
resto de la tarde comentando los exámenes, y luego nos fuimos cada uno a su
sala común.
- Lunes 6, Pociones
Éste era el examen para el que menos nerviosa estaba, de hecho, tenía bastantes
ganas de ponerme a ello para que pasase otro largo día. La parte teórica de por
la mañana fue sencilla, sin ninguna novedad ni nada inesperado. Por la tarde,
en cambio, se podía ver la gente que tenía idea de lo que estaba haciendo y la
que no. Algunos calderos, que aunque no llegaron a explotar, se derritieron,
hicieron que los examinadores estuvieran más pendientes de arreglar los
desastres que de atender a la gente para que no copiase, así que vi un par de
veces a Pronscuit sacar unas hojitas de debajo de la manga de la túnica y observarlas
atentamente. Estaban escritas con una letra tan pequeña que incluso a una corta
distancia eran complicadas de descifrar. Como para una práctica así se
necesitaba tiempo nos habían hecho entrar a todos juntos, como si fuera un
examen teórico, pero las pociones a realizar eran distintas para cada grupo.
Realicé la poción con tranquilidad e intentando hacerla lo mejor posible y me
senté a esperar a que hirviese, echando un vistazo alrededor. Había gente
nerviosa, gente agobiada, gente mirando a su caldero y a los ingredientes sin
saber por donde empezar y gente concentrada, trabajando a toda prisa. Peter
parecía haber mejorado mucho, casi no titubeaba al escoger las cosas y hacer lo
que hiciese falta con ellas, probablemente gracias a esas clases extra con
Snape y, quizás, las de Sally. Sabía que al menos, no sería gracias a mí. Era
una pena, yo podría haberle enseñado mucho más que esa Kingcrow.
- Martes 7, Cuidado de criaturas mágicas
Las asignaturas optativas sólo tenían examen práctico, así que tenía libre toda
la mañana para repasar mientras otros hacían el examen de Estudios muggles. No
tenía ni idea cómo podría ser un examen práctico de esa asignatura. Quizá les
pondrían un montón de calbes y de chufes para que los conectaran y encendieran esas
máquinas extrañas que utilizaban los muggles en vez de la magia. Me entretuve
repasando los animales más extraños del libro, los que pocas veces solían
aparecer en los exámenes. No me preocupaba demasiado la asignatura, así que
también pasé un buen rato mirando por encima del hombro los libros de Runas de
Stebbins, que se dedicaba a traducir pasajes aleatoriamente sacados del libro
una y otra vez. Después de comer nos fuimos hacia el examen que en vez de en el
gran comedor se hacía en los terrenos, al aire libre, por seguridad. Sería
bastante peligroso que algunas de las criaturas se perdiesen por el castillo y
cualquier niño de primero se las encontrase. Hicimos cuatro ejercicios bastante
complejos que básicamente consistían en saber diferenciar a los animales de
objetos a los que se parecían y de alimentarlos sin hacerles enfadar, así como
dejar que se tocasen y fuesen dóciles. Yo nunca había tenido mucha mano para
esos bichos, así que casi todos se dejaron hacer con bastante recelo. Ni
siquiera podría conseguir que una rana se estuviese quieta durante cinco
minutos en mi mano, aún dándole moscas y otra clase de bichos.
- Miércoles 8, Astronomía, Adivinación
Debido a que el examen práctico de astronomía tenía que ser forzosamente por la
noche, alguien había decidido hacía muchos años que tener una tarde libre era
un desperdicio, así que la había rellenado con una de las optativas,
Adivinación. Los alumnos de Runas, como Keith o Stebbins, estaban de suerte, ya
que podrían dormir un rato de cara a la noche, y probablemente les saldría
mucho mejor. Astronomía siempre había sido una asignatura sencilla y
entretenida, con lo que el examen no fue muy difícil, así que dejé que mi mente
se preocupase más de Adivinación que otra cosa. No creía demasiado en esa asignatura,
pero las otras optativas me disgustaban aún más, así que esa fue mi primera
opción, pero me alegraba que a partir de ese año pudiera quitármela de encima.
La profesora Trewlaney era una agorera y siempre veía a la muerte en todas
partes, incluso en los sitios más insospechados. Me preguntaba en que
consistiría el examen. Podría ser cualquier cosa que hubiéramos tocado antes,
como leer las hojas del té, interpretar los sueños, echar las cartas... Mi
favorita era echar las cartas, ya que al haber un número limitado de cartas,
con aprenderse los significados y luego echarle un poco de cuento, todo estaba
solucionado. Se rumoreaba que los examinadores del tribunal tampoco eran
grandes fans de Adivinación, con lo que era bastante fácil de aprobar.
Al llegar la tarde y dirigirme hacia el examen, que era individual, me quedé
esperando a la puerta por mi turno. Iba justo después de Peter, así que nos
cruzamos a la salida. Pensé en preguntarle que tal, pensé en preguntarle como
le había ido, pero al final lo único que salió de mi boca fue un "¿Qué te
han preguntado?" a lo que Peter respondió con una mala mirada, me llamó
interesada y se fue de malos modos. Suspiré, resignada, y entré en el aula. Me
pidieron que interpretara los sueños de un miembro del tribunal y yo intenté
recordar todo lo que pude y ser misteriosa, para salir al cabo de diez minutos
con la sensación de que no tenía idea de como me había ido.
Al llegar la noche, nos dirigimos a lo alto de la torre de astronomía para el
examen práctico. Después de mirar un rato con nuestros telescopios al cielo y
apuntar en los pergaminos las posiciones de planetas, estrellas, y de calcular
órbitas nos fuimos a la cama en silencio, esperando que, al fin, llegase el
último día de los exámenes.
- Jueves 9, Historia de la magia
Por suerte, la desventaja de adivinación se suplía ahora de sobra con la
ventaja que suponía tener toda la mañana libre para repasar historia de la
magia, una de las asignaturas más detestadas por gran parte del alumnado,
aunque útil para ciertos trabajos o para gente con mucho tiempo libre y sin
amigos, que pudiese dedicarle todas las horas del día que quisieran. La
historia de la magia era, en realidad, muy antigua, con lo que todos los
conocimientos que habíamos ido adquiriendo a lo largo de los años se habían
juntado ahora en un terrible examen, que podía durar horas, dependiendo de todo
lo que hubieses estudiado. A mí me dio para tres pergaminos, y aunque pareciese
mucho, en realidad no lo era. Vi como Stebbins rellenaba cinco con facilidad,
pero para mi sorpresa, fue Keith el que parecía no tener fin. Escribía un
pergamino tras otro, con letra apretada, como si quisiese resumir 4.000 años de
historia en el espacio más pequeño posible. Todos salimos, y él seguía ahí,
escribiendo. El profesor Snape tuvo que acercarse a él para decirle que ya
estaba bien, que el tiempo había acabado y que debía entregar el examen. Oímos
como Keith protestaba, pero entregaba el pergamino. Al salir, nos comentó que
le hubiera dado para escribir mucho más, pero que creía que sacaría buena nota
de todas maneras. Le miré extrañada, pero no dije nada. Al instante, salió
corriendo por las grandes puertas del castillo hacia el lago gritando,
¡libertad, como te he echado de menos! Otro curso se acababa.
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10 de Junio, Viernes
- Miércoles
1, Encantamientos
Me desperté tras una noche inquieta de dar vueltas en la cama, envuelto en
sudor. Al fin había llegado, por suerte o por desgracia, el primer día de los
exámenes. Y me despertaba con tiempo de sobra, por suerte.
Abrí las cortinas de mi cama y vi a Keith, vistiendo sólo los pantalones de su
pijama, haciendo sentadillas ante mí.
- Esto... ¿Buenos días? - Dije.
- ¡Hola, Peter! - Dijo él, sin parar -. ¿Preparado para los exámenes?
- Eso espero - Dije, estirándome -. Y tú... Ehm... ¿Estás nervioso o qué?
- ¡No mucho! - Dijo él -. Encantamientos es lo mío, ya lo sabes. Además, que
voy muy seguro, si hasta me he levantado pronto para repasar.
- ¿Para repasar? - Dije, mirándole extrañado mientras no dejaba de moverse -.
Y... Esto... ¿Qué repasas exactamente?
- Ah, ya terminé el repaso hace horas... Después decidí que me apetecía hacer
algo de ejercicio, pero no iba a salir a correr bajo la luna, ¿no?
- ¿Qué? ¿Hace horas? La... ¿La luna? Pero Keith, ¿estás bien? ¿Seguro que
puedes con los nervios?
- Perfectamente - Dijo él, acercándose al armario y cogiendo algo de ropa -.
¡Venga, a ver quién llega antes a las duchas, y después a desayunar fuerte, que
lo necesitamos! - Dicho lo cual salió corriendo de la habitación sin
preocuparse de su indumentaria.
Me quedé mirando a la puerta sin terminar de despertarme y le seguí lentamente.
Ni siquiera se habían levantado aún nuestros compañeros, así que me llevé los
libros para repasar un poco en algún momento. Keith llevaba unos días
comportándose de una manera un tanto extraña. Lo cierto es que estaba
estudiando demasiado para lo que solía tenernos acostumbrados. O, más que
demasiado, era que de repente parecía memorizar las cosas en unos pocos
minutos. Y luego parecía ser víctima de los nervios, y no paraba en todo el
día.
El día transcurrió más rápidamente de lo esperado, realizando por la mañana el
examen teórico de Encantamientos, y el práctico por la tarde. Me sentí
satisfecho cuando terminamos, no tenía la impresión de haber destacado pero
todo había ido bien, desde luego mucho mejor de lo que pensaba que me iría unos
cuantos meses atrás. Sally también parecía satisfecha, aunque insistió en que
no debíamos confiarnos y en que sería mejor que dedicáramos el resto del día a
repasar.
- Jueves 2, Transformaciones
Una chica pareció sucumbir a los nervios durante el examen teórico de
Transformaciones, y terminó abandonando el aula durante un buen rato. La charla
de la profesora y los examinadores al respecto llamó mi atención lo suficiente
como para que intentase escuchar, hasta que me pareció ver algo por el rabillo
del ojo. Me giré un poco a mi izquierda y vi a Sally, que desde su sitio me
hacía gestos disimulados para que siguiera escribiendo. Me di cuenta de que
llevaba distraído un buen rato con el asunto, así que decidí que no sería nada tan
importante y apuré el examen como pude.
Salí del examen práctico de por la tarde con la misma sensación de satisfacción
del día anterior, pero aún así no me libré de que Sally me acusara de
distraerme con el vuelo de una mosca. Necesitaba una E en este examen, así como
en el del día anterior, y había perdido el tiempo tontamente.
- Por suerte te tengo a ti - Le dije, sonriendo.
- Y yo también te tengo a ti - Dijo ella, y esbozó una pequeña sonrisa que se
esfumó antes de que nadie más la viera.
- Viernes 3, Herbología
Aunque yo no, Sally necesitaba una buena nota en el examen de Herbología, así
que trataba de repasar como podía mientras yo desayunaba perezosamente aquellos
alimentos de la mesa que sobrevivían al inmenso apetito de Keith. El correo
comenzó a llegar, unas cuantas lechuzas que, como en los últimos días, llegaban
con cartas para desear suerte a los alumnos, de parte de sus padres y
familiares, normalmente. Miré distraidamente, esperando que alguna trajera
carta de mis padres, pero en su lugar vi a Zoro, el cuervo, que se acercaba
hacia mí.
Estiré el brazo para que el pájaro se posara, dejando caer la carta dentro de
mi tazón de leche.
- Oh, genial - Murmuré -. Mêlée no sabe atar una puñetera carta.
Cogí la carta mientras Zoro saltaba de mi brazo y se unía a Keith, que ni se
inmutó, en algo parecido a un concurso de comer galletas de la mesa que
implicaba muchas migas desperdigadas y pocas condiciones de higiene. Leí la
carta.
"Hamo Peeter:
El hamo Horacio le dijo a Mêlée que solo el nuebo hamo (que es el hamo Peeeter)
podria habrir la puerta del sotano. No es que Mêlée no pueda acerlo porque
Mêlée tiene la yabe, pero lo que tiene Mêlée que acer es darle al hamo Peteer
la yabe cuando el hamo Peeteer buelba a casa del hamo Horacio que ahora es del
hamo Peeter. Mêlée no entra al sotano el hamo peetre lo ara el y solo el. y luego ya Mêlée.
A dios hamo.
Mêlée"
Por lo visto Mêlée tenía la idea de que, si no sabía cuántas 'e' llevaba mi
nombre, mejor que sobraran, por si acaso. Además no iba a explorar los sótanos
aunque se lo ordenase. ¿Pero no estaba obligado a obedecerme? Refunfuñé.
Noté un pequeño codazo en las costillas, y vi que Sally me observaba
disimuladamente, señalando a la carta con la barbilla. Miré hacia Keith y puse
la carta disimuladamente en las manos de Sally.
- Tu pájaro ya tiene mejor aspecto - Dijo Keith, cuando vió que le miraba -. Se
te ha comido medio huevo duro.
Miré a Zoro, que picoteaba con ansia las partes de mi desayuno que aún no había
echado a perder. Suspiré, mientras miraba de nuevo a Sally. Parecía
decepcionada y ligeramente preocupada, pero trataba de ocultarlo tras su libro
de Herbología. Antes de que pudiera hablar con ella, tuvimos que encaminarnos
al examen.
La mañana y la tarde pasaron más lentamente de lo que deseaba. Los exámenes no
me estaban yendo mal del todo, hasta que durante el práctico un latigazo de una
cepa salvaje por no usar los guantes de seguridad me dejó una herida en el
dorso de la mano que seguramente me supondría una nota mucho más justa que en los
exámenes anteriores.
- ¿Qué tal tú? - Le dije a Sally, por la tarde, mientras nos dirigíamos a la
sala común por los pasillos.
- Bien. Bastante bien. No creo que tenga problemas - Dijo ella, fría -. ¿Pero
qué vamos a hacer?
- ¿Repasar? - Dije yo, encogiéndome de hombros -. Como siempre.
- No - Dijo ella, deteniéndose y mirándome con preocupación -. Digo con lo de
tu tío.
- Ah... Pues... Supongo que... Tendré que ir en persona... ¿No? Ya lo has
visto. No queda otra.
- Pero no puedes...
- Iré en Verano - La interrumpí -. Ya sé que ahora no puedo... No sé.
Ella me miró, preocupada.
- No te preocupes, Sally - Le dije, poniéndole una mano en la mejilla y
acercándola hacia mí -. No te voy a dejar tirada, ¿recuerdas?
Ella asintió.
- ¿Me mantendrás informada? - Dijo.
- Sí - Dije, intentando sonar tranquilizador -. Resolveré eso de encontrar los
objetos en dos días, ya verás... Te escribiré con todo lo que vaya pasando...
¿Vale? No te preocupes. Pero me tendrás que dar tus pergaminos en blanco...
- Claro - Dijo ella, aparentemente más tranquila -. Gracias, Peter Starkey...
Me cogió de la mano.
- Au... - Dije -. Ten cuidado, aún me duele...
- Hum - Dijo ella, y volvió a parecer preocupada -. Eres un despistado...
Vamos, venga, cuando lleguemos a la sala común te cambiaré el vendaje que te
han puesto.
- Sábado 4, Defensa contra las artes oscuras
Debería ser ilegal hacer exámenes en Sábado, pero aquí
estábamos.
El examen de Defensa Contra
Keith comentó que se iba a ver si repasaba un poco a la sala común pero que
antes pasaría por la biblioteca y conseguiría comida, y se fue corriendo. Sally
y yo decidimos pasear un poco cerca del lago, aprovechando el buen tiempo. Zoro
volaba por el lugar como de costumbre los días posteriores a hacerme una
visita, así que le llamé y escribí una nota rápida para Mêlée, diciéndole que
este Verano iría a la casa de mi tío, y que me tendría
que enseñar esos sótanos y ayudarme con lo que le pidiera.
- Domingo 5
Sally y yo decidimos que pasaríamos el día repasando la teoría de Pociones, y a
ello dedicamos la mañana, hasta que Keith nos comentó durante la comida que por
la tarde nos veríamos todos en el campo de Quidditch.
- Pero Keith - Dije -, ¿no tienes que repasar?
- Si lo llevas muy bien - Dijo él, distraído.
- No, hablo de ti.
- ¡Yo también lo llevo bien!
- En... ¿En serio? - Me giré hacia Sally -. Sally, ¿tú no crees que le están afectando
demasiado los exámenes?
Sally se encogió de hombros.
- Ya se le pasará entonces cuando acaben, ¿no? - Dijo, en voz baja.
- Eso espero...
Finalmente acudimos por la tarde al encuentro de Keith, que nos había terminado
convenciendo al decirnos que ya había dicho que iríamos. Sach aún no había
llegado, y Ally y Yashira no parecían muy cómodas con Sally, apenas
dirigiéndole la palabra. Ella, por su parte, se limitaba a escuchar nuestras
conversaciones sin decir apenas nada, permaneciendo seria todo el rato.
En cualquier caso no nos hacía falta hablar demasiado a ninguno, ya que Keith
hablaba por todos. Cuando terminó de recitar los ingredientes que habíamos
usado ese año en Pociones en orden alfabético inverso, comenzó a quitarse la
túnica rápidamente, y después el jersey.
- ¿Pero qué haces? - Dije, alternando la mirada entre él y las chicas.
- Voy a correr un poco - Dijo él, tirando su ropa al suelo -. ¿Te apuntas? ¡Te
echo una carrera! - Miró a Ally y Yashira -. ¡El otro día le eché una carrera
hasta las duchas y llegó diez minutos después que yo!
Me giré rápidamente hacia las chicas.
- ¡Ni siquiera corrí! - Dije, con el orgullo herido.
- ¡Y luego se resbaló mientras nos duchábamos! ¡Tuve que cogerle al vuelo para
que no se rompiera la espalda!
- ¡Bueno, ya está bien! - Dije sonrojándome, mientras Ally y Yashira se
sonreían -. Vete a correr de una vez.
- ¿Nadie se apunta? ¿Seguro? Es bueno para el cuerpo y la mente, te ayuda a
centrarte y te libera del estrés.
Obviamente nadie más se apuntó, y vimos cómo se ponía a correr sin parar
alrededor del campo. Al cabo de un rato llegó Sacharissa, tras lo cual seguimos
comentando el tema de lo raro que estaba Keith. Todos estábamos de acuerdo en
que era algún tipo de reacción ante los exámenes, y que probablemente se le
pasaría cuando terminaran.
- Lunes 6, Pociones
Aquí estaba, el examen al que más miedo le tenía. Después de todo necesitaba
una O para poder seguir yendo a las clases del profesor Snape el año siguiente.
Una O, por Merlín. Sally y Keith trataban de calmarme durante el desayuno,
diciéndome que la teoría la llevaba bien aprendida, y que en la práctica había
mejorado mucho. Sally insistía también en que el profesor Snape tendría en
cuenta las clases prácticas que me había dado fuera del horario, y que yo se
las había pedido, pero no estaba nada seguro de ello.
El día pasó como si el resto del mundo se moviera a cámara rápida, antes de
sentirme preparado para ello estaba sentado, haciendo el examen teórico, y
escribiendo en el pergamino con la sensación de estar viéndome a mí mismo desde
fuera. Aproveché el tiempo al máximo, y cuando salí me di cuenta de que sentía
los dedos agarrotados.
- Tendrás suerte si en el examen se necesita sudor de Starkey - Dijo Sally muy
seria por la tarde, unos minutos antes de entrar al examen práctico, tras
cogerme la mano unos instantes -. Llevas en las manos para un caldero entero.
- ¿Me llenas un frasco? - Dijo Keith -. He oído que es prácticamente igual que
el moco de tritón, igual cae algo de eso.
- Ja - Dije, secándome las manos en la túnica -. De repente os habéis vuelto
graciosos, mira qué bien.
Finalmente el examen práctico me fue bien. Las manos no dejaban de sudarme y
temía que mi habitual torpeza me hiciera volcar algún frasco, o que
directamente se me resbalase con el sudor, así que traté de no hacer las cosas
demasiado deprisa, pero cuando terminé el resultado era el esperado. No me lo
podía creer. Pero mejor sería no cantar victoria hasta saber las notas.
Mientras salíamos del aula, pude ver a Sacharissa reuniéndose con Stebbins. No
me hacía falta preguntarle para saber que ella habría bordado el examen.
Esperaba que nosotros tuviéramos la misma suerte.
- Martes 7, Cuidado de criaturas mágicas
A pesar de tratarse de una optativa, necesitaba una A en Cuidado de criaturas
mágicas, así que podría decirse que era el último examen del que debía
preocuparme realmente. Aún así, lo peor ya había pasado en los días anteriores.
El examen no me fue mal, aunque tampoco destaqué. Por lo general mi relación
con los animales y criaturas mágicas no era del todo mala, simplemente no
tenían demasiado interés en mí porque rara vez me veían como una amenaza. Así
que la mayoría se dejaban hacer por mí sin oponer demasiada resistencia. Yo
trataba de actuar con calma y les hablaba constantemente, por instinto. Lo
cierto es que las últimas semanas que había pasado cuidando y haciéndome
"amigo" de Zoro me habían sido útiles.
Cuando observé a Sacharissa, vi que en cambio ella tenía algún problema más que
yo. No parecía conseguir que las criaturas se sintieran cómodas con ella, tenía
el ceño fruncido y parecía un tanto desesperada por conseguir que los animales
se estuvieran quietos. Vaya. ¿Me estaba yendo mejor que a Sacharissa en algo?
Quién lo hubiera dicho.
- Miércoles 8, Astronomía, Adivinación
Ya habían terminado los exámenes de todas las asignaturas por las que podía
preocuparme mínimamente, así que de repente me sentía mucho más relajado. En
cualquier caso la idea de un examen nocturno no me agradaba demasiado, pero no
quedaba otro remedio.
Por la tarde tuvimos el examen de Adivinación, aquellos alumnos que la habíamos
escogido como optativa. Como de costumbre, no recordaba por qué la había
escogido en primer lugar. Por algún motivo nos hicieron pasar para hacer el
examen en el orden que mostraba un pergamino colocado a la puerta, que no
seguía el clásico orden de lista alfabético. Me tocaba justo antes de Sach. De
acuerdo.
Entré para hacer el examen, que consistía en interpretar los sueños de uno de
los miembros del tribunal. Mientras me inventaba lo que buenamente podía, no
podía evitar pensar que él también se estaba inventando sus sueños sobre la
marcha. Cuando terminó la pantomima no estaba muy seguro de cómo me había ido.
Pensé en preguntarles si conocían el truco de la sílaba de la persona a la que
quieres en una taza de té, a ver si eso subía nota, pero me dijeron que podía
salir antes de que pudiera evaluar por completo la estupidez de la idea.
Al abrir la puerta para salir me di cuenta de que Sacharissa estaría justo ahí,
y se me pasó por la cabeza que podría ser un buen momento para decirnos algo.
Algo que no terminase siendo una bordería o una metedura de pata, quería decir.
Que cómo le había ido hasta ahora, que qué haría en sus vacaciones, quizá
comentarle lo que me habían preguntado...
De repente allí estaba ella, en la puerta, ante mí. Nos observamos durante un
par de segundos, sin estar muy seguros de qué decir.
- ¿Qué te han preguntado? - Dijo ella de repente, reaccionando.
- Eh... Yo... - Dije, tratando de pensar en algo apropiado que decir -. Vaya,
¿sólo te interesa que te diga el examen? Bien, Sach.
Me fui rápidamente sin mirar atrás. Genial, una reacción muy coherente.
Al llegar a la sala común me sentía furioso, no por su pregunta, sino por
nuestra aparente incapacidad para tratar de llevar la conversación más sencilla
sin terminar atacándonos de alguna manera. No veía a Sally, que había tenido su
examen de Runas por la mañana, así que subí al dormitorio masculino rápidamente
y abrí la puerta de forma brusca, dando un portazo. Vi a Keith allí plantado,
con un frasco en la mano.
- Ah... - Dije, intentando calmarme -. Hola.
- Esto... - Dijo él -. ¿Todo bien?
- Sí, sí... - Dije, y señalé al frasco con la barbilla -. Oye, ¿qué es eso?
- Ah, pues... - Dijo Keith, y se apresuró a guardar el frasco entre sus cosas
de la cama -. Son... Pues pastillas, para el dolor de cabeza. Ya sabes que he
estado repasando por las noches...
- Sí... Repasando, haciendo flexiones, lo que sea.
- Bueno, pues... Me empezaron a dar dolores de cabeza. Por los exámenes. Así
que fui a la enfermería y... Bueno, son bastante buenas.
- Ahá - Dije, no muy interesado -. ¿Vienes a buscar a Sally? Puedes repasar
para el examen de esta noche con nosotros.
- Claro - Dijo Keith, guiñando un ojo -. Ya estoy preparado para el dolor de
cabeza.
- Jueves 9, Historia de la magia
Al fin, el último día, el último examen. El temario de Historia de la magia era
tan inmenso que acertar para lo que cayera en el examen era una lotería, así
que Sally y yo dedicamos la mañana a repasar datos aleatorios, en principio con
Keith, hasta que se fue a la biblioteca en busca de "más libros que
cuenten cosas que no sepamos ya", y no volvimos a verle hasta la hora de
comer.
El examen era de los que causan una primera impresión pésima. Un pergamino de
preguntas en que se veían tan sólo cuatro líneas indicando los contenidos a
desarrollar, situado junto a una docena de pergaminos en blanco para escribir
las respuestas. Resoplé, y me puse manos a la obra. Tenía la sensación de que
no recordaba material más que para llenar dos pergaminos por ambas caras, y eso
sería demasiado poco, así que me pasé gran parte del examen escribiendo de la
forma más alargada posible, y tratando de irme por las ramas lo suficiente como
para llenar el máximo espacio que pudiera, pero no tanto como para que se
notase demasiado. Cuando salí había cubierto de texto tres pergaminos y medio,
pero no estaba demasiado seguro de cuánto contenido de mis pergaminos sería de
utilidad para mi nota.
En cualquier caso estábamos contentos, al fin se habían terminado los temidos
TIMO's. Al menos para todos menos Keith, que siguió escribiendo un buen rato,
mientras los demás le esperábamos cerca de la puerta, Sally y yo un poco
desplazados de Sach, Ally y Yashira.
Cuando al fin Keith salió, protestando por no poder seguir escribiendo, le
comentó algo a Sach y, al cabo de un instante, me tiró sus cosas a los brazos y
echó a correr saliendo a los terrenos del castillo.
- ¡Libertad - Gritó Keith -, cómo te he echado de menos!
Me tambaleé un poco, y al momento me apresuré a cargar a Sally con mis cosas y
las de Keith, que cogió soprendida como pudo con cara de circunstancias.
- ¡Sujétalas! - Dije -. Será mejor que corra tras él, no vaya a ser que le dé
por tirarse al lago.
Antes de que Sally pudiera decir nada eché a correr tras Keith, saliendo del
castillo y notando la brisa del Verano en la cara.
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10 de Junio, Viernes
- Miércoles 1, Encantamientos
Observé el pergamino que tenía ante mi.
"Describe el movimiento que sigue tu varita para realizar correctamente el
hechizo de levitación". Dibujé sobre el pergamino lo que me pedía sin mucha
complicación. Releí de nuevo una por una el resto de las preguntas del examen.
- Bueno, pues listo. - pensé.
Me levanté y recogí la pluma con la que había completado el examen. La
profesora McGonagall esbozó una leve sonrisa mientras dejaba el pergamino sobre
la mesa de los examinadores. Mientras salía pude ver como Sacharissa y Peter
seguían enfrascados en sus examenes. Me había parecido bastante sencillo, las
preguntas eran casi todas las que mas o menos nos esperabamos. Salí del gran
comedor. Por la tarde tendríamos la parte práctica, con la que esperaba no
tener muchos problemas.Me senté en el borde de una columna a esperar a que el
resto terminasen para poder comentar que tal les había salido. Bajé la vista
hacia mi mano derecha que se agitaba sin aparente control, la sujeté por la
muñeca hasta que logré que dejase de temblar. Desde que tomaba Sprya había
momentos del día en los que me mi cuerpo parecía tener vida propia. Me había
tomado una pastilla la noche anterior para aguantar despierto y poder repasar
las materias de los tres primeros examenes.Lo cierto era que las pastillas
hacían su efecto y funcionaban mucho mejor de lo que pensaba, recordaba sin
ningún problema todo lo que había estudiado cuando me las tomaba, y el único
efecto que tenían sobre mi era que los días siguientes me provocaban diferentes
cambios de estado, pero ninguno demasiado perjudicial. Aun así tenía en mente
administrar el Sprya para que me durase para todos los exámenes y no agravar
ningún efecto.
Hablé con Sacharissa y Peter según fueron saliendo del examen, ambos me
comentaron que les pareció sencillo y pensaban que lo habían echo bastante
bien. Por la tarde el profesor Flitwick nos fue llamando en pequeños grupos
para entrar en una pequeña sala donde se encontraban los examinadores mientras
el resto de alumnos esperaban fuera nerviosos.
Salí con la sensación de que si realizaba el resto de examenes igual que este
no tendría problema en los TIMO's, la gente exageraba más de lo que en realidad
eran.
- Jueves 2, Transformaciones
El ruido de pasos bajando las escaleras hacia la sala común, me despertó. Me
había quedado dormido repasando para Transformaciones, sobre mi cama reposaban
varios pergaminos arrugados y las sábanas estaban manchadas con gotas de tinta.
Me incorporé bostezando y tantee con la mano dentro del cajon donde guardaba mi
varita. Limpié las sabanas y recogí los pergaminos. Peter me observo aun desde
su cama.
- ¿Ya es la hora? - preguntó.
- Por el ruido diría que hasta ya es un poco tarde - busqué por el suelo la
túnica.
Bajamos con prisa a desayunar, teníamos miedo de llegar y que ya no pudiemos
entrar. Por suerte aun teníamos tiempo a comer algo antes de que empezase el
examen. Sacharissa y Stebbins estaban sentados juntos como de costumbre, él
practicaba haciendo desaparecer tanto los cuviertos como los vasos que tenía
delante.
- ¿Crees que nos haran hacer el hechizo desvanecedor? - Peter miraba con recelo
a Stebbins mientras este le sonreía a Sacharissa.
- Ni idea. Lo he estado practicando, pero es de los más complicados. - Recordé
que mi último intento de desvanecer a Molly había terminado con mi ardilla
saltando por la habitación sin cabeza.
- Yo aun no lo domino muy bien - Peter miró a Sacharissa que parecía
entretenida viendo como Stebbins le iba haciendo desaparecer los cuviertos a
Ray.
- Ni yo, pero seguro que tenemos suerte y no lo preguntan - Intenté convencerme
a mi mismo. Peter asintió esperando que tuviese razón.
Esta vez la suerte estuvo de nuestra parte y el hechizo desvanecedor nos lo
preguntaron simplemente en el examen teorico, y no en el practico.
De todas maneras la presión de los examenes se hacía notar y en mitad del
examen teorico una alumna abandono la clase presa, seguramente, de los nervios.
Por mi parte estaba orgulloso de como había hecho el examen, por lo menos había
contestado a todas las preguntas. Como siempre me decía mi tio, "si no la
sabes, inventala, pero que vean que te molestas en escribir".
- Viernes 3, Herbología
Ahí estaba, miré el pergamino que tenía delante, había respondido la mitad de
las preguntas, pero había varias que no recordaba haber visto por ninguna parte
mientras estudiaba. Ciertamente mis apuntes de Herbología no se podían
considerar una base academica para el estudio de las plantas, ni siquiera estarían
en una estantería de libros sobre Herbología de primero, pero se me había
olvidado pedirle a Sacharissa los suyos y me encontraba completamente en
blanco. Además por si fuera poco, esta mañana me había levantado tremendo dolor
de cabeza y unas inmensas ganas de comer.
Al terminar el examen practico esperé a que todos los
alumnos saliesen del invernadero para hablar con la profesora Sprout.
- Profesora ¿tiene un momento? - La profesora estaba limpiando los restos de
plantas esparcidos por el suelo.
- ¡Ah! Señorito Parker, ¿Que tal el examen? - pregunto alzando la vista.
- Bien, supongo - No sacaría un Extraordinario, pero tampoco creía que lo
hubiese echo como para Troll.
La profesora se acercó a mi, y posó sus manos mojadas
por alguna sustancia sin identificar y de desagradable olor sobre mi cara. La
giró de un lado al otro como buscando alguna espinilla que quitarme.
- No tienes muy buena cara hijo ¿Te pasa algo? - seguía moviendome de un lado a
otro, y me estaba empezando a marear.
- No, nada, simplemente tengo dolor de cabeza - dí un paso atrás, alejandome un
poco y zafandome de ella.
- Venía para saber si tienes algo que me lo pueda quitar.
- Si claro - no parecía muy convencida con mi explicación, pero se acercó a un
armario y saco un bote blanco.
- Toma, con estas pastillas se te pasara. En época de exámenes siempre tengo
que preparar más cantidad de la normal, porque me acabáis con ellas.
Cogí el bote, y salí rapidamente del invernadero evitando que la profesora
Sprout volviese a intentar examinarme. Al llegar a la habitación, Peter estaba
sentado sobre la cama leyendo unos apuntes.
- ¿Repasas DADA? - le pregunté.
- Si ya casí he terminado, me acostaré pronto para estar descansado mañana -
volvió a concentrarse en sus pergaminos.
- Yo bajaré un poco a la sala común a ver si repaso.
Busqué los libros de DADA y me despedí de Peter que ya se estaba acostando. En
la sala común apenas había gente así que no tube problema para sentarme y
estudiar. Necesitaba buena nota en DADA y me preocupaba mucho no conseguirla,
asi que saqué de un bolsillo de mi túnica la pequeña bolsita con las pastillas
que siempre me acompañaba y me tomé una.
Al poco tiempo todo lo que leía tenía sentido, como si yo mismo hubiese escrito
los libros y todo fuese obvio.
- Sábado 4, Defensa contra las artes oscuras
Aun seguía despierto cuando amaneció. Durante la noche había aprovechado
también para repasar pociones, e hice alguna escapada a la cocina del castillo
en busca de la suficiente comida para tranquilizar las ansias de mi estomago.
Me duché y me cambie de ropa antes de dirigirme al gran comedor para realizar
el examen. Durante el mismo, a pesar de no tener nervios y de que el examen
fuese sencillo, sentí que me agobiaba el calor y tuve que quitarme la túnica.
Me caían gotas de sudor por la frente y tenía el jersey empapado. Si no fuese
porque había decenas de alumnos en la sala hubiese seguido desvistiendome.
Al terminar el examen, salí corriendo en dirección a la sala común, todo el
cuerpo me ardía y necesitaba refrescarme cuanto antes. Nada más entrar fuí
directamente a las duchas, estaban vacías, abrí el
agua fría de una de ellas y me metí con ropa incluida. Respiré por fin,
permanecí varios minutos bajo el agua dejando que me empapase y que la
temperatura de mi cuerpo descendiese progresivamente. Hubiera podido pasarme
allí el día entero.
- Domingo 5
Poder dormir la mañana había echo que recuperase toda la vitalidad y me había
levantado con ganas de aprovechar el día. Con tanta preocupación por los
exámenes hacía tiempo que no nos juntabamos todos para charlar tranquilamente,
y ahora que teníamos un día libre, era perfecto para desestresar.
A la hora de la comer fui en busca de Ally, a la cual encontré hablando con
Yashira junto a la mesa de Gryffindor.
- ¡Hombre!, una túnica verde por los alrededores - Dijo Yashira al acercarme.
- Mira que bien, a las dos os estaba buscando - les sonreí.
- ¿Que te trae por aquí? Ya me canso de verte - respondió Yashira
sarcásticamente.
- ¡Eh!, que nos vemos todos los días - me defendí.- Si, yo tambien veo todos
los días a McGonagall - la apoyo Ally - Igual tengo que empezar a quedar con
ella para tomar algo.
- Vale, tenéis razón, por eso os traigo luz en estos oscuros días - Yashira y
Ally fruncieron el ceño como si estuvieran hablando con un loco. - He pensado
en que podíamos quedar esta tarde todos en el campo de Quidditch.
- ¿Esta tarde? - Yashira suspiró - Mañana es el examen de pociones.
- ¡Buff! Yo tengo un montón que repasar - respondió Ally.
- Venga no os hagais de rogar - intenté convencerlas. - Además Peter y Sach
vienen, y si queréis os ayudo con pociones que aunque no lo creais lo llevo
bastante bien.
Ally y Yashira aceptaron a regañedientes, así que mi siguiente objetivo fue
convencer a Peter y Sacharissa. A Peter se lo conté cuando me senté en la mesa,
y aunque tanto él como Sally tenían también que repasar, al final acabaron
accediendo al saber que ya había dicho a Yashira y Ally que irían. Con
Sacharissa me crucé al salir del gran comedor, y fue la única que no me puso
inconveniente, ella no tenía ningún problema con pociones y seguramente ya
tendría el examen preparado desde hace mucho tiempo, lo único que pareció no
hacerle mucha gracia es que hubiese invitado a Sally.
Después de mucho tiempo volvimos a estar todos reunidos de nuevo, con Sally
como invitada, a la cual sólo Peter prestaba atención y parecía costarle
bastante integrarse. Durante el tiempo que estuvimos juntos les estuve
resolviendo dudas a Yashira y Ally sobre pociones, las cuales no se creían que
fuese verdad lo que les contaba y preferían esperar a que Sacharissa llegase y
se lo explicase ella mejor. Mientras hablaba con Ally y Yashira volví a notar
un hormigueo en mi mano derecha y noté como empezaba de nuevo a temblar,
intenté disimular como pude para que no se percatasen de lo que me pasaba,
volvía a tener calor, la ropa me apretaba, me ahogaba. Me levanté, me quité la
túnica y el jersey e intenté convencerles de que viniesen a correr conmigo para
olvidarse de los examenes, pero prefirieron seguir tumbados tranquilamente
tomando el sol.Corrí alrededor del campo de Quidditch durante un buen rato, el
viento me refrescaba el cuerpo, y me olvidaba de los temblores de mi mano,
además últimamente estaba comiendo mucho más de lo habitual y seguro que no me
vendría mal un poco de ejercicio.
- Lunes 6, Pociones
Hoy sabría si tomar Sprya valía la pena o no. Frente a mi estaba el profesor
Severus Snape controlando la clase junto a los examinadores del ministerio.
- Podéis comenzar...¡Ya! - Dijo Snape.
En ese momento sobre los pergaminos vacios aparecieron escritas las preguntas
del examen, según las iba leyendo las respondía mentalmente y ponía una cruz en
las que no me sabía y tendría que dedicarles más tiempo. Al terminar de leer
todas las preguntas me di cuenta de que no había puesto ninguna cruz, y que
sabía responder la gran mayoria con bastante seguridad. Después del examen
teorico mi moral estaba por las nubes.En el practico todo era más complicado,
porque aunque me supiese de memoria como se hacía la poción, había ciertos
trucos a la hora de echar los ingredientes que no los explicaban en ningún
sitio, aun así, el color final de mi poción no estaba muy desencaminado del que
debería tener.
En cuanto viese a Thomas tenía que darle las gracias por haberme conseguido las
pastillas.
- Martes 7, Estudios Muggles
Lo bueno del examen de estudios muggles es que sólamente teníamos que hacer una
práctica por la mañana y luego tendríamos toda la tarde libre. Tampoco era una
asignatura de la que se pudiese estudiar demasiado porque la mayoria de los
objetos que nos mostraban no tenían ningún uso
práctico para los magos.
Cuando entré en clase vi que había varios cacharros que no atiné a saber que
eran sobre las mesas, y en el suelo varias piezas sueltas, dos de ellas
bastante grandes y en forma de circunferencia. Al sentarnos nos explicaron que
teníamos ante nosotros una "bici-cleta" desmontada, el examen
consistiría en usar las piezas que estaban a nuestros pies para montarla
correctamente. Recordé lo que nos habían contado en clase sobre las
bici-cletas, los muggles las usaban para desplazarse de un lugar a otro, y
también para hacer deporte, se parecía bastante al uso que nosotros le dabamos
a las escobas, pero mucho más prehistorico. Intenté pensar en el dibujo que
tenía en mis apuntes sobre ella, y fui encajando las piezas por descarte o
porque no encajaban en otro sitio. Al final me sobro una barra de metal con
gomas en los lados que seguramente la hubiesen puesto para despistar. El
resultado pensé que era aceptable aunque no lograba entender muy bien como se
podría usar.
Por la tarde tanto Sacharissa como Peter tenían el examen de Cuidado de
Criaturas Mágicas, lo que me llevo a pasarme la tarde en la sala común con los
apuntes de Historia y comiendo una gran variedad de galletas, las cuales
Sacharissa me había conseguido días antes.
- ¿Sigues estudiando?, estas que no paras - Thomas se acercó a mi. - ¿Que tal
van los examenes?
- Muy bien, mucho mejor de lo que podría esperar - cogí una galleta y le dí un
mordisco - ¿Quieres?
- No gracias - nego con la mano.
- Te quería dar las gracias por las... bueno por eso, funcionan muy bien -
comencé a decir.
- Me alegro - sonrió. - ¿Ya las terminaste?
- No, aun me quedan tres - saqué de mi bolsillo la bolsa y se la mostré.
- ¡Guarda eso! - me cogió la mano y la escondió bajo la mesa - Tendrías que
tenerlas guardadas, o por lo menos que no llamen la atención. - Thomas miró
alrededor y al ver que no había nadie me soltó la mano. - ¿Algún problema con
ellas?
- No, ninguno grave. - pensé en como me sentía los días despues de tomar una. -
Me entran ganas de comer y de vez en cuando un calor asfixiante, pero lo
controlo como puedo. ¿Es normal?
- Si, no te preocupes, cada vez que tomas una se te quitan los problemas, ¿no?
- Thomás miró hacía las escaleras.
- Si, son los días siguientes - contesté.
- Es normal. Si necesitas más habla conmigo, te hago precio de amigo - esbozó
una sonrisa y se dirigió a las escaleras que subían hacia las habitaciones. - Y
¡escóndelas!
Thomas se alejó y seguí estudiando hasta que Peter apareció, y nos contamos
como habían sido nuestros examenes. Subí a acostarme un poco antes y deje a
Peter hablando con Sally. Entré en la habitación y haciendo caso a los consejos
de Thomas, cogí del cajón de mi mesita el bote de pastillas para el dolor de
cabeza de la profesora Sprout, cambié el contenido por las tres pastillas de
Sprya, y volví a dejarlo donde estaba.
Ya era hora de dormir.
- Miércoles 8, Astronomía
Me pasé toda la mañana estudiando Historia de
Aproveché el día para repasar el examén que me quedaba, Historia de
Dejé todos los libros en la sala común y subí a mi habitación, abrí el cajón y
saqué el bote que contenía Sprya. Cuando me disponía a abrirlo escuché detrás
de mi el sonido de la puerta al abrirse y en ese
instante entró Peter en la habitación. Parecía más alterado de lo normal, pero
lo disimulo de la misma manera que yo disimule diciendo que las pastillas eran
para el dolor de cabeza. Bajamos a la sala común y esperamos a que Sally se nos
uniese para repasar astronomía.Mientras Peter y Sally debatían la distancia
entre dos estrellas, saqué una de las pastillas y me la tomé, en ese momento la
noche era mas clara de lo normal, y la historia de la magia era algo que yo
había vivido en persona.
- Jueves 9, Runas Antiguas, Historia de la magia
Por fin era el día, el último día de sufrimiento y preocupación. En apenas 8
horas todo abría terminado y seríamos de nuevo
personas libres.
Me desperté más tarde de lo normal y bajé a desayunar corriendo. Al acercarme a
la puerta del comedor me encontré con una hilera de alumnos, entre ellos pude
distinguir a Ally.
- ¿Que pasa? - Me acerqué a ella. - ¿Esta cerrado el comedor?
- No han juntado a todas las casas para realizar el examen. - respondió
mientras ojeaba un pergamino en el que habían escritos unos símbolos que no
lograba descifrar.
- ¿Examen? - Era demasiado temprano como para estar ya haciendo cola para el
examen de Historia
- Claro. Aritmancia. ¿Eso que consiste en inventarte significados para simbolos
raros? - Ally me miró preocupada.
Me temblaron las piernas, me había olvidado completamente de que tenía que
hacer un examen de Aritmancia.
- ¡Madre mia!¡Madre mia!¡Madre mia! - empecé a decir
mientras buscaba en el cielo la solución a mis problemas - ¿Cuanto queda para
que empiece? - sujeté a Ally por los hombros y la zarandee de un lado a otro.
- Pues unos quince minutos - respondió. - ¿Como puedes haberte olvidado?
- Quince minutos, ¡Madre mia!¡Madre mia!¡Madre mia!.
En quince minutos no me daba tiempo a volver a mi habitación, tomarme una
pastilla de Sprya y estudiar todo el temario de Aritmancia por mucho que
corriese, y por mas que pensaba no se me ocurría ninguna manera de parar el
tiempo.
- Me tienes que ayudar - le supliqué a Ally - voy a sacar una T tan grande, que
todo el mundo me llamará Teith.
- No será para tanto, algo te sabrás
Un profundo silencio sirvió de respuesta.
Las puertas del gran comedor se abrieron, y como en cada examen había mesas
individuales para cada alumno. Me senté detrás de Ally con el fin de intentar
copiar algo. Cuando nos dieron el examen y las preguntas aparecieron ante mi,la cosa no podía pintar peor, podía inventarme una o dos
esperando acertar alguna de ellas con un poco de suerte, pero el resto me era
imposible hacer nada. Uno a uno los alumnos fueron entregando sus examenes, el
sudor caía por mi frente, tenía el pergamino prácticamente en blanco.Ally se
levantó para entregar, recogió sus apuntes, la miré suplicante y en ese momento
ella disimuladamente pusó un pergamino aparentemente vacio sobre mi mesa y
salió de la sala. Le dí varias vueltas al pergamino pero no veía nada escrito.
Cuando ya lo daba todo por perdido, en el pergamino empezaron a aparecer
numeros de preguntas y respuestas que se correspondían con las del examen, sin
perder ni un sólo segundo rellene completamente el pergamino y lo entregué
justo a tiempo.
Cuando salí, ví a Ally sentada en el jardín. Al verme se levantó, llevaba en la
mano otro pergamino similar al que me había dejado sobre la mesa.
- Se lo pedí prestado a Yashira - dijo sonriendo - No sabía si funcionaria.
Me acerqué a ella y la abracé dandole vueltas en el aire.
- ¡Muchas gracias!, te debo una muy grande - dije mientras giraba. Posé a Ally
en el suelo y le dí un beso en la mejilla en señal de agradecimiento.
Con todo lo sufrido en Aritmacia, Historia de
Salí de clase el último, estaba enfadado porque podía haber conseguido una E,
pero me dí cuenta de que no necesitaba una E y lo mas importante, todo había
acabado y había que celebrarlo.
- ¡Libertad - Grité -, cómo te he echado de menos!
Corrí por los terrenos en dirección al lago, y me quité la camisa para
zambullirme.
- ¡Keith! ¡Pero que haces! - gritó Peter sujetandome por el brazo.
- Celebrar nuestros aprobados - empujé a Peter al agua, y me arrastró con él.
Desde arriba vimos a Yashira, Ally y Sacharissa reírse.
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12 de Junio, Domingo
Tras la
interminable semana de exámenes, ahora nos encontrábamos sin absolutamente nada
que hacer. La gente se dedicaba a empaquetar, despacio, a hablar por última vez
con los demás y, por supuesto, a relajarse. La sala común estaba llena a todas
horas, a pesar de que podías ver los terrenos del castillo y el estadio de
Quidditch salpicados de gente. En estos días parecía haber muchos más alumnos
que el resto del año, y era agradable pasear y tumbarse al sol. Había gente que
incluso se atrevía a meterse en el lago hasta las rodillas, a pesar de que
estaba helado y de que al calamar gigante probablemente no le haría mucha
gracia verse molestado. Se respiraba tranquilidad.
Ese día Stebbins y yo habíamos decidido sentarnos en el linde del bosque
prohibido después de comer. Nos tumbamos en la hierba y hablamos un poco de
todo. Del curso pasado, de los exámenes, de la gente que conocíamos, de lo que
nos esperaba en cursos siguientes y en lo que haríamos al terminar el colegio.
Cuando el sol empezaba a ponerse y nos encaminábamos hacia el gran comedor para
la cena, Stebbins me preguntó:
- ¿Te apetecería saber como es el baño de los prefectos?
- ¿Eh? Creí que sólo podían entrar los prefectos.
- Si bueno, claro, pero puedes venir conmigo. Sólo se abre con una contraseña,
pero, claro está, yo la sé.
- Pero... ¿y si nos descubren? - dudé.
- No te preocupes, el sitio es grande, y la bañera no es una bañera en sí, es
más bien una piscina. Grande, con un montón de grifos de colores. Podemos pasar
allí la tarde, ya sabes. Incluso podemos llevar algo para beber.
- Está bien - me empezaba a entusiasmar la idea. - La verdad, suena divertido.
Estará bien estar completamente solos durante un rato.
- Sí, aunque estemos en la habitación siempre hay más gente, especialmente con
Parker y Starkey revoloteando todo el día por ahí. ¿Sabes que Starkey ha subido
con Kingcrow algunas veces a la habitación? Quién lo diría, viéndole no parece
tener ninguna oportunidad con las chicas. Aunque bueno, esa Kingcrow es también
bastante rara.
- Yo también subo a la habitación. Les molestaremos a ellos tanto como ellos
nos molestan a nosotros.
- Pues mira, otra razón para estar solos de vez en cuando. Así no tendremos que
verles las caras cada vez que abrimos la cortina. El jueves estaría bien. Nos
vamos el sábado y aún así nos daría tiempo el viernes a dejarlo todo listo.
Ya habíamos llegado al gran comedor, dónde la gente se estaba empezando a
sentar, así que nosotros también lo hicimos. Cerca estaban los demás, y miré a
Peter y Kingcrow que hablaban, sentados algo separados, sobre algún tema. Keith
miraba a la lejanía, con cara de estar agotado y sin mucho apetito, normal por
otra parte después del tute que se había pegado la semana anterior.
Después de la cena, nos levantamos para irnos y cuando estaba a medio camino,
me di cuenta de que me había olvidado uno de los libros, que había sacado de la
biblioteca para entretenerme, en el comedor, así que di la vuelta mientras
Stebbins seguía hacia la sala común. Cuando giré una de las esquinas del
pasillo, me paré en seco al ver a Peter y Kingcrow besándose. Les había visto
hacerlo muchas veces, pero esto parecía distinto. Se daban pequeños besos y
hablaban, abrazados, mirándose a los ojos. Normalmente Kingcrow parecía estar
mucho más lejos, como si no le estuviera pasando a a ella. Aunque intentaba que
no me molestase, lo hacía, así que di la vuelta y fui por otro camino. Cuando
volví a pasar por allí, ellos ya no estaban, así que seguí hasta la sala común
dónde estaban solo Peter y Keith sentados en un rincón. Sentí como la
indignación me recorría, así que me planté delante de ellos y les dije, mirando
exclusivamente a Peter:
- ¿Sabeis? Stebbins me ha invitado el jueves a ir al baño de los prefectos. Me
ha dicho que tiene piscina, y que será divertido. Probablemente estaremos allí
horas. En bañador.
Me di la vuelta y oí de fondo como Keith le preguntaba a Peter si me había
hecho algo, pero él lo negó.
- Ni siquiera hemos vuelto a hablarnos de forma normal. - susurró - Siempre se
queja de que Sally es rara, pero...
Pero yo ya me había metido en mi habitación y no pude oir como terminaba la
frase.
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14 de Junio, Martes
Tumbado bajo
la sombra del árbol ojeaba la primera página del libro. La letra era pequeña y
apenas había espacio entre una línea y otra, volví a leer el título. "Buen
Mago, Mejor Amante", recordé a mi tía insistiendo para guardar el libro en
mi baúl, decía que con mi edad tenía que empezar a saber ciertas cosas de la
vida. Ella nunca me había hablado de sexo, por lo menos nunca directamente, si
por ella fuese, pensaría que los hijos nacen gracias a un hechizo que los
hombres hacen a sus mujeres, eligiendo de quien van a ser los ojos y de quien
la nariz. Aunque yo tampoco se lo ponía fácil, puesto que cada vez que
pronunciaba un "¡Keith!, sabes que los hombres y las mujeres..." o
"Tengo que contarte una cosa que mi madre me contó...", huía o
cambiaba rápidamente de conversación.
Las hojas estaban arrugadas y muchas de las esquinas rotas, el libro había
pertenecido a mi tío, y siempre decía que gracias a él consiguió que mi tía se
enamorase de él. Una cosa estaba clara, si mi tío no mentía, puede que el libro
hiciese milagros, sino no me podía explicar como mis tíos se habían llegado a
casar.
Miré el libro con recelo y empecé a leer esperando encontrarme alguna historia
como las que Ray nos contaba mientras nos enseñaba las revistas que le había
quitado a su padre sin que se diese cuenta.
"Las 3 reglas básicas
1. Todo vale.
2. La inseguridad no existe.
3. Nunca digas que no.
Cuando tengas claras estas reglas y las cumplas puedes seguir leyendo"
Noté que alguien se acercaba, me giré y vi a Sacharissa acercándose hacia mi.
Cerré rápidamente el libro.
- ¡Hola Keith! - Sacharissa miró los alrededores - ¿Estas solo?
- Si, Peter esta con ... bueno ya sabes - Cada vez que
se nombraba a Sally en presencia de Sacharissa, ponía cara de desprecio.
- ¡Ah ya! - dijo mientras se colocaba el pelo, como si no le importase lo que
había dicho.
- ¿Y tu? ¿Que haces por aquí? - me mordí la lengua para no decir nada sobre
Stebbins
- Stebbins está reunido con los prefectos y me apetecía salir un rato. -
Sacharissa observó el libro que tenía entre las manos. - ¿Que lees?
Puse la mano tapando el título instintivamente.
- Esto... Nada... Es un libro sobre dragones, magos y caballeros, ya sabes esas
cosas - intenté disimular y guardé el libro detrás mio.
- ¿Seguro? - Sacharissa daba vueltas a mi alrededor intentando quitarme el
libro
La sujeté por un brazo cuando sus dedos rozaron la cubierta.
- Cuando lo acabe te lo dejo - intenté convencerla.
- Vale - Sacharissa cesó en su empeño de quitarme el libro, y simplemente se
dedicaba a mirarlo con una sonrisa que hacía pensar que su interés no había
cambiado.
Pasamos varias horas hablando hasta que un grupo de alumnos de Ravenclaw pasó a
nuestro lado comentando sus planes para estas vacaciones, y nos acordamos que
aun no habíamos empezado a preparar el baúl para la vuelta. Teníamos la
costumbre de dejarlo siempre para el último día y cada año en el tren de vuelta
nos dábamos cuenta de que nos habíamos olvidado algo, recordé como hace dos
años olvidé la varita encima de la cama, por suerte al año siguiente Filch la
tenía guardada en objetos perdidos.
Se estaba haciendo tarde y decidimos empezar por lo menos a guardar los libros
de texto. Al llegar a la sala común entendí porque Sacharissa había decidido
salir a tomar el aire. A cualquier sitio que mirásemos sólo veíamos grupos de
alumnos hablando entre si, a cada cual más alto para poder escucharse entre
ellos. Sacharissa vio a Stebbins entre la multitud y decidió quedarse con él.
Esquivé a dos alumnos de primero que corrían como locos uno detrás del otro y
subí las escaleras hacía mi habitación.
Al acercarme comprobé que la puerta estaba medio abierta, pero en su interior
no se percibía ningún ruido. Dí unos golpes en la puerta, no quería interrumpir
a Peter o Ray si estaban con compañía, pero no obtuve respuesta. Entré
lentamente y me sorprendí al ver un montón de pergaminos por el suelo.
- "Nos robaron" - fue el primer pensamiento que invadió mi cabeza
La ventana estaba cerrada, y vi a Molly dormir plácidamente en su jaula. Al
girarme descubrí a Peter mirándome sentado al borde de su cama. Tenía la mirada
perdida y la cara pálida, llevaba la túnica a medio vestir, con un brazo fuera
de la manga. En su mano sostenía una pluma con la que hacía movimientos en el
aire como si dibujase algo.
- ¡Keith! - sonrió. ¡Que bien que llegaste!
Cerré los ojos y los volví a abrir. No estaba soñando. Ante mi estaba un Peter
salido de algún departamento de problemas mentales, y su pelo, mucho más
desaliñado que de costumbre me daba la razón.
- ¿Peter? - dudé - ¿Estas bien?
- ¡Como nunca! - dijo dando un salto y bajando se su cama. - ¡He estado
dibujando! - recogió varios pergaminos que había en el suelo y me los enseño.
- ¡Que pasada! - dije al ver un dibujo en el que aparecíamos Sacharissa, Ally,
Yashira, Peter y yo. Peter tenía mucho talento dibujando pero esas imágenes
eran mucho mejores que las que hacía habitualmente. - Estabas inspirado ¿eh?.
- Sí, la verdad es que si - recogió otro dibujo en el que aparecía Sally junto
a una ventana.
- ¿Cuanto tiempo llevas dibujando? - por la cantidad de pergaminos que había en
el suelo deduje que al menos 3 o 4 horas.
- Pues una hora, mas o menos - contestó sin inmutarse.
Seguramente alguien le había echado una maldición a Peter, convirtiéndolo en el
mago loco que tenía delante de mi. Abrí mi baúl en busca del libro de
encantamientos a ver si encontraba algún contrahechizo.
- He estado pensando... - Peter se había sentado en el suelo y miraba el techo.
- En Stebbins.
- ¿En Stebbins? - giré sorprendido.
- Si, creo que se aprovecha de Sacharissa y nosotros como sus... - se quedó
pensando durante un segundo - amigos, debemos impedirlo.
- Peter ya hablamos muchas veces con Sach y sabes lo que piensa. - ahora que
habíamos recuperando la amistad con ella no íbamos a andar metiéndonos donde no
nos llaman.
- Si, si, pero míralo así, Stebbins nos desprecia, así que nosotros tenemos
algo personal contra él, con lo cual, si hacemos algo, no sería para ayudar a
Sach, sino porque no podemos permitir que nadie nos pise, y si de paso ayudamos
a Sach, mejor que mejor - Peter sonrío con aires de triunfo.
- "Muy rebuscado" - pensé, pero por escuchar su plan no iba a pasar
nada, siempre podía decir que no. - ¿Que tienes pensado?
- Verás - cogió aire. - Sach nos invitó a ir a los baños de los prefectos ¿no?
- Peter asintió sin esperar contestación.
- No, que yo recuerde - contesté. - Nos comentó que iba a ir con Stebbins, pero
no nos invitó, lo dijo para fastidiar más bien. - recordé perfectamente la
conversación que habíamos mantenido hace dos días con Sacharissa.
- Míralo de esta forma - Peter habló despacio - Ella nos invitó, porque sino
quisiese que fuésemos, no nos lo habría comentado. - intenté replicar pero
continuo. - No lo contó porque no quiere estar a solas en bañador con Stebbins,
le da vergüenza. Eso es lo que diremos ¿Me sigues? - Peter sonrió.
- Por ahora si, aunque no muy convencido.
- Bueno pues entonces nos presentamos en el baño de los prefectos, con bebidas,
comida, música, y montamos una fiesta, avisamos a Yashira, Sally, Ally,
diciendo que es una fiesta de despedida. imagínate la
cara de Stebbins cuando nos vea entrar por la puerta. Y no creo que se atrevan
a echarnos.
Me imagine por un momento a Stebbins entrando en la bañera mientras abríamos la
puerta, nos miraba y su cara se ponía completamente roja, buscaba a Sacharissa
con la mirada, pero ella estaba tan sorprendida como él. Miré a Peter y
empezamos a reírnos.
- Esta bien, pero hay un pequeño problema - dije volviendo a dibujar la escena
en mi mente - Para entrar en los baños tendríamos que ser prefectos y saber la
contraseña.
- Tranquilo, esta todo pensado - Peter cogió un pergamino y comenzó a dibujar
mientras seguía hablando. - Hablaremos con Vince, es prefecta,y
a ella no le cae bien Sach, sin embargo si Stebbins, seguramente este de
acuerdo en el plan, el motivo es similar.
- Puede salir bien, ¿porque no? - hacía tiempo que las cosas entre nosotros y
Stebbins estaban bastante tranquilas, ahora que volvíamos a tener tiempo libre
Peter se levantó y me entregó el pergamino que había estado escribiendo. En el
aparecían todas las tareas que teníamos que hacer para la preparación de la
fiesta. Hablaría con Thomas para conseguir la comida y usaría el pergamino para
invitar a Yashira y Ally. Peter se encargaría de hablar con Sally, de la comida
y música.
- Coalición AntiStebbins - dijo Peter mientras se acercaba a la cama de
Stebbins. - Y quizás se me ocurra algo para que no pase muy bien las noches
antes de la fiesta, y quiera tomarse el baño para relajarse.
Me senté en mi cama y observe a Peter. Abrí el libro de encantamientos para
continuar buscando el hechizo, aunque no sabía muy bien si debería quitarle la
maldición o no, puesto que parecía tener ideas ingeniosas y no estaría mal
aprovecharlas.
- Ah toma, esto es tuyo - dijo mientras sacaba de un bolsillo un bote blanco.
Lo miré y lo reconocí al instante. Cerré el libro de encantamientos, ya no me
haría falta, y recogí el bote. Al abrirlo observé que sólo quedaba una pastilla
dentro.
- Esta tarde me dolía la cabeza y me tomé una de las pastillas que usas tu. Tienes que decirme como se llaman para que pueda pedir
más. - dijo.
- Se llaman Spr... Spririna. - dije guardándolas rápidamente.
Peter abrió la puerta y salió al pasillo.
- ¿Adonde vas? - le pregunté viendo que se iba sin decir nada.
- Hace una noche estupenda, tengo que aprovecharla y disfrutar. - inspiró aire
como si estuviese oliendo el aroma los árboles en un bosque.
- Espera te acompaño - salí detrás de él. - Pasamos antes por las cocinas a ver
si podemos conseguir algo de comida, seguro que dentro de poco me lo agradeces.
- No quería dejar a Peter sólo por el colegio bajo el efecto de las drogas, si
normal era un peligro, ahora...
- Me parece buena idea, creo que el estomago esta empezando a hablarme.
La noche sería larga.
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16 de Junio, Jueves
Había quedado
en encontrarme con Stebbins sobre las cinco de la tarde para ir al baño de los
prefectos a tener nuestra particular fiesta de despedida del curso, así que me
puse el bañador debajo del uniforme y me encaminé hacia la sala común. Stebbins
ya estaba esperándome y yo busqué con la mirada a Keith o a Peter, pero no les
vi por ninguna parte. El otro día había tenido una salida un poco borde con
ellos, y me hubiera gustado disculparme antes de que se acabase el curso. Al
salir de la sala común empezamos a subir escaleras hasta llegar al cuarto piso.
Tras doblar varias esquinas, nos encontramos con una puerta, aparentemente
normal, ante la que Stebbins dijo una contraseña - "Pastas de
calabaza". Entramos en el enorme baño y Stebbins cerró la puerta. Nos
pusimos a preparar las pocas cosas que habíamos traído, unas chocolatinas,
pastas y té, en una de las mesas con sofás que había a un lado y encendimos la
radio que había por allí. Estuvimos hablando un poco mientras se llenaba la
piscina y cuando por fin estuvo lista, nos quitamos los uniformes, que doblamos
y posamos en las taquillas para no mojarlos, y nos metimos en el agua. Estaba
caliente, pero no demasiado, así que chapoteamos un poco durante un rato e
hicimos una carrera para ver quien tardaba menos en hacer un largo. Cuando nos
cansamos, nos acercamos al borde de la piscina para besarnos durante un rato y
cuando las cosas empezaban a ponerse serias, la puerta de la habitación se
abrió.
Keith y Peter.
Keith y Peter, seguidos por Sally, Yashira y Ally.
Y con un montón de bolsas.
Casi a cámara lenta, sin poder reaccionar, les vi posar las cosas como si tal
cosa en la mesa en la que nosotros ya habíamos dejado lo nuestro.
Stebbins salió del agua lo más rápido que pudo, sin saber muy bien que hacer.
- ¿Qué haceis aquí? - fue lo primero que preguntó.
- Pues venir a la fiesta, claro - contestó Peter. - Sentimos llegar tarde.
- ¿Qué fiesta?
- Pues ésta. Es una fiesta, ¿no? Habéis traído cosas vosotros también. Aunque
vaya porquería de fiesta si no teneis ningún tipo de bebida alcohólica. ¿Té? No
somos abuelas. - dijo Keith.
- Pero, pero... - Stebbins todavía no se había recuperado de la impresión, y yo
tampoco. - ¿Quién os ha dicho que había aquí una fiesta? ¿Como habéis podido
pensar que yo os invitaría a compartir una habitación conmigo durante más del
tiempo estrictamente necesario?
- Pues Sacharissa nos lo dijo, claro. - dijo Peter, distraídamente - Nos
comentó que iba a haber una fiesta en el baño de los prefectos y como nunca
habíamos estado, pues nos vinimos.
- ¡Eso es mentira! - grité - yo sólo os dije que Stebbins me había invitado a
mí a venir al baño de los prefectos. Además, ¿cómo habeis conseguido entrar sin
la contraseña? Sólo los prefectos la conocen.
- Esa es otra - contestó Keith - nos ha costado un montón dar con el sitio,
debería estar indicado más claramente - y se dio la vuelta como dando la
conversación por terminada.
Miré a Stebbins, allí de pie, sin saber muy bien que hacer. Se debatía entre
intentar echarles a patadas, con el consiguiente daño para su autoridad, cosa
que no quería permitirse delante de gente de otras casas, o entre dejarles
estar como si en realidad les estuviera haciendo un favor. Salí también del
agua y me acerqué a él.
- Vamos, anda, déjalo. Quedan dos días de curso, ¿crees que merece la pena que
nos amarguemos un día más por ésto? Seguro que luego nos lo terminamos pasando
bien. - le di un beso y vi como hacía un gesto de resignación. Cuando abrió la
boca para contestarme, no pudo porque Peter había cambiado la emisora de la
radio y la había puesto a un volumen infernal, así que se contuvo y se volvió a
meter en el agua, lo más alejado posible de los demás y se sumergió lo
suficiente como para dejar a la vista solo la nariz y los ojos.
Me di la vuelta y vi que las chicas ya se habían empezado a quitar la ropa para
quedarse en bañador. Ally y Yashira no parecían tener mucho problema, pero
Sally dudaba y se iba desvistiendo muy despacio. Cuando al fin se quitó el
uniforme, pude saber por qué. Llevaba un bañador de una pieza, a rayas blancas
y azules, y la parte de abajo eran una especie de pantaloncitos cortos. Muy...
marinero. Se metió en el agua deprisa y se quedó en la otra esquina, donde
Peter la estaba esperando. Sólo quedaba Keith, que cuando se dio cuenta, se
desvistió a toda prisa y se tiró al agua cogiendo carrerilla, salpicando por
todas partes. Todos nos reimos, e incluso Stebbins y Sally sonrieron un poco.
La bebida comenzó a correr y todos bebimos lo suficiente como para achisparnos
un poco. Stebbins y yo nos besamos durante un rato y Sally y Peter también iban
a lo suyo. Conversamos un poco entre todos, nos metíamos los unos en las
conversaciones de los demás e incluso oí a Keith decirles a Ally y Yashira que
por qué no se besaban con él, que había chico suficiente para las dos. Éramos
los cinco de siempre los que llevábamos la mayor parte de la juerga, pero los
demás no parecían demasiado incómodos. Eso sí, tuve que abortar un par de
intentos de empujones y ahogadillas a Stebbins que Peter y Keith querían
perpetrar, recordándoles que él había intentado no meterse con ellos en toda la
noche y que se estaba esforzando mucho para no fastidiar el día.
Cuando probablemente más ruido estábamos haciendo, oímos unos golpes en la
puerta, como si alguien estuviese intentando abrirla. Todos nos paramos en seco
y Keith se abalanzó hacia la varita que reposaba en el borde de la piscina para
apagar la radio a distancia. Los golpes cesaron y fue entonces cuando Stebbins
dijo:
- Vamos, vamos, vamos, recoged, rápido. Probablemente sea Filch, no sabe la
contraseña, pero habrá ido a buscar a un profesor para que abra.
Todos nos pusimos en marcha, saliendo atropelladamente del agua y utilizando
los primeros hechizos que se nos vinieron a la cabeza para recoger las cosas
que había desperdigadas. Stebbins dijo que las escondiéramos en una de las
taquillas, que él intentaría encargarse al día siguiente de deshacerse de los
restos. Como pudimos también, nos secamos lo mejor posible y nos vestimos,
camisas sin meter y corbatas flojas. Ally acababa de abrir la puerta cuando
oimos voces por el pasillo dirigiéndose hacia nosotros, así que cerró y nos
quedamos todos mirándonos durante un segundo hasta que alguien, no sé quién,
gritó:
- ¡Escondeos!
Lo siguiente fue una carrera hacia las taquillas mezclado con un montón de
confusión. Me metí en una junto a alguien y cerramos como pudimos, y alargué la
mano para tocar al que yo creía que era Stebbins. Cuando notó mi contacto
susurró:
- Sally...
- ¿Peter?
- ¿Sach?
- ¿Qué haces tú aquí? - dije sorprendida.
- Esconderme, ¿recuerdas?
- Digo que qué haces tú en ésta taquilla. ¡Deberías estar con Sally!
- O tú con Stebbins. - respondió burlonamente.
- No te hagas el listo, ¿por qué te has metido conmigo?
- No me he metido contigo, pensé que eras ella.
En ese momento, se abrió la puerta y todos nos quedamos en silencio intentando
respirar lo más tranquilamente posible y sin murmurar una sola palabra. Filch
hablaba con alguien que parecía ser, por la voz, el profesor Flitwick. Bueno,
de todos los profesores era el más tranquilo, así que aún podíamos albergar
alguna esperanza de salir de allí sin castigo.
- Yo no veo a nadie, Argus. ¿Estás seguro de que tu... digamos, costumbre de
oir cosas, no te habrá jugado una mala pasada?
- Estoy seguro de que había gente aquí, profesor.
- Bueno, claro, es un baño, es bastante lógico que haya gente, ¿no crees?
- Pero hacían ruido - Filch intentaba hacer que todo sonase convincente.
- Vamos, creo que tienes que relajarte. El curso se acaba ya y pronto podrás
tener un merecido descanso. Mientras tanto, si quieres, puedes pedirle a Poppy
que te de algo para los nervios.
Les escuchamos salir del cuarto, pero nadie se movió en unos pocos instantes,
esperando, por si acaso todo era una trampa o algo parecido.
- ¿Por qué no dejas de acosarme? - le dije a Peter, aún en voz baja.
- ¿Cómo que acosarte? Yo no te acoso para nada.
- Desde que he decidido ir en serio con Anthony parece que no paro de verte en
todas partes.
- Con Sally. Te recuerdo que estoy con Sally. Y te recuerdo que estamos en la
misma casa. Y en el mismo castillo. Y en el mismo mundo, por desgracia. No
puedo alejarme más de tí de lo que me gustaría.
- Eres un imbécil, Starkey, todo el día persiguiéndome. ¡No quiero volver a
saber nada de tí! ¡No me hables, no me mires y no hagas nada!
Salí lo más fuerte que pude de la taquilla y vi como casi todos los demás
estaban fuera, excepto Keith y Ally. Me cogí del brazo de Stebbins, que parecía
haberse escondido con Sally y nos fuimos de allí muy rápido. No sabía si había
oído algo de lo que había hablado con Peter, pero debía de notar mi enfado
porque no me dijo nada hasta la sala común. Ya era tarde, y, desde luego, nos
habíamos perdido la cena. Al pie de la escalera, me dio un beso en la frente y
me dijo que, de todas maneras, se lo había pasado bien ese día y que tendríamos
muchas ocasiones de vernos completamente a solas durante el verano. Le besé de
vuelta y me fui a la cama, agotada y rabiosa por haberle dicho eso a Starkey.
Lo más seguro era que sí, que se hubiera equivocado al meterse en la taquilla y
que quizá no había querido fastidiarme a mí el plan con Stebbins, si no más
bien, fastidiárselo él a Stebbins. Pero, como siempre, lo dicho estaba dicho, y
ya no volveríamos a hablar prácticamente hasta el curso siguiente. Me metí en
la cama con un nudo en el estómago y con lágrimas apunto de asomar por mis
ojos, pero parpadeé fuerte y me abracé a la almohada para dormir.
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16 de Junio, Jueves
Desayunaba
distraído, tratando de desperezarme, cuando me pareció sentir una corriente de
aire ante mí. Alcé la vista y vi a Pluhume, la adorada y majestuosa lechuza de
mi padre. Vaya, parecía que se dignaban a contestarme al fin.
No me molesté en extender mi brazo para que se posara en él, ya que el animal
era enorme. En su lugar, hice sitio en la mesa lo mejor que pude, justo a
tiempo para que se posase allí. Recogí la carta de mis padres que llevaba con
ella, y miré a la lechuza. No me caía bien.
- Está bien, Pluhume - Dije, desganado -. Puedes irte ya, no tengo nada para
ti. Gracias por la carta y todo eso.
El pájaro me miró con su aire de superioridad, y emprendió el vuelo lentamente.
Parecía molesto. Claro que siempre parecía molesto. "Como su dueño",
pensé.
Miré a mis lados. Keith seguía desayunando tranquilamente, y Sally me miraba
con cierta curiosidad. Desplegué la carta ante mí, suspirando, mientras Sally
trataba de leerla a su vez desde su posición.
"Peter:
Nos alegra que digas que has mejorado con respecto a los exámenes, en especial
a tu madre, que espera que te hayan ido lo mejor posible. Yo por mi parte soy
un poco más realista y ya he aprendido a no esperar demasiado."
Suspiré. Mi padre, tan agradable y motivador como siempre. Seguí leyendo.
"Cambiando de tema, es curioso que menciones el tema de la casa de tu tío.
Lejos de mi intención está que pienses que te guardo algún tipo de rencor por
impedirle al resto de tu familia el acceso a los terrenos de la casa. De hecho,
y puedes interpretarlo como una muestra de mi buena voluntad, he pensado que lo
mejor es que durante las próximas vacaciones de verano permanezcas tú mismo en
la casa de tu tío, a solas, por supuesto, ya que, repito, respeto ese deseo
tuyo de que nadie más que tú vaya allí.
Tu madre insiste en que vengas un par de días a casa cuando acaben las clases,
pero te aseguro que te irás a tu nueva casa lo antes posible, y pasarás allí
todo el verano, no debes preocuparte por ello.
Como ves, acepto de buena gana el asunto de la casa de tu tío.
Tu madre te manda besos. Te veremos en unos días.
Atentamente, tu padre."
Releí el último párrafo. ¿Estaba haciendo lo que yo pensaba? ¿Castigarme a
pasarme todo el verano solo en la casa de mi tío? ¿"Desterrarme"?
¿Sólo por no querer dejarle acceder a la casa sin siquiera explicarme lo que
buscaba? ¿O quizás lo que pretendía era que el hecho de quedarme solo y
apartado tanto tiempo hiciera que accediera a dejarle entrar?
Me dejé caer en la silla, resoplando.
- ¿Qué pasa? - Susurró Sally, a mi lado.
- ¿Cómo que qué pasa? - Dije, también en voz baja -. ¿No has leído lo que me ha
escrito mi padre?
- Sí. ¿Qué problema hay?
- ¿Que qué problema hay? ¡Yo! ¡Solo! ¡Todo el verano!
- Bueno... - Sally parecía pensativa -. No estarás solo... Está el elfo
doméstico tuyo... Y el pájaro ese...
- Oh, genial, sí - Resoplé -. Un elfo doméstico y un cuervo. Me pregunto si
tendré tiempo para descansar entre tanta fiesta.
Sally me miró unos instantes.
- Pero... - Dijo, finalmente -. Así tendrás más tiempo para..
Ya sabes... Ayudarme...
- Pero Sally - Dije -. Sólo tengo que explorar el sótano. Sólo recorrer el
sótano y recoger unos objetos. ¡No necesito todo el verano para eso! No
tardaría más de una semana...
- Pero aún tengo dos pergaminos en blanco - Dijo ella, frunciendo el ceño -.
Quizá cuando se muestren tengas que estarte más tiempo allí...
Me tapé los ojos con las manos, ignorando a Sally.
- Todo el verano solo... - Repetí.
- Te escribiré - Dijo Sally.
- Esa es otra - Dije -. ¡No vamos a poder vernos!
- No podríamos de todas formas, ya lo hemos hablado - Dijo ella.
- ¡Sí podríamos! Podrías venir tú a Londres, o ir yo a Bristol, ¿qué más da?
Sally me miró en silencio.
- ¡Hay menos de
- Peter... - Dijo ella.
- Y si no hubiera trenes iría a verte en escoba.
- Claro, y entonces te expulsarían por usar magia fuera del colegio y no
volverías a verme el curso que viene, ¿prefieres eso?
- Créeme, el mayor peligro de que yo usase una escoba no sería que me
pillasen...
- ¿Qué pasa aquí? - Dijo de repente Keith, acercándose -. Muchos cuchicheos de
preocupación noto, ¿hace falta que os recuerde que esta tarde nos vamos de
fiesta?
- Yo... - Dije.
- Peter está preocupado porque no sabe qué ponerse - Dijo Sally, rápidamente, y
continuó con su desayuno.
- ¡Anda ya! - Dijo Keith -. Peter, ¿qué más da? - Guiñó un ojo -. Mientras
lleves el bañador debajo.
- ¿Bañador? - Dijo Sally, girando la cabeza como un resorte -. ¿Qué bañador?
- Peter, ¿no se lo has dicho? - Dijo keith.
- Ay... - Dije yo, desanimado.
- ¿Decirme qué? - Dijo Sally.
- Es una fiesta de piscina - Dijo Keith, sonriente -. ¡Todos en bañador! - Se
giró hacia mí -. ¡Peter, dijiste que tú se lo decías a Sally! ¿Cuándo se lo
ibas a decir?
- Sí, Peter Starkey - Dijo Sally, entre dientes -. ¿Cuándo me lo ibas a decir?
Me encogí de hombros.
- ¡No sabía cuándo decírselo! - Le dije a Keith, y me giré hacia Sally -. ¡Ya
sabía que no querrías! Así que por ahora sólo había dicho que se trata de una
fiesta...
- No es que no quiera - Dijo Sally, con tono de preocupación -. Es que... Mi
bañador...
- ¿Qué? - Dijo Keith -. Nos hacen traer bañadores en el equipaje, ¿no tienes?
- Sí, pero como nunca lo usamos... - Dijo Sally -. Bueno, mi bañador...
- Oh, no seas tímida - La interrumpió Keith -. Estaremos todos perfectos en
bañador. ¡Y ahora terminad ya de desayunar, lentorros!
Miré a Sally con ojos de cachorro mientras me encogía de hombros, y ella me
devolvió la mirada con fastidio. Terminamos de desayunar y nos dirigimos a la
sala común para planear el resto del día.
Keith y yo estábamos sentados en el sofá de la sala común, ultimando los
preparativos de la fiesta. La fiesta improvisada que nos habíamos sacado de la
manga. ¿Cómo iba a terminar aquello? Esperaba que no en una pelea, o en otro
duelo, o... Más importante aún, ¿cómo se me había siquiera ocurrido aquello?
- Tranquilízate, Peter - Dijo Keith, a mi lado.
- Estoy tranquilo - Dije.
- Estás muy tenso.
- De eso nada.
- Te tiemblan las rodillas, míratelas.
- Míratelas tú.
Keith suspiró.
- ¿No querías fastidiar a Stebbins? - Dijo.
- Claro que quiero - Respondí -. Es sólo... Bueno, podemos meternos en un lío,
o algo. Se supone que nosotros no podemos ir allí. Ni siquiera sabemos dónde es
"allí".
- Peter, fue idea tuya.
- Sí, sí, lo sé, no me lo repitas, lo planeé yo, de acuerdo, ya lo sé - Dije,
dejándome caer en el sofá -. Pero ¿por qué? ¿Qué me dio ese día? A mí me gusta
la tranquilidad...
- Y fastidiar a Stebbins - Añadió Keith.
- También. Pero me conformo con lanzarle algún resplandor de luz con la varita
hacia su cama para despertarle cuando yo no puedo dormir. Inocente y anónimo.
Esas son las bromas que me gustan. En las que no hay peligro de recibir un
golpe de alguien cuando terminan. ¿Me sigues?
- Tranquilo, Peter. El día que lo ideaste todo estuviste muy ingenioso...
- ¿Muy ingenioso? - Dije, alterado -. Salimos a la sala común ya por la noche,
vi a Sally, ¡y la cogí para llevarla a caballito durante una hora! ¡Mientras
ella me daba patadas para que la bajase! Aún me duelen las costillas... Por no
hablar de que todavía no he sabido cómo explicárselo a... ¿Pero de qué te ríes?
- ¿Yo? De nada, de nada... - Dijo Keith, a mi lado, aguantando la risa -.
Bueno, no te preocupes - Se encogió de hombros -. Seguro que hoy lo pasamos
bien.
- Ahá - Dije, no muy convencido -. A ver, ¿está todo?
- Que sí... Tenemos la comida y la bebida. La música...
- Me fijé en que llevaban una radio mágica - Dije, encogiéndome de hombros -.
Con cambiar de emisora basta.
- Las chicas están avisadas - Continuó Keith.
- Así que sólo queda que Vince nos diga dónde se encuentra el baño de los
prefectos, así como la contraseña - Dije.
- Sí.
- Hemos dejado para el final lo más importante.
- Eso parece.
- Genial.
- De nuevo, tranquilo, Peter - Dijo Keith -. Tu razonamiento fue que Vince
también querrá aguarles la fiesta, ¿no?
- Estamos fiándonos de mis razonamientos - Resoplé -. Bien. Esto pinta cada vez
mejor.
- Mira, está allí sentada. Deberíamos ir a explicarle nuestra idea ahora, ¿no
crees?
Miré hacia donde Keith me señalaba. Vince estaba sentada sola, leyendo algún
libro.
- Mejor que vayas sólo tú - Dije -. Por si es necesario usar... Yo qué sé, tus
encantos masculinos, o algo de eso.
Keith frunció el ceño y luego sonrió.
- ¿Seguro que no me quieres ver "en acción"? - Dijo -. Podrías
aprender un par de lecciones.
- No - Dije -, en serio, es que todavía no he hecho la digestión, a ver si voy
a echar la comida.
Keith suspiró.
- Qué poca fé - Dijo, sonriendo, y se levantó lentamente para ir a hablar con
Vince.
- No olvides invitarla, por si eso facilita que nos ayude - Le dije, mientras
él asentía.
Le vi acercarse hacia Vince y coger una silla cercana. Parecía decidido.
Mientras le observaba, escuché una voz a mi lado.
- Bueno, yo ya estoy.
Me giré y vi a Sally en pie ante mí, vestida con su uniforme, disimulando
cierta inseguridad.
- ¿Sí? - Dije -. ¿Bañador y todo?
- Lo llevo bajo el uniforme - Dijo ella.
- ¿Sí? - Repetí, y me incliné hacia su falda. A medio camino me detuve, y pensé
en lo que estaba haciendo. Volví a recostarme en el sofá.
Sally permaneció en silencio unos segundos. Luego se sentó a mi lado.
- Has estado a punto de levantarme la falda en medio de la sala común sólo para
verme el bañador, ¿verdad? - Dijo, seria.
- Esto... Sí - Dije -. Lo siento. Un... Impulso.
Sally se rió un instante y luego volvió a ponerse seria, observando como
siempre que nadie la hubiera visto.
- Eres un desastre - Dijo.
- Bueno, pero ¿cómo es? - Dije con curiosidad.
Me pareció que Sally se ponía un poco colorada.
- Pues... - Dijo -. No sé, es... Bueno, digamos que... En fin, quizá sea... Un
poco... Infantil, por así decirlo.
- ¿Infantil?
Sally asintió.
- Mi madre tiene la manía de comprarme ropa de aspecto un poco... Infántil.
Aquí no te habrás dado cuenta, ya sabes, siempre me ves con el uniforme,
pero...
- Me he dado cuenta - La interrumpí, sin pensar.
- Eh... ¿Sí? - Dijo ella, mirándome fijamente.
- Sí - Dije, y comencé a ponerme colorado -. Eh... Ya sabes... Alguna vez, en
el dormitorio, cuando tú y yo... Eh... Bueno, tus... Ya sabes, esas de ositos,
que... - Sentía como la mirada de Sally me atravesaba como si se tratase de un
taladro -. Se... Seguro que tu bañador está bien, no te preocupes.
Sally suspiró.
- Temo que los bañadores de las demás serán... Mejores. Quizá se rían de mí.
Miré a Sally sorprendido. ¿A ella le preocupaban esas cosas?
- Eh... - Dije, cogiéndole la mano -. No te preocupes, seguro que te queda muy
bien.
Ella me miró, insegura, y luego miró hacia algún lugar a mis espaldas.
- ¿Por qué está Keith hablando con Vince? - Dijo.
Me volví a mirar a Keith, que hablaba con Vince. La cosa no parecía ir mal.
- Ah, para que nos diga dónde está el baño de los prefectos, y la con... - Me
paré a media frase y miré hacia Sally. Tenía los ojos entrecerrados y me miraba
con reproche.
- ¿La con...? - Dijo.
- Eh... ¿Consumición? - Dije yo.
- Claro. No querrías decir "contraseña", ¿verdad?
- No, no, claro que no...
Sally se recostó en el sofá y se frotó la frente con una mano.
- Peter... - Dijo -. Me dijiste que nos habían invitado. A una fiesta.
- Eso es - Dije.
- Pero no sabéis cómo llegar. Y no sabéis la contraseña.
- El servicio de invitaciones dejó mucho que desear - Dije yo, a la
desesperada.
Ella suspiró.
- Peter - Dijo, con tono de preocupación -. ¿Quiénes vamos a esa fiesta?
- ¿Eh? - Dije -. Pues... Tú, yo... Keith, Ally, Yashira... Quizá Vince...
Ehm... Sach y Stebbins...
- Sí - Dijo ella -. Sólo que en realidad se trata sólo de Sach y Stebbins, ¿no?
- ¿Qué?
- Peter... Vince está aquí, y Keith está intentando que le diga cómo llegar y
cómo entrar. Al baño de los prefectos. Pero no veo a Sacharissa ni a Stebbins.
- ¿Y qué?
- Se trata de... Ella, ¿no? - Dijo Sally, con tono de reproche -. Sólo
quieres... Que no esté a solas en el baño con Stebbins, ¿no?
- ¿Qué? - Dije -. ¡No! No es eso...
Sally me observaba en silencio. Parecía preocupada.
- Keith y yo sólo queremos... Fastidiarle la fiesta a Stebbins. Él nos cae mal.
No es por Sacharissa, es... Por él.
Sally me miraba, no muy convencida.
- Vamos, Sally, tienes que creerme - Dije, intentando que lo comprendiera. Yo
estaba bien con ella. Yo quería seguir estando bien con ella -. Quiero estar
contigo, Sally, sólo contigo. ¿Cómo puedo convencerte?
- No lo sé, Peter, yo...
- Sally, en serio... Lo pasaremos bien. Quiero estar ahí contigo, quiero
meterme en el baño, la piscina, o lo que sea que haya allí, contigo, y pasar la
tarde así.
Sally seguía mirándome.
- Sólo contigo - Aseguré.
- Está bien - Dijo Sally, insegura, y esbozó una pequeña sonrisa.
Le devolví la sonrisa y me incliné para besarla.
- Bueno, bueno, tomáoslo con calma - Dijo Keith, a mis espaldas. Me giré y le
vi sonreir.
- ¿Cómo ha ido? - Dije.
Keith miró un momento a Sally, probablemente preguntándose si ella sabía
nuestro plan, y como no debía saber si era seguro hablar abiertamente, se
limitó a sonreir y a levantar un pulgar.
- La fiesta comienza en sólo un rato, chicos - Dijo, mientras se sentaba a
nuestro lado -. Por cierto, Vince prefiere no venir.
- ¿Y eso? - Dije.
- Prefiere mantenerse al margen - Dijo Keith en voz baja.
- Entiendo - Dije. Esperaba poder mantenerme yo algún día al margen. De todo,
en general.
La hora de la fiesta se acercaba. Sally y yo quedamos en encontrarnos con Keith
y las demás en el pasillo donde se encontraba el baño, y antes hicimos una
visita rápida al lago para recoger a Zoro, ya que quería enviarle una carta a
Mêlée, para preguntarle por la localización exacta de la casa de mi tío, y
métodos para llegar hasta ella sin violar la prohibición de usar la magia por
mi cuenta.
- Ni siquiera se han dignado a decirme en ningún momento dónde está exactamente
- Dije mientras doblaba el papel que había escrito -. Como simplemente aparecí
allí...
- ¿Seguro que no había ningún edificio cerca? - Dijo Sally.
- No vi ninguno. Como mucho podría haber otras casas similares, ¿quién sabe?
- Supongo que tu elfo podrá prepararlo para que puedas entrar en la casa
mediante polvos flu.
Negué con la cabeza.
- No estoy seguro, y tampoco sé si mi padre me dejará usar su chimenea. Quizá
sólo me indique cómo llegar, ya sabes, usando transportes públicos, mágicos o
no mágicos, me da igual.
Terminé de preparar a Zoro y le vi alejarse por el cielo.
- Humpf - Resoplé -. Si al menos me hubiera fijado bien en la dirección que
aparecía en aquellos papeles que tuve que firmar el día del funeral...
- Sí - Dijo Sally -. Pero estabas nervioso. Supongo que... Es normal.
Miré a Sally, tratando de animarme.
- En fin - Dije -. Vayamos a la fiesta, tengo ganas de verte en bañador.
- Y yo a ti - Dijo ella, tan seria como de costumbre.
Cuando llegamos al pasillo donde habíamos quedado con los demás, Keith ya
estaba allí con Ally y Yashira, que parecían animadas. Nos miramos, él cargado
con la bebida y yo con la comida, y nos entró la risa nerviosa.
- ¿Qué crees que pasará? - Dije, mientras avanzábamos por el pasillo, buscando
la puerta.
- Ni idea - Dijo Keith, sonriendo.
- ¿Crees que acabará mal?
- No lo sé - Dijo él -. Pero mira, si acaba mal, será divertido ver a Stebbins
echar humo por las orejas, y si acaba bien será divertido montarnos una fiesta
de piscina por la cara.
- ¿Pero es una piscina de verdad o sólo una bañera?
- Dicen que es tan grande como una piscina, sea lo que sea.
Seguimos avanzando. No debía ser tan grande, probablemente serían
exageraciones. Ally y Yashira hablaban animadamente a nuestras espaldas sobre
lo que habían crecido en el último año y cómo se habían dado cuenta al ponerse
sus bikinis, así que la conversación de la piscina ya no nos
resultaba tan interesante a Keith y a mí. Al fin llegamos a la puerta correcta.
- Y ahora la contraseña - Dijo Keith -. ¿Cómo era...?
- Patas de calabaza - Dije.
La puerta no se abrió.
- Es la que me habías dicho - Dije, mirando a Keith.
- No - Dijo él -. Pastas de calabaza.
- ¿En serio? - Dije, mientras la puerta se abría -. Pero eso cualquiera puede
decirlo...
Keith entró mientras hablaba, y le seguí, poniéndome a su altura con rapidez.
Eché un vistazo. La sala era enorme, y tenía de todo, desde luego era increíble
que aquello fuera calificado como un "simple" baño. Taquillas, mesas,
sofás... Y la piscina. No una bañera grande, sino una piscina, finalmente.
Y Sach pegada a Stebbins en la bañera. Sentí una punzada de fastidio, aunque se
me pasó en cuanto vi sus caras de sorpresa. Stebbins salió del agua, empapado,
mientras dejábamos las bolsas sobre la mesa y comenzábamos a sacar la comida y
la bebida.
- ¿Qué hacéis aquí? - Preguntó, tras lo que pareció un largo y complejo proceso
mental. Tenía que disfrutar el momento.
- Pues venir a la fiesta, claro - dije, sonriendo -. Sentimos llegar tarde.
- ¿Qué fiesta? - Dijo él, sin reaccionar.
- Pues ésta - Dijo Keith -. Es una fiesta, ¿no? Habéis traído cosas vosotros
también. Aunque vaya porquería de fiesta si no tenéis ningún tipo de bebida
alcohólica. ¿Té? No somos abuelas.
- Pero... Pero...
Stebbins seguía sin reaccionar. Me habría gustado inmortalizar el momento, pero
no teníamos ninguna cámara, así que seguí desplegando las cosas sobre la mesa.
- ¿Quién os ha dicho que había aquí una fiesta? - Dijo, finalmente -. ¿Como
habéis podido pensar que yo os invitaría a compartir una habitación conmigo
durante más del tiempo estrictamente necesario?
- Pues Sacharissa nos lo dijo, claro. - dije - Nos comentó que iba a haber una
fiesta en el baño de los prefectos y como nunca habíamos estado, pues nos
vinimos.
Sach gritó que era mentira desde la piscina, pero preferí ignorarla, ya que
Keith también parecía divertirse con la situación y estar dispuesto a
contestar. Finalmente Sacharissa salió del agua para calmar a Stebbins, que
parecía no saber qué hacer. Genial, así que íbamos a estar todos juntos en el
baño... Miré a Keith, que me devolvió la mirada sonriendo. Al final nos
habíamos sacado una fiesta de la manga. Me acordé de repente de que había
decidido encargarme de la música. Busqué la radio mágica con la mirada, y
cuando la vi me acerqué a ella. La miré un instante, y decidí cambiar de emisora.
Algo movido estaría bien. Y bien alto. Nada romántico, desde luego.
Cuando me giré, me topé con Sally, que me esperaba a unos pasos. Me acerqué a
ella sonriendo.
- Tú primero - Me dijo.
- ¿Qué? - Dije, sin comprender.
Sally se llevó una mano al cuello de la camisa.
- La ropa - Dijo -. Tú primero.
- Ah. Vamos, Sally, no pasa nada...
- Por eso - Dijo ella, cruzándose de brazos -. Tú primero.
Al parecer yo tenía que quitarme la ropa primero, pero con ella mirando
atentamente. Tomé aire, y me desnudé rápidamente. Enseguida me quedé en mi
bañador negro, y al mirar a Sally vi como me observaba el cuerpo entero. Noté
como me sonrojaba, aunque parecía ser la única que me observaba, en realidad.
- ¿Ves? - Le dije -. No pasa nada. Te... Espero en el agua, ¿vale?
Me apresuré a meterme en la piscina, y la observé desde allí. Aún parecía tener
sus dudas. Miré hacia Ally y Yashira, con cierto disimulo, que habían comenzado
a desnudarse después de mí. Keith en cambio se estaba quedando rezagado, ya que
parecía haberse quedado congelado mirándolas quitarse la ropa. Sally seguía
dudando, pero finalmente se devistió, despacio. Su bañador era de una única
pieza, tipo escolar, con unos mínimos pantaloncitos saliendo de la parte
inferior, a líneas azules y blancas. Me quedé mirándola mientras se acercaba,
ruborizada, y se metía en la piscina a mi lado.
- Deja de mirarme - Me susurró.
- Pero... - Dije.
- Ya te dije que era muy infantil.
- ¿Infantil? - Dije -. Sally, ¡es genial!
Sally me miró como si fuera un bicho raro.
- Me encanta tu bañador - Dije.
- Anda ya - Dijo ella -. No te burles de mí.
- ¡En serio! - Dije -. Es elegante, es clásico, es atractivo...
- Eres un idiota - Dijo ella, ruborizándose.
- Estás muy guapa - Le dije. Ella abrió la boca para decir algo, pero se quedó
callada. Me acerqué a ella lentamente, para besarla.
Y de repente una ola de agua nos salpicó a todos. Keith se había desnudado a la
carrera y había saltado en bomba a la piscina. La cosa parecía cada vez más una
fiesta.
Pasaban las horas, y la comida y la bebida se agotaban mientras la tarde daba
paso a la noche. La música seguía escuchándose, y yo me sentía bien. Sally
parecía divertirse de verdad y no se esforzaba tanto como otras veces en
ocultarlo, Keith y yo nos lo pasábamos genial haciendo el cafre en la piscina
de cualquier manera imaginable para luego reirnos como idiotas hasta que se nos
ocurría otra cosa, e incluso Sach reía y nos miraba sin disimularlo.
Finalmente, parecía que el curso acabaría bien. Abracé a Sally y sonreí.
De repente alguien comenzó a hacer ruido en la puerta, tratando de abrirla. Me
quedé congelado, mientras Keith apagaba la radio a distancia. Los golpes
pararon, pero Stebbins, con tono de preocupación, comenzó a meternos prisa para
que saliéramos cuanto antes del agua, ya que probablemente se trataba de Filch,
y habría ido a buscar a algún profesor para que abriera la puerta.
Salimos del agua y escondimos las cosas en una taquilla como pudimos, para
después ponernos la ropa sobre los bañadores, aún mojados, ya que entre las prisas
y que íbamos algo achispados ni siquiera se nos
ocurrió hacer algún hechizo para secarlos. Cuando nos disponíamos a abandonar
el baño, escuchamos voces por el pasillo, acercándose, y nos miramos sin saber
qué hacer.
- ¡Escondéos! - Gritó Keith, inseguro.
Alguien dio un paso hacia las taquillas, y todos comenzamos a correr hacia
allí. Traté de agarrar la manga de Sally, pero se me escurrió entre los dedos.
Aún así la notaba corriendo a mi lado. Nos metimos a toda prisa en una taquilla
cualquiera y la cerramos desde dentro, quedándonos a oscuras. De repente noté
como una mano me agarraba el brazo.
- Sally... - Susurré, sintiendo un escalofrío.
Un segundo de silencio, mientras la mano me soltaba.
- ¿Peter? - Dijo la voz de Sacharissa.
- ¿Sach? - Dije, sorprendido.
- ¿Qué haces tú aquí?
- Esconderme, ¿recuerdas? - Dije. Entonces, ¿dónde estaba Sally?
- Digo que qué haces tú en ésta taquilla. ¡Deberías estar con Sally!
- O tú con Stebbins - Respondí, molesto. Juraría que Sally me estaba siguiendo,
¿dónde estaba?
- No te hagas el listo, ¿por qué te has metido conmigo?
- No me he metido contigo - Dije. ¿Encima se pensaba que lo había hecho aposta?
-, pensé que eras ella.
En ese momento oímos ruido fuera. La puerta del baño se había abierto, y Filch
discutía con el profesor Flitwick sobre los ruidos que había oído. tras unos minutos pareció convencerse de que allí no había
nadie, y oímos como ambos se iban del baño. Suspiré aliviado, pero al no oír
ninguna de las otras taquillas abriéndose, nosotros tampoco hicimos ningún
movimiento.
- ¿Por qué no dejas de acosarme? - Dijo Sacharissa, de repente.
- ¿Cómo que acosarte? - Dije. Lo qué faltaba -. Yo no te acoso para nada.
- Desde que he decidido ir en serio con Anthony parece que no paro de verte en
todas partes - Dijo ella, entre dientes.
- Con Sally - Susurré, muy enfadado -. Te recuerdo que estoy con Sally. Y te
recuerdo que estamos en la misma casa. Y en el mismo castillo. Y en el mismo
mundo, por desgracia. No puedo alejarme de ti tanto como me gustaría.
- Eres un imbécil, Starkey - Dijo ella, demasiado alto -, todo el día
persiguiéndome. ¡No quiero volver a saber nada de ti! ¡No me hables, no me
mires y no hagas nada!
A continuación salió de la taquilla, y vi que en realidad casi todos los demás
estaban fuera, menos Keith y Ally. Mientras yo salía vi como se agarraba del
brazo de Stebbins y se iba de allí. Miré a mi
alrededor con el ceño fruncido. Vi a Sally dirigirse al pasillo, pasando junto
a Yashira, y la seguí.
- Eh, espera - Dije, secamente -. ¿Dónde vas?
Sally siguió caminando.
- ¡Espera! - Le dije, corriendo por el pasillo y agarrándole el brazo.
Sally se giró, y vi que estaba llorando.
- ¿Sally? - Dije, inseguro -. Te... ¿Te ha hecho algo Stebbins? ¿Estabas
escondida con él?
Sally dio un tirón para soltar su brazo de mi agarre, y me dio una bofetada con
todas sus fuerzas. La vi venir, pero no me aparté. Sentí el calor repentino de
mi mejilla al enrojecer, y me volví de nuevo hacia ella sin saber qué decir.
- Sí - Dijo ella, aguantando las lágrimas -. Con Stebbins. Porque Peter Starkey
corrió a esconderse con Sacharissa. Así que tuve que escoderme con Stebbins.
- ¿Qué? - Dije -. Sally, no, yo...
- ¡Cállate! - Gritó ella, y de repente me sentí asustado. No quería que
siguiera gritando -. Siempre igual. Siempre lo mismo. Me aseguras que ya no
quieres nada con ella. Me aseguras que ya te has olvidado de ella. Y yo, como
una idiota, me creo que es verdad, yo me creo que quieres estar conmigo...
- Y quiero estar... - Comencé a decir.
- ¡No! - Dijo Sally -. Cállate ya. Al menos deja de decirlo. Todos hemos oído
lo que gritó Sacharissa.
- Pero Sally...
- Deja de decir mi nombre, Peter Starkey - Dijo ella, furiosa, y de repente
volvió a llorar sin control -. ¡Déjame en paz ya!
Sally me empujó, y a continuación salió corriendo en dirección a la sala común.
La vi alejarse, sin saber qué hacer. Sentía una mezcla de furia y tristeza.
Tristeza por la posibilidad de perder a Sally si no la convencía de que de
verdad había sido un malentendido, y furia por el hecho de que Sacharissa
hubiera gritado para decir eso, complicándome las cosas, sin creerme ella
tampoco. Sentí como las lágrimas me llenaban los ojos, pero las guardé como
pude cuando oí voces a mis espaldas.
Me giré y vi a Yashira y Ally despidiéndose de Keith, a la puerta del baño.
Mientras se alejaban vi como Yashira cuchicheaba algo al oído de Ally y las dos
se giraban un instante para mirarme, apartando la vista rápidamente al ver que
yo las estaba mirando a ellas.
- Oh, genial - Susurré -. Gracias, Sach...
Keith me vio desde la puerta del baño y se acercó hacia mí.
- Un final apoteósico, ¿eh? - Dijo.
- Sí... - Murmuré -. Pero oye, perdona, no estoy muy animado...
- ¿Y eso? - Dijo él, ensimismado -. ¡Si ha sido la leche!
- ¿La leche? - Dije -. ¿No has oído lo que dijo Sach? ¿No me has visto ahora
con Sally?
- Ah, Sally... - Dijo él, sonriendo -. Bueno, tranquilo, no estaba tan mal con
ese bañador...
- ¿Qué? - Dije -. ¿De qué hablas?
- ¿De qué hablas tú? - Dijo él.
Le observé un poco molesto. ¿De verdad no habría oído a Sacharissa? Pues sería
el único... De todas formas tenía un aspecto extraño. Tenía la ropa totalmente
desarreglada, el pelo muy despeinado, y parecía muy distraído.
- Oye - Dije -, ¿ha pasado algo?
- ¿Algo? - Dijo él -, ¿y por qué tiene que pasar algo?
Me encogí de hombros.
- Y yo qué sé - Dije.
- Peter, Peter - Dijo él -, ¡eres muy suspicaz! Pasar "algo"... ¿Te
ha pasado a ti "algo", acaso?
Suspiré, ignorando su extraño comportamiento. En esos momentos necesitaba un
amigo.
- ¿A mí? - Dije -. Vamos a la sala común, y te lo explico por el camino...
Comenzamos a caminar por el pasillo, y comencé a contarle lo que había pasado.
Durante las vacaciones, cuando estuviera solo en medio de la nada, a él también
le echaría de menos.
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16 de Junio, Jueves
Estaba todo planeado y por fin había llegado el día.
- ¿No entras? - Peter me observaba desde el umbral de la puerta.
- Si, voy ahora, resérvame un sitio. - dije intentando distinguir una cara conocida
entre la multitud de Gryffindors que entraban en el gran comedor.
Peter se mezclo entre el resto de alumnos que se dirigían a desayunar.
Sacharissa y Stebbins estaban acaramelados en la mesa de Slytherin, me imaginé
sus caras al vernos si todo salía bien y conseguíamos colarnos en su fiesta
privada. Una extraña sensación recorrió mi cuerpo, esperaba que no se lo
tomasen mal, sobretodo Sacharissa.
- "Quizás no sea una buena idea" - pensé.
Estábamos a punto de irnos de vacaciones y no me hacía ninguna ilusión
pasarlas enfadado con ella. Saber que seguramente no fuésemos Peter y yo solos
me daba un poco de tranquilidad, no creía que se fuese a enfadar con todo el
grupo. Aparté todas mis dudas y me concentré en repasar mentalmente, una a una,
la lista de tareas que tenía que realizar. Alcé la vista y encontré la primera
de ellas.
- ¡Yashira! - la saludé levantando la mano.
Yashira se separó unos metros del grupo con el que estaba y se acercó a
mí.
- ¡Hola Keith!, ya no queda nada ¿eh? - me saludó
- ¿Nada? - dudé - ¿para qué? - Yashira aun no me había confirmado si iba a
asistir a la fiesta o no, no podía estar tan impaciente.
- Para las vacaciones, ¿para qué va a ser? - se giró y vio que sus compañeros
entraban al gran comedor - Bueno...
- Claro, las vacaciones - la interrumpí - para mí ya son vacaciones, lo único
que aun estamos en el colegio. - ella asintió sin apartar la vista de sus
compañeros, los cuales ya se estaban sentando a la mesa.
- Bueno, luego hablamos ¿vale? - Yashira se giró en dirección a la puerta.
- ¡Espera! - dije sujetándola por la túnica - ¿Al final vas a venir a la fiesta
de despedida?
- Si, pensaba que me había olvidado el bañador en casa pero lo encontré esta
mañana.
- Bien, al final estaremos todos - sonreí - Entonces nos vemos esta tarde, en
el pasillo que va al baño.
- Está bien - Yashira se despidió y salió corriendo hacia la mesa.
Entré tras ella. Vi como se reía y forcejeaba con uno de sus amigos para
conseguir un sitio a su lado. Pasé entre las mesas hasta llegar a la de
Slytherin, me senté junto a Peter y Sally que ya habían comenzado a desayunar y
observé que Thomas no estaba allí. Le había preguntado hace dos días si sería
capaz de conseguirnos algo de alcohol para la fiesta, me dijo que no tendría problema,
pero no lo había vuelto a ver desde entonces y empezaba a dudar si tendría la
bebida a tiempo.
Después de desayunar nos dirigimos a la sala común para terminar de apuntalar
los preparativos, aun faltaba lo más importante, conseguir la contraseña para
entrar en el baño y solo Vince nos podía ayudar.
Sentados en nuestro sofá habitual intenté tranquilizar a Peter que no parecía
muy seguro de que las cosas fuesen a salir bien, seguramente porque todo
apuntaba a que terminaríamos el día con un ojo morado, o en despacho de Snape
por entrar sin autorización en el baño de los prefectos. Vince estaba sola,
sentada a unos metros de distancia leyendo un libro. Cogí aire y me dirigí
hacia ella, todo dependía de esta conversación, no me veía con fuerzas para
decirle a todo el mundo que la fiesta se iba a cancelar en el caso de que
saliese mal.
- "En ese caso la hacemos en nuestro cuarto" - pensé.
Agarré una silla vacía, la coloqué frente a Vince y me senté.
Ella no levantó la mirada del libro.
- ¿Qué tal Vince? - comencé a decir
Me miró por encima del libro y sin decir nada volvió a perderse en bajo las
hojas. Las tapas del libro parecían hechas de piel, quizás de algún tipo de
animal ya que se podía observar una fina capa de pelo que lo recubría. No tenía
título por lo menos a simple vista, aunque lo que más llamaba la atención eran
unas diminutas láminas doradas en la cubierta, que probablemente se unirían al
cerrar el libro mediante el candado que tenía sobre la mesa.
- ¿Qué lees? parece interesante - me levanté ligeramente para ver su cara.
Vince arqueó las cejas y nuestras miradas se cruzaron.
- ¿Quieres algo Parker? - cerró el libro y lo posó sobre la mesa.
- Te voy a ser sincero - sería una tontería darle vueltas al asunto, apenas
tenía relación con Vince y no me creería si le preguntaba qué tal le había ido
el curso o si tenía ganas de volver a casa. - Necesito tu ayuda.
Vince arqueó las cejas sorprendida.
- Continua - dijo secamente.
- Bueno - no sabía muy bien cómo empezar - verás, hoy Stebbins y Sach van a ir
al baño de los prefectos, ya te imaginas para que más o menos, el caso es que
teníamos pensado fastidiarles el plan y celebrar una fiesta en el baño.
Vince parecía confundida
- Y necesitamos la contraseña - las palabras se fueron haciendo cada vez menos
audibles a medida que terminaba la frase.
- ¡Ja! - rió Vince - ¿Pretendéis que os de la contraseña para entrar en el baño
de los prefectos? ¿Para fastidiar a Stebbins?
- Si, esa es la idea - sonreí.
- Estáis locos - dijo echándose hacia atrás en la silla - vete.
- También vamos a fastidiar a Sach - usé la última carta que tenía con la
esperanza de que fuese una mano ganadora.
Vince dudó por un momento. Abrió la boca para contestar pero se quedó en
silencio durante unos segundos. Permanecí callado observándola.
- Todo tiene un precio, lo sabes ¿no? - su mirada habría espantado a cien centauros
si nos hubiesen rodeado.
- Esta bien - si se había que sacrificar por fastidiar a Stebbins, el
sacrificio era menor, además Vince no era una chica en la que uno se fijaba de
primeras, pero tenía algo que cuando la veías te atraía - Cuando tú quieras
quedamos y damos una vuelta.
- Serás imbécil y creído, pero ¿tú te crees que no puedo aspirar a más? -
pareció como si se hubiese tragado algo en mal estado - Parker, me das asco.
- Lo siento - me disculpé - ¿Entonces? - no sabía que podía darle a cambio de
la contraseña.
Vince intentaba disimular su ansiedad
- Simplemente quiero un pelo de Sacharissa - dijo en voz baja.
- ¿Un pelo de Sach?
- ¿Además también estas sordo? - los ojos casi le salen de las cuencas, miró
por encima de mi hombro observando si alguien la había escuchado.
Seguramente sería más sencillo mirar en la cama de Sacharissa cuando se fuese a
desayunar, puesto que ambas dormían en la misma habitación, pero no le dije
nada, no quería quedarme sin la contraseña.
- Está bien, te lo conseguiré - dije asintiendo.
Vince parecía mucho más tranquila, se volvió a recostar en la silla y abrió el
libro.
- Pastas de calabaza
- No gracias, no me gusta la calabaza - respondí, la boca se me hizo agua
pensando en unas patatas fritas, a eso no me habría negado.
Parecía que Vince había palidecido ligeramente. Respiró profundamente
conteniendo algún impulso mayor.
- La contraseña es Pastas de calabaza - dijo lentamente, como si me estuviese
enseñando a hablar.
- ¡Ah! gracias - me levanté.
Sally había aparecido mientras hablaba con Vince y estaba sentada junto a
Peter. Antes de ir con ellos di media vuelta y me acerqué a Vince.
- Se me olvidaba, ¿Te apetece venir?, seguro que lo pasamos bien. - dije
intentando ser amable.
- Ni loca - respondió sin ni siquiera mirarme - Y si me entero que le decís
algo a Stebbins sobre como conseguisteis la contraseña, me aseguraré
personalmente que Snape se entere de lo sucedido.
Sin decir nada volví con Peter y Sally, estaba claro que Vince no se
andaría con bromas así que sería mejor guardar el secreto. Ya sólo quedaba
buscar a Thomas y ver si había conseguido la bebida, no me podía creer que las
cosas estuviesen saliendo bien, seguro que no lograría encontrar a Thomas o la
contraseña de Vince sería falsa. Quede en verme con Peter y Sally en el mismo
lugar que había quedado con Yashira y Ally, me dirigí a mi habitación para
prepararme. Saqué del baúl el bañador que los últimos años traía a Hogwarts,
era blanco, estaba lleno de líneas amarillas y azules formando figuras sin
sentido que me recordaban a las olas del mar y al mojarse las líneas cambiaban
de color y se movían. Recordaba que la primera vez que me lo puse me quedaba
por debajo de las rodillas y apenas se sostenía en mi cintura pero con el paso
de los años había conseguido rellenarlo. Mientras acababa de prepararme escuché
como se abría la puerta de la habitación.
- Keith - dijo Ray asomando la cabeza - te estaba buscando.
Terminé de ponerme el jersey de Slytherin.
- Dime - luchaba contra una de las mangas que no conseguía enderezar.
- Acabo de ver a Thomas y me dijo que vayas a su habitación
La manga me había ganado la batalla y decidí dejarla como estaba.
- Muchas gracias Ray - contesté aliviado.
Ray se fue en dirección a la sala común.
Justo a tiempo, ni habiéndolo planeado podían ir las cosas mejor, me quedaba
apenas 45 minutos para reunirme con los demás, así que salí de la habitación
corriendo hasta llegar al final del pasillo donde estaba la de Thomas. Golpeé
dos veces la puerta y una voz en su interior me invitó a pasar. Thomas estaba
mirando por la ventana y se giró al sentir que entraba, en el suelo, junto a su
cama habían dos bolsas de plástico que por su forma se
podía adivinar que en su interior había varias botellas.
- Lo conseguiste ¿eh? - me acerqué a las bolsas para ver que contenían
las botellas.
- Claro - sonrió - tenéis alguna botella con cerveza de mantequilla y varias de
aguamiel.
- Um... Aguamiel - observé la etiqueta, 12º de alcohol - ¿Cuanto te debo?
- Pues son unos 4 Galeones por las botellas y 2 mis honorarios - respondió
irguiéndose e intentando parecer una persona importante.
Saqué del bolsillo 6 galeones y se los entregue. Thomas abrió un cajón y los
metió dentro de un pequeño saco de cuero vacio.
- También he conseguido más... - De su cajón sacó un botella que me resultó muy
familiar - Aun no está preparado pero si quieres te voy reservando.
Dudé un instante, aun me quedaba una pastilla y estaba reservándola para una
ocasión especial, aunque había días que me costaba resistirme a tomarla. Estaría
bien tener más por si acaso.
- Ok, ya me avisas - respondí mientras recogía las bolsas del suelo.
- Son 10 galeones la bolsita ¿ok? - Thomas guardó el frasco y cerró el cajón.
- Me vas a arruinar - Apenas me debían quedar 5 galeones. Me iba a tener que
buscar un trabajo para el verano.
- Jeje - rió Thomas - No te quejes que te las estoy dejando a precio de amigo.
Me despedí de Thomas y fui directamente en dirección al baño de los
prefectos. Durante el camino tuve que esconderme detrás de una estatua de un
unicornio para evitar a la profesora Hooch. Cuando llegué al pasillo, Yashira y
Ally ya estaban esperando y parecían nerviosas. Las saludé al acercarme a
ellas.
- ¿Qué horas son estas? ¿Ya pensábamos que no veníais? - me reprochó
Yashira.
- Eh, que no llego tan tardé, sólo 5 minutos - me excusé.
Posé las bolsas en el suelo mientras esperábamos por Peter y Sally.
- ¿No crees que son muchas botellas? - dijo Ally mientras las contaba.
- Que bien, Aguamiel, pensaba que sólo habría cerveza de mantequilla - Yashira
se agachó junto a Ally y cogió una botella para leer la etiqueta.
- A mí también me apetece Aguamiel - sonrió Ally.
Parecía que Yashira y Ally se empezaban a animar. Peter y Sally llegaron
poco después, él iba cargado con las bolsas de comida, sólo nos faltaban las
tiendas de campaña para parecer que íbamos de acampada. Mientras buscábamos la
puerta del baño, Peter y yo estábamos nerviosos por lo que pudiese pasar una
vez entrasemos y como reaccionarían Sacharissa y Stebbins, pero en seguida nos
olvidamos de ello para centrarnos más en la conversación que mantenían Ally y
Yashira sobre la necesidad que tenían de comprarse nuevos bikinis este verano.
No tardamos mucho en dar con la puerta, al estar frente a ella dudamos, pero
finalmente le recordé la contraseña a Peter y la puerta se abrió chirriando.
Entré con paso decidido y Peter se puso a mi lado, no podíamos flaquear ahora
que ya estaba todo hecho y aunque Sally iba un poco más precavida detrás del
resto, Yashira y Ally estaban impresionadas al ver la piscina y lo inmenso que
era el baño.
Sacharissa y Stebbins se estaban besando dentro de la piscina, separándose como
dos resortes al vernos. El agua se reflejaba en sus caras que se habían tornado
completamente pálidas. Sacharissa intentó disimular al ver entrar también a
Sally, Yashira y Ally. Tuve que contenerme con todas mis fuerzas para no
reírme. Los saludé con un movimiento de cabeza, disimulando, sin esperar
contestación, y me dirigí a la mesa donde tenían preparado té y pastas. Peter y
yo comenzamos a sacar las provisiones de las bolsas mientras Stebbins salía del
agua y se acercaba hacia nosotros.
- ¿Qué hacéis aquí? - Preguntó, tenía la impresión de que no era
exactamente eso lo que nos quería decir. Miraba una y otra vez a Ally y Yashira
que sonreían y saludaban a Sacharissa.
- Pues venir a la fiesta, claro - contestó Peter -. Sentimos llegar tarde.
Estábamos disfrutando como niños al ver las expresiones de incredulidad que invadían
el rostro de Stebbins.
- ¿Qué fiesta? - Dijo él, sin reaccionar.
- Pues ésta - Dije -. Es una fiesta, ¿no? Habéis traído cosas vosotros también.
Aunque vaya porquería de fiesta si no tenéis ningún tipo de bebida alcohólica.
¿Té? No somos abuelas.
Continué sacando botellas de las bolsas como si no pasase nada, Peter esbozaba un sonrisa de auténtica satisfacción al comprobar que
Stebbins no encontraba las palabras adecuadas.
- ¿Quién os ha dicho que había aquí una fiesta? - Dijo, finalmente -. ¿Como
habéis podido pensar que yo os invitaría a compartir una habitación conmigo
durante más del tiempo estrictamente necesario?
- Pues Sacharissa nos lo dijo, claro. - respondió Peter.
Ella protestó desde la piscina pero sin demasiada convicción preguntando como
habíamos logrado entrar en los baños sin la contraseña. Cambié de tema
rápidamente, no quería que Stebbins se enterase de que Vince nos había ayudado.
Stebbins parecía a punto de estallar y hubiese sido así si no llega a ser
porque Sacharissa salió de la piscina y lo tranquilizó. Miré a Peter e
intercambiamos unas sonrisas cómplices, al final parecía que todo iba a salir
bien. Peter aprovechó el momento para cambiar la emisora de radio y darle ritmo
al ambiente. Stebbins y Sach volvieron a la piscina mientras Peter se quitaba
la ropa para quedarse en bañador. Cogí un vaso y me serví un poco de Aguamiel,
le di un trago y un intenso calor invadió mi garganta, no estaba mal. Me giré y
en ese momento los músculos de mi cuerpo se declararon en reveldia y decidieron
no hacerme caso hasta próximo aviso, me quedé petrificado observando como
Yashira y Ally se quitaban la ropa hasta quedarse en bañador. El de Ally era
rojo y en la parte de atrás tenía dibujado un pequeño gatito blanco, pensé que
quizás pudiese hablar con él y convencerle para que me dejase un sitio a su
lado. Se metieron también en el agua y me di cuenta de que solo quedaba yo.
Posé el vaso sobre la mesa y me desvestí rápidamente para tirarme haciendo una
bomba en la piscina.
Al principio había un poco de distancia entre Sacharissa y Stebbins del resto
del grupo, pero enseguida la bebida empezó a circular y Sacharissa se unió a
nosotros como los viejos tiempos. Stebbins y Sally eran los que menos
participaban pero no parecían incómodos y siempre estaban sonrientes. Nos lo
estábamos pasando bien.
- Igual no es tan mal chaval - le dije a Peter cuando Stebbins se
acercaba a Sach para abrazarla por detrás.
Peter me miró extrañado.
- Creo ya has bebido suficiente - dijo mirando el vaso medio vacío que estaba
sujetando.
- Que dices, si acabo de empezar - respondí dándole un trago - solo digo que
igual nos pasamos con él.
Nos quedamos unos segundos mirando como reía y le daba besos a Sacharissa
mientras hablaban con Yashira.
- No, creo que no - respondimos al unísono.
Nos acercamos disimuladamente hacia ellos para hundir a Stebbins bajo el
agua, pero Sacharissa nos adivinó las intenciones y nos fulminó con la mirada,
me giré y fui en dirección a Peter imitando a Sacharissa como si quisiera
pegarle, los dos nos reímos y vimos como Sacharissa también se reía. El tiempo
pasaba muy deprisa y la botellas se iban vaciando a la
misma velocidad. En unos de mis habituales viajes a rellenar el vaso contemplé
a Sacharissa y Stebbins charlando en el centro de la piscina y a un lado Peter
y Sally abrazándose, en ese instante me di cuenta de cuánto habían cambiado las
cosas este año. Rellené dos vasos más y me acerqué a Yashira y Ally que
hablaban sobre sus planes para las vacaciones.
- Os veo muy solas, vengo a haceros compañía - dije posando los vasos en
el borde de la piscina - Ya no queda Aguamiel, así que cerveza.
- En este momento todo sabe igual - rió Yashira.
- Dentro de poco tendremos que empezar a rellenar con el agua de la piscina -
hice una pausa observando sus caras - es que sois unas borrachas - continué
riéndome.
Ally y Yashira en un sólo movimiento levantaron una cortina de agua impactó en
mi cara. Nos chiscamos mutuamente los unos a los otros hasta que acabamos
apoyados todos en el borde para que ninguno pudiese hundir a otro.
- ¿No os dan envidia las dos parejitas? - preguntó Yashira señalando a
Sacharissa y Stebbins que estaban más cerca nuestro.
- Un poco - respondió Ally mirándolos.
- De que os quejáis, si me podéis tener todo para vosotras - les sonreí.
- En tus sueños - rió Ally mientras volvía a lanzarme agua a los ojos.
Cerré los ojos y noté como Yashira se lanzaba encima de mí hundiéndome. Con
mucho esfuerzo me logré zafar de ella y volver a la superficie. Cogí aire para
recuperar el aliento y cuando volví a abrir los ojos las vi reírse.
- No hace falta que os peleéis, aquí tenéis Keith para las dos, me podéis
compartir.
Esta vez me tapé la nariz cuando vi que las dos se abalanzaban hacia mí. Justo
cuando se disponían a hacerme una aguadilla unos golpes en la puerta nos
dejaron petrificados, alguien estaba intentando entrar. Sin apenas pensarlo me
lancé hacia el borde de la piscina donde se encontraba mi varita y apagué la
radio. Permanecimos un instante en silencio, esperando ver si los intentos por
entrar continuaban, pero no oíamos nada. Stebbins dijo que probablemente habría
sido Filch y estaría yendo en busca de un profesor. Salimos todos de la piscina
rápidamente y usamos todos los hechizos que se nos ocurrían para recoger el
baño, lo guardamos todo dentro de una taquilla y Stebbins se ofreció para venir
al día siguiente a recogerlo. La tensión era general y nos vestíamos como
podíamos, metí la corbata en el bolsillo del pantalón y la camisa la dejé mal
abrochada. Cuando estábamos todos más o menos preparados Ally abrió la puerta,
la puerta chirrió levemente, pero lo que nos erizó la piel fueron las voces que
se acercaban provenientes del pasillo.
- ¡Escondeos! - dije con voz temblorosa.
Empecé a correr junto a Stebbins hacia las taquillas y abrí la primera
que estaba libre, me metí mientras veía como el resto se lanzaban a las demás y
las oía abrirse y cerrarse. Ally estaba rezagada y parecía muy nerviosa, le
alargué la mano y ella la aferró, la atraje hacia mí y cerré la taquilla al
mismo tiempo que escuchaba un chirrido familiar.
Estábamos completamente a oscuras.
Notaba frío en mi espalda al tenerla contra el fondo de la taquilla. Ally
estaba de espaldas a mí, apoyada en mi pecho, mis brazos la sujetaban con
fuerza por la cintura y sentía el frio de sus manos en las mías.
- Gracias - dijo en voz muy baja.
- Shhh - le susurré al oído.
Permanecimos en silencio, intentando escuchar quienes eran los que acababan de
entrar, sin duda eran el profesor Flitwick y Filch discutiendo.
Apenas oía lo decían, pues mis oídos estaban más pendientes de escuchar los
latidos del corazón de Ally aun nerviosa. El perfume de su pelo me envolvía y
sentía que mis pulsaciones se aceleraban. Me costaba concentrarme pero pensé
que quizás ella estuviese incomoda en esa situación y aflojé ligeramente su
cintura. Sentí sus manos apretar las mías y un escalofrío me recorrió la
columna.
Acerqué mis labios a su cuello y al contactar con él creí que me iba a
derretir, ella inclinó levemente la cabeza y mi boca recorrió lentamente cada
centímetro libre, mientras, mi lengua la acompañaba bajando levemente la
temperatura.
Ally se giró despacio quedando mirándonos el uno al otro, aunque estábamos tan
cerca que su respiración moldeaba mi cara apenas le veía los ojos, mis manos
recorrían su cintura, la perfección de sus curvas hacía temblar mis rodillas.
Nuestras narices se rozaron y sentí unirse nuestros alientos. Sus labios se
posaron en los míos y un misil atravesó mí estomago de lado a lado. Me besó con
suavidad, saboreando cada segundo, me deje llevar por la danza de sus labios y
seguía cada movimiento de su lengua como si fuese una sola. Sus manos se
abrieron paso bajo mi camisa y se adueñaron de mi pecho y mi espalda, las mías
jugaban con su pelo mientras intercambiábamos pequeños mordiscos.
Mis ojos se acostumbraron a la oscuridad y podía contemplar los suyos antes de
cada beso. Todo mi cuerpo había cambiado de dueño y sólo hacía caso a las
instrucciones que Ally le daba con cada caricia. Nuestros alientos
entrecortados eran la calefacción de la taquilla. Desabroché uno de los botones
de mi camisa mientras nuestras bocas seguían su batalla personal, Ally continuo
desabrochándome el resto y abandonó mis labios para centrarse en mi cuello,
cerré los ojos sintiendo cada uno de los movimientos de su boca, notando cada
golpe de su lengua, estremeciéndome con cada mordisco, perdí la noción del
tiempo sin saber donde estaba, pero lo único que tenía claro es que me gustaría
quedarme allí el resto de mi vida.
Otro escalofrío me devolvió la vida.
Yo también quería saborear nuevamente su cuello, introduje mi mano bajo su
camisa y recorrí con mis dedos su espalda. La atraje contra mí mientras le
desabrochaba uno de los botones dejando al descubierto sus hombros, los cuales
mis labios se morían por explorar.
Dibujé con mi dedo el contorno de sus labios sintiendo su tibio aliento.
Nuestras bocas se volvieron a encontrar como si nunca se hubiesen
separado.
Unos ruidos nos despertaron del sueño.
Nuestros labios permanecían a escasos milímetros y nuestros brazos seguían uniéndonos
sin querer despedirse.
- ¿Oíste algo? - susurré
- No - dijo Ally.
Nos volvimos a besar, me enloquecían sus labios y me embriagaba su perfume.
Más voces.
- Creo que es Peter - dijo Ally mientras me daba un último beso.
Nos abrochamos las camisas y Ally abrió lentamente la puerta, un fino rayo de
luz iluminó la taquilla, por la ranura pude observar a Peter que se dirigía a
la puerta. Ally abrió un poco más dispuesta a salir.
- Ally ¿sabes? - dije en voz baja haciendo la pregunta casi inaudible.
Ally se giró un instante, la luz proveniente del baño hizo posible que la
contemplase en todo su esplendor. Me quedé callado mirándola. Le di la mano y
la acerqué hacia mi. La besé y todo mi cuerpo se paro
en ese momento.
Suspiré.
Ally me sonrió y salió de la taquilla.
- Besas muy bien - susurré cuando ya no me podía oír.
Al salir no vi a nadie en el baño, supuse que ya se habrían ido. En la
puerta estaban Yashira y Ally, me acerqué a ellas para despedirme.
- Bueno yo ya me voy - comencé a decir mirando a Yashira, no me atrevía a mirar
a Ally, tenía miedo que notasen algo.
- ¿Ha estado bien eh? Emoción hasta el final - dijo Yashira.
- Si - sonreí y miré a Ally instintivamente, al cruzar las miradas ambos las
apartamos agachando la cabeza. - Muy bien.
Me alejé de ellas en dirección a Peter que se encontraba unos metros por
delante. A medio camino me giré y crucé por última vez la mirada con Ally, nos
sonreímos mientras ella doblaba la esquina junto a Yashira.
Cuando llegué junto a Peter aun no había asimilado todo lo que había pasado.
Peter parecía deprimido y de camino a la sala común me contó todo lo que le
había ocurrido, escuchando su historia por un momento olvidé lo sucedido.
- Menudo lio por una tontería - dije - Seguro que mañana está todo
arreglado - intenté animarlo.
- No creo - dijo agachando la cabeza - ¡No quiere volver a saber nada de mí!
Eso me dijo.
- Ya sabes como es Sach, dice lo primero que se le pasa por la cabeza y luego
se arrepiente. La de veces que me manda a mí a la mierda.
- No, esta vez no, tu no la viste - Creía que me metí con ella a propósito. -
¿Y Sally?
Peter me enseño la mejilla en la que se podían dibujar con facilidad cuatro
dedos siguiendo simplemente el contorno rojizo.
- Lo de Sally son simplemente celos, veras como se le pasa - dije dándole una
palmada en el hombro.
- No va ser tan fácil - parecía como si una apisonadora hubiese pasado por encima
de toda la moral de Peter.
Entramos en la sala común y nos sentamos en el sofá.
- Si quieres mañana hablo yo con ellas - intenté convencerlo - ya verás como
todo se arregla.
- No creo que funcione - Peter se tumbó completamente mirando al techo.
- Ya verás como si, arriba ese ánimo.
Pensé en contarle lo que me había pasado con Ally, seguro que por lo menos
estaría unos minutos más animado pensando en otra cosa, pero seguramente a Ally
no le haría gracia que lo fuese contando.
Seguí intentando animar a Peter sin resultado, salvo alguna que otra
sonrisa cuando hablamos sobre lo ocurrido en la fiesta antes de los incidentes
de las taquillas. No estuvimos conversando mucho tiempo ya que Peter no estaba
de humor y prefería acostarse temprano. Cuando estábamos subiendo las escaleras
vi a Vince haciéndome señas desde el pasillo que conducía a las habitaciones de
las chicas. Le dije a Peter que iba dentro de un momento y se fue a la
habitación. Vince se acercó a mí.
- ¿Lo tienes? - dijo en voz baja extendiendo la palma de la mano
esperando recibir algo.
- Veras... es que... - susurré.
- Es que nada - alzó la voz alterada - hicimos un trato - me reprocho.
- Si, pero debes pensar que soy tonto - Vince me miraba fijamente deseando que
me estallase la cabeza - los pelos de una persona normalmente se utilizan para
hacer pociones contra ella o de afinidad, y sinceramente no creo que tus
intenciones sean hacer una poción para ser la mejor amiga de Sach.
Vince apretó tanto los dientes que pude oírlos rechinar.
- Snape se enterará de ... - me amenazó.
- Si Snape se entera, Stebbins se enterará de por culpa de quien le fastidiamos
su velada - sonreí.
Vince se giró y se alejó.
- Esta me la pagarás - la escuché decir mientras desaparecía al final del
pasillo.
Entré en la habitación y Peter ya tenía las cortinas cerradas. Me quité
la ropa dejándola desperdigada por el suelo y me acosté. Recordé lo ocurrido en
la taquilla, busqué en la almohada las curvas del cuerpo de Ally. Abrí los ojos
y recogí del suelo mi camisa.
Aun olía a ella.
Cerré los ojos y volví a sentir sus labios.
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18 de Junio, Sábado
Observé la cama ante mí, desganado. Mis posesiones de este curso,
repartidas sobre ella. Mi ropa, mis pinturas, mis pergaminos y libros. Todo
ello debería ser repartido entre una mochila y una maleta, o no sería capaz de
cargar con ello hasta casa. Sin olvidar a Esk, que debería acceder a entrar en
su transporte, por el bien de ambos. Eso me dejaría ocupadas ambas manos y la
espalda. No podría cargar con más.
- ¿Necesitas ayuda? - Dijo Keith, a mis espaldas, al verme parado.
- No, no... - Respondí.
- Venga, ponte ya, después del desayuno no nos quedará mucho tiempo.
Resoplé.
- No me apetece nada hacer el equipaje - Dije.
- A nadie le apetece, es un rollo - Dijo Keith, quitando la jaula de su ardilla
del lugar habitual para situarla sobre la cama junto al resto de sus cosas.
- No, pero me refiero a...
Suspiré. Me refería a que no quería irme. No así, ni en ese momento. Con Sally
enfadada conmigo. Con Sacharissa sin hablarme. Con un verano por delante que se
presentaba solitario y aburrido. Sin nadie con quien hablar. Sin... Amigos, al
fin y al cabo.
- ¿Qué decías? - Dijo Keith.
- ¿Eh? - Dije, mientras metía mi ropa en la maleta intuyendo que no sería capaz
de conseguir que cerrase después -. No, nada... Nada en realidad.
- Por cierto - Dijo él, mientras terminaba de doblar unas camisas -, ¿qué vas a
hacer este verano?
- ¿Eh? Ah, pues...
¿Qué podía decirle? Debería haberle contado lo de la mansión de mi tío. Debería
haberle explicado que la había heredado y que tendría que pasarme el verano
allí por deseo de mi padre, pero no se lo conté cuando pasó y luego ningún
momento me parecía adecuado. ¿Cómo explicarle el motivo para no habérselo
contado antes? Y ahora, el último día, ¿cómo iba a contárselo todo? Pero tampoco
quería mentirle.
- Me quedaré en casa - Dije, suspirando.
- Ah. Londres, ¿no?
- Eh... - Comencé. Aquí iba a ser más complicado no mentir. Mêlée me había
escrito para decirme dónde se encontraba la casa de mi tío y cómo llegar hasta
ella tanto usando como sin usar medios mágicos, y no se encontraba precisamente
en Londres.
- ¿Qué harás tú? - Pregunté, sin terminar de responder.
Keith se giró y se encogió de hombros.
- Ya sabes, lo de siempre - Dijo -. Ayudar a mi tío en la tienda y demás, un
poco separado de todo el mundo. No son unos planes de verano muy emocionantes.
Seguimos guardando nuestras cosas en silencio. Estaba claro que no iba a ver a
Keith durante el verano, al igual que a los demás. Keith había intentado, el
día antes, durante la fiesta de fin de curso organizada en el colegio, que por
supuesto había sido mucho más ligera que nuestra propia fiesta personal, hablar
con Sacharissa y Sally para aclarar el malentendido de las taquillas, a pesar
de mi insistencia en que no era necesario. Finalmente no fue muy útil. Me dijo
que Sach había insistido en que yo me había metido a propósito con ella, aunque
Keith insistió en que lo decía por puro orgullo y que en realidad se daba
cuenta de que había sido un accidente. En cuanto a Sally, ni siquiera se presentó
en la fiesta, así que no hubo posibilidad de hablar con ella.
Estaba preocupado por ella. No se había dejado ver desde que había salido
corriendo a la sala común. Probablemente había obtenido la comida directamente
de la cocina con la excusa de no encontrarse bien o algo similar, para evitar
pasarse por el comedor. En cuanto al resto del día, estaba casi seguro de que
lo había pasado encerrada en su habitación. Esperaba tener la posibilidad de
volver a hablar con ella antes de irnos, intentar de nuevo aclarar lo que había
pasado, pero cada vez lo veía más improbable.
Keith y yo terminamos de recoger nuestras cosas, y salimos de la habitación
tras el resto de nuestros compañeros para ir a desayunar.
Tras un desayuno en el que Sally no apareció por ninguna parte, y después de
despedirnos del sofá de la sala común hasta el próximo curso, subimos una
última vez al dormitorio para sustituir los uniformes del colegio por ropa
normal y bajar nuestros equipajes para llevarlos al tren.
Me vestí con unos pantalones negros y una sencilla camisa de color verde
oscuro, que dejé por fuera del pantalón, ya que conociéndome se me saldría de
todos modos a los pocos minutos. Me giré y vi a Keith, que simplemente se había
quitado la túnica y había sustituído los pantalones por unos vaqueros,
manteniendo la camisa del uniforme.
Suspiré y me acerqué a la ventana, para asomarme al exterior. De repente me
pregunté si Zoro sería consciente de que yo abandonaba el colegio, y si sabría
que debía volver a la casa de mi tío. Sólo podía confiar en que fuera así, ya
que no tenía tiempo para ir en su busca antes de que partiera el tren.
- ¿Quieres que vayamos bajando a la sala común? - Escuché a mis espaldas.
Me giré y vi a Keith, esperando con sus bultos en el suelo.
- Sí - Dije -, podemos ir bajando.
Cogimos nuestras cosas y bajamos a la sala común, en la que ya había cierto
movimiento. Pasaron ante nosotros Sach y Stebbins, apresurados.
- ¡Eh, Sach! - Dijo Keith.
Sacharissa se paró en seco y giró la cabeza a ambos lados, hasta que vio a
Keith.
- Ah, no te había visto - Dijo, sin mirarme -. ¿Qué pasa?
- Nada. ¿Vas a ir con Stebbins en el tren?
Sach negó con la cabeza.
- No - Dijo -, Stebbins va con los prefectos.
- Ah, cierto - Dijo Keith -. Ya pensé que no nos veríamos más este curso.
- He quedado con Yashira y Ally en el compartimento del tren en que vinimos, si
quieres ya sabes cuál es - Dijo Sacharissa, sonriendo -. Te tendremos que
aguantar aún un rato más.
Stebbins llamó a Sach en ese momento. Sach lo buscó con la mirada, y luego se
alejó hacia él, despidiéndose de Keith con un movimiento de cabeza. Nos fijamos
en que Stebbins se esmeraba por transportar todos los bultos de Sacharissa, y
parecía un tanto malhumorado, quizás por el excesivo movimiento en la sala
común durante el último día.
- No recordaba que los prefectos tuvieran que ir en un vagón aparte - Me dijo
Keith.
- Sí - Murmuré -, en el de los animales.
Keith rió.
- Desde luego está hecho una mula de carga - Dijo, señalando hacia Keith con la
barbilla.
- Lo que pasa es que es un caballero, no lo entendéis - Dije, tratando de
imitar la voz de Sach.
Ambos reímos, y salimos de la sala común lentamente, para comenzar a dirigirnos
con los demás alumnos hacia el andén donde nos esperaba el Expreso.
No dejé de mirar constantemente a mi alrdedor durante todo el trayecto hasta el
andén, y hasta el mismo momento de subir al tren. No vi rastro de Sally por
ninguna parte. Resoplé, nervioso. Finalmente sería capaz de evitar cruzarse
conmigo durante el poco tiempo en que aún podríamos estar juntos. No era justo.
Merecía al menos la posibilidad de explicarme. Aunque no hubiera mucho que
explicar. Merecía al menos la posibilidad de conseguir que me creyera, que
entendiera que había sido un malentendido.
Pero era extraño, Sally tenía que estar por allí... En alguna parte. Cerca. Si
tan sólo la multitud no fuera tan densa...
Mientras echaba un último vistazo, noté una mano agarrándome el brazo.
- Venga, sube - Dijo Keith, tirando de mí hacia el interior del tren.
- Espera. Sólo un segundo - Dije.
Keith suspiró, y bajó un instante del tren. Imaginé que él sabría de sobra que
buscaba a Sally. Poco a poco todos los alumnos de la multitud iban subiendo al
tren, caras conocidas y no tan conocidas, e iban quedando menos en tierra. Ya
estaba claro. Sally no estaba en el andén.
- Peter - Dijo Keith -, ya habrá subido.
- ¿Tú la has visto?
- No - Dijo, con paciencia -. Si la hubiese visto te lo habría dicho.
Subí al tren, desganado, con Keith a mi lado.
- Mira - Dijo él, mientras caminábamos por los vagones -. ¿Por qué no
inspeccionas los compartimentos uno por uno? Sólo tienes que mirar por la
puerta, en alguno tiene que estar.
- No... - Murmuré -. Ella se ha esforzado un montón en que no la vea. No quiere
que la vea. Ni quiere verme a mí. Qué más da.
Keith me miró un instante. Parecía no estar seguro de qué debía decir.
- Vamos, anímate - Dijo finalmente -. Piensa en las vacaciones. ¡Al menos tú no
las pasarás ayudando a tu tío en una tienda!
- No, supongo que no - Dije, distraído. A pesar de todo miraba por el cristal
de cada compartimento ante el que pasábamos, con la esperanza de ver a Sally en
su interior. Si al menos supiera la ropa que llevaba...
- Es éste - Dijo Keith, parándose ante uno de los compartimentos -. Aquí están
Sach y las demás.
- Ahá - Dije, tratando de dejar de pensar en Sally, y hacerme a la idea de que
no iba a volver a verla hasta el siguiente curso.
- ¿Seguro que no quieres... Ehm... Patrullar un poco
más? - Dijo Keith, dudando, mirando un instante al
interior del compartimento -. Si quieres te acompaño, no pasa nada.
- No te preocupes - Dije -. Mejor será que lo acepte. En fin. Ahora simplemente
tendré que centrarme, ya sabes, en que Sach no malinterprete nada más.
Keith sonrió un poco y resopló.
- Mujeres - Dijo.
- Sí.
- Ya sabes que van a malinterpretar cualquier cosa que digas - Continuó.
- Mejor que no abra la boca ahí dentro - Dije, fingiendo cerrármela con una
cremallera.
Keith sonrió y abrió la puerta. Entramos en el compartimento. Las chicas
estaban sentadas en uno de los lados del compartimento, Sach junto a la
ventana, Ally junto a la puerta, y Yashira en medio. Keith y yo entramos, un
tanto indecisos.
- Esto... Hola - Dije, cuando nos vieron entrar.
- Hola - Dijeron Yashira y Ally al unísono, mientras Sach miraba por la ventana
del vagón.
- Ejem, hola - Dijo Keith.
- Hola - Respondieron, al unísono, esta vez Yashira y Sacharissa, mientras Ally
parecía buscar algo en una de sus bolsas.
Keith avanzó rápidamente y se sentó junto a la ventana, más o menos frente a
Sach, así que yo me senté en el lado de la puerta, frente a Ally, un poco
alejado de él. Me parecía bien que quisiera hacerme el favor de sentarse él
ante Sach, ¿pero por qué tan alejado del lado de la puerta?
El vagón se quedó por unos instantes en una especie de silencio incómodo,
aunque no terminaba de comprender por qué. Era normal que Sacharissa no hablase
conmigo, pero ¿qué le pasaba a los demás? Antes de que
nadie dijera nada, el tren se puso en marcha, y el silencio se vio roto por el
traqueteo de las vías pasando bajo nosotros a velocidad creciente.
Observé a Sach, que miraba por la ventana, distraída. A diferencia de Yashira y
Ally, que llevaban ropa más convencional, vestía unos pantalones violetas, una
camisa blanca, y una túnica también violeta, con los zapatos del colegio. Se
notaba bastante que su contacto con muggles era muy escaso, y me pregunté si
sería consciente de que vistiendo así era más que probable que recibiera unas
cuantas miradas de curiosidad cuando caminase por King Cross tras bajar del tren.
Claro que, si sus padres iban a buscarla, quizá no tuvieran que recorrer mucha
distancia por zonas de muggles.
Finalmente Ally y Yashira comenzaron a hablar entre ellas, no demasiado alto,
sobre algunos cotilleos menores de compañeros. Parecía ser de lo que habían
estado hablando antes de que Keith y yo entráramos en el vagón.
- Bueno, Sach - Dijo Keith, pareciendo un poco más relajado -. Se nos ha
acabado otro año...
- Sí... - Dijo ella, sin dejar de mirar por la ventana.
- ¿Qué harás este verano?
- Nada especial - Dijo Sacharissa, girando la cabeza para mirar a Keith -. Ya
sabes, pasaré tiempo con mis padres... Y quedaré con Stebbins en las ocasiones
que pueda, claro. Suerte que él también estará por Londres.
Me dio la impresión de que me miró de reojo mientras decía esto último, pero
decidí ignorarlo. Ella pensaba que yo también estaría por Londres, claro.
- Bueno - Resopló Keith -, parece que te divertirás más que nosotros
entonces... Por mi parte, yo... - Keith giró la cabeza hacia la puerta un
momento - Esperad, ahora vuelvo.
Keith se levantó y salió del compartimento. Al abrir la puerta me fijé en que
se reunía con Thomas. Supuse que querría comentarle alguna cosa antes de
terminar el viaje, quizá sobre cómo nos había ido con las bebidas que nos había
conseguido para la fiesta. Esperaba que no tardase demasiado.
Me giré y mi mirada se encontró con la de Sacharissa.
- Yo... - Dije, indeciso.
Sacharissa desvió su mirada hacia su bolsa y comenzó a hurgar en ella,
ignorándome. Al cabo de unos segundos sacó un libro, y se puso a leer.
Tamborileé con mis dedos sobre el asiento, ¿qué pasaba en ese compartimento?
Nadie parecía cómodo, ¿Sach ni siquiera iba a hablar con Ally o Yashira? ¿Sólo
por estar yo delante? De repente se me ocurrió que, si Sally hubiera aparecido,
quizá me habría sentado con ella, e incluso en ese aspecto las cosas estarían
mejor. Me sentía mahumorado.
Pasaron unos minutos hasta que Keith volvió, para sentarse a mi lado. Vio que
Sach estaba leyendo, y se quedó en silencio.
- Bueno... - Murmuró Keith, mirándome un instante y mirando luego por la
ventana.
- Pues nada - Dije, cansado de tanto silencio incómodo, y señalé hacia Ally y
Yashira -, ¿y no le preguntas a ellas aunque sea qué van a hacer también este
verano?
Keith miró en la dirección en que señalaba, mientras Ally y Yashira miraban
hacia nosotros. Me pareció que las miradas de Keith y Ally se cruzaban por un
instante y entonces él apartó la vista, un poco sonrojado.
"¿Pero qué pasa aquí?", pensé.
- Bueno, ellas dirán... - Dijo Keith, mirando hacia otro lado.
- Pues nada, lo de siempre... - Dijo Ally, que tampoco parecía muy cómoda.
- Yo con mi familia, ya sabéis - Dijo Yashira, sonriente, y nada más.
Pasaron unos cuantos minutos más de silencio incómodo.
- Ally, ¿y qué tal tu hermano? - Dije, con el ceño fruncido -. ¿Cómo le ha ido
su primer año?
- Bien, bien... - Dijo ella, distraída -. A pesar de sus despistes, no le ha
ido mal...
Y nada más. ¿Eso era todo? Aunque no conocía tan bien a Ally como los demás, me
parecía recordarla más habladora, sobre todo tratándose de Brian, de quien
seguramente tuviera más de una anécdota reciente que contar.
- ¿Y no váis a quedar entre vosotros este verano? - Dije, sólo para ver qué
pasaba.
- ¿Quedar...? - Dijo Keith, dubitativo.
- ¡No! - Exclamó Ally, antes de que pudiera decir nada más.
- ¿Para qué vamos a quedar? - Dijo Keith de repente, como si hubiese planteado
una locura.
Yashira no dijo nada, y me di cuenta de que Sach había apartado la mirada de su
libro y también observaba la situación con un ligero gesto de extrañeza.
- Sí, para qué... - Murmuré, dejándome caer en el asiento.
Tras unos minutos, Ally y Yashira volvieron a reanudar su conversación. Me
disponía a preguntarle a Keith si había pasado algo que yo no supiera, cuando
la puerta del compartimento se abrió de repente. Nuestras cabezas se giraron
para ver quién era el visitante inesperado, que dió un paso hacia el interior
del vagón y me dirigió una mirada insegura. Se trataba de una chica de ojos
verdes, cara familiar y pelo muy corto, como el de un chico.
- ¿¡Sally!? - Exclamé, sin poder evitarlo.
- Peter Starkey - Dijo ella, tratando de mantener la compostura -. ¿Podemos
hablar?
- ¿Qué te ha pasado en el pelo? - Casi grité, sin apartar mi mirada -. ¿Quién
te ha hecho eso?
Desvié mi mirada hacia Sach durante una fracción de segundo, antes de darme
cuenta de que la idea de Sach cortándole el pelo a traición a Sally era
absurda. ¿O no lo era?
- Hablar - Repitió Sally, que comenzaba a sonrojarse al sentir las miradas del
resto del compartimento -. Ahora. Fuera.
Asentí sin apartar la vista de ella y salí al pasillo, cerrando la puerta tras
de mí. Caminamos un par de pasos para apartarnos de la puerta y permanecimos
allí plantados, mirándonos el uno al otro. Sally estaba muy cambiada con
respecto a su aspecto habitual. Llevaba unas zapatillas deportivas viejas, una
falda de cuadros desgastada y una camiseta azul claro que parecía un tanto
descolorida, con un pequeño girasol bordado cerca del pecho. De nuevo, el
aspecto general parecía un tanto infantil, pero de algún modo me resultaba
atractivo. Llevaba una carpeta en uno de sus brazos, aunque no me fijé
demasiado en ella.
- Deja de mirarme... - Dijo de repente Sally, que finalmente parecía algo
avergonzada.
- P-perdona - Dije -. Es que es la primera vez que te veo sin el uniforme del
colegio...
- No, no lo es - Dijo ella, secamente.
- Oh, pero me refiero a con otra ropa, es la primera vez que te veo sin el
uniforme pero con otra...
- Oh, pues claro que sé a qué te refieres - Dijo ella, cansada -. Cállate ya.
Me callé y observé de nuevo su pelo. Sin duda debía tenerlo quizá incluso más
corto que yo. Claro que a mí se me alborotaba demasiado, mientras que a ella
seguía cayéndole sobre la frente y los lados de su cabeza, así que era difícil
saberlo con seguridad.
- ¿Qué te ha pasado en el pelo? - Dije finalmente, sin poder esperar más tiempo
callado.
- Qué me va a pasar, Peter - Dijo ella, totalmente seria pero con voz
temblorosa -. Me lo he cortado.
- ¿En serio? - Dije, sorprendido -. ¿Tú?
- Ah, ¿es que es más creíble que alguien me haya atacado para cortármelo? -
Dijo ella, con enfado.
- Supongo que no, pero... No sé, tu pelo, yo...
Me callé y recordé por un momento el largo pelo de Sally, y cómo mis dedos se
deslizaban por él mientras la besaba. Sentí un escalofrío.
- ¿Por qué lo has hecho? - Dije.
Sally frunció el ceño.
- Qué importa - Dijo, entre dientes.
- Tiene que haber algún motivo - Insistí -. ¿Querías cambiar de look? ¿Sólo
eso?
Sally me miró con odio, y me pareció que trataba de reprimir las lágrimas en
sus ojos.
- Me lo he cortado para no parecerme a ella - Dijo, enfadada.
- ¿Qué? ¿Parecerte a quién?
Sally siguió mirándome en silencio, hasta que comprendí.
- Oh - Dije -. Pero Sally, tú...
- Cállate - Dijo ella -. Déjalo. Fue sólo un... Impulso, qué más da. Ignora mi
pelo. Qué importa qué me haya hecho, si ya no estamos juntos.
Sentí que el mundo se me venía encima. Era consciente de que Sally estaba
enfadada conmigo, hasta hacía unos instantes no pensaba que fuera a volver a
verla antes de las vacaciones, pero escucharla decir que ya no estábamos juntos
resultaba ser demasiado doloroso.
- Oh - Dije.
Sally permaneció callada, y miró al suelo.
- Ya no estamos juntos - Añadí, mi mirada perdida más allá de sus hombros.
- Creo... Que es lo mejor - Dijo ella sin despegar su mirada del suelo.
- Pero Sally... Yo... Tienes que creerme, el otro día yo...
Sally alzó una mano, y me miró con cara de cansancio. Me di cuenta de repente
de que tenía el aspecto de no haber dormido bien las últimas noches.
- Déjalo, Peter - Dijo -. En serio. Déjalo. Lo mejor será que nos limitemos...
- Se encogió de hombros -. A ser amigos.
- Amigos - Repetí. Ella asintió con la cabeza.
- Mejor que seamos amigos - Dijo, de nuevo.
- Lo siento, Sally - Dije. No sabía qué debía decir o hacer.
- Déjalo, Peter, ya no importa... - Dijo ella. Parecía triste -. Además...
Sally se quedó callada, dudando.
- ¿Qué? - Dije.
- También he venido por otra cosa - Dijo ella, insegura -. Yo... Quería
saber... Si vas... Bueno, si vas a continuar con lo que habíamos hablado.
Fruncí un poco el ceño.
- Oh. Así que vienes por eso - Dije, un poco molesto -. ¿Por el interés?
Sally titubeó.
- Peter... Compréndelo...
Suspiré. Se trataba de su madre. Estaba enferma por culpa de algún tipo de
hechizo, y no sabíamos exactamente cuándo podría empeorar. Claro que lo
comprendía, Sally tenía que preguntarme en algún momento, yo habría hecho lo
mismo en su situación.
- Lo entiendo - Dije -. Perdona.
Sally permaneció en silencio, mirándome con cara de cansancio.
- Y seguiré con el plan - Dije -. Claro que seguiré con el plan. Es algo serio,
¿crees que dejaría de ayudarte por haber tenido una discusión?
Sally pareció suspirar, aliviada.
- Gracias, Peter - Dijo -. De verdad. Gracias.
- De nada - Dije, desganado.
- Entonces... - Sally me ofreció la carpeta que llevaba con ella -. Toma ésto.
Son los dos pergaminos que aún no se han mostrado. He pensado que es mejor que
los tengas tú. Por si se muestran, o algo...
- Oh - Dije, tomando la carpeta -. De acuerdo. Gracias, Sally. Te escribiré, ya
sabes, te mantendré informada de todo lo que pase.
Nos quedamos en silencio. Abrí un instante la carpeta, y vi los dos pergaminos
en blanco. La volví a cerrar, suspirando, y mirando a Sally, que miraba al
suelo fijamente.
- Bueno - Dijo ella, tras unos segundos -, eso era todo, será mejor que...
- ¿Qué harás durante el verano? - Dije, de repente. No quería que se fuera ya.
Al fin y al cabo, no la volvería a ver hasta el siguiente curso.
Sally pareció sorprenderse por mi interrupción.
- Lo de siempre - Dijo, tras pensarlo unos instantes -. Ayudaré a mi madre con
la tienda... Lo cual quiere decir que, estando ella enferma, su ayudante y yo
haremos todo el trabajo. Es... Aburrido.
- Vaya - Dije. La madre de Sally tenía una tienda bastante humilde de artículos
de herbología en un barrio mágico de Bristol. El negocio no iba muy bien, en
especial desde que la enfermedad de la madre de Sally no le permitía salir de
casa, pero se las apañaban para vivir de ello.
- ¿Y tú? - Dijo Sally -. ¿Al final estarás todo el tiempo en la casa de tu tío?
- Sí - Dije, resoplando -. Aunque, yo qué sé, los primeros días estaré en casa
de mis padres, en Londres, y luego me iré a la mansión, pero trataré de volver
con mis padres en todas las ocasiones que pueda. Quizá finalmente mi padre dé
su brazo a torcer y me deje quedarme en casa.
- Ah - Dijo, Sally -. Bueno, siento lo de tu padre.
- No importa - Dije.
- Yo también estaré un poco sola - Dijo ella, esbozando una tímida sonrisa de
comprensión.
- Te echaré de menos, Sally.
Sally me miró, triste.
- Y yo a ti - Dijo, y apartó la mirada -. Ya se nos pasará.
Permanecimos en silencio otros pocos segundos.
- ¿Sabes ya dónde está la casa de tu tío? - Dijo Sally.
- Sí - Dije -. En la zona de Cheltenham, en el campo. Mêlée me ha explicado
varias formas de llegar. Lo más probable es que use una chimenea pública hasta
alguna población mágica cercana, y tenga que apañármelas como pueda desde allí.
En cualquier caso tengo que convencer a Mêlée de que me deje usar las chimeneas
de la casa de mi tío.
- Cheltenham... - Dijo Sally, entornando los ojos.
- Sí. Está más cerca de Bristol que de Londres, la verdad.
Sally me miró.
- Gracias por lo que estás haciendo, Peter - Dijo -. De verdad.
- De nada - Dije.
- Esperaré tus cartas, y... Bueno, cuéntame todo lo que quieras, ¿de acuerdo?
- Tú también, Sally. Espero saber de ti.
- Sí - Dijo Sally -. Será mejor que ahora... Bueno, te deje volver al
compartimento. Ten un buen verano...
Sally trató de esbozar una pequeña sonrisa, y alzó una mano para despedirse,
desganada.
- Adiós, Peter. Siento que tengas que estar solo.
- Adiós, Sally - Dije, sin sonreir, mientras abría la puerta del compartimento.
Me sentía triste.
Sally se giró y comenzó a alejarse, mientras yo entraba al compartimento. De
repente una idea absurda se me pasó por la cabeza, y me detuve con medio cuerpo
dentro, girándome hacia el pasillo.
- ¡Sally! - Dije, sin pensar, hablando lo suficientemente alto para que ella me
escuchase desde donde estaba.
Sally se giró, con mirada confusa.
- Sally, ¿y si pasas el verano conmigo en mi casa? - Continué.
De repente fui consciente de lo que estaba diciendo, y de cómo lo estaba
diciendo. Miré a Keith y compañía, y vi que todos estaban mirándome, con
variados grados de sorpresa. Cerré la puerta del compartimento y esperé ante
ella a que Sally llegara a mi posición.
- ¿Qué? - Dijo, cuando llegó.
- Sally - Repetí -. Ven a casa de mi tío conmigo.
Sally me miraba como si fuera una broma.
- ¿Qué? - Repitió.
- Si quieres.
- Pero Peter...
- Como amigos - Añadí, apresuradamente -. Sólo como amigos, lo sé.
- Sólo como amigos - Dijo ella, pensativa.
- Sí. Además así podrás ayudarme de primera mano, ¿no crees?
- Pero... - Dijo Sally, llena de dudas -. ¿Y mi madre?
- Le dirás que me has engañado para venir. Que me tienes loco. Yo qué sé.
Seguro que le parece genial, ¿no? Es su plan...
- No lo sé... ¿Y Mêlée? ¿Seguro que me dejará entrar?
- Por Merlín, soy su amo. Si en algo consigo que me haga caso, será en que te
deje entrar. Te lo aseguro.
- No lo sé, Peter... ¿De verdad crees que es buena idea?
Miré a Sally. Estaba ruborizada, y a pesar de parecer incómoda, estaba casi
seguro de que la idea le atraía más que tener que quedarse en la tienda de su
madre.
- Si puedo ver tu cara a diario, tiene que ser una buena idea - Dije, sin tener
dudas. De verdad quería que ésto pasara.
- Peter... - Dijo Sally, colorada -. Ya te he dicho que...
- Sólo amigos - Asentí -. Pero es que quiero verte. Aunque seas sólo una amiga.
Quiero ver tu cara.
Sally se ruborizaba cada vez más, y parecía buscar excusas sin demasiadas
ganas.
- Pero... - Dijo -. Yo... Eh... Ni siquiera sé... ¿Cómo llego desde Bristol
hasta la casa de tu tío? No sé cómo...
- Yo te iré a buscar - Dije, sin pensarlo.
- Eh... ¿Qué?
- Yo te iré a buscar. Una vez llegue a la casa de mi tío, te iré a buscar a
Bristol.
- Peter, pero... Eso es una tontería. No es necesario, yo puedo llegar sola...
¿Por qué ibas a ir a buscarme desde tan lejos?
- Porque quiero cuidar de ti.
- ¿Qué? - Dijo Sally.
- Siempre te quejas - Dije, tratando de que mi voz sonara segura -. De que tu
padre no cuidó de tu madre. De que mi tío no cuidó de vosotras. De que nadie ha
cuidado nunca de ti.
- Peter...
- Yo quiero cuidar de ti - Dije -. Voy a hacerlo. Quiero hacerlo este verano.
Sally miró al suelo, temblorosa.
- Sally... - Dije, al cabo de unos instantes.
- Cállate - Dijo ella -. Idiota.
- Eh... - Dije, un poco confuso -. ¿Perdón?
- ¡Idiota! - Repitió ella, alzando la mirada. Tenía lágrimas en los ojos, y
parecía furiosa -. ¡Serás idiota! ¡Pero cómo se te ocurre!
- ¿Eh? ¿El qué? - Dije, desesperado.
- ¡Encerrarte en la taquilla con Sacharissa!
- ¿Qué?
- ¡Es de idiotas!
- ¡Pensé que ya no estabas enfadada por eso!
- ¡Y no lo estaba! - Dijo ella.
- ¿Y qué acaba de pasar? - Dije, sin entender nada.
- ¡No lo estaba cuando me propuse que fuéramos sólo amigos! ¡No me importaba
pasarlo por alto! Pero ahora... ¡Ahora de repente me muero de ganas por
besarte, y no podré hacerlo hasta que descargue el enfado como es debido!
- Eh... - Dije, sin asimilar -. ¿Qué?
- ¡Que eres un idiota!
- ¿Besarme?
- ¡Besarte!
- ¡Pero no lo hice aposta!
- ¡Ya lo sé! ¡Lo sé!
- ¿Entonces?
Sally resopló, y se acercó a mí.
- Entonces - Dijo -, quiero que me prometas que, la próxima vez que tengamos
que salir corriendo de alguna parte, por cualquier motivo, te asegures de que
me tienes bien cogida de la mano, antes de que salgamos corriendo. Que si hay
el más mínimo peligro sea yo la que esté entre tus brazos, pegada a tu pecho.
- ¿Pegada a mi...? ¿Pero qué te crees que pasó en aquella taquilla?
- ¿Lo has entendido? - Dijo ella, seria.
- Creo que sí.
- Yo entiendo que fue un malentendido - Añadió -. Pero tú eres un idiota.
- Bueno, no creo que yo...
- Es importante que admitamos los errores para dar esto por zanjado.
- Pero...
- Rápido, por favor, te quiero besar.
- Tienes razón - Dije, apresuradamente -. Un idiota.
- No seas tan duro contigo - Dijo Sally, mirando mis labios -. Sólo un poco
despistado.
- Perdería la cabeza si no la llevase pegada al cuerpo - Dije, muy serio.
Sally puso sus manos en mi pecho y me besó, dulcemente. Cuando nos separamos
tuve la certeza de que todo iba a ir bien. De que finalmente lo nuestro
acabaría bien, y de que el verano podría merecer la pena, si era a su lado.
Ella parecía mucho más animada, y no dejaba de hacerme preguntas sobre qué
debería llevar a casa de mi tío, entre otras cosas si debería llevar el
bañador, idea que me atraía bastante, así como qué haríamos allí durante todo
el verano. Acordamos que sería mejor que cada cierto tiempo, que podrían ser
dos semanas, fuera a ver a su madre durante un par de días, y que quizá yo
debería hacer lo mismo con mis padres, si me lo permitían. En cualquier caso,
ahora que Sally iba a estar conmigo, sentía mucho menos la necesidad de ver a
mi familia.
Finalmente decidimos que, ya que Sally debía coger un tren muggle en King Cross
que la llevaría hasta Bristol y que a mí no vendría nadie a buscarme, ella
volvería a su vagón y nos veríamos más tarde en la estación, donde seguiríamos
hablando durante un rato, para después separarnos durante unos días, y
reencontrarnos después de que yo llegase a la mansión de mi tío. Antes de
dejarla ir, le dije que su nuevo aspecto seguía volviéndome loco, ante lo cual
ella reaccionó volviendo a llamarme "idiota" y besándome con ternura.
Sin duda los próximos días se me harían muy largos.
No fue hasta que regresé al compartimento que me di cuenta de que habíamos
estado todo el rato ante el cristal de la puerta, y que cualquiera podría
habernos visto desde su interior. Me fijé en que Sach estaba bastante
concentrada en mirar por la ventana fijamente con expresión ausente, mientras
Ally y Yashira volvían a cuchichear sobre sus asuntos. Keith en cambio me
sonrió mientras me sentaba a su lado.
- Parece que al final la cosa ha terminado bien - Dijo.
- Sí - Afirmé, sonriendo.
- ¿Lo ves? Si es que te preocupas demasiado.
- ¡Pero ha sido en el último momento! - Me defendí -. Por poco...
Keith sonrió. Pasaron unos segundos.
- ¿Pero de verdad va a pasar el verano contigo?
Asentí con la cabeza, embobado.
- ¿En serio? ¿En casa de tus padres?
- Ehm... - Dije, tratando de improvisar -. Bueno, es probable que hagamos algún
pequeño viaje, o algo. Quién sabe...
Pasé el resto del viaje hablando con Keith sobre nuestros asuntos, y sobre lo
que se nos presentaba para el verano. En algún momento Sach también comenzó a
hablar con Ally y Yashira, y el ambiente en el compartimento mejoró bastante,
aunque siguiera dividido en dos grupos. Los Mundiales de Quidditch estaban a la
vuelta de la esquina, y Keith y yo bromeamos sobre lo divertido que sería que
todos fuéramos en conjunto: Ally y Yashira, que probablemente harían su propia
lista de máximas puntuaciones, pero basadas en el físico de los jugadores,
Sacharissa, por supuesto con Stebbins, para que Keith y yo pudiéramos desear
que alguna bludger se saliera de su camino hacia él, mientras Sach nos echaba
la bronca por tal comentario. Y por mi parte pensé en Sally, claro. Sally,
agarrada de mi mano, con su nuevo peinado corto, y arrastrándome hacia los
cantos de los grillos y las noches calurosas, hacia un verano que no terminaría
nunca.
Era todo lo que deseaba.