5 de Febrero, Sábado

- Escucha - Dije, tratando de que no me temblara la voz, mientras la miraba a sus resplandecientes ojos -, sé que yo... - me rasqué la cabeza - Bueno, sé que quizá me he pasado un poco durante estos últimos días... No sé tú qué pensarás.
Su silencio parecía indicar que ella opinaba lo mismo.
- La verdad - proseguí - es que no sabía cómo comportarme ante tí, y es que... - Me ruboricé, y agaché la cabeza, mirando a la colcha de mi cama. Ella se deslizó un poco para sentarse más cerca de mí, así que continué - Es que esos días que pasamos en mi casa, esos días de Navidad... Para mí fueron... Bueno, ¡lo fueron todo! Quiero decir... Creía que nos habíamos acercado mucho... Ya sabes... Creí que aquello había significado algo para tí, pero si no es así... Bueno, si no es así supongo que sólo puedo aceptarlo. Pero no podría soportar que dejásemos de ser... Amigos.
La miré de nuevo a los ojos y, mientras pensaba en lo que acababa de decir, sentí que mis lágrimas iban a salir de paseo de un momento a otro.
- ¡No! - Dije, bajando de nuevo la cabeza - Es mentira. No puedo, no puedo aceptar que seamos sólo amigos. Yo... Tú... Desde que comencé a hablar contigo, yo... Sólo quería decirte, sólo he querido decirte todo este tiempo que... Bueno... - Hice un esfuerzo para recuperar el contacto visual - Que estoy enamorado de tí. Enamorado de tí, sin reservas.
Ella retrocedió un paso, abriendo un poco más los ojos.
- Pareces sorprendida... - Dije, mirando esta vez al suelo - Pero... Supongo que, aunque será dolorosa, quiero escuchar tu respuesta. Así que... Adelante, dí lo que tengas que decir.
La miré de nuevo, y ella me devolvió la mirada mientras se acercaba a mí lentamente. Luego me miró y dijo "miau" mientras se lamía el dorso de la mano y se lo pasaba por una oreja.
- ¿"Miau"? - Dije, tumbándome en la cama sin dejar de mirar a Esk, mi gata - Esa es tu respuesta para todo.
Esk ????idejó de limpiarse y se acercó otra vez a mí. Le acaricié el lomo distraído.
- Qué más da - Dije, mirando al techo -, si de todos modos no puedo, no puedo decirle nada de ésto - Suspiré -. El orgullo me puede - Me incorporé en la cama y apreté un puño -. Si al menos ella no anduviese con ese... Ese...
- ¡Pájaro! - Chilló una voz al lado de mi cama.
- ¡Ack! - Grité, dando un salto en mi cama. Giré la cabeza y ví a Zoro posado en la mesita junto a mí. No le había oído entrar por la ventana.
- Vaya - Dije, mirándole a los ojos mientras él daba saltitos nervioso -, ¿ahora también hablas?
Como de costumbre, aparecieron las palabras de alguien en mi cabeza.
"Siento que Zoro te haya asustado, no era su intención"
- ¿Pero Zoro puede hablar?
"Me temo que no, aunque eso nos ahorraría muchas molestias"
- ¡Pero ha dicho...!
"Deberías saber, Peter, que los cuervos pueden repetir palabras que hayan aprendido antes, como los loros... De hecho, los cuervos son bastante más inteligentes que los loros"
- ¿Más inteligentes que los loros? ¡No lo creo! Una vez ví a un loro que andaba en un triciclo diminuto... En cambio nunca he visto a un cuervo que patine o haga malabares.
"Eso prueba que también tienen más dignidad"
- Bueno, pues, si tan listo es, ¿por qué tengo que romperme la cabeza para escucharte en lugar de que él me dé los recados?
"¡Eso es una tontería! Zoro es sólo un cuervo, por inteligente que sea, y no entiende ni la mitad de lo que tú puedas entender sobre todo esto"
- ¿Seguro? Ten en cuenta que entiendo muy poco de todo esto...
"Mira, Zoro es sólo un... Puedes verlo como un instrumento que utilizo para comunicarme contigo. Un instrumento al que estamos muy unidos"
- Eh, eh, puede que usted esté unido a Zoro, señor Voz Dentro De Mi Cabeza, pero lo que es yo... Sólo soy un mandado, ¿de acuerdo? No sé si seguir ayudándole, ni siquiera tengo excesivo interés en todo ésto...
"Sí, ya he podido escuchar en qué se centra tu interés. Y no ????ies la primera vez... Desde que te observo he visto en numerosas ocasiones cómo suspiras, he visto tus deseos vanos de la compañía de esa... Chica"
- ¡Eh! - Dije, algo sonrojado - ¡Que uno tiene su vida íntima!
"Y seguirás teniéndola, no lo dudes. Totalmente íntima"
- Oh, ¿ahora el señor Cuervo va a darme consejos sobre el amor? Escucho.
Zoro revoloteó torpemente hasta mi cama, y se posó junto a mí.
"Te voy a dar el único consejo que necesitas saber sobre el amor: ¡Olvídate de esa estupidez!"
- Vaya... - Dije - Esperaba algo más del tipo "Díselo con flores".
"¡Tú puedes aspirar a algo más que a un romance de fin de semana! ¡Piensa en lo que yo te ofrezco a cambio de tu ayuda!"
- ¡Oh, sí! - Dije, con tono sarcástico - ¡Yo puedo aspirar a la Colección de Pergaminos HS! ¡Cinco fascinantes pergaminos en blanco de tono amarillento! ¡Elija entre la versión normal y la perfumada! ¡Y si hace su pedido ahora le regalaremos este maravilloso frasco de tinta invisible!
Cuando terminé de hablar, Zoro me miraba con la cabeza un poco ladeada. Pasaron unos segundos hasta que las palabras aparecieron de nuevo en mi cabeza.
"¿Cuándo vas a dejar de decir tonterías?"
- A veces yo me pregunto lo mismo - Dije, agachando la cabeza.
"Pero, ya que has mencionado los pergaminos, Zoro y yo estamos casi seguros de que ya has buscado el primero de los cuatro que debes encontrar, es decir, el segundo de los cinco totales. ¿Nos equivocamos?"
- No, claro que no, cómo se va a equivocar ese cuervo tuyo - Dije, mientras rebuscaba en el bolsillo interior de mi túnica y sacaba los dos pergaminos doblados -. Aquí los tengo.
"Bien. Muy bien, Peter. Y bien por no separarte de ellos"
- ¿Cómo iba a separarme? Es la Edición Limitada HS.
"Entonces te alegrará saber que vengo a informarte del paradero del tercer pergamino. Ánimo, después de ese sólo quedarán dos, y todo habrá terminado. Sí... Entonces todo podrá terminar. Todo..."
Las voces parecieron esfumarse por completo ????idurante un instante en mi cabeza, dejándome con una extraña sensación de melancolía. Zoro pareció mareado y desconcertado de repente, a punto de perder el equilibrio. Estaba a punto de decir algo, cuando Zoro se enderezó y las voces volvieron.
"Claro que no para tí, joven Peter. No para tí, ni para mi buen Zoro"
Las palabras "sonaban" cada vez más inseguras en mi cabeza. Durante un segundo sentí que, fuese quien fuese la persona que hablaba conmigo de esa forma, estaba totalmente desesperada por algo. Cuando hablé, ni siquiera supe a qué venían mis palabras.
- Zoro estará bien - Dije.
Unos segundos de silencio.
"Eso espero, Peter Starkey"
Más silencio.
- Y tú... ¿Estás bien?
No hubo ninguna respuesta en mi cabeza.
- Dime... - Dije, muy lentamente - ¿Quién eres?
Ninguna palabra apareció en mi cabeza. En cambio, Zoro me miró, aparentemente despreocupado, aparentemente sin ser influído por nadie, y saltó sobre mis piernas. Acerqué una mano lentamente y le acaricie la cabeza, primero despacio, después con más rapidez.
- Tú no - Susurré, sintiéndome mareado y confuso, como si aquel cuervo fuera mi compañero animal desde siempre -, tú eres Zoro... Pero yo me pregunto quién es tu dueño.
Zoro dio un pequeño respingo sobre mis rodillas y volvió de un salto a la cama. A continuación se giró para mirarme y sentí de nuevo la "presencia" habitual en mi cabeza.
"Hablábamos del siguiente pergamino"
- El seg... El tercero - Dije, asintiendo con la cabeza.
"Debes ir a buscarlo pronto"
- Iré a buscarlo hoy mismo - Dije, mirando hacia otro lado durante un instante sin darme cuenta -, si me dices dónde está.
"Se encuentra escondido en un cuadro"
- ¿Un cuadro? Espera... ¿El pergamino está tras el lienzo?
"Claro que no. El pergamino está dentro del cuadro"
- ¿Dentro? ¿Y qué se supone que tengo que hacer? ¿Corretear por el castillo y saltar dentro del cuadro?
"Por supuesto que no. ¿Recuerdas las instrucciones que te dí para encontra????ir el anterior pergamino?"
- Claro, todo eso de la sangre espesa y demás, ¿cómo olvidarlo?
"Bueno, haz lo mismo. Simplemente apunta al cuadro y... ya sabes"
- De acuerdo - Dije - Pero... Espera, ¿qué cuadro es el que tengo que buscar?
"Sexto piso. Las escaleras que giran poco antes de llegar. Bueno, la pared suele estar abarrotada de cuadros. Busca uno pequeño, muy pequeño. No tiene nada de especial, pasa desapercibido y es mejor así"
- Pues vale - Dije, encogiéndome de hombros -, pero ¿qué muestra la imagen?
Las palabras tardaron un segundo en llegar, como si quién quiera que fuese se las estuviera pensando.
"Un hombre. Tumbado en su cama, sobre fondo negro"
- ¿Duerme? - Pregunté, comenzando a sentir el dolor de cabeza que las conversaciones mediante Zoro siempre me causaban.
"A veces"
De nuevo cesó la afluencia de palabras durante unos segundos.
"Lo normal es que sí"

Tras despedirme de Zoro salí de la habitación y de las mazmorras de Slytherin para dirigirme hacia las escaleras y ascender hasta las proximidades del sexto piso, en busca del cuadro del que me habían hablado.
Me bastó subir hasta el primer piso para darme cuenta de la situación.
- Demasiada gente allá arriba - murmuré -. Muchísima, ni de lejos puedo intentar pasar desapercibido ante todo el mundo. Bueno... Arriba ese ánimo, no tendré otro remedio que dejarlo para esta noche - Adopté una postura teatral -. Sí, Peter Starkey tendrá que hacer uso de su famoso sigilo felino.
A continuación, me giré para bajar de nuevo y choqué de frente con unos alumnos de primero que subían por las escaleras. Pero no me caí.

Algo más tarde había quedado en reunirme con Keith en la Sala Común, para ir a ver el partido de Gryffindor contra Ravenclaw. Cuando entré y me senté a esperarle, vi a Sacharissa bajar desde su habitación y dirigirse a la salida. Recordé que el día anterior le había dicho a Keith que trataría de solucionar las cosas con ella, o al menos convencerla de que nos ac????iompañase al partido.
Ella pareció verme y miró hacia otro lado, caminando deprisa. Traté de actuar rápido.
- ¡Sacharissa! - Grité, levantándome de un salto, y dándome un fuerte golpe en el tobillo con la pata de la mesa que estaba ante mí -. ¡Espera!
Ella se detuvo y me miró, quizá esperando que me agachara a comprobar que no me hubiese hecho nada en el tobillo, pero en lugar de ello traté de ignorar el dolor y me acerqué a ella, intentando no cojear.
- Sacharissa, espera...
Ella se limitó a mirarme. Parecía algo triste y distante, pero a la vez me miraba con curiosidad. Y sus ojos... Brillaban mucho.
- Yo... - Dije, rascándome la cabeza y mirando hacia otro lado - Yo... Bueno, quería decirte que... Bueno, que a Keith le gustaría que nos acompañaras al partido de hoy... Y... La verdad es que a mí también. A mí también me gustaría y... Eso.
Sacharissa me miró, con los ojos muy abiertos. Parecía muy sorprendida por mis palabras, aunque tampoco hubiese sido una gran disculpa. De hecho me habría gustado disculparme mejor. Decir todo lo necesario, como en el ensayo con Esk. Sentí un impulso repentino de llorar, y bajé la cabeza para ocultar la humedad en mis ojos.
- Yo... Lo echo de menos - Dije.
Ella se acercó un poco.
- ¿El qué?
Tardé unos segundos en responder, y cuando lo hice mi voz apenas se dejó escuchar.
- Estar contigo.
Antes de que pudiera alzar la mirada para ver su reacción, escuché que alguien la llamaba desde la puerta. Cuando miré ví a Stebbins, que le hacía gestos del tipo "venga, vámonos". Me sentí repentinamente furioso.
- ¡Oh, vaya! - Le dije a Sacharissa -. ¡Pero si tú ya tenías tus propios planes! ¡Y yo aquí diciéndote idioteces!
Sacharissa se puso colorada.
- No eran idiotec... - Dijo, tratando de calmarme.
- ¡Idioteces, sí! - Dije, alzando la voz - ¡Dejándome a mí mismo en ridículo! ¿Sabes para qué? ¡Para ayudar a Keith! ¡Porque a él le has dejado tirado! ¡Porque, lo que es a mí, me da igual!
Sacharissa volvía a parecer triste e incómod????ia. Me pareció notar que algún alumno que rondaba por la zona nos estaba mirando, pero no me importó.
- ¿De verdad te da igual...? - Dijo ella.
- ¡Sacharissa, vamos, deja a ese Starkey! - Oí que gritaba la voz de Stebbins.
- ¡Sí, Sacharissa! - Dije -. ¡Corre, Sacharissa! ¡Obedécele, corre tras él, vé a donde él te diga cuando él te lo diga! ¡Si no lo haces te tendrá que volver a llevar con correa! ¡Sé una buena pe...!
La frase fue interrumpida cuando recibí una sonora bofetada por parte de Sacharissa. Lo siguiente tras el giro inesperado de mi cara fueron las risas de Stebbins, los pasos de Sacharissa alejándose, y una sensación de ardor en mi mejilla izquierda, seguida de un surco de humedad deslizándose hacia mis labios.

Más tarde me encaminé con Keith hacia el campo de quidditch, tratando de que la conversación con él me mantuviera alejado de cualquier tema relacionado con Sacharissa. Me detuve cuando estábamos llegando a la salida del castillo, pero ví que él seguía avanzando.
- ¡Keith, espera! - Corrí tras él -. ¡Que tenemos que esperar por Ally y Yashira!
- Bueno - Dijo Keith, sin detenerse -, ¿qué más da que las esperemos o no? Al fin y al cabo son más amigas de Sacharissa que nuestras, y encima tendríamos que irnos cada uno a nuestras gradas al llegar al estadio, así que...
- Ya, pero... No sé, siempre las esperamos...
- Las esperamos cuando vamos con Sacharissa. Y hoy no vamos con ella. Porque tú se lo has dicho, ¿no?
- Claro... - No le había contado a Keith lo que había pasado con todo detalle, tan sólo que yo le había pedido a Sacharissa que nos acompañara pero ella se había ido con Stebbins.
- Pues eso...
- Ya, pero... - Traté de convencerle -. ¡Ellas son nuestras amigas! Al menos un poco... ¿No? - Dije, frotándome la nuca sin darme cuenta.
- ¿Amigas? - Dijo él, mirándome aparentemente enfadado -. ¿En quién puedes confiar? ¿Eh? ¿Puedes confiar en un gryffindor? ¿Tú que crees?
Comencé a entender de qué iba la cosa, y traté de comprender a Keith.
- Bueno - Dije -, no lo s????ié, sólo conozco a Yashira...
- Ya, a Yashira. Y a Melinda, la chica ideal, ¿no? - Dijo, Keith, y, al cabo de un par de segundos -. Y a Mark. Se puede confiar en él, ¿no?
- ¡No! Pero Mark... Bueno, ¿y qué pasa con Ally? ¡Ella no es una gryffindor!
- Bueno, puede que no... Pero seguramente aparezca con Yashira, así que prefiero ir tirando. ¿Te vienes conmigo?
- Estoy caminando, ¿no? - Respondí -. En fin, tratemos de encontrar un buen sitio.

Encontramos un buen sitio. Como habíamos salido relativamente pronto, sin esperar a nadie, pudimos escoger un par de asientos justo al borde de las gradas, en primera fila. Lo primero que pensé fue que, con la suerte que solía tener, lo más probable era que una bludger me volase la cabeza si nos sentábamos ahí. De todos modos nos sentamos. Miré a mi alrededor, pero no ví a Sacharissa y a Stebbins por ninguna parte. Tanto mejor, supuse, pero no pude evitar sentirme triste por lo que había pasado un rato antes.
El partido comenzó. Supuse que Keith animaría a Ravenclaw, pero pasaron unos minutos y no le ví demasiado entusiasmado.
- Eh - Le dije -, que no entiendo mucho de ésto, pero... Ravenclaw no está jugando mal, ¿no? Un poco a la defensiva, quizás...
- Por eso mismo - Me respondió él, sin dejar de mirar al campo -, juegan a la defensiva. Y, lo que es Gryffindor, tampoco es que ataque mucho. Los dos pierden un montón de oportunidades.
- Bueno - Dije, apoyando los brazos en el borde de las gradas -, ¿y qué más da? El juego acaba cuando aquellos dos atrapan la cosa dorada - Dije, señalando al famosillo del colegio, Potter, y a la buscadora de Ravenclaw, Cho Chang, que normalmente entusiasmaba a Keith -, y entonces obtienen nosecuantos puntos. Tal y como yo lo veo, todo lo demás es perder el tiemp...
- Pero da igual - Me cortó Keith -, a lo que me refiero es a los golpeadores, por ejemplo. Apenas se esfuerzan en desviar las bludgers para que golpeen a los del equipo rival y, cuando lo hacen, los golpes no son nada del otro mundo.
- La ????iverdad es que me gusta cuando alguno se lleva un buen golpe - Aporté, sin saber si debía sentirme mal por ello.
- Pero mira Slytherin, por ejemplo - Continuó Keith -. Cuando ellos juegan, nadie del equipo rival se puede desconcentrar ni un momento. Tienes que estar atento, porque en cualquier momento... ¡Zas! - Keith cerró el puño e hizo un gesto como si algo le golpease la cabeza -. ¡En ese sentido Slytherin sabe lo que se hace!
- Vaya - Dije yo, un poco extrañado -, odias a Gryffindor, crees que Slytherin es lo mejor desde las plumas a vuelapluma... Sí que te ha dado fuerte el ataque de Slytherinitis, ¿no?
- Lo único que digo - Se defendió Keith - es que así es como hay que actuar en esta vida.
- ¿Tirando bolas pesadas a las cabezas de la gente?
- Sí, si eso es lo que debes hacer para lograr lo que te has propuesto. Así es como hay que actuar. En esta vida, para lograr tus propósitos, tienes que llevarte por delante a quien haga falta.
- Así que el fin justifica los medios... - Dije, consciente de por donde iba a seguir Keith.
- Totalmente - Contestó él, mirando hacia el suelo del campo con expresión perpleja.
- Escucha, Keith... - Comencé -, aún no he decidido si ayudarte con lo de...
No pude terminar, un gran clamor comenzaba a escucharse en las gradas.
- ¡Mira! - Gritó Keith, señalando hacia el campo. Me puse en pie y me asomé. Casi me quedé mudo cuando ví las tres siluetas oscuras que se movían por el campo. Tres siluetas altas, encapuchadas, y vestidas de negro.
- ¡Son dementores! - Grité -. ¿Qué hacen aquí?
- ¡No lo sé! - Respondió Keith, que también parecía confuso. Luego levantó la vista, me agarró del hombro, y señaló hacia un jugador -. ¡Por Merlín, mira eso!
Alcé la vista y pude ver al buscador de Gryffindor, Potter, o más concretamente a una especie de luz plateada que había salido a toda velocidad de su varita para dirigirse hacia los dementores. Mientras tanto, Potter volaba a toda velocidad para atrapar la snitch dorada.
Cuando????i la luz plateada alcanzó a los dementores, éstos cayeron de bruces al suelo, y comenzaron a revolverse en sus túnicas negras. No tardamos en distinguir, mientras la profesora McGonagall se acercaba corriendo a ellos, a tres estudiantes de tercero de Slytherin y al capitán del equipo de quidditch de la casa ocultos bajo las túnicas negras.
- Y que siempre tenga que salir algún payaso... - Murmuré, y luego me volví hacia Keith -. ¿Si es necesario para tus propósitos también tienes que hacer así el ridículo?
Keith permanecía callado, mientras observábamos como la gente vitoreaba al buscador de Gryffindor a la vez que la profesora reñía a los alumnos de Slytherin.
- Me parece que McGonagall acaba de quitarnos nosecuantos puntos - Dije.
- Estúpidos gryffindors... - Murmuró Keith.
Suspiré.

Volvimos al castillo caminando sin prisa.
- ¿Sabes? - Dije - No estoy de acuerdo.
- ¿Con qué? - Preguntó Keith.
- Con lo de Ally y Yashira. No deberías estar enfadado con ellas. Eso pienso yo.
- Bueno, ya te he dicho que contra Ally no tengo nada, aparte del hecho de que se junte con Yashira.
- ¡Pero bueno! ¿Y qué tienes contra Yashira?
- ¿No está claro? - Dijo Keith, arrugando la frente -. ¡Pues que es una gryffindor!
- ¿Y qué pasa con los gryffindors?
Keith parecía estar enfadándose.
- ¡Que no puedes fiarte de ellos!
- ¡Pero ella no es Mark!
Keith se detuvo y me miró, furioso.
- Lo único que digo... ¡Sólo digo que ella no sabe nada de ésto! ¡Piénsalo! Y si... ¿Y si hubiera sido ella la que vió a Mark y a Catherine? Ella... Estaría igual que tú ahora... ¿No? Lo que quiero decir... Es que, tal y como yo lo veo, si ella estaba con Mark y tú con Catherine... O bueno, estabas más o menos, ¿no? Entonces la traición es a los dos. Mark... ¡Mark os ha hecho la faena a los dos! Y, si tiene que ser castigado... Pues debería ser castigado de parte de los dos.
Keith siguió mirándome furioso durante un instante. Después resopló, y miró hacia otro lado, co????imenzando a relajarse.
- Mierda - Dijo -. Vale, quizá tengas razón, quizá, un poco.
- Me conformo con eso - Dije.
- Pero es que no sé cómo sentirme. No sé a quién culpar.
- No lo sé... Limítate a Mark y Catherine. Pero no lo pagues con nadie más. No sé. Y... Deberías darle una patada en los riñones a Mark, de parte de Yashira.
Keith se sonrió un poco.
- Eso ya se verá - Me dijo -. Podrías dársela tú...
Permanecí en silencio.
- Oye, Peter - Dijo Keith - Mira, yo... No tengo muchas ganas de estar con nadie ahora mismo, ¿de acuerdo?
- Claro - Contesté -, si quieres volver solo...
- No me refiero a eso. Decía que no me apetece estar con nadie, pero... Bueno, que me alegro de que tú sí quieras estar conmigo. Supongo que en momentos como hace un minuto no debo parecer muy agradable...
Sonreí, y por un momento se me pasó por la cabeza decirle a Keith que yo me alegraba de poder conversar con él, y de que nuestra amistad hubiera terminado por funcionar. Entonces ví pasar ante nosotros a Sacharissa y Stebbins.
- Bueno - Dije, dejando de sonreir -, es que no estamos pasando por una temporada muy agradable.

Después de cenar con Keith y de hablar un rato sobre temas menos importantes, nos fuimos a la cama. Decidí esperar, encerrado tras las cortinas de mi cama, a que pasara un buen rato y todo el mundo estuviera bien dormido, para después subir a las escaleras cercanas al sexto piso y recuperar el pergamino.
Mientras esperaba, pensé en los días pasados, y me dí cuenta de que aún no me había puesto en contacto con Ally para explicarle por qué había utilizado a su hermano para espiar a Sacharissa. En un principio se me había pasado por la cabeza que, tal y como estaban las cosas, prácticamente me daba igual que Sacharissa descubriera que la estaba espiando. Al fin y al cabo ya nada podía ir a peor. Pero, por algún motivo, ahora dudaba de que dejar que Ally le dijera aquello a Sacharissa fuera una buena idea, así que cogí el pergamino mágico y comencé a escribir.
Releí la última parte de la conversación algo descolocado. ¿Madrugar en Domingo? Bueno, eso no importaba. El caso era que Ally no sólo no me había reñido, sino que parecía que de repente hasta estaba dispuesta a ayudarme. Bueno, por fin algo parecía ir mínimamente bien.
Me puse la túnica, suspiré, y salí de la habitación sin hacer ruido, para encaminarme hacia el sexto piso.

Llegar hasta la escalera que me habían mencionado no fue tan difícil como había pensado en un principio, aunque la cadena de escaleras, en la penumbra, me producía una continua sensación de intranquilidad. Una vez arriba comencé a ponerme nervioso.
- No veo nada... - Susurré -, y aquí hay muchísimos cuadros... ¿Cuál se supone que tengo que buscar? A ver... Uno pequeño, tiene que ser accesible...
Justo en ese momento la escalera comenzó a girar, cambiando de sitio, y perdí el equilibrio durante un instante. La escalera cesó al pegarse a la pared, y me apoyé contra ella con el corazón latiéndome a cien por hora.
Miré a mi alrededor. La escalera se había detenido junto a otro montón de cuadros. Si miraba al descansillo que se encontraba junto al tramo de escalera en el que estaba, podía ver un cuadro que parecía encontrarse en bastante mal estado, con Sir Cadogan, uno de los fantasmas del castillo, totalmente firme en el mismo lugar. Por su postura parecía estar haciendo guardia, aunque por otro lado el hecho de que no me hubiera visto, estando yo donde estaba, era señal de que como guardián no valía demasiado. Hice memoria. Me dio la impresión de que ese cuadro era el que había sido atacado unos meses antes, aquel que había puesto en alerta a Dumbledore. No era algo que me incumbiera, así que me encogí de hombros y seguí con mi búsqueda.
- Lumos... - Susurré, apuntando con mi varita hacia el mosaico de cuadros que colgaban de la pared.
La punta de mi varita comenzó a brillar con un resplandor ténue, y comencé a recorrer la pared, apuntando hacia????i ella con la varita, con la esperanza de encontrar lo que estaba buscando.
No me hizo falta esforzarme demasiado en mirar los cuadros. Cuando estaba apuntando con la varita directamente hacia el cuadro que buscaba, ésta comenzó a temblar, primero un poco, luego más intensamente a medida que la acercaba al cuadro. Al igual que me pasó al encontrar el azulejo donde se escondía el anterior pergamino, me sorprendió que fuera tan fácil.
Separé la varita del cuadro por un instante, y observé la pintura.
El lienzo parecía viejo, muy viejo. Los trazos de pintura estaban medio borrados, y el tono oscuro y descolorido del cuadro ayudaba a que pasase desapercibido. La escena que representaba era la descrita por el dueño de Zoro, pero tenía un aspecto demasiado deprimente. Sobre un fondo totalmente oscuro, en el que el suelo y las paredes parecían completamente negros, se encontraba una cama, grande pero vieja, con enormes y pesadas mantas sobre ella y, entre las mantas, un hombre, presumiblemente no demasiado mayor, pero que parecía encontrarse en un estado demacrado. Aunque parecía corpulento y su cara daba la impresión de haber sido rolliza en otro tiempo, no parecía tener ni un solo pelo en toda la cabeza. Ni siquiera cejas. Y la piel causaba una extraña impresión, como si tratase de ser "chupada" hacia dentro, pero no terminase de hacerlo. El pobre hombre reposaba de lado, tumbado sobre la parte derecha de su cabeza. Traté de fijarme en el cuadro para ver si se movía de algún modo, pero no distinguí nada en la oscuridad.
- Bueno - Murmuré mirando a mi alrededor, mientras apuntaba con mi varita al cuadro y ésta empezaba a vibrar de nuevo -. Por la espesura de mi sangre, yo te requiero.
Y golpeé el cuadro ligeramente con la punta de la varita, que se apagó al instante. Entonces la superficie del cuadro pareció volverse acuosa, y miré de nuevo a mi alrdedor convencido de que el fantasma de Sir Cadogan me vería. Por fortuna no fue así, y cuando miré de nuevo al cuadro sólo ví un trozo de pergamino e????inrollado que parecía surgir del lienzo. Me apresuré a recogerlo con la mano, y sentí un enorme escalofrío en la nuca al ver que el cuadro había cambiado.
Trastabillé hacia atrás asustado, y entonces noté que algo pasaba rozándome la espalda de forma apresurada. Esta vez a duras penas conseguí reprimir un grito, y me giré lo más rápido que pude, sólo para ver una sombra que descendía por las escaleras a toda velocidad.
No tengo ninguna intención de seguirla, pensé.
Casi al instante, comencé a escuchar un alboroto enorme escaleras arriba, tras el cuadro en el que se encontraba el fantasma de Sir Cadogan. Alguien parecía gritar, y poco a poco se unían las voces de otras personas.
¿Qué pasa ahí?, pensé, asustado, mientras retrocedía para esconderme parcialmente escaleras abajo.
Entonces observé a la profesora McGonagall bajar apresurada desde las escaleras superiores en dirección al cuadro, y me oculté por completo.
- Ay, madre - Susurré -, de esta me expulsan. No sé lo que habrá hecho ese que bajó corriendo, pero sea lo que sea no me libro.
Pero los pasos de McGonagall dejaron de escucharse repentinamente. Alcé la cabeza, convencido de que me la encontraría mirándome desde las escaleras superiores, pero no fue así. De hecho, no ví ni rastro de ella.
- Pero... ¿Pero dónde se ha metido? - Murmuré, retrocediendo aún más por las escaleras, y bastante nervioso -. Bueno, sea lo que sea, mejor que vuelva a la habitación.
Me deslicé escaleras abajo, queriendo más que nada encontrarme en la seguridad de mi cama, y obligándome a cada paso a no echar a correr sin control, más asustado que nunca en toda mis estancia en Hogwarts. De mi cabeza no se iba la imagen que había visto en el cuadro al retirar el pergamino. El hombre de la cama había girado la cabeza, revelando el lado derecho de su cara, donde la piel parecía ser aspirada de manera aún más contundente hacia el interior del cráneo, mostrando un surco de venas azuladas marcadas bajo la pálida piel. Pero lo que me había asustado????i no era eso. Lo que me había asustado estaba en sus ojos. No era sólo el detalle de que los hubiera abierto y pareciera estar clavándolos en mí. Más que nada era su ojo derecho. Exageradamente grande, casi saliendo de su órbita, y de un completo color rojo sanguinoliento.
Aunque llegué a mi cama sano y salvo, supe que no iba a pegar ojo esa noche.

6 Febrero, Domingo

- Yashira!

- Buenos días Ally, ¿que tal has pasado la noche?

- No muy bien, nos despertaron a mitad de la noche. Dicen que Sirius Black ha vuelto a entrar en el castillo.- Dijo - Mira, allí esta Sacharissa.

Nos acercamos a la mesa de Slytherin para saludarla.

- Buenos días chicas - saludó - ¿Es cierto que Black logró entrar al castillo por segunda vez? Snape no explicó demasiadas cosas.

- Desde luego que entró en el castillo, y no solo eso, sino que estuvo en Gryffindor - expliqué - Según el hermano pequeño de los gemelos Weasley, llevaba consigo un cuchillo.

- Increíble - dijo Keith, que acababa de llegar con Peter - Buenos días a las tres.

- ¿Pero cómo pudo entrar? Se supone que hay mecanismos que impiden la entrada a las casas si no perteneces a ninguna de ellas ¿no? - preguntó Peter

- Vereis, a uno de los chicos de mi casa le cuesta mucho recodar las contrseñas...

- Es decir, que las escribió en un papel ¿no es así? - apuntó Sacharissa

- Has dado en el clavo, Sacharissa - le dije - El problema es que las perdió, Black las encontró y el resto es historia.

- ¿Cómo ser tan bobo? - dijo Ally - Yo le hubiera pedido a alguien que me acompañase o que me la recordase.

- Al menos no ocurrió nada grave - dije yo - Ahora, la bronca que le caerá por parte de McGonnagall será impresionante.

- Cambiando de tema, ¿Que vais a hacer hoy? - preguntó Keith.

- Yo por el momento desayunar y luego volver a la habitación a ver si duermo algo más - les dije.

- ¿Y qué os parece si después de comer quedamos todos para estudiar en nuestra aula habitual? Hace días que Yashira y yo no sabemos nada de vosotros - dijo Ally

- Me parece buena idea - contestó Sacharissa

- A nosotros también - dijo Peter

- A mi también - les dije

Al final no logré dormir nada a causa del escándalo que estaba armando la gente en la sala común, así que decidí darme una ducha y bajar a la biblioteca a ver si acababa algunos de los trabajos que nos habían mandado el viernes.
Cuando salí de la sala común en dirección a la biblioteca, mi hermana casi me lleva por delante porque tenía prisa en hablar conmigo. Parecía que la historia que andaba contando Weasley había corrido como la pólvora, y mi hermana no tardó nada en entrarse de lo ocurrido. La tuve un buen rato detras de mi diciéndome que tenía que enviar una lechuza a casa para decirles a nuetros padres que estábamos bien. La verdad es que no sé por qué no lo hace ella, ya que siempre soy yo la que se ocupa del asunto.
Cuando llegué a la biblioteca me puse a buscar un sitio lo más tranquilo posible cuando vi a Ally sentada en una mesa a mi derecha.

- ¿Tu también has venido? - le dije

- ¿Qué? Oh! si, tenía que terminar algunas cosas, ya sé que vamos a quedar después para esto pero...

- Si, yo también pensé lo mismo, tranquila.

- Además, esos tres están muy raros y ya casi no se acuerdan ni de que existimos. Por cierto Yashira - me dijo poniendo cara pícara - dentro de nada es tu cumple ¿no?

- Pues si

- Y es San Valentín

- Ally... te dire lo que quieres saber, pero deja de mirarme de esa forma, me das miedo - le contesté roja como un tomate

- Bueno, ¿Le vas a invitar?

- Pues no sé, supongo. ¿Sabes? Mark también está muy raro desde hace un par de días.

- ¿Cómo lo sabes?

- Bueno cada vez que quiero hablar con él me esquiva. Tengo la sensación de que algo no va bien.

- Bueno mujer, ya verás como no es nada.

- Eso espero.

Ya después de eso conseguimos ponernos con nuestros deberes y acabar alguno antes de la hora de la comida.
Al salir de la biblioteca volví a la sala común a dejar los libros para no tener que estar cargando con ellos todo el rato. La hora que tuvimos durante la comida se me hizo demasido larga, y si no llega a ser por que los gemelos estaban otra vez con sus bromas, inmensamente aburrida.

Durante el resto de la tarde nos dedicamos a estudiar todos juntos. La verdad es que fue una gran idea, Sacharissa nos ayudaba a entender algunas cosas de pociones y el resto nos ayudábamos mutuamente o comparábamos nuestras respuestas a los ejercicios. Si pudiesemos quedar al menos una vez a la semana sería genial, porque este tipo de estudio es mejor y nos vendría como una terapia de grupo. Sería divertido.

9 Febrero, Miércoles

Bajamos las escaleras en dirección al aula de pociones, teníamos por delante dos largas horas con el profesor Snape.
- ¿Te vas a sentar con nosotros? - le pregunté a Sacharissa. Ella alzó la mirada y buscó a Stebbins al final del pasillo.
- Ummm... si, creo que si - contestó ojeando por encima de las cabezas de los compañeros que nos seguían
- Somos el segundo plato - me dijo Peter en voz baja.
Sacharissa se giró en ese momento y nos miró, le di un golpe con el codo a Peter para que se callase. Sacharissa no dijo nada.
- Se un poco más disimulado - le susurré
Peter abrió la boca para replicar, pero no lo deje continuar.
Llegamos al aula de pociones, los alumnos de Gryffindor estaban delante de la puerta esperando a que llegase Snape. Sacharissa se nos adelantó y fue a saludar a Yashira, que estaba charlando con unas amigas. Justo al lado del grupo en el que estaba Yashira, había otro grupo de chicos, en el que rápidamente distinguí a Mark.
- Mira quien está ahí - le dije a Peter
- Si, Yashira - dijo él - compartimos clase con ella
Me quedé un segundo sin saber como contestarle. La verdad es que Peter siempre me respondía de la manera más imprevista.
- Ya lo sé - dije mirándole - no me refiero a Yashira - le dije señalando hacia donde estaba Mark.
- Ah, si, Mark - dijo Peter
- ¿Sabes de lo que tengo ganas? - le pregunté mientras buscaba mi varita
- Me lo imagino - dijo Peter mirándome - Pero no creo que sea un buen momento.
Saqué a varita, la sujeté escondiéndola en la manga de la túnica y me dirigí hacia Mark. Peter me sujetó por la túnica.
- Keith, déjalo. Debe estar al llegar Snape
- Es solo un momento - le contesté
Peter me miró y soltó la túnica. Tenía ganas de quitarle a Mark la sonrisa de la boca.Todos los días aparecía en mi mente la imagen de él y Kate besándose, tenía ganas de desahogarme, y que mejor forma que dándole a Mark lo que se merecía. A medida que me acercaba hacía él, notaba como apretaba con más fuerza la varita, eso es lo que iba a hacer con su cabeza, se la iba a estrujar de la misma forma. Apenas dos metros me separaban de él, aun no sabía muy bien que hechizo utilizar pero eso daba igual, solo quería hacerle sufrir. Me coloqué justo detrás de él, miré a mí alrededor y vi que nadie se fijaba en mi, había un gran barullo en el pasillo, sólo Peter permanecía quieto mirándome y negando con la cabeza. Peter tenía razón no era un buen lugar, pero estaba tan cerca... , me armé de valor y saqué mi varita. Por mi cabeza pasaron una lista de hechizos, pero ninguno era lo suficientemente cruel para Mark, pensé en los que había leído en el libro que me regalo Sacharissa. Sí, ya lo tenía, era perfecto.
Alcé la varita...
- ¡Keith! - mi nombre se escucho por encima de las voces de todos lo alumnos
Escondí la varita de nuevo en el bolso de mi túnica, el pasillo se quedó en silencio, todos los alumnos se giraron y me miraron para intentar descubrir lo que pasaba. Mark pareció sorprendido al verme tan cerca de él, y comentó algo en voz baja con sus amigos. Me giré y busqué con la mirada a Peter. No sé había movido del sitio, nos miramos, no sabía porque narices me había interrumpido cuando ya lo tenía casi echo. Peter pareció comprender lo que pensaba mientras caminaba hacia él y entonces levantó el brazo señalando hacia la puerta de clase. Me giré lentamente y comprendí que no había sido Peter el que me había llamado.Sacharissa me miraba sin pestañear, tenía los brazos cruzados, conocía muy bien esa forma de mirarme de Sacharissa, sabía que me esperaba una buena reprimenda, y con ella no era como con Peter, con ella tenía las de perder.
Los alumnos que estaban en el pasillo seguían mirándome con cara de curiosidad, me acerqué a Sacharissa intentando no cruzar la mirada con ella.
- ¿Que quieres? - le pregunté - Hola Yashira - dije seguidamente intentando disimular
- Hola - respondió Yashira, que parecía tan sorprendida como el resto de los alumnos
- ¿Y bien? - le pregunté de nuevo a Sacharissa
Sacharissa me miró, entendí que ella no se tomaba muy a broma eso de que me hiciese el que no sabía de que iba la cosa. Me cogió por el brazo y me llevó detrás de ella. Giramos la esquina y me empujo contra la pared.
- ¿Que narices ibas a hacer? - me dijo con tono autoritario
- Yo, pues... - no sabia que contestarle
- No, no me lo digas - me interrumpió. Sacharissa bajo la voz para que los cotillas que estaban en el pasillo se quedasen con las ganas de saber lo que pasaba. - Keith, a ver si empiezas a pensar un poco, ¿Sabes lo que ocurriría si le llegas a hacer algo a Mark?, no creo que limpiar calderos sea la respuesta. Snape ya te aviso y parece que a ti te da lo mismo. ¿Sabes lo que te digo?. Que me da igual, mira si quieres hacerle algo a Mark, hazlo, si quieres que te echen, hazlo, si quieres tirarte por un barranco, pues ya sabes. Yo ya estoy harta de tus estupideces y de tener que estar detrás tuyo. Así que haz lo que quieras.
Sacharissa se giró y volvió con Yashira. Permanecí un momento pensando en lo que me había dicho, intenté ponerme en su lugar y era verdad que siempre me estaba sacando de problemas, pero volví a rememorar la imagen de Mark con Kate, me daba igual, yo odiaba a Mark, y no deseaba otra que hacerle daño, pero quizás Peter tuviese razón, ese no era buen momento. Los alumnos comenzaron a entrar en clase, Peter estaba esperándome al lado de la puerta, entramos y nos sentamos junto a Sacharissa y Yashira. Snape agitaba su varita haciendo que apareciesen las instrucciones de la poción que debíamos hacer. Al terminar las clase mas o menos todos teníamos la poción bien, la cadena funcionaba, Yashira miraba a Sacharissa, yo miraba a Yashira y Peter me miraba a mí, y aunque ninguna tenia el color verdoso de la de Sacharissa, se daban un aire.Nos despedimos de Yashira y nos dirigimos a la sala común a ponernos al día con las optativas. Saqué los pergaminos de Runas Antiguas y me puse a repasar.
- Yo creo que me pondré con cuidado de criaturas mágicas - dijo Peter
- Bueno ya nos vemos luego - dijo Sacharissa levantándose
- ¿Marchas? - pregunté
- Si quedé con Stebbins para repasar encantamientos - contestó
- Ok, está bien
Sacharissa subió las escaleras en dirección a nuestra habitación, en busca de Stebbins. Peter y yo permanecimos callados hasta que Sacharissa desapareció de nuestra vista.
- Ya lo sé - dije mirando a Peter
- ¿Y te parece bien? - preguntó - ¿No crees que ya se está pasando?
- Quizás deberíamos pensar algo... - me quedé pensando en como hacer que Sacharissa se alejase de Stebbins
- ¿Pensar en algo?¿En que? - Peter me miraba intrigado
- Si, a ver, el culpable de todo es el prefectillo ese ¿No?
Peter asintió
- Pues entonces si no podemos hacer que ella se aleje de él, pues intentemos hacer lo contrario.
- Ya pero... ¿como? - preguntó Peter
- Aun no lo sé, pero algo se me ocurrirá - contesté
- Hola Chicos
Peter y yo nos giramos, vimos a Thomas a nuestro lado sonriente
- Hola - respondimos
- ¿Que tal todo? - pregunté
- Bien, bien - dijo sacando un pergamino del bolso - Ya tengo lo que me pediste
- ¿Sí? ¡Que bien! - me alegré
- Y ahora, ¿me explicas para que lo querías? - preguntó Thomas mientras me entregaba el pergamino.
Abrí el pergamino, Thomas había echo un buen trabajo, ahí estaba apuntado todo lo que había hecho Mark la semana anterior después de clase, las horas que estaba en la biblioteca, el tiempo que se pasaba en la sala común, las personas con las que había estado, etc...
- Si, si - dije mientras extendía el pergamino en la mesa a modo de mapa - Bueno pues lo que pasa es lo siguiente. ¿Te acuerdas de Catherine? - pregunté
- Creo que sí, es la chica de Ravenclaw que te gusta ¿no? - respondió Thomas sonriendo - La he visto alguna que otra vez mientras seguía a Mark
- Si ella - respondí - Pues hace unos días vimos a Mark besándola, y se supone que estaba saliendo conmigo
Me parecía que Thomas ya se imaginaba por donde iban los tiros
- Y queréis darle un escarmiento ¿no? - contestó bajando la voz
- Esa es la idea - respondí - Pero tiene que ser de tal manera que no se entere nadie
- Aja, ya veo - Thomas cogió el pergamino y lo ojeo - Pues yo creo que el mejor día para que lo hagamos es el domingo
- ¿lo hagamos? - preguntó Peter
- Si, ¿No queréis que os acompañe? - preguntó Thomas
- Si, si claro - contesté rápidamente - Muchas gracias
- No hay de que - respondió - Gracias a ti mi negocio va viento en popa, además puede ser divertido - dijo sonriente
- Ya pero ¿Yo? - comenzó Peter
- Peter por favor, ven con nosotros, aunque solo sea para vigilar - intente convencerlo, sabía que a él no le gustaba meterse en líos, pero era junto a Sacharissa la única persona en la que confiaba - Solo vigilar, nada de pelea... Hazlo por mí.
Peter me miró
- Esta bien, pero solo vigilo ¿Ok? - contestó
- Esta bien, muchas gracias - respondí sonriente - Bueno y ¿porque dices que el Domingo es el mejor día? - pregunté a Thomas que seguía repasando el pergamino
- Pues mira, por semana Mark suele estar casi siempre con un grupo de amigos, y rara vez se le ve sólo. Sin embargo el Domingo, Mark va a la lechuzería a enviar una carta a su familia, y lo mejor de todo, es que va solo. - respondió Thomas
- Perfecto, entonces el Domingo - dije
- Pero ¿Este Domingo? - preguntó Peter - No crees que deberíamos asegurarnos que todos los Domingos envía la carta, igual solo la envió el pasado.
- Si, tienes razón - contestó Mark - Esté Domingo lo comprobamos y al siguiente vamos a por él.
No me hacía mucha gracia seguir esperando para ir a por Mark, pero ellos estaban en lo cierto.
- Ok, estoy de acuerdo con vosotros - respondí
- Bueno pues yo me encargo de comprobarlo - dijo Thomas - Ahora me tengo que ir, tengo cosas que hacer. Ya nos vemos
- Vale, Gracias. - me despedí
- Adios - dijo Peter
Thomas salió de la sala común. Nosotros cogimos nuevamente los pergaminos para seguir estudiando. Sobre la mesa aun estaba el de Thomas, con todo lo que había echo Mark la semana anterior, me acerqué y me puse a leerlo. Quería saber la frecuencia con la que se veían Catherine y Mark, revisé el pergamino de arriba a abajo, había varios días en los que aparecían el nombre de Mark y sus amigos junto al de Kate y sus amigas.
- "Van en parejitas" - pensé - "Verás que rápido se te quitan las ganas de volver a acercarte a ella"
- ¿Estas bien? - preguntó Peter
- Si, si, solo pensaba - respondí
Peter se acercó y se puso a ojear también el pergamino
- ¡Vaya! Melinda anda detrás de todos - dijo Peter
- ¿Por? - pregunté sin saber muy bien a que se refería
- Pues que a Melinda también le debe gustar Mark - dijo señalando el pergamino
Miré lo que Peter me estaba indicando, el nombre de Melinda aparecía junto al de Mark en muchos sitios, en la biblioteca, sala común, jardines..., seguro que también lo asaltaba por los pasillos.
- "Muy típico de ella, por lo menos así le molesta tanto como a mi" - pensé
- Pues si, seguro que si - dije a Peter sonriendo
Me quede mirando el nombre de Catherine escrito en el pergamino, y sin darme cuenta seguía con los dedos los trazos de tinta que formaban su nombre.
- Lo que debes hacer es olvidarte de ella - dijo Peter
- ¿De Melinda? pero si no me gusta - contesté
- De Melinda no, de Kate - respondió Peter suavemente, tanteando el terreno - ¿No te gusta ninguna de Slytherin?, seguro que hay muchas...
- Pero mira quien habla - respondí sin dejarlo terminar - Yo la olvido cuando tu la olvides
- Pero si yo no tengo a nadie a quien olvidar - dijo él agachando la mirada
- Ya claro - dije sonriendo - yo tampoco
Nos dimos cuenta de que la sala común se había vaciado sin darnos cuenta y solo quedábamos nosotros y un par de alumnos mayores. En ese momento oímos unos pasos provenientes de las escaleras, giré la cabeza para mirar quien venía, mis ojos fueron a parar a unas delgadas piernas que bajaban las escaleras, me quede un segundo mirándolas, eran perfectas, subí lentamente la mirada, siguiendo las curvas de su cuerpo, notaba que hacia mucho calor en la sala común, quizás fuese Peter a tener razón, quizás hubiese chicas en Slytherin. Estaba impaciente por contemplar el rostro de esa belleza, tenía la cabeza girada hacia un lado y con las manos se iba colocando su larga melena negra, aun mojada. Giró la cabeza y se quedo mirando hacía nosotros, justo en ese momento volví a la realidad.
- ¿Sabéis donde he dejado mi túnica? - preguntó Sacharissa
- No, ni idea - dije negando con la cabeza
Sacharissa miró hacia Peter, juraría que la mirada que se echaron el uno al otro no era ni mucho menos una mirada de odio, sino más bien de deseo. Ella se giró y volvió a subir las escaleras. Miré a Peter que no había dicho nada, y comprendí porque. Peter estaba como atontado mirando como Sacharissa subía las escaleras, no apartaba los ojos de ella, seguía con la mirada cada movimiento que hacía. Al doblar la esquina Sacharissa se volvió y sus miradas se cruzaron un instante. Peter seguía mirando a las escaleras aunque Sacharissa ya no estaba allí.
- ¿Crees que la podrás olvidar? - le pregunté en voz baja
Peter se sobresalto, me miró como si acabase de salir de un sueño
- ¿Que? ¿Decías algo? - respondió
- No nada, solo que se te esta cayendo un poco la baba por ahí - dije riéndome y señalado a su barbilla
Peter se llevo la mano instantáneamente a su boca. Al notar que no tenía nada sonrió.
- Yo solo... - dijo él
- No hace falta que me des explicaciones - dije sonriendo - me parece muy bien. Además creo que haríais buena pareja. - dije riéndome mientras recogía los pergaminos
- Que dices, si yo no... - Peter no sabia que decir mientras se ponía colorado
Puesto que llevábamos ya bastante tiempo en la sala común y apenas habíamos estudiado nada decidimos ir a la habitación a ver si allí lográbamos concentrarnos mejor. Pero no fue una gran idea porque entre Molly que no dejaba de roer las puertas de su jaula y Esk que estaba revolucionada y saltaba de una cama a otra, se hizo aun más difícil concentrarse. Durante uno de los saltos se abrió la puerta de la habitación, Esk la esquivó la rápidamente y fue a parar encima de los apuntes de Peter.
- ¡Esk! Estate quieta de una vez - chillo Peter
La gata, lo miró como entendiendo lo que le decía y se acurrucó en la cama.
- Hola - dijo Ray cerrando la puerta - Que grandes estudiantes estáis hechos - continuo mientras Peter recogía los pergaminos que Esk había tirado al suelo.
- Ya ves, no nos queda otra - contesté
- Keith a ti te buscaba yo - dijo mirándome - Hay una chica fuera que me mandó venir a buscarte.
- ¿A mí? - dije sorprendido - ¿Quién es?
- Seguro que es Melinda - dijo Peter sonriendo.
Cogí un trozo de pergamino arrugado en forma de pelota que tenia sobre la cama, y se lo lancé a la cabeza, Peter se apartó y la pelota chocó contra pared.
- No creo que sea ella, bastante tengo con la carta que me envió ayer - respondí riéndome.
- No sé cómo se llama, se que va con nosotros a Runas, la chica que se sienta delante nuestro - me dijo -. Me la podías presentar - sonrió.
Noté como se me congelaba la sangre, como me palidecía la cara, ¿sería Kate?, y si era ella, ¿que debía hacer?. Miré a Peter que me miraba sorprendido después de lo que había dicho Ray.
- ¿K-Kate? ¿Se llama Catherine? - las palabras salieron a trompicones de mi boca.
- Eso Catherine - dijo Ray - Vaya como esta... - continuó.
Me senté en la cama, me sentía muy cansado, ¿por qué querría hablar conmigo Catherine?, ¿por qué después de lo que me había hecho?. Me tumbé sin apartar los pergaminos que había sobre ella, y me quedé mirando al techo.
- ¿Nos dejas un momento? - dijo Peter a Ray - Dile que baja ahora.
Ray salió de la habitación sin decir nada, oí como bajaba las escaleras y el sonido de los alumnos de la sala común. Peter cerró la puerta.
- ¿Crees que debo ir? - pregunté.
- Sí - dijo secamente.
- Pero... ¿Qué le digo? - continué intentando no hacer caso a las dudas que me asaltaban.
- Nada, ella es la que quiere hablar contigo ¿no? - respondió Peter - Pues síguele la corriente. No le digas lo que viste. Igual te viene a pedir perdón.
- ¿Tu crees? - dudé - Y si es así, no sé que decirle, no sé si perdonarla o no.
- Eso ya lo decidirás - dijo tirándome del brazo para que me levantase - Venga que se va a ir antes de que bajes.
- Vale, vale - dije colocándome bien la túnica.
Bajé las escaleras y atravesé la sala común, los alumnos de primero se arremolinaban en torno a una mesa, en la cual había una pequeña rana dando saltos, seguí caminando y salí a los pasillos de la torre de Slytherin. Empezaba a oscurecer y las antorchas iluminaban tímidamente mi camino hacia los jardines. Estaba muy nervioso, las rodillas me temblaba a cada paso que daba, doblé una esquina, y divisé dos figuras. Me acerqué a ellas, mi corazón latía con más fuerza a cada paso que daba, respiré profundamente armándome de valor, y me acerqué.Ray estaba al lado de Catherine, los dos hablaban sin percatarse de mi presencia, avancé lentamente, y abrí la boca intentando emitir algún sonido que sé pareciese a una palabra
- H-Hola - dije mirando a Ray.
Quería evitar el máximo tiempo posible los ojos de Catherine, no quería enfrentarme a ella.
- Hola - la oí decir
- Bueno ya nos vemos arriba - dijo Ray posándome su mano en mi hombro - Encantado de conocerte Catherine
- Igualmente - respondió ella
Ray se alejo en dirección a la sala común. Había llegado el momento, no sabía que decir. Alcé la mirada y se cruzó con la de Catherine, hacía tanto tiempo que no me sentía así, sin saber que hacer, entonces ella rompió el silencio
- Es muy simpático - comenzó - Le dije que si te conocía
- ¿Quien, Ray? - respondí - Si, es muy buen chaval
- Es que me sonaba de verlo a tu lado en clase - continuo - Y como no sé donde queda vuestra sala común, le envié para que te buscase.
- Ah... - empezaba a pensar que debía parecer tonto, parado, sin decir nada, después de tanto tiempo sin hablar con ella. - ¿Que querías? - pregunté
Catherine apartó la mirada. Sobre nosotros había una larga vela que nos iluminaba, la luz se reflejaba en su oscuro cabello, me encantaba tenerla tan cerca, su olor me traía muchos recuerdos.
- Ah, sí - Catherine permaneció un momento en silencio - Seguramente estarás enfadado conmigo.
- ¿Por qué? - pregunté instantáneamente.
En ese momento reaccioné. Como no iba a estar enfadado con ella, ella se había estado besando con otro, si le parecía mejor quizás debería estar alegre. Intenté controlar mis pensamiento y poner buena cara
- Lo comprendo - dijo - Sé que te he hecho esperar mucho más de lo que debiera y que lo hayas hecho me hace muy feliz.
No entendía muy bien lo que me estaba diciendo. Que era feliz. Seguramente lo sería desde que andaba con Mark. Las imágenes de ellos dos juntos me bombardeaban la cabeza. Catherine volvió a mirarme.
- Este mes lo he estado pasando muy mal - el rostro de Catherine entristeció
Sus ojos seguían fijos en los míos, noté un gran dolor en ellos. Catherine cerró los ojos y agachó la cabeza. Una lagrima golpeó en el suelo. Se llevó las manos a la cara ocultándose detrás de ellas. Me acerqué tímidamente hacía ella y la rodee con mis brazos. Quito las manos de su cara y me rodeo. Apoyó su cabeza en mi hombro y permanecimos en silencio.
- No pasa nada - le susurré al oído.
Ella me abrazó con más fuerza.
Comenzaba a oscurecer, lentamente nos separamos, sus ojos aun estaban empapados de lágrimas, tenían un brillo especial.
- Bueno me tengo que ir - dijo - Esta semana vamos a Hogsmeade ¿Nos vemos allí?
- Está bien - respondí.
Ella se acercó y nos besamos.

12 Febrero, Sábado

Al fin, Hogsmeade. Me levanté de un brinco de la cama y bajé a desayunar. Estaba animada, hasta que recordé que seguía sin hablarme con Peter, por lo que me senté en una esquina de la mesa. Aún no había bajado mucha gente, así que me di prisa. Justo cuando salía me encontré con Stebbins, con el que quedé en verle en una hora. Me metí en mi habitación para preparar el regalo de Yashira. Era una especie de llavero, que se podía colocar en la parte trasera de la varita, con un pequeño osito de peluche. Lo guardé en una cajita y lo envolví con papel de regalo como pude. Luego le puse unas tiras de papel que intenté rizar con un hechizo que había anotado de un libro ("Preparación de fiestas y regalos") que mi madre tenía en casa. Conseguí dejarlo medianamente presentable, aunque el papel era un poco soso. Quizá debería haber comprado aquél con lunares que botaban por todas partes... De pronto, escuché un portazo.

- Vaya, ¿estás preparando un regalito para tu novio?

- Lo único que tienes es envidia de que yo esté con Stebbins y tu no, Vince

- Así que estás, ¿no? ¿Y sois novios? Él no lo ha reconocido oficialmente.

- No hace falta, mi vida no es una novela rosa.

- Bueno, pero si tanto le gustas... debería decidirse de una vez, ¿verdad?

- Déjame en paz, no tienes ni idea de nada.

Me fui de la habitación con el paquete bajo el brazo. Ya lo guardaría después. Vince era tan estúpida que podía romperlo en un arrebato. Subí las escaleras hacia el recibidor absolutamente enfadada. Mi novio. Claro que era mi novio. Aunque, nunca nos habíamos besado... pero estábamos mucho tiempo juntos, y le gustaba... y... Llegué al recibidor y Stebbins ya estaba esperándome. Me fui corriendo hacia él.

- Tú y yo... ¿qué somos exactamente?

Se rió y me acaricio el pelo.

- ¿Qué más da eso? ¿Estamos bien así o no?

- ¡Sí! Pero de todas maneras, yo quiero saber que somos. Porque la gente me pregunta y yo no sé que decir, y además, no sé, luego resulta que... piensan que soy tonta y estás jugando conmigo, y yo tendré muchos defectos pero tonta no soy... y además... - me callé. Estuve a punto, por un segundo de decir que qué pasaba con Peter.

- ¿Además qué?

- ¿Qué somos?

Me miró a los ojos y fue bajando su cabeza lentamente hasta apoyar sus labios en los míos, y me besó despacio.

- Si quieres que seamos novios, lo seremos. Por tí, lo que sea. ¿Ahora tengo que irme, pero nos veremos para Hogsmeade?

- Si... - yo estaba un poco ida - Espera, no. He quedado. Siempre quedo con mis amigos para Hogsmeade... pero, si hace falta...

- No, no te preocupes, no importa. Aprovecharé para atender unos asuntillos que han surgido hace poco. Tu diviértete. - Me volvió a besar levemente - Pásatelo bien.

Se fue hacia la sala común, y yo decidí subir a la torre de astronomía. Tenía que poner en orden mis pensamientos y ese era mi lugar preferido. Había subido ya varias veces en años pasados cuando me reñían por unos deberes mal hechos, cuando me enfadaba con Keith, cuando me sentía sola... La había descubierto en primero, cuando subíamos por la noche a clase, y me había encantado. Toda la pared de piedra, con pocos cuadros, y una ventana grande que daba al lago. Me asomé a esa ventana, posando el regalo con cuidado a mi lado. Ahora salía con Stebbins. Y me había besado. Dos veces. Pero... no sentía la ilusión que creía que debería haber sentido. Simplemente, ahora que lo había conseguido, me preguntaba porque estaba peleando en concreto. Quizá sólo había estado persiguiendo la idea de salir con Stebbins, y no a Stebbins. Quizá... Por la ventana, al lado del lago, había una figura. Una figura sentada contra un árbol. Starkey. Peter. Peter.

- Oh, venga... - me dije en voz baja.

Después de la comida, nos reunimos todos y fuimos hacia el bar en el que nos metíamos siempre en Hogsmeade. Todos tenían las caras largas, excepto Ally, que iba algo animadilla. Yashira porque Mark no había podido ir con ella, y eso que celebrábamos su cumpleaños que era dos días más tarde. Nada más salir del castillo, Keith vio a una amiga de Catherine que le dijo que no podía ir porque estaba enferma. Peter y yo sin hablarnos, y yo que noquería decir nada de Stebbins para que no hubiera problemas con Keith. La tarde no se preveía muy animada, sobre todo cuando vimos a Mark de lejos. Aunque intentamos que Yashira no lo viera, tapándola, al final lo hizo. Se puso mucho más triste y decidió emborracharse para pasar las penas. Aunque quizá algo de culpa tenían los dementores que estaban por todo el pueblo. Nos invitó a todos a lo que quisimos, y comenzamos a beber. Como siempre, el alcohol mejoraba, al menos por el momento, las cosas. Todos parecíamos mucho más contentos y bailábamos al ritmo de la música que armábamos nosotros, con el conocido Satisfaction, la primera canción que conseguimos arrancarle al reproductor y que nos sabíamos de memoria. En un momento de calma, Ally se acercó a hablar conmigo.

- ¡Hey! ¿Qué bien nos lo pasamos, verdad?

- Un montón, querida.

- No me empieces a hablar como una Slytherin de las de antes. Si tus padres ni siquiera lo son.

- Pero es que yo tengo lo mejor de cada uno, obviamente.

- ¡Déjalo ya! Vete a arrejuntarte con Peter, que seguro que le gusta.

- ¿Que le gusta? ¿Que le gusta el qué? ¿Que me arrejunte?

- ¡Claro que sí!

- ¿Y eso? Si tu le odiabas hasta la muerte.

- Que vá. Sólo le tenía poca confianza. Tu arrímate y ya está.

- Pero...

- ¡Que sí! - interrumpió Keith - ¡vete con él!

- Pero bueno, ¿me vais a dar la charla ahora, que he empezado a salir con Stebbins?

- ¿Que has qué? - me dijo Keith - ¿Has empezado a salir con el prefetillo?

- No, Keith, es todo un sueño... Estás tan borracho que empiezas a tener alucinaciones

- Ah, bueno - se dejó caer en una de las sillas. - Menos mal, porque sino pobrecillo.

- ¡Mis regalos! ¡Quiero mis regalos! - Yashira rozaba la gran-borrachera-cuyo-siguiente-paso-era-el-coma, costaba entenderla una barbaridad.

Le posamos los regalos como pudimos en la mesa, y ella los desenvolvió con mucho trabajo. Mi llaverito le gustó mucho, aunque dada las circunstancias, cualquier cosa le hubiera hecho ilusión. Tuvimos que ayudarla a ponerlo en la varita, y después se dedicó a girarla para todos los lados, casi sacándonos los ojos. Ally le regaló una fuentecita con hadas y agua de verdad, que casi se le cae al suelo, y Keith una pelota que dejaba una estela azul tras de sí y que botaba muchísimo. Tuvimos que quitársela por miedo que rompiera un cristal, aunque los demás tampoco ibamos muy serenos. Eso sí, bastante más que ella. Peter se apartaba del grupo, como queriendo huir, y me fui hacia él sin pensarlo. Le puse una mano en la mejilla.

- ¿Qué tal estás?

- ¿Eh? Bien. Bien. Que raro que vengas a preguntar.

- Tú tampoco te has acercado mucho a mí últimamente - me pegué un poco más a él. - Aunque podríamos arreglarlo.

- ¿Ahora? Es que tengo que irme. Un momento. Pero vuelvo enseguida. - dijo, dándose la vuelta y saliendo a toda prisa por la puerta del bar.

Me quedé planchada. ¿Para eso iba a ir a hablar con él? ¿Para que huyera?

- Oye, Sacharissa, será mejor que nos vayamos al castillo. Yashira se encuentra mal - nos dijo Keith.

- Oh, claro. Pobrecilla. No se puede beber tanto...

La cogimos como pudimos, junto con sus regalos, y la sacamos del bar. Camino al castillo, llegó Peter corriendo con una caja gigante de grageas de todos los sabores que le dio a Yashira. Ella le miró y le dio las gracias, algo atontada. Cuando ya estábamos cerca, Ally nos dijo hasta luego y desapareció del panorama. Todos ibamos un poco mal como para fijarnos que estaba pasando. Dejamos suelta a Yashira y nos dirigimos a nuestra sala común sin pensar en cenar. Lo último que recuerdo es haber llegado a la cama y meterme en ella sin siquiera desvestirme, y haber pensado en su cara.

12 Febrero, Sábado

Sábado y día de excursión a Hogsmeade. La verdad tenía muchas ganas, últimamente andaba algo cabizbaja y necesitaba animarme.

Era el cumpleaños de Yashira y posiblemente nos invitaría a algo. Su regalo ya me había llegado hace una semana, lo encargué vía lechuza porque me pareció ideal para ella y no me lo pensé cuando lo vi.

Fui a asearme y después de ponerme ropa normal, siempre más cómoda que ese uniforme horrible, bajé a la sala común a envolver su regalo.

Estaba bastante llena, pero no me apetecía mucho hablar con nadie especialmente, asi que después me fui a dar una vuelta por el castillo hasta la hora de comer.

Después de la comida nos reunimos todos y fuimos hacia Hogsmeade. No hizo mucha falta que dijéramos nada, aunque la verdad, estaban todos muy poco habladores... cosa que no ayudaba mucho para mi propósito por animarme, pero bueno, el amor es demasiado malo y lo comprendo por ellos... sea como fuere, sin decir nada de nada, nos fuimos derechos al bar donde vamos siempre, a celebrar el cumpleaños de nuestra amiga Yashira.

Tras algunas copas y poca conversación las cosas se fueron animando. Se fueron animando bastante, comenzamos a cantar una de las canciones del prerroductor y hasta el cumpleaños feliz. En un momento de calma miré a Peter que estaba algo rojo y me decidí ir a hablar con Sacharissa sobre su tema... a ver si animándola se "arrimaba" un poco más a él que al chico se le veía algo tristón.

- ¡MIS REGALOS!, ¡QUIERO MIS REGALOS! - gritó alguien que me sacó de mis pensamientos y de la conversación que estábamos teniendo-. Era Yashira, que exigía su derecho a regalos, demasiado borracha como para saber si estaba o no armando un escándalo.

Tras unos tambaleos y llenar el bar de papeles consiguió abrirlos todos. Muy bonitos además, aunque casi tira mi fuente y la pelota de Keith estuvo a punto de sacarme un ojo.
Sacharissa al final, después de darle los regalos a Yashira y de insistirle un poco parece que se decidió por ir a hablar con Peter, aunque hubo una cosa que no me quedó clara de la conversación de antes... Le hizo creer a Keith que ella no había dicho que estaba saliendo con Stebbins, aunque yo también lo escuché, quizá también iba demasiado borracha como para llegar a darme cuenta.
Al final como Yashira iba un poco mal, la cogimos junto con sus regalos y nos la llevamos. Después de que Peter le regalará una caja de no se qué vi a unos de mi casa y decidí acercarme a ellos a ver que se contaban.

- Hola chicos, ¿que tal estáis? -Pregunté-.

- ¿Ally? - Se me quedó mirando uno de ellos -, parece que has estado pasándolo bien ¿eh?.

- Bueno, es que era el cumple de una amiga, mírala, por ahi va, ¿a que es guapa?.

- Más guapa eres tú -Dijo el mismo chico mirándome y sonriendo con cara tonta-.

- Jaja, voy demasiado borracha como para ignorar eso... pero cállate y ayudame que me caigo.

- Si ya te veo, bueno venga ven, pero sin que sirva de precedente ¿eh Coldlake?.

- ¿Sin que sirva de que? ¡Buah! yo siempre he dicho que eres un poco raro William... asi que venga, ya que te ofreces, súbeme a caballito...

Y sin más aviso me subi y él creo que protestó pero me dio igual, el sueño se poderaba de mí y parece que caí dormida en algún tramo del camino.

Al despertar estaba ya en la sala común, estaba en la sala común y con alguien enganchado a mi boca, ¡WILLIAM ME ESTABA BESANDO! Pero es que lo hacía bien. El caso es que o porque me gustaba o por mi estado de embriaguez me dejé llevar.

Me dejé llevar demasiado. Él comenzaba a bajar su mano hacia terrenos vedados e intentaba que yo también lo hiciera. Me aparté bruscamente.

- ¡¿Se puede saber que haces?! - Pregunté con el tono algo subido -.

- ¿Tu que crees?, me dirás que no te lo estás pasando igual de bien que yo. - Contestó él sin cortarse un pelo -.

- ¡Oye mira, sé que estoy algo borracha, pero eso no te da derecho a... bueno, mira, sabía que ni siquiera tenía que haberme acercado a vosotros, siempre pensais en lo mismo!.

- Venga Ally, no te hagas la estrecha, si he visto como me miras en los entrenamientos, venga, vamos a tu habitación.

- Pero serás cerdo.

Sin pensarlo dos veces le empujé y le di una patada en sus partes más nobles. Subí hacia mi habitación y entré hecha una furia. Sé que las tontitas de mi habitación me preguntaban cosas y se reían de manera absurda, como siempre, pero no me apetecía oírlas, tenía sueño y quería dormir, al día siguiente me esperaría la escasa.

12 de Febrero, Sábado

Me recosté contra el árbol medio inclinado junto al que solía sentarme. Hacía tiempo que no me "fugaba" para ir a pintar junto al lago, así que había decidido escabullirme tras el desayuno para pasar el tiempo antes de la comida a solas conmigo mismo.
De todos modos, me había llevado a Esk. Tras comprobar que no había dementores patrullando por los alrededores, ambos nos habíamos acomodado. Yo junto a las raíces, Esk junto a mis piernas.
- Es mejor aquí, Esk - Dije, mirando las pequeñas ondas que el viento dibujaba sobre el agua -. No estoy diciendo que la vista desde la habitación sea mala, sólo digo que es mejor aquí. Mejor para pintar.
Esk bostezó y se acurrucó contra mí, no demasiado interesada.
- Y se necesita una buena vista para hacer buenas pinturas - Continué -. Allí arriba tengo que pintar de memoria, eso es lo que pasa. Así que sólo pinto...
Abrí la carpeta donde guardaba las pinturas y observé el primer cuadro. Su rostro sonreía sobre un fondo gris nublado, con la túnica de Slytherin rodeando su delicado cuello.
- Así que sólo pinto la cara que no se me va de la memoria - Terminé.
Lentamente, como si no los hubiera pintado yo, fui observando los últimos pergaminos que había guardados en la carpeta. Todos eran de varias semanas atrás, y no había pintado nada desde entonces. Y todos la mostraban a ella. Tras un cuenco de cereales en el comedor, sentada en la Sala Común estudiando alguna asignatura, o simplemente riendo. Pasando las hojas, me topé con una pintura de Sacharissa en mi casa, sentada en mi cama con un camisón, y colocándose un mechón de pelo con aire distraído. Cerré la carpeta de un manotazo, arrugando la frente.
- Bueno - Dije, con la vista en mis rodillas -. Esto es un poco monotemático.
Una ráfaga repentina de viento frío en la cara me hizo descubrir cierta humedad en mis mejillas, y por un momento se me pasó por la cabeza vaciar el contenido de la carpeta en el lago. Al final saqué una hoja en blanco y comencé a cubrirla de tinta negra, con trazos acuosos e irregulares.
Después de pasar un buen rato allí, dí la obra por terminada y la repasé por encima. Había imitado el cuadro que había visto días atrás, el del hombre demacrado metido dentro de la enorme cama sobre un fondo oscuro, pero me había dibujado a mí en su lugar. Tenía un aspecto demacrado y triste, clavando la mirada en quien quisiera mirar la pintura al igual que el hombre del cuadro había clavado su mirada en mí. Había dibujado también a Esk tumbada a mi derecha, y a Zoro posado a mi izquierda. Los dos animales parecían viejos y ciegos. Sentí un escalofrío en la espalda al mirarlo.
- Bah - Murmuré, mientras guardaba el pergamino en la carpeta, y a continuación me levanté -. Vamos, Esk, se acabó la escapada.

Me reuní con Keith para comer, aunque no dejaba de pensar en la excursión a Hogsmeade que teníamos por la tarde.
- ¿Qué te pasa? - Me preguntó Keith mientras terminaba su primer plato y se servía un segundo -. Apenas has tocado el filete...
Lo cierto es que sí lo había tocado. Lo que no había hecho era probarlo.
- Keith - Dije, jugueteando con mi filete pinchado en el tenedor, sin levantar la vista del plato -, creo que es mejor que esta tarde no vaya a Hogsmeade con vosotros.
Keith dejó su tenedor en el plato.
- ¿Qué? ¿Estás tonto? ¿Y eso por qué?
- Pues... - Suspiré, me encogí de hombros y le miré -. Pues no lo sé, la verdad, pero será mejor que no vaya... ¿No? Ya sabes, más confianza con Sacharissa, más... No sé, más intimidad para vosotros.
- Eso que estás diciendo es una tontería, lo sabes, ¿no? - Dijo Keith -. ¡Si ya hemos quedado todos! ¡Y "todos" te incluye a tí!
- ¡Pero yo sobro! ¡Siempre he sobrado!
- Mira, como no dejes de decir tonterías voy a tener que abofetearte.
Suspiré de nuevo.
- No lo sé, Keith. No sé muy bien ni lo que me digo, pero... Supongo que no tengo ganas de fiesta, y ya está.
- Bueno - Dijo Keith, volviendo a su plato -, verás como esta tarde se te pasa. Las cosas con Sacharissa... Pues se arreglarán, ya verás. Y si no sabes qué decir... Pues ya sabes, hoy confía en el alcohol, ¿eh?
Keith me guiñó un ojo.
- No sé, Keith - Dije, inseguro -. No sé...
- Venga, hombre. Además... No querrás dejar tirada a Yashira, ¿no?
Miré a Keith extrañado. ¿A Yashira? ¿Qué quería decir? El hecho de que la hubiese defendido días atrás no quería decir que ahora tuviera que mencionarla...
Iba a preguntarle qué había querido decir, cuando él continuó hablando sobre otros temas, y así se nos pasó la comida.

Al terminar nos dirigimos a la salida del castillo, donde nos reunimos con nuestras tres amigas. No habíamos terminado aún de saludarlas, cuando Keith vio a una de las amigas de Catherine, y fue a hablar con ella, haciéndonos un gesto para que le esperásemos. En esos momentos Yashira y Ally estaban hablando entre ellas, así que bajé la mirada al suelo por si Sacharissa seguía enfadada conmigo, algo más que probable dado alguna cosa que le había dicho, llevado por la "emoción del momento", días atrás. Después fui levantando la vista poco a poco, hasta darme cuenta de que Sacharissa no miraba hacia mí, sino que parecía observar el camino que teníamos que seguir al salir del castillo, mientras el viento jugaba con su pelo negro. La observé embobado, y por algún motivo sentí un impulso repentino de escribir poesía barata, algo que comenzará con "Me gustaría ser el viento que te despeina cada mañana". Seguro que eso ya está escrito, pensé, y sonreí un poco.
Justo en ese momento, Sacharissa se llevó la mano a la cara para apartarse un mechón de pelo que se le había puesto ante la nariz, y se giró un poco, de manera que sus ojos se cruzaron con los míos, y yo me quedé congelado en mi sonrisa.
- ¿Qué pasa? - Dijo Sacharissa mirando hacia mí, con tono de cierta preocupación.
Estaba a punto de preguntar a qué se refería, cuando oí las pisadas de Keith, acercándose desde mi espalda.
- Catherine - Dijo éste, con aire desanimado -, que no va a poder ir a Hogsmeade, está enferma.
- Bueno, hombre - Dijo Sacharissa -, no es el fin del mundo, vamos a divertirnos nosotros...
Aunque ni siquiera ella parecía muy convencida.
- Sí, bueno - Dijo Yashira, no muy animada -, Mark tampoco puede ir hoy a Hogsmeade...
- Sí - Dijo Ally -, y eso que hoy tenían que celebrarlo...
"¿Celebrar qué?", me pregunté. ¿Acaso era ya su aniversario? ¿Qué hacían? ¿Un mes? ¿Dos? ¿Celebraban San Valentín con antelación? Estaba a punto de preguntarlo, cuando Keith me dijo algo en bajo, y con un tono bastante alarmante.
- ¿Mark? ¿Qué es eso de que Mark no puede venir? ¿Así que Mark se queda en el castillo? Vaya, qué casualidad, ¿no?
- Eh, eh, tranquilo - Dije, cogiéndole de un hombro -, confía en Catherine... Si te ha dicho su amiga que está enferma, será verdad, ¿no? Además, lo que me contaste el otro día de que os besásteis y demás... No sé... Estuvo bien, ¿no? Dale una oportunidad, que no te vuelvan loco los celos...
Keith no parecía calmarse, a pesar de tener que ponernos en marcha.
- Además - Añadí -, ya le vas a dar a Mark su merecido... ¿No?
- Eso sí - Dijo él, pasándome un brazo por el hombro, y sonriendo como si pensara en el momento exacto en que le daría una paliza -, su merecido se lo vamos a dar.
- Eso - Dije yo, resignado -, "vamos", y hoy vamos a pasarlo bien. Como tú dijiste antes...
Aunque yo tampoco estaba muy convencido.

El viaje a Hogsmeade no fue precisamente una fiesta. Más bien se parecía a un funeral. Uno en el que los asistentes hubieran perdido el cadáver y todos se sintieran demasiado estúpidos ante la situación como para abrir la boca y decir "eh, qué tontos hemos sido, ¿cómo se nos ha podido caer por la alcantarilla?". El punto álgido llegó cuando vimos a Mark en la distancia. Tanto Ally como Sacharissa trataron de distraer a Yashira para que no lo viera, mientras Keith y yo nos mirábamos el uno al otro con cara de póker. No pude evitar que me diera un pequeño ataque de "risa tonta".
- ¿Lo ves? - Le murmuré a Keith -. No está en el castillo con Catherine. Está aquí, y está jugándosela a Yashira, como te la jugó a tí. Pero tu Catherine está en el castillo. ¿Más tranquilo?
- Lo cierto - Respondió Keith - es que lo que siento son aún más ganas de que llegue el día de patearle los riñones.
Suspiré. Al menos había dicho "patearle", y no "batearle".
La verdad era que Yashira había visto a Mark, así que en esos momentos Ally y Sacharissa estaban tratando de animarla, al parecer sin demasiado éxito. Con Keith y yo un tanto rezagados, ellas tres se encaminaron hacia el bar donde habíamos estado bebiendo en la anterior ocasión.

Una vez en el bar, la situación mejoró ligeramente. Yashira, por algún motivo que no llegaba a comprender, había decidido invitarnos a todos a cuanto quisiéramos, así que no tardaron en llegar algunas risas etílicas y algún que otro cántico popular, aunque no me uní a ellos esta vez, por mucho que Keith me animara a ello.
En su lugar me mantuve al margen y la observé una vez más. Reírse, cantar, balancearse... Cierto era que estaba borracha, pero eso nunca le quitaba ni una pizca de su encanto. De hecho... ¿No era estando borracha cuando más de "sus encantos" me había mostrado? Suspiré, mientras bebía a mi aire. De todos modos, el alcohol no me estaba afectando tanto como la otra vez. O eso pensaba, hasta que me descubrí tirándole un beso a Sacharissa sin darme cuenta. Me puse colorado, y miré a mi alrededor esperando que nadie me hubiera visto.
En esos momentos, Ally pareció acercarse más a Sacharissa, como para hablar en privado, y Keith fue tras ella. Yo me quedé sentado en mi silla apartada, y Yashira en la suya. Tenía un aspecto de semiincosciencia, realmente estaba abusando del alcohol. Estaba cuestionándome ponerle un espejo ante la nariz para asegurarme de que seguía respirando, cuando abrió un ojo y me miró de repente.
- Eeeh, Sshtark... ¡Pshenci! - Dijo, tratando de articular las palabras correctamente - ¡Dámelo!
- Eh... - Murmuré -. ¿Qué? Creo que no te he entendido...
- ¡Que me desh lo mío!
- ¿Perdona?
- ¡Lo mío! - Dijo ella, elevando un poco la voz - ¡Quiero que me den lo mío!
- Ay, madre... - Susurré, poniéndome colorado, mientras retrocedía un par de pasos -. Mira, Yashira, sé que Mark te ha dejado plantada, pero esa no es razón para que a cualquiera le pidas que...
- ¡Mis regalos! ¡Quiero mis regalos! - Gritó Yashira, a todo pulmón.
Al oir sus gritos, los demás se dieron la vuelta, y volvieron riendo a la mesa. Uno a uno, se fueron sacando algunos paquetes de los bolsillos de la túnica, y se los dieron a Yashira mientras le deseaban "feliz cumpleaños".
¡Así que era eso! ¡Era el cumpleaños de Yashira! ¡Esa era la celebración! Me sentí bastante estúpido. ¿Alguien me lo había dicho? Seguramente, seguro que alguien, pero no me acordaba en absoluto. Claro, entre los líos con cuervos parlanchines y los líos amorosos en mi cabeza estaba teniendo un despiste crónico ante todo lo demás.
Un tanto nervioso, y sintiéndome un poco mal por no haber tenido un regalo preparado, fui retrocediendo hacia la puerta, deseando que nadie me viera hacerlo. Por desgracia, Sacharissa se dio cuenta y se acercó a mí.
"Oh, no", pensé, "viene a echarme en cara no tener un regalo para Yashira".
Sacharissa llegó a mi lado, y me puso una cálida mano en la mejilla. Qué extraño. La misma mano y la misma mejilla que días atrás había tenido un encuentro mucho más repentino.
- ¿Qué tal estás? - Dijo ella, clavando sus preciosos ojos en los míos.
- ¿Eh? - Dije, desconcertado -. Bien. Bien. Qué raro que vengas a preguntar.
- Tú tampoco te has acercado mucho a mí últimamente - Dijo ella, mientras se pegaba más a mí -. Aunque podríamos arreglarlo.
De repente tuve la absoluta certeza de lo que estaba pasando. De nuevo ella estaba borracha, y de nuevo se mostraba cariñosa conmigo por eso. Sí. Ella sólo se mostraba así conmigo cuando estaba borracha, y luego no se acordaba de nada. O fingía no hacerlo, al menos. Claro. Porque para ella yo no era nada. Un entretenimiento para borracheras, como mucho.
No quería que esta vez pasara igual. No quería volver a verla al día siguiente y que ella no recordase haber sido cariñosa conmigo. No quería que me quisiera de mentira.
- ¿Ahora? - Dije, mientras me zafaba -. Es que tengo que irme. Un momento. Pero vuelvo enseguida.
Y, dicho ésto, me dí la vuelta y salí a toda prisa del bar, con la esperanza de encontrar algún buen regalo antes de que terminase la tarde.

Desde luego, no se puede decir que lo encontrara. Después de recorrerme buena parte del pueblo a la carrera, me encontré con que lo único que podía permitirme comprar con mi presupuesto era una caja familiar de grageas de todos los sabores, que tenía aspecto de poder durar todo un año, eso sí. Y si el que se las hubiese tenido que comer fuera yo, probablemente pudieran durar toda la vida.
Mientras volvía al bar, ví a los demás saliendo del pueblo, de regreso al castillo, cargando con Yashira, y corrí tras ellos. Le dí su regalo a Yashira esperando que no me lo tirase a la cara, pero tal y cómo iba ella lo mismo le podría haber dicho que eran perlas de colores de la ciudad perdida de la Atlántida. En algún momento, poco después, Ally se esfumó sin que ninguno nos diéramos cuenta hasta un rato más tarde. Al llegar, Keith y yo cargamos con Yashira hasta las escaleras donde nos dijo que la dejásemos, y Sacharissa cargó con sus regalos hasta el mismo sitio, tras lo cual nos despedimos de ella. Me dio la impresión de que lo que más nos preocupaba viendo a Yashira en esos momentos era que perdiera nuestros regalos de camino a su Sala Común.
Nosotros volvimos a la nuestra caminando despacio. Tanto Keith como Sacharissa parecían somnolientos, aunque yo no me sentía tanto así, quizá por haber bebido menos en esta ocasión. Aunque se me pasó por la cabeza, no le dirigí la palabra a Sacharissa hasta que llegamos a la Sala Común, momento en que le dije a Keith que tardaría un rato en subir a dormir. Él bostezó y me hizo un gesto con la mano ("haz lo que quieras"), mientras se encaminaba a nuestra habitación. Sacharissa, por su parte, nos miró y dijo algo que sonó parecido a "buenas noches", con ese hilo de voz que emplea la gente que necesita dormir tanto como ha bebido.
- Buenas noches - Le susurré, muy bajito, y la observé hasta que se perdió tras la puerta de su habitación.
Me desplomé en un sofá, y descubrí que lo que más deseaba en ese momento era que ella se tumbase en su cama y pensase en mí antes de dormirse.
Suspiré.
- Pero eso es imposible - Le dije a nadie en concreto.

12 Febrero, Sabado

Me levanté de la cama de un brinco, estaba contenta porque ese día íbamos a quedar todos para celebrar mi cumpleaños. Me vestí rapidamente y baje a desayunar.

Me volví a la sala común en busca de Mark, pues quería invitarle a pesar de que los últimos días hubiese estado evitándome. Cuando llegue le ví sentado en uno de los sillones leyendo un libro, así que me acerque a el.

- ¡Buenos días! - le dije

- Hola, ¿qué tal?

- Muy bien, oye ¿te vienes conmigo y mis amigos a Hogsmeade? Además a la bebida invito yo

- Lo siento no puedo ir, tengo muchas cosas que hacer. Otra vez será ¿vale?

- Bueno, tu te lo pierdes - le dije - Adiós

La respuesta que me había dado me sentó como si me hubiesen tirado un cubo de agua fría, así que decidí ir a la biblioteca a leer un poco para no pensar en ello.

Después de comer nos reunimos todos en la puerta principal. La primera en llegar fue Ally

- Hey Yashira, ¿por qué esa cara tan larga?

- Mark me dijo que no quería venir

- Vaya. ¿Le dijiste que vamos a celebrar tu cumpleaños?

- Pues... ¿no?

- ¿Qué? Yashira tendrías que habérselo dicho

- Ya, pero yo le invité a venir, si de verdad le gustase habría aceptado ¿no?

- Bueno Yashira, ya se sabe, son tíos, no esperes mucho de ellos. Así que alegra esa cara - dijo Sacharissa que acababa de llegar - Hola a ti también Ally

- Hola - dijo sonriendo

Estuvimos hablando un poco más hasta que llegaron Keith y Peter. Una vez que estuvimos todos nos pusimos en camino en dirección al pueblo, aunque demasiado callados para ser un día de libre.

Una vez allí caminamos rumbo al bar al que siempre íbamos. De repente Ally y Sacharissa empezaron llevarme hacia los escaparates que nos encontramos por delante. Eso me cogió tan desprevenida que me dí la vuelta para preguntarles que mosca les había picado, pero al hacerlo ví la razón por la que lo habían hecho. Mark estaba con sus amigos en el pueblo. Eso me dejo tan mal que me puse mas triste de lo que ya estaba, con lo que decidí que hoy tocaba borrachera de las grandes.

Después de llevar un buen rato bebiendo yo ya estaba bastante borracha, aunque los demás también lo estuviesen, por algún motivo sabía que yo era la que peor estaba. De repente y sin saber por qué me ví sentada en la mesa y enfrente de mi a Peter, a quien empecé a gritarle que me diera lo mío. El pobre se quedo a cuadros y no sabía de qué hablaba. Como veía que me ignoraban cambie el "dame lo mío" por "quiero mis regalos". Parece que fue entonces cuando me prestaron atención y se acercaron a la mesa para darme uno por uno lo que me habían comprado.
Estaba tan borracha que no sabia ni lo que me daban, pero sabía que el regalo de Sacharissa era algo que se colgaba de la varita, la cual me quitaron por miedo a que pasase algo, aunque no se que es lo que había hecho. El regalo de Ally era el más grande y tuve que posarlo en la mesa porque me pesaba un montón. El de Keith era una pelotita muy mona, que también me quitaron de las manos.

Al salir del bar sentí como el aire me daba en la cara y me refrescaba un poco. No podía caminar, así que me agarraron y me ayudaron pero no sabía quien lo hacia, cuando ví como Peter venía corriendo en nuestra dirección. Nada más parar extendió los brazos y me dio una caja con cosas dentro y le dije que me gustaba mucho.

Lo último que recordaba era que me tiré encima de la cama, y me desvestí como pude. El como llegue hasta mi habitación tendría que preguntárselo a los demás cuando los viera.

Sábado, 12 de Febrero

Por fin era Sábado, después de una larga semana donde las clases parecían no acabarse nunca y en la que habíamos empezado a ponernos en serio a estudiar, pues se nos echaba en tiempo encima, se agradecía algo de descanso, sobre todo este fin de semana en el que teníamos salida a Hogsmeade.
- ¿Porque sonríes? - me pregunto Peter mientras bajábamos las escaleras que llevaban a la sala común
- ¿Cómo que sonrió?
- Si, no has dejado de hacerlo desde que te levantaste - continuo
- ¿Si?. Será porque estoy contento. Hoy no vamos a estudiar, vamos a Hogsmeade, quede con Kate... Es un gran día.
Hacia tiempo que no me sentía tan bien, con tanto estrés encima, y con Stebbins y Mark rondándome la cabeza siempre, había comenzado a olvidar lo que se sentía estando animado y con ganas de pasarlo bien, sin preocupaciones.
Nos dirigimos al gran comedor, al entrar vimos que Sacharissa estaba ya sentada, nos pusimos a su lado y comenzamos a desayunar. Mientras que yo casi había terminado, me fije en que Peter apenas había empezado y jugaba con una tostada, girándola sobre su taza.
- ¿Te pasa algo? - le dije en voz baja para que Sacharissa no me oyese. Tenía el presentimiento de que sería por ella. Aunque no era difícil saberlo, siempre que Peter estaba abatido tenía relación o con Stebbins o con Sacharissa, la mayoría de los casos con ambos a la vez.
- No, nada. Es que no tengo mucha hambre - contestó
- Venga, dime... ¿Qué sucede? - insistí
- No es nada... Solo que pensaba. ¿Crees que Stebbins vendrá a Hogsmeade con nosotros? - dijo Peter mirándome - Como ahora anda tanto con Sacharissa quizás...
- No fastidies - interrumpí - Es lo que nos faltaba. Tranquilo no creo que venga, Sacharissa no lo llevaría.
Peter me miro sin parecer muy convencido.
- "Además en el cumple de Yashira" - pensé
Al acordarme del cumpleaños de Yashira también recordé que aun no tenía preparado su regalo. Tenía pensado regalarle un pelotita que conseguí enviando unos cupones que venían en el diario "El Profeta" y que según contaban iban a ser la nueva moda. Tenía el paquete en la habitación aun sin envolver. Peter me dijo que él iba a dar una vuelta y Sacharissa también tenía cosas que hacer, así que me dirigí solo a la sala común y subí a la habitación. Abrí la puerta, la habitación estaba completamente vacía, Molly correteaba de un lado al otro de la jaula pidiendo que la sacase un poco.
- Sabes que estas castigada - le dije - Como que por qué, pues porque el ultimo día que te saqué me pase media hora buscandote y llegué tarde a clase.
Molly se tumbo en medio de la jaula y se quedó mirando hacía mi. Cuando terminé de reprocharla se hizo una bola sobre si misma escondiendo su cabeza. Siempre hacía eso cuando se arrepentía de algo y sabía muy bien que no soportaba verla así.
- Esta bien, pero espero que no me des problemas
Molly volvió a ponerse de pie y a correr alrededor de la jaula. Me acerqué y le abrí la puerta. Ella se subió en mi mano, y la deje sobre la cama para que corretease por ahí, pero sin quitarle un ojo de encima.Abrí mi baúl y saqué la caja donde venía la pelota, quería ponerle un hechizo para que dejase una estela de colores cuando se lanzaba, así no sería igual a las demás. Saqué la pelota, agité mi varita.Justo cuando comencé a pronunciar el hechizo, Molly salto sobre la pelota, y al momento vi las consecuencias, ya que ahora era ella la que desprendía una estela azul.
- ¡Molly! - grité - Como se te ocurre...
Intente reñirla pero me resultaba gracioso ver a mi ardilla de un lado a otro de la cama dejando detrás de si una línea que iba cambiando de color.
- Pues que sepas que no se como quitártelo, y hasta que lo descubra te vas a quedar así - le dije
Pareció que a ella le daba igual, por lo menos ahora sabría donde estaba siempre y sería más difícil perderla de vista. Volví a echar el encantamiento esta vez sobre la pelotita y la guardé de nuevo en la caja.
- "Bueno ahora no sé que hacer, puedo estudiar hasta la hora de comer... o dormir hasta la hora de comer" - pensé
La cosa estaba sencilla, metí a Molly dentro de su jaula y me tumbé sobre la cama. No tarde mucho en conciliar el sueño. Me desperté unas horas después cuando se abrió la puerta de la habitación.
- ¡Ah! estas aquí - dijo Ray - siento despertarte
- No pasa nada, ¿Qué hora es? - pregunté
- La hora de la comida. Vine a por un jersey para llevar a Hogsmeade por si empeora el día - me dijo
Fui con Ray al Gran Comedor, había mucho más alboroto de lo habitual, se notaba que teníamos salida. Mire hacia la mesa de Ravenclaw a ver si veía a Catherine, pero no estaba alli, había quedado con ella en la puerta a la hora de irnos, así que no me preocupe demasiado. Durante la comida intenté animar a Peter que volvía a estar decaído de nuevo. Tenía ganas de que arreglasen él y Sacharissa las cosas de una vez porque notaba que Peter se intentaba hacer el duro, como si no le importasen las cosas, pero lo estaba pasando mal. Al terminar la comida fuimos a la puerta principal donde habíamos quedado con Yashira y con Ally como de costumbre y donde tenía pensado encontrarme con Kate.Cuando llegamos Ally y Yashira ya habían llegado, busqué con la mirada a Kate, pero no la veía, en ese momento vi que una de las amigas de Kate me hacía señales para que me acercase, así que me dirigí hacía ella para ver que quería.
- Hola - me dijo cuando estuve lo suficientemente cerca
- Hola - respondí mirando a cada una de las chicas del grupo por si no me había fijado bien antes y Catherine estaba entre ellas.
- Me dijo Kate que te buscase - comenzó a decir - es que no puede ir a Hogsmeade porque esta enferma.
Lo que me parecía que iba a ser un día fantástico comenzaba a empeorar sin remedio.
- ¿Enferma? ¿Que le pasa? - pregunté
- Ayer estuvo vomitando por la noche y la paso en la enfermería. Le dijeron que hoy no podía salir de su habitación aunque ya se encuentra mucho mejor.
- Ah, bueno dile...
En ese momento las amigas la cogieron del hombro, la gente empezaba a irse camino a Hogsmeade.
- Bueno ya nos veremos - dijo sonriendo
- Si, Adiós
Me volví y fui hacía el Peter que parecía un poco apartado del grupo mientras Sacharissa, Ally y Yashira hablaban entre si.
- Kate esta enferma y no puede venir - le dije
- ¿Estas bien? - me preguntó - No te desanimes, ya sabes que nosotros nunca tenemos suerte.
- Si, creo que tienes razón.
Pensé en quedarme en el castillo y hacerle una visita a Catherine pero me di cuenta de que no podría porque no sabía la contraseña de Ravenclaw, así que me olvide de la idea y pensé que lo mejor que podía hacer era olvidar las penas. Las visitas a Hogsmeade ya comenzaban a ser rutinarias y nos estábamos empezando a acostumbrar a la bebida con lo que cada día pedíamos más para que tuviese el mismo efecto. El cumple de Yashira tenía una pinta bastante deprimente, Peter y yo con cara de amargados, Yashira a quien también se la veía triste, Sacharissa y Ally sin saber que hacer para animar el ambiente. Pero al pasar el tiempo la bebida comenzó a surgir efecto, intenté convencer a Peter de que fuese a hablar con Sacharissa y Ally que comprendió de lo que hablábamos fue a intentar atraer a Sacharissa. Ajena a todo esto se encontraba Yashira la cual había bebido mucho más que nosotros y estaba cantando, y dando gritos. Al final todo terminó llevando a Yashira al castillo entre varios ya que apenas se sostenía en pie.
Al llegar al castillo nos despedimos, Peter, Sacharissa y yo nos dirigimos a la sala común. A pesar de haber intentado que Peter se acercase a Sacharissa y le dijese lo que sentía no lo había conseguido convencer y seguían distantes, aunque me pareció verles mirarse disimuladamente el uno al otro durante el camino, quizás efecto del alcohol o imaginaciones mías. Subí las escaleras en dirección a la habitación, aunque Peter se quedaba un rato abajo yo estaba demasiado cansado y solamente tenía ganas de echarme en la cama.
Al entrar una luz azul se movía dando vueltas iluminado parte de la habitación.
- ¡Como no deje de correr ese bicho lo voy a tirar por la ventana! - gritó Stebbins desde su cama.
Me quité la túnica y la puse sobre la jaula dejando la habitación en la más profunda oscuridad, busqué mi cama y me acosté. Mañana intentaría ver a Catherine a ver como estaba. Intenté conciliar el sueño mientras la habitación no hacía mas que dar vueltas en mi cabeza.

14 Febrero, Lunes

De nuevo empezaba la semana y todavía podía sentir los efectos de la borrachera que había el cogido el sábado en el pueblo. No podía estar más decaída ese día, era mi cumpleaños y para colmo San Valentín. Bajé a la sala común que estaba bastante llena de alumnos terminando los deberes que se nos habían mandado el viernes. Ya estaba apunto de salir de la sala común cuando Mark se acerco corriendo hacia mi, decidí ignorarlo, pues aun estaba resentida porque me hubiese mentido, pero antes de salir me agarró del hombro.

- ¡Hey! Espera un momento quiero hablar contigo - dijo Mark

- ¡Pues yo no! - le grité

- ¿Se puede saber que te pasa?

-¿Que qué me pasa? ¡Rechazaste mi invitación del sábado, dijiste que no podías ir al pueblo! ¿y que veo cuando estoy allí? ¡A ti! ¡Me mentiste! - paré de gritar para poder llenar mis pulmones de oxígeno nuevamente, mientras el se me quedó mirando con sorpresa, cuando de repente se echó a reír a carcajada limpia.

- Vaya, lo siento, no sabia que me habías visto - dijo cuando paró de reír - te lo dije porque no quería que te enterases de que en realidad fui a comprar esto - dijo sacando un pequeño paquete del bolsillo de la túnica.

Cuando lo abrí no podía creer lo que estaba viendo. Era un precioso colgante con la forma de estrella que despedía un bonito destello cada vez que se movía y que cambiaba de color cada poco. El colgante era de plata con unos brillantes, que eran los que cambiaban de color y en ese momento eran de un color azul celeste muy hermoso. De la emoción se me habían saltado las lágrimas y me tiré a su cuello sin poder contenerme.

- Y yo que pensaba que no querías venir conmigo, lo siento mucho. Siento haberte juzgado mal.

- No tienes por qué disculparte, es normal que hubieses creído otra cosa. Por cierto siento tener que ser tan aguafiestas pero si no me sueltas ya y no nos damos prisa vamos a llegar tarde a clase.

Por suerte logramos llegar justo cuando el profesor Lupin estaba en la puerta, así que no perdimos ningún punto. El resto de la mañana pasó bastante rápido y las clases no se me hicieron tan largas como de costumbre. A la hora de la comida mi hermana se acercó a nuestra mesa para darme su regalo. Era un libro de un autor muggle que se llamaba Tolkien. En la portada ponía "El señor de los anillos. La comunidad del anillo". También me llegaron el regalo de mis padres, que parecía ser la continuación del libro que me regaló mi hermana, y algunos regalos que eran de mis primos.

- ¿Por cierto, qué te regalaron tus amigos, hermanita?

- A ver... Ally me regaló una fuente de hadas con agua que cambia de color según el humor en el que este. Keith me regaló una pelotita que cuando la lanzas deja una estela azul. Peter una caja enorme de grageas de todos los sabores y Sacharissa un llavero muy mono para colgar en la varita. Mira, aquí está, ¿a que es una monada?

- Si. Por cierto tu eres Mark ¿no?

- Si, ¿por qué?

- ¿Tu no le has regalado nada? Después de todo es San Valentín

- ¡María, lárgate de una vez!

- Ah, por cierto. He oído un rumor muy raro sobre tu amiga Ally

- ¿Rumor?

- Si. Según lo que yo oí dicen que es una chica fácil, muy fácil, o algo así, pero no me hagas mucho caso. Puede que no estuviesen hablando de ella, bueno me voy

Lo que acababa de oír me dejó de piedra, aquello debía de ser un error. No quise darle muchas vueltas al asunto, ya se lo preguntaría en otro momento.

Las clases de la tarde también se me hicieron muy cortas. Mientras estábamos en la sala común haciendo los deberes de ese día Mark no paraba de hacer tonterías. Subí a mi cuarto a buscar un par de libros. Mientras los buscaba, miré la fuente. En ese momento el agua estaba de color rosa pastel. Según lo que me había dicho Ally eso significaba que estaba enamorada. Me sonrojé al pensar en ello, pero era la verdad.
Cuando bajé me asaltó con el tema de que todavía no había tenido la oportunidad de pedirme una cita. Me había quedado sin habla, a lo que el sonrió y decidió quedar al día siguiente cuando acabasen las clases. No podía creerlo, tenía una cita.

Domingo, 20 de Febrero

Una leve brisa entraba por la ventana, comenzaba a amanecer, permanecía sentado sobre mi cama esperando el momento adecuado para despertar a Peter. No había podido dormir en toda la noche pensando en lo que se avecinaba, estaba nervioso, tenía miedo de que cualquier imprevisto estropease todo lo planeado. Me levanté, contemplé como los primeros rayos de sol empezaban a aparecer, creía que ya era el momento de prepararse.

- Peter, es la hora - le dije en voz baja mientras le daba pequeños golpes en el hombro para que se despertase.

Peter abrio levemente un ojo, me miro, y sin decir nada cambio de postura y continuo dormido

- Venga, arriba. - lo zarandee de un lado a otro.
- ¿Que pasa?, Tengo sueño - dijo medio dormido
- Levántate, Thomas nos debe estar esperando ya

Peter abrió los ojos, pareció que ya recordaba porque se tenía que levantar, su mirada denotaba inseguridad, él se había pasado toda la semana siendo como mi conciencia e intentando hacerme ver que no creía que lo que íbamos a hacer estuviese bien, no estaba seguro de que fuese la solución, pero yo si lo estaba y agradecía que él aun sin aprobarlo, permaneciese a mi lado y me ayudase.

- Keith...
- Psss... vamos abajo. No se vaya a despertar Mr.Prefectillo - le susurré

Salimos de la habitación de puntillas intentando hacer el mínimo ruido posible. Cerramos la puerta con cuidado y nos dirigimos a la sala común. Los pasillos estaban completamente desiertos, ningún alumno solía madrugar un domingo. Al entrar en la sala común vimos a Thomas que paseaba de un lado a otro.

- ¿Porque habéis tardado tanto? Tenemos que darnos prisa - dijo mientras nos lanzaba unos jerséis negros.
- Es que me costo un poco despertar a Peter - dije sonriendo
- Yo creo que seria mejor dejarlo para otro día - dijo Peter mientras se ponía el jersey.

Habíamos decidido no ponernos las túnicas puesto que sería fácil que nos identificaran por el escudo, Thomas nos había conseguido los jerséis y unos gorros de invierno a los que les habíamos echo dos agujeros para los ojos, y usaríamos como mascaras. Salimos de la sala común, los patios del colegio parecían completamente distintos por la ausencia de alumnos, nos dirigimos hacia la lechuzería con cuidado de no ser vistos, Thomas se paraba en cada esquina y ojeaba a ver si todo estaba despejado para poder continuar el trayecto.Llegamos a la lechuzería sin cruzarnos con ningún profesor, las lechuzas estaban en silencio, aun dormidas.

- Bueno aun es temprano - dijo Thomas
- ¿Crees que tardara mucho? - pregunté
- 20 o 30 minutos. Espero que no venga nadie mas

Nos pusimos en una esquina vigilando el pasillo que conducía a la lechuzería, estaba nervioso, quizás no fuese buena idea, pero daba igual no me podía echar atrás después de tanto tiempo preparándolo.

- Peter, hacemos como lo hemos hablado. Tu vigila que no venga nadie
- Ok, Ok. Pero no os paséis. - Contestó inseguro

Permanecimos en silencio. Las lechuzas comenzaban a despertarse y revolotear. La espera se me hacía muy larga, igual no venía, al pensar eso noté como se me quitaba un peso de encima y me sentía mucho más relajado, pero la tranquilidad no me duró mucho.

- Ahí viene - oí decir a Thomas

Me asome un poco, contemplé como una figura se dirigía hacia nosotros, andaba con paso acelerado y llevaba un paquete en la mano.

- Esconderos - dije en voz baja

Rápidamente nos dirigimos al fondo del pasillo y nos ocultamos detrás de unas columnas, desde allí podíamos ver la entrada de la lechuzería. Vimos como la figura adentraba en ella sin percatarse de nuestra presencia.

- Bueno es la hora - dije - Thomas lo cojemos a la salida. Peter vigila.

Nos pusimos los gorros ocultando con ellos nuestros rostros. Thomas y yo nos dirijimos a la puerta de la lechuzería colocándonos uno a cada lado, observamos como Mark le ataba el paquete a una gran lechuza grisacea. Peter nos observaba colocado otra vez en la esquina mirando a los lados preocupado. Escuchamos como la lechuza emitía un chillido y salía volando a gran velocidad. Era el momento. Contuve la respiración. Pensé en Mark y Kate juntos. Se volvió a abrir la puerta de la lechuzería, y en ese mismo instante Thomas se abalanzo sobre Mark, sujetándole los brazos por la espalda de manera que quedaba inmóvil justo delante de mi. Las lechuzas comenzaron a alborotar al tiempo que Thomas y Mark forcejeaban, este ultimo intentando zafarse. Me acerqué rápidamente a ellos, y sin darle tiempo a reaccionar, cerré el puño y le pegué en la cara. En ese momento ya no sentía nervios, ni miedo, me daba igual que apareciese Snape ahora y nos pillase. Volví a golpear a Mark, esta vez en el estomago, haciendo que se inclinase hacia delante. En ese momento Mark levanto una pierna y poniéndola en mi estomago se impulso echándose junto con Thomas contra la puerta y haciendo que yo me golpease en la cabeza con una columna. Quede un momento arrodillado en el suelo, pero no sentía dolor, volví a levantarme y me dirigí hacia él. Volví a golpearlo mientras noté como alguien se acercaba por detrás.

- Venga, vamonos - me dijo Peter que estaba a mi lado - Ya es bastante

Mire a Peter, y en ese instante vi como Mark conseguía soltar un brazo sin que Thomas pudiese sujetarlo y me lanzaba un puñetazo, Peter se giro en ese momento hacia Mark y el puño fue a parar a su cara. Peter se tambaleo, pero se mantuvo en pie. Thomas rápidamente volvió a sujetar a Mark tirandolo al suelo. Peter me miro, pero ya no era la mirada cauta que tenía con anterioridad, se giro y buscó a Mark, y comenzó a pegarle patadas en el vientre.

- Pero serás... - balbuceaba

Thomas soltó a Mark que quedo tirado en el suelo.

- Venga vámonos - dijo Thomas
- No te vuelvas a acercar a Kate - le susurré a Mark

Echamos a correr en dirección a la torre de Slytherin, al girar una esquina casi pisamos a la gata de Filch.

- Tener cuidado - dije mientras me quitaba el gorro

Thomas y Peter hicieron lo mismo. Llegamos a la entrada de la sala común, en el interior podíamos distinguir el sonido de los alumnos que comenzaban a levantarse.

- Bueno ahora entrar con normalidad - dijo Thomas
- Peter, estas sangrando - le dije fiándome en unas gotitas rojas que le salían de los labios.

Peter se llevo la mano a la boca.

- Creo que no soy el único - dijo señalado a mi cara

Me notaba algo extraño en la ceja, ahora comenzaba a sentir el dolor del golpe contra la columna.

- Ir a los baños, no podéis entrar así. Os llevo ahora algo para limpiaros - dijo Thomas

Thomas entró en la sala común, mientras nosotros nos dirigíamos a los lavabos. Me acerqué al espejo para ver donde tenía la herida, era una pequeña brecha sobre la ceja, no parecía muy profunda, sin embargo Peter no hacia mas que enjuagarse la boca y no echaba mas que sangre.
- ¿Estas bien? - le pregunté
- Si es un corte sin importancia
- Oye... Muchas gracias... - nos sabia como agradecerle el que permaneciese a mi lado
- No es nada, somos amigos ¿no? - dijo sonriendo
- Si, si alguna vez necesitas algo, ya sabes donde estoy

Me di cuenta que no se puede juzgar a una persona sin conocerla, y hace unos meses ni se me habría pasado por la cabeza pedirle a Peter su ayuda, pero se había ganado completamente mi confianza y era afortunado por contar con su amistad. Poco tiempo después entró Thomas en el baño, llevaba en la mano un pequeño bote.

- Echar esto en las heridas, es una poción de curación - dijo

Hicimos lo que no dijo, la poción era de un color anaranjado y al contacto con la herida salían unas burbujas amarillentas. Las heridas dejaron de sangrar aunque yo aun tenia la ceja hinchada y Peter tenia el labio el doble de grueso de lo normal.

- Bueno eso bajara con el tiempo - decía Thomas mientras se guardaba la poción

Nos despedimos de Thomas que de dirigió al Gran Comedor, mientras Peter y yo subimos a nuestra habitación a por nuestras túnicas. Bajamos a la sala común, buscamos a Sacharissa con la mirada pero no la encontramos, supusimos que ya se habría dirigido a desayunar. Salimos de la sala común en dirección al Gran Comedor, al entrar vimos a Sacharissa sentada sola, así que nos dirigimos hacia ella

- ¿Dónde os metéis? Ya termino casi todo el mundo su desayuno - nos dijo al vernos
- Es que nos costó levantarnos - dije fingiendo cara de cansancio

Sacharissa se nos quedó mirando fijamente. Note como pasaba su mirada por mi ceja y por el labio de Peter.

- ¿Estáis bien? ¿Por que tenéis...? - comenzó a decir señalándonos
- Si, Si - la interrumpí - Es que... tropezamos bajando las escaleras de la sala común y choqué contra Peter

Miré hacia él, parecía estar despistado, pero rápidamente reaccionó asintiendo con la cabeza.

- Si, menudo golpe - dijo Peter llevándose la mano a su labio dañado

Sacharissa nos volvió a mirar sin decir nada, parecía no creerse ni una palabra de lo que le decíamos, casi nunca creía nada de lo que le contaba y era normal, porque siempre intentaba ocultarle este tipo de cosas, aunque ella tenía un sexto sentido para adivinarlas. Agacho la cabeza, y cogió una magdalena.

- Vaya torpes que sois - nos dijo

Comenzamos a desayunar, constantemente me fijaba en la mesa de Gryffindor a ver si aparecía Mark, también estaba pendiente de la de Ravenclaw en la que si localizé a Catherine junto a su amiga. Cuando los tres habíamos terminado y estábamos haciendo un poco de tiempo, esperando a Ally y Yashira para ir a dar una vuelta, me fije en que Catherine y su amiga se habían levantado y estaban hablando con un alumno de su casa, en ese momento pareció que les dijo algo importante porque las dos pusieron cara de preocupación y salieron rápidamente del comedor.

- ¡Estáis aquí! - dijo Yashira sobresaltándome. Parecía acalorada
- Claro que estamos aquí. ¿Dónde quieres que estemos? - contestó Sacharissa
- Ya... Ya - dijo Yashira cogiendo aire - Es que... tengo que contaros una cosa...

Peter y yo nos miramos, y seguro que no estábamos equivocados de por donde iban los tiros.

- ¿Te pasa algo? - le pregunto Sacharissa que parecía preocupada
- Eh... no no, a mi no. Es Mark - respondió

Habíamos acertado de lleno, los nervios me invadieron, posé la taza sobre la mesa, ya que había comenzado a agitarla peligrosamente al oir ese nombre.

- Es que me acaban de decir que está en la enfermería - continuo Yashira - Ha tenido un accidente esta mañana.
- ¿Un accidente? - dijo Sacharissa mirándonos a Peter y a mí de reojo - ¿Qué le paso?
- Aun no lo sé, vamos a ir Ally y yo a hacerle una visita ¿Nos acompañas?

Sacharissa nos miró, los dos sabíamos lo que pensaba, y yo temía su reacción.

- Umm... Si, si, ir yendo yo voy enseguida - dijo cogiendo una pasta
- Esta bien, te esperamos fuera, pero no tarde por favor - dijo Yashira dando la vuelta y alejándose a la misma velocidad a la que había venido.

Agaché la mirada, y volví a cojer la taza para disimular y no mirar a Sacharissa.

- Bueno nosotros... nos iremos ya, que tenemos cosas que hacer - dije levantándome y mirando a Peter que me había entendido la estrategia y se estaba también levantando.

Miré a Sacharissa que permanecía sentada, en ese momento se giró y miró hacia mi, su mirada me atravesó. Decidí que lo mejor sería sentarse y explicárselo, o al menos intentarlo. Volví a sentarme, Peter estaba de pie sin entender muy bien porque me levantaba y me sentaba.

- Así que las heridas os la hicisteis porque os caísteis ¿no? - dijo Sacharissa mirándonos
- Si nos caímos - contesté - pero quizás no por las escaleras - le solté bajando la voz
- Espero que no se enteren los profesores - dijo Sacharissa levantándose, y sin mirarnos salió del comedor
- Bueno se lo ha tomado bien - dijo Peter
- ¿Tu crees?, yo creo que estaba bastante enfadada. Quizás sea mejor discutir con ella, por lo menos así sé que se preocupa por nosotros - dije
- Quizás no lo haga - contestó Peter

Fuimos a la sala común, cogimos los libros de Defensa contra las Artes Oscuras para hacer una redacción que teníamos que entregar el lunes y nos sentamos en los sofás. Apenas me podía concentrar en los libros no hacía mas que pensar en lo que pasaría si Mark nos acusaba, si Snape se enteraba.

- Keith, ¡Keith!

Abrí levemente los ojos, una figura estaba enfrente de mi. Poco a poco la imagen se fue haciendo más nítida y me di cuenta de que era Thomas

- Te has quedado dormido - dijo Peter - Ya terminé la redacción, menudo rollo
- Es que ayer no conseguí dormir nada. ¿Que quieres? - le pregunté a Thomas
- Solo quería decirte que Mark ya salió de la enfermería, no tenía nada grave, solo paso unas horas allí, en unas semanas se le quitaran las marcas - dijo sonriendo - Solo era para que no te preocupases demasiado

Thomas subió las escaleras en dirección a los dormitorios.

- Puff, no me puedo concentrar, creo que lo mejor será que vaya a despejar un poco. Y de paso ir a ver si encuentro a Kate. ¿Te vienes?
- ¿Yo? ¿Contigo y con Kate?, no no, mejor vete solo, yo me quedo aquí intentando adelantar algo con Historia de la Magia - contesto Peter
- Esta bien. Nos vemos

Me dirigí hacia la biblioteca, supuse que Kate seguramente se encontraría allí preparando alguna de las asignaturas. La biblioteca estaba llena de alumnos que andaban de estantería en estantería con montones de libros. Di una vuelta a ver si la veía pero después de 5 minutos esquivando gente aun seguía sin verla. Durante ese tiempo aproveche para coger un libro que me vendría muy bien para la redacción que tenía que hacer y decidí volver con Peter. Por el camino fui ojeando las páginas, había muchos conjuros básicos, como el "Ridiculus" utilizado contra los Boggart, pero también los había muy interesantes, incluso alguno que seguramente ni siquiera podría realizar aun. Iba enfrascado en la lectura cuando de pronto algo golpeó mi libro y cayó al suelo. Alcé la mirada y di unos pasos atrás sorprendido.

- Ya vemos que no eres tan valiente sin tus amiguitos ¿no?

Mark estaba delante de mi escoltado por dos de sus amigos Gryffindor. Uno era de mi misma altura aunque se le notaba mucho más fuerte, el otro era mas bajito, me sonaba de haberlo visto antes, tenía un año más que nosotros.

- ¿Que dices? - disimulé
- No te hagas el tonto, sabemos que fuiste tu - dijo el bajito adelantándose
- ¿Que yo que? - dije mientras miraba a mi alrededor.

Los pasillos estaban vacios, a si que estaba solo. No sabía muy bien como actuar, sabia que contra los tres juntos no tenía posibilidades.

- Así que en el fondo eres un cobarde, ni siquiera tienes el valor de admitir que me disteis una paliza sin dejarme defenderme - dijo Mark

Tenía toda la cara llena de marcas, apenas podía distinguir su ojo izquierdo debido al hinchazón.

- Así que te dieron una paliza. Yo pensaba que solo habías tropezado con tu nariz. Ya sabes por meterla donde no te llaman - contesté

Noté como sus dos compañeros cerraban los puños, intentaba estar pendiente de ellos con el fin de poder esquivar un supuesto golpe. Metí disimuladamente mi mano en el bolso de mi túnica en busca de la varita.Mark me dio un empujón.

- Lo único que pasa es que no eres muy buen novio. Según tengo entendido

Saqué la varita y apunté hacia él. Sin darme tiempo a reaccionar un puño me golpeo la mandíbula, caí hacía atrás y la varita se me escapó de la mano. Quedé tendido en el suelo. Al alzar la vista vi al alumno bajito agitando el puño.

- ¿Quieres mas? - dijo - Tranquilo que lo vas a recibir

Se acercaron los tres hacía mi, busqué con la mirada mi varita, estaba lejos de mi alcancé, ya estaban a mi lado, intente levantarme, cuando vi que el chico bajito volvía a levantar el brazo, en ese momento un haz de luz verde le golpeo en el pecho y salió despedido unos metros hacia atrás arrastrando junto a él al otro chico. Mark permanecía de pie, me levanté y busqué el origen del haz de luz. Una figura avanzaba hacia nosotros con la varita alzada. Me alegre mucho al ver a Sacharissa, se dirigía hacia nosotros sin pestañear apuntando a Mark, tenía ganas de abrazarla pero me contuve, me agache y recogí mi varita.

- ¿Que estáis haciendo? - dijo Sacharissa
- Esto no va contigo - respondio Mark - solo con Keith

Mark metió la mano en el bolsillo.

- Ni se te ocurra - Sacharissa acercó la varita a su cara - Si va con él también conmigo

Mark sacó la mano del bolsillo, sus dos amigos se comenzaron a levantar.

- Quizás debería avisar a Snape de lo que estabais haciendo - les recrimino ella
- Eso, así le contaríamos lo que Keith hizo esta mañana - contestó Mark
- Supongo que tendréis pruebas ¿no? - les dijo Sacharissa esbozando una media sonrisa, pero que no era ni mucho menos agradable.
- Otro día será - dijo el chico bajito

Oímos unos pasos que se acercaban, Ally y Yashira llegaban corriendo por el mismo sitio por el que había aparecido Sacharissa.

- Estas aquí, echaste a correr de repente - dijo Yashira - ¿Qué pasa? - preguntó al ver a Sacharissa sosteniendo la varita.
- Nada - contestó, guardandola en la túnica.

Yashira miró hacia Mark y luego hacia mi, nadie dijo nada.

- Bueno nosotros nos vamos - dijo Sacharissa mirándome

Recogí el libro del suelo

- Mañana nos vemos - les dije a Ally y Yashira

Yashira y Ally se quedaron hablando con ellos mientras Sacharissa y yo nos dirigimos a la sala común. Antes de entrar, me pare para agradecerle a Sacharissa lo que acababa de hacer.

- Sacharissa... yo... Pensaba que estabas enfadada - comencé a decirle
- Lo estaba - contestó - pero... quizás tengas razón, es un cretino
- No sé como darte las gracias - dije
- No hace falta - respondio sonriéndome
- Te debo una
- Si, me la debes - contestó

Entramos en la sala común, detrás de un montón de pergaminos vimos a Peter, estaba dormido, parecía ser que yo no era el único que se pasaba las noches en vela. Decidimos no despertarlo y dejarlo descansar un poco. Nos pusimos a hacer la redacción de Defensa contra las Artes Oscuras, fue más rápido de lo que creíamos puesto que cogimos muchas de las ideas que Peter había escrito, por no decir todas. Cuando Peter se despertó le conté lo sucedido, enfatizando la aparición de Sacharissa, por un momento me sentí a gusto, riéndonos de las caras que habían puesto Mark y sus amigos, sin las tensiones habituales entre ellos dos

25 de Febrero, Viernes

- Yaaaaawn - Bostecé -. No encuentro inspiración, Esk.
Me había sentado junto al mismo árbol de siempre tras las clases de la tarde, con la intención de dibujar algo antes de ponerme a estudiar, pero la combinación de cielo nublado y falta de sueño no me dejaban concentrarme. Me froté los ojos con los nudillos y observé las ondulaciones distantes sobre la superficie del lago con indiferencia.
- Bueno, Esk - Dije, mirando a mi gata -, pues vamos a estudiar un poco.
Guardé el pergamino en el que pensaba pintar algo y saqué el libro y los apuntes de la clase de Historia de la Magia que habíamos tenido por la tarde.
- Ah, mi eterna enemiga - musité mientras extendía las últimas hojas de apuntes ante mí para tratar de ordenarlas, con tan mala suerte que al colocar la primera salió volando y cayó en el interior del lago, a varios metros de la orilla. Saqué mi varita y apunté a la hoja de papel sin demasiada convicción. El papel ya estaba empapado.
- Bah - murmuré mientras me guardaba la varita de nuevo.
En esos momentos escuché un aleteo a mis espaldas. Me giré y vi a Zoro posado en el árbol tras de mí, mientras Esk bufaba como de costumbre. Le acaricié el lomo hasta que pareció calmarse un poco.
- ¡Zoro! - Exclamé después -. ¡Y el hombre que maneja los hilos, o quién sea! Llegáis a tiempo, ¿sabéis? Cinco minutos más, y a lo mejor hasta me habría puesto a estudiar, ¡quién sabe!
Zoro aleteó un poco sobre una rama del árbol y se concentró en rascarse con el pico lo que sería su sobaco, supongo.
- Tengo un experimento en proyecto - Continué, con ganas de quejarme. Últimamente sólo soltaba mi mal humor con Zoro. Bueno, y a veces con Sacharissa. Aunque no tenía muy claro si alguien se lo merecía -. Mi experimento consiste en averiguar si alguien puede aprobar los TIMO's sin tocar un libro. Arriesgado, sí, pero innovador.
En ese momento Zoro se puso rígido de repente, como impulsado por un resorte, y clavó su ojo rojizo en mi, como de costumbre. Las palabras, también como de costumbre, "aparecieron" poco después en mi cabeza.
"No vengo a verte ni siquiera una vez por semana y sé que mis pequeños encargos no pueden llevarte mucho tiempo, ¿y me acusas de no dejarte estudiar?"
- ¿Pequeños encargos? - Dije, enfadado - ¿Sabes lo qué me pasó en tu último pequeño encargo? Sí, ese tan inofensivo de subir hasta nosécuál escalera y buscar nosécuál cuadro de un tipo macabro en su cama - Adopté un gesto teatral -. ¡Pues me pasó que el mismísimo Sirius Black me atacó! Estaba cumpliendo tu "pequeño encargo" cuando noto que algo frío me roza el cuello, me giro y ¿qué veo? ¡A ese asesino apuntándome con una espada! ¡A saber de dónde la había sacado! Y va, y me suelta "Starkey, dame los pergaminos, o te rebano en pedazos". Y claro, yo... Menos mal que llevaba encima mi varita, un sólo movimiento desde mi bolsillo y ¡Zás! Le desarmé, le apunté con mi varita, y le dije "Ven a por ellos", y entonces fue cuando él convocó al ejército de...
Me quedé mirando a Zoro, que me miraba muy fijamente, y comencé a ponerme colorado.
- Esto... ¿No podrás leerme la mente con ese ojo...? - Dije, y bajé un poco la cabeza -. Me llevé un susto tremendo, y me fastidia no poder contarle a mis amigos que... Bueno, que Sirius Black se chocó conmigo.
"¿Amigos?"
Por un momento me dio la impresión de que Zoro arqueaba una ceja, pero al fijarme me di cuenta de que eran imaginaciones mías.
"Deja de desear amigos, Peter. Ya sólo te quedan dos pergaminos"
- Sí - Dije, con tono fastidiado -, el As de Picas y el Comodín, y tendré repóker de ases, mira tú que bien, la colección completa.
"Uno no sirve sin los demás, ya lo sabes.
- No, no lo sé - Dije, enfadado -, y no lo sé porque tú no me has dicho para que sirven. Sólo sé que tienen escrito H.S. en una esquina, y que por eso te ayudo, pero por lo demás... ¡Creo que eres un interesado!
"Paciencia..."
- Paciencia - Dije, tratando de imitar el tono de algo que en realidad no había oído -. "Paciencia, Peter", "lo sabrás en su momento, Peter", "lo averiguarás cuando cruces las tres puertas del Oráculo del Sur, Peter" - Suspiré, y recogí del suelo el libro de Historia de la Magia -. ¿Y se puede saber dónde está escondido el siguiente pergamino?
"Debes saberlo, por supuesto. Se encuentra en el despacho del profesor de Pociones"
El libro de Historia de la Magia cayó al suelo, abriéndose por la mitad.
- ¿Qué? - Me escuché decir a mí mismo, con una voz tremendamente aguda.
"Debajo de una baldosa, a la derecha del escritorio"
- ¿En el despacho del profesor de Pociones?
"Eso es"
- ¿En el despacho del actual profesor de pociones?
"No creo que hayan cambiado el sitio, no..."
- ¿En el despacho de Snape?
La voz pareció meditar un momento.
"Vaya, Severus, así que es él, ya me parecía que su cara me sonaba... Quién iba a pensar que llegaría a hacerse profesor de Pociones..."
- ¡Oh, así que le conoces! - Dije, sin pensar demasiado - ¡Entonces sabrás que si me cuelo a rebuscar en el despacho de Snape debería ir comprándome un billete de vuelta a casa, ¿no?!
"Peter"
- ¡Qué!
"A estas alturas ya te has ganado mi confianza, sé que no me fallarás. Tienes suficiente ingenio"
Y, dicho ésto, Zoro dio un saltito sobre la rama y salió volando hacia el cielo nublado. Me quedé observñandolo, sintiéndome a la vez furioso y halagado.
- ¡Podías haberme aconsejado algo! - Le grité al pájaro mientras se alejaba.
Volví a agacharme para recoger el libro del suelo, y me crucé con la mirada de Esk al incorporarme.
- ¿Sabes? - Le dije -. Estoy harto. Verdaderamente harto. De todo ésto.
Guardé el libro en mi bolsa.
- Así que no pienso hacerlo - Dije, tranquilamente -. Se terminó. Y ya está.
Me quedé de pie un instante, escuchando el viento colarse entre las hojas del árbol a mi lado.
- Bueno, venga, vamos - Refunfuñé.

Conté el tiempo. Tres minutos. Había vuelto a la Sala Común para dejar a Esk en la habitación, y ahora llevaba tres minutos delante de la puerta del despacho de Snape.
Bueno, pensé, ya está bien, a la de tres.
Uno...
Dos...
La puerta se abrió ante mí.
- ¡Ah! - Exclamé.
- Señor Starkey - Dijo Snape, mirando hacia mí con el ceño fruncido - . ¿Qué le trae por aquí?
- Yo... - Titubeé un momento. De repente el plan que había ideado me parecía muy absurdo, y antes de darme cuenta me encontré diciendo cosas que quizá fueran más absurdas - ¡Yo creo que necesitaría clases de apoyo!
- Eso no lo discuto - Dijo Snape, arqueando una ceja.
- No sé si es posible - Continué, con la impresión de que me arrepentiría de decir todo aquello -, pero si usted accede, me gustaría repasar algunas pociones, quizá una hora a la semana, si tiene algún hueco por alguna parte...
- ¿Y viene a pedirme ayuda voluntariamente? - Snape parecía sorprendido, y a la vez divertido -. No digo que no la necesite, pero no pensé que tuviera el valor de venir a pedirla después del desperdicio de calderos que hace en las clases...
Me puse muy colorado, y bajé la cabeza.
- Sólo quiero mejorar de cara a los TIMO's...
- Claro, claro - Dijo Snape, con un gesto de asco en su cara -, ya le avisaré en las clases si tengo tiempo algún día, aunque no creo que le sirva de mucho. Y ahora apártese, tengo que salir.
Snape se dispuso a cerrar la puerta, cuando recordé el verdadero motivo por el que había ido a su despacho.
- ¡Espere!
Snape se volvió hacia mí, como alguien que tiene que tratar con una persona tremendamente molesta.
- Yo... Ehm... Verá, hace ya días que... Bueno, ehm... Alguien, creo que alguien del cuarto... Sí, seguramente alguien del cuarto, alguien alto, no sé, pero alguien me robó la almohada, y...
- ¿La almohada? - Dijo Snape.
- Sí, la almohada, yo no sé quién sería ni para qué la querría, pero desapareció y... Bueno, ehm, he preguntado, y me han dicho que debo pedirle una a usted, y...
- ¿A mí? - Preguntó Snape, frunciendo el ceño -. ¿Quién le ha dicho eso?
- Ah, pues... - Respondí -. Pues el Prefecto, él me lo dijo, me dijo que usted tenía las almohadas, que le pidiera una a usted. Ejem. Eso.
Snape parecía desconfiar. Bajé la cabeza y me concentre en observar mis zapatos.
- Está bien - Dijo Snape, enfadado -. Espere en mi despacho, señor Starkey.
Dicho ésto, se alejó apresuradamente por el pasillo. Me quedé de pie mirando en la dirección en que se había ido, inseguro acerca de qué hacer. Finalmente, miré atentamente a ambos lados del pasillo y entré en el despacho de Snape, entornando la puerta tras de mí.
- Ay, madre - Susurré, con la esperanza de que mi propia voz sirviera para tranquilizarme -, ¿pero a quién se le ocurre esconder nada aquí? ¿Qué profesor había antes en este despacho, para que resultara fácil colarse? Y además... ¿Quién asegura que el pergamino seguirá en su sitio? ¿Y si el propio Snape lo ha encontrado? O peor... ¿Y si me pilla encontrándolo? ¿Me lo quitará? ¿Qué hará con él? Y... ¿Qué hará conmigo?
Pensándolo mejor, mi propia voz no me ayudaba a tranquilizarme.
Observé el escritorio de Snape ante mí. "A la derecha del escritorio".
- ¿A la derecha desde la puerta, o a la derecha desde el escritorio? - Murmuré -. Y... ¿Y si han cambiado el escritorio de sitio?
Sacudí la cabeza.
- Calma, Peter, tranquilízate. Lo lógico será que esté a la derecha según entras, que esté ahora mismo a la derecha. A mi derecha.
Nervioso, me adentré en el despacho hacia la parte derecha del escritorio, buscando torpemente en mi bolsillo hasta encontrar mi varita. Al llegar y apuntar hacia el suelo con ella, me dí cuenta de lo mucho que me temblaba el pulso. Me agaché y observé el suelo. No parecía haber más que un caldero junto al escritorio, y a su lado sólo unas pocas baldosas. Apunté con la varita hacia ellas, pero no sentí la habitual atracción de la varita que había sentido en las ocasiones anteriores. Lentamente, golpeé con un toquecito la baldosa más cercana al escritorio que veía.
- Por la espesura de mi sangre, yo te requiero - Murmuré, sintiendo un escalofrío en la espalda.
No pasó nada.
- ¡Por la espesura de mi sangre, yo te requiero! - Dije, golpeando la segunda baldosa.
Nada.
- ¡Por la espesura de mi sangre, yo te requiero, por la espesura de mi sangre, yo te requiero! - Susurré nerviosamente mientras golpeaba todas las baldosas que estaban a ese lado del escritorio, sin resultado.
- vale, vale, no pasa nada - Susurré mientras me ponía en pie, lentamente -. Es sólo que lo he entendido mal. Es la derecha del escritorio, estando sentado en él, de eso se trata, sólo tengo que ir al otro lado.
Me tambaleé hacia el otro lado del escritorio, y volví a agacharme. A este lado se veían algunas baldosas más, pero la varita tampoco parecía reaccionar. Comencé a sudar. Apunté hacia la baldosa central y repetí las palabras mágicas.
Sin resultado.
No esperé más, y comencé a golpear las baldosas al azar mientras repetía la frase una y otra vez, pero no estaba funcionando en absoluto.
Y comenzaban a escucharse pasos apresurados por el pasillo.
- ¡Mierda! - Dije, poniéndome en pie, y sintiendo la frente empapada en sudor.
Me acerqué lentamente a la puerta.
No lo he conseguido, pensé, no hay pergamino, Snape lo ha sacado de su escondite y se lo ha quedado para él, o lo ha tirado al no saber qué era, o... Lo que sea. Pero aquí se acaba el misterioso caso de los pergaminos. Aquí se acaba...
De repente me giré hacia el escritorio, recordando algo. Al agacharme junto al escritorio, en el primer lado en que lo había hecho, había menos baldosas que al otro... ¡Había menos baldosas visibles! ¿Cómo había podido ser tan tonto? Eché a correr de nuevo a ese lado del escritorio, mientras los pasos se escuchaban más cerca. De camino me tropecé con mi propia túnica y caí justo al lado, lo cual en cierto modo me ahorró tiempo.
Aparté el caldero que había visto junto a la mesa de un golpe con mi mano izquierda, mientras volvía a sacar mi varita para apuntar a la baldosa que estaba justo bajo el centro del caldero con la otra.
- Por la espesura de mi sangre, yo te requiero - Dije, tratando de mantener la calma.
Por un segundo no pasó nada. Después, la baldosa se deslizó lentamente a un lado y el cuarto pergamino surgió de la oscuridad. En cuanto asomó un extremo lo cogí de un tirón y lo guardé en mi túnica.
En el siguiente segundo coloqué de nuevo el caldero sobre la baldosa (que aún no había terminado de cerrarse de nuevo), me puse en pie y la puerta se abrió tras de mí. Me giré sobresaltado para ver a Snape entrar con gesto de enfado, y una almohada en la mano, que me lanzó a los brazos tras pasar el umbral.
- Para otra vez, ve a hablar directamente con Filch - Dijo -. Y ahora, sal de aquí, ya te he dicho que tengo prisa.
Le dí las gracias, aún nervioso, y salí apresuradamente de su despacho. Una vez fuera, corrí sin detenerme hasta mi habitación, pensando que el día ya tenía que estar completo.
Desde luego, no puede pasarme nada más emocionante que ésto, me dije.

Entré en mi habitación con la almohada bajo el brazo y los cuatro pergaminos extendidos ante mí, como si fueran cartas de una baraja, y me dirigí a mi cama directamente para examinarlos más detenidamente. A medio camino, escuché una voz conocida a mis espaldas.
- No te preocupes de saludar.
Me giré, sobresaltado, para ver a Sacharissa tumbada, sin su túnica, sobre la cama de Stebbins. Me observaba con ojos fríos, y por un momento me sentí avergonzado por haberme asustado al oír su voz. Sin duda lo había hecho a propósito.
- No... No te había visto - Respondí, mirando hacia otro lado.
- Hace mucho tiempo que no me ves, entonces.
Me sentí furioso. ¿A qué se refería? ¿Acaso no había sido ella la que se había aliado con ese idiota y había pasado de nosotros?
- Es que no suelo mirar mucho en las camas de quienes me caen mal... - Respondí, señalando a la cama de Stebbins con la barbilla -. ¿Qué haces ahí?
- Esperar a Stebbins, obviamente.
Claro, cómo no.
Coloqué mi almohada en mi cama, tratando de no pensar en Stebbins.
- Bueno, al menos no vienes a robar almohadas... - Dije.
- No me dedico a eso - Dijo ella, con tono de indiferencia -. Aunque tampoco suelo perderlas.
Me puse colorado y me giré de nuevo hacia ella.
- No la perdí, me la robaron, creí que ya lo sabías - Dije, un tanto molesto.
- Bueno... - Dijo ella, en el mismo tono de antes -. Tampoco creo que dijeras que la habías perdido. Es algo ridículo.
Presentí que de nuevo Sacharissa y yo íbamos a acabar mal, y ya estaba cansado de ello, pero me estaba sacando de quicio.
- Oye, ¿seguro que has venido a esperar al señor Prepotencia? - Dije, sin poder evitar mi enfado -. ¿No has venido más bien a incordiar?
- No - Respondió ella, aún fría -. No tengo ningún interés en incordiarte.
- Vale, pues entonces no creo que te interese quedarte aquí, ¿por qué no le esperas en la Sala Común?
- Porque me ha dicho que le espere aquí.
- Ya, pero resulta que esta es mi habitación, y ahora me gustaría tener un poco de intimidad, ¿de acuerdo? Preferiría que te fueras.
Sacharissa pareció mostrar su enfado al fin.
- He quedado aquí y aquí esperaré - Dijo.
- Bueno, ¿y si quiero cambiarme de ropa?
- No creo que haya mucho que ver - Respondió ella, con tono de desprecio.
Me sentí aún más furioso. Las discusiones con Sacharissa me dejaban un sabor de inmensa tristeza pasadas unas horas, pero en el momento me ponían cada día más furioso.
- Entonces no te perderás nada si te largas - Dije, acercándome un par de pasos a la cama de Stebbins, sintiendo por un instante el impulso de cogerla del brazo y echarla de la habitación.
- También podrías cerrar el dosel de tu cama - Dijo ella, ignorándome.
- Me cambio mejor si estoy de pie... - Suspiré, y traté de calmarme, no quería actuar de forma impulsiva -. Mira, si vas a esperar en la habitación, ¿qué tal si al menos te dignas a esperar en la puerta? No creo que a ningún profesor le haga gracia entrar y verte ahí tirada.
- No creo que nadie vaya a contarlo por ahí. Él es el prefecto y él me ha dado permiso. Además, creo que tu eres el único que no sube a chicas a la habitación.
Me sentí muy furioso. ¿Qué trataba de hacer? ¿Sacarme de quicio? ¿O es que se pensaba que el Poca Cosa de Peter Starkey no podía enfadarse? Sus ataques estaban llenando un vaso en mi interior, y no quería saber qué podría pasar cuando lo desbordara. Cada día me estaba costando más resistir sin explotar ante ella.
- Ya he dormido con alguna en mi casa, y no me agradó la experiencia - Respondí.
- Oh, ¿sí? ¿Con quién, si puede saberse?
- Ah, ¿ya no te acuerdas? - Dije, enfadado -. Claro, olvidaba que sólo te acercas a mí cuando estás lo suficientemente borracha como para no saber lo que haces, ¿eh?
- Eso no es cierto - Dijo ella, arrugando la frente, enfadada -. Me pasé mucho tiempo acercándome a tí.
- Bueno, algo te habrías tomado.
- De eso nada - Dijo mientras se ponía en pie -. Eres tú el que no me hace ni caso, así que no me eches la culpa a mí ahora.
- ¿Cómo que no te hago ni caso? - Dije, furioso -. ¡Eres tú la que ha decidido cambiarme por ese idiota!
- ¿Cambiarte de qué? - Dijo ella, elevando el tono -. ¡Yo no te he cambiado en absoluto! ¡Ni siquiera hemos estado juntos nunca, así que no podría haberte cambiado!
- Bueno, sólo sé que en Navidad viniste a mi casa, pero tras la vuelta parece que hubieses estado en la de Stebbins, que todo lo que hiciste en mi casa lo hubieras hecho en la suya.
- ¿Todo lo que hice de qué? ¿Qué fue ese "todo lo que hice"?
- nada - Dije, bajando la cabeza, repentinamente triste -, supongo que no fue absolutamente nada, error mío pensar que sí.
- Fue un beso nada más - Dijo ella -. ¿Qué es lo que quieres?
- ¿Y lo de dormir conmigo? ¿Y los besos por la noche? - Volvía a sentirme muy furioso -. Ahí es donde el alcohol te ha hecho olvidar, ¿no?
Ví como Sacharissa se ruborizaba.
- ¿Besos por la noche? - Dijo -. ¿Te dí besos por la noche?
- ¿Lo ves? - Dije, de nuevo más triste que furioso, y sentí como yo también me ruborizaba -. Creo que es mejor que te vayas, en serio, estarías borracha, pero a mí... Bueno, no sé, a mí me duele que... Fueran de mentira.
- Pero... No fueron de mentira.
- ¿No fueron de mentira? ¿Y entonces por qué ahora ésto? ¿Por qué ahora te vas con ese... Con ese prepotente de mierda?
- Pero tú no dijiste nada - Dijo ella, aún colorada -. Quiero decir, no... No sé, no buscabas nada más.
- ¿Y qué más de lo que yo busque si tú estás con Stebbins? - Dije, enfadado.
- Pero estamos ahora, no hace un mes...
- ¿Y qué? Llevas tirando hacia él desde el principio.
- ¿Y qué? Si tú no muestras ningún interés, ¿qué voy a hacer? - Dijo ella, poniéndose de espaldas.
- ¡Ni siquiera me has dado la oportunidad de mostrar interés! ¡En cuanto él chasquea los dedos acudes a su llamada!
- Eso no es cierto.
- Sí lo es, pregúntale a cualquiera de los que te conocemos.
- ¡Mentiroso!
- ¡Es verdad! ¿Tanto te cuesta admitirlo? Te gusta, te gusta más que todos nosotros, más que... Bueno, más que yo, aunque sea un cretino, te gusta, y no sé por qué.
Esperé a que respondiera, pero ella seguía de espaldas, callada, mirando al suelo.
- ¿Qué pasa? ¿Por qué comenzaste a pasar de mí para irte con él? ¿Porque él es más alto? ¿Porque es más guapo y se peina mejor? ¿O porque es más fuerte?
Tampoco contestó. Y yo me estaba enfuerciendo cada vez más, si nadie me interrumpía pronto terminaría por hacer cualqueir cosa, aunque en ese momento no me veía capaz de controlarme.
- ¿O es que besa mejor que yo? - Grité, furioso -. ¿Es eso?
- Yo... - Comenzó a decir ella, aunque la interrumpí antes de que pudiera seguir.
- Pero en ese caso no puedes opinar con seguridad, estabas borracha la mayoría de las veces que me besaste, ¿no? ¡Necesitarás con qué comparar!
Sin darme cuenta de lo que hacía, llevado por el enfado, me acerqué hasta ella, le agarré el brazo con una mano, la giré, y, situando mi otra mano tras su cuello, acerqué mi boca a la suya para besarla fuertemente. Ella pareció sorprenderse y tratar de apartarse por un segundo, pero luego se dejó hacer, y note la humedad de sus labios en los míos. Fue un beso largo y silencioso, como si yo tratase de concentrarme en todos los detalles para no olvidarlos nunca.
Al separar mi boca de la de ella, sin dejar aún de sujetarla, ví cómo sus ojos, brillantes, se clavaban en los míos. De repente no parecía enfadada, sólo sorprendida, y no hacía ningún esfuerzo por alejarse de mí. Sentí el impulso repentino de volver a besarla, pero al acercarme de nuevo a ella perdí el equilibrio y ambos caímos sobre la cama de Stebbins. La observé desde arriba, sin dejar de sujetarla, su pelo sobre el colchon, sus labios húmedos y sus ojos muy brillantes. Me lancé de nuevo a besarla, muy fuerte, y al apoyarme sobre la cama noté como ella, tras unos segundos, me rodeaba débilmente con sus brazos.
Sin ser demasiado consciente de lo que hacía, alcé mi mano derecha y acaricié su cara. Me encantó sentir su suave piel, su mejilla, su cuello... Seguí bajando, llevado por mi impulso, y noté cómo ella se estremecía cuando llegué hasta su pecho. Lo palpé con timidez, quizá con miedo de que ella se apartase, pero eso no pasó, y finalmente lo aprté con fuerza, con ganas de sentirlo bajo mi mano, con ganas de sentir todo su cuerpo. Ni siquiera fui completamente consciente del momento exacto en que comencé a desabotonar su camisa.
Continué bajando mientras seguía besando sus labios, su cara y su cuello, hasta llegar a su falda, que se había subido, revelando una buena parte de sus muslos. Los toqué y acaricié suavemente, concentrándome en su piel, y, casi sin darme cuenta, introduje mi mano bajo el dobladillo hasta que noté su ropa interior, sintiendo de nuevo como ella se estremecía, sin llegar a apartarse por completo.
De nuevo no fui consciente del momento exacto en que comencé a deslizar su ropa interior hacia abajo, hasta que la tuve en mi mano. Ni del momento en que, sin terminar de saber qué estaba haciendo hasta después de que ya lo había hecho, me desabroché los pantalones y me introduje, torpe pero firmemente, dentro de ella.
Noté su aliento mientras comenzaba a temblar. Me rodeó débilmente con sus piernas, y respiré el aire que salía de su boca.

Un rato después, no estaba seguro de que lo que acababa de pasar hubiese sido real.
Sacharissa se había abrochado su camisa y puesto su ropa interior, aunque no me había atrevido a mirar. A la vez, yo me había subido los calzoncillos y pantalones muerto de vergüenza, aunque sabía que ella tampoco miraría. Como mucho de reojo, como había hecho yo.
Traté de pensar algo sensato.
"Ay, madre, ay, madre, ay, madre", pensé. Miré hacia Sacharissa, que a su vez me miró, colorada. No había más de un metro entre nosotros, pero de repente parecía que ese metro contuviera algún tipo de campo de fuerza invisible que nos impidiera acercarnos el uno al otro.
- Eh... - Comenzó a decir ella.
En ese momento la puerta se abrió, y entró Stebbins, con su simpatía habitual.
- Bueno, ¿te molesta la fauna del lugar? - Dijo, dirigiéndose a Sacharissa.
Los dos le observamos un tanto confusos.
- Siento haber tardado - Siguió él, y se acercó hasta ella, inclinándose cerca de su cara. Ella se apartó, me miró durante una fracción de segundo, ruborizada, y salió corriendo de la habitación. Stebbins me lanzó una mirada fulminante, del tipo de mirada que dice "como me entere de algo raro vas a desear estar muerto", y salió apresuradamente tras ella.
Yo me quedé en el sitio, plantado. Traté de pensar, con un poco más de claridad que antes.
"Ay, madre mía", pensé.
Sí, eso estaba mucho mejor.
Al cabo de unos minutos, entró Stebbins por la puerta, con cara de enfado. Yo aún seguía en el mismo sitio.
- ¡Tú! - Me gritó -. ¿Se puede saber qué le has hecho?
- ¿Eh? - Dije, ausente -. ¿A quién?
- ¡Había quedado con ella, y ahora no quiere ni salir de la habitación!
Permanecí callado, realmente me costaba asimilar lo que acababa de pasar. Stebbins me cogió del cuello de la camisa y me alzó en el aire.
- Yo... Me ha dado calabazas - Expliqué, sin demasiada convicción -. Y se ha ido corriendo.
Stebbins abrió los ojos sorprendido, me soltó, y se empezó a reir a carcajadas.
- ¿Calabazas? - Se rió -. ¿Le has pedido que salga contigo? ¡Qué ridículo! Starkey, ¿no sabes que ella y yo estamos saliendo?
- Ah... - Dije, en el mismo tono de indiferencia.
- Eres patético... - Dijo Stebbins, mientras se dirigía a la puerta. Ella habrá sentido pena por tí y... En fin.
Justo antes de cerrar la puerta de la habitación tras de sí, Stebbins se giró y me miro con desprecio.
- Por cierto, Starkey, a ver si aprendes a vestirte. Tienes la cremallera bajada.

25 de Febrero, Viernes

Subía ya de la Sala Común hacia el comedor, cuando una chica con trenzas saltó de repente delante de mí. Oh, vaya, la estúpida de Melinda...

- ¡Oye! ¿Tú eres amiga de Allyson, de Hufflepuff, no?

- Sí. Y ahora, si me haces el favor, tengo que ir a desayunar. - Cuando intentaba esquivarla, me sonrió, mostrando su aparato. Supuse que era hija de muggles, porque si no hubiera sido mucho más fácil arreglarle los dientes con algo de magia. - Déjame pasar.

- ¿No te interesa saber lo que dicen de ella, entonces?

- ¿De qué hablas?

- Pues de que parece ser que es una chica un poco... ligera de cascos... fácil... que se ti...

Saqué la varita y apunté a Melinda con ella.

- Como termines la frase, hago que la cara se te llene de pústulas, así al menos hará juego con tu personalidad.

- Bueno, vale, pero no es cosa mía, todo el colegio lo comenta. ¡Así que tendrás que esucharlo más veces! - dijo, de la que salía corrriendo.

De la que seguía caminando hacia el comedor, pensé en ello. ¿Quién podía haber empezado aquello? ¿Por qué Ally no nos había dicho nada? Vale, la verdad es que hacía tiempo que no nos veíamos demasiado por los estudios y las toneladas de deberes, y yo no coincidía con ella en ninguna asignatura. En vez de sentarme en Slytherin, donde Stebbins me estaba esperando, le hice un gesto y me fui a hablar con Ally.

- ¿Qué pasa? - le pregunté.

- ¿Qué pasa de qué? - me miró sorprendida.

- Bueno, ¿qué pasa con ese rumor que parece ser que corre por todo el colegio? Ese de que eres una chica fácil.

- Oh. Eso. Bueno, es que el día que volvimos de Hogsmeade, el chico que me llevó a Hufflepuff me besó mientras dormía, y cuando me desperté y le dije que no quería nada y que se quitase, se enfadó. Desde entonces, ya ves que casualidad, ha aparecido el rumor. Algún chico se ha dedicado a intenter ligar conmigo, pero yo les he dado calabazas a todos. Son bastante estúpidos.

- ¿Y cómo es que no le has dicho nada al chico ese?

- Lo he intentado, pero siempre que quiero hablar con él, se escurre y me evita. De todas maneras, prefiero olvidarlo. Ya se les pasará.

- Ah, no. Ni de broma. Es aquél, ¿verdad? - señalé, al otro extremo de la mesa, un chico que se estaba riendo con algunos que estaban a su alrededor. - Espera un segundo.

Me fui hacia ellos, con paso decidido, y me planté enfrente de él. Se levantó, aún no sé con qué intención (probablemente de hacerse el chulo) pero antes de que pudiese abrir la boca, ya le había estampado la mano contra su mejilla.

- ¡Para que te lo pienses dos veces antes de insultar a una de mis amigas, subnormal!

Él se quedó allí, con cara de pasmado, y yo me di la vuelta, orgullosa de mi misma, para encontrarme con el profesor Snape.

- Señorita Plunkett, está muy bien que defienda a sus amistades, pero la próxima vez, si puede ser, que sea sin armar escándalo.

- Si, señor. Lo siento.

Hizo un gesto de aprobación y se alejó hacia la mesa de los profesores, mientras yo iba a reunirme con Stebbins. Me dijo que había estado muy bien, aunque hubiera sido preferible que no me dedicase a defender Hufflepuffs. Al fin de al cabo, ellos eran los inútiles del colegio... Me pasé la mañana sentada junto a él, y aunque me hubiera gustado hablar con Keith en algún momento, no se separaba de Peter. Hasta que después de las clases de la tarde, se fue de la Sala Común. Stebbins me dijo que cuando pudiera, si quería verle, subiese a su habitación a esperarle, que tenía que dedicarse a un par de asuntos importantes que ya me comentaría. Me dio un beso, y se fue. Yo me acerqué a Keith, que estaba sentado junto al fuego, donde solíamos ponernos a comentar el día. Me puse un poco triste al recordar todo el tiempo que habíamos pasado juntos, así que salté sobre él y jugamos un rato a pelearnos, como cuando eramos más pequeños. Paramos cuando vimos entrar a Peter, con su gata, corriendo, y volver a salir sin ella, también corriendo.

- ¿A qué se dedica últimamente? Está muy raro - le pregunté a Keith

- Nadie lo sabe. A veces desaparece sin motivo, o se encierra tras las cortinas.

Seguimos hablando otro rato, hasta que decidí subir a esperar a Stebbins. Me senté sobre su cama, y me dediqué a echar un vistazo a la habitación. Las cinco camas, arregladas pulcramente por los elfos domésticos, estaban contra la pared alrededor de la habitación, que tenía forma pentagonal. Era más o menos como la nuestra, con la diferencia de que sus cortinas eran las que tenían el color verde oscuro, y las nuestras el plata de Slytherin. Pasado un rato, vi entrar a Peter en la habitación. No me había visto, así que decidí decir algo:
- No te preocupes de saludar. - me había salido el tono por si solo...
- No... No te había visto
- Hace mucho tiempo que no me ves, entonces. - dije, recordando todo el tiempo que llevabamos sin hablarnos
- Es que no suelo mirar mucho en las camas de quienes me caen mal... ¿Qué haces ahí?
- Esperar a Stebbins, obviamente. - quizá no era tan obvio.
- Bueno, al menos no vienes a robar almohadas... - dijo.
- No me dedico a eso - me sentí molesta, ni que yo fuera una ladrona cualquiera -. Aunque tampoco suelo perderlas.
- No la perdí, me la robaron, creí que ya lo sabías,
- Bueno... Tampoco creo que dijeras que la habías perdido. Es algo ridículo. - seguro que la había perdido. Con lo despistado que era... además, ¿quién iba a dedicarse a robar almohadas? Si fuera algo más valioso quizás, pero ¿almohadas?
- Oye, ¿seguro que has venido a esperar al señor Prepotencia? ¿No has venido más bien a incordiar?
- No. No tengo ningún interés en incordiarte. - me estaba enfadando, pero intenté mantenerme tranquila. No quería terminar discutiendo.
- Vale, pues entonces no creo que te interese quedarte aquí, ¿por qué no le esperas en la Sala Común?
- Porque me ha dicho que le espere aquí.
- Ya, pero resulta que esta es mi habitación, y ahora me gustaría tener un poco de intimidad, ¿de acuerdo? Preferiría que te fueras.
- He quedado aquí y aquí esperaré - dije. - 'Ya está' - pensé 'ahora sí que no me voy'.
- Bueno, ¿y si quiero cambiarme de ropa?
- No creo que haya mucho que ver. - le contesté.
- Entonces no te perderás nada si te largas.
Pero no me iba a ir. No, de eso nada. Pensaba que no podía ceder. Ya estaba harta de aguantar sus pullas contra Stebbins, sus idioteces y sus niñerías. Si él estaba molesto porque yo tuviera algo con él, que se arreglase solo, pero que no me molestase a mí.
- También podrías cerrar el dosel de tu cama.
- Me cambio mejor si estoy de pie... Mira, si vas a esperar en la habitación, ¿qué tal si al menos te dignas a esperar en la puerta? No creo que a ningún profesor le haga gracia entrar y verte ahí tirada.
- No creo que nadie vaya a contarlo por ahí. Él es el prefecto y él me ha dado permiso. Además, creo que tu eres el único que no sube a chicas a la habitación.
Bueno, Keith tampoco lo había hecho, pero esa no era la cuestión. Sabía que eso le heriría en su "orgullo" de hombre.
- Ya he dormido con alguna en mi casa, y no me agradó la experiencia.
- Oh, ¿sí? ¿Con quién, si puede saberse?
- Ah, ¿ya no te acuerdas? Claro, olvidaba que sólo te acercas a mí cuando estás lo suficientemente borracha como para no saber lo que haces, ¿eh?
- Eso no es cierto. Me pasé mucho tiempo acercándome a tí. - lo que me faltaba por escuchar. ¿Qué sólo me acercaba a él cuando estaba borracha? En su casa había estado todo el tiempo con él, habíamos jugado, habíamos visto la tivisión esa, aunque sabía que a mi no me emocionaban las cosas muggles, incluso le había.., nos habíamos dado un beso. Pero claro, era yo la que no me acercaba a él.
- Bueno, algo te habrías tomado.
- De eso nada- me puse en pie dispuesta a darle una bofetada -. Eres tú el que no me hace ni caso, así que no me eches la culpa a mí ahora.
- ¿Cómo que no te hago ni caso? ¡Eres tú la que ha decidido cambiarme por ese idiota!
- ¿Cambiarte de qué? ¡Yo no te he cambiado en absoluto! ¡Ni siquiera hemos estado juntos nunca, así que no podría haberte cambiado!
- Bueno, sólo sé que en Navidad viniste a mi casa, pero tras la vuelta parece que hubieses estado en la de Stebbins, que todo lo que hiciste en mi casa lo hubieras hecho en la suya.
- ¿Todo lo que hice de qué? ¿Qué fue ese "todo lo que hice"? - ¿en que estaría pensando exactamente?
- Nada, supongo que no fue absolutamente nada, error mío pensar que sí.
- Fue un beso nada más - intenté intuir por donde iba la cosa -. ¿Qué es lo que quieres?
- ¿Y lo de dormir conmigo? ¿Y los besos por la noche? Ahí es donde el alcohol te ha hecho olvidar, ¿no?
- ¿Besos por la noche? ¿Te dí besos por la noche? - de eso si que no me acordaba. Aunque... no lo veía tan imposible. Peter, por alguna extraña razón, me atraía de una manera distinta a Stebbins o a otros chicos.
- ¿Lo ves? Creo que es mejor que te vayas, en serio, estarías borracha, pero a mí... Bueno, no sé, a mí me duele que... Fueran de mentira.
- Pero... No fueron de mentira. - todo el enfado se diluía. No eran de mentira. Yo no besaba de mentira. Era sólo que... no me atrevía mucho a decir en voz alta ciertas cosas, ni siquiera para mí. Aunque supuse que ya era tarde. Ahora tenía novio. Ya no había tiempo para dar marcha atrás.
- ¿No fueron de mentira? ¿Y entonces por qué ahora ésto? ¿Por qué ahora te vas con ese... Con ese prepotente de mierda?
- Pero tú no dijiste nada. Quiero decir, no... No sé, no buscabas nada más.
- ¿Y qué más de lo que yo busque si tú estás con Stebbins?
- Pero estamos ahora, no hace un mes... - todo el tiempo perdido...
- ¿Y qué? Llevas tirando hacia él desde el principio.
- ¿Y qué? Si tú no muestras ningún interés, ¿qué voy a hacer? - me di la vuelta, intentando que no se me escaparan las lágrimas y seguir pareciendo enfadada.
- ¡Ni siquiera me has dado la oportunidad de mostrar interés! ¡En cuanto él chasquea los dedos acudes a su llamada!
- Eso no es cierto.
- Sí lo es, pregúntale a cualquiera de los que te conocemos.
- ¡Mentiroso!
- ¡Es verdad! ¿Tanto te cuesta admitirlo? Te gusta, te gusta más que todos nosotros, más que... Bueno, más que yo, aunque sea un cretino, te gusta, y no sé por qué.
Una pequeña lágrima rodaba por mi mejilla.
- ¿Qué pasa? ¿Por qué comenzaste a pasar de mí para irte con él? ¿Porque él es más alto? ¿Porque es más guapo y se peina mejor? ¿O porque es más fuerte?
- ¿O es que besa mejor que yo? ¿Es eso?
- Yo... - no sabía que decir. Estaba en blanco. Pero ni siquiera me dejó intentar continuar.
- Pero en ese caso no puedes opinar con seguridad, estabas borracha la mayoría de las veces que me besaste, ¿no? ¡Necesitarás con qué comparar!
Se acercó hacia mí, y antes de darme tiempo a reaccionar, me sujetó del brazo y del cuello, y me besó con fuerza. Yo quería apartarme, más por la situación de que yo tenía pareja de que fuera él el que estuviera haciéndolo. Pero me rendí. Nos besamos durante un rato largo, y me sentí bien, agusto, como si fuera el único final posible que todo aquello tenía. Se apartó y me miró. Me vi reflejada en sus ojos negros, y cuando intentó volver a besarme, tropezó y nos caímos sobre la cama. El quedó sobre mi, quieto, y yo notaba su pecho moverse al respirar rápido. Me besó de nuevo, más fuerte aún, y su lengua se colaba en mi boca como si lo hubiera hecho siempre. Le abracé, despacio y sin mucha fuerza, sin saber muy bien que hacer.
De pronto, lo noté recorrer mi cuello con la mano y bajar lentamente hacia mi pecho. Me tocó, y yo noté como cierta parte suya se apretaba más fuerte contra mi falda. Tocó luego con más fuerza, y me desabrochó la camisa, mirando sólo levemente. Poco a poco, sus manos siguieron bajando hasta que llegaron a los bordes de la falda. Me acarició, supongo que con vergüenza, hasta que comenzó a tirar despacio de mi ropa interior. Yo me puse nerviosa. Me gustaba, claro que me gustaba, pero sabía que no estaba en absoluto bien lo que estábamos haciendo. Pero ¿cómo podía pararlo ahora? Era todo tan agradable... Noté como se desabrochaba los pantalones y entraba dentro de mí, moviéndose torpemente al principio. Rodeé su cintura con mis piernas, como si quisiera evitar que se fuera, pero sin atreverme a mirarle a la cara, si no a su brazo cerca de mi cara, hasta que todo terminó.
Nos recompusimos la ropa, rápidamente, sin mirarnos el uno al otro, ni decir nada. ¿Qué podíamos decir? ¿No debería haber pasado? Al final, me decidí por "será mejor que me vaya", pero antes de que pudiera pronunciar la primera palabra, apareció Stebbins por la puerta.

- Bueno, ¿te molesta la fauna del lugar? - me dijo.
Ni siquiera sabíamos que contestar.

- Siento haber tardado - dijo, inclinándose hacia mí para besarme. Pero me aparté. No iba a besarle después de aquello. No podía, necesitaba pensar. Así que salí corriendo hacia mi habitación, mientras Stebbins me seguía. Como no podía entrar en el cuarto de las chicas, vi como se daba la vuelta confundido. Me tiré sobre mi cama y cerré las cortinas. Me sentía hecha un lío, sin saber que hacer. No pensaba confiarle algo así a nadie. Quizá, la mejor opción, era olvidarlo. Claro. Ya está. Nunca nadie se enteraría de nada, y todo era fácil y no pasaba nada, y, y...

- ¿Has discutido con tu querido Anthony, Plunkett? - dijo Vince, la persona a la que menos ganas tenía de escuchar.

- Déjame en paz, estúpida. Yo al menos tengo alguien con quién discutir. Y será mejor que no intentes aprovecharte e ir a hablar con él, porque no ha pasado nada. Sólo me duele la cabeza.

- ¿Y por qué no has ido a ver a Madame Pomfrey? - respondió, mientra se reía a coro con su amiga.

- No es de tu incumbencia lo que yo hago o dejo de hacer. ¡Déjame en paz!

Realicé un hechizo de insonorización, para evitar escuchar nada del exterior y que nadie pudiera escucharme a mí, e intenté dormir, aunque supe que me costaría mucho hacerlo.