miércoles, mayo 17
15 de Mayo, Domingo Miré el plato de comida ante mí con falta de apetito. ¿Dónde estaba Sally? Lo normal era que los Domingos nos los pasáramos pegados el uno al otro, estudiando y dando paseos en silencio. Bueno, y el resto de los días también. Pero, sin embargo, no la había visto en toda la mañana. Ni siquiera había bajado a desayunar, para mi sorpresa. Y, por mucho que la había esperado en la sala común, no había rastro de ella. Debía de seguir en su habitación.
Separé la vista del plato y busqué a mis compañeros con la mirada. Keith sentado solo y hurgando en el plato de comida con sus cubiertos, con aire ausente. Y Chibi junto a Stebbins, aparentemente muy cómoda a su lado. Bah. Chibi. Apenas hablábamos ya, y la mayor parte de cuando lo hacíamos era para discutir. Y, aún así, todavía tenía impulsos repentinos por complacerla de vez en cuando. Como días atrás, cuando me había tirado una taza de té por encima y yo me había ofrecido a buscarle otra. Y ante Sally. Claro que a ella no parecía haberle importado. Pero con ella tampoco se podía estar seguro de nada.
De repente, el asiento a mi lado rechinó contra el suelo mientras Sally se sentaba y se acercaba mucho a mí. Parecía un tanto alterada.
- ¿Dónde has estado todo el tiempo? - Le dije, antes de darme cuenta de que ni siquiera se había molestado en coger un plato de comida.
- ¡El pergamino, Peter! - Dijo ella, como si yo tuviera que entender de qué estaba hablando.
- ¿Qué dices? - Dije, bajando la voz.
- ¡Uno de mis pergaminos! - Dijo ella, hablando también en bajo. Días atrás habíamos decidido repartirnos los pergaminos tras volver a discutir sobre el asunto. Sally había accedido a dejarme guardar dos de los cuatro pergaminos, con la condición de que le avisase si aparecía algo en ellos, y prometiendo ella hacer lo mismo. Yo accedí no muy convencido, pensando que ella no me avisaría en el caso contrario. Pero, por lo visto, me equivocaba.
- ¿Qué? - Dije, nervioso -, ¿ha aparecido algo?
- ¡Sí! - Dijo ella, cogiéndome por los hombros y acercándose mucho a mí. Al notar que la gente nos miraba, me acerqué y le dí un beso rápido, como si sólo nos saludáramos. Ella no pareció ni darse cuenta.
- Y... - Dije, intrigado - ¿Qué ha aparecido?
- ¡Ven y te lo enseñaré!
Sally me cogió de la mano y comenzó a ponerse en pie, pero tiré de su túnica para que se volviera a sentar.
- ¿No piensas comer nada? - Dije, mientras ella me miraba extrañada. Sally se encogió de hombros y cogió un tenedor cercano, tras lo cual comenzó a tomar bocados ocasionales de mi plato. Me apuré para repartirlo más o menos a la mitad y, en cuanto terminamos, volvió a cogerme de la mano y me llevó corriendo a la sala común.
- ¡Espera! - Dije, mientras Sally se encaminaba hacia el dormitorio femenino -. ¡Yo no puedo subir ahí!
Sally me miró y puso cara de "ah, eres un chico, lo había olvidado", tras lo cual me soltó y subió a su habitación sin decir palabra. A los pocos segundos volvió a bajar con sus pergaminos a la carrera, me cogió de la mano de nuevo, y me hizo correr a toda prisa hacia la habitación de los chicos.
Una vez dentro, se subió a mi cama antes que yo y, en cuanto la hube seguido, corrió las cortinas y las unió utilizando el mismo hechizo que yo había usado siempre. Tras hacerlo, al fin desenrrolló uno de los pergaminos, y me lo ofreció.
En cuanto lo cogí y me preparé para leerlo, me quedé sorprendido al ver que, al igual que en el otro había aparecido un testamento, sobre éste había aparecido un mapa. Parecía el mapa de toda la planta de un edificio, con infinidad de habitaciones y, aparentemente, varios caminos marcados con tinta roja, partiendo de unas escaleras, y llegando cada uno a una habitación concreta. Sobre el mapa aparecía escrita, con cuidada ortografía, la palabra "Sótanos".
- ¿Sótanos? - Dije, extrañado -. ¿Pero qué sótanos son éstos?
Sally soltó un gruñido.
- No lo sé - Dijo, decepcionada -. Esperaba que tú me lo dijeras, yo llevo toda la mañana en la biblioteca, creí que sería un plano de los sótanos de Hogwarts y estuve buscando información, pero no se trata de eso, estos sótanos son de algún otro sitio.
La miré frunciendo el ceño.
- Si esperabas que yo te lo dijera, podrías haberme buscado por la mañana como todos los días - Dije -. ¿Por qué no te fías de mí?
- No sé - Dijo ella -, ¿por qué has dicho tú que nos hemos acostado?
Bajé la cabeza, avergonzado.
- No me molesta - Dijo ella -, no te preocupes. Ya te lo diría. Sólo quería encontrar información. Pero ya veo que va a ser difícil.
Sally suspiró, y se dejó caer sobre la cama. Al cabo de unos segundos pareció darse cuenta de que eso no era muy propio de ella y volvió a incorporarse.
- Bueno - Dijo, seria -. Te dejo este pergamino. Pero a cambio me llevo uno de los tuyos en blanco. Intenta averiguar de dónde es el mapa, si se te ocurre cualquier cosa... Dímelo.
Sally cogió uno de mis pergaminos y, tras deshacer el hechizo de las cortinas de mi cama y darme un beso en los labios, abandonó la habitación, dejándome sentado y observando el mapa.
- Creo que sé de dónde es - Dije en voz baja lentamente -. Son los sótanos de la casa de mi tío. Supongo que tendré que pasarme por allí este Verano.
Psenci
nos contó algo
a las ... 2:22 PM
miércoles, mayo 10
8 de Abril, Viernes Al fin había llegado el día. Había tenido la poción cociéndose durante todo este tiempo, esperando primero a que se aclarase y luego a que se pusiera totalmente transparente. Aún no tenía ningún plan sobre como poder tirarle por encima la poción a Sally, pero pensé en improvisar sobre la marcha. Muy bien. La metí en una botellita y la dejé al lado de la ventana, para que estuviera bien a la luz, y me fui de la habitación. Durante las clases de la mañana intenté fijarme todo lo posible en Sally para saber si era del tipo de personas que se pasa el rato mirando de un lado a otro y me descubriría a la primera si iba detrás de ella para tirarle la poción por casualidad. Parecía que había tenido suerte, sin embargo. Miraba al frente fija, siguiendo con los ojos al profesor y sus explicaciones, excepto en los breves momentos en los ligeramente, por el rabillo del ojo, miraba a Psenci, que se sentaba a su lado, quizá para asegurarse de que seguía allí.
Después de la hora de comer, me fui a por la poción y guardé el frasquito con cuidado dentro del bolsillo de la túnica pensando en aprovechar cualquier momento para tirárselo todo por encima. Según me había estado explicando Stebbins, todo dependía del color que tomaba cuando la tocase, pero tenía que asegurarme de que le caía algo sobre la piel, o no funcionaría. El rojo brillante indicaba la peor de las situaciones, aunque dijo que no era probable que ocurriese, ya que solo se daba en casos en los que prácticamente se quería matar a la otra persona, pero era probable que si tramaba algo, se pusiera rojizo, como el té rojo, lo suficiente como para verlo. Había una amplia gama de rojos, pasando por los rosas más tenues, hasta el color que tenía en ese momento, ninguno. También me había comentado que aunque se pusiera de un color ligeramente rojo, no tenía por qué significar nada, tan solo que le podría haber dicho alguna pequeña mentira sobre el futuro de ambos.
A pesar de que Stebbins no soportaba a Psenci y mostraba bastate desinterés por Kingcrow, había decidido ayudarme de todas maneras. No demostraba ningún tipo de curiosidad ni ilusión por ello, pero ahí estaba, de todas maneras. Y por mi parte, ahora mismo tenía una curiosidad tremenda. A veces Kingcrow se quedaba mirando a la nada y cosas así, aunque el resto del tiempo se lo pasaba en los brazos de Psenci, por lo que no era capaz de encontrar el por qué había decidio hacer aquello. De todas maneras, me sentía intrigada. Todo entre ellos había sido muy repentino. No habían hablado nada en absoluto durante más de cinco años, y de repente, tadán, salían juntos. Cierto que Psenci y yo no nos habíamos conocido durante mucho más, pero aún así... lo nuestro había sido más apacible y más bonito. Al menos eso creía, claro. No tenía ni idea de como habían sido las cosas entre ellos.
Por la tarde, tras las dos clases que teníamos, me senté con Stebbins en la sala común para intentar buscar un momento. No podía retrasarlo mucho ya que la poción tenía su mejor momento antes de que pasasen doce horas de sacarla del caldero, así que esperé hasta que la vi bajar de la habitación con Psenci. Parecían muy contentos, y me sentí un poco dolida. Él nunca había parecido estar tan contento cuando estaba conmigo. Me centré en el pergamino que tenía delante e intenté concentrarme. Echaba varias miradas ocasionales para ver que estaban haciendo en ese momento. Achuchándose en el sofá. Achuchándose en el otro sofá. Hablando Dios sabe de qué. Por fin, se levantaron, y Kingcrow se quedó sola al lado de las escaleras mientras Psenci subía hacia el cuarto, probablemente para ir a buscar algo, así que puse en la tacita que tenía al lado el contenido del frasquito que había guardado, y me puse de pie.
Caminé tranquilamente hacia Kingcrow, como si solo quisiese ir al otro extremo de la habitación y mirar por la ventana. Un poco más cerca, un poquito más, chocaría, oh cuanto lo siento, no te preocupes es solo té, déjame limpiártelo, me pondría mala cara, se alejaría bufando, y jamás se daría cuenta de que le había tirado realmente. Era un plan perfecto. Excepto porque cuando estaba a menos de medio metro de ella, Psenci bajó las escaleras todo lo rápido que pudo mientras gritaba que ya estaba listo. Tropezó en el último escalón y chocó justo contra mí, haciendo que todo el contenido de la taza le salpicase. Muy bien, se había arruinado todo.
Suspiré, intentando no parecer demasiado enfadada. Psenci me pidió perdón una y otra vez e insistió en traerme otra bebida. Sally, sin embargo, me miraba fijamente.
- No te preocupes - le dije - no hace falta. Tan sólo era agua.
- Querrás decir té.
- ¿Cómo? - pregunté mientras miraba la camisa de Psenci.
Ahí estaba. Una gran mancha de color rojizo que contrastaba con la blancura de su camisa.
chibi
nos contó algo
a las ... 7:54 PM
miércoles, abril 5
29 de Abril, Viernes Desperté un tanto desganado, y me encerré en el baño. Había pasado las últimas noches pensando en lo que me había dicho Chibi durante la cortísima conversación que habíamos tenido unos días antes. ¿De qué había ido aquello? Se había acercado como si quisiera hablar conmigo, me había tirado del pelo de repente y, al cabo de un instante, se había ido, diciéndome que ella ya se había acostado con Stebbins.
- Quizá sólo pretendía averiguar si yo ya había hecho lo mismo con Sally... - Murmuré ante el espejo. A continuación fruncí el ceño y di un golpe en el lavabo.
- ¡Sí! - Dije, más alto -. Tiene que ser eso. En realidad... En realidad tiene celos... Sólo lo ha dicho por darme celos.
La idea no terminaba de convencerme. ¿Chibi tratando de darme celos a mí? ¿Después de pasarse días sin mostrar ningún interés? ¿Y tratándome así sin haber discutido recientemente ni nada por el estilo? ¿Y qué había sido eso de que a Sally le iba el...? Bueno, ¿el asunto de que le iba que le tiraran del pelo y demás? ¿O tirarme ella a mí? Suspiré, y terminé de asearme en silencio.
Fui con Sally (como siempre últimamente) a las clases de la mañana. Herbología (primera hora) me pareció tan relajadamente interesante como siempre. La asignatura no me apasionaba, pero le encontraba algún tipo de encanto aburrido que a la vez hacía que sintiera bastante curiosidad por la materia. Y a continuación dos horas de Pociones, durante las que habría temido las posibles represalias de Snape de no ser por los progresos que había hecho últimamente. Además, Sally era toda una experta a la hora de preparar cualquier tipo de poción ("como Chibi", pensaba a veces por un instante, y a continuación solía tratar de pensar en otra cosa), y sólo necesitaba conocer los ingredientes necesarios y la forma de prepararlos para seguir las instrucciones sin errores. Yo aún no había llegado a ese nivel, pero, yendo un poco más despacio para no perder la seguridad, no solía tener demasiados problemas.
Tras la comida, que transcurrió como durante los últimos días, vinieron las clases de la tarde. Una hora de Historia de la Magia que se hizo eterna, y otra de Encantamientos que pasó sin más. Más tarde, por la noche, sería la hora de la última clase del Viernes: Astronomía. Para descansar y hacer tiempo durante el resto de la tarde, Sally y yo decidimos ir a dar un paseo.
- ¿Te gusto? - Me preguntó Sally de repente, mientras paseábamos bajo los arcos de piedra, apretándome fuerte la mano.
- ¿Eh? - La pregunta me había pillado por sorpresa, cada vez estaba más convencido de que a Sally no le pegaban demasiado ese tipo de preguntas. La pregunta que sí le pegaba era algo como "¿Te fías de mí?", y mi respuesta no sería nada que presagiara una relación duradera.
- Que si te gusto - Dijo ella, deteniéndose ante mí y mirándome con esos ojos de niña inocente que fingía de una forma casi perfecta.
- C-claro - Respondí. Lo complicado es que no era mentira. El hecho de que no me fiara de ella ni una pizca no quitaba que me sintiera tremendamente atraído por sus extraños encantos -. Me gustas mucho. Eres mi novia.
Al instante ella me empujó contra la pared y se lanzó a mis labios. "Ya le ha dado", pensé. Tras saborear su lengua durante unos segundos, de repente me cogió del pelo e inclinó mi cabeza hacia un lado.
- ¡Au! - Grité. ¿Mi pelo? ¿Al final sí que le iban esas cosas? O, lo que era peor... ¿Me iban a mí? En el momento en que Sally comenzó a morderme el cuello seductoramente, comencé a pensar que sí, debían irme, dado el resultado.
- Dímelo... - Me susurró Sally, rozando mi oreja con sus labios. Sentí un escalofrío.
- Me... ¡Me gustas! - Dije, hablando un poco más alto de lo que pretendía.
- No, eso no... - Dijo ella, dándome pequeños mordiscos en la oreja -. Dime lo que tú sabes que quiero oír.
Una duda me atravesó la cabeza. ¿Qué quería oír Sally? Sí, tenía que ser eso. Tenía que ser lo que estaba pensando. Y, ¿por qué no?, lo que estaba deseando hacer en ese momento. Al fin y al cabo, tanto Chibi como yo podíamos jugar a ese juego.
- Te lo diré... - Susurré, apartándola unos centímetros.
- ¿Me lo dirás? - Repitió ella. Un brillo astuto relampagueaba en sus ojos.
- Sí, sí... - Dije, ruborizándome -. Pero vamos a mi habitación.
- ¡Claro! - Dijo ella, sonriendo, y, cogiéndonos de la mano, caminamos apresuradamente hacia el dormitorio masculino.
Por suerte no nos encontramos a nadie dentro de la habitación, así que, tras entrar, corrí hacia mi cama y me senté en el interior, indicándole a ella que hiciera lo mismo. Ella se acercó y, con gesto de extrañeza, se sentó junto a mí, quitándose antes los zapatos. A continuación saqué mi varita, torpemente, y realicé el hechizo que sellaba las cortinas de ambos lados de la cama.
- ¿Deberíamos hacer también un hechizo insonorizador, por si acaso? - Pregunté, inseguro.
- Vaya, dijo ella, haciendo un distraído movimiento con su varita que pude reconocer como el hechizo que acababa de mencionar, veo que no quieres que nadie te oiga.
- Me da un poco de vergüenza - Dije, ruborizándome.
- ¿Vergüenza? - Dijo ella, un poco extrañada -. No creo que sea para tanto...
- Bueno, yo... Espera, a ver. Ejem...
- A ver, dime - Dijo ella, acercándose sin poder ocultar su sonrisa -. ¡Dímelo!
- ¡Quiero acostarme contigo! - Dije, y me abalancé sobre ella.
Durante un segundo todo fue bien. Yo estaba sobre ella, la besaba, le abría la túnica, y mi mano derecha comenzaba a trazar planes de exploración por territorios desconocidos, mientras la izquierda acariciaba su nuca. Entonces una repentina presión en el pecho me alzó unos centímetros ante la boca de Sally, que resultó haberse puesto más colorada de lo que jamás la había visto.
- ¿Qué? - Gritó, aparentemente muy avergonzada.
- Eh... - Respondí, arrodillándome junto a ella -. ¿No era eso lo que querías que te dijera?
- ¡No! - Dijo ella, arrodillándose también. No parecía enfadada, sólo avergonzada, quizá por primera vez desde que la había conocido -. ¡Me refería que me dijeras lo de los pergaminos!
- ¿Qué? - Dije, sorprendido. ¿Tenía la cara de preguntarme por eso mientras me besaba?
- ¡Los pergaminos! ¡Para qué sirven! ¡Cómo se activan! ¡Esas cosas!
- ¡Pero serás...! - Grité, sintiéndome molesto -. ¿Todavía tienes la cara de preguntarme?
- ¡Sí! - Gritó ella.
- Oh, pues en ese caso yo también pregunto - Dije, enfadado -. ¿Quién era?
- ¿Quién era quién? - Dijo ella. Parecía sorprendida.
- ¡Esa gata! ¡La de la otra noche! ¡Te vi hablando con ella!
Sally reprimió una exclamación de asombro. Por una vez parecía que yo tenía la sartén por el mango.
- ¡Vi su ojo! - Continué -. ¡Y sé lo qué significa ese ojo! ¡Ah, sí, lo sé muy bien!
Sally siguió observándome, sorprendida. permanecimos así unos segundos.
- De... De acuerdo - Comenzó a decir ella, extendiendo sus manos ante ella y mirando hacia ellas como si tratara de relajarse -. Ésto no es tan malo, al fin y al cabo no pasa nada, sólo sigues siendo tú...
- ¿Se puede saber de qué hablas? - Dije, desesperado -. La mitad de las veces no sé de qué estás...
- Ésto cambia las cosas mínimamente - Continuó ella, ignorándome -. Es fácil, te he estado conociendo, y no pasa nada. Creo. No lo sé.
- ¡Sally! - Me incliné hacia delante y la agarré por los hombros, perdiendo la paciencia -. ¡Mírame! - Ella fijó sus ojos preocupados en mí.
- ¿Puedo confiar en tí? - Preguntó, preocupada.
- ¿Y yo? - Resoplé -. ¿Y yo en tí?
- Dame tiempo - Respondió ella, y me agarró el cuello de la camisa, tirando hacia ella, mientras me miraba a los ojos -. Yo no sé lo suficiente de tí, y tú no sabes lo suficiente de mí. Creo que ahora estamos juntos en esto. Estamos juntos en esto, ahora.
Tras decir esa última frase Sally se quedó mirándome a los ojos, callada. Estaba a punto de decir algo cuando ella se acercó, no de repente sino poco a poco y entreabriendo los labios, y me besó con los ojos cerrados, dulcemente. Al cabo de unos segundos volvíamos a estar tirados sobre la cama.
Los siguientes minutos fueron intensos. Esperé a que ella introdujera su mano por dentro de mi camisa para volver a dejar mis manos libres, igual que antes. Ellas solas parecían tener más idea de lo que hacer que si trataba de darles órdenes conscientemente. Mientras ella me besaba apasionadamente, y colocándola de rodillas sobre mi pecho, comencé a desabrocharle la camisa, hasta que ella cogió mis manos con las suyas y las apartó, respirando entrecortadamente.
La observé en ese momento, sobre mí, con esa falda corta, la túnica cayendo por su cintura, el pelo (habitualmente impecable) despeinado y la camisa medio desabrochada. Estaba preciosa. "Por favor, que no se vuelva loca ahora", pensé.
- No puedo, Peter - Susurró ella.
- ¿Qué? - Dije.
- No puedo - Siguió ella. Me pareció que su voz temblaba, no parecía la de siempre -. Lo siento, pero no puedo.
De repente se llevó una mano a la cara. Se levantó apresuradamente mientras deshacía los hechizos, se puso sus zapatos, y salió corriendo de la habitación.
- ¡Espera, no pasa...! - Comencé a decir, justo antes de que la puerta volviera a cerrarse -. Nada...
Me senté sobre la cama. ¿Qué acababa de pasar? Como de costumbre con Sally, no estaba seguro. De todos modos sí sabía que, de todas las Sally Kingcrow que me había encontrado desde que salía con ella, la que acababa de largarse casi reteniendo las lágrimas en sus ojos parecía la más sincera. Por un momento sentí lástima por ella. A pesar de que me hubiera robado, de que no quisiera decirme por qué, y de que en muchos momentos me diera miedo escucharla hablar sobre cosas que, al menos para mí, no parecían tener mucho sentido.
Lentamente, me puse en pie, me arreglé la ropa, y salí a la Sala Común, por si aún seguía allí. No vi rastro de ella, pero si de Chibi, que se acercó a mí con cara de extrañeza.
- Hola - Dijo ella.
- Hola - Dije, poniéndome incoscientemente a la defensiva -. ¿Vienes a tirarme del pelo?
- No - Dijo ella, aparentemente molesta -, sólo he visto salir a Sally de la habitación y te iba a preguntar qué ha pasado... Pero si no quieres contármelo no es necesario.
- Ah - Dije, aparentando indiferencia, sin poder contenerme -. Pues ha pasado lo que tenía que pasar, nada más que eso, y bueno, creo que ha sido lo mejor que he hecho en esa habitación en todo el curso.
Antes de poder repasar mentalmente lo que acababa de decir, la mano de Chibi se estampó contra mi mejilla, haciéndome girar la cara. Cuando volví a mirar hacia ella, la vi alejarse rápidamente y salir de la Sala Común. Algunos alumnos se habían girado en mi dirección y parecían contener la risa y susurrar por lo bajo.
- ¿Qué miráis? - Murmuré -. No es la primera vez que lo véis, ¿no?
Sin duda, mi boca, siempre un paso por delante de su dueño cuando de complicar la situación se trataba, acababa de lucirse. Muy bien, Peter. Perfecto.
Tras pensármelo un par de minutos, decidí salir a buscar a Sally por el castillo. Claro que había la posibilidad de que se hubiera ido a la habitación (entre otras cosas porque Chibi no había ido a la habitación tras pegarme a mí), pero en cualquier caso un paseo me iría bien para despejarme y tratar de pensar un poco.
Me encaminé hacia la biblioteca, quizá Sally se hubiera escondido allí. Era un razonamiento aparentemente poco lógico, al fin y al cabo la bilioteca no era el mejor sitio de Hogwarts para esconderse si se quería estar solo o no encontrarse con alguien, pero, por otra parte, todo el mundo terminaba huyendo allí para estar solo de vez en cuando.
Me adentré un poco y comencé a mirar entre las mesas, pero no ví rastro de ella. Al fin y al cabo era normal, no sabía qué otra cosa podía haber esperado. Me giré apresuradamente para largarme y, al doblar la esquina de una estantería, casi me dí de bruces contra un grupo de Hufflepuffs que entraban en la biblioteca. Trastabillé hacia atrás por un momento, antes de caer de culo.
- Au...
Algunas de las chicas rieron por lo bajo.
- Un momento, id sentándoos - Dijo una de ellas. Miré hacia arriba mientras me levantaba y reconocí a Ally. Hacía mucho tiempo que no la veía. Mientras me sacudía el polvo de la túnica escuché a una murmurar algo al oído de una compañera mientras pasaban a mi lado.
- Mira esos pelos, son tan, como de los ochenta...
- ¡Y esas puntas abiertas! ¡Qué horror!
Las observé alejarse mientras seguían cuchicheando, entre risas. Pijas.. De todos modos no pude evitar llevarme una mano al pelo. A mí me gustaba. Y creía que a la gente también. Vaya.
- Vaya, vaya - Dijo Ally, ante mí -, un Slytherin.
- Hola, Ally - Respondí, sin más. ¿No se habría encontrado con Chibi antes que conmigo? A ver si aún iba a recibir alguna bofetada más.
- ¿Dónde estáis últimamente? - Dijo ella. Parecía un poco molesta -. No se os vé para nada, ¿no os habréis olvidado de nosotras?
Suspiré aliviado. De acuerdo. Mejor que se encontrase conmigo antes que con Chibi.
- Lo cierto - Dije, un poco triste. Más tarde me daría cuenta de que probablemente estaba exagerando un poco aposta - es que nos hemos olvidado entre nosotros también.
Ally me miró sin comprender.
- Verás - Me expliqué -. Para empezar, Keith. Está muy raro últimamente, apenas me dirije la palabra... Bueno, ni a mí ni a Chibi. Y no tengo ni idea de lo qué le pasa.
Ally me miró extrañada.
- ¿No has intentado hablar con él? - Dijo.
- No lo suficiente, supongo... - Dije, suspirando -. Lo cierto es que no sé qué hacer. Es casi como si ya no estuviera.
- ¿Y Chibi? - Preguntó Ally, con curiosidad.
- Bueno... Chibi está muy ocupada con Stebbins, y parece que yo estorbo.
Miré hacia otro lado.
- Entiendo - Dijo Ally -. Pero... ¿Y qué hay de tí? ¿Por qué no te vemos más si no andas con ellos?
- ¿Eh? - Dije -. Ah, pues... Bueno... Yo también... - Me sonrojé -. Me he echado novia. Ando con ella.
- ¿Novia? - Ally pareció sorprenderse, y luego sonrió -. ¿Y quién es? ¿La conozco?
- No lo sé. Sally Kingcrow. Morena, pelo a esta altura - Levanté una mano un poco por debajo de mis hombros -. Suele parecer que va distraída, pero no en realidad. ¿La has visto hace poco?
Ally negó con la cabeza.
- Ni siquiera me suena su nombre - Dijo, encogiéndose de hombros.
Suspiré.
- En fin, da igual - Dije.
- Por cierto - Dijo Ally, de repente -. ¿Qué tal las reuniones?
- ¿Eh? ¿Qué reuniones?
- Las reuniones con los jefes de las casas. ¿No las habéis tenido también esta semana?
- Ah, sí - Respondí. Las reuniones con los jefes de cada casa se realizaban alrededor de esa fecha para los alumnos de quinto curso, y consistían en hablar con tu jefe de casa para ver qué especialización se ajustaba mejor a tus notas y a tu forma de ser al terminar en Hogwarts -. Parece ser que lo mío sería trabajar en algo relacionado con los muggles, ya sea en el ministerio o donde sea. Aunque Snape me echó una pequeña bronca por no haber escogido Estudios Muggles todos estos años. De todos modos puedo comenzar a elegirla el año que viene, así que... Sin problemas.
- ¿Y Keith y Chibi? - Preguntó Ally -. ¿Sabes algo?
Asentí con la cabeza.
- Sé que Keith pretende ser auror, y Chibi trabajará en algo relacionado con pociones. Se veía venir, ¿no? ¿Y tú?
- Sanadora - Dijo Ally, sonriente -. Y Neko medimaga.
- Creo que no sé cuál es la diferencia - Dije, rascándome la cabeza -. Bueno... ¿Y qué tal te va a tí? Oí un rumor sobre una chica que se quedó embarazada en tu casa. ¿Es cierto?
- Eh... - Dijo Ally, con cara de extrañeza -. No. Sólo un rumor. ¿Qué oíste exactamente?
- ¿Exactamente? Bueno... Algo así como que le dio un premio de consolación a los jugadores de quidditch de su casa en los vestuarios después del último partido, y...
Ví que Ally me miraba con cara de enfado.
- En fin - Terminé -, me alegro de que sea sólo un rumor. ¿Qué tal estás tú?
Ally suspiró.
- Bueno... Me he propuesto adivinar algo sobre mi padre.
- ¿Tu padre?
- Sí... No sé si lo sabes, mi padre se fue antes de que yo naciera. Mi madre se volvió a casar con otro hombre, y mi hermano Brian es hijo suyo.
- Oh... No lo sabía.
- Me he propuesto adivinar todo lo que pueda sobre él - Dijo Ally.
- Bueno, suerte entonces... Dime si hay algo que pueda hacer por tí, seguimos teniendo esos pergaminos, ¿no?
- Sí, pero... - Ally parecía extrañada -. ¿Qué podrías hacer tú por mí?
- Pues no lo sé - Dije, tratando de sonreir -. Se me dan bien los misterios.
La frase correcta era "atraigo los misterios", pero bueno.
- Está bien, te lo haré saber entonces - Dijo Ally, sonriendo -. Ahora creo que iré a estudiar un rato - Miró a sus amigas, que seguían cuchicheando sentadas a una mesa y mirando de vez en cuando hacia nosotros entre risas, y suspiró -. O al menos a intentarlo...
- Suerte - Repetí, haciendo un gesto de despedida con la mano -, ¡hasta luego, y saluda a tu hermano de mi parte!
Salí de la biblioteca pensando en la conversación que acababa de tener. Vaya, así que al final no era el único con misterios familiares.
La cena tampoco tuvo nada de especial. Sally apareció en el último momento, cuando ya pensaba que estaba a punto de cenar solo, y se sentó a mi lado. Dirigiéndome una mirada calmada, me cogió la mano por debajo de la mesa y, esta vez muy seria, repitió:
- Ahora estamos juntos en ésto.
Perfecto. Juntos en ésto. ¿Pero en qué? ¿En el curso? ¿En la cena? No, claro, sin duda se trataba de algo raro, de algo que incluía a Sally y a los pergaminos, por no mencionar a una gata con un ojo como el de Zoro. O no, ¿por qué iba a ser sólo una gata, ya que estamos? Podría tratarse de un ejército entero de animales como Zoro, puestos a meternos en misterios hagámoslo a lo grande. Preferí no preguntar. Ella me gustaba, y no parecía que fuera a matarme. Al menos no lo parecía todo el tiempo. Era suficiente. Quizá me matase si descubría que había dicho que me había acostado con ella, claro, pero eso era otra historia. Al fin y al cabo cualquier chica me mataría si descubriera algo así. Sí, incluso mi novia.
Suspiré.
Finalmente llegó la hora de Astronomía. Permanecí en silencio durante la totalidad de la clase, con Sally, también silenciosa, a mi lado, y Chibi a tan solo unos metros. Me fijé en que de vez en cuando parecía mirarme con el rabillo del ojo, con el ceño fruncido.
Resoplé. No quería hacerle daño, pero también quería averiguar si el decirle que me había acostado con Sally podía dañarle porque, de ser así... Bueno, entonces quizá ella sintiera algo por mí... Pero ¿por qué lo había dicho de todas formas? Al fin y al cabo, lo único que había recibido había sido una bofetada. Chibi estaba enfadada conmigo, desde luego. Pero eso no quería decir que sintiera nada por mí. Sólo... Asco.
Y aunque sintiera otra cosa, ¿qué importaba? Ahora yo estaba con Sally. Debía centrarme en ella. En estar bien con ella. Claro que... ¿Cómo podía conseguirlo cuando, no solo su cuerpo y su estatura me recordaban a Chibi cuando cerraba los ojos, sino que ni siquiera me fiaba de ella?
En ese momento, mirando las estrellas, comencé a sentirme triste. Todo era un lío.
Psenci
nos contó algo
a las ... 9:57 AM
viernes, marzo 31
26 de Abril, Martes Hacía unos pocos días que Stebbins y yo habíamos tenido lo que se podría considerar nuestra primera pelea. Había sido por un motivo completamente estúpido, pero las cosas se habían terminado por desbocar y nos habíamos empezado a gritar y a decirnos las cosas que hacíamos mal o que no nos gustaban el uno del otro. Por suerte, a la mañana siguiente ya se me había pasado el enfado y a él también, así que nos pedimos disculpas un poco avergonzados de habernos comportado así delante de todo el mundo y nos estuvimos besando un rato largo, hasta que vimos a Filch llegar por el pasillo con cara de malos humos. Hoy por la tarde, en ese mismo sitio, nos habíamos sentado en el alféizar de la ventana, en el quinto piso, un lugar bastante tranquilo.
- Tu... ¿qué opinas de esa Kingcrow?
Me miró bastante sorprendido.
- Pues no lo sé. Tu eres la que ha sido su compañera de habitación desde hace cinco años, ¿no?
- Sí, pero nunca he hablado con ella más de dos palabras. Es un poco rarita, y ahora se ha pegado a Psenci como una lapa. Pensé que quizás tendrías alguna información dado que perteneces a ese club tan... exclusivo.
- Un club extraescolar, sí, al que ahora también perteneces tú. Pero no, nunca hemos oído nada acerca de Kingcrow. ¿Y por qué ese interés ahora? ¿No estarás celosa, verdad? - me miró un poco preocupado.
- No, no, no, ¿cómo se te ocurre? Es sólo que es mi amigo y no me gustaría que le hiciesen nada malo. Yo te quiero mucho a tí.
- Pues hazle una poción de intenciones.
- ¿El qué?
- Una poción de intenciones. Puedes saber si esa persona trama algo bueno o algo malo en relación a otra persona. Es divertido, tienes que tirársela encima y ver como cambia. Si se pone transparente, son buenas. Si se pone rojo... mejor que tenga cuidado. Aunque para hacerla necesitas conseguir pelo de los dos. Sólo uno, pero aún así no es muy fácil.
- ¿Y dónde están el resto de las instrucciones?
- Las tengo en un libro que me compré. Si quieres te lo dejo, vamos a la sala común.
- Vale.
Nos fuimos para allá, y mientras Stebbins subía a buscarlo, me acerqué a mi primera presa, Psenci, que por fortuna estaba sólo.
- Hola - le dije sentándome a su lado. - ¿Por qué no estás con Kingcrow?
- Oh. Bueno. A veces se va y esas cosas.
- Y ahora que estamos sólo, entonces, ¿por qué no hablamos de algo? - le dije mientras posaba una mano en su cuello.
- Claro, si, claro. ¡Auch! ¡Me has tirado del pelo!.
- Vaya, perdona. Creía que te gustaban esas cosas.
- ¡No!
- Bueno, como Kingcrow tiene un poco pinta de eso, pensé que te habría arrastrado con ella.
- ¡No digas tonterías! ¿Qué vas a saber tú de sus gustos sexuales?
Me levanté y mientras me iba hacia la habitación de las chicas, le dije:
- Supongo que tú si lo sabes entonces.
- ¿Eh? No te confudas, no nos hemos acostado. Aún.
- Ya claro. Pero yo con Stebbins sí.
Le di la espalda y subí las escaleras hasta la habitación. No había nadie, ni personas ni animales, así que descorrí las cortinas de la cama de Kingcrow y resbusqué por la almohada y las sábanas con un poco de repelús hasta que encontré un pelo largo y negro. Pensé en ir a pedirle disculpas a Psenci, pero no lo hice. ¿Para qué? Él tenía lo suyo y yo lo mío. Una historia privada de cada uno y haríamos lo que nos diera la gana. ¿Qué me importaba o qué le importaba? Nada, seguro. Lo único que quería, por puro interés científico, era saber que pretendia Kingcrow. Porque yo era la única que le podía hacer daño a Psenci, eso es. Aunque no lo hiciera aposta y en el fondo lo único que quería era que me abrazase un ratito y estar agusto con él. Pero me obliqué a pensar en otra cosa y me fui a la habitación de los chicos donde Stebbins estaba guardando todas sus cosas en el baúl y había un libro pequeñito a su lado.
- ¿Es éste? - le pregunté mientras lo cogía y me sentaba.
- Sí. Estaba al fondo, así que he tenido que sacarlo todo.
- ¿De dónde lo has sacado?
- Ya te lo dije, lo compré hace mucho tiempo. Pero es muy útil. Tiene un montón de pociones y hechizos para saber cosas de la gente de muchas maneras distintas. Incluso trae como se prepara el Veritaserum, y eso no lo aprenderemos hasta el año que viene, es bastante complicada. También tiene algunos hechizos y pociones que no creo que podamos realizar nunca de lo complejos que son. Pero por ahora, creo que te bastará con eso.
- ¡Gracias! ¿Me ayudarás a hacerla?
- Estoy un poco ocupado...
- Por favor...
- Está bien, pero hoy ya no. Ya es muy tarde y tenemos que irnos a cenar. Mañana, ¿de acuerdo?
- Vale.
Me levanté, nos dimos la mano, y bajamos a cenar.
chibi
nos contó algo
a las ... 8:36 PM
viernes, marzo 24
23 de abril, sábadoLos rumores de mi embarazo comenzaron a disiparse tan pronto como les conté a las chicas de mi habitación que simplemente había sufrido un retraso y que me asusté un poco. Ellas, que son cotillas de profesión, hicieron el resto. Aunque bueno, la verdad que como se habían portado muy bien conmigo y una de ellas era bastante buena con astrología, empecé a pasar algo más de rato con ellas y a estudiar por las tardes en la sala común. Tampoco veía mucho a mis amigos Slytherins, asi que no tenía a nadie mejor con quién ir, y ya que había intimado demasiado con el sector masculino de mi curso, no me vendría mal conocer al femenino.
Las cosas con William se habían vuelto algo raritas. No es que me evitase ni nada parecido, sino que se había vuelto muy cortés, como si fuera una profesora, un adulto o su abuela. Solo le faltaba llamarme de usted. Supongo q sería el arrepentimiento o que con la discusión que tuvimos le asusté.
Esta mañana me levanté algo tarde, ya que el día anterior no me dejaron dormir con el cuchicheo constante de mi habitación. No quise preguntar, porque seguro q sería alguna tontería de chicos, cosméticos nuevos con resultados "mágicos" o un nuevo número de corazón de bruja. No bajé a desayunar, por eso fui directamente a la biblioteca a ver si encontraba algún libro para mis deberes de pociones. Por el camino encontré a Neko. Algunos días antes me había comentado el nuevo lio de su... no sé como llamarlo, de su Mark.
- Hola Neko, ¿Que tal?.
- Pues muy bien. Aquí, planeando mi venganza, jijiji.
- Miedo me das. Aunque bueno, ya sabes que puedes contar conmigo con lo que quieras. Que te debo un favor con todo el lio aquel de mi embarazo.
- Si claro, ya te contaré ya... que Keith y yo tenemos que hablar algunas cositas.
- Jejejeje, ya os vale. Bueno dime, ¿dónde ibas?.
- Pues a estudiar un rato a la biblioteca. Tu tambíen, ¿no?.
- Si bueno, a hacer deberes, me quedo contigo.
- ¡Estupendo!.
Entramos en la biblioteca y nos estuvimos toda la mañana pasando apuntes, consultando libros, dudas y estudiando. Cuando llegó la hora de comer bajamos al gran comedor. Ella se fue con los de su casa y yo me senté con mi hermano, porque sino, malcomía en vez de comer.
- Hola Brian, ¿Que comes?.
- Ragout de ternera, está muy rico.
- Ya lo veo ya, bueno, ¿Que tal tus estudios?, cuentame.
- Bien. Ya sabes, soy muy listo. Oye...
- Dime.
- ¿Porque tu padre y el mio no son el mismo?.
Esa preguntó me dejó totalmente descolocada. ¿Y ahora que le digo yo al mocoso este?.
- Pues porque mi madre conoció a mi padre antes que al tuyo y me tuvieron a mi.
- Ya, pero porque no sigue estando contigo, ¿Está muerto?.
-
Ojalá - pensé -. Pues no lo sé Brian, cuando yo nací ya no estaba. Supongo que tendría que irse lejos a... a trabajar, eso es, a trabajar y se olvidó de mi.
- Pues vaya padre. Mi padre nunca se ha olvidado de mi.
- Ya lo sé Brian, tu padre es un buen padre.
- Pero a ti no te cae muy bien ¿verdad?.
La verdad es que siempre había sido bueno conmigo y había intentado llevarse bien, pero supongo que cuando empezó a salir con mi madre tuve miedo de que la pasara lo mismo que con mi padre verdadero. Y aunque ya hayan pasado varios años y haya demostrado ser un buen hombre, eso, siempre queda ahí.
- Bueno Brian, callate y come.
- ¿Tienes dulces?.
- Noooo, no tengo dulces. Si te comes todo te los compro.
Después de la comida fui a dar una vuelta por el lago con las de mi casa. Ellas andaban cuchicheando muy entretenidas y yo estaba algo distraida mirando el agua y como de vez en cuando se asomaba algún tentaculo del calamar gigante. Iba abstraida en mis pensamientos: ¿Quién sería mi padre?, ¿Por qué me abandonó?, ¿Sería mago también?, etc... Todos estos años no había pensado en ello. No quería pensar en ello, pero supongo que tengo derecho a saberlo. Asi que decidí escribir una carta en cuanto terminara nuestro paseo vespertino.
- Ally, ¿tu que opinas tía? - Me sacaron de mis pensamientos rápidamente -.
- ¿Que opino de qué?.
- Pues tía, de lo que estabamos hablando, ¡Ay! más atenta. - Entonces Kate, la jefa, como no, se adelantó para ponerme al tanto -.
- Tía, que hemos visto al padre de tu hijo con otra y tú sin enterarte.
- No es el padre de mi hijo, porque no hay ningún hijo.
- Bueno tía, pero aún así, anda que ha tardado mucho en irse con otra.
- ¿Como que otra?. Si él y yo solo tuvimos un encuentro fortuito y punto. No hubo nada más.
- Si claro, y montaste todo el lio del bebé porque no te importa nada él ¿verdad? - Dijo Natalie, una chica castaña con aparatos en los dientes -.
- Yo no monté nada, pensaba que estaba embarazada de verdad. - Cosa totalmente falsa, porque todo el mundo sabe que de un beso no se queda una embarazada. Lo monté como venganza, pero eso no me convenía que ellas lo supieran.
- Bueno, da igual, - Dijo Kate - lo más fuerte de todo, es que se ha liado con una dos años más pequeña. Es de nuestra casa. Megan Jones. Que fuerte ¿verdad?. Él podría aspirar a algo más.
- Si, muy fuerte si... - Ellas siguieron cuchicheando y yo sonreía de manera automata haciendo como que me interesaba, pero realmente mis pensamientos se quedaron en que él me había olvidado tan rápido como el vuelo de una snitch. Pero claro, eso a mi no me importaba. ¿O si?. Bueno, no importa, tenía que subir cuanto antes a la lechuchería y mandarle la carta a mi madre que es lo que ahora me interesa.
Cuando el paseo terminó porque ya estaba oscureciendo, ellas fueron a cenar y yo quedé en verme con ellas más tarde. Subí a la lechucería y busqué a Helga, mi lechuza. La llamé y la di un poco de su comida.
Cogí un trozo de pergamino y escribí.
Mamá, sé que nunca te he preguntado sobre mi padre verdadero, pero creo que ya tengo edad para que me cuentes algo de él, ¿o no?. Por favor, no me des largas y dime quién era, al menos su nombre y porque nos abandono. Gracias.¡Ah! y mandame unos dulces por favor, que se me han acabado, y no, no es un antojo, ya te lo conté en la carta anterior. Te quiero. Y da saludos a "tu marido"."Helga, llevaselo a mi madre por favor. Y picoteala hasta que me responda".
Le até la carta y echó a volar. Bajé a cenar con los de mi casa y subí a dormir. Aunque esa noche se quedaron un buen rato hablando sobre el tema estrella. Yo no me eché a dormir. Me quedé callada escuchando hasta que todas se fueron a su casa.
Ally
nos contó algo
a las ... 4:28 PM
sábado, marzo 18
20 de Abril, Miércoles Abrí los ojos, y allí estaba ella.
- ¡S-sally! - Dije, encogiéndome entre las sábanas -. ¿Qué haces aquí?
- Esperar a que despertases - Dijo ella, con una sonrisa -. Quería darte una sorpresa.
- ¿Una sorpresa? ¿Qué sorpresa?
- Esta - Dijo ella, y me apuntó con su varita -. Sorpresa.
Al instante unas cadenas surgieron de ambos lados de la cama y me inmovilizaron totalmente.
- ¿Pero qué...? - Comencé a decir.
- Te deseo, Peter Starkey - Susurró ella, tumbándose sobre mí. Reparé en ese momento en que ambos estábamos en ropa interior. Ella me besó y comenzó a deslizar su mano por mi cuerpo, mientras yo me dejaba hacer.
Zoro graznó desde algún lugar lejano.
- ¡Espera! - Dije, apartando mi cara, mientras ella bajaba su mano por mi cuerpo -. ¡No puedo hacer ésto!
- A mí me parece que sí que puedes... - Dijo ella, sonriendo pícaramente.
- No, no puedo... - Dije yo, triste -. Verás, hay... Otra chica, y... Yo... No sé de quién estoy enamorado, así que...
- ¿Otra chica? - Dijo Sally, sin dejar de sonreir, mientras se arrodillaba a mi lado -. ¿Te refieres a Chibi?
Asentí tristemente con la cabeza. Sally rió.
- ¡Pero ese no es problema! - Dijo, alegremente -. ¡Chibi y yo somos muy amigas! Siempre vamos juntas a todas partes, ¿ves?
Miré al lado de Sally y vi a Chibi, de rodillas junto a ella. Qué tonto había sido al no verla antes. Llevaba la misma ropa interior que Sally. Se inclinó hacia mí y me besó dulcemente.
- Hola, Psenci - Me dijo, insinuante.
- H-hola... - Respondí -. Entonces... ¿Sois amigas?
Ambas rieron.
- Pues claro que lo somos - Dijo Sally, acariciando la mejilla de Chibi.
- Muy amigas - Dijo Chibi, jugueteando con el pelo de Sally entre sus dedos.
Suspiré aliviado. La idea de que las dos fueran amigas me quitaba un peso de encima. Zoro volvió a graznar.
- Ehm... ¿Chicas? - Dije, mirándolas a las dos, mientras ellas se miraban a los ojos.
- Muy amigas - Repitió Chibi, y se unió a Sally en un largo beso.
Zoro volvió a graznar.
Desperté en mi cama, sudando. Miré a mi alrededor, tratando de asegurarme de estar despierto de verdad esta vez.
- De acuerdo - Murmuré -. Duchas frías a partir de hoy.
Me incorporé en la cama y comencé a desperezarme, hasta escuchar un graznido procedente de la ventana. Me puse en pie y caminé hasta ella para abrirla.
- ¿Qué formas de graznar son esas? - Dije, cogiendo al pájaro entre mis brazos. Lo observé de cerca. Realmente su plumaje estaba comenzando a brillar de una forma saludable, por no mencionar que era mucho más abundante. Su ojo, por su parte, seguía teniendo un tono rojizo, pero parecía bastante menos inflamado. Y el cuervo parecía tener mucha más fuerza y energía. De algún modo parecía incluso más joven. Fuera lo que fuera lo que le había pasado a Zoro, se estaba curando de ello.
- Como sigas así terminaré por no poder distinguirte de los otros cuervos... - Suspiré.
El pájaro volvió a graznar mientras se revolvía entre mis manos, logró zafarse y salió volando por la ventana apresuradamente.
- ¡Eh! ¿Qué pasa? - Grité mientras le veía alejarse. No solía comportarse así.
De repente escuché la puerta de la habitación abriéndose a mis espaldas. Me giré y vi a Sally en la puerta.
- Oh, ya estás despierto... - Dijo ella, entrando lentamente.
- ¿Por qué? ¿Es que venías a darme una sorpresa? - Dije yo.
- Más bien a despertarte - Dijo ella inexpresiva, mirando a través de mí -. Te has vuelto a dormir.
- Oh...
Reparé entonces en que la habitación ya estaba vacía. Eché un rápido vistazo a la cama de Keith.
- Ya ni siquiera me despierta... - Murmuré, un poco triste.
- ¿Quién? - Dijo Sally, acercándose -. ¿Tu amigo?
Asentí con la cabeza, mientras Sally me miraba con aparente indiferencia. Entonces su expresión sufrió uno de sus extraños cambios repentinos, y me dedicó una sonrisa cariñosa.
- ¡Pero te despierto yo! - Dijo, lanzándose a mis brazos y besándome en los labios -. ¿No es eso mejor?
- Claro que sí - Dije, no muy convencido -. Ahora... Bueno, tengo que vestirme.
Sally se encogió de hombros, volviendo a su "modo indiferente", y se sentó en mi cama.
- Adelante - Dijo, mirándome concentrada.
Suspiré, y me preparé para pasarme otro día estudiando junto a Sally Kingcrow.
Por supuesto no me había olvidado del tema de los pergaminos.
Estaba totalmente convencido de que Sally me había robado los pergaminos de mi tío, aunque en ningún momento los había visto entre sus cosas. Los cuatro pergaminos que había robado (el que había revelado el testamento de mi tío estaba a buen recaudo en su mansión) estaban en blanco en el momento en que ella se los llevó, pero cada día me ponía nervioso pensando en que podían mostrar su contenido en cualquier momento. Aunque ni siquiera supiera qué tipo de contenido sería.
Sin embargo, no le había mencionado nada a Sally durante todo el tiempo transcurrido desde aquel incidente. No creía que ella pudiera saber nada de la utilidad de los pergaminos, pero, si me los había robado pensando que serían tan importantes para mí que iría a pedírselos, quería que dejara de pensarlo, así que simplemente fingí no haberme dado cuenta siquiera de su desaparición.
Ya pensaría alguna forma de recuperarlos con el tiempo. No podía ser tan difícil.
Aquella tarde tenía que acudir al despacho de Snape para otra lección de refuerzo de Pociones, así que me dirigí hacia allí y, tras llamar a la puerta, pasé al interior.
- Muy bien, señor Starkey - Dijo Snape, tras terminar con lo que estaba haciendo -. Hoy veremos si todas las clases que me ha pedido le han servido para algo.
Le miré, sin terminar de comprender. ¿Pretendía hacerme un examen sorpresa o algo por el estilo?
- Hace ya un tiempo que mandé hacer en clase determinada poción que usted hizo especialmente mal - Continuó él.
Seguí mirándole. ¿A cuál de todas se refería?
- Pero lo cierto - Siguió diciendo - es que, en las últimas semanas, ha mejorado bastante en la elaboración de pociones... Quién lo hubiera dicho.
Sonreí tímidamente. Eso era verdad. Quizá fuera por la presión de tener a Snape mirándome constantemente, pero lo cierto era que mi capacidad para estar atento a todos los pasos necesarios para hacer una buena poción había mejorado notablemente.
- Así que ha llegado el momento de que repita la poción - Concluyó él -. La poción de hoy es la de Empatía Conjunta.
- ¿Qué? - Dije, casi sin darme cuenta. La verdad es que el desastre que había resultado de mi anterior intento tenía una pinta tremendamente inestable. Había guardado un poco con la duda de qué pasaría si la probaban dos personas, y aún la tenía en mi habitación.
- Confío en que esta vez sea capaz de realizarla correctamente - Dijo Snape.
- Pero... ¡Pero se necesitan dos personas para poder hacerla!
Snape me miró durante un par de segundos con el ceño fruncido.
- Aquí somos dos personas, señor Starkey.
Le miré deseando que fuera una broma. ¿Tenía que hacer una poción de Empatía Conjunta con Snape? La idea me daba pánico. ¿Y si volcaba los ingredientes, o simplemente me ponía tan nervioso que la mezcla hacía explotar el caldero?
Snape sacó los ingredientes de un pequeño armario, y los colocó ante mí. Durante la hora siguiente traté de recordar de memoria la correcta forma de hacer la poción, y a la vez fui siguiendo los pasos junto con Snape, que tenía que tomar tanta parte como yo en la preparación. Lo cierto es que estaba bastante nervioso, pero no llegué a cometer errores graves, aparte de algunas dudas con respecto al orden de los ingredientes y los turnos de cada uno, y algo de vacilación por tener que hacer algo mano a mano con el profesor Snape.
Cuando hubimos terminado, observé el caldero, un poco nervioso. La mezcla distaba mucho del tono alarmante que tenía la de mi habitación, pero tampoco parecía del todo correcta. Más bien parecía presentar una superficie de líquido irregular, tan pronto calmada como un tanto temblorosa. De todos modos el color, ligeramente azulado, era muy parecido a lo que sería un buen resultado.
- Bueno - Dijo Snape -, podemos considerar que el resultado es... Casi aceptable.
Sonreí sin poder evitarlo. Así que de verdad estaba mejorando.
- Por supuesto dista mucho de ser correcto - Continuó Snape de repente -, y dudo que funcionase en dos personas durante más de... Unos cuarenta segundos, quizás. Pero al menos no crearía una enemistad de manera indefinida.
Me quedé un instante pensativo.
- Eso... ¿Es lo que habría hecho mi poción anterior? - Pregunté, con curiosidad.
- Bueno - Dijo él, dándome la espalda un momento para guardar la poción y los utensilios -, es difícil decir qué habría pasado exactamente si alguien hubiera bebido ese... Brebaje que preparó la última vez. Será mejor que se alegre de que nadie lo haya hecho.
Tras decir ésto me indicó que podía irme y, bastante animado por el resultado final, me encaminé hacia la sala común.
Pasé el resto de la tarde estudiando en la sala común junto a Sally, medio tirados en el sofá el uno sobre el otro. Llevábamos un rato en silencio, cada uno estudiando una cosa, cuando me habló de repente.
- ¿Cuándo piensas pedírmelos? - Dijo.
Entreabrí un poco la boca, sorprendido, pero traté de seguir haciéndome el tonto, como llevaba fingiendo desde que me había robado los pergaminos de mi tío.
- ¿Pedirte qué? - Dije, tratando de poner cara extrañada.
- Lo sabes muy bien - Dijo ella, girándose, seria -. Los pergaminos.
- ¿Qué pergaminos?
- Esos pergaminos en blanco que cogí de entre tus cosas.
- ¿Eh? ¿Te llevaste pergaminos de entre mis cosas?
Ella asintió con la cabeza, lentamente, mirándome a los ojos.
- No importa - Dije yo, apartando la mirada -. Pero si los necesitabas, habérmelos pedido.
Volví mi atención hacia los apuntes, pero atento a cómo reaccionaba. De repente me quitó los apuntes de las manos.
- ¿No te importa que te los haya quitado? - Dijo, sorprendida.
- Claro que no, tengo pergaminos en blanco de sobra. Y, si los necesitara, sé que tú me darías de los tuyos. Sólo son pergaminos para escribir, ¿no?
Ella pareció enfadarse.
- ¡Deja de decir tonterías! - Dijo Sally -. ¿Es que no los quieres?
Fruncí el ceño. Claro que los quería, pero no quería que ella pensara que era algo importante.
- Está bien - Dije, sin mirarla -. Si tan importante crees que es, devuélvemelos cuando quieras.
Sally me dio la espalda de nuevo, aparentemente molesta, supuse que por mi indiferencia. Permanecimos así un par de minutos, y entonces ella volvió a hablar.
- Sé que son importantes - Dijo -, así que no te hagas el tonto.
- ¿Qué? - Dije, comenzando a sentirme un poco molesto. ¿De verdad sabía de lo que estaba hablando?
- Lo que tienes que hacer - Dijo ella, bajando el tono y girándose para acercar su cara a la mía - es decirme cómo se activan.
La miré muy serio, comenzando a preocuparme por lo que Sally pudiera saber. Y, sobre todo, porque no tenía ni idea de cómo podría saberlo, en el caso de que fuera así.
- Te repito que no tengo ni idea de lo que estás hablando - Respondí, mirándola fijamente.
- Oh, sí que la tienes... - Comenzó a decir ella, agarrándome el cuello de la camisa como si con ello pretendiera amenazarme. ¿Por qué Sally tenía que ser siempre tan rara?
En ese momento Stebbins y Chibi entraron en la sala común, y se dirigieron a un par de asientos un poco alejados de donde nos encontrábamos Sally y yo.
- Mira, discusión de pareja de los raritos - Dijo, riendo, mientras pasaban a nuestro lado. Me pareció que Chibi miraba de reojo, pero no estuve seguro.
Sally me soltó al instante y se quedó mirando con odio a Stebbins mientras se alejaba y se sentaba.
- ¿Cómo se atreve...? - Murmuró y, antes de que me diera cuenta, su varita ya estaba entre sus dedos, y comenzaba a apuntar en dirección al prefecto.
- ¡Espera! - Dije, mientras me avalanzaba sobre ella y le bajaba los brazos.
Ella se limitó a mirarme sin oponer resistencia, con un ténue brillo en sus ojos.
- Nadie se mete con mi familia - Dijo, con tono furioso.
- Ehm... Nadie se ha metido con tu familia - Dije, tratando de calmarla -. Si a ese idiota le hace ilusión decir que somos unos raros, ignórale. Los monos le piden poca cosa a la vida.
Ella siguió mirándome mientras la sujetaba. Mientras la notaba calmarse, decidí darle un beso rápido en los labios y soltarla. A continuación miré hacia Stebbins y Chibi. Lo cierto es que, más que los insultos de Stebbins, lo que a mí me enfurecía era ver a Chibi con él, sentada con él, riendo con él, tomando té con él.
- Deberíamos hacerles algo - Dijo Sally.
- ¿Y qué propones? ¿Que vuelva a lanzarle una bandada de cuervos?
- No te fue tan mal - Respondió ella.
Observé a Chibi. Estaba buscando algo entre sus cosas.
- Creo que me lo he dejado en la biblioteca - Me pareció que le decía a Stebbins, justo antes de levantarse.
- Espera - Dijo Stebbins, levántandose tras ella -. Te acompaño a buscarlo.
Ambos dejaron la sala común, tras lo cual observé a nuestro alrededor. Sally y yo nos habíamos quedado solos. Observé los sitios que habían dejado Chibi y Stebbins. Las tazas de las que estaban bebiendo estaban en una pequeña mesa junto a los sillones. Una idea repentina pasó por mi cabeza.
- ¿De verdad te gustaría hacerle algo a Stebbins? - Le pregunté a Sally, poniéndome en pie.
- Sí... - Dijo ella, mirándome extrañada.
- Entonces... ¡Espera un momento! - Dije, dándole un beso relámpago y corriendo a mi habitación. Al cabo de un momento regresé a la sala común con la pequeña cantidad de poción de Empatía Conjunta que había guardado en su momento. Miré a ambos lados para asegurarme de que aún no hubiera nadie cerca que pudiera verme, y me llevé un dedo a los labios para indicarle a Sally que guardara silencio. A continuación me acerqué hasta sus tazas, y vertí una pequeña parte del rojizo líquido en cada una. El contenido de las tazas pareció temblar unos instantes, para volver a calmarse a continuación. Esperaba que no se dieran cuenta de nada.
Apresuradamente, me guardé lo que quedaba de poción en la túnica y volví junto a Sally, que no había dejado de mirarme con mirada curiosa.
- ¿Qué has hecho? - Preguntó. parecía asombrada.
- No pensarías que yo soy una mosquita muerta, ¿no? - Dije, sonriente.
- Pero... ¿Qué les has echado? - Dijo ella, sin sonreir.
Me encogí de hombros.
- Vamos a esperar - Dije -, a ver qué pasa.
Sally abrió la boca para decir algo más, pero en ese momento Chibi y Stebbins volvieron a entrar a la sala común, así que la besé rápidamente por si se le ocurría decir algo. Con Sally no podías estar seguro de sus reacciones nunca.
- Mira - Dijo Stebbins mientras pasaban ante nosotros -, parece que los raritos ya han hecho las paces.
- Ten cuidado - Respondió Sally, mirándole con odio -, no te vaya a atacar algún pájaro.
Stebbins giró la cabeza poniéndose un poco rojo y frunciendo el ceño, pero siguió adelante, hasta que Chibi y él se volvieron a sentar en sus sitios.
- Ahora - Le susurré a Sally - no mires fijamente.
- ¿Te crees que soy tonta? - Respondió ella -. No hace falta que me lo digas.
- Bueno... - Me encogí de hombros -. A ver si funciona.
Sally se apoyó de nuevo sobre mí, de modo que ambos pudiéramos ver lo qué pasaba entre Chibi y Stebbins. Al cabo de un par de minutos, ambos cogieron sus tazas y, sonriéndose el uno al otro, bebieron un largo sorbo. A continuación posaron sus tazas de nuevo en la mesa.
- Venga... - Susurré.
Stebbins torció el gesto, mirando a la mesa.
- Ten más cuidado - Le dijo a Chibi -. Tu taza ha goteado sobre la mesa.
- ¿Qué más dará? - Dijo ella, sin mirar.
- Pues que es una mesa de madera, que no creo que a nadie le haga mucha gracia que el acabado se estropee porque tú dejes que tu taza gotee.
- ¿Desde cuándo te preocupan a tí las mesas? - Dijo Chibi, comenzando a ofenderse -. Además, se puede limpiar con magia.
- Con magia, con magia - Dijo Stebbins, elevando un poco el tono -. Pero la magia no arregla que tú seas una descuidada, ¿no?
Chibi dejó sus apuntes junto a ella y miró a Stebbins enfadada. Sally a su vez me miró sorprendida, con media sonrisa en su cara. Le devolví la sonrisa.
- ¿Descuidada? - Dijo Chibi, furiosa -. ¿A qué viene eso?
- Pues a que lo eres - Respondió Stebbins, también exaltado -. Derramas la taza, te olvidas todo en la biblioteca...
- ¿Todo? ¡Pero bueno! ¡Sólo unos apuntes!
- Ya, unos apuntes hoy, la pluma mañana... Y yo a acompañarte a buscarlo.
- ¡Nadie te dijo que me acompañaras! - Gritó Chibi. Stebbins rió.
- Sí, claro, como si no me fueras a haber echado luego en cara que no te hubiera acompañado si no lo hubiera hecho.
Ambos se miraron unos instantes. Parecían un poco extrañados de estar hablándose así, pero la expresión de enfado era mucho mayor que la de sorpresa.
- Lo que pasa - Continuó Stebbins - es que eres una descuidada.
- ¿Y qué más te da eso a tí? - Gritó Chibi.
- ¡Pues que a lo mejor - Siguió Stebbins, acercándose a ella, furioso - es que te lo pegó ese torpe de Starkey cuando le besaste!
Tanto Chibi como yo nos quedamos boquiabiertos. Sally volvió a girarse y me miró, también boquiabierta.
Chibi seguía callada, mientras se le humedecían los ojos.
- Yo... - Comenzó a decir, antes de empezar a llorar de furia -. ¡Vete a la mierda!
A continuación echó a correr y se encerró en su habitación, dando un portazo. Stebbins se quedó allí plantado, sin saber que hacer. Por un momento su mirada se cruzó con la mía mientras miraba a su alrededor.
- ¡Y tú qué miras! - Me gritó, antes de caminar a largas zancadas hasta la habitación masculina y dar un portazo similar al de Chibi.
Sally y yo volvimos a quedarnos solos. Comencé a sonreir, mientras ella me miraba boquiabierta.
- Tú... - Comenzó a decir ella, despacio -, ¿lo hiciste?
Me pusé serio de repente.
- Ehm... - Expliqué -. Sí, bueno, la besé, sí... Y también... ¡Pero fue mucho antes de que tú y yo...!
- ¡No! - Me cortó ella -. ¡Que si has hecho lo que acabo de ver! ¡Con tu poción!
- ¿Ah? Ah, pues... - Respondí -. Pues sí, he sido yo.
Ella comenzó a reir de repente. Parecía una risa sincera.
- ¡Ha estado genial! - Dijo, sin dejar de parecer sorprendida -. No creí que se te dieran bien las pociones.
- Bueno - Dije, riéndome yo -. Lo cierto es que se me dan mal. Por eso...
- Les has dado una lección - Dijo ella, poniéndose seria.
- En realidad - Dije yo - no creo que el efecto sea permanente... De hecho no me extrañaría que mañana ya estén bien otra vez. Por desgracia.
Pasamos el resto de la tarde juntos, mientras seguíamos estudiando, animados. Mientras cenábamos, Sally me dijo que bajaría a estudiar a la sala común esa noche, probablemente hasta tarde, y que podría bajar yo con ella también, pero le dije que prefería tratar de domir. Estaba teniendo los mismos problemas para dormir que de costumbre.
Sin embargo, no conseguía dormir por la noche. Tirado en mi cama, con los ojos abiertos y mirando al techo, sólo conseguía pensar en cómo se sentiría Chibi. No dejaba de ser mi culpa, después de todo. Y de acuerdo, yo no quería que ella estuviera con Stebbins, pero tampoco quería que lo pasara mal.
Suspirando, me incorporé mientras me preguntaba si Sally seguiría en la sala común. Tratando de no hacer ruido, salí de la habitación y comencé a bajar las escaleras hacia la zona central. De repente escuché la voz de Sally. Hablaba con alguien. Me detuve y traté de escuchar mientras ella susurraba.
- Te he dicho que no vengas aquí - Dijo ella. Me pareció que estaba nerviosa -. Cualquiera puede verte. Tenemos que hablar en otras partes.
¿Qué era aquello? ¿Es que Sally estaba viendo a otro a mis espaldas? ¿Podía ser eso? Continué escuchando, pero no logré oir lo que decía su interlocutor.
- No, ahora no hay nadie - Dijo Sally -, pero podría haberlo. Eso no cambia las cosas.
De nuevo, traté de escuchar, pero nada, no escuché lo que la otra persona estaba diciendo.
- Comienzo a pensar que no sabe nada - Habló de nuevo Sally -. Se lo he preguntado, y finge no saber de lo que le hablo. ¿De verdad crees que debería saberlo?
Un escalofrío recorrió mi cuerpo. ¿Se refería a mí y a los pergaminos? ¿Estaba hablando de eso?
- Puede ser - Admitió Sally, sin que yo hubiera escuchado a qué contestaba -. Parece muy tonto en la primera impresión, pero le estoy conociendo mejor y creo que me oculta cosas.
Algunos segundos de silencio.
- No, no me molesta hacerlo - Dijo Sally, con voz insegura. Me pareció notar vergüenza en su voz.
Más silencio.
- Sí, ya te lo he dicho, él es agradable conmigo.
Silencio.
- No, eso no quere decir que me fíe de él. Ya sé que no debo confiar.
Hecho un manojo de nervios, decidí asomarme y tratar de ver algo más. Dí un paso hacia el borde de las escaleras y, lentamente, asomé la cabeza. Sally estaba abajo, agazapada en el suelo, de espaldas a mí. Si estaba hablando con alguien, debía de estar ante ella, pero debía ser alguien muy pequeño, si el cuerpo de Sally lograba ocultármelo. ¿Pero por qué estaba agachada?
- Sí - Dijo Sally, de nuevo -. Será mejor volver a la habitación, es tarde. Y está bien, seguiré con ésto. Unas semanas más. Trataré de entenderme con él.
Una sospecha cruzó mi mente. ¿Y si Sally estaba loca? Probablemente estaba hablando sola allí abajo. Pero entonces Sally se levantó y, conteniendo un grito, pude ver al fin con quién estaba hablando.
A sus pies, mientras Sally se giraba y, sin verme, se dirigía a su habitación, había una gata blanca con un tremendo aspecto viejo y enfermo, que comenzó a seguirla. Lo que me aterrorizó del animal fue un solo detalle. Su ojo derecho estaba hinchado, cubierto de un líquido rojizo, con un terrible aspecto sanguinoliento. Igual que el de Zoro.
Me tambaleé hacia atrás, hasta notar la puerta del dormitorio a mis espaldas. Apresuradamente la abrí, y me apresuré a meterme en la cama y taparme hasta la barbilla, sin querer cerrar los ojos para no ver la imagen de nuevo.
- No - Murmuré -, otra vez no...
Psenci
nos contó algo
a las ... 3:00 PM
sábado, marzo 4
17 de Abril, Domingo Me desperté ese día más temprano de lo habitual, al ver que las demás seguían durmiendo, decidí vestirme y bajar a la sala común con algunos libros para terminar la cantidad deberes que nos ponían últimamente.
Después de estar un buen rato peleándome con la última redacción de pociones, los primeros que aparecieron por el umbral de las escaleras fueron los gemelos, que se me acercaron para descubrir que era lo que estaba haciendo.
- ¿Pero como puedes estar estudiando un domingo? - dijo George por encima de mi hombro.
- Bueno, es que no había nadie levantado y me aburría - le contesté.
- Pues ya estamos aquí nosotros, así que deja eso y vente a desayunar - esta vez fue Fred el que habló.
Subí a mi cuarto a dejar los libros y me fui a desayunar con el dúo cómico. Al llegar al comedor ya había bastante gente para ser un fin de semana. Vi que Ally también estaba allí, así que decidí acercarme para saludar y preguntarle que si le apetecía quedar después de comer para hablar un poco. Después de eso volví a mi mesa y me senté enfrente de los gemelos.
- Oye, ¿como es que últimamente no estas con tu amigos? - dijo Fred
- Al menos con los de Slytherin - termino de decir George
- Pues si te digo la verdad, llevan una temporada un poco raros, así que hasta que no se les pase no puedo hacer nada, porque tampoco me cuentan nada, lo único que puedo hacer es esperar, en el momento en que quieran hablar yo estaré ahí, todo es cuestión de paciencia ? dije encogiéndome de hombros.
- ¿Desde cuando te has vuelto tan sabia? - me dijo George
- Desde que estoy demasiado aburrida.
Al terminar de desayunar me dispuse a volver a la sala común a ver si encontraba algo interesante que hacer, justo al llegar al retrato de la señora gorda me lo pensé mejor, di media vuelta y puse rumbo a la biblioteca, tal vez podría encontrar un libro que leer.
Ya cuando estaba llegando escuche unas voces que me resultaban familiares, parecían estar discutiendo sobre si no se quien no le hacia caso a uno, así que decidí asomar la cabeza por la esquina y al descubrir a quienes pertenecían las voces, me escondí y me quede escuchando el resto de su conversación.
- Oh vamos Mark! no puedes rajarte ahora.
- Mira Melinda, tu plan no va ninguna parte y Neko está empezando a sospechar de mi actitud para con ella.
- ¿Por qué no pruebas a besar otra vez a Catherine? Tal vez esta vez si que quiera volver contigo.
- No creo que funcione, la otra vez no lo hizo. Yo accedí a esto porque quería recuperarla y tu querías conseguir a ese amigo de Neko y de paso vengarte de ella utilizándome a mi.
- Ja! no me vengas de victima ahora tu mismo decidiste utilizarla para darle celos a tu ex.
Me quede helada cuando oí todo aquello, me marche de allí antes de que alguno de los dos pudiera descubrirme, pero al contrario de lo que pensaba, no me sentí triste en ningún momento, más bien estaba furiosa, furiosa de saber que todo había sido un complot por los mutuos intereses de esos dos. En mi camino hacia ninguna parte me encontré con susodicha ex de Mark. Pensé que a lo mejor ella podría explicarme mejor que era lo que estaba pasando.
- Oye espera! - le grite
- ¿Si? ¿Tu eres la amiga de Keith no? - me preguntó
- Si lo soy. ¿Podría hablar contigo? Necesito que me aclares un par de cosas
- Claro
- Veras, me he enterado de que eres la ex de Mark - en ese momento su cara se volvió pálida, debido al echo de que se había dado cuenta de que sabía lo del beso. - y que por lo visto te liaste con el mientras estabas con Keith.
- Veras... yo solo...
- Ya, ya, no te preocupes, solo quiero preguntarte un par de cosas. ¿Tu sabías que estaba compinchado con Melinda?
- ¿Melinda? ¿Ye refieres a esa chica de trenzas y gafas? ¿La que está en tu casa? ¿La misma que vi como besaba a Keith? ¿Esa?
- La misma, pero veo que tu tampoco sabías nada, así que déjame contarte lo que acabo de descubrir...
A medida que se le iba contando vi como su cara cambiaba de expresión, para finalmente quedarse con una de puro odio al descubrir que cualquier cosa que hubiese pasado entre ella y Keith no había sido por su culpa o la de el.
Si es que ya lo dice el dicho, hablando se entiende la gente, y no es para menos, acabamos pensando en planes para vengarnos de ellos dos y le dije que avisaría a Keith, al fin y al cabo Chibi le había regalado un libro de hechizos raros, que tal vez podría servirnos para nuestro propósito.
Volví a la sala común y por el camino me encontré con Ally y le conté todo lo sucedido y decidió ayudar ella también. Cuando entre en la sala común vi que Mark se levantaba de su sitio para saludarme, pero lo que no se esperaba era el puñetazo. Se me quedo viendo con cara de estúpido y sin saber que decir, así que hable yo en su lugar y le grite que no volviera a dirigirme la palabra o acercarse a mi. Con eso hecho salí de allí y me dirigí definitivamente a la biblioteca. Solo me quedaba hablar con Keith, pero como no sabia como encontrarle, lo mejor era esperar a la hora de la comida.
Cuando baje al comedor lo primero que hice fue ir hasta donde estaba el.
- Keith - le llame
- Vaya hola, ¿qué tal? - le sonreí - un... un momento Neko, ¿se puede saber porque me miras así?
- Oh! por nada, solo que deberías haberme dicho que habías visto a TU novia y a su ex besándose, ¿no te parece? -
- ¿Como te has enterado?
- Le escuché hablar con Melinda, y descubrí que todo había sido un plan, para recuperar él a Catherine y ella conseguirte a ti, él solo estaba conmigo para darle celos a Catherine.
- No esta bien espiar a la gente ¿lo sabias?
- Tampoco esta bien que te calles algo que me involucraba a mi, así que estamos a mano. La pregunta es, ¿me dejas el libro que te regalo Chibi estas navidades?
- ¿Para que lo quieres? - mi sonrisa se hizo mas amplia - Solo si me dejas participar
- Sabía que lo captarías. Bueno, me voy a comer. Adiós.
Me fui a mi mesa y mientras comía iba planeando cosas para una venganza, que bien se siente uno a veces cuando es malo.
Neko-chan
nos contó algo
a las ... 9:25 PM
sábado, febrero 11
16 de Abril, Sábado Me desperté bastante pronto ya que no podía dormir. Hoy iba a ser un día desagradable por todo lo del duelo, así que me quedé mirando al techo sin saber muy bien que hacer. También había planeado decirle a Psenci todo lo que había decidido días antes. Todo eso de que no quería que volviese a suceder nada entre nosotros, no porque no me gustase, sino porque no creía que dejar ahora a Stebbins e irme con él fuera a funcionar. Además, no teníamos demasiado en común y la relación probablemente sería un desastre. En mi cabeza todo estaba claro y me parecía un razonamiento totalmente lógico, pero una pequeña parte de mí me decía que no dejara pasar la oportunidad, que me gustaba más de lo que creía. Intenté enterrar ese pensamiento en lo más hondo y suspirando, me levanté para ducharme. Mientras, me puse a pensar en el duelo. Stebbis había practicado, poco, pero había practicado algo, aunque creía que no le haría demasiada falta. La verdad era que se le daban bastante bien las maldiciones y los hechizos de contrataque y defensa, pero quizás tenía demasiada seguridad de que todo iba a salir bien. Yo sabía que Psenci estaba nervioso, pero era suficientemente capaz de lanzar un hechizo con consecuencias imprevistas. ¿Quién sabía lo que le podía haber estado enseñando Kingcrow? Ni siquiera la conocía bien, sólo sabía que había estado en mi cuarto durante cinco años y nunca nos habíamos dirigido la palabra para tener una conversación de verdad. Pero ni conmigo ni con ninguna. Vince se burlaba de ella de vez en cuando con su amiguita del alma, pero a Kingcrow no parecía molestarle ni afectarle lo más mínimo en ningún sentido. Me sentí un poco celosa al pensar en ellos dos y en como se lo llevaba de mi lado cada vez que me veía cerca de él, pero cambié de nuevo de tema. El duelo, sí, eso. Además, Keith sería el segundo de Psenci, así que tendríamos que enfrentarnos en caso de que... bueno, de que pasase algo gordo. Tenía esperanzas de que no fuera así, ya que normalmente no se acababa de esa manera. Cuando uno de los dos caía al suelo, el otro se proclamaba vencedor y el segundo no solía desafíarle. Y para que nos tocase entrar en el duelo los dos deberían ser vencidos por el otro a la vez, cosa que era altamente imposible, pero aún así no me hacía gracia que entre Keith y yo hubiese esa separación de bando.
Terminé de vestirme y bajé a la sala común buscando a Stebbins. Eché un vistazo alrededor y no le ví, pero a quien si ví sentado en el sofá con, por supuesto Kingcrow, fue a Psenci. Tomé aire y me decidí. Iba a ir a hablar con él. Decidido, así, sin pensarlo. Justo cuando empecé a caminar hacia ellos, vi a Kingcrow que levantaba la mirada y fijaba sus ojos en mí, que despedían un brillo frío, y se abalanzaba, literalmente, sobre Psenci y le besaba. No era un beso cualquiera, sino un beso apasionado como el que nos habíamos dado nosotros hacía tiempo. Así que medio furiosa medio deseosa de venganza, me dí la vuelta y salí corriendo, entrando en la habitación de los chicos de un portazo. ¿Qué había sido de el "te esperaré", del "me gustas mucho" y todas esas cosas? Ya sé que no tenía derecho a quejarme, pero me sentía herida. Me había creído que le interesaba de verdad, pero había sido capaz de buscarse a otra, que apenas conocía, sin ni siquiera esperar una respuesta por mi parte.
Abrí las cortinas de la cama de Stebbins y me puse encima de su cama, cerrándolas a continuación. Se levantó asustado, sin saber muy bien que estaba pasando.
- ¿Qué? Ah, eres tú. ¿Qué pasa? Me has despertado.
Me tumbé sobre él, metiéndome en su cama.
- Vamos - le dije con un hilo de voz
- ¿Cómo?
- Vamos. Hagámoslo.
- ¿Qué? Espera, ¿así de repente? ¿Por qué? ¿A que viene esto?
- Qué más da. Somos novios, ¿no? Y los novios lo hacen. Pues vamos.
- ¿Pero tu quieres? Tu nunca...
- No - le corté. - Nunca. Así que quiero que sea contigo.
Le besé todo lo fuerte y profundamente que pude durante un rato, intentando no pensar en nada más. Intentando no pensar el
él, intentando centrarme en Stebbins. Poco a poco nos fuimos relajando un poco y nos desnudamos lentamente. Hacía un poco de frío, así que me abrazó fuerte y me besó. Se puso sobre mí y empujó despacio hasta que soltó un pequeño gemido. Durante un lapso de tiempo conseguí concentrarme en Stebbins. Su pelo negro, corto, bonito y revuelto por la mañana, sus ojos grises y sus largas pestañas y sus labios un poquito resecos pero suaves. Al fin y al cabo, me había gustado durante años y ahora estábamos así. Eso era bueno. Y entonces Stebbins terminó. Se echó a mi lado y me puse entre sus brazos con la cabeza apoyada debajo de la suya.
- Creo que... te quiero - me dijo muy bajito, y ruborizándose un poco.
- Yo, bueno, ya sabes, creo que también - Era cierto. Aunque... - Creo que deberíamos ir a desayunar.
- Está bien. - Me dio otro beso en la cabeza.
Durante el resto de la mañana, estuvo muy cariñoso conmigo, algo más de lo habitual. Desayunamos, hicimos algunos deberes y estudiamos. Más tarde, después de comer, fuimos al partido. De la que subíamos vimos a Psenci y Kingcrow en la parte de atrás de las gradas y un coletazo de celos me invadió, pero intenté dejarlo pasar como fuera. Tendría que hablar con él, por supuesto, pero ahora no. Nos sentamos casi en primera fila, bastante cerca de Keith, al que saludé y al que Stebbins ni siquiera dirigió la mirada y esperamos a que empezase el partido. Stebbins pasó el brazo por mis hombros, cosa que no había hecho nunca. EL partido en sí no fue demasiado interesante. Ganó Gryffindor, como siempre, y nos fuimos protestando por el resultado, aunque sabíamos que no serviría de nada.
El poco tiempo que quedaba hasta la cena nos lo pasamos dando vueltas por el castillo, yo intentando calmar los nervios por el duelo de esa noche y Stebbins simplemente porque le gustaba pasear. Había sido un buen día de mediados de primavera pero ya se iba enfriando. Íbamos de la mano y nos parábamos ante casi cada ventana para admirar el paisaje y la puesta de sol que anaranjaba la vista. A la hora de cenar nos sentamos bastante lejos de Psenci y Kingcrow, pero lo suficiente para observar como ella le daba la comida casi como si fuera un bebé y él se dejaba hacer sin que pareciera disgustarle. Eso ya fué la gota que colmó el vaso, así que después cuando terminé de comer le dije a Stebbins que le vería un poco antes de las doce abajo, en la sala común, que quería dormir un poco para estar alerta. En realidad, subí a mi habitación y me tiré sobre la cama. Cuando Kingcrow entró, algo más tarde, la miré odiándola con todas mis fuerzas y cerré las cortinas. Y en ese momento, no pude más y me eché a llorar. Ya había sido demasiado, Psenci totalmente colgado de esa estúpida con cara de pánfila y pelo asqueroso y Stebbins que parecía mostrarse cariñoso conmigo sólo porque nos habíamos acostado. ¿Era eso lo único que quería? ¿Se portaba así sólo para que volviera a suceder? Seguro que sí. Y Psenci más de lo mismo, claro. Probablemente Kingcrow sería más fácil para eso. No parecía una chica reservada. De hecho no parecía absolutamente nada. Sólo un fantasma que te miraba con toda la superioridad del mundo. Seguí llorando contra la almohada todo lo que no había llorado en mucho tiempo y cuando quise darme cuenta, ya eran casi las doce. Me calcé, me puse la túnica que había tirado en un rincón y bajé a la sala común donde ya estaba esperándome Stebbins.
- ¿Qué tal? ¿Preparada?
Asentí.
- ¿Qué te pasa? - me preguntó - ¿Por qué tienes los ojos hinchados?
- De dormir, claro. Se me hinchan.
- Oh, pero pensé que eso era cuando dormías mucho tiempo seguido.
- ¿Qué más dará? Mira, ahí vienen.
Los dos se miraron fijamente, y Keith me saludó con una pequeña inclinación de cabeza. Los dos se pusieron en posición de ataque y comenzaron a lanzarse hechizos mutuamente. El combate se desarrolló como había supuesto. Buenos intentos por parte de Psenci y muy malas intenciones por parte de Stebbins, aunque hasta el momento Psenci había conseguido librarse de todos por los pelos. Hasta que utilizó uno que no había visto en mi vida, que consistía en unos rayos plateados que parecían hacer fallar las piernas de Psenci que puso cara de dolor. Poco a poco fue subiendo y lanzando los rayos por todo su cuerpo hasta que Psenci consiguió lanzar Avis justo cuando los rayos le alcanzaban la cabeza y se desmayó. Un montón de cuervos salieron graznand de su varita en dirección a Stebbins, que levantó las manos en gesto de defensa y caminó hacia atrás, con tal mala suerte que chocó contra la librería que había detrás de él y unos cuantos libros le cayeron en la cabeza, entre ellos uno muy gordo que le dió de lleno y le tiró al suelo. Como ninguno de los dos se levantaba, Keith y yo nos miramos sin saber muy bien que hacer.
- ¿Se supone que ahora tenemos que enfrentarnos? - le pregunté
- Creo que sí.
- Pero yo no tengo nada por lo que pelear contra tí.
- Ni yo.
- No sé. Tírame un hechizo flojito o algo así.
- Eh... bueno, no sé, pues... ¡tarantalegra!
Hice un pequeño escudo y lo desvié y a continuación le lancé un hechizo que por supuesto desvió a la perfección.
- ¿Ya? - me dijo.
- Sí, no sé. Estoy confusa, no sé muy bien que hay que hacer en estos casos.
- Entonces dejémoslo en tablas. Voy a intentar levantar a éste para llevarle a la cama.
- De acuerdo, yo también.
Le eché un chorrito de agua a Stebbins por la cabeza para ver si se despertaba y le sacudí un poco. Pareció funcionar. Le ayudé a levantarse y se apoyó en mi para llevarle al dormitorio.
- ¿Quieres ir a la enfermería? Ha sido un golpe fuerte.
- No, no te preocupes, no me encuentro muy mal. Sólo me duele un poco la cabeza. ¿En qué ha quedado la cosa? -me preguntó impaciente
- Pues... como los dos os caísteis a la vez, Keith y yo decidimos dejarlo en tablas.
- ¿Qué? ¿Pero como se te ocurre? ¡Podrías haber ganado a Parker en un asalto!
- No te creas, se le dan muy bien los hechizos. Anda, descansa. Ya hablaremos mañana.
Le dejé refunfuñando mientras se metía en la cama y yo me fui a la mía. Al pasar por la sala común de nuevo, vi que Psenci ya había abierto los ojos un poco desorientado y Keith le ayudaba a levantarse.
- Espero que esté bien - susurré de la que entraba en mi habitación.
chibi
nos contó algo
a las ... 7:44 PM
martes, febrero 7
16 de Abril, Sábado Me recosté contra el sofá de la Sala Común y, con gesto preocupado, releí las contestaciones que había escrito en el cuestionario que nos habían entregado muchos días atrás.
¿Dónde vives? ¿Qué te parece?Vivo en un pequeño barrio mágico escondido entre barrios muggles. No es una casa demasiado grande, aunque tenemos un pequeño jardín. No es que me disguste, aunque mi familia se queja demasiado sobre la zona. Por mi parte está bien, suelo visitar las calles y tiendas de los muggles siempre que puedo e investigar sobre lo que compran y hacen. Me gusta aprovecharme de lo que ellos no saben siempre que puedo, aunque no es muy a menudo, por todo eso de no deber hacer magia ante ellos, y demás.- Y que me dá miedo que me salga mal el asunto - murmuré para mí mismo antes de seguir leyendo.
¿Hay algo que cambiarías del colegio?Tras releer lo que había escrito, borré "caramelos para todos" y me propuse escribir algo en serio.
- No todo el mundo sabe entender una broma - murmuré.
Eliminaría muchas de las prohibiciones que tenemos, relativas a los objetos que podemos tener y demás. Quiero decir, es nuestro cuarto donde los tendremos. Mientras no andemos con algún tipo de espada mortal o algo así, ¿a quién le importa lo que tenga escondido bajo mi almohada? En ocasiones me aburro bastante.¿Estás interesado de verdad en entrar en esta pequeña organización, aunque tuvieras que hacer algunos sacrificios?No lo sé. ¿Qué sacrificios? Ni siquiera sé lo que se hace ahí dentro, así que no estoy seguro. Sí, me gustaría entrar, claro, yo también quiero ser popular.Releí una vez más esa última frase, agarrando de nuevo la pluma. "Es broma", añadí al final, preocupado.
Estaba tardando demasiado en entregarlo, pero era por culpa de las dudas que tenía sobre el tema. Tenía la sensación de que, una vez que entrara, no podría marcharme tranquilamente en cuanto me diera cuenta de que no me gustaban los planes para el Sábado por la tarde.
De hecho, el único motivo para entrar era que mis amigos quisieran hacerlo. Aunque Keith siguiera comportándose de manera muy distante conmigo, y aunque Chibi... Bueno, aunque Chibi no sintiera ningún tipo de interés. Ni siquiera era necesario que ella me lo aclarara, a estas alturas.
Suspiré, y me dispuse a releer de nuevo las contestaciones, cuando sentí que alguien se sentaba junto a mi lado.
- ¿Qué lees con esa cara? - Preguntó Sally Kingcrow.
No dejaba de resultarme extraño todo lo que me había sucedido con Sally. En cuestión de unos pocos días había comenzado a seguirme, y de repente se había autoproclamado mi amiga del alma y había comenzado a acompañarme a todas partes. Pero lo más extraño de todo era que aún no tenía claro si eso me disgustaba o no. De alguna forma siempre se las apañaba, en cuanto comenzaba a dudar de si estar con ella era buena idea, para hacerme sentir misteriosamente bien a su lado.
En ese momento pude ver que acababa de ducharse, y su pelo desprendía un extraño olor afrutado. Te producía la sensación de que hacía frío a tu alrededor.
- ¿No hace frío? - Dije, tratando de apartar el pergamino de Sally, que lo siguió con la mirada mientras lo escondía entre mis apuntes.
- Vaya, alguien normal se enfadaría por esa clara falta de confianza - dijo Sally, mirándome a los ojos con mirada triste.
Me quedé callado, devolviéndole la mirada.
- No me voy a enfadar - Dijo ella, sonriendo de repente dulcemente.
- Me lo imaginaba - Dije, resignado.
Me pareció ver un brillo de malicia en sus ojos. En muchas ocasiones tenía la sensación de que, por dentro, se estaba riendo constantemente de mí. Pero en fin, podría ser peor. Podría hacerlo por fuera.
- ¿No estás nervioso? - Dijo de repente, poniéndose seria.
- ¿Nervioso? ¿Por qué iba a estarlo?
- No lo sé... ¿El duelo de esta noche? ¿Con el prefecto? Creí que estarías nervioso.
- No te creas - Contesté, triste -. Se me da bien asumir la muerte inminente. Creo que es mi única habilidad, de hecho.
- Todavía podemos practicar un poco más - Dijo Sally, acercándose, y frunciendo el ceño.
Lo cierto es que había pasado tardes enteras practicando con ella diversos hechizos que ella se molestaba en buscar en libros de la biblioteca. Además, Keith me había dejado, sin decirme nada, algunas notas sobre mi cama con anotaciones que podían ayudarme a defenderme y contraatacar. Con la ayuda de ambos, había conseguido pasar de sentirme como un ratón que debe luchar contra un jaguar a sentirme como un clavo que debe luchar contra un martillo... Y se tuerce en el último momento.
Suspiré.
- No sé si servirá de algo seguir practicando, en serio...
- ¡Vamos! - Dijo ella, frunciendo el ceño -. No quiero que pierdas.
- Eso es muy considerado por tu parte, pero... - Comencé a decir, rascándome la cabeza.
Durante un instante me pareció que Sally miraba a algún lugar más allá de mi hombro, pero cuando me dí cuenta de ello me miró repentinamente a los ojos y se lanzó sobre mí, casi tumbándome sobre el sofá por el impulso y la sorpresa, y juntando sus labios con los míos fuertemente. Aunque en principio quise apartarme, al cabo de un segundo me dí cuenta de que no iba a hacerlo. Sus labios me encantaban. Me pareció escuchar algo parecido a un portazo, pero en esos instantes sonaba muy muy lejos, en otro mundo.
Tras unos segundos, separó lentamente su boca de la mía, y me observó con gesto interrogativo, un poco sonrojada.
- Me ha... Me ha pillado por sorpresa - Acerté a decir, en cuanto pude retomar el control de mi boca.
- Sorpresa - Dijo ella, sonriendo de repente, pero con el ceño fruncido -. Siempre he sido una sorpresa.
- Ehm... ¿Qué quieres decir? - Dije, incómodo.
- Nada - Dijo ella, cogiéndome de la mano -. Peter Starkey...
- Ehm... Basta con Peter, ya te lo he dicho... - Dije. Llevaba diciéndoselo varios días.
- Somos novios - Dijo ella, clavando sus ojos en los míos.
- Ehm... ¿Sí? - Dije, sonrojándome.
- Sí. Te ha gustado besarme.
- Bueno, yo... - Dije, tratando de dejar de mirarla a los ojos.
- Te ha gustado - Dijo ella, acercándose mucho con una sonrisa extraña -. Lo he notado.
Noté que me ponía tremendamente colorado.
- ¡Vale, vale! Sí, ehm... - Una imagen de Chibi pasó por mi mente, y me sentí un poco enfadado por pensar en ella en un momento así -. Sí, sí... Somos novios.
- Quieres serlo - Dijo ella, poniéndose seria.
- Yo... ¿Tú quieres?
- Te he besado.
- De... De acuerdo... Sí, yo... Quiero serlo. Somos novios... ¿No? - Dije, entre resignado y feliz. Una pequeña parte de mi cabeza pareció comenzar a trabajar en un concepto nuevo al que denominó "dar celos".
- Somos novios - repitió ella, comenzando a sonreir -. Y no quiero que te pase nada. Así que vamos a practicar. Cariño.
Me cogió firmemente de la mano y me condujo afuera.
Con nuestros apuntes entre las raíces, practicamos hasta la hora de comer junto al árbol del lago.
- ¡Sólo inmovilízame! - Gritó ella, por tercera vez.
- ¡Ya lo intento! ¿Pero cómo voy a inmovilizarte si no dejas de moverte?
Sally bajó su varita y suspiró.
- No pareces confiar nada en tu puntería con la varita - Dijo, sin acercarse.
- Claro que no confió en mi puntería - Respondí -. Si tú conocieras mi puntería tan bien como la conozco yo, tampoco confiarías en ella, créeme.
- Vale - Dijo ella, un poco desesperada -. Entonces, si no se te dan bien los hechizos de ataque directo, ni los de desvío de ataques, ni los de escudo, ni los de recuperación de energía, ni los de efectos nocivos en el oponente, ¿cuál es tu estrategia para esta noche?
- Es una muy buena - Respondí -. Se llama Posición Fetal - Comencé a acercarme al lago, dándole la espalda a Sally -. Registrada a nombre de Peter Starkey, pendiente de pa...
- ¡Petrificus Totalus! - Gritó Sally, a mis espaldas. Al instante noté que mi cuerpo se quedaba rígido como una piedra, y habría caído al suelo de no ser por haber terminado de caminar un instante antes de recibir el hechizo.
- ¿Ves, cariño? - Dijo Sally, divertida, a mis espaldas -. No es tan difícil, ¿no? Sólo apuntar y... Zás, estás a mi merced - Soltó una pequeña risita, y la escuché dar unos pasos, tras lo cual me pareció oír como cogía mis pergaminos de apuntes. Traté de darme la vuelta o decir algo, pero no conseguí ninguna de las dos cosas.
- Ahora, veamos por qué no confías en mí - La escuché decir, a la vez que oía más ruidos de papeles. El tiempo parecía pasar muy despacio, ¿cuándo recuperaría la movilidad?
- Oh, pero... - Continuó ella, al cabo de un rato - ¿Qué es ésto? "¿Te gusta dónde vives? ¿Cambiarías algo del colegio?". ¿Es una encuesta o qué? - Escuché más ruidos de papeles, y un suspiro de decepción -. No me interesa para nada, no te preocupes... - A continuación me pareció escuchar un sonido de exclamación ahogado, pero no estaba seguro. Y más papeles. Y silencio.
De repente, Sally saltó ante mí, con una gran sonrisa de satisfacción. De algún modo aquella sonrisa parecía más sincera que todas sus sonrisas anteriores.
- A mi merced - Murmuró y, poniéndose de puntillas sin necesitarlo del todo, me besó lenta y dulcemente, mientras yo trataba de moverme lo más mínimo. Luego se separó y me miró con ojos juguetones -. Si tú me inmovilizaras a mí, podrías hacer lo que quisieras conmigo...
Luego me apuntó con su varita y deshizo el hechizo.
- ¿Qué has hecho? ¿Qué has leído? - Dije, agitado.
- Nada... - Dijo ella, sin dejar de sonreir -. En serio, ese pergamino me da igual. Te lo aseguro - Alargó una mano hacia mí y me acarició la mejilla -. No te enfades...
- Bueno... - Dije, ofendido, y cogiendo mis cosas -. Pero... ¿Sabes? Creo que no es necesario que practique más. Ya he sentido en mis carnes una muestra de lo que sentiré esta noche, ¿no? Será mejor que me pase el resto del día estudiando, quizá los exámenes sí pueda salvarlos.
Sin esperar a su reacción, me encaminé hacia el castillo y entré, sintiéndome enfadado, confuso, y asustado a la vez.
Al contrario de lo que esperaba, Sally no apareció a mi lado a la hora de comer, cuando me senté alejado de toda la gente conocida. Al verles a todos lejos, sentados en sus sitios de siempre, mientras que yo me había molestado en buscar una silla que estuviera lo suficientemente alejada de todo el mundo, me sentí de repente bastante triste.
Traté de terminar pronto de comer y, en silencio, subí a mi habitación.
Pasé gran parte de la tarde repasando sobre mi cama, a veces apuntes de clase, cuando sentía que lo más importante eran los exámenes que se avecinaban, y a veces hechizos que pudiera usar en el duelo, cuando consideraba que si no conservaba la cabeza intacta no me serviría de nada presentarme a los exámenes.
Mientras estudiaba, me fijé en que Zoro estaba sentado junto a Esk, en una esquina de la cama. También era curiosa la forma en que Esk había dejado de atacar a Zoro de repente, sin motivo aparente. El cuervo, por su parte, parecía estar desarrollando nuevas plumas, lo cual era un consuelo para su aspecto y técnica de vuelo, a pesar de que su ojo continuara teniendo bastante mal aspecto. Cuando extendí la mano para acariciarle, se levantó repentinamente y, dando un par de brincos, salió volando por la ventana.
Al cabo de un instante se abrió la puerta de la habitación. Era Sally Kingcrow. Me giré de espaldas a ella, concentrándome en mis apuntes, sintiéndome de mal humor.
- Cariño - Dijo ella.
- ¿Qué pasa? - Dije -. ¿Qué quieres? ¿Necesitas un objeto con el que practicar para hacerlo levitar, o probar alguna poción venenosa, o algo?
Sentí que Sally se acercaba y se sentaba en mi cama. Alargó una mano para acariciar a Esk, que empezó a ronronear.
- No te enfades, cariño...
- ¿Y por qué me llamas así? - Dije -. Acabamos de empezar a salir, ¿no se te hace raro pasar a llamarme "cariño"?
- No - Dijo ella.
Me quedé en silencio. Al cabo de un rato note su mano sobre mi cabeza, acariciando mi pelo. Me calmé un poco.
- ¿A qué has venido? - Pregunté.
- A llevarte al partido. No se te ha olvidado, ¿no? Será nuestro primer partido juntos.
- No sé si quiero ir - Dije, desganado.
- Vamos, te animara. Yo... Siento lo de esta mañana. No volveré a hacerlo.
- Da igual - Murmuré.
Permanecimos así unos minutos, yo tumbado y ella acariciándome el pelo. Era agradable.
- Yo no pienso ronronear - Dije.
Ella se inclinó sobre mí y me besó dulcemente.
- Yo sí - Me susurró.
No presté demasiada atención al partido. Nos sentamos varias filas por detrás de Keith y de Chibi, Stebbins y demás, y de nuevo me sentí un poco fuera de lugar, en cierto modo. No me interesé demasiado por el partido, y al fijarme en Sally me pareció que ella también estaba bastante ausente. En cuanto comenzaron las protestas por haber vuelto a ganar Gryffindor nos marchamos.
Cenamos juntos, aunque apenas probé bocado. Ella terminó obligándome a comer lo que consideró necesario, argumentando que presentarme al duelo con menos fuerzas no sería una buena idea. Luego me acompañó hasta la puerta de mi habitación, y me miró con una expresión de cariño muy distante.
- No te preocupes - Me dijo -. Haz lo que puedas.
- No si yo... Lo haré, pero lo que pueda no sé si se quedará corto.
- Te daré suerte, ya verás.
- Ah, y eso... - Dije, un poco nervioso -. No sé si es buena idea que aparezcas... Se supone que sólo tenemos que estar los del duelo y nuestros segundos, y...
- No te preocupes - Dijo ella, besándome de nuevo -. Estaré escondida.
Y se fue a su cuarto.
Las siguientes horas, hasta que llego la media noche, fueron interminables. Y aún así sentí que no había tenido suficiente tiempo para prepararme para lo que se avecinaba.
Finalmente escuché la puerta abrirse, y la voz de Keith junto a mi cama.
- Stebbins ya ha bajado. Será mejor que vayamos...
En cierto modo me alivió escuchar la voz de Keith. Había comenzado a tener miedo de que ya no quisiera ser mi segundo. Me asomé fuera de la cama y le dediqué una pequeña sonrisa. Luego salí y, medio temblando, salí de la habitación junto a él y bajé las escaleras. Abajo esperaban dos siluetas: Stebbins y quien supuse que sería su segundo. Cuando me acerqué más, me quedé sin saber qué decir, al ver que Chibi era la segunda de Stebbins. Ella me miró con aire un poco triste y a la vez ausente, y pronto apartó sus ojos de mí. Aunque no estaba seguro por la oscuridad, me pareció ver que sus ojos estaban rojos. Dirigí una mirada rápida a la puerta de la habitación de las chicas. Estaba abierta, y me pareció ver a Sally observando desde dentro. Me pregunté si de verdad podría darme suerte que ella viera como me pateaban el culo.
- Bueno, ¿estás listo para empezar? - Dijo Stebbins, esbozando media sonrisa y mirándome desafiante. Parecía un niño con una lupa que acababa de descubrir un hormiguero en un día soleado.
Traté de pensar algo ingenioso que responder, algo como "nací preparado, capullo".
- N-no, no hemos acordado las reglas.
- ¿Qué reglas? - Dijo Stebbins, riendo -. ¿No sabes cómo es un duelo estándar?
- Ah, ¿es estándar? - Dije -. Bueno, pues haberlo dicho. Reglas estándar.
Stebbins volvió a reirse de mí, y se alejó unos pasos, junto a Chibi. Keith me cogió de un hombro y me alejó a mí también.
- Vamos, tranquilízate - Me dijo.
- ¡Prepárate! - Dijo Stebbins de un grito, desde su esquina -. He encantado la sala para que nadie nos oiga, así que puedes gritar cuanto quieras.
- Qué consuelo... - Murmuré.
Observé a Stebbins. Adoptó una típica pose ofensiva de duelo.
- Allá vamos - Murmuró, sonriente. Pensé que yo también debería adoptar alguna pose de duelo.
Flexioné las piernas.
Pasaron algunos segundos, durante los que me sentí ridículo. Cuando estaba a punto de abrir la boca para preguntar si ya había empezado el duelo, Stebbins alzó su varita en el aire. Apuntándome.
Ví cómo sus labios se movían sin que pudiera oir qué decía exactamente, como si así evitase que yo usara el mismo hechizo y, al instante, dos pares de cuerdas surgieron de su varita, dirigiéndose a toda velocidad hacia mí.
- ¡Ah! - Grité, saltando a un lado. Una de las sogas entró en contacto con mi tobillo y se amarró fuertemente a él, mientras las demás desaparecían en el aire. Seguí la soga con la mirada y ví que aún seguía unida por el otro extremo a la punta de la varita de Stebbins, quien, sonriendo, dió un tirón y me tiró al suelo.
Traté de levantarme, sientiéndome estúpido. Le apunté con mi varita mientras lo hacía.
- ¿Rictusempra? - Dije, tras lo cual un pequeño resplandor surgió de mi varita.
Stebbins rió con fuerza.
- ¿Eso es todo? ¡No necesitas lanzarme ese hechizo para que me ría de tí, Starkey! - Dijo.
- ¿Reirse? - Dije, mirando a Keith - ¿Este hechizo no era para lanzar a la gente por el aire?
- ¡Cuidado! - Me gritó Keith.
Volví la cabeza rápidamente hacia Stebbins y vi que una bola de fuego comenzaba a formarse en su varita, hasta alcanzar el tamaño de una pelota de baloncesto más o menos. A continuación, una pequeña parte se desprendió y salió disparada hacia mí.
- ¡No! - Grité, lanzándome de nuevo a un lado. la pequeña bola de fuego golpeó el suelo y se esfumó en el aire.
Cuando volví a mirar hacia Stebbins, ví que varias bolas de fuego más venían hacia mí. Comencé a esquivarlas como pude, moviéndome hacia los lados hasta que tropecé conmigo mismo y caí al suelo. Una de las bolas me golpeó en un costado, provocándome una especie de pequeña descarga.
- ¡Argh! - Grité, tratando de ponerme en pie. Stebbins reía, y se preparó para lanzarme el resto.
Al cabo de unos segundos, otro montón de pequeñas bolas de fuego se dirigían hacia mí.
- ¡Aguamenti! - Grité desesperado, alzando mi varita.
Al instante, un chorro de agua salió de la punta de mi varita a gran velocidad, apagando la varita de Stebbins, y salpicándole a él.
Stebbins dio un paso atrás y se observó a sí mismo.
- ¡Me has empapado la túnica, Starkey! - Gritó, furioso -. ¡Ahora iré en serio!
Me puse en pie tratando de no perderle de vista. Ya no se reía, sino que parecía furioso. Traté de alzar rápido mi varita.
- ¡Petrificus Totalus! - Grité. Un resplandor salió de la punta de mi varita, pero Stebbins pareció rechazar el hechizo con un gesto de su mano, y apuntó rápidamente a mis pies. Unos pequeños rayos plateados surgieron de su varita, y me golpearon en ambos pies, causándome un dolor horrible.
- ¡Argh! - Grité.
- Sí... - Dijo Stebbins -. Pues espera a que te lleguen a la cabeza, no sólo habrás perdido, sino que mañana quizá ni quieras levantarte.
Otro par de rayos me alcanzaron en las rodillas, sin que pudiera esquivarlos.
- No... - Murmuré, casi sin poder mantenerme en pie.
- Rápido - Dijo Keith, cerca de mí -, lánzale algo.
- Pero qué... - Dije, antes de que otros dos rayos me alcanzaran en el estómago.
- ¡Cualquier cosa! ¡Lánzale el primer hechizo que te venga a la cabeza!
- Es inútil, ninguno sirve... - Murmuré, y dos rayos me alcanzaron en el pecho.
- ¡Te apunta a la cabeza! - Me gritó Keith.
Sin saber qué hacer, levanté mi varita. Alguna parte de mi cabeza trató de pensar en algún hechizo milagroso, pero no encontró ninguno, así que envió el primero que se le ocurrió a mi boca.
- ¡Avis! - Grité, con todas mis fuerzas, cerrando los ojos y sintiéndome caer contra el suelo.
Cuando volví a abrir los ojos, Keith me sostenía la cabeza.
- Yo... - Dije - ¿Estoy bien?
- Bueno, estás consciente - Dijo Keith, aparentemente aliviándose.
- Bien, eso es bueno...
Miré a mi alrededor, seguíamos en el mismo sitio, sobre el suelo. La cabeza me dolía una barbaridad, y el resto del cuerpo no iba mucho mejor. Keith me ayudó a levantarme, y me encaminó hacia la habitación. Me pareció ver que Sally me sonreía desde el techo, o desde la puerta del cuarto de las chicas, o desde detrás de mi oreja, pero no estaba seguro.
- ¿Está nevando...? - Susurré.
- ¿Qué? - Dijo Keith.
- Veo puntos negros.
- Puntos negros, sí... Vamos, será mejor que te acuestes.
Entramos en la habitación.
- Pero... ¿Qué ha pasado? - Murmuré, dejándome caer en la cama -. He perdido...
- No exactamente - Dijo Keith, sonriendo -. No tienes tanta mala suerte. Vamos, duérmete.
- Pero... - Comencé a murmurar, pero Keith se encerró en su cama.
Traté de acomodarme, sintiéndome dolorido y desorientado. Me llevé la mano al bolsillo de la túnica.
- Menos mal que hoy no llevaba los pergaminos de mi tío conmigo... - Murmuré -. Están mucho mejor entre mis apuntes, de todos modos nadie me los quitaría ahí...
Por un momento abrí mucho los ojos, sintiéndome estúpido. Cogí mis apuntes a toda prisa, los mismos que había llevado conmigo esa mañana, y comencé a pasar páginas. Encontré el cuestionario que había rellenado. Los pergaminos secretos debían estar detrás. Sally no tenía por qué haberse fijado en ellos, al fin y al cabo sólo eran pergaminos en blanco, ¿no?
Levanté el cuestionario.
Tras él sólo había apuntes de Historia de la Magia. El título del tema era "Magos Descuidados Y Su Influencia En La Historia".
Psenci
nos contó algo
a las ... 10:43 PM
lunes, enero 16
8 de Abril, Viernes - Muy bien, ya he terminado los deberes de herbología. Ahora, voy a empezar transformaciones. ¿Que tal lo llevas tú? - me preguntó Stebbins
- Bien. Aunque no tengo muchas ganas de hacer lo de encantamientos. Quizá debería rellenar ese cuestionario.
- Muy bien. Si tienes alguna duda... ya sabes.
Saqué la hoja de pergamino en la que venían unas preguntas conclusas y sencillas. Nada que pareciese vinculado a nada. Las posé sobre la mesa, apartando algunos pergaminos que ya había y entinté la pluma.
¿Dónde vives? ¿Qué te parece?En una casa alejada de la ciudad, no muy grande. Tiene jardín y bastantes árboles. No solemos ir a comprar a la ciudad, así que no nos relacionamos mucho con la gente, excepto con la familia. Aunque como mis padres casi nunca están en casa, en verano es cuando suele venir más gente. Me gusta, aunque como soy hija única, a veces me siento un poco sola.¿Hay algo que cambiarías del colegio?Me gustaría que tuviéramos menos deberes. Muchos menos. Y que no se nos despreciase tanto a los Slytherin. Cada uno tiene su forma de pensar.¿Estás interesado de verdad en entrar en esta pequeña organización, aunque tuvieras que hacer algunos sacrificios?Depende del sacrificio. Pero si algo me interesa realmente, puedo luchar por ello todo lo que haga falta y sacrificarlo todo. - ¿Incluso a mí? - me preguntó Stebbins, que estaba leyendo por encima de mi hombro.
- No creo que se refiera a ese tipo de sacrificios.
- ¿Seguro?
- Bueno, no, seguro no, pero... no me líes, anda. ¿Te parece bien lo que he puesto entonces?
- Claró que sí - me dio un beso - pero a quién le tiene que parecer bien es a Wilkes.
- ¿Por?
- Vamos a ver. Te voy a explicar un poco como está esto organizado. En el quinto curso, entra gente nueva, si la hay. Esa gente no está escogida por casualidad. El líder es un alumno de séptimo, que cambia cada año, y que se dedica a ver a los chicos nuevos que llegan, a los de cursos inferiores y a seleccionar a los candidatos de quinto. En el caso de los de cursos inferiores, se toman unas notras sobre ellos que se van pasando de líder en líder, que cambia cada año. Esta vez, tenemos la suerte de que uno de los Premios Anuales es Wilkes, con lo que goza de ciertos privilegios. Hay alumnos que están de alguna manera, predestinados a entrar. Los que provienen de familias relacionadas de alguna manera con el apoyo al Señor Oscuro, están dentro casi automáticamente. Por eso yo entré nada más empezar el curso, y vosotros aún estáis en fase previa.
- ¿Tus padres son... - bajé la voz - mortífagos?
- No, no. Quedan muy pocos libres de los que estaban con el Señor Oscuro hace doce años. La mayoría están o en Azkaban o muertos. Mis familia apoyaba sus ideas y les ayudaba de una manera económica, o con información relevante. Éste colgante, de hecho, es el escudo de mi familia, y por él me reconocieron cuando entré en Hogwarts. Bueno, y por mi apellido, por supuesto.
Me quedé un instante mirando el pequeño escudo que tenía entre sus dedos. Era plateado y sencillo, con un árbol sin hojas en el centro. Creí recordar haberlo visto en alguna parte hacía tiempo, pero no sabía dónde. Quizás...
- Es lo mismo que ocurrirá con Malfoy. - me señaló a un chico rubio en otra parte de la sala común. - Aún está en tercero, pero su padre es Lucius Malfoy, y todos sabemos su historia, ¿verdad?. En cambio aquellos a los que no se les conoce ningún tipo de historia anterior, se les investiga. No demasiado profundamente, sólo lo necesario. Y cada año suele haber dos o tres personas que parecen encajar en lo que estamos buscando. Este año ha sido excepcional, cuatro, contándome a mí, y además una chica entre ellos, cosa que no había ocurrido en mucho tiempo. Así que sólo tenéis que darle ese papel a Wilkes en cuanto podáis, recuérdaselo a los otros dos. Eso sí, intentad no tardar demasiado. El lunes sería un buen momento. ¿Alguna pregunta?
- Eh... - estaba apabullada por la cantidad de información recibida - no, bueno, ahora mismo no, si eso, ya cuando se me ocurra algo te lo pregunto. ¿Seguimos con los deberes?
- Yo creo que voy a descansar un poco.
- ¿No dijiste que ibas a hacer transformaciones?
- Sí, pero como ya es lo último que me queda prefiero dejarlo para un poco más tarde, después de la cena, por ejemplo.
- Está bien. Yo voy a hablar un rato con Psenci y con Keith.
- Vale.
Stebbins recogió sus cosas ordenadamente y las llevó a su habitación. Yo coloqué un poco las mías y cargando con ellas, me fui hacia el sofá donde estaba Psenci.
- Hola. - me senté a su lado - ¿sabes dónde está Keith?
- No. Está un poco raro, casi no habla conmigo. ¿Le necesitabas para algo?
- No, solo quería deciros que ya he contestado las preguntas que nos dio Wilkes y que hay que dárselas el lunes o antes. ¿Ya las has escrito?
- Aún no, tengo que pensármelo. No estoy muy seguro de querer entrar.
- ¿Por?
- Bueno, no lo sé. No estoy muy de acuerdo con esas ideas.
- ¿Estás a favor de los muggles?
- Estoy a favor de aprovecharme de ellos, pero no de maltratarlos.
- Bueno, yo tampoco me voy a dedicar a ir matándolos por ahí...
- Pero tú estás más dispuesta a hacer varias cosas que yo no.
Nos quedamos callados un rato, mirando al fuego. Sabía que tenía que decirle lo que había decidido, pero no sabía como. No quería hacerle daño, pero tampoco podía dejarlo correr para siempre.
- Oye... quería hablar contigo de una cosa.
- ¿El qué?
- Bueno, pues... te acuerdas de aquel día en la torre, por la noche. Lo que te dije.
- Ah - se puso un poco nervioso - sí, sí. ¿Ya... ya has tomado una decisión?
- Sí. - inspiré hondo - verás...
En ese preciso momento, apareció delante de nosotros Kingcrow, a la que no habíamos visto venir y cogió a Psenci del brazo, levantándolo del sofá.
- ¿No estabáis hablando de nada importante, verdad? - me echó una mirada un poco extraña - Así que no te importa si me lo llevo - no lo preguntó, sino que lo afirmó rotundamente. - Vamos, quiero que demos una vuelta como el otro día. Estuvo muy bien.
Psenci me miró como sin saber que hacer, pero yo me levanté y mientras me iba le dije:
- Bueno, no te preocupes, ya te lo diré otro día. Ahora estás muy ocupado con tu nueva... amiga.
Sin mirar atrás, subí a la habitación a toda prisa y me tumbé en la cama. De repente me sentía enfadada con el mundo entero.
chibi
nos contó algo
a las ... 8:45 PM