26 de Agosto, Martes

La última semana había sido muy agitada. Habíamos quedado todos en reunirnos en la explanada en la que se celebraban los mundiales de Quiddtich, utilizando cada uno el traslador que más le convenía por la cercanía a su casa, y yo me despedí de mis padres por la mañana, tras un intenso día anterior de hacer maletas. Sólo me iba seis días, pero parecían muchos más. Mi madre insistía en meterme todo tipo de ropa, por si hacía frío, por si llovía, por si hacía calor y un largo etcétera de "porsiacasos". Creí que estarían acostumbrados a que me fuera de casa, puesto que me pasaba todo el año en Hogwarts, pero en realidad me iba a la aventura, sin supervisión de adultos y durmiendo en una tienda de campaña, lo que les ponía bastante nerviosos. Durante un tiempo estuve algo inquieta pensando que quizás se echarían atrás y me prohibirían ir, pero por suerte, no pasó nada parecido. Eso sí, insistieron en ir conmigo hasta el traslador y me pidieron que les mandase una lechuza, aunque fuese una pública, para mandarles una carta cuando estuviéramos instalados. No paraban de darme pequeños consejos que yo casi no escuchaba, pensando en que iba a estar prácticamente a solas con Stebbins, durmiendo juntos incluso, unos cuantos días.

En el punto de reunión del traslador ya había varias personas esperando cuando llegué y, tras dar un abrazo a mi madre, lo toqué junto a los demás. Nunca había usado uno antes, así que la sensación de que tiraban de tí y de que salías despedido me pilló por sorpresa, aunque, por suerte, no me mareé y conseguí aterrizar más o menos de pie cuando llegamos al otro lado. Me incorporé del todo y busqué a los demás con la mirada, sin ver a nadie, así que me dirigí hacia el stand de entrada y esperé durante un rato. Ya me estaba empezando a impacientar, cuando vi como Sally, Peter y lo que parecía ser un elfo doméstico, aparecían de la nada con otro grupo. Les saludé sin muchas ganas, y pensé, fastidiada, que por qué tenían que haber sido los primeros en llegar. Se pusieron a mi lado y seguimos esperando en silencio, aunque me moría de curiosidad por saber como era que habían llegado juntos. Tras unos minutos, apareció Ally, luego Yashira, Stebbins y finalmente, el portador de la tienda de campaña y de nuestras esperanzas de no tener que dormir al raso, Keith. Nos saludamos efusivamente, con abrazos y con besos por todas partes, contentos de vernos al fin, e incluso vi como Stebbins saludaba con un gesto a los demás, aunque sin sonreír. Esperaba con inquietud que las cosas entre los chicos fueran bien y que no hubiera estúpidas peleas.

- Bueno, Peter, veo que no te has olvidado de traer al elfo. - dijo Keith.

- Sí, por supuesto. Menos mal que nos avisaste de que si no no podríamos entrar. No entiendo muy bien esa regla de que tengamos que ir acompañados de alguien que pueda hacer magia. Siempre podríamos pedirle al de la tienda de al lado que nos ayudase a montar la nuestra.

- Por lo menos no hemos tenido que traer a ninguno de nuestros padres - dijo Yashira - hubieran sido un engorro, todo el día estorbándonos.

Nos encaminamos hacia el stand, dimos los tickets y nos asignaron una plaza, que era una de las más baratas, la mejor que habíamos podido pagar entre todos. Los chicos se dedicaron a montar la tienda, aunque hubiera sido más correcto decir que el elfo de Peter se había dedicado a montar la tienda mientras los chicos le miraban hacerlo y comentaban cosas como "más tirante de aquí" o "ésta parte no está bien del todo" aunque ellos no tuvieran ni la más remota idea de como hacerlo solos. Nosotras nos dedicamos a buscar algún tipo de tienda de comestibles y a mirar si encontrábamos a alguien conocido mientras nos poníamos al día de nuestras vacaciones, excepto Sally que no parecía tener mucho que decir y lo único que hacía era mirarnos como si fuera ajena a todo.

Cuando volvimos a la tienda cargadas con bolsas con comida y bebida para, al menos, un par de días, ellos estaban fuera, sentados en unas sillas plegables que habían sacado, jugando a juegos de cartas no mágicos que Keith les había estado enseñando. Las cosas no parecían excesivamente tensas, así que les dimos las bolsas para que guardasen las cosas y nosotras nos sentamos también.

- Es vuestro turno de hacer algo - les dije.

- Pero si hemos hecho muchísimo - se quejó Keith.

- Ver como el elfo hace cosas no es hacer muchísimo. Por cierto, ¿dónde está?

- Se ha metido en la tienda a ordenarla. Podemos darle las bolsas para que lo guarde él. - contestó Peter.

Peter le llamó y le dijo que lo colocase todo en su sitio, lo que hizo con rapidez y murmurando por lo bajo un "Sí, amo Peter". En el primer momento, el elfo nos descolocó a todos y, aunque ya sabíamos que lo traería, se nos hizo muy extraño al principio darle órdenes sencillas pero cuando vimos que el elfo lo cumplía todo sin inmutarse nos fuimos atreviendo a pedirle cosas cada vez menos necesarias y más complejas, aunque Peter siempre estaba atento a lo que decíamos, no fuera a ser que alguna de nuestras peticiones fuese demasiado para el pobre ser.

El primer día se nos pasó volando y, a la hora de dormir, Keith nos enseñó las habitaciones. Eran bastante pequeñas, lo justo para una cama y un armario donde podíamos dejar nuestras cosas, pero eran suficientes para lo que estábamos acostumbrados. No había habitaciones para todos, así que Peter y Sally durmieron juntos, así como Stebbins y yo. Por otro lado, Yashira y Ally también compartieron habitación, con lo que Keith fue el único que, seguramente muy a su pesar, no tenía compañera. Nos metimos en las camas rápidamente, cansados del primer día y prometiendo que recuperaríamos las fuerzas para el día siguiente.

El segundo día lo pasamos más o menos como el anterior, jugando a juegos no mágicos que Yashira le había pedido a familiares, pero echando de menos el snap explosivo o el ajedrez mágico. También comentábamos anécdotas de la clase y charlábamos de nuestras notas y de los caminos que pretendíamos tomar en un futuro. Al atardecer, vi como Peter se levantaba, haciéndole un gesto cariñoso a Sally, y se iban a dar una vuelta juntos. El sol ya estaba bajo y la luz rojiza les iluminaba mientras caminaban, cuando Peter puso el brazo alrededor de los hombros de Sally y le dio un beso en el pelo. Ella parecía apartarse un segundo, con vergüenza, pero Peter seguía sujetándola, así que se apoyó en él y se besaron. Yo aparté la vista pensando que ya había visto suficiente y me fui a sentar dentro, con Stebbins, que estaba en un sofá, solo, leyendo un libro.

- Hola. - le dije.

- Hola. - me contestó, sin dejar de leer.

- ¿Qué es eso que lees con tanta atención?

- Nada, un libro sobre teoría de los hechizos.

- ¿Así que piensas estudiar incluso cuando no estamos en el colegio? Vamos, estamos de vacaciones, hagamos algo. Juntos.

- No lo leo porque quiera estudiar, lo leo porque me gusta. - me dijo, apartándolo por fin. - ¿Qué quieres que hagamos?

- No lo sé - le contesté - Quizás podríamos salir a dar una vuelta. Está atardeciendo y es muy bonito.

- Hmpf. Hay atardeceres todos los días, no sé por qué crees que son tan especiales.

- Vamos, levántate. Podemos ir a dar una vuelta y luego ir a buscar unas cervezas de mantequilla. Y luego volver aquí y meternos en la habitación. - me levanté y le tiré del brazo.

Al final, Stebbins accedió a venir conmigo, aunque no se comportaba como Peter. No me pasó el brazo por encima de los hombros, ni me hizo ninguna carantoña, ni ningún beso. Siempre había sabido que era un hombre más bien práctico, pero estaba empezando a molestarme la total ausencia de muestras de cariño cuando estábamos en público ya que cuando estábamos a solas era encantador. Pensaba que debía hablarlo con él, pero no quería que pensase que era demasiado ñoña así que decidí dejarlo correr por una temporada. El año siguiente quizá las cosas cambiarían.

Al día siguiente por la tarde, me encontré sola. Yashira y Ally se habían ido juntas a dios sabe dónde, Peter y Sally habían salido a pasear otra vez y Stebbins se estaba duchando, así que me senté con la única persona que quedaba en la tienda, Keith, que estaba dormitando en el sofá. Le desperté tocándole la nariz con cuidado hasta que se incorporó, confuso, y bostezó.

- Cuéntame algo. - le dije.

- ¿Yo? ¿Qué te voy a contar? Yo no tengo nada que decir. ¿Por qué crees que tengo algo que decir?

- No, no, tranquilo. Si yo no digo que tengas nada que contar. - le miré extrañada.

- Pues no, no tengo nada. Cuéntame tú algo. Algo. Menos algo de Stebbins, que ya le tengo muy visto. - me dijo mientras se colocaba, tirando un cojín que tenía bajo él al otro extremo del sofá.

- Imbécil. Pues tengo un cotilleo muy bueno, pero ahora me haces dudar de si decírtelo o no.

- ¿Un cotilleo de Stebbins?

- ¡No! Un cotilleo de Ally. Muy interesante.

- Oh. - puso una cara rara y no contestó.

- Entonces, ¿te lo cuento?

- Bueno, vale, Si. Si no le va a molestar, claro.

- No, no creo. Bueno, es cierto que ella no lo ha mencionado delante de vosotros, pero supongo que es porque sois chicos y le da vergüenza o algo así. De todas maneras, no ha parado de hablar de él desde que llegamos, así que no creo que quiera guardarlo en secreto.

- ¿Eh? ¿Él? ¿Qué "él"? -

Keith ya parecía haberse despertado completamente.

- ¡Pues su novio! Ése es el cotilleo, que Ally se ha echado novio. - le dije.

- Oh - contestó Keith.

- Verás, le conoció a principios de verano. Se instaló en una casa cercana a la de Ally con sus padres. No es de aquí, es extranjero, pero dice que habla muy bien inglés y que se entienden muy bien. Está enamoradísima, nunca la había visto así. Dice que es el chico más dulce y considerado que ha conocido nunca.

- Extranjero... - repitió Keith.

- Si, pero dice que no importa, porque él ya le ha dicho que su amor será eterno y que aunque se vaya, seguirán estando juntos y que intentará volver en Navidad, o que incluso podría ir ella allí y estar con su familia. La verdad es que se la ve muy contenta y muy ilusionada.

- Oh. - dijo Keith otra vez.

- ¿Ése es tu único comentario? ¿Qué pasa?

- Nada, nada, si me alegro por esa gu... digo, por ella. Me alegro mucho de que se haya echado novio, claro, y de que esté tan enamoradísima. Quién lo diría, claro.

- ¿Quién lo diría? ¿Quién lo diría de qué?

- Bah, que importa. Te lo digo y punto.

- ¿Me dices el qué? Me estás liando, Keith - le dije.

- Pues a ver, ¿te acuerdas el día que hicimos la fiesta en el baño de los prefectos?

- ¿El día que nos reventasteis la fiesta a Stebbins y a mí? Sí, me acuerdo.

- Pues, cuando nos guardamos en las taquillas, coincidí con Ally y... bueno. Pues ya sabes, espacios reducidos llevan a mucho contacto.

- ¿Qué dices? - me había quedado de piedra. - ¿Qué Ally y tú...?

- Sí.

- Oh - era mi turno de estar asombrada. - ¿Y por qué no me lo contaste antes?

- No lo sé. Ally es tú amiga y nosotros nunca hablamos sobre ello. No pensé que fuera tan importante.

- ¿Pero a tí te gusta ella? - le pregunté.

- No, no, no. No, claro que no. De hecho, ahora me iba a tomar unas cervezas con Peter. Íbamos a buscar chicas. Chicas guapas.

Mientras decía esto último, Peter había entrado en la tienda y se había sentado mientras esperaba a Sally que se había metido en la habitación a buscar algo. Keith le agarró por un brazo y le levantó, llevándole a rastras entre las protestas de Peter mientras murmuraba algo así como "mujeres". Cuando Sally salió con un jersey en la mano miró a su alrededor, buscando a Peter, pero al no encontrarle, se dirigió hacia mí para preguntarme dónde estaba.

- Han ido a por chicas. - le dije - Chicas guapas.

Y me di la vuelta para salir de la tienda, dejándola con la palabra en la boca.

El último día nos despertamos con el olor de un estupendo desayuno que el elfo de Peter se había dedicado a preparar. Era el día de la final, en la que se enfrentaban Irlanda y Bulgaria y esperábamos que Irlanda ganase para que la fiesta de después fuese aún mayor. Nos iríamos al día siguiente por la mañana, así que empezamos a recoger las cosas importantes ese mismo para que no se nos quedase nada con el despiste de la más que probable resaca que nos esperaría. Cuando estuvimos listos, nos sentamos en las mesas de fuera a esperar a que comenzase y acabase el partido al que no podíamos ir. Al anochecer, empezamos a ver como la gente de las tiendas se iba hacia el estadio que se veía al fondo y al empezar el partido, intentábamos distinguir por los gritos quién había marcado y si se había conseguido la snitch, pero hasta que no acabó y la gente comenzó a volver no nos enteramos de que Irlanda había ganado, aunque Bulgaria había atrapado la snitch. No era un resultado muy común y el partido había sido muy interesante, así que la gente estaba mucho más excitada de lo normal y nos dedicamos a festejarlo con ellos. Un buen rato después, cuando todos estábamos ya bastante achispados tras muchos brindis por Irlanda, comenzamos a escuchar ruidos extraños y empezamos a ver a gente correr viniendo de la lejanía, mientras gritaban que huyésemos. Al principio no nos dábamos cuenta de lo que estaba pasando y pensábamos que la gente se había vuelto un poco loca, pero uno de los dueños de la tienda de al lado empezó a recoger a toda prisa y nos instó a que hiciéramos lo mismo. Nos dijo que unos mortífagos habían reaparecido y que estaban causando estragos por todo el campamento, atacando a la gente y lanzando toda clase de maldiciones, así que nos miramos entre todos. No podíamos salir de ahí sin ayuda de la magia, pero ninguno de nosotros podía hacer nada, ni siquiera aunque fuera una emergencia, porque aún no habíamos aprendido a aparecernos. De repente Peter se dio la vuelta y le dijo al elfo:

- ¡Mêlée, llévanos a un sitio seguro!

- Pero, amo Peter...

- ¡Rápido, ahora, esto es peligroso!

- Está bien, amo Peter. Cójanse de las manos y sujétense a mí.

El elfo nos trasportó a una casa que no conocíamos y todos nos soltamos y nos miramos, sentándonos, casi dejándonos caer en el suelo. Keith se quitó el gran sombrero de copa verde que se había comprado para celebrar la victoria de Irlanda y lo dejó a un lado. Fue el primero que se atrevió a decir algo.

- ¿Dónde estamos, Peter?

Pero antes de que tuviera tiempo de contestar, el elfo habló por él.

- Están en la casa del amo Peter, antes propiedad del amo Horacio. ¡Y ustedes no deberían estar aquí! Sólo el amo Peter y la señorita Kingcrow pueden entrar aquí.

- ¿Entonces por qué nos has traído? - le preguntó Peter, furioso.

- Es el único sitio seguro que conozco, amo Peter. Pero ahora todos ustedes deberían salir de la casa.

- No, Mêlée. Son mis invitados y van a quedarse. Ésta noche.

- Pero, amo Peter...

- Cállate, ve a buscar algo para que podamos pasar todos juntos la noche aquí, en el salón. Apartaremos los sofás y dormiremos todos juntos. No hay necesidad de deambular por la casa a estas horas.

Nadie se atrevía a preguntarle a Peter cómo demonios había conseguido tener una casa, pero de repente me acordé que alguna vez nos había mencionado que tenía un tío que se llamaba Horacio y que se había muerto recientemente, así que lo comenté en voz alta.

- Así que ésta es la casa de tu tío. - le dije.

- No, ya no. Ahora es mi casa. Mi tío murió hace meses.

Estaba muy seco y no parecía querer seguir hablando, así que todos nos quedamos en silencio, esperando a las mantas. Vi como Stebbins miraba alrededor con gran interés y cuando nuestros ojos se cruzaron, asentía con la cabeza levemente. No estaba muy segura de qué quería indicarme con ese gesto, pero no quería hablar de ello con todo el mundo delante, estando la situación tan tensa. Cuando al fin el elfo colocó los colchones y las sábanas en el suelo, unos al lado de otros y nos metimos en la cama, aún no habíamos dicho nada de lo que había pasado aquella noche. Tuvimos que esperar al día siguiente, ya de día y desayunando lo que nos habían preparado, para atrevernos a comentar algo de lo ocurrido el día anterior. El profeta de Peter había llegado, así que vimos claramente en los periódicos que se había tratado de un ataque, en efecto, perpetrado por los mortífagos y que la marca de éstos se había visto en el cielo poco después.

- ¿Cómo es posible que pase algo de esto todavía? - dijo Yashira - ¡Creía que les habían capturado a todos!

- Ninguno de vosotros sabía nada de esto, ¿verdad? - preguntó Ally con resentimiento.

- Pero, ¿por quién nos tomas? - le contestó Peter - deberíais saber que nosotros nunca nos mezclaríamos en algo así. A estas alturas deberíais saber que no todos los que van a la casa de Slytherin se hacen mortífagos ni nada parecido.

Nos miró buscando apoyo y todos, más o menos rápido, nos apresuramos en asegurar que por supuesto que no, que era una salvajada y que esperábamos fervientemente que les atrapasen y les metiesen en Azkaban lo más pronto posible, aunque ciertamente sonó un poco a discurso ya aprendido. No en vano, éramos de Slytherin y aprendíamos muy pronto a defendernos de esa clase de ataques.

Poco después el elfo de Peter nos llevó otra vez al campamento, el cual estaba en bastantes malas condiciones, aunque nuestra parte había tenido suerte al ser de las alejadas y no habíamos tenido daños en la tienda, para suerte de Keith, ni en nuestras cosas, que seguían allí dentro. Las recogimos en silencio y nos dirigimos hacia los trasladores, tanto los que ya estaban planificados como los de emergencia, y nos despedimos los unos de los otros. Al fin y al cabo, teníamos que disfrutar de los últimos días de vacaciones antes de volver a clase el primer día de septiembre, y estábamos seguros de que nos esperaba un nuevo año muy interesante.

 28 de Agosto, Martes

Las vacaciones suelen ser periodos de tiempo en los que por norma general este pasa más rápido de lo normal. Este verano estaba siendo para mí una excepción. Después de conocer que mi madre estaba en realidad en la cárcel, el ambiente en casa de mis tíos se había enrarecido durante un tiempo. Por un lado mi tía me trataba como si estuviese enfermo, cada 10 minutos me preguntaba si me encontraba bien y me solía traer una bandeja llena de pastas. Por el otro mi tío se sentía culpable por no haberme contado nada antes e intentaba contarme historias sobre mis padres en cada conversación.

Sin embargo yo ahora tenía en mente las perspectiva de una semana de diversión, los mundiales de Quidditch habían comenzado y era la primera vez veía a mis compañeros fuera de Hogwarts. Me levanté temprano para darme una ducha y preparar la ropa que llevaría, pero al salir de la habitación me di cuenta de que no haría falta. A la entrada de casa había abierto un inmenso baúl verde en el que mi tía tenía completamente sumergida la cabeza. 
- ¡Hache está!, pensé que no lo había guardado - dijo sin sacar la cabeza del baúl - No se puede ir a ningún sitio sin llevar un buen ungüento contra las picaduras de serpientes.
- ¿Picaduras de serpiente? - pregunté sorprendido al ver como un montón de pantalones sobresalían por una esquina - Pero, si sólo me voy unos días, ¿para que necesito tanta ropa?
-¡Que madrugador! - mi tía sacó la cabeza del interior de baúl - Nunca se sabe con lo que uno se puede encontrar, aun recuerdo la vez que tu tío y yo fuimos a Egipto, quien nos iba a decir que un Promuk joven me picaría, si no llega a ser por la poción que tu abuela me había dado igual ahora mismo no tendría esta mano.
- Todo el mundo sabe que en Egipto hay Promuks - contesté observando como era físicamente imposible que ese baúl cerrase.

A su lado estaba apoyada una bolsa mucho más pequeña que en seguida reconocí, en ella se encontraba la vieja tienda de campaña de mis tíos, la cual esperábamos que aun estuviese en buenas condiciones.

Finalmente mi tía se dio por vencida y a regañadientes sacó la mitad de la ropa del baúl para que pudiese llevar uno mucho más pequeño. 
La relación con mis tíos había vuelto a la normalidad, no podía culparles por haberme ocultado que mi madre seguía viva, al fin y al cabo fue deseo de ella el tenerme engañado, así tendría que ser ella la que respondiese a todas las preguntas que habían abrumado mi mente este verano. Ellos me habían demostrado que se sentían culpables por todo lo ocurrido e intentaban por todos los medios contarme todo lo que durante estos años no habían hecho. Descubrí por ejemplo que mi padre sentía cierta fascinación por los muggles, siempre quiso comprender como podían vivir como lo hacían, sin el uso de la magia, los admiraba en cierta manera. Mi madre se reía constantemente de las ocurrencias de mi padre al cual el encantaba experimentar y un día pensó que sería divertido estar un fin de semana completo sin usar magia.
Según cuenta mi tía, a los dos días siguientes cuando volvieron a casa, sus túnicas estaban completamente quemadas, ni uno solo de sus pelos estaba en el sitio que tendría que estar, mi madre lloró y se abrazó a mi tía nada más entrar y mi padre reía desde la puerta explicando cada una de las magnificas cosas que habían aprendido, como por ejemplo, usar una "plansxa" para quitar las arrugas a su túnica, al principio les costó apagar las primeras llamas de fuego pero se dio cuenta de que había un botón especifico para que expulsase agua y así apagarlas.

Mi tío bajó las escaleras.

- ¿Estás listo? - preguntó agarrando el baúl estaba frente a la puerta. - ¡Madre mía!, como pesa ¿Acaso te mudas? - en su cara se dibujo una sonrisa cómplice que se acentuó mucho más al escuchar protestar a mi tía desde el salón.
- Si, tampoco se que mas podría llevar - dije riéndome.

Nos despedimos y fuimos a la estación de autobuses "Reach Station", era una estación muggle muy antigua, aun estaba en uso pero apenas salían de ella 3 autobuses cada hora. Sin embargo cuando llegamos parecía que había autobuses cada 5 minutos de la cantidad de gente que había, llamaban la atención significativamente un montón de personas vestidas con túnicas de diversos colores, entre las que predominaban el verde y el rojo que hacían cola para entrar en el servicio, otros pequeños grupos que esperaban el autobús los miraban con extrañeza.

- Bueno, pues ahí es, ponte a la cola - dijo mi tío dándome el baúl que sostenía. - Ten cuidado y no hagas ninguna estupidez, sabes que tienes prohibido hacer magia.
- Lo sé, estate tranquilo.

Le dí un abrazó y contemplé como desaparecía al doblar la esquina. Delante de mí tenía a un señor inmenso, su túnica bien podía llevar escondida dentro una escoba que no se le notaría y su cabeza estaba cubierta por un turbante morado con el que seguramente tendría problemas para entrar en el baño.
Cuando por fin entramos todos al servicio se formó un círculo alrededor de una papelera de metal que había en el suelo. Al verla recordé la primera vez que use un traslador casi tres años antes, me dirigía con mis tíos a ver el concierto que daban en Irlanda "Los Locos Brujos", aquella vez sentí como se me revolvía el estomago y parecía como si alguien quisiese ahogarme bajo el agua. Está vez al tocar la papelera la sensación fue un poco más leve, pero cuando aparecí a escasos metros de los terrenos de los mundiales de Quidditch tuve que permanecer un instante sin moverme hasta que se me pasase el mareo.

Cuando llegué ya estaban todos esperándome, Sach hablaba con Stebbins, se estaba convirtiendo en una costumbre verlos juntos y había comenzado a asumir que tendría que tragar a Stebbins mucho más tiempo. Al lado estaban Peter, Sally y un extraño acompañante, el elfo domestico que Peter se había visto obligado a traer ya que necesitábamos tener un acompañante el cual pudiese hacer magia, entre otras cosas para poder montar la tienda. La verdad es que el elfo nos fue de gran utilidad y en seguida nos acostumbramos a darle órdenes y que obedeciese sin poner ninguna pega. Y finalmente Yashira y Ally señalaban a un grupo de magos extranjeros. No había vuelto a hablar con Ally desde la fiesta en Hogwarts y verla de nuevo hizo que me temblaran las piernas. Me había pasado el verano pensando en aquello y había decidido que durante estos días tenía que hablar con ella.

Montamos la tienda en seguida, más bien la montó el elfo de Peter mientras las chicas iban a por provisiones.

- Que lujo tener un elfo domestico - le dije a Peter mientras sacaba la ropa de mi baúl y la metía en el armario.
- La verdad es que me ayuda mucho - respondió buscándolo con la mirada.
El elfo estaba dando los últimos retoques en la cocina y buscando algo con lo que hacer algo para comer.
- ¿Ayuda?, pero si lo hace el todo - reí - Podían dejar llevarlos al colegio, seguro que nos hacía todas las tareas de pociones. - recordé mi nota en pociones en los TIMO's. - Bueno este año no, que no tengo pociones.
- ¿Suspendiste? - alzó las cejas en busca de una confirmación.
- No, saqué una A, pero con esa nota Snape no acepta a nadie, además tampoco me hace falta para entrar en Seguridad Mágica.

Recordé la sensación de escalofrío que sentí mientras abría el sobre que contenía las notas durante el verano. Todo lo sucedido respecto a mi madre influyo significativamente en la reacción de mis tíos, a pesar de haber obtenido una I en "Historia de la Magia" su reacción simplemente se limito a darme ánimos y aconsejarme las mejores asignaturas para poder entrar en el departamento de Seguridad Mágica del Ministerio.

- Yo si tendré que sufrirlo - Peter se quedó un segundo pensativo. Miró de reojo a su elfo - Igual si lo meto en mi baúl nadie se da cuenta.

Reímos.

Cuando llegó la hora de acostarse cada uno se fue a su respectiva habitación, todos dormían en parejas, incluidas Yashira y Ally que dormían juntas, yo por mi parte tenía la habitación para mi solo. Tumbado en la cama podía escuchar con toda claridad las discusiones sobre los partidos de las tiendas de al lado, un poco mas lejos habían montado una inmensa carpa donde había un escenario en el que cada noche actuaba un grupo diferente, estaba rodeado de carpas donde abundaban puestos para comprar comida y bebida. Con todo el bullicio del ambiente costaba mucho quedarse dormido, durante ese tiempo rondaban por mi cabeza las preocupaciones de como abordar a Ally, durante todo el día apenas habíamos intercambiado unos monosílabos, o como la mayoría de sentimientos que tenía hacia mi madre antes del verano se desvanecían poco a poco y los que no, se estaban transformando en un desprecio absoluto hacia ella.

A la mañana siguiente me desperté cansado y con el estomago aun revuelto por el viaje en traslador, esperaba que cuando por fin pudiésemos aparecernos las sensaciones no fuesen las mismas. El día pasó mucho más lento que el anterior pues los juegos muggles que había traído Yashira comenzaban a aburrirnos o no entendíamos muy bien la mecánica. 

- Si cuentas con esta, comes la ficha de Peter y cuentas veinte - le explicaba Yashira a Sacharissa.

Nos miramos unos a otros sorprendidos sin entender muy bien la mecánica. Sacharissa recogió del tablero una pequeña ficha verde y se la metió en la boca.

- ¿Pero que haces? - grito Yashira abalanzándose sobre Sacharissa. - ¿Estas loca?

Sacharissa comenzó a ponerse roja mientras Stebbins la levantaba y le daba unas palmadas en la espalda. Cuando consiguió el tono deseado, el mismo tono de un tomate maduro, Stebbins puso sus manos sobre el vientre de Sacharissa y al presionarlo la ficha salió volando y ella cogió aire mientras miraba amenazadoramente a Yashira.

- ¿Me quieres matar? - preguntó mientras recuperaba el aliento.
- Pero es que... quien te manda... - Yashira se había vuelto a sentar y la miraba asustada.
- Tu dijiste que coma la ficha, deberías avisar que no son comestibles - Sacharissa ya había recuperado el color y cogía un pequeño barril azul que venía en el juego para lanzárselo posteriormente a Yashira.
- Pero no me refería a... - intentó defenderse Yashira.
- Deberías avisarnos que corremos peligro antes de jugar. Estos juegos muggles no valen para nada.

Sacharissa se levantó y todos dimos por terminado el juego, ninguno de nosotros quería morir ahogado por jugar a algo que ni siquiera comprendíamos. Por la tarde el grupo se dividió bastante, supuse que al ir todos con su pareja habría veces en que ocurriría algo así, las únicas dos personas con las que podía estar sin sentir que impedía la comunicación entre ambas era con Yashira y Ally, con lo que decidimos salir los tres a dar una vuelta por los alrededores.
Mientras caminábamos vimos un grupo de magos que vendían todo tipo de sombreros que al ponerlos se iluminaban con los colores del equipo al que representaba y dando un grito unas letras aparecían sobre ellos mostrando el nombre del equipo. Apenas había sitio para caminar, las tiendas de campaña estaban por todas partes y riadas de magos nos rodeaban por todas las direcciones. Decidimos entrar en una tienda de la que colgaba un cartel que ponía "Irish Bar" para huir de la muchedumbre. Al entrar nos encontramos antes un inmenso bar irlandés, cada una de las mesas estaba iluminada con una vela en el centro y del techo colgaban unas pequeñas lámparas que se encendían sólo cuando pasabas bajo ellas. Nos sentamos en la primera mesa que vimos libre y pedimos 3 cervezas.

- Este sitio es una pasada - dijo Ally mientras daba un sorbo a la cerveza.
- Lo que pasa es que no entra nadie más - contestó Yashira al ver como entraban otros dos magos.

Volver a tener cerca a Ally me aceleraba el pulso, verla fuera de Hogwarts, con ropa de calle me producía una atracción mucho mayor, llevaba unos pantalones azules y una camiseta blanca en la que un pequeño dibujo de un hada se movía de vez en cuando cambiándose de sitio. Estaba convencido de que esa noche tenía que hablar con ella y decirle lo que sentía.

- ¡Keith! - Yashira me sacó de mis pensamientos.
- Dime ¿que pasa? - miré a Ally y vi que me sonreía.
- Que si no te gusta la cerveza ¿como no la pruebas? - respondió señalando mi jarra aun llena.

Le dí un sorbo, estaba muy fría y mucho más buena que cualquier cerveza que había probado con antelación y ni hablar en comparación con la cerveza de mantequilla. Bebimos otra jarra más cada uno y volvimos de nuevo a nuestra tienda antes de que nos liásemos y acabásemos olvidando el camino de vuelta. Cuando por fin llegamos me armé de valor.

- Puedo hablar contigo - le dije a Ally mientras Yashira entraba en la tienda sin que esta se diese cuenta.

Ally se giró, nos miramos por un instante y supe que ella sabía exactamente de lo que quería hablar.

- Claro - dijo apartándose hacia un lado de la entrada. Me acerqué a ella y no tener problemas para escucharnos en voz baja.
- Verás, a ver por donde empiezo - Con lo fácil que me resultaba entablar conversación con una perfecta desconocida, no tenía ni idea porque delante de Ally me quedaba completamente bloqueado. - Este verano estuve pensando.

Ally se acercó más a mí.

- Pensando en... - estaba tan cerca que unas incontrolables ganas de besarla se hicieron con el control de mi mente. Puse mis manos en su cintura, ella sonrío aprobándolo y poniendo las suyas en la mía. - en lo ocurrido en la fiesta - atajé a decir.
- ¿Y? - la pregunta se deslizó al mismo tiempo que los mis labios iban al encuentro de los suyos.

El sonido de la cremallera de la tienda impidió el que se encontrasen y nuestros cuerpos se separaron como resortes. A través de la puerta asomó la cabeza Stebbins.

- Entrar que ya está la cena - dijo - Tiene narices que tenga que estar yo de recadero - murmuro mientras volvía a meterse dentro.

Intercambiamos miradas sin decirnos nada y entramos.
Apenas pegué ojo en toda la noche gracias a que salimos de fiesta después de cenar y cuando nos acostamos la música aun no se había apagado. También gran parte de la culpa fue que no podía dejar de pensar en todo lo que sentía y en como abordar el tema la próxima vez. Así que aproveché la tarde del día siguiente para recuperar las horas de sueño hasta que Sacharissa me despertó.

- Tengo un cotilleo muy bueno - dijo tras conseguir que le prestase toda la atención.
- ¿Un cotilleo de Stebbins? - pregunté extrañado. Igual ya se había cansado de él, o se había dado cuenta de que estaba con un completo imbécil.
- ¡No! Un cotilleo de Ally - respondió Sach.

Al oír su nombre me quede petrificado, que me iba a contar de Ally, ¿se había enterado de algo?, ¿quien se lo habría dicho? No sabía que decirle así que dejé que me contase la noticia.

- Es cierto que ella no lo ha mencionado delante de vosotros, pero supongo que es porque sois chicos y le da vergüenza o algo así. De todas maneras, no ha parado de hablar de él desde que llegamos, así que no creo que quiera guardarlo en secreto.
- ¿Eh? ¿Él? ¿Qué "él"? - dije sin llegar a creérmelo.

¿Les había hablado de mi?, imposible, Sacharissa ya me lo habría dicho, bueno en realidad en ese momento me lo estaba diciendo.

- ¡Pues su novio! Ése es el cotilleo, que Ally se ha echado novio. - dijo sonriendo.
- Oh - En ese preciso momento me quedé sin palabras. Sentí una punzada en la cabeza. No me lo podía creer. Les estaba mintiendo.
- Verás, le conoció... verano... casa cercana a la de Ally... es extranjero,... se entienden muy bien... enamoradísima... más dulce y considerado que ha conocido nunca. - Sacharissa hablaba pero mi cabeza sólo recogía palabras aleatorias, no podía ser verdad lo que me decía, Sacharissa se había enterado de todo y me estaba tomando el pelo.
- Extranjero... - repetí sin estar muy convencido.
- Si, pero dice que no importa, porque él ya le ha dicho que su amor será eterno y que aunque se vaya, seguirán estando juntos y que intentará volver en Navidad, o que incluso podría ir ella allí y estar con su familia. La verdad es que se la ve muy contenta y muy ilusionada.

Para ser una mentira parecía demasiado elaborada para Sacharissa, ella no se habría tomado tantas molestias, es mas creo que si se hubiese enterado habría venido directamente con un ¡Así que Ally y tu eh!, o un, ¡Como es que no me la habías contado!
Entonces tenía que ser verdad, la muy ... , así que se había echado novio, decidí contarle a Sacharissa todo lo ocurrido durante la fiesta y cuanto más le contaba más se me calentaba la sangre, no quería verla, no quería saber nada de ella, así que enamoradísima... Cuando estaba a punto de estallar Peter y Sally entraron en la tienda, así que cogí a Peter por el brazo y lo arrastré afuera, quería respirar, olvidarme de ella.

- ¡Keith! ¿Que haces? ¿Donde vamos? - Aun sujetaba a Peter por la manga mientras esquivábamos tiendas de campaña.
- A tomar algo - dije soltándolo. 

Peter miró de nuevo a nuestra tienda que poco a poco se iba quedando atrás. Entramos en el mismo bar donde el día anterior había estado con Yashira y Ally. Escogimos la mesa de la esquina más alejada de la entrada. Pedimos unas cervezas y nos quedamos en silencio.

- ¿Que te pasa? - preguntó Peter cuando estábamos a punto de terminar la segunda ronda.

Durante todo el tiempo no había apartado la mirada de la cerveza, no sabía como combatir todo el dolor que me inundaba, ni entendía la razón por la que me sentía así. Miré a Peter sin decir nada.

- Venga cuéntamelo, seguro que no es tan grave, te lo digo yo que soy experto en problemas - insistió.
- ¿Te acuerdas de la fiesta en el baño de los prefectos? - comencé.

Le conté a Peter todo lo ocurrido desde aquel día hasta la conversación que había tenido hace unas horas con Sacharissa, en toda la conversación Peter no abrió la boca, se limitaba a asentir. Nos pusieron otras dos rondas de cervezas mientras la conversación iba avanzando.

- ¿Entonces te gusta? - dijo finalmente.
- No, que me va a gustar - respondí apartando la vista.
- Vale, te gusta - rió Peter.
- Es una cerda - contesté mientras bebía de un trago el resto de la cerveza que le quedaba a Peter, la cual hacia bastante que había dejado de tomar.
- Pero, en teoría, no erais novios ¿no? - dijo analizando la situación.
- ¿De parte de quien estas? - dije haciéndole ver que sólo quería que me diese la razón.
- ¡Unas cerdas! - dijo sonriendo - Son todas unas cerdas.

Pedimos otras dos cervezas y brindamos. Empezaba a hacerse tarde, además parecía como si una neblina se hubiese extendido por todo el bar y veía a la gente difuminada. Sobre la mesa había una docena de jarras vacías. La conversación tomaba en esos momentos tintes más intelectuales.

- Si, siempre es igual, te acaban dando la puñalada - le explicaba a Peter el perverso plan que todas y cada una de las brujas aprendían cuando nacían e iban transmitiendo de generación en generación.
- Además luego la culpa - seguía Peter - siempre es nuestra.
- Que razón tienes.

Reímos.

- Lo que tenemos que hacer es ser como ellas - dije mientras me levantaba con dificultad, intentando no balancearme mientras caminaba hacia la barra. - Voy a buscar una novia.
- ¿Donde vas? - dijo Peter riendo - Pero si ahora no distingues entre hombre y mujer.
- Como que no - apunté con el dedo directamente a la cara de Peter - tú eres... ¿hombre?, bueno si te dejas el pelo un poco más largo...

Nos reímos. 
Salimos del bar sujetándonos mutuamente para complementar nuestro andar. Después de meter la cabeza en varias tiendas ajenas y tener que correr llevándonos por delante algún que otro mago despistado dimos con la nuestra.

En el salón sólo estaban Sacharissa y Sally. Sally estaba sentada en el sofá mientras que Sacharissa leía un libro en el extremo contrario. Cuando entramos ambas se giraron hacia nosotros, Sally se levantó y sin decir ni una sola palabra agarró a Peter por el cuello de la camisa y lo arrastró a la habitación.

- Son todas unas... - dije mientras Peter era arrastrado.

Vi como Peter movía los labios completando la frase sin emitir un sonido mientras sonreía justo antes de que se cerrase la puerta. Me tumbé en el sofá y contemplé como toda la decoración daba vueltas a mí alrededor.

- ¿Estás bien? - me preguntó Sacharissa sentándose a mi lado.
- Un poco mareado - contesté.
- No me refiero a eso, que estás borracho se nota a distancia, y se huele - dijo tapándose la nariz.
- Si. Hemos tenido una conversación de hombres. - dije cerrando los ojos.
- ¿Hombres? - arqueó las cejas. - Dudo que entre los dos hagáis un solo hombre.
- Pero entre los dos te queremos más del doble que el imbécil ese - dije quedándome dormido.

Me desperté a la mañana siguiente en el suelo, enrollado en una manta. Fui casi a gateando a la mi habitación donde pasé la mayor parte del día evitando la luz del sol, tenía la cabeza como si fuese una de las Bludgers del campeonato. Durante el resto de los días lo único que intenté por todos los medios fue evitar a Ally, si ella estaba en la tienda yo me iba a dar una vuelta y entraba cuando veía que ella salía. Cuando no podía evitar estar cerca de ella, evitaba su mirada, la odiaba por no haberme dicho que tenía novio, por no haberme dicho que estaba enamorada, por odiarla.

Los días pasaron mucho más rápido de lo esperado y en un abrir y cerrar de ojos Irlanda había ganado el mundial aunque Bulgaria había cogido la snitch, hasta el último momento intentamos hacernos con alguna entrada barata, pero la más barata era 10 veces más cara de lo que nos podíamos permitir, así que terminamos escuchándolo desde fuera y festejando la victoria de Irlanda con el resto de la gente. Bebimos, bailamos, gritamos, gritaron.

- ¡Corred! ¡Mortífagos! - se escuchaba a la lejanía.

Por un momento se hizo el silencio y un segundo después todo el mundo gritaba. Los magos recogían a toda prisa las tiendas de campaña mientras nos mirábamos unos a otros sin saber bien que hacer. De pronto, Peter reaccionó y se habló con su elfo.

- ¡Mêlée, llévanos a un sitio seguro!
- Pero, amo Peter...
- ¡Rápido, ahora, esto es peligroso! - chilló Peter.

Nos cogimos todos de las manos.

Estábamos en un salón, un inmenso salón de lo que parecía una casa muy antigua. Un cuadro de un hombre y una mujer mayores nos miraban desde el fondo. Me quité el sombrero que había comprado.

- ¿Donde estamos Peter? - pregunté
- Están en la casa del amo Peter, antes propiedad del amo Horacio. ¡Y ustedes no deberían estar aquí! Sólo el amo Peter y la señorita Kingcrow pueden entrar aquí. - dijo el elfo domestico antes de que Peter pudiese abrir la boca.
- ¿Entonces por qué nos has traído? - le preguntó Peter, furioso.
- Es el único sitio seguro que conozco, amo Peter. Pero ahora todos ustedes deberían salir de la casa.
- No, Mêlée. Son mis invitados y van a quedarse. Ésta noche.

Pasamos la noche en el salón, tenía la sensación como si Peter no quisiera que andásemos demasiado por la mansión, la verdad es que lo más probable es que nos hubiésemos perdido. Antes de acostarnos usé la chimenea de la mansión para hablar con mis tíos, contarles el sucedido y que así no se preocupasen.

- ¿Axial que esta casa es tuya? - le dije a Peter cuando estábamos ya todos acostados.
Asintió con la cabeza.
- ¡Vaya suerte! - suspiré. - La de fiestas que iba a montar yo en una casa como esta... - miré a Peter y en seguida entendió mis intenciones.
- Ni lo sueñes - dijo dándome la espalda y acercándose a Sally.

A la mañana siguiente el profeta nos aclaró lo sucedido, finalmente los mortífagos habían atacado una zona del campamento. Al parecer había numerosos daños materiales pero no comentaba nada acerca de si había victimas o no. Comentamos la noticia y todos estábamos de acuerdo en que ya era hora de que estos actos se acabasen. Tanto Yashira como Ally no estaban muy convencidas de que nosotros no supiésemos que algo así podría ocurrir. Había una creencia establecida de que si eras Slytherin tenías muchas posibilidades de ser mortífago, o por lo menos de enterarte de más cosas que el resto de las casas, esa es una de las cosas que se aprenden en primer curso, "las sospechas siempre van a estar sobre ti".

Después de desayunar, Mêlée nos volvió a llevar al campamento para recoger nuestras cosas, por suerte no había sufrido daños ni la tienda ni nuestros equipajes. Nos despedimos sin muchos aspavientos, pues el comienzo del curso estaba a la vuelta de la esquina y nos veríamos enseguida.

 29 de Agosto, Viernes

Las vacaciones de Verano llegaban a su fin, y con ellas, todas las situaciones nuevas y extrañas que había vivido en el último par de meses. Mientras caminaba por los andenes de la estación, pensé en todo lo que había pasado.

Tras descubrir que los objetos que habíamos encontrado en la mansión de mi tío tenían que ser en realidad los ingredientes para una poción, seguramente aquella que serviría para curar la extraña enfermedad de la madre de Sally, dedicamos los últimos días de Julio a tratar de averiguar qué hacer con ellos. El pergamino de mi tío en el que había aparecido la receta de la poción no parecía tener demasiado sentido a primera vista, ya que simplemente listaba los objetos como si se tratasen de meros ingredientes, pasando totalmente por alto el hecho de que introducir una escoba en un caldero tras picarla en secciones finas no parecía tener demasiado sentido.
- Aún así no se me ocurre otra cosa - Dije, tras varios días pensando sobre el tema -. Trabajemos con los objetos, es lo que tenemos, así que...
- No - Dijo Sally, negándose como las últimas veces -. Esos objetos, sean lo que sean, son los ingredientes, y no podemos conseguir más. Sólo tenemos una oportunidad para hacer la poción como debe hacerse. Si estropeamos los objetos...
- Lo sé - Dije, suspirando -, pero no estamos haciendo ningún progreso. ¿Alguien propone algo mejor? ¿Alguien propone algo, de hecho?
Miré a Sally y a Mêlée alternativamente. Ambos guardaron silencio.
- Sabemos una cosa al menos - Continué -. Tenemos que utilizar el caldero que encontramos, el caldero de mi tío. No aparece con los demás objetos como un ingrediente, ¿no? Está bien claro que debe usarse para hacer la poción.
- Sí - Dijo Sally -, pero...
- Cálmate - Dije -. Primer paso: Llenarlo de agua hasta unos tres cuartos de su capacidad.
- Tres cuartos exactos - Dijo Sally.
Suspiré en silencio. Comprendía su preocupación, pero no creía que fuese necesario preocuparse en exceso desde el principio. De todas formas tenía una gran nota en Pociones. Sin duda sabría llenar el caldero con tres cuartos exactos.
- Ayúdame, Mêlée - Dije.
Una vez Mêlée me hubo ayudado a llenar el caldero de agua, me dispuse a ponerlo sobre el fuego como indicaba la pequeña e intrincada letra de la receta, pero en el último momento Sally corrió junto a mí y tiró de mis hombros hacia atrás, haciéndome dar un paso en falso, de modo que parte del agua se cayó del caldero, que casi se escurrió de mis manos.
- ¿Pero qué...? - Dije.
- No - Dijo Sally.
- ¡No había cogido ningún ingrediente!
- Pero el caldero... - Dijo ella, preocupada.
- ¡Sólo iba a calentar el agua! - Dije, un poco malhumorado por la impaciencia que me producía no avanzar en absoluto con la poción -. Sólo quería ver si pasaba algo, ¿quién sabe si tiene que pasar algo al calentar el agua? ¡Quizá comenzar nos muestre cómo seguir!
- ¿Pero y si el caldero también puede usarse sólo una vez?
- ¿Qué te hace pensar que puede pasar eso? - Resoplé.
- ¡No lo sé! - Dijo Sally, alterada -. ¡Pero compréndelo! No puedo... Arriesgarme...
Respiré hondo, tratando de comprenderla. Me acerqué a ella y la cogí de los hombros, apartándonos del agua derramada para dejar trabajar a Mêlée, que había acudido a por una especie de fregona y parecía ansioso por usarla.
- Lo sé - Dije, sin soltarla -. Y lo siento. Pero Sally... Llevamos ya una semana mirando la receta y los objetos, sin hacer nada realmente. Y yo... Bueno, no soy el mago con más seguridad en sí mismo que conozco, precisamente, pero creo que... Debemos intentar algo.
Sally me miró, sin poder ocultar las dudas en su rostro.
- En serio - Continué -. Intentar algo suena mucho más como hacer algo que no hacer absolutamente nada.
Sally resopló.
- Aún no, Peter - Dijo, apartándose de mis manos y abandonando la sala -. Mañana quizás se me ocurra algo.

Pero al día siguiente los avances no fueron mejores que los días anteriores. De nuevo las dudas y el miedo de Sally a perder cualquier objeto que fuese insustituible nos impidieron avanzar durante toda la tarde. Tenía la sensación de que debía hacer algo al respecto, por una vez, o Sally no llegaría a dar el primer paso nunca, así que, tras la cena, dejé que Sally se encaminase a la habitación, y le dije que me quedaría leyendo un rato en alguna sala del piso de abajo. Esperé un tiempo prudencial sentado en un sofá distraído con unos libros sobre pociones que habíamos sacado de la pequeña biblioteca y, cuando lo creí oportuno, me puse en pie y me dirigí en silencio a la sala donde habíamos dejado los objetos, así como el caldero de mi tío.
Se trataba de una sala pequeña, con todo lo necesario para la elaboración de pociones. En cierto modo parecía una especie de laboratorio improvisado, lleno de calderos viejos, probetas, frascos vacíos, etiquetas, y todo tipo de utensilios dedicados a la elaboración de pociones. De todos modos parecía llevar demasiado tiempo en desuso, y habíamos tenido (o quizá sería más adecuado decir que Mêlée había tenido) que limpiar a fondo antes de poner ponernos a pensar siquiera en elaborar una poción allí dentro.
Abrí la puerta en silencio y comencé a encender algunas velas de la sala. De repente tropecé con algo a mis pies, cayendo de bruces contra el suelo. Me sujeté la rodilla, dolorido, tratando de no hacer ruido. Se suponía que estaba siendo sigiloso.
- ¿Está bien, amo Peter? - Dijo una voz junto a mi oído, de repente. No pude evitar gritar, antes de darme cuenta de que se trataba de Mêlée.
- ¿Pero qué haces aquí? - Dije, incorporándome -. ¡Pensé que te habrías ido a dormir!
- Yo... - Dijo el elfo, sonrojándose -. Bueno, estaba despierto por si el amo Peter necesita algo, y...
- Sí, seguro - Dije, mientras continuaba encendiendo algunas velas. Me detuve y me incliné hacia él -. Por si necesitaba algo. Aquí. A oscuras. Y, corrígeme si me equivoco, pero ¿no estabas tumbado en el suelo? ¿Es eso una manta?
Mêlée miró al suelo, avergonzado.
- ¿Me esperabas aquí para arroparme, Mêlée? - Continué.
El elfo negó con la cabeza.
- Mêlée sólo dormía aquí, amo Peter... - Dijo, al fin.
- Claro, Mêlée dormía aquí - Dije -. Es un sitio perfectamente normal para dormir. De hecho yo venía a dormir, mira qué casualidad. Podremos montar una fiesta de pijamas, y todo.
- El amo Peter aún lleva su ropa de diario... - Dijo Mêlée, con aparente desconcierto.
- ¡Ya sé que llevo mi ropa de diario! - Dije, impaciente -. Mêlée, dime la verdad, ¿qué haces aquí?
Mêlée dudó unos segundos, sopesando las opciones que tenía, y finalmente habló.
- El ama Sally... - Comenzó a decir.
- ¡El ama Sally! - Exclamé, resoplando -. ¿Pero quién...? Mira, Mêlée, no me malinterpretes, me gusta Sally, me gusta que Sally esté aquí, y no quiero que esto suene... No sé, pero ¿quién la ha nombrado tu ama, por Merlín?
- Bueno - Dijo el elfo, pensativo -, como el amo Peter y ella duermen juntos, yo... Cuando el amo Peter y ella se casen, ella también será mi ama, y...
- ¿Qué? - Dije -. ¿Quién te ha dicho que nos vayamos a casar? ¿Sally te ha dicho que nos vamos a casar?
Mêlée me miró, confuso.
- Duermen juntos - Repitió, despacio.
Suspiré.
- Mira, olvídalo - Dije -. Sally es tu ama también, estupendo, me da igual. ¿Y qué ibas a decir, si se puede saber?
- Ella... Le dijo a Mêlée que durmiera aquí.
- Que durmieras aquí - Repetí.
- Desde hace ya días - Añadió Mêlée, asintiendo.
- ¿Y para qué? - Dije, encogiéndome de hombros -. ¿Tiene miedo de que le pase algo a los objetos si nadie los vigila o qué?
Mêlée asintió.
- De que el amo Peter los coja para hacer la poción - Dijo.
Guardé silencio unos instantes.
- A ver si lo he entendido - Dije, despacio -. ¿Llevas ya días durmiendo aquí porque Sally quiere que me vigiles?
Mêlée asintió.
- Para que el amo Peter no haga la poción a escondidas - Dijo de nuevo.
- Genial - Dije, frunciendo el ceño -. Vaya una relación de confianza.
- ¿Es lo que el amo Peter iba a hacer?
- Sí, Mêlée, es lo que iba... Es lo que voy a hacer - Admití a regañadientes.
La desconfianza de Sally me dolía. Cierto que me disponía a hacer la poción a sus espaldas sabiendo que ella aún no estaba segura de que debiera hacerse... ¡Pero ella había desconfiado ya desde días atrás, mucho antes de que yo le diera motivos! Visto así, ella se lo había buscado. Además no estaba haciendo nada malo... De hecho la estaba ayudando. Sí. Al día siguiente yo habría hecho la poción, todo habría ido bien, y las cosas se normalizarían de nuevo. Sally podría curar a su madre, y pasaríamos el resto de las vacaciones sin más preocupaciones, paseando juntos, durmiendo cariñosamente... Sí, era lo que tenía que hacerse. La poción no se iba a hacer sola.
- ¿Amo Peter? - Dijo Mêlée.
- ¿Sí?
- El amo Peter es más amo de Mêlée que el ama Sally - Dijo el elfo, resueltamente, con tono conciliador -. Así que Mêlée le ayudará a preparar la poción.
- Muy bien, Mêlée - Dije, suspirando -. Al parecer en esta casa somos todos gente en la que se puede confiar ciegamente.
Si Mêlée captó el sarcasmo en mi voz, no lo demostró. Sonrió alegremente y me ayudó a colocar el caldero reluciente de mi tío Horacio sobre la mesa. Lo llenamos con la cantidad de agua indicada para el comienzo de la poción, y lo colocamos al fuego. Repasé por enésima vez la receta mientras el agua se calentaba. En realidad necesitaría la ayuda de Mêlée, ya que parecía ser necesario que la receta fuera realizada por dos personas. Al menos es lo que indicaban las instrucciones del pergamino, aunque a primera vista no había motivo aparente para ello.
Además, la receta también llevaba algunos ingredientes corrientes, que aparecían así indicados en el pergamino. Sólo los objetos-ingrediente que habían sido listados en el anterior pergamino y que aparecían de nuevo en la receta eran aún un misterio. Aún así, yo estaba convencido de que, si los objetos ocultaban los ingredientes reales, tendrían que usarse en la poción como si fueran eso: Simples ingredientes. Sally tenía miedo de intentarlo, pero ya habíamos agotado las posibilidades... No había otra solución posible.
- Bien - Dije, suspirando -. Mêlée, trae los ingredientes que indican los primeros pasos de la receta, ¿de acuerdo? Tendremos que comenzar por ahí. Y tenemos que hacerlo con cuidado, ¿eh?
Mêlée asintió y se encaminó a una pequeña despensa contigua a la sala, donde habíamos visto una gran cantidad de ingredientes comunes de pociones, correspondientemente etiquetados y conservados en sus frascos. Mientras tanto decidí que sería mejor colocar los objetos cerca, de forma que pudiéramos coger tranquilamente el adecuado cuando correspondiera. Caminé hasta la mesa cercana donde estaban y cogí varios de los objetos con cuidado, apilándolos entre mis brazos. Comencé a caminar de nuevo hacia el caldero, cuando escuché el ruido de la puerta principal de la sala, abriéndose.
- ¡Peter, idiota!
Alcé la vista y vi a Sally caminando rápidamente hacia mí, con cara de alarma. Con su camisón. Su diminuto camisón que... Como siempre, la vista se me desvió hacia sus piernas. Antes de reaccionar, siempre se me iba la vista a sus piernas. Eran mi perdición.
Si hubiera reaccionado a tiempo, o si Sally usase pijamas más "invernales", Sally habría encontrado resistencia cuando cogió mis manos y tiró de los objetos hacia sí misma. Pero yo no me esperaba el tirón, y ella sí la resistencia, así que tiró con tanta fuerza que se golpeó a sí misma en el pecho y cayó hacia atrás, con los objetos cayendo a su lado.
Todos menos uno, aquel clavo pequeño, que yo había colocado con cuidado sobre los demás, que voló por el aire para caer, casi a cámara lenta, dentro del caldero, que ya comenzaba a humear.
Miré a Sally. Tenía una expresión de alarma en su cara.
- ¡No! - Dijo, incorporándose -. ¡Sácalo de ahí!
Saltó hacia el caldero con el brazo derecho extendido, y me lancé a sujetarla.
- ¿Pero qué haces? - Grité -. ¡Está hirviendo!
- ¡Pero hay que sacarlo! - Dijo.
- Espera - Dije, apresurándome a coger el cucharón que encontré más cerca.
Sally se inclinó sobre el caldero, y comenzó a mirar al interior ansiosa. Volví rápidamente a su lado, y me asomé junto a ella.
- ¿Dónde está? - Dije, extrañado.
- No lo sé... - Dijo Sally -. ¡No lo veo!
- Tiene que estar...
Seguimos mirando unos instantes, mientras apartaba el caldero del fuego con esfuerzo. Luego introduje el cucharón y traté de palpar el fondo con él, pero era inútil. El clavo no aparecía.
- ¡No está! - Gritó Sally.
- Tiene que estar... - Repetí varias veces, cada vez menos convencido.
Pero ella tenía razón. El clavo había desaparecido. Ambos vimos con total certeza como caía en el interior del caldero, incluso oímos el chapoteo al tocar el agua. Y ahora... Había desaparecido. Solté el cucharón y miré a Sally, sin saber qué decir.
- Te dije que no hicieras nada - Dijo ella, con voz temblorosa -. Que esperaríamos por ahora.
- Pero yo... - Dije -. Algo había que hacer.
- ¿Algo? - Dijo Sally, alterada -. ¡Mira lo que ha pasado!
- ¡Es que aún no había que meter el clavo! - Dije, tratando de defenderme -. ¡Quizá es lo que pasa por no haberlo hecho en orden! ¡No es culpa mía!
- ¿Me estás culpando a mí entonces? - Dijo Sally, gritando.
- ¡Sí! - Dije, antes de poder controlarme. Lo cierto es que sí, en mi interior la culpaba a ella, pero quizá si lo hubiera pensado no lo habría dicho en alto.
Sally me miró en silencio, temblando. Escuchamos un ruido de algo que era depositado sobre la mesa, y al mirar vimos que se trataba de Mêlée, que acababa de volver con los frascos de ingredientes que le había pedido y nos miraba con cara de preocupación.
- ¡Y tú! - Dijo Sally de repente, señalando al elfo -. ¿Por qué no me has hecho caso?
Mêlée miró a Sally avergonzado, pero respondí antes de que él pudiera decir nada.
- ¡A él no le metas! - Dije -. Es mi elfo doméstico, ¡mío! ¿Y le mandas que me vigile? ¿En secreto? ¡Creí que confiarías en mí!
- ¡Tengo motivos para no confiar! - Contestó Sally.
- ¿Ah, sí? ¿Cuáles?
- ¡Estos! - Gritó, señalando a su alrededor -. ¡Sabía que lo harías! ¡Que no te podrías esperar!
- ¡Podría haber funcionado! - Repetí.
Sally resopló. Luego me miró, muy seria, y empezó a temblar.
- El caso es - Dijo - que hemos perdido uno de los ingredientes.
- Tiene que estar ahí - Repetí, menos convencido que nunca -. No puede haberse... Deshecho. Sin más. No puede.
Sally negó con la cabeza.
- No, Peter - Dijo -. Quizá tuvieras razón y habría que haberlo hecho en el orden correcto. Quizá yo tuviera razón y fueras a estropearlo todo de todas formas. No lo sé. Ahora no sabremos de quién ha sido la culpa. Pero es lo que ha pasado. Hemos perdido un ingrediente.
La miré, en silencio. Tenía razón. ¿Qué íbamos a hacer ahora?
- Ya no podemos hacer la poción - Añadió Sally, y se le quebró la voz mientras comenzaba a llorar.
Me acerqué a ella inseguro, mientras ella trataba de ocultar sus lágrimas, y cuando la rodeé con mis brazos y la apreté contra mí rompió a llorar abiertamente, cada vez más fuerte y desconsoladamente.
Me quedé en silencio mientras lloraba, mirando al frente, y sintiéndome cada vez más culpable de lo ocurrido. No sabía qué decir, y poco a poco me deslicé desde la mesa hasta quedarme sentado en el suelo, con Sally acurrucada a mi lado, y llorando ahora en silencio, y Mêlée a un metro de nosotros observándonos con preocupación. Pasaron los minutos, y sentí como Sally se calmaba, aún sollozando, aún triste. Al cabo de un buen rato, y con la cabeza apoyada en mi pecho, la sentí dormir, con respiración intranquila, y en algún momento Mêlée se acercó con la manta que había usado para dormir y nos tapó con ella, para acurrucarse contra la pared cerca de nosotros, adormilándose poco después.
Yo seguí mirando al frente, mientras las velas se consumían. ¿De verdad habíamos llegado aquí para nada? ¿De verdad habíamos perdido uno de los ingredientes para siempre? ¿De verdad había fallado por completo al final de toda esta historia?
Mucho después de que las velas se hubieran apagado, cuando probablemente el sol ya se disponía a asomarse por el horizonte, allí, sentado sobre el frío suelo, yo también me quedé dormido.

Algo que me zarandeaba la cabeza me despertó por la mañana, mientras oía la voz de Sally diciendo mi nombre. Abrí los ojos y vi sus piernas a mi lado. Estaba en pie, con el brazo estirado para moverme la cabeza.
- Peter, mira, levanta - Repitió.
- ¿Qué pasa? - Dije, perezosamente, mientras me ponía en pie, sin demasiado humor siquiera para fijarme un poco más en la vista desde abajo antes de levantarme.
- El caldero - Dijo Sally, ansiosa, cogiéndome de nuevo la cabeza y acercándomela al caldero de mi tío -. Mira dentro.
Miré el contenido del caldero. Parte del agua se había evaporado durante la noche, pero aún quedaba bastante. Aparte de eso no veía nada más.
- No veo nada, Sally - Dije, tratando de desperezarme. Ella resopló.
- Estás dormido - Dijo, impaciente -. ¡Fíjate bien!
Miré de nuevo dentro del caldero, bostezando. Claro que estaba dormido, tras pasar la noche en el suelo. Además me dolía la cabeza. Y el cuello.
- Espera, ¿hay algo en el fondo? - Dije.
- ¡Sí! - Dijo ella, nerviosa.
- ¿Qué es? - Dije.
- No lo sé... Lo vi al ponerme en pie, y te desperté enseguida. Parece una especie de... Bolsita. De semillas. O algo así. ¿No crees?
Intenté fijarme mejor, a pesar de la oscuridad del caldero. Efectivamente, parecía una bolsita con algo, semillas, polvos, o algo en su interior. Miré a Sally.
- ¿Crees que es...? - Comencé a decir. Me fijé en que Mêlée también se había despertado mientras hablábamos, y se había acercado a nosotros con gesto de curiosidad.
- ¡El clavo, Peter! - Exclamó Sally -. Anoche el clavo se cayó dentro y desapareció, y hoy hay... ¡Un ingrediente! ¡Se ha convertido en el ingrediente!
Pensé en ello unos segundos.
- Entonces... - Dije -. ¿Tenía yo razón?
- No - Dijo Sally, con tono solemne -. ¿No te das cuenta? No tenemos que usar este caldero para hacer la poción, sino que tenemos que usarlo para convertir los objetos en los ingredientes, sólo para eso. No tenías razón.
- Pero tenía razón en lo de que deberíamos hacer algo - Me quejé. Sally suspiró, y no respondió.
Miré de nuevo al interior del caldero, y comencé a arremangarme la camisa mientras acercaba la mano a la superficie del agua.
- Ten cuidado... - Susurró Sally, agarrándome fuerte del otro brazo mientras miraba también al interior del caldero.
Toqué el agua con la punta de los dedos un instante, y luego otra vez.
- No pasa nada - Dije -. Sigue siendo agua normal.
Introduje el brazo hasta tocar el fondo del caldero, y cogí la bolsita. La saqué, agarré el trapo que Mêlée se había apresurado a ofrecerme para secarme, y un instante después Sally y yo examinábamos concienzudamente la bolsa entre nuestras manos.
- Sí que son semillas de algún tipo - Dije yo.
- Tiene una pequeña etiqueta dentro - Dijo Sally -. ¿Se puede leer?
- Sí - Dije -. No parece que el interior esté mojado, está cerrada herméticamente... Pone que son semillas de... "Planta invisible de Quialtos".
Miré a Sally con cara interrogante.
- ¿Quialtos? - Dije.
- Es una región mágica al norte de Iquitos - Dijo ella.
La seguí mirando en silencio.
- Iquitos está en la orilla del Amazonas.
- Ah - Dije -. Muy bien, señorita herbóloga.
- ¡Pero es muy raro! - Dijo Sally, de repente -. Esa planta sólo crece en esa región, es una planta con grandes propiedades mágicas que aún hoy se está investigando, nadie ha conseguido cultivarla fuera de la zona.
- ¿Y entonces es invisible? - Pregunté.
- No - Dijo Sally -, sólo se oculta. Demasiado bien. Demasiado para una planta, quiero decir... También lo están estudiando. Pero los expertos saben encontrarla, se supone.
- Bueno, entonces de allí habrán venido las semillas, ¿no? - Dije, encogiéndome de hombros.
- Pero eso es lo raro... Sólo los investigadores pueden manejar esas semillas, al menos por ahora - Dijo Sally -. No se pueden comprar en cualquier sitio.
Dudé unos instantes.
- Es decir - Dije -, que alguien se las consiguió a mi tío. De contrabando, o algo así.
- Supongo que sí, que debe ser eso - Dijo Sally, asintiendo con la cabeza.
- Genial - Dije -, encima estamos usando ingredientes ilegales.
- La parte buena es que ahora sí, podemos ponernos a hacer la poción - Dijo Sally, esbozando una pequeña sonrisa. Se la devolví.

Dedicamos el resto de la mañana a observar la forma en que los objetos del sótano se convertían en los ingredientes de la poción. Al principio metimos uno de los demás objetos en el caldero y observamos, pero no desaparecía como sí lo había hecho el clavo la noche anterior. Entonces probamos a hacerlo de nuevo con el caldero lleno de agua, y esta vez el objeto introducido se disolvió sin dejar rastro en sólo un par de segundos. Sally y yo, e incluso Mêlée, no podíamos evitar estar algo nerviosos, así que permanecimos junto al caldero casi dos horas hasta que el siguiente ingrediente apareció, un frasco, también etiquetado, lleno de una sustancia parduzca.
Mucho más tranquilos, dedicamos ese día y el siguiente a ir introduciendo los objetos y sacando los ingredientes de uno en uno, ya que no queríamos arriesgarnos a meterlos todos a la vez y no saber qué ingrediente correspondía después a cada objeto. Volvieron los paseos por los alrededores mientras esperábamos, y el ambiente más relajado. Aún así no podíamos evitar pensar en que dedicaríamos aún otro día más a continuación a hacer la poción definitivamente.
Los ingredientes correspondientes a los objetos resultaron ser todos sumamente raros, ilegales, o difíciles de encontrar. Ni Sally ni yo los conocíamos todos, así que tuvimos que consultar los libros de mi tío varias veces. Por suerte ninguno de ellos parecía ser peligroso por sí mismo.
La elaboración de la poción fue larga, en parte por el complicado proceso y en parte por el extremado cuidado que nos asegurábamos de poner en todo lo que íbamos haciendo. Las instrucciones indicaban la manera de hacerla entre dos personas, aunque no parecía haber ningún motivo aparente para ello. Tras horas y horas de trabajo, y de manipular los ingredientes con cuidado, de los que para nuestra sorpresa resultó haber cantidades sobrantes en cada recipiente, observamos el resultado. La poción parecía tener el aspecto que debía tener, y estábamos seguros de que habíamos hecho un buen trabajo.
En unos días Sally se la llevaría a su madre, y entonces todo, todo acabaría.

Los días siguientes pasaron con calma. Sally y yo disfrutamos de los días en la mansión, ya que pronto sería mi cumpleaños, que pasaría con mis padres, mientras que ella se iría a ver a su madre con la poción. Los planes para después no estaban demasiado claros, aunque yo esperaba que pudiésemos continuar pasando el resto de las vacaciones juntos.
Uno de los días recibí una carta de Keith, en la que decía que era probable que tuviera que suspenderse lo de asistir a los Mundiales de Quidditch debido a que, aunque no especificaba por ninguna parte que tuviera que acompañarnos un adulto, sí que era necesario el uso de la magia para montar la tienda mágica, y a ninguno de nosotros nos estaba permitido. Así que, tal y como estaban las cosas, o conseguíamos que nos acompañase un adulto, o habría que cancelarlo todo.
En un primer momento lo dí todo por perdido, hasta que pensé en Mêlée. La idea de abandonar la casa no le agradaba, pero estaría dispuesto a ir si yo se lo ordenaba, al fin y al cabo. Sally tampoco parecía muy segura, y me recordó que los elfos domésticos dan imagen de tener mucho dinero, y que despertaría preguntas. De todos modos le dije que pensaríamos en algo, y que a Keith ya le había dicho hacía tiempo que me lo había dejado mi tío de herencia junto a un cuervo, así que no habría problemas. Finalmente escribí la carta en respuesta diciendo que me encargaría de llevar al elfo doméstico que me había dejado mi tío, y que si dependía de ello la cosa podría seguir en marcha, tras lo cual recibí otra contestación suya al cabo de unos días, diciendo que entonces perfecto.
El día de mi cumpleaños se acercaba. Me fastidiaba no poder pasarlo con Sally, pero al fin y al cabo habíamos pasado ya un montón de tiempo juntos, así que no pasaría nada por adelantar nuestra celebración un par de días para luego separarnos. Me iría un día antes de mi cumpleaños, el día 8 de Agosto, y luego esperaría noticias de Sally desde Londres para ver si podríamos volver a reunirnos antes de ir al campeonato de Quidditch. Lo cierto es que ni se me había pasado por la cabeza la posibilidad de que mis padres pudieran no dejarme asistir a los Mundiales, así que daba por hecho que no habría problemas.
El día antes de mi partida preparé algo de equipaje, ya que suponía que volvería en algún momento de las vacaciones a por el resto, y tras la cena me reuní con Sally en el dormitorio, como siempre.
- Bueno - Dije -, mañana toca otra separación...
- Sí - Dijo ella, incómoda.
- ¿Triste? - Dije -. Yo no lo soporto, cuanto más tiempo pasamos juntos más me cuesta luego...
- ¿Te importa que me quede aquí? - Me interrumpió ella, de repente.
Me quedé callado unos segundos, sin saber a qué se refería.
- ¿Qué? - Dije -. ¿Quieres decir mañana?
- Sí - Dijo ella -. Mañana, después de que te vayas.
- ¿Qué? Pero... ¿Pero no quieres ir a ver a tu madre? ¿Llevarle la poción?
- Sólo quiero esperar un poco...
- ¿Esperar? ¿Esperar cuánto?
- A que vuelvas... - Dijo Sally, un poco insegura.
- Pero no tiene sentido - Dije -. ¿No íbamos a tratar de estar separados el mínimo tiempo posible? Si esperas a que vuelva para irte tú...
- No - Me interrumpió Sally -. Quiero esperar a que vuelvas aquí, para que vengas conmigo.
- ¿Qué? - Exclamé -. ¿A darle la poción a tu madre?
Sally asintió.
- ¡Pero tu madre me odia! - Dije -. ¡Y descubriría toda la verdad sobre que yo sabía que tú sabías lo que yo estaba haciendo y...! Espera, me he perdido. ¡Pero si descubre que estamos juntos de verdad me odiará aún más! ¡Y se enfadará contigo por contarme la verdad!
Sally se encogió de hombros.
- Y le daremos la poción que le curará - Dijo -. Y podrá volver a salir de casa, y podrá volver a trabajar en la tienda, y las cosas quizá nos vuelvan a ir un poquito mejor de nuevo. Si ni ofreciéndole todo eso va a estar dispuesta a poner buena cara cuando le presente a mi novio...
- Hey, hey - Dije, nervioso -, haces que suene como algo formal, como que me tengo que poner corbata o algo.
- Llevas corbata durante todo el curso.
- ¡Entonces realmente me tengo que poner corbata! - Dije, a la defensiva.
Sally suspiró.
- A ver - Dijo, frunciendo el ceño -, ¿qué problema tienes con conocer a mi madre?
- Me da miedo - Dije.
- ¿Por qué?
- ¡Porque me odia! - Dije -. Me odia a mí, a mi tío, y a mi sexo en general. ¡Y todo por culpa de algún mago chulito con flequillo y gafas oscuras que la dejó preñada y luego desapareció!
- Sí, por culpa de mi padre, eso es.
- Ah, es verdad - Dije, un poco avergonzado -. Ese fue tu padre, sí.
Sally resopló.
- Quiero decirle que tú me ayudaste - Dijo, acercándose a mí y cogiéndome por los hombros -. Quiero demostrarle que no todos los hombres desaparecen, como mi padre o como tu tío. Que te conté la verdad, que me ayudaste, que estuviste a mi lado todo el tiempo sabiéndolo todo, y que en el momento final me acompañaste para darle la poción. Y que por eso eres mi novio.
Me quedé callado unos segundos. Sally se acercó un poco más a mí, sin soltarme, y me sonrió tranquilizadoramente. Intenté pensarlo con claridad.
- ¡Me matará! - Exclamé, de repente.
- Oh, por Merlín - Dijo Sally, soltándome y llevándose una mano a la frente.
- ¡Piénsalo! - Dije, gesticulando -. ¡Ella puede usar magia y yo no! ¡Estaré a su merced! Será así: ¡Pum! Y adiós.
- Es muy sencillo - Dijo Sally, mirándome seriamente -. Tú no quieres venir.
- No - Dije -. No quiero.
- Pero te lo estoy pidiendo - Añadió ella -. Sin más. ¿Qué vas a hacer?
Pensé unos instantes.
- Ir - Dije, finalmente.
Sally sonrió.
- A eso me refería - Dijo.

Mi cumpleaños en casa, el día 9 de Agosto, pasó como todos los años. Hubo pocas celebraciones, ya que no éramos una familia de dar grandes fiestas, y los regalos consistieron en útiles de pintura y ropa nueva. Mi padre siguió con su forma de actuar de las últimas veces, aunque esta vez no insistió demasiado en lo de visitar la mansión, como si fuera un tema que ya empezase a dar definitivamente por perdido.
Me sorprendió que me preguntaran que cuánto pensaba quedarme antes de volver a la casa de mi tío, a lo que les contesté que cinco días, lo cual nos dejaba sólo con aproximadamente otros cinco días para visitar a la madre de Sally antes de asistir a los campeonatos de Quidditch. Me dí cuenta, resignado, de que mi idea de volver otros cuantos días a la mansión no iba a ser posible. Tuve la sensación repentina de que Sally y yo no habíamos aprovechado lo suficiente el tiempo, aunque sabía de sobra que no había sido así.
Escribí a Sally para comunicarle los días que dedicaríamos a cada cosa, esperando que le pareciera bien, y que pudiéramos ver alguna mejora en su madre antes de asistir a los Mundiales. Pasé los siguientes días con mi familia, guardando secretos, como siempre, y tratando de estar de buenas con ellos, cosa que conseguí más o menos bien. Continuaban las tiranteces con mi padre de vez en cuando, pero las cosas con mi madre no iban del todo mal, así que no fueron días demasiado desagradables.
Finalmente llegó el día. Volví con la ayuda de mis padres y una chimenea pública a Cheltenham, y desde allí a la mansión, donde Sally ya había preparado el resto del equipaje para ir a Bristol, y avisado a su madre de que iría ese mismo día a final de la tarde, pero sin advertirle de que yo también iría.
Cuando más tarde nos despedimos de Mêlée y subimos en el tren que nos llevaría hasta nuestro destino, ninguno de los dos sabía cómo terminaría el día. Llenos de nervios, nos agarramos fuertemente de la mano mientras el paisaje pasaba a nuestro lado a toda velocidad.

Bristol, ya había estado antes de visita. Pero no en el barrio de Sally. Observé a mi alrededor mientras nos acercábamos a su casa. Un barrio mágico de casas pequeñas, estrechas, apretadas entre ellas, y con una apariencia que sólo podría compararse con la de un calcetín tan remendado y parcheado que pareciera hecho a partir de trozos de otros calcetines.
- Te enseñaré nuestra tienda en cuanto pueda - Dijo Sally, con un extraño tono de orgullo e ilusión en su voz -. Está cerca de aquí... Oh, y aquí es, para. Esta es mi casa.
Tratando de no dejar caer los bultos que llevaba a cuestas, observé lo que al parecer era el hogar de Sally. A su lado, mi casa de Londres parecía un palacio. Estuve tentado de preguntarle a Sally si en algún momento de su historia la casa se había venido abajo y la había vuelto a construir usando las piezas que había salvado de los escombros un carpintero ciego con algún trastorno mental que le impidiera comprender conceptos básicos como "horizontal" o "simetría".
- Es... Pintoresca - Dije. "Pintoresca". ¿Alguna vez alguien usaba la palabra "pintoresco" sin darle un sentido de eufemismo?
- Necesita algunos arreglos - Dijo Sally, con tono de no estar diciendo nada evidente -. Sobre todo la fachada.
- Oh, me encanta la fachada - Dije -. Es... Es como uno de esos dibujos de escaleras en que no te queda muy claro cuál es la parte de abajo y cuál la de arriba, ya sabes, que hay gente que camina de lado y gente que... Siempre he querido estar en uno de esos, sí.
- Estoy nerviosa - Dijo Sally, cogiéndome de un brazo y caminando hacia la puerta.
- Ah, no, pero no creo que se venga abajo, ¿no?
- No, estoy nerviosa por lo de mi madre. No sé cómo reaccionará.
- Ah - Dije -. Esperemos que no dé ningún portazo, no creo que le convenga a nadie del vecindario.
Sally me ignoraba. Estábamos junto a la puerta y comenzó a buscar las llaves en su pequeño bolso. De repente la puerta se abrió, lo cual me hizo querer dar un paso atrás, cosa que Sally debió intuir, ya que volvió a agarrarme del brazo. Una mujer de mediana edad apareció ante nosotros. Tenía el pelo claro recogido en un moño un tanto descuidado, y ojos cansados. Puso cara de sorpresa al ver a Sally, y sonrió mientras salía a nuestro encuentro.
- ¡Sally, cariño! - Dijo, con voz cansada pero agradable, mientras se acercaba a Sally para darle un abrazo -. No pensé que fuera a llegar a verte hoy... Tu madre me avisó de que vendrías.
- Hola, Lucy - Dijo Sally -. ¿Cómo está mamá?
Me llamaba la atención el tono de voz de Sally desde que habíamos llegado a su barrio. Casi siempre disimulaba, incluso estando conmigo, y hablaba de manera seria y fría, pero aquí... Sonaba distinto, sonaba como... Si confiara.
Todos actuamos de forma distinta en nuestra casa, pensé.
- Oh, tu madre... - Dijo la mujer -. No mejora... No mejora - Forzó una sonrisa, y le tocó a Sally la mejilla con el dorso de la mano -. Ah, pero le sentará bien verte... Se alegrará mucho, ya lo verás. Yo ahora iba a la tienda... Ya sabes, a ordenar un poco.
Oh, así que esa señora era la compañera de la tienda de la madre de Sally... Su ayudante y amiga, que la cuidaba también en casa. Me pregunté cuánto sabía, y de repente se fijó en mí.
- Bueno - Dijo, animada -, ¿y quién es este caballero que te lleva el equipaje tan amablemente? ¿Cómo te llamas, chico?
- Ah, pues... - Dije, indeciso. ¿Debía decir quién era? ¡Sally no me había advertido sobre esto! Aunque, ¿no se suponía que íbamos a decir la verdad? -. Pues... Sí, a ver, yo... Yo soy...
- Peter Starkey - Dijo Sally.
- Eso - Dije -. Sí.
- Encantado, Peter - Dijo Lucy, con gesto divertido -. Mira, sé que es muy caballeroso llevarle el equipaje a una jovencita, pero no te esfuerces tanto, o no recordarás ni tu nombre - Miró a Sally -. Claro, cielo, que a ti, mi ricura... Te sobrarán chicos que te quieran llevar el equipaje, ¿no?
Miré a Sally, divertido. ¿En serio tenía a alguien tan cálido en su entorno? Sally me miró de reojo y se sonrojó.
- Lucy, qué va, yo...
- Con lo mona que se ha vuelto mi niña - Le interrumpió ella con el tono de voz con que se habla a un bebé, y le volvió a poner la mano en la mejilla, rozándole el pelo -. ¡Pero mira que ricura de peinado te has hecho!
Lo cierto es que el pelo de Sally había crecido un tanto durante el verano, y ella había decidido que por el momento se lo dejaría relativamente corto, pero con una pequeña melena que salía un poco hacia fuera. Lo cierto es que, aunque mi opinión no pudiera considerarse la más objetiva, estaba muy guapa.
- ¿Y eres de por aquí, Peter? - Dijo Lucy.
- Ah, no, yo... - Respondí.
- Peter no es del barrio. Ni siquiera de la zona. Vive... Un poco lejos - Dijo Sally.
- Oh - Dijo Lucy, mirando de nuevo a Sally -. Pues entonces mayor motivo para que aprecies que te traiga el equipaje... En serio, yo que tú le daría una oportunidad.
- ¡Lucy! - Dijo Sally, sonrojándose de nuevo.
- Está bien, está bien... Ya os dejo, tortolitos. Me voy a la tienda, ya sabes, Sally, cariño - Dijo Lucy, y siguió hablando mientras se alejaba, aún mirándonos -. Ay, pero qué monada de pareja, quién fuera joven de nuevo, qué gusto da verlos...
La observé alejarse con media sonrisa en mi cara. Hasta le habría dicho adiós con la mano hasta que se perdió tras la esquina, si no hubiera estado cargado con bultos.
- Lucy... - Dijo Sally, tratando de adoptar un tono de fastidio en su voz... De todos modos estaba seguro de que era como una segunda madre para ella -. Es la ayudante de mi madre, te hablé de ella... Es un poco pesada.
- ¿En serio? - Dije, sonriendo -. A mí me ha parecido... No sé, un amor, una ricura, un encanto si lo prefieres.
- Vamos... - Dijo Sally, sonrojándose...
- En serio, me ha caído bien, no te preocupes - Dije -. ¿Pero ella no sabe nada?
- ¿De qué? - Dijo Sally -. Ah, ¿de la poción y demás? No, ni de la poción, ni de los Starkey, ni de nada de nada... Ya sabes, siempre ha sido un secreto, entre mi madre y yo. Y ya sabes que ni siquiera conmigo ha tenido el detalle mi madre de ser sincera por completo. Ella no es un problema... Le caerás bien... Siempre que me tengas a mí contenta - Añadió, sonriendo.
- Claro... - Dije -. Pero el problema viene ahora... ¿No?
- Eso creo... - Dijo Sally, nerviosa -. Pero no te preocupes, esclavo del equipaje, estoy contigo, irá bien.
Sally me cogió del brazo de nuevo y volvió a ponerse seria. Entramos en su casa.

La casa tenía mucho mejor aspecto en su interior que vista desde fuera. Al menos estaba limpia y cuidada. Tras cerrar la puerta a nuestras espaldas, Sally me comentó que su madre estaría echada en su habitación, y que sería mejor dejar el equipaje por ahora en la pequeña sala de estar del piso de abajo. Miré a mi alrededor tras hacerle caso. En el piso de abajo sólo parecía haber un pequeño pasillo que partía de la entrada hasta las escaleras, y desde el que se podía acceder a la sala de estar y a una pequeña cocina.
Sally debió percatarse de mi expresión al mirarme.
- Lo sé - Dijo, con una sonrisa triste -. Nada en comparación con la casa de tu tío, ¿eh?
- Yo... - Dije -. Lo siento - Me sentía culpable, aunque no sabía por qué. Y decepcionado con mi tío. ¿De verdad él las había dejado tiradas? ¿Para que vivieran así?
- No es culpa tuya... - Dijo Sally, distraída -. En el piso de arriba está la habitación de mi madre, la mía, y el cuarto de baño.
- Creí que Lucy viviría aquí...
- No, vive en un cuarto sobre la tienda... Aunque puede quedarse en mi habitación si es para cuidar a mi madre, cuando no estoy. Luego te enseñaré mi habitación - Sally comenzó a subir las escaleras, y se giró para mirarme -. Bueno... Vamos allá.
Extendió una mano hacia mí. Tragué saliva, dudé unos segundos, y cogí su mano para subir las escaleras. El pasillo del piso de arriba era lo más minúsculo que se pudiera imaginar para un pasillo. Sólo cabía una persona a lo ancho, y aún así daba la sensación de estar apretado. Una vez terminadas las escaleras, las puertas estaban ahí, sin más.
- Vamos... - Dijo Sally en voz baja, acercando su mano al pomo de una de las puertas -. Entra después de mí, ¿vale?
Sally golpeó la puerta un par de veces con los nudillos, y luego la abrió lentamente. Se asomó un momento al interior, y luego entró por completo. Cogí aire y entré tras ella.
Oí la voz de su madre mientras se giraba a mirarla, en la habitación en penumbra.
- Hija... - Dijo, cansadamente -. Pensé que sería Lucy, que había olvidado algo. Acércate y...
Se quedó callada. Había terminado de girarse en la cama y había clavado su vista en mí. Me fijé rápidamente en todo lo que pude. Las ventanas estaban tapadas, de modo que no había demasiada luz en la habitación. La madre de Sally tenía un aspecto similar al de mi tío antes de su muerte. parecía envuelta en sudor, con poco pelo, la piel arrugada, y demasiado envejecida para su verdadera edad. Su ojo izquierdo (el contrario del de mi tío) estaba inflamado e hinchado, al igual que el derecho de su gata, que estaba tumbada a su lado en esos momentos. Era fácil darse cuenta de que, fuera lo que fuera lo que a mi tío le había pasado con Zoro, a Rosanna Kingcrow le pasaba con su gata. El mismo hechizo, la misma poción, lo que fuera.
Al instante, la madre de Sally alzó su brazo hacia mí, señalándome, y miró a su hija.
- ¿Qué hace él aquí? - Dijo, prácticamente gritando -. ¿Para qué lo has traído?
- Para que lo conozcas, mamá - Dijo Sally, manteniendo la calma -. Ya ha acabado todo.
- ¿Acabado? - Repitió su madre -. ¿Qué...?
- La cura, mamá. La tenemos. La hemos traído.
Rosanna Kingcrow miró alternativamente a su hija y a mí, y alzó la voz.
- ¡No! - Gritó -. ¡Te ha engañado! ¿No lo ves? ¡No tiene nada! ¡Te ha engañado! ¡Es un traidor! ¡Siempre lo será!
Me pareció prudente no decir nada. Era algo que debía resolver Sally. Por no hablar de que empezaba a dudar de la posible estabilidad mental de su madre. Esperaba en cualquier caso que fuera debido a la enfermedad.
- ¡No es un traidor, mamá! - Gritó Sally, resoplando -. ¡No le llames traidor! ¡Él me ha ayudado por voluntad propia!
- ¡No! - Siguió gritando su madre -. ¡Te miente! ¡Te engaña!
- Me... ¿Pero cómo me va a mentir? - Gritó Sally, aún más fuerte -. ¡Si preparamos la poción juntos! Le conté todo, me sinceré con él, le conté todo lo que pasaba, ¡y decidió ayudarme!
- ¿Tú le contaste todo? Tú...
- ¡Y decidió ayudarme! - Repitió Sally -. ¿Es que no te das cuenta? ¡Fue cuando le expliqué lo que pasaba cuando decidió ayudarme!
- ¡Pero no puedes confiar en él! - Gritó su madre.
- ¿Confiar en él? - Dijo Sally, y comenzaron a surgirle las lágrimas -. ¿Pero no te das cuenta? ¡Era él el que no podía confiar en mí! ¡Me obligaste a mentir, me obligaste a...! Tú querías que yo me... ¡Sin sentir nada! Tú... Me has aislado todo este tiempo, y...
- ¡Para que no te pasara esto! - Gritó Rosanna -. ¡Para que no te conquistara cualquiera con engaños y terminases enamorada de él! Porque es eso, ¿no? ¡Te ha engañado para estar contigo! Pero te aseguro que no durará... ¿Y luego qué? ¿Tú y otro bebé, condenadas para siempre?
- ¡Él no es papá, mamá! - Gritó Sally, hecha una furia -. ¡Ni tampoco es Horacio! Él es... ¡Él te ha ayudado, mamá! Oh, creí que podría con esto, pero...
Sally rompió a llorar fuertemente. Me sentía muy incómodo y nervioso, pero no estaba seguro de cómo debía actuar. De repente Sally se acercó rápidamente a mí, así que la tomé entre mis brazos, y dejé que siguiera llorando contra mi pecho. Alcé mi vista sobre ella y miré a su madre fijamente, mientras ella nos observaba. Estaba furioso con ella, pero a la vez asustado de decirle cualquier cosa. Nos miraba con cara de preocupación, y por un momento pensé que quizá no se esperaba que su hija se sintiera dolida. ¿Pero qué esperaba entonces? Después de una vida de educar a su hija para odiar a los hombres, y quizá especialmente a mí, después de intentar usarla para obtener información de mí aunque fuese a costa de tener que acostarse conmigo... ¿Cómo esperaba que Sally se sintiera?
De repente caí en la cuenta de que para Sally tampoco debía ser nada fácil sentirse finalmente atraída por alguien, y mucho menos por mí, su "principal enemigo", aunque fuera de forma involuntaria. No era tan raro que le costase tanto mostrarse abiertamente, si ni en casa podía hacerlo. No era tan raro que le costase expresar determinados sentimientos. La abracé con más fuerza.
- Tenéis... - Comenzó a decir la madre de Sally, despacio -. ¿Tenéis la cura?
Asentí despacio, sin soltar a Sally.
- ¿Aquí?
Asentí de nuevo.
- Y mi hija... - Continuó, dudando -. ¿Qué te contó?
- Todo lo que ella sabía - Respondí, muy serio -. Y yo a ella mi parte. Aunque nos costó, ¿sabe? Ya sabe, por todo ese asunto de "no confíes en nadie" y demás que nos han inculcado a los dos, y eso.
La madre de Sally respiró hondo, y se incorporó en la cama. Pasaron un par de minutos más, mientras Sally comenzaba a calmarse de nuevo, sin despegarse de mí.
- Sally... - Dijo de repente su madre. Sally se giró hacia ella -. Mi Sally... Yo... Oh, pero qué he hecho...
La madre de Sally comenzó a llorar, de repente. Sally volvió a echarse a llorar a su vez, y noté que se quería acercar a ella. Decidí que este sí era un momento adecuado para dejarlas a solas, así que le susurré a Sally que iría abajo a sacar la poción y que iría preparando la primera dosis tal y como indicaban las instrucciones dejadas por mi tío, y luego abandoné la habitación tras darle un beso en la frente.
Bajé las escaleras hasta la sala de estar, sintiéndome incómodo. Parecía que la situación no podría terminar del todo mal, pero lo cierto es que no sabía qué pensar de todo ello. No era la forma más ideal para nadie de conocer a la madre de su pareja. Qué se le iba a hacer.
Al cabo de más de cuarenta minutos, Sally cruzó la puerta de la sala, con aspecto acalorado. Le pregunté cómo había ido todo.
- Bien, creo - Dijo, sin sonreír -. Le he contado todo con más detalle, las cosas que pasaron en el colegio, cómo comencé a... - Sally se sonrojó -. Bueno, cómo comenzamos ambos a gustarnos de verdad, cómo me costaba cada vez más seguir siendo tan fría contigo, y... No sé. Ella se ha dado cuenta de que en el último año me ha pedido cosas horribles, pero... No sé, lo siente por mí, porque ha comprendido que me ha hecho daño, pero... - Sally se encogió de hombros -. Pero no confía en ti. Supongo que no puede cambiar eso. Que no puede confiar sin más en los hombres... Que no va a cambiar eso.
- Vaya... - Dije, decaído. No esperaba quedar como el yerno perfecto, pero sí tenía la esperanza que su madre me aceptara algo más.
- Pero no te preocupes - Continuó Sally -. Sabe que me has ayudado. Le he dicho que querías ayudarme, y he intentado dejárselo claro. Y... Bueno...
- ¿Qué?
- Y le he dicho que me quieres mucho.
- Ah.
- Y... - Sally se sonrojó un poco más -. Bueno. Y yo a ti.
Me quedé callado unos segundos, mirando a Sally. Quería saltar sobre ella y abrazarla, pero me contuve.
- Y... - Continuó Sally -. Y sabe que eso es así, y que, piense lo que piense ella, tiene que aceptarlo. Sabe que no puede seguir aislándome.
- Eso es bueno...
- De todos modos anímate - Dijo Sally, y trató de ofrecerme una sonrisa -. Si la poción funciona, y sé que lo hará, le estarás salvando la vida. Y eso tendrá que darte al menos unos puntos, ¿no?
Le sonreí a Sally. Mientras estaba solo había estado preparando la primera de las muchas dosis de poción que su madre tendría que tomar, así que la cogimos y nos dispusimos a subir a su habitación.
- ¿Sabes? - Comentó Sally en bajo, mientras subíamos las escaleras -. También le comenté que los pergaminos de los que me habló contenían las instrucciones de la cura como me había dicho, pero tal y como estaban explicados estaban pensados para que tú y yo los siguiésemos. Le he dicho que tu tío quería que ella se curase. A través de nosotros.
Me quedé pensando unos segundos.
- Yo también lo había deducido - Susurré -. Pero entonces no entiendo porque no la curó él mismo.
Rosanna Kingcrow permaneció tranquila durante mi segunda visita a su habitación, aunque esta vez no dejó de observarme todo el tiempo. Tomó la dosis de poción con cierto recelo, aunque para nuestra decepción no pareció tener ningún efecto inmediato. Se inició otra pequeña discusión cuando Sally anunció, para mi sorpresa, que yo pasaría las siguientes noches durmiendo con ella en su habitación, y tras unos minutos de negociaciones que incluyeron varios términos para referirse a los hombres por parte de su madre que probablemente avergonzarían hasta a la gata, Sally consiguió que se me permitiera dormir en el sofá de la sala de estar.
A continuación acompañé a Sally a preparar la cena mientras su madre volvía a descansar, y le dije que por un momento me había hecho ilusiones pensando que podría dormir con ella.
- Estaba claro que no podrías dormir conmigo - Me respondió ella -. Pero si hubiera comenzando diciendo que dormirías en el sofá, habrías terminado durmiendo en el felpudo.

Al día siguiente nos llevamos una sorpresa, cuando la madre de Sally nos dijo que se encontraba mejor. Aún no se apreciaba nada a simple vista, pero parecía sudar menos, tener algo más de color, y afirmaba que tras tomarse la medicina no había sido capaz de ver a través del ojo de la gata, lo cual por otro lado me hacía pensar en si acaso lo habría intentado con el único propósito de espiarme por la noche. Accedió de buen grado a continuar tomando la poción, lo cual hizo que Sally y yo nos sintiéramos por primera vez desde la llegada relajados y felices. Ahora sólo tendríamos que dejar que la poción hiciera efecto, lo cual le quitaba un peso muy grande de encima a Sally y nos daba tiempo para disfrutar de los siguientes días de vacaciones.
Mientras desayunábamos, Lucy entró en la casa, y nos vio en la cocina.
- ¡Vaya, Peter! - Dijo, animada -. ¡Y yo que pensé que era madrugadora!
- Hola - Dije, sonriendo.
- Ha dormido aquí - Dijo Sally, tranquilamente. Lucy abrió los ojos como platos.
- ¿Dormido aquí? - Dijo. Sally asintió -. ¿Y tu madre...?
- Lo sabe - Dijo Sally -. Ha dormido en el sofá.
- Pero... - Dijo Lucy -. Quiero decir, tu madre no... No apoya que...
- Se lo he explicado - Dijo Sally, aparentemente alegre, aunque sin sonreír más de la cuenta -. Ha costado, pero... Peter es mi novio, Lucy.
Miré a Sally sorprendido. No esperaba que le dijese abiertamente a Lucy que éramos novios. Bueno, más bien a nadie.
En un par de segundos Lucy reaccionó y comenzó a reír y alabar a Sally, "probablemente la joven más bonita de Bristol", y al novio que se había echado, "un auténtico caballero capaz de encandilar a cualquier madre". Seguía cantando alabanzas minutos después, mientras subía las escaleras para ver a la madre de Sally. Decididamente escucharla era puro alimento para el ego.
Los siguientes días los pasamos juntos en Bristol, yo durmiendo en el sofá, y observando los progresos de la poción. Sally me enseñó la zona, su habitación (en la que deseaba con todas mis fuerzas poder pasar una noche, aunque sabía que no podría ser), y la tienda de su madre, "Hierbas y remedios Kingcrow", una pequeña herboristería que, por su apariencia, no parecía estar pasando por su mejor momento. No soltaba nunca mi mano, y notaba su emoción disimulada cada vez que me llevaba a algún sitio que significaba algo para ella, cualquier cosa. También visitamos Bristol en general con más tiempo que la última vez, aunque casi todo el tiempo lo pasamos dentro del barrio mágico de Sally.
Llegado el día 20 de agosto, a tan sólo un día de irnos a los mundiales (y afortunadamente con permiso muy a regañadientes de la madre de Sally), la mejora de la enfermedad comenzaba a ser notable. La madre de Sally ya era capaz de moverse por la casa mucho más a menudo, la inflamación de su ojo, así como del de su gata, había comenzado a reducirse, y su aspecto general había mejorado muchísimo. Era algo bastante notable en Gylla, la gata, que de repente parecía mucho más joven, al igual que le había pasado a Zoro tras la muerte de mi tío. Eso quería decir que Zoro se había librado de su "enfermedad" al morir mi tío, la persona con quien estaba "conectado". Pero ahora tanto la madre de Sally como su gata se estaban curando.
Aunque la comodidad en casa de Sally no era tanta como en la casa de mi tío, la relajación era mucho mayor, al haberse solucionado (o estar en ello) el problema principal. Sally y yo paseábamos por la calle animados, hablando de todo lo que había pasado, cuando de repente algo en lo que no había caído me vino a la cabeza.
- Hay algo que no encaja, creo - Dije, pensativo.
- Sí - Dijo Sally -, aún hay cosas que no sabemos, pero...
- No - Interrumpí -. Los pergaminos. Se supone que ya ha acabado todo, pero...
Sally se detuvo, comprendiendo a lo que me refería.
- Pero queda un pergamino - Dijo.
- Sí - Asentí -. El último pergamino sigue en blanco.
- ¿Seguro? - Dijo Sally -. ¿Cuándo lo comprobaste por última vez?
- Pues... No lo sé, estuvimos muy ocupados haciendo la poción, y luego nos despreocupamos... Espera, ¿qué haces?
Sally se había dado la vuelta y tiraba de mí en dirección contraria.
- ¡Vamos a casa! - Dijo, un poco nerviosa -. ¿Y si ha aparecido algo desde entonces?
- ¿Pero qué más da? - Dije, dejándome arrastrar sólo a medias -. ¡Si ya está todo arreglado!
- ¿Y si la poción tiene efectos secundarios, o algo?
- ¡No puede poner nada de la poción! Todo lo ponía en el otro pergamino, ¿recuerdas?
- ¿Y si es importante, simplemente? Al menos vayamos a mirar.
Me dejé arrastrar. Yo y mi gran boca. Si ya había terminado todo...

Unos minutos después Sally y yo nos sentábamos apresuradamente en el sofá de su casa, con el pergamino entre las manos. Su madre estaba de nuevo en su habitación, descansando un poco antes de la cena.
- Es... Una carta - Dije, mirando el pergamino -. Ya te lo he dicho, una carta.
- Ya lo he visto - Dijo Sally -. Déjame leerla.
- Es para mí - repliqué, apartando un poco la carta -. Déjame leerla antes.
- ¡Pero incumbe a mi madre! - Dijo Sally, frunciendo el ceño. Suspiró -. Está bien, lo entiendo. Pero léela en alto.
- ¿En alto? - Dije - ¿Pero y si es...? - Observé la mirada de Sally, y suspiré -. Está bien, está bien... La leeré en alto. Esperemos que no nos oiga tu madre, no sé qué opinará.
Observé de nuevo el pergamino. En algún momento de las últimas semanas había pasado a mostrar una carta escrita por mi tío. Tenía miedo de qué podría decirme, pero tampoco tenía secretos para Sally. Cogí aire, y comencé a leer.

"Estimado Peter:

Si estás leyendo esta carta, entonces es que finalmente, incluso después de mi marcha, has continuado siguiendo mis instrucciones. El momento planeado para que se muestre esta carta era el momento en que completases la poción, por lo cual debo deducir que, quizá tú sólo pero más probablemente con la joven Kingcrow, os habéis puesto manos a la obra y habéis conseguido preparar la poción más importante que he desarrollado en mi vida: Aquella que sirve para contrarrestar los efectos de la que comencé a desarrollar cuando tenía poco más de tu edad, y que probé descuidadamente en Rosanna y en mí mismo.
El objetivo de esa poción era conectar a dos personas, hacer a uno consciente de los pensamientos y sentidos del otro, y viceversa, así como ralentizar su envejecimiento mediante esta conexión, motivo por el cual, antes de intentar establecer un vínculo entre nosotros mismos, lo establecimos con nuestras respectivas mascotas, que ya eran por aquel entonces, un cuervo, Zoro, y una gata, Gylla, con el propósito de observar los efectos, tanto en ellos como en nosotros, y ver si nuestros animales se mantenían jóvenes tanto tiempo como nosotros."

- Por eso no puedo recordar cuándo compramos a Gylla - Susurró Sally -. En realidad es más vieja que yo...
- Sí - asentí -, y Zoro lo mismo. Después de la muerte de mi tío... Creo que ha vuelto a envejecer a un ritmo normal. Por decirlo de algún modo, porque claro, ha vuelto a ser... Joven. A saber.
Seguí leyendo.

"Déjame explicarte, Peter, que, no obstante, el poder de la poción no era ni mucho menos equiparable al de la eterna juventud. Simplemente permitiría que las dos personas unidas entre sí unieran también su tiempo de vida, que aumentase el tiempo necesario para envejecer. Si lo entiendes mejor con un ejemplo, dos personas de aproximadamente la misma edad conseguirían envejecer el doble de despacio o, si la unión fuera entre una persona y su mascota, ésta envejecería más despacio que su compañero humano, que a su vez también ganaría algo de tiempo.
Piensa, por ejemplo, en la duración de dos vidas enteras para pasar con la persona amada."

Miré a Sally.
- Mi tío odiaba el amor - Dije -. Una de las primeras veces que se comunicó conmigo lo despreció abiertamente, creo recordar. ¿A qué viene esto ahora?
Sally se encogió de hombros.
- Sigue leyendo - Dijo, ansiosa.

"En mis tiempos incluso yo estuve enamorado, Peter. Apartado por mi familia, igual que tú..."

- Yo no estoy apartado por mi familia - Dije, protestando. Sally me miró con una ceja alzada -. Oh, tú qué sabrás, cállate.

"...igual que tú, conocí y amé a Rossana Kingcrow durante años. Mi amor por ella era tan grande que, llegado el momento de mi gran poción, ninguno de los dos dudamos en que debíamos ser uno, y la probamos, como ya te dije, con nuestras mascotas, sin saber que no llegaríamos a probarla el uno con el otro. Todo fue bien por un tiempo, pero entonces la situación se volvió inestable. Los animales seguían vivos con el paso de los años, sí, pero algo fallaba con ellos, como si algo les comenzase a perjudicar en su interior. Y nosotros también lo sentíamos. Aunque éramos jóvenes, sentíamos un inmenso peso en nuestro interior, una sensación de agonía que perduraba. La conexión no era apropiada, tenía sus consecuencias, aunque no se manifestarían por completo hasta años más tarde...
Le prometí a Rosanna que daría con la cura, y tuvimos que separarnos. Ella volvió a Bristol a cuidar de su madre, que estaba enferma, y yo me separé de mi familia en Londres y comencé una vida humilde en Cheltenham, donde me dediqué a investigar y vender mis pociones. Para no estar completamente separados, decidimos que cada uno se quedaría con la mascota del otro, y de ese modo podríamos usar los efectos de la poción para vernos cuando quisiéramos.
Por desgracia, tras la muerte de la madre de Rosanna, ella decidió continuar con la tienda familiar, y yo estaba demasiado ocupado con mis investigaciones como para abandonarlas. Dos años habían pasado, y poco a poco nos habíamos olvidado el uno del otro, y de nuestras mascotas. El amor no duraba para siempre.
Pero una noche recordé a Zoro, y la eché de menos. Así que decidí mirar a través de él, y saludar a Rosanna a través de su cabeza. Cuando vi a otro hombre en su cama..."

Me callé y miré a Sally, que parecía temblar un poco.
- No sé si debería seguir - Dije.
- Como no sigas te quitaré la carta - Respondió ella.

"Cuando vi a otro hombre en su cama sentí un arranque de celos en mi interior. Ella nunca me había perdonado que yo no dejara mis investigaciones para estar con ella, y yo estaba dispuesto a reconocer mi error, pero ella me había olvidado, me había olvidado por cualquiera. No podía admitirlo.
Hecho una furia dejé mis investigaciones para ir a Bristol, pero cuando ella me vio rompió a llorar en mis brazos. Su "aventura de una noche" le había engañado, marchándose en mitad de la noche y robando en su casa y en su tienda. Me pidió perdón de todas las formas posibles, y creí que podría perdonarla, incluso después de descubrir que además estaba embarazada.
Pasaron otros dos años, y me dí cuenta de que las cosas no podían seguir así. Echaba de menos mis investigaciones, pero en Cheltenham tenía demasiado logrado como para volver a empezar en Bristol, donde además tenía que ocuparme de mantener con mis ahorros una tienda que no daba ningún beneficio, y un bebé que no era mío. Incluso asistía a las reuniones familiares, donde era el hazmerreír de toda la familia por mis fracasos. Rosanna insistía en que les ignorase pero, sobre todo, no soportaba los continuos comentarios despectivos de tu padre, que aún sin triunfar en la vida tanto como otros miembros de la familia, parecía sentirse más orgulloso que yo.
Fue por eso que, una noche de invierno, cogí a Zoro y me fui de Bristol para no volver."

Miré a Sally, sin saber qué decir.
- Parece que tu madre no mentía en lo de los hombres - Dije -. Hasta yo empiezo a considerarme un cerdo.
- ¿Reuniones familiares? - Dijo Sally, ignorándome -. Peter, ¿te das cuenta de que, si tu tío nos llevaba a mi madre y a mí, puede que nos conociéramos en una de ellas con un año o así?
- Espero que no, porque entonces seguro que mis padres te recuerdan como "mi prima" - Dije, inseguro.
- Sigue leyendo, primo - Dijo Sally, sin sonreír.
- No tiene gracia.
- Lo sé, de hecho quiero gritar. Sigue leyendo, por favor.

"En Cheltenham retomé mis investigaciones, y mis negocios con las pociones, y aumenté mis ahorros en poco tiempo. Pronto amasé una fortuna, y comuniqué mis éxitos a la familia en todas las ocasiones que tuve, con gran orgullo.
Por desgracia, los efectos de la poción comenzaron a empeorar en mí y, deduzco, en Rosanna. La deformidad comenzó a surgir en mi cara , uno de mis ojos se inflamó, el malestar se apoderó de mi cuerpo, y del de Zoro. En una de sus visitas, tu padre me presionó para que le contase al fin qué me pasaba, y se lo expliqué todo. Mi mayor poción había sido un fracaso, y la había abandonado.
Sin embargo tu padre no compartía mi opinión, y trató de presionarme para que comercializara mi poción, ya que los efectos tardaban demasiado tiempo en aparecer. Tras mis negativas, trató de convencerme de que le diera la receta, y de que él la mejoraría e inventaría una cura. Yo sabía de sobra que tu padre no sería capaz de hacer algo así, así que de nuevo me negué. Esa poción ni siquiera había sido creada para ser comercializada en un principio.
Tu padre no lo aceptó. Se lo contó al resto de la familia, mencionando mi enfermedad, y les convenció de que en mi estado me había vuelto loco. Quisieron sacarme de mi casa e ingresarme, y convertir mi éxito con las pociones en un negocio familiar. Por suerte pude impedirlo, y antes de que la situación pudiera repetirse decidí aislarme en la mansión que ya conoces. La compré, la convertí en mi nueva casa, y decidí aislarla del mundo exterior lo máximo posible. Dejé de admitir visitas, sólo las más indispensables y, antes de tener que recluirme por completo debido a mi enfermedad, compré a Mêlée, que me ayudó a mantener en orden los terrenos de la casa, así como la torre de cuervos y el interior.
Oculté la receta de la poción original en la mansión, y..."

- Oh, genial, más recetas escondidas - Dije, malhumorado.
- Pero recuerda lo que te conté - Dijo Sally -. La enfermedad no se hizo más patente en mi madre hasta el último año. En cambio tu tío afirma haber estado así desde hace años.
- No lo sé - Dije, encogiéndome de hombros -. Los cuervos viven más que los gatos. Si vivían con tiempo prolongado, ¿crees que puede tener algo que ver que el suyo se estuviera prolongando más?
- No lo sé - Dijo Sally, suspirando -. Me creería cualquier cosa.

"Oculté la receta de la poción original en la mansión, y decidí dedicar el resto de mi vida a desarrollar una cura. Para ello dediqué los siguientes años a recopilar ingredientes de todo tipo, algunos conseguidos mediante contrabando por ser ilegales. Y, finalmente, desarrollé una receta que podría funcionar. Me dispuse a prepararla, y a tomarla. Pero entonces recordé, de nuevo, a Rosanna. Y la imaginé acostada, con mi misma enfermedad. Me dí cuenta de que ella no podría desarrollar una cura, de que ella, sin mi ayuda, estaba perdida. Me dí cuenta de que la había abandonado a su suerte, no sólo con la enfermedad, sino con su tienda, y con la pequeña Sally.
Entonces recordé los pergaminos en blanco que había escondido en Hogwarts durante mi estancia en el colegio, y..."

- Espera - Dije.
- ¿Qué? - Dijo Sally.
- Pero aquí no dice por qué los escondió - Dije, frunciendo el ceño -. Sólo dice "oh, sí, los pergaminos que escondí", pero no dice por qué los escondió. ¡Por Merlín! ¿No voy a saberlo?
- ¿No te estás enterando ya de bastantes cosas?
- ¡Pero nunca de todas! - Dije, desesperado -. Nunca de todas...

"...durante mi estancia en el colegio, y decidí que podría emplear cinco de ellos para... Bueno, para lo que has visto. Escondería los ingredientes ilegales de la receta en la mansión, te proporcionaría una forma de hallarlos, y te indicaría cómo hacer la poción.
Quizá te preguntes por qué no hice yo mismo la poción, por qué no me curé y curé luego a Rosanna. Pero, en el momento de escribir estas líneas, estoy muy cansado. Sé que no puedo dar marcha atrás, no hay una poción para eso, y no estoy contento con lo que hice. Siento mucho dolor, y no sólo por mi enfermedad. Dolor porque anticipé muchas cosas al que era el amor de mi vida, y porque aún lo hago. Sé que, si pudiera dar marcha atrás, volvería a arruinarlo. Volvería a negarme a renunciar a mis investigaciones y a mi dinero por el amor. Yo estoy demasiado cansado. Y ni siquiera creo merecer su perdón.
Pero si hubiera una forma de conseguirlo, decidí confiar en ti para ello. ¿Y por qué en ti?, te preguntarás.
Porque te recuerdo jugando con tu pequeña prima Sally, con sólo un año..."

- Oh, genial - Dije -, ahí lo tienes, mi pequeña prima Sally, lo pone ahí, por Merlín, hasta él te veía como mi prima.
Sally resopló, impaciente.

"...con sólo un año, y pienso en que tú eres el primer miembro de la familia que era demasiado joven entonces como para estar implicado en todo esto, el primer miembro de la familia en quien puedo confiar después de que tu padre intentase y consiguiese poner a todos en mi contra cuando comencé a sufrir mi enfermedad. Así que decidí que otro de los pergaminos sería mi testamento, y el otro esta carta, en la que podría explicártelo todo, como estoy haciendo.
Pero necesitaba asegurarme de que la poción llegase a Rosanna, y ahí es donde necesitaba a Sally. Escribí a Rosanna por primera y única vez después de muchos años, y le dije que este año, este curso concreto, usaría los pergaminos del colegio para ponerme en contacto con mi sobrino, y que él hallaría la cura para la enfermedad que teníamos. Le dije que me pondría en contacto con ella cuando la tuviera, sabiendo que no sería así.
No quería decirle, simplemente, que necesitaba que Sally hablase contigo porque yo me iba a dejar morir. Estaba seguro de que, cuando se enterara, pondría a Sally en contacto contigo, ya que sois compañeros, y que así ella podría ayudarte a hacer llegar la poción a su madre."

- Oh, eres un perro astuto, Horacio Starkey - Dije -. ¡Pero no contabas con que Rosanna estuviera tan resentida como para enviar a su hija como una espía en lugar de como una compañera!
- Menos mal que al final salió bien - Dijo Sally, insegura.
- Sí, supongo que sí... Y, ¿te has fijado? ¿Sabría algo tu madre de que mi tío había dejado pergaminos ocultos en blanco en los que podía hacer aparecer lo que quisiera?
- Puede ser. Si ya estaban juntos entonces...

"El motivo de que no te explicase directamente en qué consistía todo es que no podía estar seguro de si podía confiar en ti. Si decidías contárselo a tu padre, y dejarle acceder a la receta, entonces sólo obtendríais la poción necesaria para deshacer los efectos de mi poción anterior, pero nunca la original. No sabríais lo que tendríais entre manos. En cambio, si accedías a ayudar a Sally, y con ella a su madre, sabrías exactamente cuál es el propósito de la poción, y la usarías de la forma adecuada.
Y ese es mi regalo. Quiero liberar a Rosanna y a su hija de todo lo que les hice hace tanto tiempo. Sé que aún así no me perdonarán, pero no es eso lo que busco tanto como una forma de perdonarme a mí mismo. Por mi parte, cuando finalmente llegue el momento sé que Zoro será automáticamente liberado, y confío en que mejore hasta volver a ser un cuervo normal y corriente, pues con mi muerte se romperá todo efecto de la poción inicial."

Me quedé callado unos instantes.
- ¿Mi tío suponía que matando a uno de los dos implicados se acabaría todo y no se planteó matar a Zoro? - Dije, incrédulo.
- Ni mi madre ni yo nos planteamos matar a Gylla... - Dijo Sally.
- ¡Pero es distinto! ¡Vosotras no sabíais que así se arreglaría!
- Quizá... - Dijo Sally, dudando -. Mêlée y Zoro eran su única compañía. No podía matarle. Llevaban juntos muchos años.
- ¡Sí, pero...! - Protesté. Suspiré, y seguí leyendo.

"Peter, soy muy consciente de que prestarme ayuda puede haber creado ciertas tiranteces entre los demás miembros de la familia y tú. Como premio por tu ayuda desinteresada, ya conoces perfectamente lo que te he otorgado: Todo aquello que aparece en mi testamento. Sólo te pido a cambio, y confío en que cumplas con ello, que cuides de Rosanna y Sally. Si necesitan dinero, quiero que estés ahí. No importa cómo de extraño pueda resultarles, o si lo quieren o no, pero si su casa necesita una reparación, debes ayudar. Si su tienda necesita una reforma, o simplemente ayuda para seguir abierta, tienes que estar ahí.
Es lo único que te pido, y confío en que no me defraudes.

Y eso es todo. Probablemente tendrás algunas otras preguntas, pero me temo que no puedo responderlas. Tan sólo puedo darte una última indicación, si te interesa saber más acerca del pasado. En mi dormitorio privado hay varias estanterías de libros. Dile a Mêlée que te indique aquella en la que se encuentran mis diarios privados del colegio. Encontrarás un diario por cada curso. Coge el diario del próximo curso que empieces, sexto, y llévalo contigo a clase.
Con un poco de paciencia, sabrás más sobre el pasado."

- Ah, no - Dije -. Mira, ¿ves? Esto suena a "más misterios". De eso nada, yo me quedo fuera.
- ¿Por qué? - Dijo Sally -. Sólo te está diciendo que puedes leer sus diarios.
- ¿Sólo? ¿No me has escuchado? "Con paciencia". ¿Qué quiere decir con eso? ¿Y por qué tengo que llevarme el diario a clase? ¿No lo puedo leer en la mansión? No me fío.
- Estás exagerando. Sigue leyendo.

"No tengo más que añadir. Gracias por todo, Peter. Me habría gustado estar más tiempo a tu lado durante los últimos años, pero me temo que no fue posible.
Recuerda lo que te he pedido. Cuida de ellas.

Un gran abrazo de tu tío,

Horacio Achille Starkey"

Dejé la carta sobre el regazo y me dejé caer hacia atrás en el sofá. Permanecí mirando al techo unos minutos, en silencio. Sally acudió a mi lado, y se recostó contra mí.
- Vaya - Dije, finalmente.
- Hay varias cosas que digerir con tranquilidad ahí - Dijo Sally -. Por parte de ambos, creo.
- Sí.
Pasaron algunos minutos más. Ahora sí que tenía que haber acabado todo, o al menos lo referente a este tema. Y estábamos cómodos así, tirados en el sofá, en silencio... Era como descansar, al fin.
- No estoy seguro - Dije -, pero ¿crees que deberíamos enseñarle esta carta a tu madre?
- No lo sé - Dijo Sally -. No parecía ser el deseo de tu tío.
- Pero quizá deba saber que él quería que...
- Mi madre lo sabe - Dijo Sally -. Mi madre lo sabe. Conocía a tu tío bien, por lo que hemos visto, y le he contado cómo resolvimos todo entre los dos, y cómo los pergaminos nos incitaban a ello. Cómo Mêlée sabía que acudiría a la mansión... Mi madre sabe que tu tío quería que ella se curase. Pero tampoco sé cómo lo puede llevar ella. Ahora que todo ha acabado, se da cuenta de que él está muerto. No sé lo qué habría entre ellos, pero quizá tampoco sea fácil para ella.
Apreté a Sally contra mí.
- Todo ha acabado... - Dije.
- Sí.
- ¿Y tú cómo te sientes? - Dije, preocupado -. También había algunas cosas que pueden influirte, en la carta.
- ¿Sabes? - Dijo Sally, relajándose -. Me he puesto un poco nerviosa, pero se me ha pasado todo en cuanto he oído eso de que puedo disponer de todo tu dinero cuando quiera. ¿Recuerdas esos pendientes que vimos esta mañana? Pues...
- Ni lo sueñes, prima - Dije, riendo -. Nada de pendientes. Pero sí... No sé cómo, pero... Cuidaré de vosotras.
Sally se acercó a mi cara y me besó brevemente.
- Yo te ayudaré - Dijo.

Llego el día de asistir a los mundiales de Quidditch con los demás. Habíamos acordado con Mêlée en que se aparecería en el barrio de Sally con el resto del equipaje que necesitásemos para la acampada de los siguientes días, así que le esperamos, y cuando por fin hizo acto de presencia nos despedimos de la madre de Sally y nos unimos a él para el siguiente viaje. A pesar de tenerle a nuestro lado habíamos decidido que utilizaríamos un traslador público de los que habían sido preparados para llegar a la zona acordada con los demás, así que nos dirigimos al lugar indicado, mientras Mêlée nos preguntaba cosas sobre los últimos días, lleno de curiosidad.
- Todo ha ido bien, Mêlée - Le dije -. Ya te lo contaré con más detalles, ¿vale? Ahora procura no dejar caer el equipaje, y démonos prisa.
- Pero... - Dijo Mêlée, nervioso -. Y estos próximos días, Mêlée no sabe si serán una buena idea...
- Vamos, Mêlée, todo irá bien, también. No hay de qué preocuparse. Sólo necesitamos que nos ayudes con la tienda, ¿de acuerdo?
Finalmente pudimos usar el traslador para desplazarnos a la zona de entrada de los mundiales. Me preparé a fondo para la sensación repentina de ser impulsado a gran distancia, pero aún así no pude evitar sentirme un poco mareado al llegar al otro lado. Miramos a nuestro alrededor, buscando a los demás con la mirada, y para nuestra sorpresa sólo conseguimos distinguir a Sacharissa, esperando entre la multitud, que a su vez nos observaba con lo que me pareció un pequeño gesto de fastidio. Nos saludamos al acercarnos, un poco indecisos, y esperamos por los demás sin llegar a entablar conversación.
Poco a poco todos fueron llegando, entre ellos, y para mi fastidio, Stebbins, que desde luego sobraba en algo como esto. ¿Cómo podía haberle invitado Keith también a él? Suspiré cuando se acercó a Sach y la saludó con un beso, pensando que probablemente sería simplemente el precio a pagar por estar Sally también invitada. Pero seguía sin ser justo. Esperaba que al menos no llegase a molestarnos demasiado y se mantuviese un poco al margen de Keith y de mí, como durante el día de la fiesta en los baños.
Finalmente llegó Keith, que se alegró por ver al elfo doméstico entre nosotros. Al fin y al cabo lo necesitábamos tanto como a la propia tienda, ya que sin su magia no tendríamos a nadie que la montase por nosotros. Una vez estuvimos todos reunidos, nos dirigimos a la entrada y accedimos al terreno interior, donde podríamos montar la tienda.
Ya allí, los chicos nos dispusimos a levantar la tienda mientras las chicas se preparaban para ir a por "provisiones". Sally me miró con el ceño fruncido, pero le susurré que sería mejor que fuera con las demás. No tenía demasiada confianza en que consiguiese entablar conversación con ellas, pero nunca se sabía... Los últimos días habían sido intensos e importantes, quizá se plantease relacionarse un poco más... Aunque lo dudaba bastante, si Sacharissa estaba también por allí.
Suspiré, y me acerqué a los demás mientras ellas hablaban, observándonos desde lejos.
- ¿Qué hacéis? - Dije, al ver a Mêlée dudando ante un montón de telas que, supuse, serían lo que debería convertirse, de algún modo, en nuestra tienda.
- Le hemos dado la tienda a tu elfo... - Dijo Keith, dudando -. No sé qué deberíamos hacer ahora.
- Eh... Pues... - Dije -. Mêlée. ¿Tú has montado alguna tienda mágica alguna vez?
Mêlée me miró con ojos de cordero degollado y negó con la cabeza.
- Oh. Vaya - Dije -. ¿Crees que podrías intentarlo? Quiero decir, te ayudaremos.
- Claro, amo Peter - Dijo Mêlée, y comenzó a desplegar las telas, observándolas con curiosidad, y dedicando rápidos vistazos a las parcelas colindantes para ver cómo sus inquilinos montaban sus respectivas tiendas.
- ¿De quién es este elfo, por cierto? - Dijo Stebbins, de repente.
- Ah... - Dije -. De mi tío.
Mêlée posó en mí sus dos ojillos preocupados.
- ¿Y cómo se llama tu tío? - Continuó Stebbins, con curiosidad.
- Pues... Achille - Dije -. Ese es su nombre.
Mêlée soltó las piezas de la tienda y se dirigió a Stebbins.
- ¡Pero ese es su seg...! - Comenzó a decir, justo antes de que me acercase hasta él y le cogiese de un tirante del peto, tirando hacia atrás.
- Segmento transversal - Dije, cogiendo una pequeña varilla al azar que había a mi lado y poniéndosela a Mêlée en las manos -. El segmento transversal. Aquí lo tienes. Ahora, monta la tienda, por favor.
Mêlée me miró, inquieto, y comenzó a organizar las piezas de la tienda.
- No creo haber oído hablar de ningún Achille Starkey - Dijo Stebbins, distraído.
Observamos a Mêlée comenzar por fin a montar la tienda, sin saber exactamente en qué podíamos ayudarle, si no teníamos ni idea de lo qué estaba haciendo la mitad de las veces. Me sorprendió que fuera capaz de montar una tienda así sin haberlo hecho nunca antes, y me pregunté cómo era posible que fuera capaz de hacer tantísimas cosas. Sin duda era un ser curioso.
- Peter - Dijo Keith, de repente, acercándose a mí con otra varilla en las manos -. Creo que no está bien del todo, mira, ahí queda muy hundida, ¿ves? Es que no le diste al elfo todo el... Eh... El segmento transversal.
Miré a Keith con el ceño fruncido, pero él no desvió la mirada, y se limitó a mirarme con una sonrisa confiada.
- Claro - Dije, quitándole la varilla de las manos y acercándosela a Mêlée.
- Bueno - Dijo Stebbins, acercándose por su cuenta al otro extremo de la tienda -. Mirad, aquí no está nada tirante, es probable que se nos venga abajo si hace viento. ¿Es que no sabéis nada de tiendas mágicas? No basta con saber el nombre de una pieza que, francamente, conoce todo el mundo.
- Amo Peter - Dijo Mêlée, asomando desde debajo de un pliegue de tela -, ¿puede venir un segundo?
Me acerqué al elfo, suspirando.
- Amo Peter - Me susurró, cuando estaba a su lado -. Mêlée no sabe qué hacer con el segmento transversal, no le encuentra utilidad...
- Pues claro que no, por Merlín - Dije, cansado -. Sólo son las varillas en las que venía enrollada la tela de la tienda, ¿vale? ¡Ignóralas!
Mêlée me miró con gesto confuso, pero pareció comprender.
El elfo continuó montando la tienda a pesar de nuestras confusas indicaciones, y cuando terminó con ello entró a limpiarla y prepararla por dentro. El resultado era espectacular, lo que por fuera parecía un tienda relativamente sencilla por dentro tenía todo tipo de comodidades, incluyendo varias habitaciones e incluso baños totalmente dotados. Con razón necesitábamos a alguien capaz de utilizar la magia.
Keith decidió enseñarnos a Stebbins y a mí algunos juegos de cartas desconocidos, hasta que las chicas volvieron. Sally traía una cara de aburrimiento considerable, pero pareció alegrarse de verme. Al menos esa noche volveríamos a dormir juntos.

Los campeonatos pasaron sin mayor novedad. Disfruté del tiempo con mis compañeros, a pesar del distanciamiento que aún había entre Sach y yo. Me habría gustado acercarme a ella para hablar, tratar de arreglar las cosas de una vez por todas, pero no creía que fuera buena idea, con Sally aún un poco celosa de vez en cuando, y Stebbins siempre cerca de ella. Además, estaba seguro de que la cabezonería de Sacharissa haría que todo saliese mal, y entonces terminaríamos discutiendo de nuevo, y probablemente yo recibiría una bofetada. No, no era buena idea.
Dediqué también gran parte del tiempo a pasear con Sally entre las tiendas al anochecer. Al fin y al cabo eran nuestros últimos días de libertad antes de comenzar las clases. En una de las ocasiones en que salimos hacía más frío que de costumbre, así que volvimos a la tienda en busca de un jersey para Sally. Cuando entré vi a Sach y Keith hablando, y de nuevo sentí una punzada de fastidio por no poder acercarme y hablar con ellos como si tal cosa si Sach estaba ahí. Sally se dirigió a la habitación a por el jersey mientras yo me sentaba a esperar por ella cerca de la puerta. De repente Keith apareció ante mí, cogiéndome del brazo y arrastrándome hacia la puerta.
- Keith, ¡suelta! - Dije, revolviéndome mientras me arrastraba. Pero era inútil, al fin y al cabo era más fuerte que yo.
Keith no dejaba de murmurar. Finalmente me sacó de la tienda, y conseguí que me soltara mientras avanzábamos entre las tiendas de campaña. Quería volver para avisar a Sally, pero por otro lado me daba cuenta de que Keith estaba bastante alterado, y quizá debiese seguir a su lado.
Entramos en un bar y nos sentamos, lejos de la puerta. Keith pidió dos cervezas, y me quedé observándole mientras bebíamos cada uno la suya. Seguía en silencio, aunque no dejaba de resoplar, sin apartar la vista de su bebida. Cuando terminamos pidió otras dos, y mientras las bebíamos decidí que sería mejor preguntarle por qué estaba así.
Keith me contó, para mi sorpresa, que entre las ya muchas cosas que habían pasado el día de la fiesta en los baños, también había sucedido que él y Ally habían tenido más que un pequeño roce mientras estaban escondidos en la taquilla. Y un roce del tipo bueno. Me dio la impresión de que desde entonces él no debía tener muy claro qué sentía, a pesar de asegurarme que Ally no le gustaba, lo cual no veía muy creíble. El caso es que Ally ahora se había echado un novio durante el verano, y él acababa de enterarse a través de Sacharissa.
Decidí intentar animarle, aunque no tenía muy claro cómo. La conversación continuó, y las rondas siguieron llegando. Antes de darnos cuenta estábamos saliendo del bar cargando el uno con el otro, medio caminando medio gateando, buscando nuestra tienda y manteniendo conversaciones de temática altamente filosófica.
Finalmente atinamos a entrar por la puerta de la tienda correcta, donde me pareció ver a Sally, o un mancha de tinta de asombroso parecido, caminar con paso firme hacia mí.
- Mira - Le dije a Keith -, veo a Sally doble. Una Sally con un libro, y una Sally que camina...
Sally llegó hasta mí, nos dedicó una mirada de evaluación a los dos, y luego me cogió del cuello de la camisa, arrastrándome hacia nuestra habitación, mientras trataba de despedirme de Keith. En cuanto estuvimos dentro de la habitación y Sally me hubo soltado me pareció distinguir la cama, así que me aventuré a dar cuatro pasos en su dirección y dejarme caer sobre ella.
- ¿Pero dónde estabas? - Dijo Sally, conteniéndose para no gritar.
- Con mi mejor amigo - Dije, con ganas de dormir -, ese de fuera, que las chicas le han hecho daño.
- ¿Qué chicas? - Dijo Sally, alterada.
- No lo sé... - Dije -. ¿Yashira? ¡No! Ally... Ally. Le ha hecho daño. Porque es una cerda. ¡Con otro chico!
- Peter, ¿de qué hablas? - Dijo Sally, que no parecía estar de humor.
- ¿Eh? Estás muy guapa... - Dije, tratando de enfocarla -. ¡Dame un beso!
- ¡De eso nada! Sacharissa dijo que ibais a buscar chicas guapas.
- ¿Qué? - Dije, tratando de comprender -. ¿Eso te dijo?
- Sí...
- ¿Por qué?
- No lo sé... - Sally se sonrojó un poco -. Supongo que para fastidiarme. Me he contenido, pero...
- ¿Os vais a pelear? - Dije, emocionado -. ¡Ay, madre!
- ¿Qué? ¡No! - Dijo Sally -. Aunque me han dado ganas de... ¿Pero dónde habéis estado?
- En un bar - Dije -. Bebiendo. Un poco. Mucho. Todo. Nos echaron.
- Peter... - Dijo Sally.
- Es mentira, no nos echaron - Dije -. Nos fuimos. Y luego vinimos. Aquí. Y tú estabas muy guapa y me llevaste a la cama pero luego no sé qué pasó.
- Ese luego es ahora, Peter - Dijo Sally, con paciencia y resignación -. Supongo que estás tan borracho que darte una bofetada para que no me vuelvas a dejar tirada no serviría de nada, ¿no?
- No sé si la sentiré -. Dije -. Puedes probar.
- Déjalo... - Dijo Sally, rindiéndose -. ¿Keith tenía problemas?
- Keith necesitaba hablar. Por eso me arrastró con él a un bar. Lo siento...
Sally me miró, pensativa.
- No hubo chicas, lo juro - Dije -. Yo... Te quiero mucho, Sally Kingcrow. Yo...
Me acerqué a su regazo y me quedé dormido. Al día siguiente me aseguraría de que no estuviera enfadada conmigo, y le explicaría todo un poco mejor.

Y llegó la noche del último día de los campeonatos, alzándose Irlanda como ganadora. Decidimos salir a festejarlo, algo que ya teníamos planeado, ya que al final no habíamos asistido en sí a ningún partido. Todo iba bien y había un ambiente muy animado, hasta que comenzaron a escucharse gritos de un tono distinto a los demás.
- ¡Mortífagos!
- ¡Huid!
Todos nos miramos entre nosotros, sin saber muy bien qué debíamos hacer. En unos segundos se desató el caos, y todos los dueños de las tiendas que rodeaban a la nuestra comenzaron a desmontarlas, o huyeron sin más. La gente corría en distintas direcciones, pero sin parar, y comenzábamos a quedarnos solos. ¿Pero qué podíamos hacer? Sentí como Sally se apretaba contra mí, nerviosa, y la rodeé con un brazo. Luego algo tocó mi pierna. Se trataba de Mêlée, que me miraba con puro pánico. Estiré mi otro brazo y le toqué la cabeza, trayéndolo también contra mí.
Miré a Keith buscando alguna pista de qué debíamos hacer, pero parecía desorientado, y sólo miraba a nuestro alrededor, nervioso. Me sorprendí buscando a Sach con la mirada, y es que a pesar de todo aún contaba con su capacidad para reaccionar, pero se encontraba también sin saber cómo reaccionar, cerca de Stebbins. Stebbins, que simplemente se dedicaba a mirar al cielo, a uno y a otro lado, con el ceño fruncido, sin hacer tampoco nada concreto. ¿No debería él, al menos, hacer algo? Algo estaba pasando de verdad, ¡teníamos que salir de allí!
Mêlée se apretó aún más contra mi pierna. ¡Claro! ¡Mêlée! ¡Él podría transportarnos a todos!
- ¡Mêlée - Grité, nervioso -, llévanos a un sitio seguro!
- Pero... - Mêlée me miró, inseguro -. Amo Peter...
- ¡Rápido - Grité -, ahora, esto es peligroso!
Mêlée asintió levemente. Miré a los demás, que se acercaban, y nos cogimos todos de las manos. Mêlée obedeció mi orden, y desaparecimos de allí.

Aparecimos en el salón de la casa de mi tío. Abrí mis ojos como platos, no podía creérmelo. ¿Mêlée nos había traído a la casa de mi tío? ¿De todos los sitios seguros del mundo, había elegido ese? ¿Después de insistirme una y mil veces en que nadie debía entrar? Tenía que ser una broma.
Entonces reaccioné y miré alrededor. Los demás habían comenzado a avanzar un poco por el salón, de forma insegura, sin que yo pudiera hacer nada. Miré a Sally, que me devolvió la mirada con preocupación.
- ¿Dónde estamos, Peter? - Dijo Keith, de repente, y su voz resonó en el amplio salón.
Me disponía a contestar alguna mentira, cuando Mêlée decidió contestar por mí.
- Están en la casa del amo Peter - Dijo, alterado -, antes propiedad del amo Horacio. ¡Y ustedes no deberían estar aquí! Sólo el amo Peter y la señorita Kingcrow pueden entrar aquí.
¿En serio acababa de mencionar incluso a Sally? Por si no fuera suficientemente raro que fuera mi casa y sólo yo tuviera permiso, ¿también tenía que mencionar a Sally?
- ¿Entonces por qué nos has traído? - Dije, sin poder disimular mi enfado.
Mêlée me miró, atemorizado al ver mi cara.
- Es el único sitio seguro que conozco, amo Peter - Dijo, avergonzado, y luego se dirigió a los demás -. Pero ahora todos ustedes deberían salir de la casa.
- No, Mêlée - Dije, resignado -. Son mis invitados y van a quedarse. Esta noche.
Mêlée protestó, pero le hice callar. Estaba de mal humor. Tanto tiempo preguntándome cómo hablarle a los demás acerca del tema de mi tío y de la herencia, y finalmente todos descubrirían que les había estado mintiendo. ¿Cómo se lo iban a tomar?
Ordené a Mêlée que trajera lo necesario para poder dormir todos en el salón, y traté de asegurarme de que nadie iba a dedicarse a deambular por la casa. Ya que habían descubierto que tenía una casa, no quería que también se sorprendieran cuando descubrieran el tamaño de la misma. O los jardines. Me alegré de que la oscuridad impidiera ver bien el exterior.
Todos parecían desconcertados, hasta que de repente Sach me habló.
- Así que esta es la casa de tu tío - Dijo, como si tanteara el terreno.
- No, ya no - Dije, secamente -. Ahora es mi casa. Mi tío murió hace meses.
Me sentía mal por ello, sobre todo por tratarse de Sacharissa, pero lo cierto es que no tenía ganas de hablar. De repente las cosas habían terminado torciéndose de algún modo, como siempre. Por suerte casi todo el mundo parecía bastante asustado, y no tenían ganas de abandonar la reciente seguridad que el salón les ofrecía, aunque Stebbins tenía algo en su expresión que me hacía pensar que habría aceptado un tour guiado por la mansión Starkey de buen grado.
Después de que Mêlée preparase las camas improvisadas en el suelo, le aparté un poco y le dije que, si alguien necesitaba ir al baño, le acompañase en todo momento.
- ¿Pero puede Mêlée esperar a que termine fuera? - Me preguntó preocupado. Suspiré y le dije que sí.
Keith necesitaba hablar con sus tíos, así que Mêlée también se encargó de preparar la chimenea para que todo aquel que quisiera pudiera comunicarse con su familia para dejarles tranquilos. Más tarde Keith me insinuó que la casa sería genial para hacer fiestas. Le dije que ni en sueños, pero al menos me alegró ver que no parecía inmediatamente enfadado conmigo por no haberle contado nada de la casa.

A la mañana siguiente Mêlée nos preparó el desayuno, mientras los demás leíamos el Profeta, que hablaba del ataque de los mortífagos durante la noche anterior. Al final habíamos hecho bien en huir, pero nuestra siguiente preocupación, y más que de nadie de Keith, era si la tienda habría sufrido algún daño. Me molestaron en cierto modo las insinuaciones por parte de Ally y Yashira de que los demás debíamos saber algo por el mero hecho de ser Slytherins, así que traté de defendernos como pude, algo que en este tipo de casos era un comportamiento casi obligado para los de nuestra casa. Como si tuviéramos que ir pidiendo perdón sólo por estar ahí.
Cuando el desayuno hubo terminado Mêlée volvió a llevarnos al campamento y localizamos la tienda de Keith. Todo estaba en buen estado, lo cual nos animó un poco. Recogimos entre todos y nos dirigimos a la salida, donde nos despedimos. Ahora que ya había terminado todo me sentía un poco mal por mi comportamiento seco de la noche anterior, así que intenté ser un poco más amable.
- Keith - Dije, mientras éste se acercaba a su traslador, cargado de bultos.
- Dime.
- Yo... - No sabía qué decir -. Verás, te dije que había heredado un cuervo y un elfo, pero... También heredé la casa.
- Ya, ya lo he visto - Dijo Keith, sonriendo -. Debe haber sido una pasada, ¿no?
- Sí, supongo... - Dije, dudando -. Perdona por no habértelo contado.
Keith se encogió de hombros.
- No pasa nada - Dijo, finalmente -. Ya me dirás por qué no lo hiciste en el colegio, ¿vale? Me toca usar el traslador.
Se volvió a despedir de todos con un gesto y se dirigió a su traslador. Fijé entonces mi vista en la cola de Sach, decidí decirle a Sally que esperase un momento, y me acerqué a ella.
- Sach - Dije, sin saber qué podría decir a continuación.
- ¿Sí? - Dijo ella, fijándose en cuánto quedaba para que su fila avanzase.
- Yo... Eh... Siento lo del ataque de anoche - Dije, sin tener muy claro por qué.
- Ni que fuera culpa tuya - Dijo ella, secamente.
- Ya - Dije, igual de seco que ella -. Pues eso.
- Pues vale.
- Pues nos vemos en clase.
Me dí la vuelta y volví con Sally sin despedirme, de mal humor. Mientras no pusiéramos los dos un poco más de nuestra parte, no íbamos a lograr mucho. Una vez con ellos, Mêlée nos llevó de nuevo a Sally y a mí a la casa de mi tío. Ese mismo día tendríamos que hacer el equipaje y volver cada uno a su casa, donde pasaríamos los últimos días antes de volver a clase.

Antes de abandonar la casa de mi tío, me pasé por su habitación privada rápidamente, a solas, y comencé a buscar por las estanterías. Un par de minutos más tarde entró Sally, acompañada de Mêlée.
- ¿Qué hacéis aquí? - Dije.
- Le he dicho a Mêlée que antes de irte pasarías a buscar los diarios de tu tío, y como quiere pedirte perdón por lo de anoche se ha ofrecido a dártelos. No hay necesidad de que los cojas a escondidas.
Resoplé. Mêlée cogió unos cuantos libritos, no demasiado grandes, y me los ofreció.
- Perdone, amo Peter - Dijo, con timidez.
- Te perdono, tonto - Dije, cogiendo los diarios de mi tío de entre sus manos -. Al final no ha pasado nada.
Comencé a hojear los diarios. Había uno por cada curso, parecía que lo había tomado por costumbre. Todos cubiertos por la letra pequeña y metódica de mi tío, de primero a quinto. Cogí el diario de sexto curso, y lo abrí. Estaba en blanco. Pasé las páginas. Nada.
- No... - Dije -. Será una broma. ¡Otra vez no!
Sally observó con atención, pero no dijo nada.
- ¿Qué vas a hacer? - Dijo, finalmente.
- Llevármelos - Dije -. Me llevaré los diarios escritos, y me llevaré los de sexto y séptimo que, qué sorpresa, están en blanco. Me los llevaré, porque mi tío me dijo que lo hiciera. Así que lo haré. Pero te aseguro una cosa: Al más mínimo atisbo de misterio, abandono. Adiós a los diarios. Como en las hojas en blanco empiecen a aparecer mapas, recetas, o...
Seguí quejándome mientras guardaba los diarios con el resto de mi equipaje y, cargando también con Esk, que había disfrutado de sobra de la vida en el campo, nos dirigíamos a la salida de la mansión. Después Sally y yo nos despedimos de Mêlée, que no pudo evitar echarse a llorar. Para mi sorpresa terminé emocionándome y le dí un pequeño abrazo, diciéndole que había disfrutado mucho de mi estancia en la mansión, y que le iba a echar de menos, lo cual sólo empeoró su llanto. Prometí escribirle en cuanto comenzase el curso para que se quedase tranquilo, y Sally y yo nos alejamos mientras nos decía adiós con la mano.

Y así terminaron las vacaciones, o al menos la mayor parte. Sally y yo tuvimos que despedirnos en la estación de Cheltenham antes de dirigirnos cada uno a su respectivo tren. Los dos estábamos tristes, sabiendo que se acababan las noches de dormir juntos, los días de pasear por el bosque, un verano que recordaríamos toda la vida. Volveríamos a la rutina, los uniformes, las habitaciones separadas. No era justo, ya ni recordábamos cómo podíamos vivir así.
Nos miramos en silencio, antes de que Sally subiera a su tren.
- Se acabó... - Dije.
- Sólo el verano - Dijo ella.
- El verano es todo lo que tenemos - Dije yo, triste.
- No - Dijo ella, frunciendo el ceño -. Yo tengo mucho más. Gracias a ti.
Sally se puso de puntillas y me besó fuertemente, de tal manera que casi me hizo dejar caer los bultos. Correspondí a su beso, hasta que el último aviso para su tren resonó en los andenes.
- Te echaré de menos, Sally - Dije, tratando de no llorar. Me sentía como un idiota.
- Y yo a ti - Dijo ella -. Pero nos veremos enseguida.
- Aún así - Dije -. Te quiero, Sally...
- Y yo a ti - Dijo ella -. Te quiero, Peter Starkey. Toma, para que me recuerdes.
Sally sonrió durante sólo un par de segundos, de manera muy dulce, y luego volvió a ponerse seria. Le devolví la sonrisa, y vi cómo se subía al tren. Me quedé allí plantado hasta que el tren se puso en marcha y se perdió de vista.
Luego, muy despacio, me encaminé hacia mi propio tren.
Menudo verano, pensé.