15 de Julio, Viernes

Ya llevába casi un mes de vacaciones y parecía que el colegio había terminado hacía siglos. Todos los veranos me acostumbraba a la rutina de no hacer nada rapidísimo, aunque éste venía con la novedad de ver a Stebbins fuera de Hogwarts. Vivía con mis padres en una casa con jardín en uno de los barrios exteriores de Londres, Sutton, donde había una pequeña comunidad mágica, y desde donde podías viajar al centro fácilmente en transporte público muggle, aunque nosotros rara vez lo utilizábamos. De todos modos, este verano había tenido que ir en él más de lo habitual para encontrarme con Stebbins, que vivía en un pequeño pueblo alejado de la ciudad, ya que aún no podía utilizar la magia para aparecerme. Solíamos pasear por el centro de la ciudad porque yo aún no quería presentárselo a mis padres, aunque ellos ya me habían preguntado varias veces con quién iba todos esos días y yo me escaqueaba, respondiendo que había quedado con alguna chica de la escuela, pero suponía que sospecharían algo de todas maneras.

A principios de la tarde, mientras me preparaba para salir, mi madre me llamó diciéndo que había llegado una lechuza para mí. Bajé con prisa, por si acaso era algo de Stebbins avisándome de que le había surgido un imprevisto, pero resultó ser una carta de Keith preguntándome que tal e invitándome a los mundiales de Quidditch que se celebrarían ese año en Inglaterra. Decía que también había invitado a los demás, incluída Sally, así que si quería, y muy a su pesar, suponía que Stebbins también podría venir, que en su tienda habría sitio de sobra para todos. En realidad, ninguno de nosotros tenía dinero para comprar las entradas de algún partido, y mucho menos de la final, pero pensábamos ir a plantar allí nuestra tienda y pasar varios días, siempre nos terminaríamos enterando de los resultados y nos podríamos unir a las celebraciones que nos apeteciesen. Estuve a punto de contestar rápidamente diciéndole que sí, pero pensé que quizás debería consultarlo con Stebbins. Aún se sentía molesto por que se colasen en el baño de los prefectos con nosotros, aunque no me había comentado nada malo de ellos desde entonces, aunque, ciertamente, tampoco nada bueno. Simplemente, los mantenía al margen y yo tenía miedo de decir algo y que las cosas volvieran a ser como antes.

Mientras el tren se dirigía hacia mi parada, ensayé mentalmente como plantearle el tema. Nunca había sido un gran fan del quidditch ni tampoco un gran fan de las multitudes así que supuse que debería enfocarlo hacía la parte de "experiencia única" y de "hace años que no se celebra en Inglaterra" y de "es una oportunidad", aunque no sabía muy bien de qué. Cuando llegué al punto de encuentro, Stebbins ya estaba allí esperándome. Nos dimos un beso de bienvenida y decidimos a donde ir a continuación. Una de las últimas veces habíamos encontrado una pequeña cafetería en la que podíamos pasar un par de horas con tranquilidad, así que nos dirigimos hacia allí y nos sentamos tras pedir algo de beber.

- ¿Qué tal en casa? - me preguntó.

- Bien, como siempre. Mis padres van a trabajar por la mañana, así que yo me quedo sola. La verdad, me gustaría tener un hermano mayor que se tuviera que ocupar de hacer las cosas de la casa, pero siempre me toca a mí. ¿Y tú?

- Pues quería decirte que mis padres van a irse de vacaciones a principios de agosto, así que quizás podrías venir un fin de semana y estar allí conmigo. Y sabes, solos. No hemos estado solos desde... Desde finales del curso.- me dijo.

- Oh. Bueno, no lo sé. Tendría que preguntarles a mis padres si les importa que me quede allí, aunque creo que no. Ya están empezando a dar por sentado que estoy saliendo con alguien, pero espero que no insistan en que vengas tú también para conocerles.

- ¿Por qué? ¿No te gustaría que les conociese?

- No, si no es eso. Seguro que además les encantas, con la de TIMOs que has tenido.

- Bueno, tú tampoco lo has hecho mal, has conseguido las notas que necesitabas, ¿no? - me cogió de la mano y me dio un beso.

- Si, aunque lo que más me preocupaba era Herbología y al final he tenido una E. Las he aprobado todas, pero pienso dejar historia de la magia y astronomía. Es una pena que no pueda dejar también cuidado de criaturas mágicas, pero supongo que se necesita saber de que animal sale cada cosa y eso. Aunque la mayoría de cosas que salen de animales son bastante asquerosillas.

- Yo ya sabes que necesito seguir con todo. Este año tendré menos tiempo libre que tú.

- ¿Menos tiempo libre aún? Pero si ya no tenías casi tiempo para mí - le dije haciendo un mohín.

- Bueno, no te preocupes, ya lo encontraré. Además, nos veremos en las clases y en las reuniones.

- Es verdad, aún no me has contado de que van esas "reuniones" que vamos a tener.

- Ni lo haré. Pero no te preocupes, ya entenderás por qué cuando empecemos el curso. Todavía hay un par de cosillas que arreglar, pero todo estará listo para entonces.

Stebbins bebió un poco de su té y aproveché que parecía estar de buen humor para preguntarle sobre el tema de los mundiales.

- ¿Sabes? Keith me ha escrito. - vi como Stebbins bajaba la mano que tenía la taza y la depositaba otra vez en la mesa con calma. - Me ha comentado que, bueno, que tiene una tienda de campaña muy grande... - Stebbins levantó una ceja. - No, bueno, que quizás podríamos ir juntos a los mundiales de quidditch - levantó la otra - Todos juntos, quería decir. Keith, Peter, Sally, Ally y Yashira. Y yo. Y tú, si quieres. Date cuenta de que es la primera vez que se celebra en Inglaterra desde hace...

- Está bien.

- Oh - le miré sorprendida. - Creí que me costaría más convencerte.

- He estado pensando sobre el tema Parker y Starkey.

- Oh - dije otra vez. - ¿Y?

- Son tus amigos.

- Bueno, ahora Peter y yo no estamos en nuestro mejor momento.

- Pues Parker, él es tú amigo.

- Si - asentí no muy segura, sin saber a dónde quería ir a parar.

- He decidido que, quizás, y sólo quizás, si él, o ellos, se comportan mínimamente como la última vez que nos vimos, pueda tolerar tenerlos a menos de dos metros. Y que me hablen. Y contestarles y eso. Sin escupirles.

- Vaya, eso es, bueno, genial. Genial por tu parte. Ahora sólo espero que ellos se comporten de una manera acorde, no son tan... amables como tú.

Seguimos hablando un buen rato, pero no volvió a comentar nada sobre el tema. Esperaba sinceramente que puediesen llevarse medio bien, porque estaba bastante cansada de tener que inclinarme siempre por unos o por otros. El problema estaba, claro, en que Keith ni Peter tendrían que poner de su parte para que la cosa funcionase y eso, ya no estaba tan claro.

 16 de Julio, Sábado

Posé la pluma sobré el mostrador y releí la carta:
“ Hola Peter:
Te envío esta carta para ver que tal estas pasando el verano. Yo desde que llegué, lo más interesante que he hecho, ha sido fabricar trampas para un ratón que mi tío dice que vio en la tienda, anda de aquí para allá con extraños instrumentos y trozos de comida, pero lleva ya casi 2 semanas así y aun no hay rastro de ratón.
Durante la preparación de una de nuestras inquebrantables estrategias antiroedores, nos hemos encontrado con una antigua tienda de campaña que usaban mis tíos en su juventud para sus escapadas durante el verano, y se me había ocurrido que le podríamos dar uso, ya que como supongo que sabrás, o posiblemente no viniendo de ti, este verano son los mundiales de Quidditch, y estaría bien podernos reunirnos todos allí antes de volver al colegio.
Ya le he enviado una invitación a Sach, Ally y Yashira y si no hay cambios de última hora todas podrán asistir, por si te lo estabas preguntando, la respuesta es sí. También está invitada Sally, así que coméntaselo tú a ella.
Ah, en principio no vamos a ir a ver ningún partido, pero seguro que hay mucha fiesta y oye, hacerse amigo de alguien con entradas es un momento, jeje.
Bueno pues nada más, espero que me envíes tu contestación.
Un saludo.
Keith”

Doblé la carta y me acerqué a Rarks, la fornida lechuza grisácea de mi tío estiró su pata para que pudiese atar la carta a ella sin problemas y salió a toda velocidad por la ventana.
Me senté nuevamente detrás del mostrador, la tienda había estado vacía durante todo el verano, no sabía muy bien porque mi tío se empeñaba en que lo ayudase si apenas había nada que hacer, quizás simplemente aprovechaba a que estaba yo para poder él tomarse un descanso. Me recosté sobre la silla y saqué del cajón el profeta, las noticias que más destacaban hablaban sobre el campeonato del mundo de Quidditch y los pronósticos para el vencedor, la mayoría daban como Campeona a Bulgaria, aunque también estaban como favoritos a Escocia, Irlanda e Inglaterra. El resto de noticias siempre hablaban de lo mismo, magos que infringían las normas sobre el uso de aparatos muggles o que usaban magia delante de estos, encuestas del ministerio de la magia sobre le educación los jóvenes y la comunicación con sus padres, y como no podía faltar consejos para el uso seguro y práctico de la magia en su lugar de trabajo. Cerré el periódico y abrí el cajón para volver a dejarlo en su sitio. Al posarlo en el interior de cajón sentí que el fondo se movió ligeramente como si estuviese roto, me levanté y puse la mano instintivamente bajo el cajón evitando que se fuese a caer todo el contenido, pero al palpar la parte baja de cajón sentí que estaba firme, sin ningún signo de rotura ni resquebrajamiento. Metí la mano en el interior y toqué el fondo, se volvía a mover ligeramente cada vez que hacía un poco de presión en un extremo. Saqué el cajón completamente y vacié el contenido, el profeta, un bote de tinta negra, dos plumas y algunas monedas fueron a parar sobre el mostrador.
Examiné detenidamente el fondo del cajón y pude comprobar claramente como la tabla del fondo se movía, la saqué cuidadosamente dejando al descubierto un doble fondo, en el había cuidadosamente doblado un trozo de papel. Lo cogí y lo desdoblé con cuidado para que no se rompiese. Era un artículo de un periódico antiguo.

“ASESINO MUGGLE ASESINADO
Ayer, a las 22:23, tuvo lugar en la calle Liverpool de Londres un suceso que ha dejado conmocionada a toda la comunidad mágica.
El matrimonio de magos John Parker y Liss Rosh se dirigían a casa de unos amigos unas manzanas más adelante, cuando se encontraron con una reyerta entre dos muggles, John se acercó a ellos para intervenir e intentar separarlos sin utilizar la magia sin éxito, recibiendo una puñalada mortal en su costado derecho.
Cuando Liss se dio cuenta de que no podía hacer nada por la vida de su marido, sacó su varita y terminó con la vida de ambos muggles mientras intentaban huir.

Estos hechos han desatado la polémica en nuestra comunidad y mañana Liss, tras el funeral de su marido se enfrentará a una pena de cadena perpetua en Azkaban. Diversos debates se han abierto sobre si los magos deberían intervenir en asuntos muggles, la utilización de magia en extremo peligro, o el valor de una vida muggle.

En la edición de mañana tendrán un completo reportaje.”

Leí de nuevo los nombre de mis padres sin creerme lo que ponía el artículo, era imposible que eso hubiese pasado y que mis tíos no me hubiesen dicho nada, mi padre había muerto en un accidente de trabajo, mientras transportaban unas inmensas estatuas, el hechizo levitador falló y fallecieron cinco trabajadores junto a él, y respecto a mi madre, me había abandonado a los pocos años de nacer.
El sonido de la puerta al abrirse me devolvió a la realidad, mi tío entraba con una sonrisa en la boca y agitando una carta sobre su cabeza.

- Ya han llegado, aquí tienes las notas – dijo mientras posaba la carta sobre el mostrador - ¡Venga! ¡Ábrela! …

Bajó la mirada y su cara palideció al percatarse del trozo de papel que sostenía en mis dedos. Me miró sin encontrar respuesta, mi cabeza aun estaba analizando la información recibida sin llegar a reaccionar.

- Esto… ¿Es verdad? – conseguí decir.
- Lo siento Keith… - el tono conciliador de mi tío confirmó que no era una broma de mal gusto.
- ¿Cómo pudisteis?, ¿Por qué no me dijisteis la verdad? – me costaba pensar con tranquilidad, me habían estado engañando durante… ni siquiera sabía cuantos años.
- Tu madre, nos hizo prometer cuando la encerraron que no te diríamos nada, no quería que tuvieses una imagen distorsionada de ella. – Mi tío me quitó de las manos el trozo de periódico con suavidad.
- Durante todo este tiempo es cuando he tenido una imagen distorsionada, mi madre me abandonó porque no quería hacerse cargo de mí, y resulta que está en la cárcel. – Me levanté de la silla, necesitaba salir de la tienda, el aire me estaba ahogando. Cuando estaba a punto de salir una pregunta abordó mi cabeza. Me giré hacia mi tío. - ¿Esta viva? – Las palabras se aferraban a mis labios sin querer abandonarlos.

Mi tío asintió con la cabeza.

 17 de Julio, Domingo

Brillaba el sol y la temperatura era agradable en los terrenos de la casa de mi tío. Mientras esperaba a la entrada de la casa, pensé en las últimas semanas.
Tras llegar a Londres el día en que nos fuimos de Hogwarts me despedí de Keith y los demás, y me reuní con Sally en los andenes, hasta que subió a su tren con rumbo a Bristol. El hecho de ir sola le planteaba algunos problemas a la hora de emplear medios mágicos para llegar hasta su casa, al igual que podría planteármelos a mí en unos días, así que tenía que usar transportes muggle por el momento.
Acordé con ella que le escribiría cuando fuese a casa de mi tío, y que entonces iría a buscarla a Bristol cuando ella quisiera.
- Peter - Dijo ella -. No es necesario... En serio. Sabes que puedo ir sola.
- Nunca he estado en bristol - Dije, encogiéndome de hombros -. Además, no está tan lejos. Podemos pasar parte del día allí. Ya veremos.
Ella me miró en silencio, y luego tuvimos que despedirnos. Su último beso se me hizo muy corto, así que traté de mantener mentalmente la sensación en mis labios mientras observaba a su tren alejarse.

En casa "disfruté" de una semana de ambiente familiar, hasta que mi padre decidió que había llegado el momento de "aislarme" en la casa de mi tío. Mi padre se había pasado los últimos días refiriéndose a la casa familiar como su casa y a la de mi tío como la mía. Supuse que su propósito seguía siendo que me rindiera y les invitase a todos a venirse conmigo, pero ahora que sabía que Sally me haría compañía lo último que quería era que nadie más estuviese allí para molestarnos.
- Peter, tenéis que arreglar ésto - Me dijo mi madre el día de mi partida, mientras me hacía el desayuno.
- Díselo a él - Musité, en voz baja.
- Comprende que para tu padre es importante poder entrar en esa casa... Es la casa de su hermano, después de todo.
Me quedé callado, pero tenía ganas de contestar. No sé qué les pasaría, pero mi padre despreciaba a su hermano. Lo había despreciado incluso el día de su funeral. Tuviera los motivos que tuviera para querer entrar en su casa, desde luego no iba a creerme que fueran sentimentales.
- Además no es un plato de gusto para tu hermana y para mí veros así - Continuó mi madre.
- Bueno, lo siento - Dije desganado, pensando en que de hecho a mi hermana debía de importarle bastante poco vernos de cualquier manera -. Pero no quiero que entre nadie en esa casa.
- ¿Por qué, hijo?
Me quedé pensando.
- No lo sé - Dije, finalmente -. Lo siento.
Mi madre suspiró, y me sirvió un plato de beicon muy hecho, que devoré con ansia, pensando en lo mucho que iba a echar de menos los desayunos de la última semana. Esperaba que Mêlée se hubiera encargado de hacer la compra.
Unas horas después cargaba de nuevo con mi equipaje por las calles de Londres, acompañado por mis padres. Esk se revolvía entre mis brazos. Había decidido llevarla también conmigo, pensando que le gustaría correr por los jardines de la casa, y que quizá pudiera cazar algún raton si el lugar no estaba demasiado cuidado, pero ya me estaba arrepintiendo.
Emplearía una chimenea pública para llegar a Cheltenham, donde debería seguir High Street hasta llegar a London Road, y luego desviarme hacia GreenWay Lane, siguiendo el camino fuera de la ciudad durante tres kilómetros hasta llegar a un camino entre árboles junto a un puente que me conduciría a los terrenos de la mansión de mi tío, donde Mêlée me esperaría escondido. Sólo de pensar en todo el camino que tendría que recorrer a pie, sin poder utilizar la magia, comenzaba a arrepentirme de haberle dicho a Sally que iría personalmente a buscarla.
Me despedí de mi familia, recibiendo un beso cálido de mi madre y uno frío de mi hermana, y un desganado "a ver si nos invitas a verte algún día" de mi padre, y me introduje en la gran chimenea pública suspirando. Unos instantes después me encontraba ya en Cheltenham, tras salir de una chimenea notablemente más pequeña. A partir de ahora, sin la supervisión de mis padres, se acababa el uso de la magia para viajar. Me cargué con mis bultos y comencé a caminar enérgicamente, tomando buena nota mientras seguía la ruta prevista de dónde se encontraba la estación muggle. Por suerte había una línea directa de tren entre Cheltenham y Bristol, así que sólo era cuestión de ir pronto el día que fuera para consultar los horarios.
Tras un largo rato de caminar y varias correcciones de rumbo, encontré el camino que se alejaba de Greenway Lane, pudiendo así dejar atrás la carretera principal y las miradas de los ocupantes de los vehículos que pasaban, sorprendidos de ver a un chico cargado de equipaje y con una gata en los brazos caminando por el arcén.
Tras caminar unos minutos parecía que me encontraba en medio de un bosque. Ya no había rastro del ruido del tráfico, y la sensación de aislamiento era total. Tenía la vaga sensación de que ya me encontraba en una zona a la que un muggle no podría llegar. Me pregunté si a ellos les daría la impresión de que el camino terminaba mucho antes, o si siquiera serían capaces de ver el camino que se alejaba de la carretera. En cualquier caso, me relajé un poco, sabiendo que estaba cerca.
Finalmente un muro apareció a la derecha del camino y, más adelante, la puerta a la mansión. Cuando estaba cerca, Mêlée salió de entre los arbustos, con cara de alivio.
- ¡Amo Peter! Estaba preocupado.
Le saludé con una sonrisa. Me alegraba verle, en cierto modo, aunque no tenía claro por qué. Quizá porque me hacía sentirme un poco menos solo. Abrió la puerta de la mansión con un gesto, y se empeñó en cargar con mis bultos. Le di algunos pensando que no podría con ellos, hasta que recordé que él sí podía usar magia.
- Oye - Le dije, antes de entrar -. ¿Hacia dónde continúa el camino?
Mêlée miró hacia la distancia, entre los árboles.
- Sale por otra carretera, algo más allá - Dijo -. Si un muggle entra por un lado, sale por el otro sin ver la mansión, unos minutos después, sintiéndose un poco confundido. Creerá que ha encontrado un atajo o algo así, pero luego se le olvida.
- Ah... - Dije. Así que así era como funcionaba.
- Pero casi ningún muggle usa el camino - Continuó Mêlée -. No se preocupe, amo Peter, ellos no pueden llegar a la casa. Mêlée se encarga de que sólo el amo Peter pueda a partir de ahora.
Me encogí de hombros y le seguí al interior de los terrenos. De nuevo me sorprendió la amplitud del lugar, y la cantidad de jardines que rodeaban la casa. La mansión me parecía aún más grande que la primera vez, quizá porque ahora era consciente de que era mía, y a su lado veía la torre de los cuervos. Supuse que Zoro ya estaría por allí desde hacía días. También era consciente de que tras la casa se encontraban los huertos en los que Mêlée cultivaba varias cosas. Todo parecía bastante cuidado.
- Mêlée, ¿has hecho compra? - Dije, mientras entrábamos en la casa.
- Sí, amo Peter, Mêlée ha comprado de todo para tener contento al amo. Además los huertos de la casa están a la disposición del amo Peter cuando quiera...
- Bien - Dije, alegre -. Tengo hambre, ¿qué me puedo hacer de comida?
Mêlée se sobresaltó.
- ¿El amo Peter no quiere que Mêlée le sirva la comida? ¿No quiere que cocine para él?
Dudé. Mêlée no parecía muy limpio, con su viejo peto y sus manitas arrugadas. Aunque por otra parte, ¿qué elfo doméstico lo parecía? Y en Hogwarts la cocina era llevada por ellos... Y todo por la zona parecía bastante limpio...
- Claro - Dije, encogiéndome de hombros -. Cocina todo lo que quieras. Tengo hambre.
Después de la comida, que resultó estar mejor de lo esperado, escribí a Sally para decirle que ya estaba en casa y que pasaría a buscarla al día siguiente si le parecía bien. Cogí a un cuervo que parecía joven y lo envié con la carta. Tenía que llegar y recibir la respuesta en el mismo día, así que esperaba que se diera mucha prisa. Al fin y al cabo Bristol no estaba tan lejos...
Dediqué el resto de la tarde a explorar la casa, acompañado por Mêlée, que no dejaba de explicarme anécdotas de cada habitación, acompañadas de ocasionales sollozos al recordar a mi tío. La casa tenía una gran cantidad de habitaciones para invitados que casi nunca habían sido usadas, y varias para la familia, que por lo que Mêlée me había comentado tampoco se habían usado nunca. Las únicas que se habían usado constantemente habían sido la de Mêlée (una pequeña habitación a medio camino entre un armario y mi habitación de Londres), y la de mi tío, una enorme habitación por la que caminé con precaución, sintiendo escalofríos, mientras el elfo sollozaba. Tenía una cama enorme (la que había podido ver en el cuadro de Hogwarts), un gran escritorio, varias estanterías llenas de libros y varios cuadros, algunos de paisajes, y otros en los que aparecía él.
Le comenté a Mêlée que prefería dejar la habitación de mi tío tal como estaba, y que yo usaría alguna de las que había reservado para la familia. Mêlée pareció contento con mi decisión. Finalmente dejé mis cosas en una habitación bastante grande, que tenía su propio cuarto de baño y una gran cama, así como unas cuantas estanterías vacías y una preciosa vista de la parte delantera de la casa. Entré para utilizar el baño, y cuando salí Mêlée ya había colocado varias alfombras en el suelo y estaba haciendo la cama.
La casa también disponía de una pequeña biblioteca llena de libros, que tras los primeros vistazos me parecieron todos relacionados con temas de pociones y encantamientos, aunque cuando me fui pude ver algunos relacionados con la genealogía, así que supuse que tocarían más temas. También había una gran cantidad de cuartos de baño, destacando uno más grande que los demás con una gran bañera, que parecía ideal para relajarse en Invierno. En la planta baja había varias salas amplias, y la cocina, también bastante grande, y muy cuidada.
Por supuesto, me moría de ganas de explorar los sótanos, pero no estaba seguro de si sería mejor esperar a Sally para hacerlo. Me di cuenta de que debía mencionarle algo a Mêlée.
- Por cierto, Mêlée... - Dije, inseguro -. Hay una cosa que quiero decirte.
- ¿Sí, amo Peter?
- Esto... - Sabía que al elfo no le iba a gustar la idea, pero debía decirlo con decisión. Al fin y al cabo, ¿no tenía que obedecerme? -. A partir de mañana... Ehm... Vamos a tener una invitada.
Mêlée me miró, inseguro.
- ¿Una invitada? - Dijo.
- Sí - Asentí.
- ¿De su edad? - Dijo, un poco nervioso.
- Sí - Dije de nuevo.
- ¿La señorita Kingcrow?
- Sí... - Dije -. Espera, ¿qué?
Mêlée me ignoró y se encaminó a la cocina.
- ¡Mêlée! - Grité, yendo tras él.
- ¿Sí, amo Peter? - Dijo.
- ¿Cómo sabes que se trata de Sally Kingcrow?
- ¿Sally? - Dijo Mêlée -. Mêlée no sabía que ese fuera su nombre. Mêlée sólo leyó su apellido en la carta que el amo Peter estaba escribiendo antes...
- ¿Ah, sí? - Dije, dudando -. ¡M-mentira! ¡En la carta la llamé sólo por su nombre! Yo no...
Mêlée me miró, inseguro.
- Dime la verdad, Mêlée - Dije, enfadado -. Es una orden.
Mêlée suspiró.
- El amo Horacio dijo antes de morir que en esta casa sólo podía entrar el amo Peter - Dijo Mêlée -. Sólo él.
- De eso nada - Dije, interrumpiéndole -. Si quiero puedo invitar a más gente. ¡Es mi casa!
- El amo Peter podría - Dijo Mêlée, resignado -. Porque Mêlée no puede impedirlo. Pero el amo Horacio dijo que cuando el amo Peter estuviera aquí, un día traería a una joven de su edad, cuyo apellido es Kingcrow. El amo Horacio lo aprobaba.
- ¿Qué? - Dije, sorprendido -. ¿Cómo lo sabía él?
- Mêlée no lo sabe - Dijo él. Parecía decir la verdad.
Resoplé. Otra cosa que no tenía sentido. Yo había comenzado a relacionarme con Sally después de que mi tío muriese, y él nunca la había mencionado cuando se comunicaba conmigo, ¿pero sabía sin embargo que cuando él me dejase su casa yo iría allí con ella? ¿Cómo sabía que nos conoceríamos, y que terminaríamos congeniando lo suficiente como para que yo la invitase a ella y sólo a ella a la casa?
Por otro lado, era cierto que mi tío había tenido una relación con la madre de Sally cuando ésta era una recién nacida, y si lo que Rossana Kingcrow decía era cierto, él las había abandonado poco después, pero ya había hecho lo que fuera que hiciese que hizo que ambos enfermaran, muriendo mi tío años más tarde, y dejando a la madre de Sally gravemente enferma, dependiendo sólo de que Sally y yo descifráramos el misterio de los pergaminos escondidos en Hogwarts.
Quizá mi tío pudiera preveer el interés de Sally por los pergaminos, y si él estaba de acuerdo en que Sally visitara la casa, eso sólo podía querer decir que mi tío quería, de alguna forma, terminar ayudando también a la madre de Sally a recuperarse. Pero eso entonces dejaba otros interrogantes abiertos: ¿Cómo había escondido mi tío los pergaminos en Hogwarts cuando ya no estudiaba allí? Si quería ayudar a la madre de Sally, ¿por qué había esperado a después de su muerte? Y, sobre todo, ¿por qué no había usado el secreto que encerraban los pergaminos para curarse a sí mismo?
No le encontraba sentido a estas preguntas en mi cabeza, y Mêlée no parecía saber gran cosa sobre ello. Tenía que contárselo a Sally.
La respuesta de Sally me llegó al final de la tarde. El cuervo parecía a punto de desafallecer, así que tomé la carta en mis manos y le llevé junto a los demás cuervos, con la esperanza de que pudiera descansar. Sally parecía dispuesta a que la pasase a buscar al día siguiente. Me informó del horario de los trenes y acordó esperarme en la estación. Allí estaría.

Me encontré con Sally según lo previsto. Oí su voz mientras la buscaba por los andenes, me giré, y allí estaba ella. Nos quedamos mirándonos unos instantes. Yo llevaba un pantalón negro con un cinturón gris, y una camiseta negra que comenzaba a quedarme un poco justa. Ella vestía una falda corta de cuadros, junto con una camiseta púrpura un poco desgastada, y zapatillas de deporte.
- Hola - Dijo ella, finalmente.
- Hola - Dije -. Perdona, es que... No me acostumbro a verte sin el uniforme.
- Ni yo - Dijo ella -. Me... ¿Me besas? Estoy cargada con las maletas, y...
- Ah, sí, sí... - Me acerqué y la besé suavemente, sintiendo un cosquilleo en los labios. Me separé lentamente -. Debería... Debería llevarte las maletas.
- Sí - Dijo ella, y dejó que las cogiera. Cuando ya las tenía, se acercó a mí y me besó de nuevo, en un beso algo más largo. Al separarse estaba algo colorada.
- Yo también te he echado de menos - Dije.

No pudimos prolongarnos en nuestra visita a Bristol. Por un lado estaba el hecho de cargar con las maletas, y por otro el viaje que tendríamos que hacer a pie al llegar a Cheltenham, así que después de comer por allí cogimos el tren sin más tardanza. Sally me contó durante el viaje que su madre había pensado en enviarla con su gata para comunicarse a través de ella, pero que la había convencido de que no era buena idea porque podía hacerme sospechar algo. Me alegré de que fuera así, tener a la gata espiando por la casa de mi tío nos obligaría a Sally y a mí a fingir casi todo el tiempo, y sería un tanto incómodo.
Yo le conté lo que había descubierto el día antes sobre mi tío ya esperando su visita, y ella pareció tan sorprendida como yo. No logramos llegar a ninguna conclusión clara sobre los interrogantes, pero ambos estábamos de acuerdo en que mi tío debía pretender que llevásemos a cabo nuestro plan como lo estábamos haciendo.
Una vez en Cheltenham, comenzó el largo camino hasta la casa de mi tío.
- Es curioso - Dije, mientras caminábamos por London Road -. Me voy de Londres, y la segunda calle que piso es London Road.
- En Bristol tenemos una Cheltenham Road - Dijo Sally, encogiéndose de hombros.
Llegamos a la casa de mi tío un rato antes de la cena. Mêlée ya la estaba preparando, y se alegró al vernos. Se apresuró a coger las maletas de Sally y se quedó mirándome.
- ¿Qué habitación ocupará la señorita Kingcrow? - Dijo.
- Ah, pues... - No lo había pensado. ¿Qué habitación le gustaría a Sally? ¿Debía darle una habitación de las de la familia o una de invitados?
- La misma que ocupe Peter - Dijo Sally, al ver que yo no contestaba.
- Ah - Dije -. ¿Sí?
- Pues claro - Dijo Sally -. A menos que tengas algún problema con ello, Peter.
- La cama es lo bastante grande - Dijo Mêlée, un poco inseguro -, creo que cabrían los dos...
- Sí, Mêlée, lleva sus cosas allí, está bien.
Observé a Mêlée alejarse, y me extrañó que aceptara que durmiésemos juntos como si tal cosa. Pero tampoco me iba a quejar. Sally se volvió y me miró con el ceño fruncido.
- ¿Ibas a mandarme a dormir sola? - Dijo.
- Yo... Creí que querrías tener una habitación para ti sola...
Sally suspiró.
- Estamos juntos, Peter - Dijo, muy seria -. Hemos venido para buscar los objetos que marca el mapa del sótano que tenemos, pero... Me hace ilusión estar contigo. Estar a solas. Tranquilos.
A mí también me hacía ilusión, claro. De hecho tanta que a veces no terminaba de creerme que algo así pudiera estar pasando. Un verano casi entero compartido con Sally, y con nadie más, sin preocupaciones. Bueno, si no contábamos la búsqueda de los objetos del sótano y la cuestión de qué hacer con ellos una vez que los tuviéramos, claro.
- ¿Dónde está la cocina? - Dijo Sally, de repente.
- Eh... Por allí - Dije, señalando con el brazo hacia un pasillo -. Mêlée cocina bastante bien, y tenemos un poco de todo, así que...
- Ah - Dijo Sally, un poco decepcionada.
- ¿Qué pasa?
- Creí que cocinaríamos nosotros - Dijo Sally, y se sonrojó un poco -. Esperaba... Bueno, pensé que podría cocinarte algo. Ya sabes, de vez en cuando.
Me quedé mirándola sin saber qué decir exactamente. ¿Sally quería prepararme algo de comer a mí? Qué... Tierno. Jamás se me habría pasado por la cabeza.
- ¡No pienses cosas raras! - Continuó ella, sonrojándose un poco más -. Sólo sería en alguna ocasión. ¡Como algo excepcional!
- Tranquila - Dije -, lo entiendo. Sería para no perder la práctica, ¿no? Porque en casa le cocinas tú a tu madre cuando estás.
- Eh... Eso es - Dijo Sally, más calmada -. Tengo que cocinar de vez en cuando. Y alguien tendrá que comérselo.
Suspiré.
- Me parece bien - Dije -. Seguro que puedo convencer a Mêlée de que nos deje cocinar de vez en cuando.
Ya era un poco tarde, así que decidí enseñarle a Sally la casa y sus alrededores, y después cenar planificando un poco el día siguiente, en que entraríamos al fin al sótano para buscar los objetos dichosos.
La cosa no podía ser para tanto. Teníamos una lista y un mapa. Y era sólo un sótano. Lo normal sería encontrarlos todos en un día.
Por si acaso, decidí marcar como tiempo estimado "una semana".

La primera noche fue todo lo especial que esperaba. Escuchar la respiración calmada de Sally a mi lado, sin la preocupación de ser descubiertos ni la necesidad de escondernos era algo tan nuevo y agradable que incluso pasé horas despierto sólo para sentir su presencia a mi lado, coger su mano entre las mías y sentirla dormir tranquila. No me dí cuenta de a qué hora pude dormirme.
Por desgracia Sally decidió que las siete de la mañana era una buena hora para levantarse, despertarme, desayunar pronto, y bajar al sótano.
- Por Merlín, Sally... - Dije, refugiándome entre las sábanas.
- Vamos, sólo quiero que aprovechemos el día - Dijo, insistente -. Entiéndelo.
- Está bien... Ve bajando tú... Enseguida te alcanzo... - Dije, bostezando -. Sólo unos minutos.
Sally suspiró.
- En realidad iba a ducharme antes de bajar - Dijo de repente.
- Vale... Ve duchándote...
- Tardaré unos diez minutos desde que entre al baño.
- Me parece bien... - Dije, girándome y dándole la espalda.
- Es una pena - Dijo ella, suspirando -, creí que nos ducharíamos juntos...
Sentí que algo me caía sobre la cabeza mientras oía cerrarse la puerta del baño. Me lo aparté de encima distraídamente y observé que se trataba de la camiseta que Sally había usado para dormir.
- Espera, ¿qué? - Dije, incorporándome de repente. Comencé a escuchar el ruido del agua en el cuarto de baño.
- A esto le llamo motivación - Dije, tratando de salir de la cama lo antes posible.

Cincuenta minutos después bajamos a desayunar. Mêlée ya estaba en pie, preparando tostadas y huevos.
- ¿Es que nadie duerme aquí? - Dije, bostezando -. Que estamos de vacaciones.
Desayuné junto a Sally y llegó el momento: Íbamos a bajar al sótano. Mientras los dos, acompañados por Mêlée, caminábamos hacia la puerta, sentí cómo me ponía nervioso. Sin embargo los nervios tenían poco sentido. Al fin y al cabo se trataba de objetos. Objetos normales y corrientes. Sólo teníamos que bajar ahí y cogerlos. Sin más.
Al llegar a la puerta al sótano, Mêlée sacó una llave del bolsillo de su viejo peto, la introdujo en la cerradura e hizo algunos gestos. Al parecer la puerta también estaba sellada por algún tipo de hechizo, a primera vista no demasiado complicado. Suerte que contábamos con el elfo doméstico, o una complicación tan pequeña como esa podía frenarnos el paso por completo.
Tras abrir la puerta Mêlée se adelantó hacia la oscuridad, y poco después un resplandor mortecino comenzó a iluminar las profundidades del sótano. Noté como Sally me agarraba del brazo, y ambos comenzamos a bajar con precaución. El sótano era el único lugar de la casa que parecía menos cuidado. Quedaba claro que Mêlée había tenido prohibida la entrada en él hasta este momento, ya que estaba lleno de telarañas y polvo por todas partes.
- Mêlée - Dije -. ¿Crees que a partir de hoy podrás limpiar un poco este lugar también?
- Claro, amo Peter - Respondió Mêlée, resignado. me sentí un poco mal por encargarle tanto trabajo, pero al fin y al cabo, ¿no estaba allí para eso?
- En cualquier caso - Añadí - ahora ayúdanos a buscar los objetos, ¿de acuerdo?
El sótano estaba lleno de muebles y trastos viejos. En la lista que teníamos aparecían listados quince objetos aparentemente aleatorios y no relacionados, junto a sus extraños comentarios y descripciones, aparentemente también sin sentido. Y en el mapa aparecían otras quince localizaciones, relativamente fáciles de encontrar. Sólo era cuestión de ver qué encontrábamos en cada punto.
El primer objeto que localizamos fue un clavo. Al menos era lo que la lista mencionaba, un clavo. Y el comentario a su lado decía "El buen útil no teme trabajar fuera de su territorio". Lo que habíamos encontrado era un bote de cristal grande, lleno de clavos, en una estantería marcada en el mapa. No sabíamos cuál de los clavos era el correcto, así que cogimos un puñado y los pusimos a un lado.
Los siguientes objetos estaban bien escondidos, pero tras seguir las pistas indicadas en sus comentarios fuimos encontrándolos todos. Una vieja agenda en blanco oculta bajo el suelo del sótano, que sólo pudimos retirar tras resolver un puzzle formado por las piezas de los tablones que pisábamos, una botella vacía que surgió de la pared tras realizar un hechizo determinado indicado por pistas, un ladrillo de piedra de una determinada sección del sótano que hubo que extraer con cuidado tras pasarnos más de una hora tratando de decidir cuál era exactamente, y unos cuantos más por el estilo. En varias ocasiones la ayuda de Mêlée para conseguir algún objeto era imprescindible, ya que Sally y yo no podíamos realizar magia. El elfo esperaba pacientemente a que se lo pidiésemos y entonces hacía lo que le mandásemos, agrupando después el objeto junto a los demás cerca de la entrada del sótano. A juzgar por la expresión de su rostro, él tampoco estaba seguro de lo que estábamos haciendo.
Cuando habíamos conseguido seis de los objetos decidimos hacer una pausa para comer, y los subimos a la planta baja de la casa para observarlos mejor tras la comida. Nuestra sorpresa llegó cuando, tras volver al lugar donde habíamos dejado los objetos después de comer, nos dimos cuenta de que los clavos habían desaparecido. Volvimos a bajar al sótano y pudimos ver que el tarro de cristal que guardaba los clavos se había vuelto a llenar con los que habíamos sacado la primera vez. Tras volver a leer la descripción le comenté a Sally que era probable que sólo pudiéramos sacar de allí el clavo correcto, y que todos los demás desaparecerían pasado un rato para volver al sótano. Sally estuvo de acuerdo conmigo en sacar del sótano el tarro al completo, al no poder distinguir qué clavo debíamos sacar y no tener tiempo para probar uno por uno. Con cierto esfuerzo subí el tarro a la planta baja, y lo dejé allí mientras seguíamos buscando.
En la lista aparecía una escoba, y tras seguir uno de los puntos marcados en el mapa nos encontramos con una docena de escobas, todas distintas, apiladas en un rincón. "Esta escoba es digna de la oveja negra de la familia", decía la descripción. No era ningún secreto que mi tío no era muy apreciado entre el resto de mi familia, pero ¿cómo iba a ayudarme eso a localizar la escoba correcta? Sally y yo decidimos dedicarnos a inspeccionar a fondo cada una de las escobas. Primero buscamos las iniciales de mi tío en cada una de ellas, pero no hubo suerte. Más tarde buscamos algún grabado o pintura con forma de cuervo, pero tampoco encontramos nada, a pesar de que varias de ellas parecían estar llenas de sellos y grabados. Finalmente empleamos otra cantidad importante de tiempo en intentar establecer un patrón que siguieran todas las escobas, y luego intentar encontrar la que no cumpliese ese patrón. Tanto Sally como yo proponíamos patrones cada vez más rebuscados, pero ninguno parecía ajustarse a "todas menos una".
Cuando estábamos más desesperados, oímos un estruendo en otra parte del sótano. Cuando nos disponíamos a ir a mirar, apareció Mêlée.
- Los clavos han aparecido en el lugar que ocupaban - Dijo -. Pero como ya no hay tarro de cristal, se han caído por toda la estantería y el suelo.
Sally y yo nos miramos y a continuación subimos rápidamente a la planta baja. Como habíamos sospechado, en el frasco sólo quedaba un clavo. Sin duda ese tenía que ser el correcto. Lo sacamos del frasco y lo dejamos junto con los demás objetos. A continuación volví a bajar el tarro de cristal al sótano, y me entretuve en colocarlo en la estantería mientras Sally volvía al rincón de las escobas. Luego observé como Mêlée hacia unos gestos y los clavos comenzaban a introducirse de nuevo en el tarro. Suspiré.
- Si queremos sacar en algún momento ese tarro de aquí tendremos que deshacer ese hechizo - Dije. Mêlée asintió.
- ¡Peter! - Me llamó Sally de repente.
Corrí al lugar donde se encontraba. Había colocado todas las escobas en fila, contra la pared, y sostenía una en sus manos.
- Es ésta - Dijo sin más, con tono triunfal.
- ¿En serio? - Dije, escéptico -. ¿Cómo lo sabes?
Ella resopló y me ofreció la escoba.
- Barre - Dijo -. Barre a tus pies.
La miré confuso y a continuación froté la escoba contra el suelo. Tras dudar un poco, barrí durante unos segundos, hasta darme cuenta de que el suelo comenzaba a llenarse de polvo. Tras probar un poco más no me cabía duda: Cuanto más barría, más se ensuciaba el suelo.
- Muy bonito - Dije -. Muy bien, Sally.
Habíamos empleado gran parte de la tarde y habíamos avanzado bastante en general, así que decidimos darnos un descanso en ese momento. Continuaríamos al día siguiente.

Hubo suerte, y a la mañana siguente encontramos el resto de los objetos sin ningún problema mayor. De nuevo nos encontramos con varios puzzles y varios hechizos sencillos que realizamos con la ayuda de Mêlée, para conseguir una chaqueta vieja, una vieja pelota pinchada, y algunas otras cosas aparentemente inútiles. Cuando sólo nos quedaba un objeto y localizamos la última posición del mapa, vimos que en ella se encontraba un simple armario. Cerrado.
- Otro puzzle - Dije -. Según esto el objeto es un caldero de pociones. Quizá necesitemos que Mêlée abra la puerta con un conjuro...
Observamos el armario. Tenía un pequeño saliente en el lugar donde debería estar la cerradura, y en él había un pequeño platito, hondo.
- Parece que tenemos que poner algo ahí - Dije.
- Sí - Dijo Sally -. Pero... Pero mira la anotación.
Leí la anotación del caldero. Decía simplemente "La sangre del cuervo estelar es la llave".
- Vaya - Dije -. ¿Crees qe esto es literal?
- Eso creo - Dijo Sally.
- Quizá se refiera a la sangre de Zoro - Dije con preocupación. No quería tener que hacerle nada a Zoro.
- No, Peter - Dijo Sally, frunciendo el ceño -. Piénsalo. Tu tío... Tu tío sabía que yo vendría, ¿recuerdas?
- Sí, ¿y qué?
Sally resopló.
- ¡Piénsalo! - Dijo, con tono de fastidio, y corrió fuera del sótano.
Me quedé allí solo. Mi tío sabía que Sally iba a venir a la mansión Starkey, y... Un momento. Kingcrow iba a venir a la mansión Starkey. Starkey. Kingcrow. Star... Crow... Star Crow. Cuervo estelar. ¿La sangre del cuervo estelar? ¿A eso se refería? No era posible. No podía ser eso.
Cuando me disponía a abandonar el lugar, Sally volvió a aparecer, aún con el ceño fruncido.
- ¿Ya te has dado cuenta? - Dijo.
- ¡Sí! - Dije -. La sangre del cuervo estelar.
- Bien - Dijo Sally -. Dame la mano - Se la dí, distraído, y ella la sujetó con su mano izquierda -. Me alegra que lo entiendas.
- ¡Se refiere a la sangre de nuestro hijo! - Dije, preocupado.
Sally me miró durante unos segundos, sorprendida.
- Yo no lo he entendido así - Dijo sujetándome la mano con fuerza, y entonces me dí cuenta de que en su mano derecha ocultaba un pequeño cuchillo de los de la cocina -. Además, dudo que tengamos tanto tiempo.
- Espera - Dije, asustado -, ¿qué vas a...?
Tarde. Sally deslizó el cuchillo con rapidez y me hizo un corte en la palma de la mano, pequeño pero lo suficientemente profundo como para que la sangre saliera sin problemas. Me fijé en que ella tenía otro corte en su mano, y entonces Sally juntó nuestras manos y las situó sobre el platito del armario, de modo que la sangre de ambos goteó hasta llenarlo. Se oyó un "clac" mientras la cerradura se desbloqueaba.
- Eso... - Dije, asustado -. Eso no ha estado bien.
- Lo siento, cariño - Dijo Sally, y como siempre la palabra "cariño" en sus labios sonó demasiado extraña -. ¡Mêlée! Ya puedes pasar.
Mêlée entró en la sala con gesto de culpabilidad, y me miró con ojos de cordero degollado. Sally sujetó con fuerza mi mano ante el elfo doméstico, a la vez que extendía la suya también ante él. El elfo hizo unos gestos y los cortes dejaron de sangrar, para comenzar a curarse muy poco a poco.
- ¡Así que era un plan! - Dije, enfadado -. ¡Traidores!
- Lo siento, amo Peter - Dijo Mêlée, casi llorando -, el ama Sally me lo explicó y...
- ¿Conque "el ama Sally"? - Le interrumpí, y miré a Sally enfadado, entornando los ojos.
- Yo no le he dicho que me llame así - Dijo ella, encogiéndose de hombros, y luego sonrió un poco -. Habrá visto quién manda aquí de verdad...
- ¿Qué? - Dije -. ¡Pero serás...! - Suspiré -. Sólo tendrías que habérmelo pedido...
- Oh, vamos - Dijo Sally -. ¿Hacerte un corte tú mismo? Habrías estado horas pensándotelo... Y Mêlée, deja de llorar, no está enfadado de verdad.
- Traidores... - Volví a repetir -. Me estoy mareando.
- Vamos, déjalo ya - Dijo Sally, abriendo la puerta del armario -. Lo siento. Además, te lo compensaré.
A pesar de todo su tono de voz sonaba a que la compensación merecería la pena, así que decidí callarme y mirar dentro del armario. Efectivamente, en su interior se encontraba el caldero indicado. Un enorme caldero que, a diferencia de todo lo demás, se encontraba en buen estado, con las iniciales H.S. grabadas con grandes letras brillantes. Lo sacamos del armario y, con la ayuda de Mêlée, lo subimos para situarlo junto a los demás objetos.
Una vez allí, Sally me cogió de la mano con fuerza y me miró.
- Ya tenemos todos los objetos - Dijo, con un leve temblor en su voz.

A pesar de que habíamos encontrado todos los objetos, ninguno de los pergaminos en blanco se mostró para revelar más instrucciones, así que los siguientes días nos los dedicamos a nosotros mismos. Fueron días maravillosos, días despreocupados de Verano que Sally y yo dedicamos a pasear por los terrenos de la mansión de mi tío y el bosque de los alrededores, así como a explorar la ciudad, donde nadie nos conocía y podíamos actuar como cualquier pareja, comiendo por ahí, yendo de compras, y demás. El aspecto veraniego de Sally me volvía loco, su pelo ya había crecido un poco, y las noches junto a ella eran inolvidables. Sally siempre sería Sally, la pequeña chica perversa de pocas palabras, el témpano de hielo resbaladizo, misterioso e inalcanzable, pero ahora yo formaba parte de ella, y ella formaba parte de mí.
Sally. Sally era todo el Verano.
Una tarde en que paseábamos al atardecer algo me sorprendió, y me detuve de repente.
- ¿Qué pasa, Peter? - Dijo ella.
- Me he... Dado cuenta de algo - Dije, mareándome.
- ¿De qué?
- De que te quiero.
Sally se ruborizó, y se quedó callada durante unos segundos.
- Eres tonto, Peter Starkey - Dijo finalmente -. Yo me dí cuenta hace ya mucho tiempo.

Y así había pasado ya medio verano. Por supuesto, habíamos vuelto a visitar a nuestros padres. Sally estaba preocupada por su madre y argumentó que pondría como excusa informarla de sus avances en la casa, pero que no le diría que teníamos ya todos los objetos hasta que supiéramos qué debíamos hacer con ellos, y yo fingí que me sentía solo y les estaba echando mucho de menos, pero aún así no me dejé convencer por mi padre para dejarles "ir de visita", así que al cabo de unos días volví por mí mismo a la mansión. Durante los días en que estuvimos separados eché de menos a Sally como nunca, y cuando volvimos a reunirnos y ella se lanzó a mis brazos en la estación de tren ante todo el mundo con una efusividad que nunca había mostrado en público, pude darme cuenta de que ella también me había echado de menos de la misma forma.
Y volvieron los días inolvidables, días en que todo iba bien, en que el grupo formado por Mêlée, Sally y yo ya era como una especie de extraña familia, en que Sally hacía la comida con la excusa de no perder la costumbre para luego observar con nerviosismo disimulado mi reacción al comérmerla, en que la dibujaba a escondidas sólo para ver su forma de actuar al encontrar el retrato. Era el mejor verano de mi vida.
Y unos días atrás habían llegado las notas, las temidas notas. Tanto a Sally como a mí nos llegaron a la casa de mi tío, por suerte. Y todo había ido bien, para ambos. Algún despiste en asignaturas que no tenían demasiada importancia, pero todo quedaba eclipsado cuando veía la nota de Pociones. Había obtenido una S en Pociones. Sin duda se debía a que el examen lo habían realizado los miembros del tribunal, y si lo hubiera hecho el profesor Snape no habría llegado a la nota necesaria, pero daba igual. ¡Una S, por Merlín! Las noticias no podían ser mejores.
Y al día siguiente había llegado una carta de Keith, invitándonos a ir todos juntos a acampar durante los Mundiales de Quidditch. Me costó un poco de trabajo convencer a Sally, lo cual tampoco fue ninguna novedad, pero el estado reciente de extrema alegría que ambos sentíamos facilitó bastante las cosas. Respondí a Keith comentándole que nos gustaría mucho unirnos, y que nos mantuviese informados. También le pregunté por sus notas, y lo cierto es que me sentí fastidiado por no poder contarle acerca de la casa de mi tío. Era algo que había estado ocultando tanto tiempo que ahora era demasiado complicado destaparlo sin más.
Y así estaban las cosas. Ahora estaba esperando a Sally, a la entrada de casa, porque había decidido cambiarse rápidamente de ropa antes de salir a pasear por el bosque mientras atardecía. Dudaba de si entrar a buscarla, cuando apareció caminando escaleras abajo, precipitadamente.
- Peter - Dijo al acercarse a mí.
- ¿Qué pasa? - Dije, observándola -. Creí que ibas a cambiar la falda por unos pantalones.
- El pergamino - Dijo, extendiéndome uno de los pergaminos de mi tío -. Yo miré por casualidad y... Se ha mostrado, Peter.
- ¿Qué?
- Es una receta - Continuó Sally -. Una poción. ¡Los objetos son los ingredientes! Sólo que no son objetos reales, son... ¡Son los ingredientes!
- Cálmate, Sally - Dije -. Paseemos un poco mientras lo miramos y...
- ¿Pasear? - Dijo Sally, cogiéndome de la mano -. ¡Hay que ponerse a hacer la poción!
Sally me arrastró de nuevo dentro de casa, mientras llamaba a Mêlée de un grito.
Oh, bueno, pensé, todo sea por amor.